«VESTIRSE DE LUCES» Parte III.

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La faja o fajín de la que también diremos que ya no es la antigua y larguísima tira de tela en la que el torero enrredaba su cintura. Anudar o rematar la faja requiere de la ayuda del mozo de espadas quien coloca su dedo índice sobre el sitio donde el matador va a hacer el nudo, dejando los cabos de la cinta largos para anudar cada uno de ellos, a derecha e izquierda en la base de los tirantes. Se colocará después el chaleco y por último en otro acto que es el culminante del ceremonial; es, debe ser el propio apoderado del torero o en su ausencia algún amigo cercano quien ofrezca, abierta la pesada chaquetilla para que el matador introduzca en sus mangas los brazos, cosa que resulta muy difícil hacer sin ayuda, para «calzarle», si se acepta la expresión la ajustada cazaquilla. Todo este protocolo se remata con un ligero o tal vez fuerte golpe o jalón por arriba de las adornadas hombreras, buscando el adecuado ajuste de la casaquilla al tiempo que el apoderado exclama un obligado desear: ¡Buena suerte! O un, ¡Qué Dios te bendiga matador!

Antes de salir del cuarto, frente al espejo ante el qué la mayor de las veces se instaló el altarcillo, el diestro se ciñe la montera corroborando con un vistazo de perfil que el borde inferior de la negra montera no se monte sobre la coleta, para tomar entonces el ricamente bordado capote de paseo, para con él plegado sobre el antebrazo izquierdo y montera en mano, ante una encendida veladora, comenzar a persignarse y cabizbajo musitar una oración que dirige al…Padre Nuestro….

VIVAN LOS VILLAMELONES.

La palabra villamelón ha venido siendo utilizada para describir a aquellos entusiastas espectadores, asiduos asistentes a corridas de toros que llegan a auto-considerarse aficionados y con la intención de serlo, pero les gana su carga genética o ambiental y nunca, nunca por su comportamiento en la plaza dejaran de ser villamelones, aunque algunos lleguen a lograr escribir temas taurinos en diarios o hasta tengan el atrevimiento, la audacia de llegar a hacerlo frente a un micrófono.

Vamos pues, con los comentarios villamelones…

Ocurrió en Puebla, durante la presentación — otra villamelonada — de un anunciado: «aspirante a novillero», cosa nunca antes vista, pues en ningún concierto, previo al artista o grupo anunciado, aunque existan grupos o artistas «abridores», pero no se anuncia la presentación de un «aspirante a cantante» y si de flamenco se tratara seria «aspirante a cantaor». Y nunca en un estadio de fut-bol verá usted este tipo de presentaciones previo al partido; podrán jugar equipos de fuerzas inferiores, pero no anunciarán que jueguen: «aspirantes a jugadores». Pues bien, después de la actuación de este aspirante, quien escuchó 2 avisos 2, algunos de sus seguidores le defendieron diciendo, que lo de los avisos, no fue culpa de él sino de sus «ayudantes» ya que él lo había matado bien, pero el novillo no caía y alguno de sus «ayudantes» le mal aconsejo apuntillarlo con una espada que era muy larga (el descabello) y por lo largo de la espada el chico «no se acomodaba» hasta que otro de los «ayudantes» más inteligentemente vino con un cuchillo más pequeño (la puntilla) y ese si lo remató bien. Por lo que fue un error del juez haber enviado los avisos sin tomar en cuenta estos errores de los «ayudantes».

Corrían los Sanfermines allá por el año de 1959 celebre por aquel Verano Sangriento que juntos vivieron Hemingway, Ordoñez y Dominguín, formando parte de la «troupe» y del grupo de seguidores de los toreros y del gran «Papa» Hemingway, A.E. Hotchner conocido por «El Pecas», ocurrió el 17 de agosto toreaban mano-a-mano Luis Miguel y Antonio en Ciudad Real. Por acuerdo mayoritario se aceptó que «El Pecas» partiría plaza con los celebres actuantes, vistiendo de luces, apareciendo en el paseíllo supuestamente como «sobresaliente». Todos estaban perfectamente enterados y consientes de la gravedad del asunto y de lo que podría ocurrir si la Autoridad llegaba a enterarse y la Guardia Civil se encontraba presente, vigilante y alerta en la plaza. Recientemente, un amigo de «El Litri» había participado en la misma broma, habiendo sido descubierto, desenmascarado y pasó buen tiempo en el calabozo. La ceremonia de vestirse fue tan real y auténtica que se dice que «El Pecas» al ver la religiosidad con la que Ordoñez rezó ante las imágenes del altar. Pecas, ante el temor de lo que pudiera suscitarse, quería «endemoniadamente» tener algo a que rezarle.

Ya en el patio de cuadrillas en medio de la solemnidad previa a partir plaza, el propio Hemingway le cuestionó al rubio pecas: – ¿Ya te miraste en la entre-pierna? ¿Y ya viste las de los toreros? — haciendo alusión al gran bulto que se les notaba, marcando los atributos sexuales. — Vas a dejar muy mal parados a los Estados Unidos….!

Al terminar el paseíllo, El «Pecas» al llegar al burladero de matadores, sabiendo bien que el ruedo tiene unos 38 metros de diámetro, el escritor gringo reconoció que: El ruedo media, probablemente, más de seis kilómetros!

¡VESTIRSE DE LUCES parte II ¡

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A continuación, el matador se pondrá de pie y asistido por su mozo de espadas y un asistente más, literalmente, se montará o introducirá en la taleguilla. Para ello, se apoya en los hombros de sus asistentes, quienes soportan en peso a la pantoloneta con su torero dentro, que hará diversos movimientos de ajuste, para que esta, “monte bien”. Se coloca después las lustrosas zapatillas cuyos lazos son atados por el mozo. Llegando ahora, a uno de los momentos más significativos del vestir a un torero, los cordones del tubo inferior de la taleguilla deberán atarse a nivel de la pantorrilla, para ello llevan unos muy elaborados “golpes” que toman el nombre de “machos” y deben ser anudados, de manera complicadísima, los cordeles deben ser humedecidos pasándolos entre los dedos en el agua de un vaso, para que puedan deslizar fácilmente. El entre-cruzar y pasar los cordeles por sus presillas que para ello existen en las bocas del traje, es cosa que resulta, decíamos complicada y harto dificultosa, siendo el hacerlo todo un arte, mismo que ha dado lugar a que se acuñen las frases: “apretarse bien los machos”, “tiene los machos bien apretados”, con el significado muy lúdico y popular de que hacerlo; “apretarse los machos” es sinónimo de ser muy valiente o, valga la redundancia, “ser muy macho”.

Ahora el matante se colocará la camisola de holanes en puños y vistosas escarolas al frente, en la “pechera”, metiendo los faldones plegados de la camisa en el pantalón de tal manera que se eviten arrugas y pliegues en el interior y soportarles con los ajustados, cortos y anchos tirantes. Existen camisas de confección especial para torero que llevan unas cintillas que salen del frente y son pasadas por atrás, para anudarse y que permiten acomodar y contener las faldas de la camisa sin pliegues. El paso que sigue es colocarse y anudarse el corbatín, cuyo color hará juego con la faja, y siendo más rigorista, los toreros de verdad, suelen serlo: faja y corbatín también deberán hacer juego con el color predominante de las piedras preciosas que adornan rosetas y alamares de hombreras y chaquetín del vestido de luces. El hacer el nudo de la corbata encierra otro, todo un riguroso ritual que se cumple por la mayoría de toreros. El nudo se lo hace el mismo, frente a un espejo, y al terminar de hacerlo y ajustarlo en su lugar, el torero toma con sus dedos índice y pulgar una aguja enhilada que ya le está ofreciendo el mozo de espadas con el hilo en color que contrasta, es decir que se ve resaltar claramente contra el color de la corbata, para hacer, trazar con aguja e hilo, de manera muy minuciosa una cruz, en un trazo que tiene mucho de significado religioso, y que tiene la utilidad de ajustar y fijar el corbatín a la camisa y que no escape de su lugar con los movimientos que va a requerir hacer el torero. El trazar esta cruz además de encomienda y buenos deseos, conlleva un momento muy especial de meditación y ensimismamiento. Actualmente esta manera de mantener el corbatín en su sitio se suple con el prendimiento de alguna medalla o crucifijo de metal con alfiler de seguridad, aunque muchos toreros suelen hacer las dos cosas, trazar la cruz con hilo y colocar la o las medallas.

