El embarcadero

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PARTE 1

Dante Allghiere, nacido en Florencia, en el siglo XIV, en su obra La Divina Comedia, escrita en treinta y tres cantos, dedicó algunos de ellos a describirnos el cielo o mejor dicho, como le llama en sus sonetos «el Paraíso». Dante, como todos los humanos no era perfecto, algún error había de cometer y omitió en sus cánticos, una parte medular de la descripción del cielo. Siglos después, apenas en el pasado XX, Ernest Hemingway, se acercó más a la realidad, al decir que el cielo, es redondo y se asemeja a la plaza de toros de Sevilla. La realidad es otra; bien distinta a pensar en angelitos entre nubes tocando instrumentos de cuerda y viento. El Cielo y sobre todo para los amantes de la fiesta, es un embarcadero, o embarque de una corrida en Piedras Negras, Soltepec o Tenexac.

Eso, los toros, hermosos toros «Piedranegrinos»; en la libertad del campo bravo tlaxcalteca, son separados o apartados, por los vaqueros que al mando de su caporal dirige la campirana faena, para hacerlos entrar a la manga de embarque o «apartadero» de uno en uno. Eso visto desde los muros de embarcadero eso, es el cielo.

Estamos hablando de un embarque «como los de antes». Me explico: actualmente, como consecuencia de las regulaciones agrarias, las invasiones y otros fenómenos relacionados con la tenencia de la tierra, los enormes potreros que comprendían grandes extensiones de terreno tienden a desaparecer, sustituidos por enormes corrales, incluso cercados, con portones de metal, algunos e ellos se desplazan; abren y cierran sobre carretillas y pronto podrán ser electrónicos. Por lo que ya va siendo historia aquello de arrear el ganado a caballo para hacerle entrar por la manga de terreno, que en forma de embudo, se va estrechando cada vez más, hasta convertirse en un carril donde el espacio es suficiente para que el toro avance rumbo al camión de transporte, que estacionado espera del otro lado. Las puertas y trancas se van cerrado, jaladas mediante reatas y mecates maniobradas por los peones, vaqueros y caporales que, ocultos tras los árboles ayudan al desempeño de tan singular, interesante y a la vez peligrosa faena.

Resulta que las cercas y bardas son construidas con troncos, maderas de muchos años de permanencia a la inclemencia del tiempo, alambradas, que ante la fuerza e imposición del animal que se siente acorralado, en cualquier momento es capaz de destruir las mentadas cercas, como si fuesen serpentinas de papel. ¿Qué, porque decimos que esto es el cielo? Pues simplemente por lo campirano, arriesgado y hermoso de la faena, bajo un azul, entoldado en nubes de unos tonos de gris similar a los cárdenos y entrepelados, de los toros que ahí se embarcan.

Los toros que conforman un «encierro» están en este potrero, llamado de «saque», por que ahí se encuentra la corrida que ya está de salida, o lista para ir a plaza, de ahí son apartados o separados de uno en uno. Y mientras los toros van entrando, o «cayendo», como se dice; el calor del día que va en aumento, el polvo, el viento que también se deja sentir, contribuyen a que el cuerpo, pida, acepte el natural néctar de la planta tradicional de Tlaxcala; el neutle. Este, se sirve y toma en las «chomas», que como en otras líneas hemos dicho; se escribe choma y se pronuncia shoma, y que no es sino un buen trozo de penca de maguey cortado y al que se le da forma para convertirlo en jícara o recipiente donde se vierte el licor que tomaban los monarcas aztecas. Este pulque, viene, como los toros que se están embarcando «en puntas», es decir, sin tocarle la mano del hombre.

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 Parte dos

Continuando con el tema iniciado en este blog taurino, que por ser taurino da mucha cabida al gustazo de fumarse un puro continuamos y hablando de  cuentas, decíamos  que se calcula que la demanda de puros en los Estados Unidos rebasa los veinte millones al año y la producción de los auténticos Cohibas no llega a los cuatrocientos mil puros por año. De ahí que la distinción de fumarse uno de estos habanos haya sido blanco de imitaciones mil.  Así como en el toro, valoramos a 50 %, la bravura contra la presencia o trapío, así en el puro: frescura y evidencia de manufactura van a partes iguales. Y como el tema da para más, le seguimos: Al seleccionar el puro a fumar, nunca, nunca, escoja los que vienen con sabor a vainilla, chocolate, plátano o licuado de fresa, esto es demasiado snob y además son causantes de insoportable cefalea no solo para el fumador, sino también para quienes le rodean. El colmo de esta cursilería son aquellos puros que vienen con boquilla de plástico integrada.

El encender un puro es parte importante del ritual, debe hacerse sin llevar el puro a los labios, resistiendo la tentación de humedecerlo chupándole, aunque en algunos casos cierta resequedad del puro lo justifica; debe ponerse el puro a una inclinación de 45 º, tomándolo entre el pulgar y el índice cerca de la flama, pero sin que ésta le toque, a medio centímetro aproximadamente, usando un encendedor de gas butano, nunca de gasolina y de preferencia cerillas de madera esperando que la combustión de la llama consuma el fósforo, y así girar despaciosamente el puro permitiendo que se queme primero y se encienda su parte llamada «píe»; un buen puro encenderá de inmediato y es fácil comprobarlo, la combustión permitirá que el humo cruce la cubierta de la boquilla aún si ésta no ha sido perforada. La perforación es parte de la rutina y puede ser con un palillo mondadientes, un accesorio de navaja suiza o bien con el corta-puros, pero apenas insignificante y hay quien prefiere un corte en «V», cualquiera que sea esta, se trata de permitir un buen tiro; un corte en exceso ocasionará que el puro se desintegre de su boquilla y una perforación demasiado profunda producirá un tiro excesivo con sabor picante y hasta leves quemaduras en la boca del fumador. En ocasiones se requiere nueva aspiración, cerca de la llama sin que ésta toque el tabaco. Una vez encendido, aspire para mantener el encendido, sin precipitarse. Esto; como el amor y el buen torear es cosa de despaciosidad, de mucha calma. El acto de encender un puro, pasar de la llama a la primera calada, constituye una de las ceremonias más intimas del fumar; y para poder disfrutarla plenamente, se precisa habilidad, concentración y delicadeza. Un buen puro, de buena manufactura, arderá en «automático» bastando leves aspiraciones para mantenerle encendido. Quizá, esto es lo más importante, aspirar suavemente, las prisas sólo ocasionan una sensación de ardor intenso con sus desagradables consecuencias. Recuerde, que el puro se aspira, se saborea su humo, rico en diversas tonalidades e intensidades; el tiempo y la experiencia le enseñaran a reconocer y etiquetar su propio gusto, finalmente escogerá una buena compañía.  Al cigarro habano que así se le conoce a un buen puro – sin que sea requisito que venga de la isla – no se le da el «golpe», a menos que vaya acompañado del paladeo de un buen coñac o un tequila de agave, vale la redundancia, pues hoy no todos lo son. En caso de que el puro llegue a apagarse, y esto, sólo ocurre entre la amenidad de una buena charla y en el caso de las grandes faenas en la plaza, se consumirá más rápido; se vale volverlo a encender. Para ello, retire las cenizas y la parte de hojas quemadas, de lo contrario, percibirá un desagradable sabor a «quemado», puede hacerlo, apoyándose en el cenicero o auxiliado por el corta-puros, un leve raspado dejará su puro en condiciones de ser encendido nuevamente; en la misma forma, podrá observar ahora que sin tirar o aspirar por la boca, enciende más rápido. Grandes fumadores en el mudo del toro han sido; Papa Hemingway, Orson Wells y de los matantes, Silveti nuestro Juan sin miedo, Rodolfo Gaona, Procuna y en estos días Rodolfo Rodríguez. El tema de ¿Dónde conseguir buenos puros, sin pagar en excesivo? Será el remate de estas líneas en la próxima entrega.

