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¡LAS ALTERNATIVAS! Primera parte

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Dicen los Reglamentos Taurinos: «Al adquirir un matador de novillos la categoría de Matador de toros, el más antiguo de los alternantes en la corrida en la que se confiere la nueva categoría le cederá el turno en el primer toro, entregándole la muleta y el estoque como Alternativa«, se dice que «cediéndole los trastos de matar». El diccionario de la serie «Los Toros» define la Alternativa, como la «Ceremonia por la cual un espada de cartel autoriza a un matador de novillos para que pueda alternar con los demás espadas. El Acto se reduce a entregar el primero al segundo, durante la lidia, la muleta y el estoque para que ejecute la faena en vez de él».

Fue Manuel Bellón, conocido como «El Africano», quien hace su aparición en Sevilla alrededor del año 1760 a quien se da el crédito de haber otorgado la primera alternativa formal a Joaquín Rodríguez «Costillares», el 22 de abril del año de 1760 en la plaza de Sevilla aunque también debemos aceptar que no existe ningún documento escrito que permita concretar cuando se estableció la solemnidad del ceremonial que nos ocupa. Sánchez de Neiva, en su gran Diccionario Tauromaco, afirma que los lidiadores que la tomaron ya con formato de ceremonial fueron los primeros en el siglo XIX, siendo el primero de ellos Antonio de los Santos.

La ceremonia como tal consiste en que habiendo cumplido el aspirante a Matador con ciertos requisitos que su gremio organizado, en nuestro caso la Asociación Mexicana de Matadores de Toros, Novillos y Similares le señala, y es la indicada para autorizar la toma de alternativa que estará a cargo el otorgarla un matador de cierto prestigio o relevancia en su carrera, será el llamado «Padrino» ante la presencia de algún otro matador quien actúa de «Testigo», el aspirante a Matador, que además de haber cumplido con los requisitos señalados, debe alcanzar el grado de Doctor en Tauromaquia presidido de una carrera triunfal y sobre todo, llegar a este ceremonial después de «sonados triunfos» recientes o como se dice tomarla – la Alternativa – con «mucho ruido». A éste aspirante suele llamársele «Toricantano» en semejanza con el seminarista católico al momento de ordenarse de sacerdote y que como parte de tal ceremonia canta su primera misa o cantamisa, por lo que al nuevo coleta se la llama «Toricantano».

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¡Sacudiendo la choma!

Breve nota explicativa:

Se pronuncia «schhoma» y es un trozo de penca de maguey, verde, fresco, flexible que se acomoda como «jícara» para tomar el «neutle» o pulque, bien llamado «néctar de dioses» en el campo durante maniobras de embarque, en herraderos y demás labores; su ingesta además de vigorosa y reconfortante, resulta refrescante. Una vez servido, cada ración es de más o menos medio litro, debe tomarse de un solo trago y en forma de reto; un bebedor frente al otro, y terminado el gran y largo trago, con una mano se sujeta y se sacude violenta y enérgicamente la schhoma, para que suelte la hebra o baba, como se dice comúnmente, en el campo, «pa´ que suelte el alacrán». Esta delicadísima maniobra de gourmets de campo se le llama «sacudiendo la schomma». Y en este breve espacio le utilizamos como expresión para un comentario sobre alguno de los aconteceres taurinos recientes.

Hablando de alternativas, a este juez y escribidor le han tocado en suerte presidir corridas en las que se realiza dicha ceremonia, y observar algunos detalles de aparente simpleza, pero que pudieran resultar de importancia, me refiero al hecho en Puebla, plaza «El Relicario» el 7 de diciembre del 2002, José Miguel Arroyo «Joselito», otorga alternativa a Rubén Ortega hijo, ante la presencia como testigos de Oscar San Román y Pablo Hermoso de Mendoza. Para ello, el Maestro «Joselito» al presidir la ceremonial NO se desmonteró, permaneció cubierto, montera puesta y el queretano San Roman le asegundó, permaneciendo sin descubrirse. Además José Miguel, no acudió bajo el palco del juez a solicitar permiso para tal cosa. No tenía que hacerlo, era simple cortesía, como el descubrirse para la ceremonia; no hizo ninguna de las dos cosas, y en realidad él no iba a dar muerte al toro. Y para más, cuando en continuación de la ceremonia, al cuarto toro, al momento en que Rubén Ortega toma el sitio que ya le corresponde por orden de Alternativa, es decir al devolverle los trastos de matar a su padrino, el ya Matador, Ortega intentó dirigirse bajo el palco, a solicitar tal permiso o simplemente saludar y el maestro Joselito, enérgicamente señaló con su pulgar derecho hacia si mismo, diciendo: ¡Es aquí, adonde se pide permiso! Para remate, Ortega hijo, en ambos tiempos de la ceremonia se quedó esperando el abrazo que nunca llegó. El público, conocedor, observador, aficionados curiosos pudieron percatarse de ello. Valla Usted a saber cual fue la significancia de todo esto, sobre todo, viniendo las cosas de quien vinieron, quizá Joselito, quiso decir o al menos, yo así lo entiendo: ¡Hay de alternativas a…ALTERNATIVAS!

