LAS ALTERNATIVAS. Parte II.

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El término Alternativa viene claramente del verbo «Alternar», lo que significa que un torero se convierte en Matador de toros cuando alterna por primera vez en una corrida de toros con otros matadores. La ceremonia en si es de una gran simpleza y sencillez, pero que encierra un gran simbolismo y una representatividad enorme para el alternativado. Consiste – la ceremonia – en que en una corrida de tres alternantes, con 6 toros 6, al sonar los clarines, anunciando el tercer tercio o de muerte para el primero de la corrida, al momento de solicitar permiso a la Autoridad recibe cerca de tablas a un lado del redondel, del Primer espada del cartel y en este caso su «padrino» de alternativa los trastos de matar, la muleta plegada y la espada cruzada sobre el estaquillador que le son entregados con la mano derecha, mientras éste padrino, recoge con la izquierda el capote de brega del todavía novillero. Es usual en este momento, unas palabras de aliento y protocolarias hacia el toricantano. Y, de éste, de agradecimiento y reconocimiento y en algunos casos de admiración a quien le otorga la alternativa. La figura del otro matador es del «testigo» en la ceremonia.

Es en este momento, al recibir los instrumentos toricidas, que el novillero se convierte en matador de toros, y una vez que de muerte a su primer toro en calidad ya de matador, para la segunda parte de la corrida tomará el lugar que le corresponde «por orden de alternativa» y pasará a matar el sexto de la tarde, segundo de su lote.

Resulta importante señalar que aunque suele ocurrir raramente, la alternativa adquiere validez desde el momento en que el aspirante recibe los trastos de matar, es decir que en caso de que el nuevo matador no llegue a matar al toro de alternativa por algún accidente serio o cornada, la alternativa cuenta como otorgada. Caso contrario ocurre como en el caso de Luís Miguel Calvo, matador español que en la tarde de alternativa fue cogido por su toro entrando a la enfermería sin salir y por tanto no se realizó la ceremonia, aquella tarde.

Por último, resulta importante señalar que las únicas plazas en el planeta de los toros en que se reconocen alternativas y por tanto eso significa que toreros de ambos hemisferios al presentarse en ellas como matadores deben «confirmar» la alternativa, lo que requiere que la ceremonia se debe llevar a cabo nuevamente; son las Plazas de Madrid; México y Bogota.

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¡Sacudiendo la choma!

Breve nota explicativa:

Se pronuncia «schhoma» y es un trozo de penca de maguey, verde, fresco, flexible que se acomoda como «jícara» para tomar el «neutle» o pulque, bien llamado «néctar de dioses» en el campo durante maniobras de embarque, en herraderos y demás labores; su ingesta además de vigorosa y reconfortante, resulta refrescante. Una vez servido, cada ración es de más o menos medio litro, debe tomarse de un solo trago y en forma de reto; un bebedor frente al otro, y terminado el gran y largo trago, con una mano se sujeta y se sacude violenta y enérgicamente la schhoma, para que suelte la hebra o baba, como se dice comúnmente, en el campo, «pa´ que suelte el alacrán». Esta delicadísima maniobra de gourtmets de campo se le llama «sacudiendo la schomma». Y en este breve espacio le utilizamos como expresión para un comentario sobre alguno de los aconteceres taurinos recientes.

