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LA CÁTEDRA TAURINA DE MARIO VARGAS LLOSA

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Parte III y última

Continuando con La Capa de Belmonte, recuerda Vargas Llosa que fue en la vieja Plaza de Acho, que tilda de «colonial, acogedora, de sabor inconfundible, donde habían toreado Belmonte y Manolete«, y dice: «allí vi yo algunas corridas memorables, como las que protagonizaba el gran Procuna, torero esquizofrénico que una tarde huía de los toros empavorecido, arrojando la capa y zambulléndose de cabeza por las defensas si hacía falta, y a la siguiente escandalizaba y enloquecía a los tendidos con un despliegue de temeridad y sabiduría con el capote y la muleta que cortaban el habla y la respiración. Y allí vi y oí resonar el silencio eléctrico de aquella tarde, la bofetada que el torero argentino Rovira descargó en las mejillas de Luis Miguel Dominguín, con la que prácticamente se suicido (taurinamente hablando)».

«Pero el ídolo de mi juventud, al maestro de los maestros, al quieto, elegante y profundo Ordoñez, restaurador y exponente máximo del toreo rondeño, lo vi por primera vez – en una corrida a la que para entrar empeñe mi maquina de escribir – en la alegre y sabrosa Plaza de Acho». Y estos dos figurones de la iconografía taurina mundial, los liga y nos los trae a recuerdo junto con el de Ernest Hemingway, de quien el peruano vivió impresionado, al menos así lo reconoce al escribir: «Así me lo pareció a mí, en el verano de 1959, en la Plaza de Toros de Madrid, la única vez que lo vi, a lo lejos, del brazo de otro mito viviente de la época: Ava Gardner«. Ya para concluir esta serie, rematamos con estos recuerdos de don Mario, que son un verdadero deleite en su lectura.

«¿Que se hizo de la querida capa de Belmonte que tan bellos recuerdos me trae de mi niñez? Cuando, ya adulto, comencé a preguntarme… ¿Se la robaron? ¿Se extravió en alguna de las muchas mudanzas de que estuvo repleta la historia familiar?» (…) «Nunca lo he sabido. En verdad, no tiene la menor importancia. Esa capa de Belmonte sigue existiendo donde nadie puede dañarla ya, ni perderla, ni apropiársela: en la memoria de un veterano que la preserva, la cuida y la venera como uno de los recuerdos más tiernos y emocionantes de su niñez, esa edad que con toda justicia llaman de oro». De esta manera concluye Vargas Llosa sus recuerdos taurinos de la infancia y nosotros concluiremos el análisis de su aportación literaria a la Fiesta, comentando algunos conceptos vertidos por el Nóbel en su columna titulada «Piedra de Toque» en relación a las provisiones taurinas que se ha dado y se están gestando: «¿Porqué, en el reciente debate suscitado por este asunto, quienes defendemos las corridas hemos estado tan reticentes y tan parcos y prácticamente dejado el campo libre a los valedores de la abolición? Por una razón muy simple: porque nadie que sea un obtuso o un fanático puede negar que la fiesta de los toros, es un espectáculo que alcanza a veces momentos de una indescriptible belleza e intensidad y que tiene tras él una robusta tradición que se refleja en todas las manifestaciones de la cultura hispánica, esta impregnado de violencia y crueldad. Eso crea en nosotros, los aficionados, un malestar y una conciencia desgarrada entre el placer y la ética, en su versión contemporánea…Los enemigos de la tauromaquia se equivocan creyendo que la fiesta de los toros es un puro ejercicio de maldad en el que unas masas irracionales vuelcan un odio atávico contra la bestia. En verdad, detrás de la fiesta hay todo un culto amoroso y delicado en el que el toro es el rey….(lo que) constituye toda una cultura que ha creado y cultiva con inmensa dedicación y acendrado amor, una variedad de animales sin cuya existencia una muy significativa parte de la obra de Garcia Lorca, Heminway, Goya y Picasso – para citar sólo a cuatro de la larguísima estirpe de artistas de todos los géneros para los que la fiesta ha sido fuente de inspiración de creaciones maestras – quedaría bastante empobrecida…Lo que nos conmueve y embelesa en una buena corrida es, justamente , que la fascinante combinación de gracia, sabiduría, arrojo e inspiración de un torero, y la bravura, nobleza y elegancia de un toro bravo, consiguen, en una buena faena, en esa misteriosa complicidad que los encadena, eclipsar todo el dolor y el riesgo invertidos en ella, creando unas imágenes que participan al mismo tiempo de la intensidad de la música y el movimiento de la danza, la plasticidad pictórica del arte y la profundidad efímera de un espectáculo teatral, algo que tiene de rito e improvisación, y que se carga, en un momento dado, de religiosidad, de mito y de un simbolismo que representa la condición humana, ese misterio de que está hecha esa vida nuestra que existe sólo gracias a su contrapartida que es la muerte…!» Mucho, muchísimo, más habría que señalar de las aportaciones literarias del hoy Premio Nóbel a la tauromaquia, pero el espacio y el compromiso de retomar nuestra temática del Blog, nos obliga a cortarle aquí.

