LA CORTE DE LOS MILAGROS

Matanga dijo la changa

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Ahora que la Cuarta Transformación ya gobierna Puebla, y ésta ha ofrecido un férreo combate a la corrupción, valdría la pena que pusiera el ejemplo con un asunto menor, como la ilegítima apropiación de cuatro grabados que la artista Carolina O’Farrill Tapia donó a la audiencia, visitantes y empleados de los museos de Puebla.

La historia es la siguiente.

Con motivo de la reapertura del Museo Taller Erasto Cortés, que permaneció cerrado varios meses como consecuencia de los daños que sufrieron sus instalaciones por el sismo del 19 de septiembre de 2017, la artista fue invitada a montar una exposición de su vasta obra.

Antes de que su exposición se abriera al público, lo que ocurrió el pasado 25 de julio, Carolina O’Farrill fue convocada a una reunión con el personal que labora en los Museos de Puebla y ahí dispuso que ocho de sus grabados fueran rifados entre los asistentes y seguidores de las redes sociales de los museos públicos de la capital.

El encuentro tuvo lugar en el Museo Internacional del Barroco y entre los funcionarios asistentes estuvieron Ernesto Cortés García, director de Operaciones de Museos, y Miriam Reyes Mendieta, subdirectora de Colecciones.

Con la llegada de Julio Glockner Rossainz a la Secretaría de Cultura, Ernesto Cortés se perfila para ser nombrado, sino es que ya lo es, director de Museos y Miriam Reyes como su segunda de abordo.

El caso es que de los ocho grabados que la artista plástica donó, cuatro de ellos se los apropió Miriam Reyes.

Su argumento fue que al no existir redes sociales de los Museos de Puebla, porque éstas fueron desactivadas o desatendidas, no tenía ningún sentido esperar el restablecimiento de éstas para rifarlos.

Y así, sin levantar acta o asentar en algún lado que Carolina O’Farrill donó ocho de sus grabados, distintos a los 60 que se exhiben en el Museo Taller Erasto Cortés, que por cierto custodia buena parte de la obra de este artista oriundo de Tepeaca, así como una colección del pintor y escultor oaxaqueño Francisco Toledo, considerados como dos de los máximos representantes de las artes plásticas y gráficas del siglo XX en México, Miriam Reyes se llevó consigo cuatro cuadros.

Y lo hizo ante el asombro e incredulidad de los empleados de los museos de Puebla y sin detenerse en el qué dirán o en las decenas de cámaras de video del Museo Internacional del Barroco.

¿Se investigará esta conducta irregular? ¿En manos de estos funcionarios que se han colado a la 4T está el acervo de los museos y las salas de exposición?

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