Las «Otras alternativas», resultan ser aquellas que tienen alguna, dos o más de las características que a continuación mencionamos: Son «Para la foto», es decir, servirán para que a la fotografía del momento de entrega de los trastos de matar, se le harán múltiples copias y por supuesto ampliaciones, tamaño «sala de la casa» para se colgadas como testimonio de que el tal coletudo, efectivamente, alguna vez, se hizo «Matador de toros» aunque jamás haya vuelto a pisar una albero y mucho menos volver a matar toro alguno. La ceremonia, quedará en el olvido y la fotografía será testigo de lo ocurrido. La segunda causa que encontramos es: Para satisfacción de un ego, que no puede quedar trunco. Se trata de aquel individuo que a recorrido los caminos de «maletilla», aspirante a novillero y novillero aspirante a una y mil oportunidades, que después de un buen tiempo de andar en el cuento del toro, — en estos casos, no importa la edad del aspirante que puede llegar hasta la cuarentena ó mas de años — logra, al fin la oportunidad deseada y acariciada de que algún cuate, matador agradecido por algún favor, o hasta empresario también en agradecimiento acepte «montar» la alternativa, aunque de antemano, se sepa que la coleta, que el coleta se ponga, casi por única vez, pronto también ira a ocupar un espacio en la vitrina que va en la sala junto a la foto del caso anterior. Y la tercera y última es por «Autofinanciamiento» esto ocurre cuando el aspirante, su padre, o algún tío carnal disponga en el banco de una liquidez, que permita cubrir de manera esplendida, por supuesto, los siguientes costos: honorarios, gratificación y «gastos» del padrino, los mismo para el testigo; el costo de la corrida, hablamos de 6 toros 6, generalmente toreables, es decir de ganaderías de garantía, costos de la plaza, cuadrillas, montaje, publicidad y desde luego los correspondientes sobres a la prensa y medios que se encargaran de decir que «Gitanillo» de Ixtapalapa llega a la alternativa, en medio de gran ruido y triunfos.

Es por esto y todo lo anterior que afirmamos que…

¡Hay de alternativas a…ALTERNATIVAS!

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¡Alternativas para la historia!

Del libro «Armillita» de Paco Malgesto: El 6 de noviembre de 1938 Fermín cumplió un anhelo personal, al conceder la alternativa en la misma plaza de Puebla, a un novillero a quien había venido protegiendo y llevando con él a todas partes, enseñando e imponiendo, con sus amistades, por medio de su prestigio personal; ese novillero que con el tiempo llegaría a ser una gran figura del toreo, fue Silverio Pérez, el hermano de Carmelo, de quien se decía que se había hecho torero de rabia de ver en un muelle de Veracruz solitario y abandonado el cadáver de su hermano. Fue una tarde en general triste, no sólo porque a última hora una huelga de músicos nos dejó sin las alegres y toreras notas de las sabrosas dianas y los acostumbrados pasos dobles, y porque en vez del sol, brillaba en medio del cielo la luna, sino porque los toros de La Punta, grandes y fuertes, en general no se dejaron hacer fiestas, ni del ahijado, ni del testigo, que era Paco Corraéz, y uno de ellos proporcionó tremendo susto al padrino, al tirarle un hachazo que le partió la taleguilla, en el momento del descabello. Pero los ganaderos habían hecho a Fermín la promesa de que le regalarían un semental de La Punta si triunfaba en esa corrida, y Fermín cortó orejas y rabo en uno de sus toros, y todavía tiene en su ganadería el semental.

El aficionado y escritor Mariano Alberto Rodríguez, ha sido considerado una de las personas que más convivió con el Maestro Armillita, de su libro, del mismo nombre, tomamos lo siguiente: En aquella corrida de Puebla los toros fueron de La Punta y los Madrazo mandaron una corrida fuerte y grande. Fermín triunfó con uno de ellos. Los ganaderos habían ofrecido un semental para su ganadería si triunfaba y le hicieron bueno el ofrecimiento. A «Malagueño» quinto de la tarde le cortó Fermín las orejas y el rabo.

¡LAS ALTERNATIVAS! Primera parte

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Dicen los Reglamentos Taurinos: «Al adquirir un matador de novillos la categoría de Matador de toros, el más antiguo de los alternantes en la corrida en la que se confiere la nueva categoría le cederá el turno en el primer toro, entregándole la muleta y el estoque como Alternativa«, se dice que «cediéndole los trastos de matar». El diccionario de la serie «Los Toros» define la Alternativa, como la «Ceremonia por la cual un espada de cartel autoriza a un matador de novillos para que pueda alternar con los demás espadas. El Acto se reduce a entregar el primero al segundo, durante la lidia, la muleta y el estoque para que ejecute la faena en vez de él».

Fue Manuel Bellón, conocido como «El Africano», quien hace su aparición en Sevilla alrededor del año 1760 a quien se da el crédito de haber otorgado la primera alternativa formal a Joaquín Rodríguez «Costillares», el 22 de abril del año de 1760 en la plaza de Sevilla aunque también debemos aceptar que no existe ningún documento escrito que permita concretar cuando se estableció la solemnidad del ceremonial que nos ocupa. Sánchez de Neiva, en su gran Diccionario Tauromaco, afirma que los lidiadores que la tomaron ya con formato de ceremonial fueron los primeros en el siglo XIX, siendo el primero de ellos Antonio de los Santos.