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¡Alternativas para la historia!

De entre las muchas alternativas que se han dado y que son dignas de quedar registradas para la historia tenemos el caso del gran Ponciano Díaz, se sabe que a la edad de veinte años y en la plaza de Puebla, recibió la alternativa de manos del torero español Bernardo Gabiño quien entones contaba con sesenta y seis, esta primera alternativa la recibió con el extravagante título de «Capitán de Gladiadores». Ya con la alternativa Ponciano «se lanzo» a España, haciéndose anunciar en Madrid para tomar la alternativa ahí; resaltando el dato curioso de que también sus varilargeros, la recibieron de picadores, bella tradición cuando también se acostumbraba que la tomasen los banderilleros. Fue un cartel de lujo con los dos toreros más grandes de esa época: Salvador Sánchez «Frascuelo» y Rafael Guerra «Guerrita», con 3 toros del Duque de Veragua y 3 de Orozco. Era tal la personalidad, el desgarbo y lo bigotudo de Ponciano, que se cuenta que Frascuelo, ese día 28 de julio de 1889 al encontrarse en el patio de cuadrillas con el mexicano; pequeño, cargado de hombros, de melena ensortijada como de violinista, provisto de tremendos bigotes, que eran en una cara de torero, una nota disonante y exótica, y vestido sólo Dios sabe cómo, – cito a Paco Malgesto, quien a su vez cita a Manuel Horta – puesto que él mismo, «como entendía de sastrería» se hacia sus trajes de torero. Frascuelo, preguntó extrañado: ¿A esto, tengo que darle yo la alternativa?

LOS CALLEJONES, y… ¡Esa necedad de estar en ellos!

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El callejón en una plaza de toros se define como: el lugar de espacio libre entre la valla o barrera que circunda el redondel y el muro en que comienza el tendido. Y subrayamos los conceptos de «espacio» y «libre», precisamente para enfatizar algo que se ha convertido exactamente en lo contrario: Un espacio donde todos quieren estar, provocando que No haya eso; libertad de movimientos, para quienes de verdad deben estar en el. Pero continuando con lo conceptual, esa valla de madera que limita el redondel, o albero, como se le llama a la parte cubierta de arena, cuenta con espacios de acceso, llamados «troneras» que permiten a los toreros entrar o salir del ruedo, protegidos por sus correspondientes, «burladeros», siendo estos verdaderas vallas o escudos de madera que se colocan, unos, delante de estos espacios de entrada del ruedo al callejón y otros más pegados al muro que separa el callejón de las tribunas o tendidos. El número de burladeros que protegen las troneras, generalmente es de tres a cuatro, siendo el mayor, o más amplio de ellos el llamado de «matadores», que se sitúa ligeramente a la derecha — viendo desde el palco del juez — y los otros dos o tres dependiendo del tamaño del ruedo, que nunca será mayor a 50 metros salvo honrosas excepciones como Sevilla, Ronda y la del Puerto de Santa María, ni menor a 45 metros de diámetro. El de nuestra Plaza México tiene 46 metros. Y otra honrosa excepción — negativa — es el de la Plaza Arroyo al sur de la ciudad de México, que ridículamente no llega a 15 metros de radio. Lo cierto es que estos burladeros en número, nunca deberán pasar de cuatro, intentar colocar más, quita seriedad a la fiesta por el exceso de «refugios». Los otros, los interiores, están destinados para el resguardo, protección y seguridad para quienes por razón de su desempeño profesional deben permanecer en el callejón. En teoría este listado debiera limitarse a los actuantes, matadores, subalternos, y sus asistencias, así como los trabajadores de plaza encargados de las puertas del redondel, de toriles, de acceso de caballos, areneros y monosabios.