¡El Desplante!

Breve nota explicativa:

El Desplante, cómo acto que se realiza frente al toro, no es un lance, ni una suerte o pase, más bien es la expresión, el resultado de una actitud, que se efectúa, generalmente al salir o término de una serie de muletazos. Dice el tauro diccionario que es: “Acto del torero lleno de arrogancia al toro o de descaro o desabrimineto al público”, cosa que también puede serlo. Y en este breve espacio le utilizamos como expresión para un comentario sobre alguno de los aconteceres taurinos recientes.

Un verdadero desplante muy taurino tubieron en días pasados las Autoridades Taurinas de la vecina Huamantla Tlaxcala, tierra muy torera conjuntamente con los directivos del Instituto Tlaxcalteca de Desarrollo Taurino al no solamente permitir que se lidiar una corrida de 6 Cárdenos 6, con sus astas integras, el gran mérito estuvo en que, así se anuncio, así se promovió y así llegaron los toros a la plaza, dentro de lo que el Reglamento de ese estado señala; con respecto a las reses a lidiar que: “deberán no haber sido objeto de de manipulaciones o alteraciones que modifiquen sus astas o disminuyan su poder y vigor”. Como resultado de ello, cinco de los seis cárdenos fueron aplaudidos a su salida y dos de ellos segundo y quinto ovacionados en el arrastre. Claro que esta medida ha ocasionado tremendo ruido — léase; descontento – entre los coletudos y apoderados que suelen gustar de manipular las cornamentas y por supuesto, también lucen molestísimos los empresarios que por darles gusto, se prestan a ello.

¡ELÉCTRICO EN MI CASA TENGO…EL REFIGERADOR!

Toreaba el “Zapata” en la reciente inauguración de la temporada en la plaza de Tijuana y dada la gran popularidad que, no de ahora, sino de siempre ha tenido Uriel en las plazas fronterizas del norte; entre la numerosa concurrencia que acudió a verle se encontraba Jimmie (N) que es la presidenta de la Unión de Peñas Taurinas Norte-americanas y en la euforia de la saludación y muestras de admiración por el “Zapata” le presentaron al pintoresco Marino Ortega “El Tlaxcalita”, ayuda, asistente y “utility” del matador, al que la entusiasta gringa le preguntó: – “Oye Tlaxcualita, y tu…¿Tienes correo electrónico? A lo que el “Tlaxcalita” de manera ingenua, pero también entusiasta, respondió:

-“En casa…electrónico…lo que tengo es ¡El refrigerador!”

– ¡Oleeeeee! Tlaxcalita festejó Uriel Moreno, entre las risotadas de todos.

¡VESTIRSE DE LUCES!

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Vestirse de luces es un privilegio del que pueden ufanarse unos cuantos. Significa, representa para quienes lo hacen muchas cosas, además que se trata de un verdadero ritual. Algo, como dice lo que canta Julio Iglesias que es “una experiencia, casi religiosa”. Aunque lo cierto es que por la actitud que hacerlo demanda y todo lo circunstancial que le rodea; Vestirse de luces es todo un ceremonial religioso. El ritual y su parafernalia se inician desde la selección del lugar, generalmente un cuarto de hotel, y éste, el hotel con cierta tradición taurina; como también suele serlo la habitación de casa de algún aficionado taurino de pura cepa, que por amistad, autenticidad taurina o cierta cercanía con la plaza, en esa su casa recibe a quien va enfundarse en un traje de luces.

Un altarcillo, muchas veces un pequeño retablo plegable en madera o piel, es colocado conteniendo una verdadera multitud de multicolores estampas e imágenes, corte celestial, en la que no pueden faltar; la Virgen de Guadalupe, La Macarena, el Cristo del Gran Poder, que es el Cristo de los toreros y toda una pléyade de santos y advocaciones, tanto de María madre de Dios, junto con su hijo crucificado y tienen su lugar en el relicario móvil; un par de rosarios de madera, cristal o metal, algunas medallas y colgageros benditos, así como una veladora, misma que habrá de encenderse, precisamente al final del ritual.

La escena se complementa con el vestido de luces, los accesorios que, el capote de paseo, colocado al final cubre todo, como la Virgen con su manto, que muchas veces va bordada en finos y multicolores hilos. Todo, ha sido, minuciosamente ordenado de manera metódica y compulsiva colocado sobre una silla, de tal forma que así en riguroso orden, van siendo tomados por el mozo de estoques que cumple con la misión de asistir a su matador a vestirse, en presencia únicamente del apoderado, y algún que otro amigo intimo; de ser posible, una guitarra cuyas cuerdas tañen un lamento gitano, son el fondo musical de la escena, la guitarra se suple actualmente por un aparato electrónico y por conversación, únicamente se escucha un breve murmullo en voz baja de los acompañantes, que nunca, de los nuncas, nuca; deberán sentarse en las sillas, la acción se contempla de píe, y cometerán grave pecado de les antitaturinidad si colocan algún sombrero o se recuestan sobre la cama. Prohibido está, encender la TV y menos para ver un partido de Futbol.

El ritual comienza al salir el diestro de la ducha, regadera o baño, desnudo en la intimidad que los asistentes, con su silencio respetan; para colocarse, primero, ayudado por su mozo de espadas la coleta o añadido del cabello, muchas veces con este aún húmedo que permite así sujetar un mechón a la coleta, modernamente, esto se hace utilizando un aparatejo, en el que el mechón queda atrapado a manera de prisionero, sostenido por una pinza que se cierra con un tornillo. Sigue luego la prenda que actualmente sustituye a una antigua calzona de alba manta con cintillas en la cintura y a la altura de las rodillas. Se usa ahora directamente sobre la piel un “mallón” de licra (prenda muy femenina, es una “panti”) y su verdadera utilidad radica en que al adherirse a la piel, a más de comodidad impide que las vellosidades sean molestamente atrapadas por el tejido de “punto” de la taleguilla o “pantalón” — no se le llama así – del terno de luces, que tiene una gran elasticidad. Se colocan después, sentado el torero y en cuclillas el asistente, las medias color rosa, poniendo especial cuidado en que la costura quede bien alineada en la parte posterior,de los muslos de la pierna con los negros adornos en forma de flechas a los lados, sobre los tobillos.

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¡El Desplante!

Breve nota explicativa:

El Desplante, cómo acto que se realiza frente al toro, no es un lance, ni una suerte o pase, más bien es la expresión, el resultado de una actitud, que se efectúa, generalmente al salir o término de una serie de muletazos. Dice el tauro diccionario que es: “Acto del torero lleno de arrogancia al toro o de descaro o desabrimineto al público”, cosa que también puede serlo. Y en este breve espacio le utilizamos como expresión para un comentario sobre alguno de los aconteceres taurinos recientes.