La ceremonia como tal consiste en que habiendo cumplido el aspirante a Matador con ciertos requisitos que su gremio organizado, en nuestro caso la Asociación Mexicana de Matadores de Toros, Novillos y Similares le señala, y es la indicada para autorizar la toma de alternativa que estará a cargo el otorgarla un matador de cierto prestigio o relevancia en su carrera, será el llamado «Padrino» ante la presencia de algún otro matador quien actúa de «Testigo», el aspirante a Matador, que además de haber cumplido con los requisitos señalados, debe alcanzar el grado de Doctor en Tauromaquia presidido de una carrera triunfal y sobre todo, llegar a este ceremonial después de «sonados triunfos» recientes o como se dice tomarla – la Alternativa – con «mucho ruido». A éste aspirante suele llamársele «Toricantano» en semejanza con el seminarista católico al momento de ordenarse de sacerdote y que como parte de tal ceremonia canta su primera misa o cantamisa, por lo que al nuevo coleta se la llama «Toricantano».

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¡Sacudiendo la choma!

Breve nota explicativa:

Se pronuncia «schhoma» y es un trozo de penca de maguey, verde, fresco, flexible que se acomoda como «jícara» para tomar el «neutle» o pulque, bien llamado «néctar de dioses» en el campo durante maniobras de embarque, en herraderos y demás labores; su ingesta además de vigorosa y reconfortante, resulta refrescante. Una vez servido, cada ración es de más o menos medio litro, debe tomarse de un solo trago y en forma de reto; un bebedor frente al otro, y terminado el gran y largo trago, con una mano se sujeta y se sacude violenta y enérgicamente la schhoma, para que suelte la hebra o baba, como se dice comúnmente, en el campo, «pa´ que suelte el alacrán». Esta delicadísima maniobra de gourmets de campo se le llama «sacudiendo la schomma». Y en este breve espacio le utilizamos como expresión para un comentario sobre alguno de los aconteceres taurinos recientes.

Hablando de alternativas, a este juez y escribidor le han tocado en suerte presidir corridas en las que se realiza dicha ceremonia, y observar algunos detalles de aparente simpleza, pero que pudieran resultar de importancia, me refiero al hecho en Puebla, plaza «El Relicario» el 7 de diciembre del 2002, José Miguel Arroyo «Joselito», otorga alternativa a Rubén Ortega hijo, ante la presencia como testigos de Oscar San Román y Pablo Hermoso de Mendoza. Para ello, el Maestro «Joselito» al presidir la ceremonial NO se desmonteró, permaneció cubierto, montera puesta y el queretano San Roman le asegundó, permaneciendo sin descubrirse. Además José Miguel, no acudió bajo el palco del juez a solicitar permiso para tal cosa. No tenía que hacerlo, era simple cortesía, como el descubrirse para la ceremonia; no hizo ninguna de las dos cosas, y en realidad él no iba a dar muerte al toro. Y para más, cuando en continuación de la ceremonia, al cuarto toro, al momento en que Rubén Ortega toma el sitio que ya le corresponde por orden de Alternativa, es decir al devolverle los trastos de matar a su padrino, el ya Matador, Ortega intentó dirigirse bajo el palco, a solicitar tal permiso o simplemente saludar y el maestro Joselito, enérgicamente señaló con su pulgar derecho hacia si mismo, diciendo: ¡Es aquí, adonde se pide permiso! Para remate, Ortega hijo, en ambos tiempos de la ceremonia se quedó esperando el abrazo que nunca llegó. El público, conocedor, observador, aficionados curiosos pudieron percatarse de ello. Valla Usted a saber cual fue la significancia de todo esto, sobre todo, viniendo las cosas de quien vinieron, quizá Joselito, quiso decir o al menos, yo así lo entiendo: ¡Hay de alternativas a…ALTERNATIVAS!

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¡Alternativas para la historia!