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Notas de tienta…

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Las notas de tienta son apreciaciones escritas y anotaciones que el ganadero hace en su libreta con el fin de calificar sus reses en la plaza de tientas. En este caso, estas notas son la traducción y el ordenamiento de los garabatos y jeroglíficos hechos en la tienta un domingo ya pasados algunos calendarios. Escribiendo primero en una servilleta, luego en el revés de un boleto o ticket del pago de la caseta de autopista y terminando en media hoja de libreta, ya semi-usada: Tienta en Tenexac, en la plaza en la que el ganadero, explicaba a su invitado el de “Piedras Negras”, que la plaza la diseñó y construyó su abuelo – de el de Piedras – don Wiliulfo Gonzáles. Y el mismo personaje junto con el padre de Marco Antonio, el inolvidable don Raúl González vino a cuento e hizo acto de presencia in memoriam, cuando los toreanderos comenzaron a decirse cosas y  molestarse, pues ambos señalaron qué así precisamente les puyaba don Raúl en las tientas. Y es que  usted podrá imaginarse lo que se dijeron con sólo enterarse del cartel de tentadores: Miguel Villanueva, Rodolfo Rodríguez “El Pana”, José Luis Angelino, Alfonso Zamora como matadores; y de novilleros, Asael Piedras “El Huesos”, Martín López “El Capulín”, ambos así bautizados por “El Pana”, Joaquín Angelino “El Porris” y Muriel Ortega.

Las agresiones verbales, los dimes y diretes comenzaron cuando “El Pana” en su primera vaca, al inicio de faena de muleta, se fue a poner de rodillas, citando muy pegado, no a tablas sino al muro de mampostería de la placita. De inmediato Villanueva le gritó: “Pero si no te vas a poder levantar y te vas a ver en peligro…” vinieron los tres lances de rigor y ya después en la siguiente vaca, cuando bregaba Villanueva al retirarse hacia atrás muy comprometido, y casi sin aire, don Rodolfo Rodríguez le gritó: “Si ya no puedes, si ya te cansaste, quítate y deja al joven”, señalando a “El Huesos” Ásael,  que venia puesto detrás de Villanueva. La cosa no quedó ahí, todavía “El Pana” remató: “pareces subalterno de los de hoy; buenos pa´naa”.
Hago la aclaración de que en las tientas la prudencia taurina manda: “no hablar”, pero ante estas genialidades no quedó otra que sonreír y tomar nota. Además de que el ganadero había sentenciado a propósito de los alternantes, “Como dijo Napoleón: “¡Más de cien años de historia nos contemplan!”. Al tomar la banderillas Rodolfo Rodríguez, o mejor dicho al quitárselas a los chavales que ya se disponían a banderillear, citando y cuadrándose muy pinturero Rodolfo expresó: “Como dijo uno de mi tierra; Yo todavía banderillo”.
Las 4 vacas 4 resultaron extraordinarias yendo desde lejos, por tres veces al caballo, resaltando la tercera, una ensabanada, contrastante con las cárdenas claras, esta de cuerna más apretada y de estirpe pura “lagunera”. La tienta continuó y así las expresiones como aquella de Rodolfo a Miguel: “Pareces madre de cantadora; ¡Coyona y en buen lugar!”. Otro invitado el ganadero Gerardo Rodríguez se presentó, convidando riquísima botana de quesos y carnes frías sabrosamente encebollas y enrajadas; cosa que se le cuestionó con gratitud, ¿Que para que traía más botana si ya estaba ahí “El Pana”?
Para efectos de refrescar la garganta de tentadores e invitados, el ganadero de Piedras se presentó con dos garrafones de aguamiel congelados para preparar y ofrecer a todos la bebida que acaba de patentar y de la que ya tiene registrados los derechos, el “Trade Mark”, y la patente: “Piedras Negras Special” es el nombre de esta nueva aportación de los llanos de Tlaxcala al mundo y se prepara con agua- miel y tequila a partes iguales, se sirve bien fría en vasos “old fashion”. No se recomienda tomar más de tres y en todo caso que Dios le encuentre a usted confesado. El  mismo ganadero al observar la actitud y escuchar las dicencias de los matantes convidados a la tienta, concluyó: “Para ser torero de estos, en Tlaxcala tienen que ir primero al siquiatra”. O lo que es lo mismo; “Para ser torero de estos hace falta estar loco”.
Al Porris, entre ambos maestros lo trajeron asoleado, gritándole: “Más erguido”… “No agaches la cabeza”…” Los pies quietos”… “Quítate la mano de la cintura”… “No dobles las rodillas”, el remate vino cuando El Pana sentenció: “Andas como andan nuestros toreros de hoy; Rafael Ortega de rodillas y El Zotoluco en cuclillas
De Alfonso Zamora; el maestro Pana, reconoció sus buenas maneras pero dijo: “lastima que tiene dinero y no tiene hambre de ser torero” y agregó; “Pero no se le puede quitar la charola, pues como es panadero nos deja sin jama”.

Lo mejor de la tarde vino cuando el R. P. (su nombre lo omito, por respeto) el Presbítero de la iglesia de Santa Anita  Nopalucan, encomendado y encargado por el obispo de Tlaxcala, para organizar la corrida que se da el próximo domingo en la monumental de Apizaco a beneficio de Cáritas Tlaxcala, convirtiéndose por tanto el padre en “Comisionado Taurino del Obispado de Tlaxcala”, y Gerente de la empresa,  pues el padre se animó y se lanzó al ruedo para torear primero al alimón con Villanueva tomando cada uno el capote de la punta; después de dos lances, la vaca se fue directa sobre el Padre, dándole una marometa en la que al caer, doblándose sobre si mismo, nos hizo temer una grave luxación. Fue al caer cuando El Pana dijo que al contraerse su cuerpo, “salieron de él como 1000 demonios”. Ya antes cuando se acercaba a la vaquilla le dijo: “Vamos Padre, para que pague todas las penitencias que deja”. Después de la primera caída el R.P. se levantó y sacando la casta, citó garboso a la cárdena, que al envestir le propinó otra caída. El Padre, todo maltrecho y lleno de polvo, arrastrándose a gatas llegó al burladero, donde ganadero y Pana sincronizadamente, ambos en la misma frecuencia le dijeron, el uno; ¡Vamos padre levántese y acuérdese que de Jesucristo fueron tres caídas! Y el otro: ¡Vamos Padre, que le falta una caída… tienen que ser tres! Pero de todo lo dicho; antes, cuando el padre se decidió a torear, “El Pana” sentenció lo más verdadero y serio que ahí se dijo: “Venga, Padre que esto de torear es como oficiar misa”, cuanta verdad en esta frase. Después de la tienta pasamos a la comida, y al ver los suculentos platillos “El Pana”, plato en mano sentenció: “¡Atásquense, ahora que hay lodo!”. El menú de la comida no lo reseño, porque luego me reclaman los lectores por antojarles, lo cierto es que después del café nos retiramos todos y dejamos a los ganaderos solos, para que hablaran…lo que tenían que hablar.”

 

Epilogo:
Exactamente ocho días después de esta tienta, partieron plaza, Manolito Mejía y Leonardo Benítez, para lidiar 6 Cárdenos 6 de Tenexac parejos, muy parejos en presencia, trapío y pintas, dos extraordinarios de lidia; el primero que recibió ovación en el arrastre y el quinto que fue premiado con el honor del arrastre lento. Pero dieron las cuatro, las cuatro y quince, las cuatro y treinta, y faltando veinte minutos para las cinco sonó el clarín, dando inicio al festejo sin que hiciera acto de presencia el mentado Pana, quien en un acto que Heriberto Murrieta presente en la plaza, en su crónica titulada; “EL SANTO OLOR DE LA PULQUERIA”, calificó como “un episodio insólito de la picaresca taurina mexicana, el impredecible Pana nunca llegó a la plaza de su pueblo, seducido por vapores etílicos. El brujo de Apizaco, decidió agregar una nueva anécdota a su historial, por la vía discutible de la irresponsabilidad…”

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 Parte uno

Atendiendo a la recomendación, sugerencia, idea que nos hicieran un par de amigos y colegas de e-consulta y continuando con lo que alguna vez escribió Juan Pablo Proal, diré que encuentro tres similitudes, entre estos  dos placeres; el fumarse un puro y disfrutar una buena faena en la plaza. La primera; lo efímero, a pesar de que se hayan requerido años en su preparación. Así sucede con los puros: el placer de fumar un puro gratificante durante algunos minutos es el resultado de meses, incluso años, de trabajo intenso, meticuloso y especializado. Desde la siembra, cultivo, cosecha y preparación de las hojas de la planta, pasando por las expertas y habilidosas manos de los torcedores hasta que llega al fumador, no en balde se ha escrito que fumar un puro es una sensación que no puede expresarse en palabras, sólo en humo, la más efímera de todas las sustancias.   