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¡Sacudiendo la choma!

Breve nota explicativa:

Se pronuncia «schhoma» y es un trozo de penca de maguey, verde, fresco, flexible que se acomoda como «jícara» para tomar el «neutle» o pulque, bien llamado «néctar de dioses» en el campo durante maniobras de embarque, en herraderos y demás labores; su ingesta además de vigorosa y reconfortante, resulta refrescante. Una vez servido, cada ración es de más o menos medio litro, debe tomarse de un solo trago y en forma de reto; un bebedor frente al otro, y terminado el gran y largo trago, con una mano se sujeta y se sacude violenta y enérgicamente la schhoma, para que suelte la hebra o baba, como se dice comúnmente, en el campo, «pa´ que suelte el alacrán». En la foto, el Juez de callejón Pepe Luna ejecutando la acción de beber rico neutle en la schhoma. Esta delicadísima maniobra de gourtmets de campo se le llama «sacudiendo la schomma». Y en este breve espacio le utilizamos como expresión para un comentario sobre alguno de los aconteceres taurinos recientes.

Se está dando en México, en la gran Plaza la mejor temporada española de los últimos años, los triunfos de los coletudos iberos, han sido contundentes, significando algunos de ellos además del triunfo, la consagración definitiva como el caso de Alejandro Talavante, Miguel Ángel Perera y Sebastián Castella (por orden de aparición) y éste último fue anunciado para confirmar la alternativa de Arturo Saldivar y salió a confirmar y han confirmado, los tres mencionados arriba, lo que son: figuras del toreo de corte mundial y aquí la definición de autentica Figura del Toreo que lo son solamente quienes triunfan y logran salir por las puertas grandes de las grandes plazas o la más emblemáticas del tauro-universo, a saber: Madrid, Las Ventas, Sevilla, La Maestranza; México, cruzando a hombros la Puerta de «El Encierro»; Bogotá, Colombia, La Santa María; en Lima, Perú y/o Caracas en Venezuela y no confundir el término con el multi – utilizado por cronistas y prensa de nuestro México, quienes llaman FIGURAS a quienes torean o más o menos frecuentemente y se mochan con el conocido $obre. 

¡LAS ESPANTADAS!

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Espantada, según el diccionario taurómaco es; Cuando un matador se retira bruscamente de la cara del toro, generalmente, arrojando al suelo el engaño. Y por extensión podemos agregar que; cualquier actuante, vestido de luces puede estar en esta situación de espanto, muchas veces pánico y puede arrojar al suelo, muleta, capote, banderillas o cualquier avío. Entiéndase; la huida repentina de la cara del toro y por tanto, disentimiento súbito del lidiador de cumplir su encomienda, la de lidiarlo, ocasionado por el miedo. En esta acepción se ha empleado con asiduidad el apocope: espantaa.