Los Reglamentos Taurinos en vigor son muy específicos al incluir y dictar un listado de personas que deben recibir autorización, para tener acceso y permanecer en el callejón durante una corrida, se le llama «acreditación». Retomando el título de este «Post», recalcando la necedad, verdadera «terquedad» de indebidamente permanecer en el callejón y que éste debe estar «libre al transito y funciones de actuantes y sus asistencias», lo cierto que es que los callejones se han convertido malamente en sitos llamados «VIPS» en donde personas que nada tienen que hacer ahí, insistentemente muevan recomendaciones, influencias gubernamentales, políticas, periodísticas y sociales, para estar en el callejón: «Dejarse ver» , es la expresión correcta. El Reglamento autoriza a estar en el callejón únicamente a actuantes, quienes además no requieren de ningún tipo de acreditación por presentarse vestidos de luces, subalternos, entendiéndose; picadores, banderilleros, puntilleros, y algún sobresaliente, los antes mencionados trabajadores plaza; monosabios, areneros, mulilleros, encargados de puertas. Por supuesto médicos de plaza cuya presencia no sólo se justifica, sino que además adquiere relieve e importancia, pues el medico cirujano de toreros al momento de intervenir quirúrgicamente ya sea para curar o simplemente explorar una herida debe tener idea clara de la o las trayectorias que siguió el pitón y para ello es indispensable estar atento y cerca a lo que ocurre en la lidia. Resulta tan minucioso y detallista el Reglamento que en su listado incluye un Capellán, sacerdote quien también debe permanecer ahí por lo que pudiera ocurrir, y no quiero ser detallista al respecto. A las asistencias les ordena movilizarse en el callejón únicamente para desempeñar sus labores durante la lidia del toro que permanece a su matador. Y lo mismo a los Apoderados, les indica permanecer tras el burladero que tienen asignado y les permite desplazarse, sólo durante la actuación de su poderdante, cuando se trata de un novillero.

Eso lo que dicen y dictan los Reglamentos, lo cierto es que la realidad es un verdadero desastre, y hasta en plazas llamadas de Primera, el callejón, quizás desde la llegada ahí de las cámaras de TV y la proliferación actual de los llamados «medios» se han convertido en una vitrina o aparador donde todo mundo quiere estar. La prudencia, la precaución, señalan lo contrario. Como muestra de las tragedias que pueden llegar a ocurrir, presentamos 3 fotos 3 que bien ilustran lo que en determinado momento y de manera inesperada puede acontecer, poniendo en peligro la vida de cualquiera.

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Breve nota explicativa:
Se pronuncia «schhoma» y es un trozo de penca de maguey, verde, fresco, flexible que se acomoda como «jícara» para tomar el «neutle» o pulque, bien llamado «néctar de dioses» en el campo durante maniobras de embarque, en herraderos y demás labores; su ingesta además de vigorosa y reconfortante, resulta refrescante. Una vez servido, cada ración es de más o menos medio litro, debe tomarse de un solo trago y en forma de reto; un bebedor frente al otro. Y terminado el gran y largo trago, con una mano se sujeta y se sacude violenta y enérgicamente la schhoma, para que suelte la hebra o baba, como se dice comúnmente, en el campo, «pa´ que suelte el alacrán». Esta delicadísima maniobra de gourtmets de campo se le llama «sacudiendo la schomma». Y en este breve espacio le utilizamos como expresión para un comentario sobre alguno de los aconteceres taurinos recientes.

Va: Sacudiendo la choma… y ahora toca comentar la fotografía que es la tercera con la que ilustramos este último Post en el que se habla de «Los Callejones» de las plazas de toros y la necedad, verdadera terquedad de quienes quieren, insisten en estar indebidamente en un burladero de callejón, simplemente para «dejarse ver», siendo que estos nunca pueden ser totalmente seguros, lo muestra la foto en que un toro ha quedado atrapado dentro de un burladero, donde usted puede imaginar como quedan sus ocupantes en caso de no encontrar escapatoria y eso ocurre por tanto impertinente. «colados» que ahí estorban. En la foto en la Plaza México el célebre «Flaco» Valencia, posa junto al toro atrapado.

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¡Ese nene viene con la escoba!