 

La otra similitud es el disfrute completo de los cinco sentidos en grado máximo de placer; la vista, los ocres y oscuros tintes de la capa externa de un  puro, así llamada “capa”, la sensación al tacto de las hojas frescas que componen su parte media; la “capilla” y su interior o “tripa”, el acercarlo al oído en busca del muy leve crujir de sus hojas, que a mayor frescura menos crujirán, pero aún así se disfruta del suave tacto. El sabor y el aroma de un puro; a nuez, a madera, picante, suave o intenso, un toque acre indescriptible y el olor tan peculiar, a más fino el puro, más discreto y agradable su aroma.   

Y el tercer y último símil estriba en quien fuma un puro o ve una corrida de toros, pudiendo tratarse de un autentico conocedor o un simple villamelón. La sentencia muy popular que reza; “anillo en el puro, pendejo seguro”, o su variante a mi entender, más agresiva; “anillo en el puro, indio seguro”  lo dice todo y esto va más en las plazas de toros, tendidos y callejón incluidos donde el fumante suele hacerlo, más por darse a notar que por ser autentico fumador de conocencia y prosapia, si bien es cierto que para muchos de nosotros, la fiesta carece de sustancia sin los olores y aromas de majada, puro, adrenalina, y claro cerveza envasada o bien ya filtrada por riñón, también, no en balde se ha sentenciado sobre uno de los rituales más significativos del calendario de la fiesta, Pamplona: “A puro, cerveza y orines huelen los Sanfermines”.  

La selección del puro a fumar; hondureños, nicaragüenses o dominicanos los prefiero recién bajados de la cabina del avión, más que los de Cuba, donde la falsificación de los famosos Cohibas está a la orden del día. Aún presentados en caja de madera con cubierta de cristal. Si usted tiene un amigo apreciable que va a viajar a Cuba, por muy inteligente que éste sea jamás encargue que le traigan puros Cohiba, de seguro le van a ver la cara y si su amigo es pendejo, ya de suyo, con más razón se la verán. Aunque visite en tour la fábrica, lo más probable es que le vendan falsificaciones, estas se distinguen viendo el puro desde su base o píe, la parte donde se enciende, y podrá apreciarse el tabaco en picadura. Como si de un cigarrillo se tratara. El puro autentico enrollado de hojas de la planta lleva en su centro la tripa de hojas suaves que va envuelta primero en la capilla, que es de una consistencia más sólida, para conservar la forma y estructura y por fuera, la capa que en caso de los falsos, es sumamente delgada, no bien humedecida, ni lubricada con aceites naturales y generalmente es elaborada a maquina, en grandes cantidades industriales, por lo que prácticamente se desintegrará al fumarlo; de ahí que el buen puro permanecerá con sus cenizas compactas conservando siempre la misma forma de su trenzado. Además para satisfacción nuestra en casi todos lo catálogos, revistas y guías del fumador, el tabaco mexicano esta preconizado como de los mejores del mundo. Nada más haga usted cuentas, se calcula que la demanda de puros en los Estados Unidos rebasa los veinte millones al año y la producción de los auténticos Cohibas no llega a los cuarenta mil puros por año. De ahí que la distinción de fumarse uno de estos habanos este siendo blanco de imitaciones mil.     

Así como en el toro, valoramos a 50 %, su bravura y su presencia o trapío, para dar un todo del cien por ciento, así en el puro: frescura y evidencia de manufactura van a partes iguales. Y como el tema da para más seguiremos en este blog en la próxima entrega.

La tienta de machos

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TIENTA DE SEMENTALES

Resulta muy importante reiterar lo que dicho queda en este blog en  “Tienta de Hembras”, que los becerros, novillos, y toros, jamás son tentados. Los que van a las plaza únicamente han visto al ser humano y lo identifican como aquel, sombrero puesto y botas calzando que es quien trae el alimento y aquel otro que, de cuando en cuando, acompañado de visitantes, posibles compradores a futuro montando los caballos de la casa, entran a los potreros, señalándoles con el índice, hablando mucho entre ellos y haciendo señas de asentamiento.

Pero el toro en al campo nunca ha visto ni  verá capa o muleta alguna. Se tientan en las ganaderías los novillos que según los libros; anotaciones, comportamiento de sus hermanos, primos y demás parentela que ha ido a la plaza y sobre todo tomando en cuenta la “reata”, que señala de donde viene el toro, en términos de progenitores; hablando de otros animales, es el “pedigree”, y de los humanos el “árbol genealógico”, aunque actualmente nos fijemos más en el “código postal” que el individuo trae marcado a fuego en la frente, todo esto es valorado para seleccionar a los que pudieran servir para la crianza, para preservar la sangre de la casa, para sementales, sabiendo ya que es la vaca la encargada fundamentalmente de transmitir la bravura, será el toro el responsable de ciertas otras cosas, como el trapío, la nobleza y todo lo relacionado con el comportamiento; recorrido, ausencia de querencia, acometividad, codicia, celo, movilidad, resulta obvio que todas estas características serán tomadas en cuenta por el ganadero al seleccionar sus empadres para disminuir, o acrecentar según sea el caso, defectos y cualidades. No debemos omitir otras maniobra ya muy en desuso en nuestro campo bravo mexicano que son, la tienta a campo abierto y el acoso derribo que aún se practica frecuentemente en España.  

Nos remitimos a las letras de Luis Niño de Rivera en su “SANGRE DE LLAGUNO, la razón de ser del toro mexicano” donde nos habla de la selección de toros para sementales: “Hay momentos en la vida de los ganaderos de bravo que tienen que tomar riesgos que implican creer más en la intuición, que en lo aparente del comportamiento: Esto es, no siempre lo más evidente en la conducta del ganado bravo en un tentadero es todo lo que el individuo trae por dentro. Es necesario entender los rasgos somáticos, como huellas de una familia o de una línea genética que acusan cualidades del psiquis del animal”. Es precisamente leyendo esta obra fundamental para entender la valiosa aportación de la casa LLaguno para la crianza de nuestro toro bravo, que encontramos con frecuencia la mención de las notas de tienta de toros y novillos que van a la plaza habiendo sido tentados, se refiere esto únicamente al acoso, cuya calificación o valoración va en razón de la repuesta del animal al ser acosado y derribado con largas varas – maniobra harto difícil –desde el caballo, aquí de lo que se trata, igual que en la tienta es de ver la envestida de repetición ante nuevos acosos y derribos.

Solamente aquellos ejemplares que superan con alta, y muy alta calificación, serán los seleccionados, los escogidos para llevar la muy comprometedora misión de preservar la sangre que da prestigio, honor y fama a los colores de su divisa.

 EL CAJÓN DE CURA

Al final…al final; ¡El amor te espera!  Tal reza la letra del coro del aria “Los Toreadores” de la opera Carmen de Bizet. Y la paráfrasis sirve para señalar el destino que espera al toro de lidia seleccionado por “el amo” para semental, para píe de cría, es el toro que se dice ¡“es para vacas”!

El cajón de cura es un aditamento que los ganaderos han diseñado, modificando un cajón normal de los usados para el transporte, de tal manera que sus costados dotados de bisagras mecánicas y una serie de poleas que pueden cerrarse en secciones tomando la conformación inferior del toro para de alguna manera; “atraparle” e “inmovilizarse” para permitir su cura, curación, aplicación de medicamentos, extraer cuerpos extraños o realizar verdaderas intervenciones, como se hace con un toro “de bandera” destinado a “padrear” después de la tienta se desbrida, se limpia profusamente la herida, retirando tejidos lacerados o lastimados, lavar cuidadosamente y dejar como curación, tubos o material de drenaje o bien suturar la herida; al frente un estructura tubular permite que la cabeza desde el cuello sea exteriorizada para proteger la cornamenta y evitar lesiones a los curadores. El mismo cajón se utiliza para la extracción por ordeña de semen para la reproducción asistida, la eyaculación se obtiene por estimulación eléctrica.
En la foto uno; el cajón de cura de la ganadería de Rancho Seco, éste de diseño profesional marca ”Revuelta”, misma casa que fabrica básculas y otros implementos agrícola-pecuarios. En la foto dos; un toro ya tentado y ganador de la etiqueta de semental de D´Haro, va por el carril del apartadero de la hacienda de Tenexac, rumbo al cajón de curas, para lo mismo: para ser curado y quedar listo, en espera de su harem de vacas, donde, como a los toreadores… ¡El amor…el amor le espera!