En España, según vayan colocándose los toreros en el escalafón y no sólo eso, sino dependiendo de lo que valen es decir de lo que representan económicamente hablando, se les clasifica, quedando los más cotizados dentro del Primer Grupo, más bien llamado “Especial”, pertenecen a él: Enrique Ponce, Julián López “El Juli”, José Tomás, José Antonio Morante de la Puebla, Manzanares, Pablo Hermoso de Mendoza, Francisco Rivera Ordoñez, su hermano Cayetano y Alejandro Talavante, Son estos los nombres que aparecen, los que los empresarios de las plazas de Sud-América buscan para sus muy prestigiadas ferias, las colombianas de Cali, Bogotá y de Medellín, la de Lima Perú y otras, corroborándose así esto del grupo “Especial”, pues bien, nuestro desplante va en el sentido de que ahora a esos nombres de toreros españoles, empieza a agregarse de manera sorprendente, pero digno de todo elogio, el del mexicano Arturo Saldivar cuyo nombre aparece ya en los carteles de algunas de estas importantes ferias, sobre todo por lo que por ahí cobran en dolares los toreros. Queda aquí este desplante.

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¡Vaya Pregunta!

Toreaban en el viejo Toreo de Puebla al inicio de los setentas, Antonio Lomelin y el entonces esbelto Curro Leal. Ya se había vuelto verdadera costumbre, después de la misa de doce en la capilla de la plaza y del sorteo, pasar todos, matadores, apoderados y cuadrillas a la casa a un costado de la plaza sobre la 19 sur. Tenía ahí el licenciado Benjamín Del Callejo, destacado y conocido Notario Público su residencia. Don Benjamín se desempeñaba como Juez de Plaza e invitaba a todos; toreros y acompañantes, a los coletudos a que se vistiesen de luces en esa, su casa, contaba ahí con un Oratorio o Capilla especial para los matadores, y a los demás acompañantes y aficionados a la tertulia, sobre todo después de la corrida. Pues terminado el sorteo y en el ínterin para ir a la ducha, los toreros y cuadrillas descamisados acostumbraban relajarse, calentar el cuerpo, jugando en el jardín de la parte posterior, bien cuidado y de verde y fresco pasto; “echar cascarita”, jugar un poco a patear el balón. En esas se estaba, cuando en la intimidad de la confianza y el relajamiento se acerca “Curro” Leal, entonces, esbelto — decía — y recién alternativado, y le pregunta a Toño Lomelín : – Oye Matador. Yo todavía como que no agarro bien la onda con eso de los turnos de los quites. ¿Cuándo me toca a mí?

Y le responde Lomelín: – Mira Matador; cuando veas que yo me atravieso a quitar el toro del caballo, me echó el capote a la espalda y estoy armando la escandalera. ¡Es que te tocaba a ti!

LAS ALTERNATIVAS

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Dicen los Reglamentos Taurinos: «Al adquirir un matador de novillos la categoría de Matador de toros, el más antiguo de los que alternan en la corrida en la que se confiere la nueva categoría le cederá el turno en el primer toro, entregándole la muleta y el estoque como Alternativa». El diccionario de la serie «Los Toros!» define la Alternativa como: «Ceremonia por la cual un espada de cartel autoriza a un matador de novillos para que pueda matar toros alternando con los demás espadas. El acto se reduce a entregar el primero al segundo, durante la lidia, la muleta y el estoque para que ejecute la faena en vez de él».

Fue Manuel Bellón, conocido como «El Africano», que hace su aparición en Sevilla alrededor del año 1760, a quien se da el crédito de haber otorgado la primera alternativa formal a Joaquín Rodríguez «Costillares» el 22 de abril del año de 1760 en la plaza de Sevilla, aunque también debemos aceptar que no existe ningún documento o escrito que permita concretar cuando se estableció la solemnidad de la Alternativa. Sánchez de Neiva, en su Diccionario Tauromaco, afirma que los lidiadores que la tomaran, ya como formato de un ceremonial fueron los primeros del siglo XIX, siendo el primero de ellos Antonio de los Santos en 1801.

Lo cierto, y es muy importante mencionar, que: ¡Hay de Alternativas a alternativas! Y cabe preguntar, ¿Qué es lo que viene después de la toma de alternativa? Para aquellos que llegan a tomarla como se dice; «con mucho ruido» por venir presidida de grandes triunfos, ésta ceremonia marca el inicio de una gran carrera, que puede llegar hasta a ser histórica. ¿Y los demás? Debemos tomar en cuenta que la Asociación Nacional de Matadores de Toros, Novillos, y Similares, — aquí cabe preguntar: ¿Cuáles son los similares? — tiene un registro de cerca de tres centenares de coletudos, de los qué realmente se encuentran en activo, es decir toreado, no más de una veintena, y de ellos no llegan a cinco los que hacen base de carteles. Repetimos la pregunta: ¿Y, los demás? Al recibir la tal alternativa, ¿Queda ahí la cosa? Pues generalmente sí, Ahí queda la cosa, es decir; el recién alternativado, ahí queda, sin volver a alternar, vamos, sin volver a vestir de luces. Por cierto señalamos también que es tradición que el torero «toricantano», así se le llama, en semejanza a la ordenación sacerdotal donde el ordenado sacerdote «canta» su primera misa, el que ingresa al gremio de matadores vista de blanco y oro o blanco y plata, llamándose a esto vestir de Primera Comunión. Según se sabe la ya mencionada agrupación de matadores exige, (debiera exigir) al sustentante un mínimo de diez carteles en los que aparezca su nombre como actuante en plazas de las consideradas de Primera Clase, estas actuaciones deben de ser en el último año, no calendario, sino, entiéndase de fecha a fecha. Y además un mínimo de cuarenta carteles en plazas que sean de segunda o tercera. El segundo de estos requisitos, prácticamente cualquiera que ande en la guerra lo cumple, el primero es harto difícil. Pero, ¿Quién cuida actualmente que esto se cumpla? Pues al parecer, naiden. Lo cierto es que se dan muchas alternativas prácticamente intrancendentes, es decir: que después de la ceremonia no va a pasar nada, nada más que el alternativazo, cuelgue la fotografía de la ceremonia en la sala de su casa y sirva ésta para presumirla y traer siempre a colación, a recuerdo, aquella tarde en que Cuernacio Malatarde recibió la alternativa en la plaza aquella.

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¡El Desplante!

Breve nota explicativa:

El Desplante, cómo acto que se realiza frente al toro, no es un lance, ni una suerte o pase, más bien es la expresión, el resultado de una actitud, que se efectúa, generalmente al salir o término de una serie de muletazos. Dice el tauro diccionario que es: «Acto del torero lleno de arrogancia al toro o de descaro o desabrimineto al público», cosa que también puede serlo. Y en este breve espacio le utilizamos como expresión para un comentario sobre alguno de los aconteceres taurinos recientes.

Más que un desplante, se trata de un verdadero cumplimiento, se cumplió con una serie de añejas y antiguas tradiciones, comenzando con la presencia, muy grata, bien vista y bienvenida de S. M El Rey Juan Carlos en la plaza de Las ventas de Madrid el miércoles 25 de mayo, corrida, también, tradicionalmente dedicada, desde hace muchos años y todo un acontecimiento a la Prensa. En el cartel, la primer figura en este caso francesa y mundial Sebastian Castella, alternando con Miguel Ángel Perera y confirmando ante el primero y con el testimonio del segundo la alternativa del joven aguascalestence Joselito Adame, quien por presentarse a confirmar, lidió al primero de tan importante tarde correspondiendo a él por tanto el gran honor de brindar su toro, precisamente a su majestad El Rey, al hacerlo, sus palabras fueron más o menos:» Va por Usted con todo el cariño y amistad del pueblo de México» y de ahí la pregunta. ¿La real presencia se debió a una deferencia especial por un torero mexicano confirmando en la Ventas? Ó se trata de una singular coincidencia, cosa que ocurrió así, pues el detectante de la Monarquía española suele acudir y sancionar con su presencia tan importante evento, tocando en suerte, este año a un joven torero mexicano con gran cúmulo de triunfos en Europa, presentarse ahí y ante tal celebridad confirmar su alternativa de Matador de Toros.