De entre las muchas alternativas que se han dado y que son dignas de quedar registradas para la historia tenemos el caso del gran Ponciano Díaz, se sabe que a la edad de veinte años y en la plaza de Puebla, recibió la alternativa de manos del torero español Bernardo Gabiño quien entones contaba con sesenta y seis, esta primera alternativa la recibió con el extravagante título de «Capitán de Gladiadores». Ya con la alternativa Ponciano «se lanzo» a España, haciéndose anunciar en Madrid para tomar la alternativa ahí; resaltando el dato curioso de que también sus varilargeros, la recibieron de picadores, bella tradición cuando también se acostumbraba que la tomasen los banderilleros. Fue un cartel de lujo con los dos toreros más grandes de esa época: Salvador Sánchez «Frascuelo» y Rafael Guerra «Guerrita», con 3 toros del Duque de Veragua y 3 de Orozco. Era tal la personalidad, el desgarbo y lo bigotudo de Ponciano, que se cuenta que Frascuelo, ese día 28 de julio de 1889 al encontrarse en el patio de cuadrillas con el mexicano; pequeño, cargado de hombros, de melena ensortijada como de violinista, provisto de tremendos bigotes, que eran en una cara de torero, una nota disonante y exótica, y vestido sólo Dios sabe cómo, – cito a Paco Malgesto, quien a su vez cita a Manuel Horta – puesto que él mismo, «como entendía de sastrería» se hacia sus trajes de torero. Frascuelo, preguntó extrañado: ¿A esto, tengo que darle yo la alternativa?

¡LAS ESPANTADAS!

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Espantada, según el diccionario taurómaco es; Cuando un matador se retira bruscamente de la cara del toro, generalmente, arrojando al suelo el engaño. Y por extensión podemos agregar que; cualquier actuante, vestido de luces puede estar en esta situación de espanto, muchas veces pánico y puede arrojar al suelo, muleta, capote, banderillas o cualquier avío. Entiéndase; la huida repentina de la cara del toro y por tanto, disentimiento súbito del lidiador de cumplir su encomienda, la de lidiarlo, ocasionado por el miedo. En esta acepción se ha empleado con asiduidad el apocope: espantaa.

El maestro Pepe Alameda, le llamó también «La Graciosa Huida» haciendo alusión que a veces para disimular la espantada, el torero prefiere «tomar las de Villa Diego» y salir huyendo, eso si, graciosamente, sin que por eso deje de ser una espantada. Célebres, de toda celebridad han sido las espantaas, así llamadas de Rafael Gómez «El Gallo», en las españas por los años veintes de siglo pasado y después de los cincuenta en México las de «El Berrendito de San Juan» Luis Procuna, quien literalmente se tiraba de cabeza al callejón, y algunos otros que han hecho del miedo y sus espantadas, una bandera son: Joaquín Rodríguez «Cagancho», Rafael de Paula y entre los nuestros Rodolfo Rodríguez «El Pana».

La huida puede deberse a diversas causas; el tamaño, trapío y condiciones del enemigo a lidiar, o bien la actuación definitivamente superior de otro de los alternantes; el recuerdo, la llegada súbita y repentina de alguna experiencia anterior, similar o más dramática que terminó en alguna cornada o incidente grave. De facto, debe de existir en la memoria, como «hecho reciente» el antecedente de algún incidente de serías consecuencias; cornadas, de aquellas de las que el torero no sabe, desconoce la causa, y ante la posibilidad evidente de que el accidente se repita, el sub-consiente del torero le traiciona y le hace pegarse la «espantaa» y esto por razones obvias resulta más evidente cuando la cornada anterior ha sido en el recto o zonas de la parte trasera del cuerpo, que además resultan dolorosísimas, y que casi por «instinto» el torero o subalterno que ha sufrido percances con lesión dolorosa, cae victima, presa del pánico y difícilmente puede evitar la huida. El Maestro «Armillita» sentenciaba: son respuestas incontrolables que dicta el instinto de conservación». Lesiones son estas, además de corporales, sicológicas de muy difícil superación.

 

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¡Hablan los toristas!