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 Se los dije. ¡Aquí me tienen!

Resulta muy elocuente el relato del matador Manolo Martínez  a Rafael Loret de Mola, Veamos si no, en lo referente a Borrachón de San Mateo. Toro que infirió a manolo una de sus más serias cornadas. El relato, con una gran carga premonitoria es el siguiente:

—A ese toro, como a todos, le vi los ojos. Esta vez sentí que podía perder la pelea: eran unos ojos fieros, inquietos, Borrachón desparramaba la vista por el ruedo pero no mostraba fijeza en la mirada. Eludía, siempre eludía.

Borrachón se defiende y tira gañafonazos. Manolo aguanta e intenta dominar a  la bestia, como lo hecho tantas veces, pero ahora los resultados son distintos. Borrachón sigue trazando cornadas en el aire y en un instante prende a Manolo.

—Antes de tomar la muleta le dije al doctor Salinas Rivero – obviamente, médico de plaza – Doctor. Váyase preparando, que voy pa´dentro.
—¿Sabias entonces, que te iba a herir?
—Lo vi en sus ojos. Pero un torero debe hacer frente a la tragedia superando su propio temor. Es mi obligación y así lo quiere el público que paga. Borrachón
le infiere una cornada tremenda que secciona la arteria femoral. El Dr. Salinas ya está en la enfermería preparando el quirófano. Los gritos del público llegan hasta la mesa de operaciones. Poco después aparece el querido doctor Campos Licastro, y las asistencias que llevan al torero semi-inconciente, pero que al reconocer al médico le dice:
—¡Se los dije, Doctor, Aquí me tiene!  

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«La tienta de hembras»

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PARTE 2

Después de observar la respuesta de la vaca ante los puyazos, que invariablemente mínimo serán  tres, se colocan también de dos a tres pares de banderillas, cuyo objetivo no es tanto hacer sangrar a la res para descongestionarle, si no para apreciar: ¿Como se arranca? ¿Va de lejos? ¿A buen trote? Y lo más importante y bello: ¿Cómo mete la cabeza al momento del encuentro? Y ¿Cómo sale del par, huyendo, doliéndose, bramando, o sale persiguiendo a su banderillante y llega ponerlo en apuros? Esa, esta última es la vaca que debe recibir toro en sus traseros.

Con la muleta se deberán observar sus movimientos, complexión orgánica y sobre todo el comportamiento. Dice Domecq; “Hemos de observar con cien ojos el recorrido que tiene, si embiste derecho y no se cansa de seguir el engaño, y, finalmente, la falta de brusquedades, la cantidad de suavidad que atesora, sin perder fiereza ni casta”. La observación, por parte del ganadero es compulsiva, escudriñadora y casi científica, al analizar el comportamiento de la vaca sustentante.
La tienta debe hacerse en silencio. Las vacas son mucho más distraídas que el toro – Y ya sabemos que el más leve gesto inoportuno, vamos, desde un pañuelo que se desdobla, un sombrero que se quita, un diálogo en voz fuerte –
cambian el rumbo posible de una vaca que está siendo probada para ser madre de un toro. Definitivamente el toreo de tienta es distinto al toreo de plaza grande. Es toreo de campo, que tiene mucho de amor, como bien han dicho en España, Pépe Luis Vázquez y Alfonso Novalon: “Porque debe hacerse suavemente y despacito, así como acariciando y sobre todo con mucho silencio, llamando a la vaca con tersura de voz y con verdadero amor, hablandole a la vaca a voz baja: – ¡Vamos becerra linda!…¡Venga, vamos a hacer cosas bonitas!” 

Lo cierto es que muchas veces la tienta se ha convertido en fiesta, digamos; actividad pachanguera, y de alguna manera así se dan, con tal de preservar y cumplir con ciertos compromisos para que la fiesta siga adelante, pero tenga usted la certeza de que si le convidan a una ”tienta” donde la asistencia es numerosa, será un “tienta social”, más no un autentica, como en las que el ganadero se comporta como estricto sinodal para aprobar las vaquillas que pronto  irán a ser apareadas con sus sementales. Precisamente, par dar una idea del sistema de calificación que aprueba o no, a una vaca, presentamos usted el siguiente que es utilizado por los Domecq: S.= SUPERIOR, B.= BUENA T.= BUENA o TORO, R.= REGULAR, D.= DESECHO. En el que las letras “S y B”, destinan la vaca al apareamiento; labor harto complicada e importantísima. Se trata de que un grupo de vacas “Hato” sea destinado a un mismo semental, con él convivirán durante la primavera, por ello las tientas son en el otoño tardío o el invierno, para que con los primeros soles de marzo, su “calor” y todo lo de romántico que la primavera trae se lleven  a cabo los apareamientos. Así, si todo se da bien, ya que la gestación tiene una duración de nueve meses y dos semanas, los alumbramientos serán también con la nueva primavera.
Y continuando con el sistema de calificación; la “T”, aunque no es de superior o buena, si permite la posibilidad de que a la vaca se le eche toro, un toro con ciertas características, que brinde la posibilidad de que aquello que el ganadero consideró que a la vaca le faltó, para ser buena, digamos; estilo, fiereza, ausencia de querencias, recorrido, movilidad, codicia, acometividad y tantas y tantas cosas, que el toro para salir bueno, debe tener. 

De ahí, insistimos, la importancia de programar los apareamientos, en otras palabras, no se trata de echarles toros a las vacas, o de echar las vacas a los toros, sin ton ni son. Esto es una verdadera ingeniería, y es ahí donde los ganaderos se equivocan, y de seguir haciéndolo, continuaran viendo las corridas desde el palco de ganaderos con el sombrero metido hasta las cejas. Y quienes no se equivocan saldrán a dar vueltas y más vueltas al ruedo, sonrientes y saludando, sombrero en mano.
Resulta obvio que las calificaciones “R” y “D”, mandan las vacas al carnicero, no se vale dejar aquellas regulares, para festejos de tercera, el ganadero debe ser siempre y plantear las posibilidades de que su ganado resulte de Primera.  Imagínese usted, si mucho se ha dicho que el ganado bravo “no tiene palabra de honor”, lo que podrá salir, si ya desdenantes le están diciendo que el ganado es de tercera, o como le llaman de “desecho”, eso no existe ¡O es o no es! Y lo que es, va a la plaza de toros, lo que no, al carnicero.
Por eso en las tientas no hay comentarios. Solo el ganadero sabe lo que tiene, cómo lo puede empadrar, y cuantas, de las vacas tentadas se van directo al carnicero. Nosotros, los invitados, debemos limitarnos a ser agradecidos:
“Muchas gracias, don Fulano”. Y Nada más. En el campo las palabras son pocas y, en muchas ocasiones salen sobrando.

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Breve nota explicativa:
Se pronuncia “schhoma” y es un trozo de penca de maguey, verde, fresco, flexible que se acomoda como “jícara” para tomar el “neutle” o pulque, bien llamado “néctar de dioses” en el campo durante maniobras de embarque, en herraderos y demás labores; su ingesta además de vigorosa y reconfortante, resulta refrescante. Una vez servido, cada ración es de más o menos medio litro, debe tomarse de un solo trago y en forma de reto; un bebedor frente al otro.  — El popular Pepe Luna Juez de callejón tomando de su schhoma, durante un embarque en Piedras Negras. — y terminado el gran y largo trago, con una mano se sujeta y se sacude violenta y enérgicamente la schhoma, para que suelte la hebra o baba, como se dice comúnmente, en el campo, “pa´ que suelte el alacrán”. Esta delicadísima maniobra de gourtmets de campo se le llama “sacudiendo la schomma”. Y en este breve espacio le utilizamos como expresión para un comentario sobre alguno de los aconteceres taurinos recientes.