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¡Dejó de píe al Rey!

La anécdota que recordamos hoy, va en relación con los dos temas anteriores; el de nuestra «Tauromaquia» y el del Post «El Desplante» y se refiere a la tradición, el protocolo no escrito, pero de estricto cumplimiento, de brindar el primero de sus toros, el primer espada a S.M. El Rey de España cuando éste hace acto de presencia en la plaza, generalmente la de Las Ventas en la capital española y hecho que ocurre en la corrida llamada de «La Prensa», misma a la que el rey en turno o mejor dicho, ocupante del trono suele acudir. Lo anecdotario es que en la corrida del año pasado 2010 siendo el primer espada José Tomás quien se presentaba en Madrid en medio de una grande expectación, al momento de preparase para iniciar la faena de su primero, tomó los trastos toricídas y después de solicitar la venia de la Presidencia se dirigió con gran parsimonia, caminando, al tercio, la grande e importante concurrencia pensó de inmediato que iría a cumplimentar el protocolo de brindar al Rey y después de pasar por debajo del palco de S.M., incluso éste se puso de píe para recibir el esperado brindis. El otro miembro de la realeza; El Príncipe de Galapagar se siguió rumbo al tercio, saludando la presencia y puesta de píe del Rey con una simple sonrisa, para brindar ese, su primer toro a toda la concurrencia, entre el aplauso y el beneplácito que incluyó una franca sonrisa del Rey. Y brindó a todos, – comentamos nosotros –, de seguro, porque no estaban presentes en el callejón sus cuates: Joaquín Sabina y Juan Manuel Serrat, porque de haber estado ahí hubiese sido el brindis para ellos, aunque el mismo José Tomás ha afirmando que no suele brindar y no gusta hacerlo, dice: Al verdadero instante, momento de cuadrar la espada para tirarme a matar prefiero levantar la vista y dirigirla a quien estoy pensando en mi brindis y con una simple sonrisa señalar un ¡»Va por ti, de corazón»!.

¡Y, DALE CON EL REGLAMENTO!

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Si aceptamos la metáfora de que algunas plazas de toros son las cantinas más grandes de cada ciudad, el callejón viene equivaliendo a la «Barra» o como hoy se le dice la «zona VIP» de cada una de estas gigantescas y hasta monumentales cantinas. Y aquí también las bebidas circulan a diestra y siniestra, hábil y eficazmente servidas por «bar-man´s» de callejón, puestos para la atención de ganaderos, empresa, amigos de la empresa y gente del toro, siendo eso, lo de menos, lo qué engrosa la cantidad de invitados son los agregados y colados, cuates de los antes mencionados. Y Preguntamos quién le va a decir a cualquiera de estos prepotentes personajes que no puede chupar en el callejón. Y dirán Ustedes; – «Para eso están las autoridades», pero entonces, en estos tiempos, resulta más fácil que la autoridad que se atreva a hacerlo, pierda el puesto saliendo hasta regañado con el argumento de:- «¿Pues que no sabes de quién se trata?».

 Pero, pasemos a comentar el ambientazo que se arma en el callejón, en ocasiones, llega ha ser de ***** y sólo falta que entre toro y toro se cuente con entretiment con tubo y todo faltando desde luego la «hostess» vestidas de flamenco que le reciban en la puerta del callejón y le conduzcan a su burladero. Por todo lo anterior aquí escrito y expuesto, podemos concluir, que esto del cumplimiento del Reglamento de manera estricta, se ha convertido en el juego «del gato y el ratón». Mejor en vez de reformas y modificaciones, vamos adecuándolo con criterio y acostumbrándonos a su respeto y cumplimiento, cosa que sólo se logrará cuando cada empresa comprenda que resulta mejor agasajar y atender a sus invitados en el tendido y dejar el callejón para actuantes y sus asistencias, es decir, para la gente que ya llega «de luces» a la plaza y no aquellos que llegan a «alumbrarse».

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¡El Desplante!

Breve nota explicativa:

El Desplante, cómo acto que se realiza frente al toro, no es un lance, ni una suerte o pase, más bien es la expresión, el resultado de una actitud, que se efectúa, generalmente al salir o término de una serie de muletazos. Dice el tauro diccionario que es: «Acto del torero lleno de arrogancia al toro o de descaro o desabrimineto al público», cosa que también puede serlo. Y en este breve espacio le utilizamos como expresión para un comentario sobre alguno de los aconteceres taurinos recientes.

No, no era un desplante, era una actitud llena, manifiesta de orgullo; la cabeza en alto, la mirada firme segura, con el capote de paseo a la espalda y la montera en la derecha, así con verdadero orgullo, Arturo Saldivar partió plaza de salida al término de la corrida del mero día de feria en Madrid, Plaza de las Ventas, el día del Santo Patrono de la ciudad, mientras sus alternantes; padrino de confirmación de alternativa, José Antonio Morante de la Puebla y Alejandro Talavante, testigo de la ceremonia se retiraban siendo abucheados; si bien los de Nuñez del Cuvillo dejaron mucho que desear; los diestros, Morante no anduvo de vena y Talavante derrochando valor y clase ante un lote que no le funcionó. Antes, al momento de partir plaza y desde horas antes, en las ventanillas de las taquillas lució el letrero de: «No Hay Billetes».

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¡La última y nos vamos!

Yo creo que la anécdota que va a continuación será la ultima de Rodolfo Rodríguez quien ha sido conocido como «El Pana» y que toda su vida sido un anecdotario. En la penúltima de su actuaciones – a la fecha – se trasladó para participar por primera vez en su existir, nunca antes se había siquiera visto anunciado en la Feria de todas la Ferias, la de Aguascalientes y ante ello, careciendo de cualquier otro recurso desatendiendo las indicaciones médicas en el sentido de que no debía de actuar por estar convaleciente de una intervención quirúrgica mayor, desoyendo la recomendación de su apoderado, se auto-colocó una faja de cuero, de las que se atan con agujetas y que usan los estibadores y levantadores de pesas. Se subió a un auto bus foráneo, léase «camión de pasajeros» y llegó a Aguas para estar ahí dos días antes de su presentación en la feria.

Esto recuerda el episodio aquel, en que teniendo el Pana que trasladarse hasta Tijuana, donde toreaba el domingo se presentó desde el jueves anterior ya por la noche a la Agencia automotriz Ford, de Apizaco, cuando está por la hora ya había cerrado sus puertas, y convenció con mucha labia y metiéndolo bien en la muleta al encargado-velador de la agencia, de que había hablado con su patrón quien autorizó que sacara un carro, camioneta de cabina para darle una probada; «Una vueltecita» dijo el matador y si le convencía la unidad, se quedaría con ella; dejando en prenda su bicicleta, sacó la camioneta y se la llevó a dar una vueltecita…. Hasta Tijuana, regresando dos días después de la corrida y argumentando que no le convenía la compra, la entregó recogiendo su bici. Esto es verdad tal cual lo contamos.