Los Palha, provienen desde el siglo XIX, son famosos por su bello pelaje, hechura y agresividad, su propietario, hombre de campo habla: «Soy mucho más torista que torerista, porque entiendo que cuando se es bueno puede con todos los toros. El torero tiene la obligación de saber torear a todo tipo de toros, a los más facilones y también a los difíciles. Yo disfruto con el toro bravo, muy bravo. A veces ese toro puede dar la impresión de ser una fiera a la que nadie puede le hacer nada. Pero lo bueno es que la gente tenga en su asiento la sensación de peligro, el público no puede dormirse en el tendido: lo que es necesario es que el público hable, diga lo que diga al salir de los toros. Tiene que haber algo que transmita que es realmente difícil hacer aquello que hace el torero».

Pregunta la reportera Ana Fernández Garciani de Campo Bravo al ganadero Fernando Palha: ¿En la fiesta de los toros es necesaria la tragedia? Responde el ganadero: – «Si, si, claro, Si no hay tragedia, no hay miedo. Y si no hay miedo no hay posibilidades de probar que el hombre, con su inteligencia, con su capacidad, con su supremacía, es capaz de dominar a la fiera que quiere hacer mal».

Viene nuevamente a la memoria la frase sentenciosa de Corrochano en su Tauromaquia; ¿Qué es torear? Se pregunta, y se responde: – Joselito, creo que lo sabía y a Joselito lo mató un toro.

A propósito de esto Luis Miguel Dominguín, respondió así a Dinastias el 26 de septiembre de 1987, con motivo de su segundo matrimonio¨: «Toda mi vida la he pasado tratando de encontrar a la mujer y al toro. A éste último no lo encontré, a la mujer creo que si».

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¡EL BICENTENARIO Y LOS TOROS!

Gran revuelo ha ocasionado en el ambiente que rodea a los festejos, del Bicentenario del inicio de la independencia de lo que es hoy nuestro país, sobre todo en lo concerniente a la personalidad del llamado Padre de la Patria Don Miguel Hidalgo, sabido ha sido por la historia y más que nada por la tradición oral, el relato que ha pasado de una generación a otra; lo muy inquieto que era el padre Hidalgo, aficionado a mil cosas, los gallos los juegos de cartas y sobre todo gran aficionado a la más bella de todas las fiestas. Investigadores interesados le ubican como propietario de los ranchos: «El Jaripeo», «Santa Rosa» y «San Nicolás», en tierras del centro del país, se sabe con certeza de alguna corrida salida de sus potreros que se lidió en Acambaro, Michoacan. Los festejos de la efemérides del Grito de Dolores han dado lugar a la edición cinematográfica de la vida quien se llamó; Miguel Gregorio Antonio Ignacio Hidalgo y Costilla y Gallaga Villaseñor, película con el atractivo nombre de «La Historia jamás contada» en la que se desmitifica al cura y en una escena de dicho film aparece en las barreras del tendido en una plaza de toros, asistiendo, muy bien acompañado a un festejo. La foto que acompaña este Post, ilustra tal escena.

LOS CALLEJONES, y… ¡Esa necedad de estar en ellos!

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El callejón en una plaza de toros se define como: el lugar de espacio libre entre la valla o barrera que circunda el redondel y el muro en que comienza el tendido. Y subrayamos los conceptos de «espacio» y «libre», precisamente para enfatizar algo que se ha convertido exactamente en lo contrario: Un espacio donde todos quieren estar, provocando que No haya eso; libertad de movimientos, para quienes de verdad deben estar en el. Pero continuando con lo conceptual, esa valla de madera que limita el redondel, o albero, como se le llama a la parte cubierta de arena, cuenta con espacios de acceso, llamados «troneras» que permiten a los toreros entrar o salir del ruedo, protegidos por sus correspondientes, «burladeros», siendo estos verdaderas vallas o escudos de madera que se colocan, unos, delante de estos espacios de entrada del ruedo al callejón y otros más pegados al muro que separa el callejón de las tribunas o tendidos. El número de burladeros que protegen las troneras, generalmente es de tres a cuatro, siendo el mayor, o más amplio de ellos el llamado de «matadores», que se sitúa ligeramente a la derecha — viendo desde el palco del juez — y los otros dos o tres dependiendo del tamaño del ruedo, que nunca será mayor a 50 metros salvo honrosas excepciones como Sevilla, Ronda y la del Puerto de Santa María, ni menor a 45 metros de diámetro. El de nuestra Plaza México tiene 46 metros. Y otra honrosa excepción — negativa — es el de la Plaza Arroyo al sur de la ciudad de México, que ridículamente no llega a 15 metros de radio. Lo cierto es que estos burladeros en número, nunca deberán pasar de cuatro, intentar colocar más, quita seriedad a la fiesta por el exceso de «refugios». Los otros, los interiores, están destinados para el resguardo, protección y seguridad para quienes por razón de su desempeño profesional deben permanecer en el callejón. En teoría este listado debiera limitarse a los actuantes, matadores, subalternos, y sus asistencias, así como los trabajadores de plaza encargados de las puertas del redondel, de toriles, de acceso de caballos, areneros y monosabios.