Va: Sacudiendo la choma…

Multitud de llamadas recibe Arturo Macías en el hospital y luego  en su residencia en España en La Alcomocosa en el Castillo de las Guardias, suman cientos los mensajes colocados en su web y en Facebook, a lo que él contesta con un “Gracias a todos”. Surge también la polémica: que si el apoderado lo envió al matadero, que si entre cada corrida va a ser con escala en el sanatorio de toreros y lo más grave, que si la entrega y el valor de Arturo no van a la par de su técnica y conocimiento. Yo no creo eso. El que no arriesga no gana, esa es una gran verdad, pero todo tiene un limite: Arturo tiene que saber sacar la casta, y saber cuando debe decir: ¡Hasta aquí llego yo! de lo que – las empresas—le ofrecen y le dan. Y entonces empezar a exigir, mientras tanto no queda otra más que tragar. Pero, ¡Aguas con el de aguas! el cuerpo tiene un límite y Corbacho, también lo tiene, recordemos que él es un apoderado motivador que tanto logró con José Tomás y Talavante, pero que al final logró que lo dejaran. Dicen que las cornadas son medallas, lo difícil es superarlas y saber lucirlas.

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 ¡Se hará lo que se pueda don!

Anécdota verdaderamente clásica es la siguiente, si tomamos en cuenta que se considera como “clásico” todo aquella que trasciende  a su época, ésta vieja, añeja y sabrosa historia es tan clásica como su protagonista, el llamado “Pasmo de Triana”, Juan Belmonte, quien estando encumbrado en la gloria de sus tiempos, gozaba de la muy grata compañía de los más brillantes intelectuales de su época, conviviendo de manera frecuente con ellos, quienes además de cobijarle y apapacharle, le acompañaban en los corrillos que se formaban al termino de las corridas. Y al festejar el triunfo de una de aquellas en que Belmonte había estado sublime. Vino el elogio de todos los tertuliantes, destacando el de don Ramón del Valle Inclán, quien al frente de sus colegas, entre los que de seguro se encontraban: el sabio don Gregorio Marañón, otro Ramón, Pérez de Ayala, Sebastián Miranda, y Eugenio D´Ors, entre muchos otros, y en el paroxismo del éxito en esa tertulia de festejo y comentarios del Valle Inclán le dijo:
Juanito; para que seas perfecto, sólo falta que un día de estos ¡Te mate un toro en la plaza”.
 A lo que Juan, muy parsimonioso, con esa genial sabiduría, propia únicamente de quienes portan el duende, respondió:
Don Ramón: ¡Se hará lo que se pueda!

“La Tienta de Hembras”

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PARTE I

Sin duda alguna “La Tienta” es, así debe ser, considerada como la estructura basamental de la fiesta brava. De una tienta de vaquillas correctamente realizada, un promedio – sin exageración – de casi, dos a una de las vacas tentadas deberán ser desechadas, es decir de nueve se aprobaran y pasaran a ser cargadas por toro solamente tres; en esa proporción se actúa para preservar únicamente las que se encargaran de transmitir a su descendencia  sobre todo Bravura, Fijeza y Nobleza. Dice la ganadera doña Laura De Villasante que esto es una “Estimación de parámetros genéticos para el comportamiento durante la tienta”.
Decimos “Tienta de Hembras”, porque también la hay de “machos”, aunque en nuestro medio, esto no se practica con frecuencia. El macho se cría para llegar a la plaza sin haber sido “tocado” o expuesto a faena alguna. Quedando la tienta de machos limitada para aquellos novillos o toros que van a ser destinados a simiente. Serán los “Sementales” o cuando el ganadero quiere corroborar resultados de sus empadres. 


Han escrito los clásicos, Cossío, Sanz Egaña  y Domecq, que la tienta es una verdadera experiencia científica, en la que se demuestra que “el dolor, no detiene la acometividad”. Podría hasta bien afirmarse que “el número de puyazos es igual al Índice de Bravura.” De este modo el ganadero, selecciona la complexión orgánica básica del temperamento esquizoide y los caracteres somáticos, dicho de una manera más simple; en una línea, se trata de seleccionar a la futura madre del toro de lidia.
Nos estamos refiriendo, claro a la ceremonia importantísima de picar a una vaca en la tienta. La vaca a tentar saldrá  a la placita de tientas, y después de dejarla correr en circulo, claro, todo lo que quiera, el tentador intentará “fijarla” con el capote, evitando el lucimiento personal, se trata únicamente de que el animal se “entere” y de ahí la llevará al caballo, haciendo un rápido recorte al dejarla frente al picador. Y ahí, la vaca mostrará su acometividad al ir pronta, lenta o reservadísima, al caballo. El ganadero observará atento esto: ¿Cómo acomete? ¿Baja la cabeza, trata que quitarse la puya, pelea, re-pelea  moviendo alegre el rabo? O de plano; Válgame Dios mío, rehuye, se queja y sale espantada. ¡Dios nos libre! 


Una vez tomada la puya y dada la pelea, el ganadero pedirá que se repita la suerte, ahora dejando la vaca a un mayor distancia. Y podrá haber un tercer intento dejándola arrancarse desde los medios o en terrenos distintos.
Es una forma de seleccionar con la distancia una de las más bellas cualidades de la bravura: arrancarse de largo, observar el galope de la arrancada, la prontitud de la misma y la codicia con la que la realiza.
Todo esto es lo que alguien ha descrito como: La complicada sencillez de colocar una vaca frente al caballo.
En la tienta, la pelea con el caballo es la piedra de toque.

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Breve nota explicativa:
Se pronuncia “schhoma” y es un trozo de penca de maguey, verde, fresco, flexible que se acomoda como “jícara” para tomar el “neutle” o pulque, bien llamado “néctar de dioses” en el campo durante maniobras de embarque, en herraderos y demás labores; su ingesta además de vigorosa y reconfortante, resulta refrescante. Una vez servido, cada ración es de más o menos medio litro, debe tomarse de un solo trago y en forma de reto; un bebedor frente al otro.  — El popular Pepe Luna Juez de callejón tomando de su schhoma, durante un embarque en Piedras Negras. — y terminado el gran y largo trago, con una mano se sujeta y se sacude violenta y enérgicamente la schhoma, para que suelte la hebra o baba, como se dice comúnmente, en el campo, “pa´ que suelte el alacrán”. Esta delicadísima maniobra de gourtmets de campo se le llama “sacudiendo la schomma”. Y en este breve espacio le utilizamos como expresión para un comentario sobre alguno de los aconteceres taurinos recientes.

Va: Sacudiendo la choma…

Serio e ineludible compromiso de Arturo Macías, el estar acartelado en la Real Maestranza de Caballería de Sevilla una de las dos plazas, junto con las de Las Ventas de Madrid, de la mayor importancia en España, si bien la de Madrid, es eso, la de la capital. Sevilla le arrebata en buena lid, por su seriedad y el público que ahí señorea en sus tendidos, importancia y tradición. Ha sido el segundo de Palha, una ganadería con todas las de rigor para someter a examen a cualquiera que muleta en mano se les ponga enfrente. Y así ha querido el destino que ocurriera, en ese su segundo al iniciar faena de muleta, Arturo fue prendido en el muslo derecho, accidente seguido al hecho de que al aviso del toro a su lidiador ya había sido dado. Que la Juventud del aguascalestence permitan su pronta recuperación para que pueda aprovechas las oportunidades que por allá le esperan.

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 ¡Carajo…lejos…más lejos.!

Toreaba por aquellos ruedos de dios, en la muy vieja y señorial tierra madre de la fiesta más bella, el celebérrimo, Rafael Gómez “El Gallo”, iba con él en su cuadrilla otro celebre personaje, al tipo de los que antes hemos presentado en este anecdotario; Martincho, cualquiera de ellos, aquí el protagonista principal de la historia es “El Gallo”, quien ante la salida por la puerta de toriles de un ejemplar de aquellos, de aquellos con los que los toreros, la noche previa de la corrida suelen soñar, pues el verbo soñar se convierte en una hipótesis, lo cierto es que no pueden cerrar los ojos, conciliar el sueño, y por tanto mucho menos soñar. Pero ya esta en la arena el enorme animal, La cornamenta es delantera y de verdad parece adelantarse buscando a quien se le ponga enfrente el subalterno dispuesto, bueno, intentando bregar sale temeroso del burladero, al tiempo que pregunta a su matador: – Maestro ¿Dónde lo pongo? La respuesta apenas se escucha, por lo que el coleta en turno insiste gritando: ¡”Lejos!…Lejos”! al tiempo que con el brazo extendido hace señas con la mano indicando: –  Lejos…lejos
A lo que el subalterno aquel peón de brega y confianza con cara más de susto que de desconcierto, pregunta, intrigado: – Pero más lejos…¿Dónde lo pongo?
Y el inmortal Rafael Gómez “El Gallo” responde:
– ¡Carajo, lejos…lejos…donde yo no lo vea!

