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La tienta de machos

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TIENTA DE SEMENTALES

Resulta muy importante reiterar lo que dicho queda en este blog en  “Tienta de Hembras”, que los becerros, novillos, y toros, jamás son tentados. Los que van a las plaza únicamente han visto al ser humano y lo identifican como aquel, sombrero puesto y botas calzando que es quien trae el alimento y aquel otro que, de cuando en cuando, acompañado de visitantes, posibles compradores a futuro montando los caballos de la casa, entran a los potreros, señalándoles con el índice, hablando mucho entre ellos y haciendo señas de asentamiento.

Pero el toro en al campo nunca ha visto ni  verá capa o muleta alguna. Se tientan en las ganaderías los novillos que según los libros; anotaciones, comportamiento de sus hermanos, primos y demás parentela que ha ido a la plaza y sobre todo tomando en cuenta la “reata”, que señala de donde viene el toro, en términos de progenitores; hablando de otros animales, es el “pedigree”, y de los humanos el “árbol genealógico”, aunque actualmente nos fijemos más en el “código postal” que el individuo trae marcado a fuego en la frente, todo esto es valorado para seleccionar a los que pudieran servir para la crianza, para preservar la sangre de la casa, para sementales, sabiendo ya que es la vaca la encargada fundamentalmente de transmitir la bravura, será el toro el responsable de ciertas otras cosas, como el trapío, la nobleza y todo lo relacionado con el comportamiento; recorrido, ausencia de querencia, acometividad, codicia, celo, movilidad, resulta obvio que todas estas características serán tomadas en cuenta por el ganadero al seleccionar sus empadres para disminuir, o acrecentar según sea el caso, defectos y cualidades. No debemos omitir otras maniobra ya muy en desuso en nuestro campo bravo mexicano que son, la tienta a campo abierto y el acoso derribo que aún se practica frecuentemente en España.  

Nos remitimos a las letras de Luis Niño de Rivera en su “SANGRE DE LLAGUNO, la razón de ser del toro mexicano” donde nos habla de la selección de toros para sementales: “Hay momentos en la vida de los ganaderos de bravo que tienen que tomar riesgos que implican creer más en la intuición, que en lo aparente del comportamiento: Esto es, no siempre lo más evidente en la conducta del ganado bravo en un tentadero es todo lo que el individuo trae por dentro. Es necesario entender los rasgos somáticos, como huellas de una familia o de una línea genética que acusan cualidades del psiquis del animal”. Es precisamente leyendo esta obra fundamental para entender la valiosa aportación de la casa LLaguno para la crianza de nuestro toro bravo, que encontramos con frecuencia la mención de las notas de tienta de toros y novillos que van a la plaza habiendo sido tentados, se refiere esto únicamente al acoso, cuya calificación o valoración va en razón de la repuesta del animal al ser acosado y derribado con largas varas – maniobra harto difícil –desde el caballo, aquí de lo que se trata, igual que en la tienta es de ver la envestida de repetición ante nuevos acosos y derribos.

Solamente aquellos ejemplares que superan con alta, y muy alta calificación, serán los seleccionados, los escogidos para llevar la muy comprometedora misión de preservar la sangre que da prestigio, honor y fama a los colores de su divisa.

 EL CAJÓN DE CURA

Al final…al final; ¡El amor te espera!  Tal reza la letra del coro del aria “Los Toreadores” de la opera Carmen de Bizet. Y la paráfrasis sirve para señalar el destino que espera al toro de lidia seleccionado por “el amo” para semental, para píe de cría, es el toro que se dice ¡“es para vacas”!

El cajón de cura es un aditamento que los ganaderos han diseñado, modificando un cajón normal de los usados para el transporte, de tal manera que sus costados dotados de bisagras mecánicas y una serie de poleas que pueden cerrarse en secciones tomando la conformación inferior del toro para de alguna manera; “atraparle” e “inmovilizarse” para permitir su cura, curación, aplicación de medicamentos, extraer cuerpos extraños o realizar verdaderas intervenciones, como se hace con un toro “de bandera” destinado a “padrear” después de la tienta se desbrida, se limpia profusamente la herida, retirando tejidos lacerados o lastimados, lavar cuidadosamente y dejar como curación, tubos o material de drenaje o bien suturar la herida; al frente un estructura tubular permite que la cabeza desde el cuello sea exteriorizada para proteger la cornamenta y evitar lesiones a los curadores. El mismo cajón se utiliza para la extracción por ordeña de semen para la reproducción asistida, la eyaculación se obtiene por estimulación eléctrica.
En la foto uno; el cajón de cura de la ganadería de Rancho Seco, éste de diseño profesional marca ”Revuelta”, misma casa que fabrica básculas y otros implementos agrícola-pecuarios. En la foto dos; un toro ya tentado y ganador de la etiqueta de semental de D´Haro, va por el carril del apartadero de la hacienda de Tenexac, rumbo al cajón de curas, para lo mismo: para ser curado y quedar listo, en espera de su harem de vacas, donde, como a los toreadores… ¡El amor…el amor le espera!

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 Se los dije. ¡Aquí me tienen!

Resulta muy elocuente el relato del matador Manolo Martínez  a Rafael Loret de Mola, Veamos si no, en lo referente a Borrachón de San Mateo. Toro que infirió a manolo una de sus más serias cornadas. El relato, con una gran carga premonitoria es el siguiente:

—A ese toro, como a todos, le vi los ojos. Esta vez sentí que podía perder la pelea: eran unos ojos fieros, inquietos, Borrachón desparramaba la vista por el ruedo pero no mostraba fijeza en la mirada. Eludía, siempre eludía.

Borrachón se defiende y tira gañafonazos. Manolo aguanta e intenta dominar a  la bestia, como lo hecho tantas veces, pero ahora los resultados son distintos. Borrachón sigue trazando cornadas en el aire y en un instante prende a Manolo.

—Antes de tomar la muleta le dije al doctor Salinas Rivero – obviamente, médico de plaza – Doctor. Váyase preparando, que voy pa´dentro.
—¿Sabias entonces, que te iba a herir?
—Lo vi en sus ojos. Pero un torero debe hacer frente a la tragedia superando su propio temor. Es mi obligación y así lo quiere el público que paga. Borrachón
le infiere una cornada tremenda que secciona la arteria femoral. El Dr. Salinas ya está en la enfermería preparando el quirófano. Los gritos del público llegan hasta la mesa de operaciones. Poco después aparece el querido doctor Campos Licastro, y las asistencias que llevan al torero semi-inconciente, pero que al reconocer al médico le dice:
—¡Se los dije, Doctor, Aquí me tiene!  

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