El maestro Pepe Alameda, le llamó también «La Graciosa Huida» haciendo alusión que a veces para disimular la espantada, el torero prefiere «tomar las de Villa Diego» y salir huyendo, eso si, graciosamente, sin que por eso deje de ser una espantada. Célebres, de toda celebridad han sido las espantaas, así llamadas de Rafael Gómez «El Gallo», en las españas por los años veintes de siglo pasado y después de los cincuenta en México las de «El Berrendito de San Juan» Luis Procuna, quien literalmente se tiraba de cabeza al callejón, y algunos otros que han hecho del miedo y sus espantadas, una bandera son: Joaquín Rodríguez «Cagancho», Rafael de Paula y entre los nuestros Rodolfo Rodríguez «El Pana».

La huida puede deberse a diversas causas; el tamaño, trapío y condiciones del enemigo a lidiar, o bien la actuación definitivamente superior de otro de los alternantes; el recuerdo, la llegada súbita y repentina de alguna experiencia anterior, similar o más dramática que terminó en alguna cornada o incidente grave. De facto, debe de existir en la memoria, como «hecho reciente» el antecedente de algún incidente de serías consecuencias; cornadas, de aquellas de las que el torero no sabe, desconoce la causa, y ante la posibilidad evidente de que el accidente se repita, el sub-consiente del torero le traiciona y le hace pegarse la «espantaa» y esto por razones obvias resulta más evidente cuando la cornada anterior ha sido en el recto o zonas de la parte trasera del cuerpo, que además resultan dolorosísimas, y que casi por «instinto» el torero o subalterno que ha sufrido percances con lesión dolorosa, cae victima, presa del pánico y difícilmente puede evitar la huida. El Maestro «Armillita» sentenciaba: son respuestas incontrolables que dicta el instinto de conservación». Lesiones son estas, además de corporales, sicológicas de muy difícil superación.

 

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¡Hablan los toristas!

Los Palha, provienen desde el siglo XIX, son famosos por su bello pelaje, hechura y agresividad, su propietario, hombre de campo habla: «Soy mucho más torista que torerista, porque entiendo que cuando se es bueno puede con todos los toros. El torero tiene la obligación de saber torear a todo tipo de toros, a los más facilones y también a los difíciles. Yo disfruto con el toro bravo, muy bravo. A veces ese toro puede dar la impresión de ser una fiera a la que nadie puede le hacer nada. Pero lo bueno es que la gente tenga en su asiento la sensación de peligro, el público no puede dormirse en el tendido: lo que es necesario es que el público hable, diga lo que diga al salir de los toros. Tiene que haber algo que transmita que es realmente difícil hacer aquello que hace el torero».

Pregunta la reportera Ana Fernández Garciani de Campo Bravo al ganadero Fernando Palha: ¿En la fiesta de los toros es necesaria la tragedia? Responde el ganadero: – «Si, si, claro, Si no hay tragedia, no hay miedo. Y si no hay miedo no hay posibilidades de probar que el hombre, con su inteligencia, con su capacidad, con su supremacía, es capaz de dominar a la fiera que quiere hacer mal».

Viene nuevamente a la memoria la frase sentenciosa de Corrochano en su Tauromaquia; ¿Qué es torear? Se pregunta, y se responde: – Joselito, creo que lo sabía y a Joselito lo mató un toro.

A propósito de esto Luis Miguel Dominguín, respondió así a Dinastias el 26 de septiembre de 1987, con motivo de su segundo matrimonio¨: «Toda mi vida la he pasado tratando de encontrar a la mujer y al toro. A éste último no lo encontré, a la mujer creo que si».

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¡EL BICENTENARIO Y LOS TOROS!

