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El fenómeno de la hijoputez

El fenómeno de la hijoputez

Enero 08, 2021 / Por Ismael Ledesma Mateos

Un libro que vale la pena leer es Hacia una teoría general de los hijos de puta. Un acercamiento científico a los orígenes de la maldad (Tusquets 2011) de Marcelino Cereijido, como está escrito en su presentación, en “esta provocadora y lúcida investigación se replantea una de las dudas existenciales más antiguas de la humanidad: ¿por qué existe el mal? Mediante una perspectiva genética que no deja de lado la historia, la literatura e incluso la filosofía, así examina la ‘hijoputez’ como ‘infamia universal’. Según su análisis, el afán por causar daño al prójimo es mucho más que un comportamiento cultural o psicológico, responde a pautas y patrones que permiten un estudio de la maldad desde un punto de vista biológico. Con un lenguaje ameno, siempre apegado a la ciencia, Cereijido busca una explicación al comportamiento de los soldados en Guantánamo y Abu Ghraib, los distintos tipos de castigos y tormentos infligidos a través de la historia, así como el maltrato cotidiano al que están expuestos millones de personas condenadas a la pobreza por una serie de decisiones tomadas por ‘hijos de puta’. Mucho más que el estudio de una ‘grosería’, el presente ensayo pone en el centro del debate un término que muchos ni siquiera se atreven a pronunciar”.

Marcelino Cereijido se graduó como de Doctor en Fisiología en la Universidad de Buenos Aires (UBA). Realizó un posdoctorado en la Universidad de Harvard (Estados Unidos). Fue discípulo del premio Nobel argentino Bernardo Houssay, cuya experiencia con él recoge en el libro La nuca de Houssay. Se desempeñó como profesor, asesor e investigador en reconocidas instituciones de su país y del extranjero, como el Instituto de Fisiología de la Universidad de Múnich, la Universidad de Nueva York y el Centro de Investigación y de Estudios Avanzados (CINVESTAV) de México, donde trabaja actualmente en el Departamento de Fisiología, Biofísica y Neurociencias en aspectos de fisiología celular y molecular, con una línea de investigación sobre las interacciones celulares. El es autor de numerosos libros de difusión y divulgación de la ciencia, siendo una muestra de un investigador que no se queda encerrado en el trabajo concreto de su disciplina de laboratorio, sino que busca hacer llegar el conocimiento a amplios sectores de la sociedad.

Se trata de un libro escrito desde una perspectiva que conjuga lo biológico con los social, psicológico y cultural, abordando el fenómeno de la hijoputez, que debe ser ubicado en su justa dimensión que es grande y trascendente, como dice el libro: “si en la actualidad se gastan millones de dólares para investigar todo tipo de enfermedades, ¿por qué nadie se ha detenido a seguir la pista de uno de los peores males que acosan a la humanidad? Todos hemos sido en algún momento víctimas de los hijos (o hijas) de puta, desde el niño de preescolar o primaria que sufre castigos por profesores (as) en la escuela, o los que han tenido que soportar el maltrato y la violencia de sus compañeros.”

Ayer fue día de los Reyes Magos, que yo odio, pues recuerdo la madriza que los “hijos de puta” de mis compañeros de segundo año de primaria me dieron por decir que los Santos Reyes no existían y que los regalos se los daban sus padres, y de paso recuerdo a las “hijas de puta” monjas de mi primaria, que por una intriga de otras “hijas de puta” alumnas más grandes que yo, me encerraron en una buhardilla, llena de ratas, cuando sólo tenía siete años de edad. Así, sin duda, todos hemos vivido el contacto con la hijoputez.