¡Reglamento, alcohol, toros y fiesta!

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Escribir sobre la posible reglamentación de la venta y consumo de alcohol en una Plaza de Toros, puede sonar a absurdo. Y uno peca de inocente al tratar la temática de intentar de regular esto, cuando la realidad es otra y a dos pruebas me remito: En cierta ocasión hablando del tema y tratando de calcular la cantidad de cervezas que se venden en el interior de la plaza le decía a un amigo; ¿Cuantas cervezas crees que se tome cada persona? Y yo mismo contesté mi interrogante: – «Yo creo que cada uno, en el tendido se toma de dos a tres cervezas». A lo que mi interlocutor contestó muy enfático: – «Estas mal. Sí yo me tomo a cerveza por toro, o sea seis, y mi vieja se toma 7 u 8 por corrida». La otra realidad es que en la plaza, en los tendidos, ya hay no solamente cubeteros, sino además auténticos meseros de camisa blanca, chaleco negro y mandil que igual le sirven una Cuba, un Wiskie, un Desarmador, Blody Mary o un coktail Margarita. Así que tratar de arreglar esto es imposible. Resulta que los más involucrados en poner respeto son los representantes del orden público, los policías uniformados, pero estos elementos al llegar a la plaza se reportan de inmediato con…¡La empresa! Y son utilizados para resguardar la taquilla, en primer lugar, y luego en cuidar que por las puertas de acceso no se introduzca ningún pomo o recipientes con bebidas embriagantes. Y al momento que estallan las broncas en los tendidos; se han visto verdaderas batallas campales con arrojamiento y madrizas con botellas y pomos; pues los «polis», son los primeros en huir y ponerse a salvo, trepan a sus patrullas y a correr se ha dicho, aunque ellos dicen que van ¡Por instrucciones! Y si del combate la reventa se trata, el negocio es mejor, pues lo que hacen es d levantar a los revendedores, muy fácilmente identificables, aplicarles el «sube y baja» que consiste en subirlos a bajarles la lana, para dejarles libres con la condición de que continúen sus actividades, pero, en otra esquina.

 

Curiosamente la reglamentación taurina dice a la letra: «En los tendidos de la plaza queda prohibida la introducción y venta de debidas alcohólicas. Etc.», situación por demás absurda, pues sabido es que El Relicario es la cantina más grande de Puebla y sus alrededores. No, de ninguna manera nos espantamos de ello, ni es mojigatería nuestro señalamiento. Es simplemente, que el Reglamento actual, prohíbe la venta y consumo de bebidas alcohólicas, permitiendo sólo la cerveza, por ello pedimos abertura con criterio, ya que la experiencia dicta que las prohibiciones aumentan la venta y consumo de alcohol, bebida que en cantidades industriales es introducida a los tendidos del Relicario por diversas maneras, a cual más ingeniosas por el público, gran parte «neo-aficionados», acertadamente descritos como «prófugos de antros» y que se burlan y chacotean de los «security corps» contratados por la empresa además de los «polis» uniformados; estos guaruras, bípedos implumes uniformados de manera «casual» es decir; «informal», o sea que no tiene forma, a espaldas de sus patrones permiten la entrada, el ingreso de colada de aficionados que prefieren cómodamente pasar o untar la mano del guardián con un billete de a veinte, que pagar su boleto, además de que con el pago de esta cuota adquirir el derecho a poder introducir un pomo, que puede ser desde «Torres», «Solera» o hasta «Parras». Dependiendo de cada presupuesto. Amén de que el personal cubetero despacha y ofrece a discreción: «Cubas…campechanadas»…»Güisqui, mi jefe, o lo que guste mandar».

Y a propósito de esta venta desordenada e indiscriminada, ¿Quién va a poner orden entre cubeteros y alcohol despachadores? Que se pasan el reglamento por ahí, por donde les conté, realizando la vendimia a la hora que se les ocurre, sin respetar los tiempos de la lidia y sin tampoco respetar rodillas, muslos y otras partes anatómicas de aficionados y aficionadas que ya de suyo se encentran incomodamente instalados en el graderío semi- improvisado del Relicario. Esta es una problemática seria y avocarse a su solución no es cosa fácil, su re-organización o re-ingeniería como se dice ahora es tema para másd una cuartilla, por el momento, vale subrayar, que debe exigirse y garantizar el más elemental respeto al individuo que, vestido de luces -.- sea figura o no lo sea – esta jugándose la vida frente a un astado.

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¡El Desplante!

Breve nota explicativa:

El Desplante, cómo acto que se realiza frente al toro, no es un lance, ni una suerte o pase, más bien es la expresión, el resultado de una actitud, que se efectúa, generalmente al salir o término de una serie de muletazos. Dice el tauro diccionario que es: «Acto del torero lleno de arrogancia al toro o de descaro o desabrimineto al público», cosa que también puede serlo. Y en este breve espacio le utilizamos como expresión para un comentario sobre alguno de los aconteceres taurinos recientes.

De verdaderamente criminal y anti-taurina debe calificarse la actitud de quienes desde el callejón, tratando absurdamente de proteger a su torero, en este caso Torera, mandar matar, asesinar, prácticamente destazar o descuartizar al toro en manos de criminales asesinos a sueldo, que en eso convierten a los picadores. Y todo para «pararle» los toros, volverlos inofensivos y proteger su físico. No cabe duda que si ya «desdenanates» la malagueña se caracterizaba por mandar los toros, lejos, muy lejos al salir del muletazo, para quitarse de ellos y ahora a ese muletazo que los manda lejos agrega la estrategia de partirles la madre desde el caballo, para quedar protegida en extremo. Pero lo más grave, lo más comprometedor lo que más afecta a la fiesta, es la imagen, el mensaje que se transmite a los «ecolocos» los ecologistas enemigos acérrimos de la fiesta a quienes se les dan armas — con estas actitudes – para seguir con su loco hostigamiento en contra de la fiesta. ¡NO fastidies Mary Paz!

¡Sí se salvó el huevo del Cejas!

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El prendimiento fue dramático, las fotografías, al otro día aparecieron en toda la prensa especializada, sobre todo la serie muy oportuna obtenida por Tadeo Alcina. Por el Face y Twitter las féminas aficionadas empezaron a mostrar su preocupación, y más las que estaban en la plaza, sus comentarios no bajaron de ser preocupantes, quienes estaban más cerca y pudieron apreciar el testículo de Arturo Macias en franco y claro «fuera de lugar» de inmediato iniciaron los cuestionamientos sobre si se salvaría el huevo de Arturo, por lo que tan pronto hubo posibilidad, después de la operación les conteste:¡Sí, se salvó el huevo de Arturo! Dentro del dramatismo al llegar al Hospital Betania, el matador no dejaba de relatar a todo mundo que después de que tratando de salvarse de nueva cornada se rodó sobre sí mismo, y fue entonces que se dio cuenta que su testículo estaba sobre la arena y por supuesto, fuera de su lugar, al levantarle; ayudas, monosabios y para-médicos, la escena se volvió más preocupante, pues ellos, las asistencias al trasladarle a la enfermería hacían esfuerzos por hacerlo bien, le tomaban de los brazos y le jalaban queriéndolo llevar en buena posición y El Cejas, gritaba; ¡Mi Huevo, mi huevo!, llevándolo en la mano; cuando alguien le jalaba el brazo para corregir la posición de traslado, mientras él, apretando y defendiendo, más por instinto, clamaba: ¡Mi huevo! Ya en la sala de urgencias, una vez estabilizado el paciente y mientras se revelaban las placas radiográficas; el matador discutía y relataba al Matador Héctor de Granada, su apoderado, que durante el rápido traslado por el callejón, una vez que le reconoció, así, con más confianza le decía: «Mi huevo, detén mi huevo» y éste, primero por instinto de ayuda dirigió la mano asía ahí, y luego también por instinto retiró de inmediato la mano, al tiempo que Arturo le gritaba; «Agarra mi huevo».