Gran revuelo ha ocasionado en el ambiente que rodea a los festejos, del Bicentenario del inicio de la independencia de lo que es hoy nuestro país, sobre todo en lo concerniente a la personalidad del llamado Padre de la Patria Don Miguel Hidalgo, sabido ha sido por la historia y más que nada por la tradición oral, el relato que ha pasado de una generación a otra; lo muy inquieto que era el padre Hidalgo, aficionado a mil cosas, los gallos los juegos de cartas y sobre todo gran aficionado a la más bella de todas las fiestas. Investigadores interesados le ubican como propietario de los ranchos: «El Jaripeo», «Santa Rosa» y «San Nicolás», en tierras del centro del país, se sabe con certeza de alguna corrida salida de sus potreros que se lidió en Acambaro, Michoacan. Los festejos de la efemérides del Grito de Dolores han dado lugar a la edición cinematográfica de la vida quien se llamó; Miguel Gregorio Antonio Ignacio Hidalgo y Costilla y Gallaga Villaseñor, película con el atractivo nombre de «La Historia jamás contada» en la que se desmitifica al cura y en una escena de dicho film aparece en las barreras del tendido en una plaza de toros, asistiendo, muy bien acompañado a un festejo. La foto que acompaña este Post, ilustra tal escena.

LOS CONTRATOS Y LAS EXIGENCIAS DE LOS TOREROS

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Ser figura del toreo significa ser mandón, y mandón, – – valga la perogrullada – – es saber mandar, vamos a comentar aquí algunas exigencias de toreros plasmadas por escrito en contratos, que pueden considerarse verdadera documentación histórica como el que firmaron Lorenzo Garza, llamado entonces «El Magnifico» y el empresario Antonio Algara por la EMPRRESA ESPECTACULOS DE LA PLAZA MEXICO S.A. la fecha que registra el contrato signado en la Ciudad de México, por triplicado – – reza el texto – – a los veinticinco años del mes de mil novecientos cuarenta y cinco. Siendo Garza, llamado también «El Ave de las Tempestades», dichas tempestades, verdaderas tormentas de escándalo podrían acarrear serias consecuencias, que a veces concluían con el matador, detenido y encerrado tras las rejas. Como un acto precautorio de lo que pudiera pasar se establecía una cláusula que incluso se repite en el texto del contrato, la número SEXTA, dice: Las multas que por cualquier caso fueren impuestas al Diestro Lorenzo Garza, en sus actuaciones, serán pagadas por la Empresa. Y se repite lo conceptual en la número DECIMA, que señala: Será obligación exclusiva de la Empresa cubrir todas las multas que por cualquier causa fueran impuestas al Diestro Lorenzo Garza en sus actuaciones en la Plaza México.

En cuanto a otros privilegios y prebendas que el Diestro reclamaba para si y la empresa aceptada en el contrato estaba la posibilidad de alguna lesión, para ello la cláusula OCTAVA manda: En caso de que el Diestro Lorenzo Garza sufra algún percance que le impida actuar en alguna o alguna de las fechas que se mencionan en este contrato, le serán transferidos todos los derechos y de común acuerdo entre Diestro y Empresa, en el plazo que estipula éste contrato. Y es que el recio carácter del regio podía en cualquier momento dar lugar a algún altercado grave que obligara a la suspensión de derechos del matador por su gremio profesional o incluso por orden jurídica, por lo que la Cláusula NOVENA, contempla: En el caso de que el Diestro Lorenzo Garza sufra alguna suspensión oficial que le impida el cumplimiento parcial de éste contrato, la Empresa está de acuerdo en hacerlo efectivo en su totalidad.