Pero una virtud del libro de Cereijido es que aparte de los aspectos humanos, introduce un análisis científico serio y riguroso —también digno de debate— al plantear el asunto de ¿las raíces biológicas de la hijoputez? (capítulo 3). En una reseña en “IntraMed” encontramos estas ideas con las que coincido, pues nos dice que ahí “empieza a mostrarnos de lleno los frutos de su enfoque, porque si realmente la hijoputez tuviera una raíz biológica, significaría que ya la traemos codificada en nuestros genes, en cuyo caso todos somos hijos de puta en potencia. Pero aquí el autor comienza a enseñarnos cosas útiles, que nos enriquecerán, aun en el caso de que al final de su ensayo pudiéramos llegar a discrepar con él. Por ejemplo Pep Guardiola ha dicho recientemente ‘Messi tiene el gen del gol’. Por supuesto lo ha dicho metafóricamente, pues quien conozca el ABC de la evolución molecular sabe muy bien que un gen no puede ser seleccionando a lo largo de cientos de millones de años para que un futbolista haga goles en el siglo XXI. Pero entonces, ¿cómo podría la hijoputez tener raíces biológicas? Sobre todo teniendo en cuenta que hace, digamos, cuarenta millones de años ni siquiera existían los Homo Sapiens (nuestra especie). ¿Acaso la prostitución es más antigua que la humanidad? Y aquí viene una de las tantas sorpresas del ensayo ‘Hacia Una Teoría General Sobre La Hijoputez’: si llamamos ‘prostituta’ a la hembra que permita que el macho la copule para obtener alguna ventaja, en momentos en que no podría procrear pues ni siquiera está en celo, démonos por informados que hay peces hembras y aves hembras que ejercen la prostitución cada vez que les conviene.

”Luego, si hacemos sinónimos ‘hijoputez’ y ‘perversidad’, arriesgamos caer en antropocentrismos. ¿Hay animales perversos? Cereijido advierte claramente el peligro de adjudicar valores humanos a un bicho de hace cincuenta millones de años. Pero su argumento va más o menos así: desde que la Evolución aprendió a hacer animales de cuatro patas lo encontró tan ventajoso que le pasó la receta a nuestra madre para que nos pusiera cuatro miembros a nosotros también. Hay arañas que en plena cópula le devoran la cabeza al macho, lo que indica que la Evolución se tomó largo tiempo en forjar dicha conducta. ¿Estamos seguros de que las recetas genéticas para darles esos atributos a las arañas no han llegado hasta nosotros? Y si no llegó ¿de qué manera las ha frenado, o las mantiene inhibidas? Científicamente el asunto es muy complejo, pues es necesario buscar no solo si hemos heredado un atributo que nos haga hijos de puta, sino también qué formación tiene entre sus funciones la de mantenerlo a raya”.

En ese capítulo, Cereijido confronta una visión distorsionada que es la del biologicismo y argumenta de manera contundente en contra de ella, llevándonos a concluir que la hijoputez no es algo inherente a la naturaleza humana, sino un producto de una conjunción de circunstancias. Como señala en el libro: “…dudo que en este momento la información y el conocimiento sobre la hijoputez estén lo suficientemente maduros como para intentar un enfoque científico, aunque sí estoy convencido de que el caos adonde está inmersa la hijoputez contiene el suficiente saber popular para estudiarla: hechos históricos, exploraciones literarias, dramaturgia, mitologías ad hoc, opiniones de pensadores ilustres y avanzadas neurobiógicas; materiales que deben ser periódicamente tamizados, aunque sea por ensayistas, para detectar los momentos en que algunas de sus múltiples facetas se vuelven accesibles a un estudio sistemático”.

Nos encontramos ante una obra que debe ser leída y analizada, y que pone en relieve una asunto fundamental que confrontamos cotidianamente, como ahora en México, que leemos en las columnas de los comentócratas y opinocratas (loretitos y anexos) enemigos de la transformación del país, que son unos verdaderos hijos de puta.

El Padre Ubú era sin duda un hijo de puta consumado, desde la forma en que llegó a apoderarse del reino, como también la Madre Ubú, que era una hija de puta peor que él, o su perverso lacayo, otro gran hijo de puta, el Capitán Bordura. Esta lectura es realemente valiosa para entender el mundo del Ubú Rey y todos los gobiernos similares al suyo.

Vamos a interrumpir aquí!

ubu.mexicano@gmail.com

Ismael Ledesma Mateos

Biólogo (UNAM), Maestro en Ciencias en Bioquímica (CINVESTAV), Doctor en Ciencias (UNAM), Premio a la mejor tesis doctoral en ciencias sociales en el área de historia por la Academia Mexicana de Ciencias (1999), Postdoctorado en el Centro de Sociología de la Innovación de la Escuela Nacional Superior de Minas de París, Francia. Director fundador de la Escuela de Biología de la UAP, Presidente de la Sociedad Mexicana de Historia de la Ciencia y de la Tecnología A.C (SMHCT) (2008-2014), profesor-investigador de la FES Iztacala de la UNAM.

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