Ya después de la operación se exacerbó la discusión, sobre si entre las obligaciones del apoderado está la de sostener el o los huevos del poderdante, en caso de que sea requerido; Arturo insistía que sí y el matador De Granada que no. Hablando en serio, el asunto era serio, apoderado, ayudas y cuadrilla preguntaban en la sala de espera anexa al Quirófano, por el pronostico, ¿Que sería del testículo? Ya que estuvo muy expuesto, incluso Arturo rodó sobre de él más de tres veces, lo revolcó en la arena, se llenó de tierra, los jaloneos, el trauma de la cornada y el aseo quirúrgico intenso al que tuvo que ser sometido. Por cierto, es justo mencionar que los únicos, gente del toro quien se hizo presente esa noche en el Hospital fueron el líder de los matantes Antonio Urrutia, acompañado del también coletudo, Fernando Flores, el cronista, torero, piloto-aviador y deportista Luis Niño de Rivera y Octavío García «El Payo», quien después de ducharse y cambiar el terno de seda y oro por mezclilla y algodón llegó al Betania y ahí permaneció hasta las 3 a.m., hora en que se declaró todo controlado y el huevo salvado. Como corolario, tres días después, el domingo, al ser dado de Alta, al dejar el hospital, El Cejas insistente, pedía, exigía, que lo llevara «comer una barbacoa». Ante la negativa de un servidor, argumentando razones del cuidado de su salud. El insistía: «Si no me llevas, yo voy a comer barbacoa a orilla de carretera», – «Esas son de perro y te va a hacer daño» – le dije y él respondió, concluyente: – ¡ Mejor!, ¡Así voy a llegar ladrando como un perro a Aguascalientes! – Refiriéndose a la feria, claro. Conclusión; terminamos en la 23 y 23 con Toño comiendo una deliciosa barbacoa tipo gourmet precedida en el primer tercio por ¡Un consomé también, para gourmets!

¡REGLAMENTANDO EL REGLAMENTO Parte II !

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Continuando con el propósito de tratar de reglamentar el reglamento que bueno sería, que de verdad se implantase el muchas veces deseado y buscado pero nuca logrado «monopuyazo», se trata de que al momento del encuentro del burel con el picador, si éste, al «marrar» o fallar, trata de «re-fastidiar», perdón, de rectificar o bien si el puyasito resulta pellejero por falta de enjundia y no otra cosa del montado NO podrá corregirse o convertirse el encuentro en multi-pica cómo actualmente ocurre. Así, de cada encuentro, resultará un puyazo o «mono- puyazo». El juez centrará su atención en que esto ocurra y hará sonar parches y metales anunciando el cambio, a solicitud del espada en turno una vez «sentido» el toro.

A continuación procederá el o los quites. Si se llega a realizar algún quite…siendo el «quite» una suerte harto añeja que aparece descrita en algunos tratados antiguos de tauromaquia, y que algunos aficionados, los más ancianos ahora fallecidos recordaban haber visto ejecutar allá por la primera mitad de este siglo en el viejo Toreo de Puebla, y que se daba cuando lo toros de verdad empujaban recibiendo dos, tres y más puyazos. Consistía esa suerte en que, una vez picado el toro; el espada, con arrojo y valentía – facultades que también tienden a desaparecer – , se acercaba «a quitar» al toro de su pelea con el caballo. Hoy las figuras, y aspirantes a ello, se limitan parsimoniosamente con actitud permisible y complaciente a observar cómo el otro «matador»; el de «a caballo», merma y acaba con las facultades peleativas del toro, que ya antes fue estrellado contra la muralla del peto, ya que loa picadores salen ahora con sus caballos convertidos en verdaderos acorazados. Y, en el caso de los novilleros, estos permanecen impávidos, expectantes, mientras sus llevanderos, llevadores, o «traidores» – del verbo «traer», es decir, él que los traé; no de traición -, asesores o padrinos desde el callejón gritan tauricidas instrucciones, tales, como: «Pegale duro», «Tapale la salida», «Pártele la madre», «Pegale pá que sangre». Instrucciones éstas captadas y ejecutadas por respuesta de alguna de las dos neuronas que los picadores, los de a upa, llegan a tener. Y volviendo a los quites, alguien ha propuesto que se establezca una multa contra aquellos toreros, que en su turno de quite, intentan iniciarlo o lo hacen con las sobadas y sobaqueras chicuelinas. Esto con la finalidad de despertar en ellos y estimular la creatividad y dejen lo tan visto y choteado. Las chicuelinas tuvieron su momento vibrante con Manolo Martínez, Teodoro Gómez y últimamente con José Antonio Morante de la Puebla. Los demás intentos de verdad que debieran sancionarse. Y volviendo a la pica, ¿Que son los petos de los caballos? ¿De que material están hechas esas rompe-testas y parte-cuellos amuralladas? Quien las revisa an su llegada a la plaza. Sus dimensiones, peso y materiales de fabricación están debidamente reglamentados, pero, ¿Quien revisa y cuida que se cumpla esto?

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¡El Desplante!

Breve nota explicativa:

El Desplante, cómo acto que se realiza frente al toro, no es un lance, ni una suerte o pase, más bien es la expresión, el resultado de una actitud, que se efectúa, generalmente al salir o término de una serie de muletazos. Dice el tauro diccionario que es: «Acto del torero lleno de arrogancia al toro o de descaro o desabrimineto al público», cosa que también puede serlo. Y en este breve espacio le utilizamos como expresión para un comentario sobre alguno de los aconteceres taurinos recientes.

Eso es un desplante, un gesto una expresividad que se realiza saliendo de un lance o una serie de ellos. Pero lo que hizo Rodolfo Rodríguez, el llamado Pana, torero ya definitivamente acabado, en la plaza México al indicar a su peón de brega que estrellase al toro, su primero de la tarde, de indudable buena presencia, que desde el sorteo y en corrales debió no haberle gustado al de Apizaco, que no quiso saber nada de él, logrado al estrellarle que perdiera el pitón izquierdo desde el nacimiento o la cepa. Logrando una imagen por demás repugnable, anti-taurina y anti-todo, y más si consideramos el dolor que esta verdadera fractura produce en el toro y más en estos tiempos de exceso de proteccionismo a los animales, lamentable estampa con el toro chorreando rutilante sangre por la cepa del pitón fracturado y el torero; coletudo, más bien dicho, displicente y burlón permanecía dentro del burladero, rumiando la desgracia de su decadencia. Eso, de ninguna manera puede llamarse, ni con mala leche; un desplante, eso, eso, tiene nombres, sustantivos para llamarle: majadería, cobardía, ignominiosa fealdad. Una más de este calamitoso y decrepito coletudo ha dado muestra de su incapacidad torera que trata de suplantar con un histrionismo que ya quedo muy fuera de cacho.

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¡El pago del brindis lleva incluida la cuenta de anoche!