Los Reglamentos Taurinos en vigor son muy específicos al incluir y dictar un listado de personas que deben recibir autorización, para tener acceso y permanecer en el callejón durante una corrida, se le llama «acreditación». Retomando el título de este «Post», recalcando la necedad, verdadera «terquedad» de indebidamente permanecer en el callejón y que éste debe estar «libre al transito y funciones de actuantes y sus asistencias», lo cierto que es que los callejones se han convertido malamente en sitos llamados «VIPS» en donde personas que nada tienen que hacer ahí, insistentemente muevan recomendaciones, influencias gubernamentales, políticas, periodísticas y sociales, para estar en el callejón: «Dejarse ver» , es la expresión correcta. El Reglamento autoriza a estar en el callejón únicamente a actuantes, quienes además no requieren de ningún tipo de acreditación por presentarse vestidos de luces, subalternos, entendiéndose; picadores, banderilleros, puntilleros, y algún sobresaliente, los antes mencionados trabajadores plaza; monosabios, areneros, mulilleros, encargados de puertas. Por supuesto médicos de plaza cuya presencia no sólo se justifica, sino que además adquiere relieve e importancia, pues el medico cirujano de toreros al momento de intervenir quirúrgicamente ya sea para curar o simplemente explorar una herida debe tener idea clara de la o las trayectorias que siguió el pitón y para ello es indispensable estar atento y cerca a lo que ocurre en la lidia. Resulta tan minucioso y detallista el Reglamento que en su listado incluye un Capellán, sacerdote quien también debe permanecer ahí por lo que pudiera ocurrir, y no quiero ser detallista al respecto. A las asistencias les ordena movilizarse en el callejón únicamente para desempeñar sus labores durante la lidia del toro que permanece a su matador. Y lo mismo a los Apoderados, les indica permanecer tras el burladero que tienen asignado y les permite desplazarse, sólo durante la actuación de su poderdante, cuando se trata de un novillero.

Eso lo que dicen y dictan los Reglamentos, lo cierto es que la realidad es un verdadero desastre, y hasta en plazas llamadas de Primera, el callejón, quizás desde la llegada ahí de las cámaras de TV y la proliferación actual de los llamados «medios» se han convertido en una vitrina o aparador donde todo mundo quiere estar. La prudencia, la precaución, señalan lo contrario. Como muestra de las tragedias que pueden llegar a ocurrir, presentamos 3 fotos 3 que bien ilustran lo que en determinado momento y de manera inesperada puede acontecer, poniendo en peligro la vida de cualquiera.

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Breve nota explicativa:
Se pronuncia «schhoma» y es un trozo de penca de maguey, verde, fresco, flexible que se acomoda como «jícara» para tomar el «neutle» o pulque, bien llamado «néctar de dioses» en el campo durante maniobras de embarque, en herraderos y demás labores; su ingesta además de vigorosa y reconfortante, resulta refrescante. Una vez servido, cada ración es de más o menos medio litro, debe tomarse de un solo trago y en forma de reto; un bebedor frente al otro. Y terminado el gran y largo trago, con una mano se sujeta y se sacude violenta y enérgicamente la schhoma, para que suelte la hebra o baba, como se dice comúnmente, en el campo, «pa´ que suelte el alacrán». Esta delicadísima maniobra de gourtmets de campo se le llama «sacudiendo la schomma». Y en este breve espacio le utilizamos como expresión para un comentario sobre alguno de los aconteceres taurinos recientes.

