LA CORTE DE LOS MILAGROS

Humo blanco en la Arquidiócesis

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El perfil del nuevo arzobispo de Puebla, Víctor Sánchez Espinosa, cuyo nombramiento fue adelantado ayer por el corresponsal de e-consulta en el Vaticano, Andrés Beltramo, revela mucho del rol que la alta jerarquía católica espera del sucesor de don Rosendo Huesca Pacheco.

El hecho de que el Papa Benedicto XVI se haya inclinado por el ex director espiritual del Seminario Mayor Palafoxiano y no por un obispo metido en la grilla política o por un clérigo al servicio de la burguesía, como Onésimo Cepeda, evidencia el interés del Vaticano y los obispos mexicanos por contar con un prelado más cercano a los asuntos de Dios que a los del César.

(Para nadie en Puebla es un secreto que en los últimos años, don Rosendo Huesca actuó más como figura política religiosa, que como pastor y guía espiritual de la grey católica.)

A la par, existe la intención de que el futuro arzobispo de Puebla —quien como pocos conoce las fortalezas y debilidades de la mayoría de los sacerdotes de la región— sea quien opere, en apego a la ortodoxia, la urgente y necesaria transformación de la Arquidiócesis.

Un aspecto que no puede pasarse por alto en la biografía de Víctor Sánchez son sus vínculos familiares y religiosos con los arzobispos Octaviano Márquez y Toriz y Ernesto Corripio Ahumada. Del primero recibió el diaconado en 1975, y del segundo su ordenación sacerdotal un año después, su primer nombramiento como vicario en la Parroquia de María Reina y el impulso para irse a Roma y graduarse como licenciado en Sagrada Liturgia, en el Pontificio Instituto Litúrgico (PIL) de la abadía de San Anselmo.

Un pendiente que deja don Rosendo Huesca al nuevo arzobispo es la restructuración de la Arquidiócesis, que —según un viejo proyecto— tiende a dividirse en dos, la diócesis del norte y la diócesis del sur, cada cual con su obispo auxiliar.

Víctor Sánchez parece el hombre indicado para esta tarea, no sólo por el conocimiento que tiene del territorio y los clérigos de los decanatos y las parroquias del estado, sino por su talante ejecutivo.

No hay que olvidar que el futuro arzobispo de Puebla es secretario ejecutivo del Consejo Episcopal Latinoamericano, y secretario general de la Conferencia General del Episcopado Latinoamericano y del Caribe.

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El secretario de Desarrollo Social, Javier López Zavala, bien haría en cuidarse del presidente municipal de Xicotepec de Juárez, el panista Juan Carlos Valderrábano Vázquez, quien el martes, por cierto, fue uno de sus invitados a comer al restaurante El Chimichurri.

Para empezar, Juan Carlos Valderrábano juega con dos cachuchas. En Puebla se pone la del “Proyecto Z” y en la Sierra Norte la del senador Rafael Moreno Valle.

Y luego, se está haciendo de una fama de bribón y corrupto, al favorecer sin mucho pudor a sus familiares en la compra de materiales de construcción para las obras que realiza el ayuntamiento a su cargo.

Según los enterados, el munícipe de Xico tiene como proveedores consentidos a Materiales Los Chuchos, negocio del cual es dueño su hermano Jesús, y a Casa Don Gil, que lleva el nombre de su abuelo paterno Don Gilberto Valderrábano.

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Simón dice:

“Si ya sabes lo que tienes que hacer y no lo haces entonces estás peor que antes”
Confucio, filósofo chino.

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