El Destete y el Herradero. Parte Dos

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Para la muy campirana faena del Herradero suele convocarse a familiares y amigos de los ganaderos, quienes visten “traje de carácter” ropa muy de campo. Curiosamente, participa en el herradero con mayor entusiasmo la gente joven; chavales, adolescentes y menores son los que se hacen cargo de sostener a los becerros para herrarles fuego, quizá sea eso una extraña similitud con la edad del toro. Se requiere de conocimiento y práctica para realizar esto, lo mejor es que los becerros sean lazados y apoyarse en un palo ubicado en el centro del corral designado para este uso, llamado Palo o Caña de Enlazar, en el se cruzará el laso que sostiene a los becerros. Por los lados se acercan dos que tres de los invitados para tomarle por los costados y derribarle, para ello la soga se ha ido recortando en su longitud enredándola en el palo, para limitar los movimientos del animal.
Insistimos que lo más importante es tener experiencia, conocimiento o al menos idea de lo que se va a hacer, pue4s tres cosas son fundamentales: La primera, que el becerro “no aprenda”, es decir, no hacerle “quiebros”, recortes, o estimular su embestida, ordenamiento que puede resultar paradójico, pues de suyo, por instinto, va a embestir. Segunda, que no se lastime en lo más mínimo, aquí, el cuidado y la protección de los pitones apenas nacientes es importantísimo, sobe todo de los machos, pero en ambos casos, las hembras también recibirán un trato especial en el cuidado de su  insipiente cornamenta, se aconseja tomar siempre pitón y oreja juntos, apoyar la mano firmemente que rodea la oreja y el pitón para que no sea éste el que reciba la tracción, pero, lo mejor resulta, como se h dicho, lazarles. La tercera recomendación va en el sentido de de hacer toda la maniobra, tan rápida, correcta y con buenos resultados  de al manera que todo pase tan efímero que no de lugar a que los becerros puedan recordar o retener algo en su “memoria”, diríamos en términos actuales: que nada quede grabado en su disco duro.


Se ha demostrado de manera fehaciente que la vaca recordará años después en la plaza de tientas la ubicación exacta de la puerta  por la que se dio suelta el día del herradero, si es que éste se realizó en la misma plaza.      


Para herrar se colocará primero el “hierro” de la casa, monograma en “fierro” con las iniciales de la familia, algún emblema u otro diseño, hierro previamente calentado en hoguera de leña que se enciende desde unas horas antes y que siguiendo cierta tradición, a más de leña, se alimenta con boñigas o majada seca de vaca, para hacerle más “ad hoc” con la faena, luego, seguirán los hierros con los números, combinación de dos o tres dígitos. Algunas haciendas cuentan con doble juego de números excepto el 6 y el 9 que se usan invirtiéndolos: es importante que el hierro este ardiendo a máxima temperatura, sin llegar al rojo vivo, pues este corta la piel; el número y el hierro de la casa  deberán quedar de forma pareja y lo más visible, pues años después, al salir a la plaza, será este el distintivo que más enorgullezca a la casa ganadera.  


Es el propio ganadero quien se encarga de herrar, así debe ser y lo más hermoso es cuando el ganadero enseña, ayuda a sus hijos menores y nietos a herrar: las manitas de los chiquillos fuertemente apretadas a las del padre o abuelo colocando lo hierros, mismos que son tan viejos y ancestrales como la casa, es signo de posesión definitiva y es el sello del ganadero que garantiza la casta. Terminada la faena, los becerros ya herrados a fuego permanecerán unas semanas en el corral destinado a ello, para vigilar la cicatrización de la marca indeleble y ver la aceptación de la nueva alimentación, este corral bien tapiado les separa definitivamente de las madres, que por unos días más continuaran bramando con berridos quejumbrosos, llamándoles. Luego irán a uno de los potreros de crecimiento con buenos pastizales, separando ya hembras de machos, pues ellas a los diez y seis meses están listas para engendrar, y ellos los novillitos a los 16 meses pueden montar y cargar una vaca, por lo que antes a los catorce se efectúa la separación definitiva, de lo contario y de proporcionárseles preservativos puede llegar a ocurrir, lo que ya imaginan.

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Breve nota explicativa:
Se pronuncia “schhoma” y es un trozo de penca de maguey, verde, fresco, flexible que se acomoda como “jícara” para tomar el “neutle” o pulque, bien llamado “néctar de dioses” en el campo durante maniobras de embarque, en herraderos y demás labores; su ingesta además de vigorosa y reconfortante, resulta refrescante. Una vez servido, cada ración es de más o menos medio litro, debe tomarse de un solo trago y en forma de reto; un bebedor frente al otro.  — Ver foto: Rodolfo Rodríguez “El Pana” frente al ganadero Marco González, tomando de sus schhomas, durante un embarque en Piedras Negras. — y terminado el gran y largo trago, con una mano se sujeta y se sacude violenta y enérgicamente la schhoma, para que suelte la hebra o baba, como se dice comúnmente, en el campo, “pa´ que suelte el alacrán”. Esta delicadísima maniobra de gourtmets de campo se le llama “sacudiendo la schomma”. Y en este breve espacio le utilizamos como expresión para un comentario sobre alguno de los aconteceres taurinos recientes.

Va: Sacudiendo la choma…

Envidiable agenda tiene en el bolsillo Arturo Macías también de la tierra de “la gente buena” después de su presentación-corte de oreja-cornada en Valencia, va este 17 de abril a la Real Maestranza de Caballería de Sevilla y luego tiene, como ustedes bien saben dos fechas en Las Ventas de los madriles. El Martes 11 de mayo en la Feria de La Comunidad confirma su alternativa en la catedral de toreo en España con toros de La Martelilla, llevando de padrino a Miguel Abellán y como testigo a Cesar Jiménez. Y en junio el día 5 en la llamada Feria de Aniversario, alternando también con su padrino Miguel Abellán y de tercer alternante el galo Juan Bautista con toros de “El Cortijo”. Pero, antes en Nimes, en la plaza que es capital del toreo en Francia, el 21 de abril confirmará también alternativa ante Juan Bautista con el testimonio de Matias Tejela, lidiando toros de José Vázquez.

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 ¡Ni madre Matador!…¡luego te encabronas!

El guipuzcano, Martín Barcáiztegui  ” Martincho”, de distinguidísima y tremenda personalidad cuyas hazañas, de no haber sido trazadas por el soberano pincel de Goya, parecerían creaciones de fábula. El contenido de esta anécdota checa con el historial taurino del popular Martincho pues bien se sabe que antes de espada fue peón de brega y prefiero narrar en versión muy a la mexicana:
Sale el primero de la tarde del matador en turno, obviamente de la cuadrilla en la que militaba Martín, y se trata de un morito, cómodo, de embestida suave.de aquellos que van al capote siguiéndolo como si de el pendieran  en sus bordes unos ramos de pastura o alfalfa, embiste como corderito, que eso es precisamente el toro. Martincho sale, se desprende del burladero y comienza a torearle, primero por delante y después, acomodándose, baja las manos en monumentales verónicas. A lo que su matador desde el burladero le grita y reclama: – Tápate, Martincho. ¡Tápate, te digo!
Martincho, ya acomodado, más que bregar está toreando, buscando ligar la media y rematar. Por lo que los gritos desde el burladero de matadores no se hacen esperar: – ¡Que te tapes! – Grita el matador, ya severamente enojado y con voz más enérgica — ¡Que te tapes. Carajo!
Continua el festejo, y al salir el segundo del turno de nuestro matador, se trata ahora de un ejemplar…de aquellos. De los que cita la maldición gitana, trae una arboladura por cornamenta, un sombrero de charro bien puesto, va con la cabeza muy en alto, como diciendo: ¡A ver quien es el valiente que sale!
Martincho
, ahora al contrario que en el toro anterior, se cubre, ó más que cubrirse, se esconde en el burladero: tapándose, primero los ojos, la vista y todo él con su capote, mordisqueando nerviosamente la esclavina. Y vienen ahora los gritos, las ordenes desde el burladero de matadores, pero, ahora en sentido inverso:
¡Sal, Martincho, tócalo!
Martincho, no sólo se esconde, prácticamente, desaparece tras el burladero, mientras continúan los gritos: – ¡Sal! ¡Tócalo! Gritos a los que finalmente Martincho asomando los ojillos por arriba del burladero, responde a su matador:
¡Ni madre Matador!…¡luego te encabronas!