Va: Sacudiendo la choma… y ahora toca comentar la fotografía que es la tercera con la que ilustramos este último Post en el que se habla de «Los Callejones» de las plazas de toros y la necedad, verdadera terquedad de quienes quieren, insisten en estar indebidamente en un burladero de callejón, simplemente para «dejarse ver», siendo que estos nunca pueden ser totalmente seguros, lo muestra la foto en que un toro ha quedado atrapado dentro de un burladero, donde usted puede imaginar como quedan sus ocupantes en caso de no encontrar escapatoria y eso ocurre por tanto impertinente. «colados» que ahí estorban. En la foto en la Plaza México el célebre «Flaco» Valencia, posa junto al toro atrapado.

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¡Ese nene viene con la escoba!

Luis Miguel, desde niño, tenía las piernas muy largas, desproporcionadas al cuerpo. Sus pasos cuando corría resultaban desangelados y ello rompía la estética del conjunto, haciendo fea y desarticulada la carrera. Entonces se nos ocurrió que haría el ejercicio de correr a paso gimnasta, atada una pierna a otra por el tobillo, a una distancia que consideramos propia y armónica. Así cuando instintivamente alargaba el tranco en la carrera, la cuerda se lo impedía y entonces irremediablemente caía al suelo. Se tubo que acostumbrar en el transcurso de muchos días y muchos kilómetros a acortar los pasos, a «menudear» más, a aumentar por tanto el número de movimientos de las piernas y así, obligar a una mayor activación de los reflejos; en fin, a aprender a correr con más belleza de los movimientos. Esto, era un sacrificio. Un día tras otro y una caída tras otra dieron un resultado esplendido – escribe Pepe Dominguín en «Mi Gente» – … Manolete era un torero serio, seco y sobre todo muy honesto. Se entregaba siempre a tope, y si había que tomar la voltereta para conseguir el éxito, allí estaba él dispuesto a ello. Su alargada figura en algo recordaba a las míticas figuras de El Greco, su andar despacioso daba a sus movimientos una majestuosa definición: personalidad… Toreó Luis Miguel en Albacete, en la noche de un día de feria. Manolo se quedo a verle y días más tarde me dijo en Madrid, concisamente, sin más análisis:

¡Ese nene viene con la escoba! En clara, muy clara alusión de que venía a barrer con todos.

A ese chaval a los quince de años, el diestro de Borox Domingo Ortega le otorgó en Colombia la alterativa, misma que luego tuvo, pasados los 16 de volver a tomar en España. Surgió de ahí una tremenda rivalidad entre el chamaco Dominguín y su padrino Ortega quien la tenía tomada con Luís Miguel y éste con el Maestro, al grado de que toreando en mano-a-mano una tarde en Colombia, se le había ido por delante Domingo con una oreja en cada toro, cuando Miguel en su tercero, sin aspavientos, con el gesto sereno, pero tenso, en voz baja, con palabras apenas perceptibles para quien iban dirigidas y algunos pocos más cercanos, le dijo mientras se echaba la muleta a la mano izquierda:

¡Ésta no sabes tú ni moverla! ¡Fíjate y aprende! – Y citando con parsimonia, ligó un pase tras otro en un una impecable y ajustada tanda de naturales, que repitió en sinfonía perfecta hasta que el público en paroxismo, puesto de píe dedicó al joven maestro y nuevo gladiador una descomunal ovación reconocedora y consagratoria. Mientras paseaba el rabo y las orejas a hombros. Ortega nos dijo:

¡Ese puñetero niño sabe lo que hace…y lo que dice!

