LA CORTE DE LOS MILAGROS

Archiv para 7 diciembre, 2021

Julio Huerta, o el caos en la Segob del estado (I)

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Una dependencia representativa de la inestabilidad que ha caracterizado al gobierno de Luis Miguel Barbosa Huerta y de los problemas de inoperatividad, falta de coordinación y del arribo de fuereños a áreas claves o sensibles de la administración pública estatal, es la Secretaría de Gobernación (Segob).

De entrada, porque ninguno de los tres titulares que ha tenido la Segob en los 27 meses que lleva la administración barbosista ha logrado desbancar o suplantar a quien en los hechos es el verdadero secretario de Gobernación: Julio Huerta Gómez.

Aunque formalmente Julio Huerta es el director General de Gobierno, en los hechos es el verdadero operador del Ejecutivo, el que tiene y acciona la red de delegados políticos de la Segob y otras dependencias, y el que lleva a la principal oficina de Casa Aguayo la información política de lo que ocurre en los municipios y de lo que hacen los actores y figuras relevantes de la entidad.

El primo hermano del gobernador no solo tiene acuerdos con éste, sin informar de ellos a quienes, en teoría, son o han sido sus superiores jerárquicos: Fernando Manzanilla Prieto, David Méndez Márquez y Ana Lucía Hill Mayoral, sino el encargado de aterrizar con algunos secretarios del gabinete, los representantes de los poderes Legislativo y Judicial del estado, y los presidentes municipales del interior las instrucciones y directrices del titular de poder Ejecutivo.

Esa y no otra es la razón que explica por qué Fernando Manzanilla nunca tuvo con Miguel Barbosa la influencia y el poder que llegó a tener con los gobernadores Rafael Moreno Valle y Guillermo Pacheco Pulido; por qué David Méndez nunca pudo empoderarse en la dependencia, y por qué Ana Lucía Hill es la cara amable de la Segob, pero no lleva las riendas de la dependencia ni la responsable de conducir y atender los asuntos relevantes de política interior.

Esa es también la razón para comprender por qué el gobernador ha retrasado la salida de Ana Lucía Hill, para nombrar al que sería su cuarto secretario de Gobernación; por qué la Subsecretaría de Gobierno continúa acéfala desde la renuncia de Ardelio Vargas Fosado el 1 de septiembre; y por qué desde la baja de Pierre Ramos Luis como subsecretario de Desarrollo Político a finales de septiembre, la oficina es atendida por Alfonso Rivera Illingworth como encargado de despacho, pero sin personal, ya que sus subordinados y enlaces fueron despedidos.

Y la razón para entender la inestabilidad laboral y emocional del personal adscrito a la Segob, el constante arribo de fuereños sin conocimiento y experiencia en la materia, la inoperatividad y poca eficacia de la dependencia en la solución de conflictos políticos y sociales, y los problemas de gobernabilidad y gobernanza que se registran en diversos municipios y regiones de la entidad.

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A propósito.

A poco la investigación de Sahad Lorelei Bandera Camacho como una de las hebras de la corrupción de funcionarios locales de la 4T poblana solo se va quedar en una advertencia a los empleados que trabajaron con ella y con Juan Pablo Cortés Córdova de que no anden de chismosos.

Acaso no valdría la pena por lo menos indagar cómo en menos de año y medio esta modesta abogada ha experimentado un notable y ostentoso enriquecimiento desde que llegó a laborar como particular del que fuera subsecretario de Administración del estado, y que hoy, por cierto, despacha en unas oficinas ubicadas a un costado de la Estrella de Puebla, a unos cuantos metros de la Escuela de Natación Nelson Vargas de Angelópolis, asistido por un policía ministerial.

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