«Para Leer en Semana Santa. Los Toros y las Sagradas Escrituras.»

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Parafraseando al Poeta Heidi, podemos afirmar, que Dios hizo el mundo en seis días y el siguiente se puso a descansar. Para concluir su obra, ese séptimo día,  efectivamente; el Señor antes de iniciar su descanso; él mismo, se auto-iluminó el entendimiento y pensó; “Ahora voy a crear lo máximo de mi obra”; llamó entonces a Francisco – Curro – Arjona Herrera «Cúchares «; a José Delgado «Pepe – Hillo»; Rafael Molina Sánchez «Lagartijo» y Salvador Sánchez » Frascuelo» y dijóles:
– Haced ahora Ustedes ¡La fiesta de los toros !



Obedientes los diestros, se dieron a la tarea de crear y así nació la lidia por abajo; los primeros lances; el toreo por muleta; las estocadas; recibiendo, al volapíe y al encuentro.
Vinieron después otros tiempos difíciles, de grandes lluvias torrenciales que amenazantes, casi acaban con la fiesta, el mundo y la humanidad. ¡ Era el llamado Diluvio Universal !
Días antes de que se instalasen las lluvias, llamó Dios a un aficionado de barrera de primera fila, amante de la fiesta, de los buenos vinos y  de nombre Noé y le ordenó que construyera con maderas una enorme barca, de forma circular, cual plaza de toros, con sus chiqueros y toriles, y que pusiera en ella ejemplares de cada sexo de Santa Coloma, Marqués de Saltillo, Murube, Miura, Atenco, Torrecillas, Piedras Negras, Soltepec, Coaxamalucan, Tepeyahualco y de San Diego de los Padres..

Ordenó también el Pantocreator que subieran a la enorme barca: Rafael Guerra Bejarano «Guerrita«, José Gómez «Joselito«, Manuel Jiménez «Chicuelo« un tal Manuel Rodríguez llamado «Manolete», Juan Belmonte, Antonio Ordoñez y Luis Miguel Dominguín y de tierras aztecas, Rodolfo Gaona, Carlos Arruza, los hermanos Carmelo y Silverio Pérez. Los dos Fermines; Espinoza y Rivera, Fernando de los Reyes «El Callao«, uno más con órdenes de apaciguarse y estarse quieto; Garza, Lorenzo, a quien llamaban “El Magnifico” y un otro vestido en traje de charro Jorge «El Ranchero» Aguilar y del sexo bello, Juanita Aparicio, Conchita Cintrón, Cristina Sánchez y Karla Sánchez para garantizar la continuidad de la especie y la perpetuidad de la estirpe torera.
En el Nuevo Testamento, leyendo el Evangelio según San Pedro y San Pablo, — Pedro, Domecq y Pablo, Hermoso de Mendoza, encontramos aquel dramático episodio en el que Jesús literalmente perdió los estribos al tener que, fuete en mano, arrojar del patio de cuadrillas y alrededores de la Monumental Plaza de Jerusalén a los anti-taurinos que se habían aposentado ahí, e incluso habían pintarrajeado las paredes, muros y ventanillas de la taquillas con letreros como ¡Taurinos…Putos! Y bajezas así de insultantes, Por lo que el señor, con furia les expulsó diciéndoles: ¡Fuera…! ¡Asquerosos gañanes, pendencieros, mercachifles…vosotros habeís convertido la casa de mi Padre y del toro en mercado de gandallas!  
Y dicen las escrituras que vinieron después otros tiempos más difíciles que muchos llamaron el fin de la fiesta. Algunos, desesperados tiraban de sus cabellos gritando que era el fin del mundo! Otro aficionado «chipen», llamado Juan, cronista taurino fue señalado por el Señor y – durante una corrida en que toreaba alguno de los Armillas, descendientes de otro Maestro, «el de Saltillo»,- durmióse. Su sueño fue tan profundo que El Todopoderoso permitió que tuviera visiones llamadas por él mismo al escribir su crónica «Apocalípticas«.
De verdad, de verdad, que parecía el fin de la fiesta.
Jinetes fúricos y desalmados, blandiendo sus armas cabalgaban sobre briosos corceles,  amenazantes sobre la fiesta: Uno de ellos representaba la Reventa, el otro la Crítica mordaz y amargada, que otro escribano el «Filibustero» llamó; “La cofradía de la mano caída», integrada por críticos de pacotilla y destinada a «ensombrecer y censurar sistemáticamente todo lo que representase la fiesta brava». Otros terroríficos jinetes eran  el Despunte y los toros sin edad. Venían, tras de ellos,  cabalgando entre tolvaneras y la negrura del cielo las Comisiones Taurinas  con un gran  afán protagónico y pretensión de imposiciones altamente perjudiciales. Estas eran sus destructoras armas. Venía después la representación del Sobre con sus participaciones en moneda, dicotomías extorcionantes que agobiaban a alternantes y ganaderos.
Tal parecía que ciertamente, ¡Era el fin de la fiesta!

Cuando el Creador envió de los cielos, de su Estado Mayor al Santo Arcángel, que bajó entre tronos de nubes con su espada del «Buen Juicio» en la diestra. En otro trono celestial venía con el también El Señor del Gran Poder y del Buen Criterio. Les acompañaba  rodeada de ángeles y querubines vestidos de luces, La Santísima Virgen, Nuestra Señora de la Concertación, luciendo alta peineta y negra mantilla.   Juntos, todos, hicieron que predominasen sus virtudes; el Buen Criterio, El Buen Juicio y la Concertación…..y así la fiesta siguió existiendo y seguirá vigente por los siglos de los siglos y hasta el final de los siglos…. en todo el universo taurino y por supuesto, a pesar de los pesares en la Señorial, Puebla de los Ángeles.

N.R. Si este texto despierta en el lector cierta curiosidad, sobre de “cual fumó” el autor al escribirlo, puede preguntarle directamente en: Comentarios.

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Breve nota explicativa:
Se pronuncia “schhoma” y es un trozo de penca de maguey, verde, fresco, flexible que se acomoda como “jícara” para tomar el “neutle” o pulque, bien llamado “néctar de dioses” en el campo durante maniobras de embarque, en herraderos y demás labores; su ingesta además de vigorosa y reconfortante, resulta refrescante. Una vez servido, cada ración es de más o menos medio litro, debe tomarse de un solo trago y en forma de reto; un bebedor frente al otro.  — Ver foto: Rodolfo Rodríguez “El Pana” frente al ganadero Marco González, tomando de sus schhomas, durante un embarque en Piedras Negras. — y terminado el gran y largo trago, con una mano se sujeta y se sacude violenta y enérgicamente la schhoma, para que suelte la hebra o baba, como se dice comúnmente, en el campo, “pa´ que suelte el alacrán”. Esta delicadísima maniobra de gourtmets de campo se le llama “sacudiendo la schomma”. Y en este breve espacio le utilizamos como expresión para un comentario sobre alguno de los aconteceres taurinos recientes.