Luis Miguel, desde niño, tenía las piernas muy largas, desproporcionadas al cuerpo. Sus pasos cuando corría resultaban desangelados y ello rompía la estética del conjunto, haciendo fea y desarticulada la carrera. Entonces se nos ocurrió que haría el ejercicio de correr a paso gimnasta, atada una pierna a otra por el tobillo, a una distancia que consideramos propia y armónica. Así cuando instintivamente alargaba el tranco en la carrera, la cuerda se lo impedía y entonces irremediablemente caía al suelo. Se tubo que acostumbrar en el transcurso de muchos días y muchos kilómetros a acortar los pasos, a «menudear» más, a aumentar por tanto el número de movimientos de las piernas y así, obligar a una mayor activación de los reflejos; en fin, a aprender a correr con más belleza de los movimientos. Esto, era un sacrificio. Un día tras otro y una caída tras otra dieron un resultado esplendido – escribe Pepe Dominguín en «Mi Gente» – … Manolete era un torero serio, seco y sobre todo muy honesto. Se entregaba siempre a tope, y si había que tomar la voltereta para conseguir el éxito, allí estaba él dispuesto a ello. Su alargada figura en algo recordaba a las míticas figuras de El Greco, su andar despacioso daba a sus movimientos una majestuosa definición: personalidad… Toreó Luis Miguel en Albacete, en la noche de un día de feria. Manolo se quedo a verle y días más tarde me dijo en Madrid, concisamente, sin más análisis:

¡Ese nene viene con la escoba! En clara, muy clara alusión de que venía a barrer con todos.

A ese chaval a los quince de años, el diestro de Borox Domingo Ortega le otorgó en Colombia la alterativa, misma que luego tuvo, pasados los 16 de volver a tomar en España. Surgió de ahí una tremenda rivalidad entre el chamaco Dominguín y su padrino Ortega quien la tenía tomada con Luís Miguel y éste con el Maestro, al grado de que toreando en mano-a-mano una tarde en Colombia, se le había ido por delante Domingo con una oreja en cada toro, cuando Miguel en su tercero, sin aspavientos, con el gesto sereno, pero tenso, en voz baja, con palabras apenas perceptibles para quien iban dirigidas y algunos pocos más cercanos, le dijo mientras se echaba la muleta a la mano izquierda:

¡Ésta no sabes tú ni moverla! ¡Fíjate y aprende! – Y citando con parsimonia, ligó un pase tras otro en un una impecable y ajustada tanda de naturales, que repitió en sinfonía perfecta hasta que el público en paroxismo, puesto de píe dedicó al joven maestro y nuevo gladiador una descomunal ovación reconocedora y consagratoria. Mientras paseaba el rabo y las orejas a hombros. Ortega nos dijo:

¡Ese puñetero niño sabe lo que hace…y lo que dice!

Tauromaquia

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EL DESTETE Y EL HERRADERO  

“El Herradero”, según lo describe don Álvaro Domecq y Díez, es una “jornada alegre y oficiosa a la par”. Alegre por que en muchas casas ganaderas esta labor es motivo de convite a familiares y amigos del ganadero y oficiosa por tratarse de una faena o labor de campo, que requiere experiencia, conocimiento y por tanto “oficio”.

Para realizar el herradero es necesario separar de sus madres tanto a los críos y las crías, como becerros y becerras – y esto no lo dijo Fox, así se hace desde siempre – labor, harto difícil, si tomamos en cuenta que se trata de algo que va contra una disposición de la naturaleza, que es el hecho de que la vaca, instintivamente quiera retener a su becerro y que este quiera permanecer al lado de su madre y si a lo instintivo le agregamos la bravura, imagínese usted, que queda cordialmente invitado a separar a un becerro de su brava madre en pleno campo. Por ello, la mayoría de casas ganaderas realiza estas acciones de manera simultánea, o casi, pues, el día o unos días anteriores al herradero se realiza la separación o destete.

Vaqueros y caporales por la tarde, van separando a los becerros de las vacas, para ello se recurre a la facilidad de algún corral anexo a la plaza de tientas adonde se hace pasar a toda la punta de vacas con su descendencia, cerrando la puerta a la salida de cada vaca, dejando dentro del corral a la cría.
Esta separación, que decíamos puede hacerse días antes, deriva en que el becerro dejará de amamantarse por lo que se le llama destete. Antes del día de el herradero – los becerros y esto se hace a la edad aproximada de nueve meses, edad que fluctúa entre los ocho meses y un año – comenzaran algún otro tipo de alimentación y el ganadero podrá observar si la aceptan o les ocasiona cierto trastorno intestinal, nueva alimentación que se inicia cundo el becerro comienza a comer hierva fresca.
La manera más tradicional de hacer esta maniobra llena de sabor campirano, es apoyándose como ya dijimos en el muro o barda de la plaza, alguna otra estructura, o bien en un grupo de árboles donde sea posible hacer la separación de tal manera que la vaca vaya por un lado y la cría por otro. Resulta curioso e importante señalar que la “experiencia” de las vacas contribuye a facilitar o complicar el trabajo; las vacas viejas, ya acostumbradas a lo que está ocurriendo, “saben” que perderán al hijo, pero “saben” también que pronto serán aparejadas de nuevo y tendrán nuevos hijos, por tanto “facilitan” la maniobra, en cambio las jóvenes, se muestran renuentes a la separación y la bravura unida al instinto, complican el trabajo, recordemos que la vaca tratará de huir, y por querencia regresar al campo, pero al verse separada de su becerro, regresará y bravísima dará la vuelta embistiendo furiosa contra quien o quienes le arrebatan su cría, momento de gran peligro para caballos y vaqueros. Las vacas sintiéndose agredidas embestirán y se arrancaran agresivas, por algo, Hemingway absorto ante estas faenas expresó que: “Si las calidades humanas tuviesen olor, el valor para mí tendría el del cuero ahumado”, que es más o menos el olor de quienes intervienen en las faenas de campo.