Esto, nos lo contó el simpatiquísimo Gerardo Franco, aficionado, gallero de pura cepa, amigo de todos, pero sobre todo amigo del gran Manolo Martínez, quien toreaba en Aguascalientes durante la feria compartiendo fechas y en diferentes carteles con otro inolvidable; Curro Rivera, toreros y acompañantes se hospedaban en aquella vieja Catedral del toreo en Aguas, el Hotel Andrea, donde su propietario, don Juan Andrea que ahora también comparte suite en el cielo de los taurinos con Curro y Manolo, anfitroneaba a los toreros, pero, claro, con las correspondientes cuentas con cargo a los cuartos de cada uno. Y en una noche de triunfo del gran Manolo, el festejo se prolongó hasta ya entrada la madrugada. Teniendo que torear al día siguiente Curro se despidió prudentemente a descansar; pero continuaron circulando los vinos y alcoholes para la alegría y el bullicio de los acompañantes y festejantes del torero de Monterrey, quien por ser de ahí, mucho se quejaba y rehuía el pago de las cuentas de hoteles y bares, sobre todo cuando estas crecían y se abultaban en la forma en que ese día ocurría. Habiéndose retirado Curro, sólo quedaba cargar la cuenta al cuarto del regío y así se hizo, firmando muy a disgusto Manolo la nota de la cuenta. Al día siguiente en la plaza, el torero de Monterrey que no actuaba fue al burladero de ganaderos y Curro Rivera si vistió de luces y la muerte de su primero la brindó a don Juan Andrea que ocupaba, como siempre lo hizo su butaca de palco de contra-barrera. Terminó Curro el ceremonial del brindis, arrojó la montera que recibió el hotelero y en ese momento Manolo,

sacando medio cuerpo del burladero que ocupaba, estirando el cuello y haciendo bocina con las manos, le gritó a don Juan: ¡Don Juan: en el pago del brindis va incluida una cuenta de anoche!

¡REGLAMENTANDO EL REGLAMENTO!

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Desde el año de 1996 y atendiendo en aquel entonces a invitación escrita del H. Ayuntamiento de Puebla, y después de otros municipios y estados hemos asistido, participado en diversos foros de consulta, reuniones y mesas de trabajo efectuadas en nuestro entorno y en todas ellas; además de enterarnos de lo ocurrido en foros realizados en el D.F. para las modificaciones, yo diría actualizaciones de los Reglamentos vigentes. En todo ello ha predominado siempre una actitud «redentorista», por parte de quienes detonan los mecanismos para las propuestas de modificación o adecuación de los reglamentos. Siendo que los tales reglamentos, prácticamente son similares, iguales en cualquier ciudad de cualquier país del planeta de los toros cambiando únicamente algunos aspectos en cuanto a multas y sanciones; por supuesto lo relacionado a los aforos de las plazas y los tiempos o plazos que se señalan para autorizar corridas o festejos en cuanto al cumplimiento de los requisitos que indica el mismo Reglamento. En otras palabras, no hay nada nuevo que agregar o modificar, y los cacareantes renovadores de la fiesta, vigilantes del cumplimiento estricto de las reglas no tienen nada nuevo que aportar o tratar de modificar. En materia de festejos taurinos nadie va a descubrir el «hilo negro» o alguna formula secreta. Lo que si es recomendable y procedente es hacer hinca-píe, insistir, vigilar y exigir el cumplimiento de algunos artículos que son pisoteados, más que ignorados, pues los actuantes conocen estas prescripciones y no sólo ignoran su cumplimiento sino que insisten en no cumplirlas. Dice el mandato: «Al salir la res por la puerta de toriles no deberá haber subalterno alguno en el ruedo, ni se llamará su atención dejándola tomar libremente su viaje. Los peones le correrán por derecho y le colocaran en suerte». Cheque usted con meticulosa curiosidad la salida de los 6 toros 6 que usted presencie en una corrida, en los seis estará un peón de brega asomando el capote o incluso, saliendo él mismo del burladero de aviso, pretendiendo con ello, no sólo «tocar» al toro, sino hacerlo llegar y de alguna manera al provocar la embestida, disminuir su fuerza. Ahora bien si se trata de la actuación de algún rejoneador inexperto o principiante, se hará más notoria la indicación de que sean los subalternos, quienes salgan a recibir al toro. Siendo que es precisamente al caballero en plaza a quien le corresponde «recibir y parar» al toro, como consumación de la primera suerte en la lidia a caballo, además que los caballos que se usan para esta suerte se les llama «de recibo» . Otro trastorno que provoca esta actitud, verdadera necedad, es que nos impide ver la autenticidad de la bravura del toro, que teniendo como algunas características para calificarle, se trata precisamente de esa; que remate de salida en al menos en dos de los tres burladeros de aviso. Y, ¿Como diablos vamos a ver si el toro remata favorablemente metiendo la cabeza a las bases de los burladeros? Si los peones en su necedad de salir antes de tiempo no permiten apreciar esto. Pero más mal resulta el asunto si es el propio matador quien insiste en que esperen al toro fuera de los burladeros. Y peor, si llega a ocurrir que se dicte la orden de estrellarlo, arbitraria, salvajemente contra los burladeros que en muchas plazas tienen una estructura de madera cubriendo verdaderos rieles de acero, pues la cosa va estar grave, recordemos que no es lo mismo: dejarlos rematar, que mal intencionadamente – se dice con mala madre – estrellarlos, logrando a veces que lleguen a despitorrarse. Dejo a ustedes, pensando, reflexionando: ¿Si tal acto,criminal y anti-taurino pudiera ocurrir en nuestras plazas? Mientras preparamos el próximo post para continuar, reglamentando el Reglamento.

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¡El Desplante!

Breve nota explicativa:

El Desplante, cómo acto que se realiza frente al toro, no es un lance, ni una suerte o pase, más bien es la expresión, el resultado de una actitud, que se efectúa, generalmente al salir o término de una serie de muletazos. Dice el tauro diccionario que es: «Acto del torero lleno de arrogancia al toro o de descaro o desabrimineto al público», cosa que también puede serlo. Y en este breve espacio le utilizamos como expresión para un comentario sobre alguno de los aconteceres taurinos recientes.

En esta entrega comentamos, algo de lo que viene ocurriendo, en el paisaje nacional del toreo, donde por ahora son los que se suben al caballo, los rejoneadores, quienes dominan el panorama. Y es de

justicia decir que mientras el recién llegado; Diego Ventura, alterna los triunfos con ciertas actitudes no muy profesionales, como lo hecho en Nuevo León dónde dejó a público y empresa literalmente plantados, presentando una justificación médica, siendo que el día anterior había actuado y a tan sólo dos días de su ausencia – como si de ausentismo escolar se tratara – ya estaba totalmente repuesto para nueva actuación. El otro berrinche lo hizo apenas el sábado 12 por la noche en la Plaza de Oriente de San Miguel de Allende donde se salió groseramente de la plaza sin el debido permiso de la autoridad y mostrando falta de respeto para con sus compañeros actuantes. Y más antes, ha iniciado sus actuaciones precedidas de conferencias y ruedas de prensa saturadas de lamentos y quejidos contra aquellos que según él, lo bloquean. Y así va, alternando triunfos con agrios desplantes. Mientras; el otro el caballero el estelles, el navarro, va también, alternando triunfo con triunfo, uno seguido de otro. No en balde tiene ya bien recorrido y conquistado el territorio nacional desde hace once años.

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¡Va otra de Domingo!