Va: Sacudiendo la choma…

Muchos se quejaron y llegaron hasta a cuestionar el porque del cambio de la ganadería anunciada: José Maria Arturo Huerta; por los siete que llegaron y al final se lidiaron en la pasada corrida del Relicario procedentes de Monte Cristo. Lo  cierto es que desdendenantes que el madrileño abordara el jet de Iberia que lo trajo; ya todos los portales decían y pregonaban que El Juli mataría de sus cuatro corridas en México, dos de MonteCristo. Luego el cambió no debió de sorprender a nadie. Además, la empresa de Puebla, así lo hizo saber por los medios de comunicación. Sin embargo y pese a todo, alguien me cuestiono vía sms, el porqué del cambio. Sereno, tranquilo, – como siempre estuve, le respondí: – Es que esa pregunta hay que hacerla a los C. Julián López y Roberto Domínguez. Y le aclaré con una nota explicatoria: – La “C” en ese caso no significa “ciudadanos”, significa: ¡Cabrones!

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Manuel Domínguez “Desperdicios”.

Existen casos de asombrosos de coraje taurino, rayando en el suicidio, casos estos, dignos de ser estudiados por la Psicopatología: Manuel Domínguez Desperdicios”. Toreros de romance de un valor inconcebible. De este torero, se cuenta, que habiendo recibido en el rostro tremendísima cornada, que prácticamente le vació el ojo, quedando éste colgando, sostenido por sus correspondientes músculos y obviamente el nervio óptico, el torero, en un arranque de valor – que no deja de ser patológico, y perdón por la redundancia que sigue – se arrancó los restos del ojo, arrojándolos al piso, diciendo que: -¡El no quería desperdicios!
De ahí, de éste acto su sobrenombre.
Otra versión de la misma historia nos dice que Manuel Domínguez quien por cierto, falleció en la enfermería de la plaza, — de otra cornada —  en Ronda el 26 de mayo de 1820. Y que, al arrancarse los restos de su ojo desprendido exclamó:
¡Bah. Estos son desperdicios!. Y con el apodo se quedó.

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Tauromaquia

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EL DESTETE Y EL HERRADERO  

“El Herradero”, según lo describe don Álvaro Domecq y Díez, es una “jornada alegre y oficiosa a la par”. Alegre por que en muchas casas ganaderas esta labor es motivo de convite a familiares y amigos del ganadero y oficiosa por tratarse de una faena o labor de campo, que requiere experiencia, conocimiento y por tanto “oficio”.

Para realizar el herradero es necesario separar de sus madres tanto a los críos y las crías, como becerros y becerras – y esto no lo dijo Fox, así se hace desde siempre – labor, harto difícil, si tomamos en cuenta que se trata de algo que va contra una disposición de la naturaleza, que es el hecho de que la vaca, instintivamente quiera retener a su becerro y que este quiera permanecer al lado de su madre y si a lo instintivo le agregamos la bravura, imagínese usted, que queda cordialmente invitado a separar a un becerro de su brava madre en pleno campo. Por ello, la mayoría de casas ganaderas realiza estas acciones de manera simultánea, o casi, pues, el día o unos días anteriores al herradero se realiza la separación o destete.

Vaqueros y caporales por la tarde, van separando a los becerros de las vacas, para ello se recurre a la facilidad de algún corral anexo a la plaza de tientas adonde se hace pasar a toda la punta de vacas con su descendencia, cerrando la puerta a la salida de cada vaca, dejando dentro del corral a la cría.
Esta separación, que decíamos puede hacerse días antes, deriva en que el becerro dejará de amamantarse por lo que se le llama destete. Antes del día de el herradero – los becerros y esto se hace a la edad aproximada de nueve meses, edad que fluctúa entre los ocho meses y un año – comenzaran algún otro tipo de alimentación y el ganadero podrá observar si la aceptan o les ocasiona cierto trastorno intestinal, nueva alimentación que se inicia cundo el becerro comienza a comer hierva fresca.
La manera más tradicional de hacer esta maniobra llena de sabor campirano, es apoyándose como ya dijimos en el muro o barda de la plaza, alguna otra estructura, o bien en un grupo de árboles donde sea posible hacer la separación de tal manera que la vaca vaya por un lado y la cría por otro. Resulta curioso e importante señalar que la “experiencia” de las vacas contribuye a facilitar o complicar el trabajo; las vacas viejas, ya acostumbradas a lo que está ocurriendo, “saben” que perderán al hijo, pero “saben” también que pronto serán aparejadas de nuevo y tendrán nuevos hijos, por tanto “facilitan” la maniobra, en cambio las jóvenes, se muestran renuentes a la separación y la bravura unida al instinto, complican el trabajo, recordemos que la vaca tratará de huir, y por querencia regresar al campo, pero al verse separada de su becerro, regresará y bravísima dará la vuelta embistiendo furiosa contra quien o quienes le arrebatan su cría, momento de gran peligro para caballos y vaqueros. Las vacas sintiéndose agredidas embestirán y se arrancaran agresivas, por algo, Hemingway absorto ante estas faenas expresó que: “Si las calidades humanas tuviesen olor, el valor para mí tendría el del cuero ahumado”, que es más o menos el olor de quienes intervienen en las faenas de campo.

Para quienes viven en el campo, entienden del campo y aman el campo la primera noche del “Deshijadero” resulta dramática, las vacas en los potreros, bramando, restregándose a las tapias y “cantando” su dolor, mientras los becerros en el corral braman también y lloran por sus madres.

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Breve nota explicativa:
Se pronuncia “schhoma” y es un trozo de penca de maguey, verde, fresco, flexible que se acomoda como “jícara” para tomar el “neutle” o pulque, bien llamado “néctar de dioses” en el campo durante maniobras de embarque, en herraderos y demás labores; su ingesta además de vigorosa y reconfortante, resulta refrescante. Una vez servido, cada ración es de más o menos medio litro, debe tomarse de un solo trago y en forma de reto; un bebedor frente al otro.  — Ver foto: Rodolfo Rodríguez “El Pana” frente al ganadero Marco González, tomando de sus schhomas, durante un embarque en Piedras Negras. — y terminado el gran y largo trago, con una mano se sujeta y se sacude violenta y enérgicamente la schhoma, para que suelte la hebra o baba, como se dice comúnmente, en el campo, “pa´ que suelte el alacrán”. Esta delicadísima maniobra de gourtmets de campo se le llama “sacudiendo la schomma”. Y en este breve espacio le utilizamos como expresión para un comentario sobre alguno de los aconteceres taurinos recientes.

Va: Sacudiendo la choma…
Afortunadamente el accidente no pasó a mayores; el caballo de Pablo Hermoso de Mendoza, “Caviar” resbaló frente a la cara de “Cayetano” toro, mulato de pinta, de Rancho Seco, provocándose peligrosa caída, raro es ver al caballista estelles en este tipo de apuros. Los pitones del toro insistían en penetrar el abdomen del cuaco, cosa que no pasó y la caída del jinete resultó sin consecuencias. ¡Vaya susto!

 

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Va de anécdota… De todos es sabido que los brindis de las faenas   ocurren ante un personaje, una bella dama, artista, políticos, que con el señalamiento se exponen a la rechifla y abucheo, o amigo del torero, esto ocurre en las plazas importantes. Sin embargo en esos pueblos de dios, los subalternos banderilleros y hasta picadores, no pierden la oportunidad de hacerse notar –costumbre, está que esta desapareciendo, afortunadamente – con el brindis, de algún puyazo o de un par de garapullos, buscando siempre la recompensa o correspondencia al tal brindis, y así obtener algo de parné; dinero para el pasaje de regreso, para el almuerzo o para la compra de algún “soullevar”, para no regresar a casa con las manos vacías.  Por aquellos rumbos de León de Aldamas en Guanajuanto, todo mundo sabía de la presencia en la plaza del pueblo de un personaje en primera fila al que todos solían bridarle y como agradecimiento recibían siempre de regalo un par de botas camperas, pues el tal sujeto era propietario de una fábrica de zapatos y botas. El eterno aspirante a banderillero, llamado “El Humilde“  iba de cuadrilla y al ser informado por sus compañeros que si efectuaba al banderillear el brindis al tal sujeto, de seguro regresaba a casa con un buen par de botas. Por lo que, “El Humilde”, una vez sonado el clarín del cambio de tercio a banderillas; garboso se acercó al propietario de la casa de zapatos y botas hacer, muy solemne le brindó, acompañando la acción de saludarle con el par de palitroques en mano diestra y la otra en jarras con el dorso apoyado en la fajilla de la cintura. Para ir a la segura, amarró su brindis con estas palabras: ¡Va por Usted!….¡Caféces y del siete y medio!