Para quienes viven en el campo, entienden del campo y aman el campo la primera noche del “Deshijadero” resulta dramática, las vacas en los potreros, bramando, restregándose a las tapias y “cantando” su dolor, mientras los becerros en el corral braman también y lloran por sus madres.

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Breve nota explicativa:
Se pronuncia “schhoma” y es un trozo de penca de maguey, verde, fresco, flexible que se acomoda como “jícara” para tomar el “neutle” o pulque, bien llamado “néctar de dioses” en el campo durante maniobras de embarque, en herraderos y demás labores; su ingesta además de vigorosa y reconfortante, resulta refrescante. Una vez servido, cada ración es de más o menos medio litro, debe tomarse de un solo trago y en forma de reto; un bebedor frente al otro.  — Ver foto: Rodolfo Rodríguez “El Pana” frente al ganadero Marco González, tomando de sus schhomas, durante un embarque en Piedras Negras. — y terminado el gran y largo trago, con una mano se sujeta y se sacude violenta y enérgicamente la schhoma, para que suelte la hebra o baba, como se dice comúnmente, en el campo, “pa´ que suelte el alacrán”. Esta delicadísima maniobra de gourtmets de campo se le llama “sacudiendo la schomma”. Y en este breve espacio le utilizamos como expresión para un comentario sobre alguno de los aconteceres taurinos recientes.

Va: Sacudiendo la choma…
Afortunadamente el accidente no pasó a mayores; el caballo de Pablo Hermoso de Mendoza, “Caviar” resbaló frente a la cara de “Cayetano” toro, mulato de pinta, de Rancho Seco, provocándose peligrosa caída, raro es ver al caballista estelles en este tipo de apuros. Los pitones del toro insistían en penetrar el abdomen del cuaco, cosa que no pasó y la caída del jinete resultó sin consecuencias. ¡Vaya susto!

 

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Va de anécdota… De todos es sabido que los brindis de las faenas   ocurren ante un personaje, una bella dama, artista, políticos, que con el señalamiento se exponen a la rechifla y abucheo, o amigo del torero, esto ocurre en las plazas importantes. Sin embargo en esos pueblos de dios, los subalternos banderilleros y hasta picadores, no pierden la oportunidad de hacerse notar –costumbre, está que esta desapareciendo, afortunadamente – con el brindis, de algún puyazo o de un par de garapullos, buscando siempre la recompensa o correspondencia al tal brindis, y así obtener algo de parné; dinero para el pasaje de regreso, para el almuerzo o para la compra de algún “soullevar”, para no regresar a casa con las manos vacías.  Por aquellos rumbos de León de Aldamas en Guanajuanto, todo mundo sabía de la presencia en la plaza del pueblo de un personaje en primera fila al que todos solían bridarle y como agradecimiento recibían siempre de regalo un par de botas camperas, pues el tal sujeto era propietario de una fábrica de zapatos y botas. El eterno aspirante a banderillero, llamado “El Humilde“  iba de cuadrilla y al ser informado por sus compañeros que si efectuaba al banderillear el brindis al tal sujeto, de seguro regresaba a casa con un buen par de botas. Por lo que, “El Humilde”, una vez sonado el clarín del cambio de tercio a banderillas; garboso se acercó al propietario de la casa de zapatos y botas hacer, muy solemne le brindó, acompañando la acción de saludarle con el par de palitroques en mano diestra y la otra en jarras con el dorso apoyado en la fajilla de la cintura. Para ir a la segura, amarró su brindis con estas palabras: ¡Va por Usted!….¡Caféces y del siete y medio!