Ahora que Domingo López, el popular picador «Zotoluco» el primero de todos los zotolucos en llevar ese nombre se ha retirado de los ruedos, traemos a cuento otra de las muchas situaciones, verdaderas anécdotas en que a lo largo de su carrera de picador de toros se vio envuelto: Viajaban con la cuadrilla de su Matador Jorge Aguilar «El Ranchero» en vuelo, rumbo a Tijuana, siendo aquella la primera vez que Domingo se trepaba a una aéreonave o mejor dicho y como él dijera a un «airoplano», de esto hace ya algunos años, partamos del hecho de que Domingo rebasa ya los 75 años de edad, cumplió y festejó sus 50 de picador e inició muy temprano, joven aún su carrera de piquero; los vuelos entonces tenían mayor duración y en un México – Tijuana debieron servir al menos un par de alimentos; las charolas servidas por las aereo-mozas circulaban con el agradable y apetitoso olor de los alimentos calentados a bordo. Precedido el servicio por la presentación de la carta, con las opciones de diversos y variados menús que la aerolínea servia, como cortesía, claro, a bordo y la azafata ofrecía con agradable sonrisa, cosa que ya se ha perdido. Todos, degustaban y saboreaban los alimentos y Domingo, serio y compungido sólo veía pasar frente a él las charolas del servicio sin probar bocado. Fue hasta el terminar el vuelo y ya en tierra, que alguien le preguntó: – ¿Y tu Domingo, porqué no comiste nada? ¿Que no tenías hambre? A lo que éste el picador respondió: – ¡Hambre si tenía. Lo que no tenia es parne ! (dinero, monedas, en el hablar de los taurinos) ¡No traigo ni un quinto en los bolsillos!

LOS REGLAMENTOS TAURINOS, parte II

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Continuando con el tema de la reglamentación de la fiesta, estos son los últimos artículos de la providencias expedidas en el año de 1822, para la Ciudad de México, va el texto tal cual se publicó y seguido, el comentario.

6.- Estos (los Toreros) no dedicaran suerte alguna a persona determinada ni exijiran gratificación para evitar así la emulación y malas resultas que suelen originarse de este principio.

Actualmente el hecho de «dedicar» se conoce como «brindar» un toro y es bien visto cuando la persona, generalmente personaje de la vida publica es – y valga la redundancia – bien visto, es decir tiene buena imagen o bien a familiares de toreros en lo qué el brindis implica cierto cariño, afecto, agradecimiento por apoyo o atenciones también brindadas, pero por lo común el brindis va con dedicatoria, va buscando algo y más comúnmente se convierte en un acto de compromiso, por ello resulta fácil comprender qué, acto seguido al brindis, viene el grito del tendido: ¡¿Quién es ese buey?!

7.- El Señor Gefe del Estado Mayor auxiliará al gobierno con la fuerza armada en los casos que sea necesario, y concurrirá por su parte a que los militares observen el buen orden en los términos que se previene para el paisanaje, haciendo también que algunas patrullas ronden por la circunferencia exterior de la Plaza, a fin de evitar los robos y obcenidades que ya se han advertido. Se impedirá igualmente que los vendedores de dulces, frutas, etc., transiten por las balaustradas de las lumbreras, sino por los tránsitos de las de las entradas.

El cumplimiento de esta orden se ha convertido en una autentica falsedad, pues los «uniformados» atendiendo a lo que dictan los actuales reglamentos, deben presentarse a las ordenes de las máxima Autoridad de plaza que es el juez nombrado, pues, ocurre lo contrario; los «polis» se presentan ante la empresa, y son utilizados para cuidar y resguardar la taquilla, reforzar las entradas y someter a los parroquianos asistentes a «cateos» y manoseos absurdos, impidiendo a los aficionados introducir la entrada de la tradicional bota de vino, o cuando ésta logra pasar es mediante una módica cuota, que ablande al estricto guardián del orden. Y más dramáticamente se ha observado la falta de autoridad y apoyo uniformado en las últimas corridas de la Plaza México en las que apenas muerto el último toro, verdaderas turbas brincan del tendido al callejón y de ahí al ruedo, buscando la muy perseguida «foto con el celular» al lado del torero que aún no se recupera del esfuerzo de la faena o no ha iniciado el disfrute del triunfo. Eso, ese desorden, antes no se veía en las plazas, y anote usted entre los impertinentes y estorbantes, a los entrevistadores que grabadora en mano, pretenden ganar la «entrevista en exclusiva» que al día siguiente aparecerá en todos los medios, dejando de ser «exclusiva». Comentario aparte y no por ello el menos importante es el relativo a la prohibición de las vendimias, el impedir que las docenas de vendedores en los tendidos le pasen a uno en frente, rozando sus posaderas con la cara de los espectadores, pero la respuesta y responsabilidad de esta persistente molestia está en las mismas empresas, por la utilidad que estas ventas representan y por lo que quizá ellos, los empresarios piensan que al favorecer, estimular las ventas, sus plazas adquieren el sustantivo de eso: Plazas de «Las Ventas».

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¡El Desplante!

Breve nota explicativa:

El Desplante, cómo acto que se realiza frente al toro, no es un lance, ni una suerte o pase, más bien es la expresión, el resultado de una actitud, que se efectúa, generalmente al salir o término de una serie de muletazos. Dice el tauro diccionario que es: «Acto del torero lleno de arrogancia al toro o de descaro o desabrimineto al público», cosa que también puede serlo. Y en este breve espacio le utilizamos como expresión para un comentario sobre alguno de los aconteceres taurinos recientes.

¡Qué buen regalo, los de regalo! Han tenido los actuantes que recurrir al toro de regalo para poder alcanzar el triunfo, y es que los toros buenos, para cortarles las orejas; en el momento de hacer los lotes, previo al sorteo, los apoderados, escuchando a su «veedores»

los han dejado como reservas, y ante el fracaso, muchas veces el abucheo y el rechazo del público, hasta han tenido que ser devueltos a corrales, y el matador en turno sufrir el amargo «desplante» del público. Esto se debe a que en un exceso de actitud protectora los responsables dejan a los toros con mayor presencia, los más hechos como reservas, con el único fin de que sus poderdantes lidien lo más cómodo. Saben bien que podrán ser protestados, pero aún así se arriesgan y mire usted los resultados, han tenido que ser toros de regalo, los que den el triunfo a Castella, «El Juli», Ponce, nuevamente Castella y por último Miguel Ángel Perera quienes salen con las orejas en la mano, teniendo que recurrir al regalo. No se trata de empujar para evitar los toros de regalo, ya en alguna ocasión se ha intentado logrando que el regalo de toros, que ocurre ante la falta de triunfos en los toros sorteados quede bien normado. De lo que se trata es de señalar el error para que trate de evitarse, pero por ésta temporada los toros de regalo son los que han salvado las tardes.  

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¡Esos huevotes no son de niño!

Conocido, muy conocido resulta el chascarrillo aquel del señor Patiño que andaba disfrazado de angelito queriendo entrar al cielo y la revisión para franquearle la entrada, alguien al darse cuenta de su farsa, exclamó: ¡Señor Patiño, señor Patiño… esos Huevotes no son de niño! Lo mismo le pasó a Julián López «El Juli» en cierta ocasión en que ya siendo matador sus manejadores de imagen insistían en hacerle pasar por infante, y en algún aeropuerto francés, pues fueron ellos, sus vecinos galos los encargados de poner al descubierto su verdadera edad, cuando pretendìa hacerse pasar por niño torero y ahí también en el momento de la inspección de aduana, alguien, pudo haber sido en los sanitarios al verle sus partes intimas, también exclamó: ¡Julián, Julián, esos huevotes no son de niño! Pues ahora ha quedado plenamente demostrado que el tal «Juli» los tiene de buen tamaño, por la manera decidida con que se tiró a matar el domingo que desorejó a Guapetón. Poniendo verdadero ejemplo de lo que es tirarse a matar con verdad y sobre todo con mucho valor, haciendo caso omiso al griterío que de manera absurda pedía el indulto.