Así se las gastaba el señorón de Monterrey. Su contrata abarcaba varias fechas, estas se especifican claramente en el documento de contrato, incluso se deja claro que la presentación del Diestro en la temporada sería en la cuarta corrida y se señalan las fechas posteriores; y hasta cuales serían sus alternantes, en este caso se menciona a los hispanos: Domingo Ortega, Manuel Rodríguez «Manolete» y de los mexicanos; Fermín Espinosa «Armillita», Silverio Pérez, y la Alternativa de Félix Briones, dejando a la empresa en libertad de poner al tercer alternante. La paga pactada para el torero regio fue de $ 100 000 pesos de aquellos a tipo de cambio de $ 4.65 por un dólar por cada una de las cinco corridas contratadas y la cantidad de $ 125 000 pesos en caso de que la empresa decida montar un mano-a-mano, quedando en libertad de organizarlas como le conveniere. Aquí hacemos un alto en la lectura del documento, para señalar la importante diferencia del poder adquisitivo de la moneda en 1946. Y que actualmente en estos sufridos días de crisis económica, los toreros y sus apoderados a veces tienen que organizar verdaderas pesquisas para localizar a la empresa o empresario, — corretearlos — es la palabra, para cobrar su sueldo que muchas veces es pagado con cheques que suelen como pelota de hule «rebotar» y acaban siendo cobrados en dos tres o mas cómodos pagos. Al enorme Lorenzo especifica el contrato que el pago sería en efectivo y a su «entera satisfacción» ¡24 horas antes de la actuación! Y queda escrito claro, muy claro que ninguna de las corridas podría ser con fines benéficos. Por último, en caso de problemas que pudieran surgir el documento contrato puede ser elevado a nivel de escritura pública.

Para terminar con el tema, debemos hablar del otro tipo de contratos que existe muy en uso en el medio y que está desde el inicio mismo de la actividad contractual: se trata del contrato hablado, el no escrito, el que es sellado «firmado» con un fuerte apretón de manos, de caballeros, de hombres de palabra; «un apretón de manos – – dice Pepe Dominguín en «Mi Gente» — sella la negociación que invariablemente se cumple. Los hombres tienen palabra y honor, que vale más que las letras menudas de las múltiples cláusulas que habrán de ser cumplidas». Eso de que invariablemente se cumple, es un decir, lo cierto es que muchas veces el apretón de manos se convierte en un cumplimiento en una sola dirección, lo cumple y cumple de la parte convenida quien lleva el interés y las ganancias a su favor y la parte contraria, se queda con eso…un fuerte apretón de manos.

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Junio de 1973, día 3. Barcelona.

Paco Camino parte plaza al lado de Luís Miguel Dominguín y Palomo Linares. En la cuadrilla de Camino va su hermano menor, banderillero y peón de confianza, a quien Paco ha ayudado siempre desde pequeño y se ha expresado de él: – – «Jamás vi mozo más plantado ante los toros». «Joaquín – – relata Loret De Mola – – quiso ser torero pero el peso de la figura de su hermano le dificulta realizar su sueño; entonces Paco le recibe en su cuadrilla, y ésta tarde en Barcelona marchan juntos, como tantas veces. El segundo de Atanasio Fernández pesa 544 kilos y demuestra asperazas muy extrañas en los astados de su procedencia».

Paco quiere sujetarlo con la capa pero el burel desarrolla genio y el matador se limita a bregar con limpieza. Se retira al burladero para ver transcurrir el segundo tercio. – – Venga Joaquín. Tranquilo, que el bicho es peligroso. A lo que el hermano responde: – No pasa ná Paco. Es lo de todos los días.

Joaquín va al toro despreocupadamente; el burel se arranca y clava los pitones en las carnes del banderillero, infiriéndole dos mortales cornadas; una penetra el tórax y le desgarra el pulmón; la otra penetra por el muslo izquierdo y le destroza el abdomen. Paco a cuerpo limpio le quita el toro a su hermano. Su rostro se horroriza, pero conserva la serenidad suficiente para conducir el herido a la enfermería. Transcurren unos minutos. Paco sale cabizbajo y toma la muleta; castiga al toro con pases enérgicos. Torea por bajo con furia mientras su faz muestra la palidez de una gran amargura. Media estocada precede a una entera que termina con la existencia del astado asesino. Joaquín agoniza y Paco corre a su lado mientras el resto de la cuadrilla recorre el redondel agradeciendo la ovación.

Alguien le pregunta un día – – ¿Qué te han quitado los toros, Paco?

– – ¡Allá en Barcelona, una vez, uno me quito un hermano…!