LOS CONTRATOS Y LAS EXIGENCIAS DE LOS TOREROS

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Ser figura del toreo significa ser mandón, y mandón, – – valga la perogrullada – – es saber mandar, vamos a comentar aquí algunas exigencias de toreros plasmadas por escrito en contratos, que pueden considerarse verdadera documentación histórica como el que firmaron Lorenzo Garza, llamado entonces «El Magnifico» y el empresario Antonio Algara por la EMPRRESA ESPECTACULOS DE LA PLAZA MEXICO S.A. la fecha que registra el contrato signado en la Ciudad de México, por triplicado – – reza el texto – – a los veinticinco años del mes de mil novecientos cuarenta y cinco. Siendo Garza, llamado también «El Ave de las Tempestades», dichas tempestades, verdaderas tormentas de escándalo podrían acarrear serias consecuencias, que a veces concluían con el matador, detenido y encerrado tras las rejas. Como un acto precautorio de lo que pudiera pasar se establecía una cláusula que incluso se repite en el texto del contrato, la número SEXTA, dice: Las multas que por cualquier caso fueren impuestas al Diestro Lorenzo Garza, en sus actuaciones, serán pagadas por la Empresa. Y se repite lo conceptual en la número DECIMA, que señala: Será obligación exclusiva de la Empresa cubrir todas las multas que por cualquier causa fueran impuestas al Diestro Lorenzo Garza en sus actuaciones en la Plaza México.

En cuanto a otros privilegios y prebendas que el Diestro reclamaba para si y la empresa aceptada en el contrato estaba la posibilidad de alguna lesión, para ello la cláusula OCTAVA manda: En caso de que el Diestro Lorenzo Garza sufra algún percance que le impida actuar en alguna o alguna de las fechas que se mencionan en este contrato, le serán transferidos todos los derechos y de común acuerdo entre Diestro y Empresa, en el plazo que estipula éste contrato. Y es que el recio carácter del regio podía en cualquier momento dar lugar a algún altercado grave que obligara a la suspensión de derechos del matador por su gremio profesional o incluso por orden jurídica, por lo que la Cláusula NOVENA, contempla: En el caso de que el Diestro Lorenzo Garza sufra alguna suspensión oficial que le impida el cumplimiento parcial de éste contrato, la Empresa está de acuerdo en hacerlo efectivo en su totalidad.

Así se las gastaba el señorón de Monterrey. Su contrata abarcaba varias fechas, estas se especifican claramente en el documento de contrato, incluso se deja claro que la presentación del Diestro en la temporada sería en la cuarta corrida y se señalan las fechas posteriores; y hasta cuales serían sus alternantes, en este caso se menciona a los hispanos: Domingo Ortega, Manuel Rodríguez «Manolete» y de los mexicanos; Fermín Espinosa «Armillita», Silverio Pérez, y la Alternativa de Félix Briones, dejando a la empresa en libertad de poner al tercer alternante. La paga pactada para el torero regio fue de $ 100 000 pesos de aquellos a tipo de cambio de $ 4.65 por un dólar por cada una de las cinco corridas contratadas y la cantidad de $ 125 000 pesos en caso de que la empresa decida montar un mano-a-mano, quedando en libertad de organizarlas como le conveniere. Aquí hacemos un alto en la lectura del documento, para señalar la importante diferencia del poder adquisitivo de la moneda en 1946. Y que actualmente en estos sufridos días de crisis económica, los toreros y sus apoderados a veces tienen que organizar verdaderas pesquisas para localizar a la empresa o empresario, — corretearlos — es la palabra, para cobrar su sueldo que muchas veces es pagado con cheques que suelen como pelota de hule «rebotar» y acaban siendo cobrados en dos tres o mas cómodos pagos. Al enorme Lorenzo especifica el contrato que el pago sería en efectivo y a su «entera satisfacción» ¡24 horas antes de la actuación! Y queda escrito claro, muy claro que ninguna de las corridas podría ser con fines benéficos. Por último, en caso de problemas que pudieran surgir el documento contrato puede ser elevado a nivel de escritura pública.

Para terminar con el tema, debemos hablar del otro tipo de contratos que existe muy en uso en el medio y que está desde el inicio mismo de la actividad contractual: se trata del contrato hablado, el no escrito, el que es sellado «firmado» con un fuerte apretón de manos, de caballeros, de hombres de palabra; «un apretón de manos – – dice Pepe Dominguín en «Mi Gente» — sella la negociación que invariablemente se cumple. Los hombres tienen palabra y honor, que vale más que las letras menudas de las múltiples cláusulas que habrán de ser cumplidas». Eso de que invariablemente se cumple, es un decir, lo cierto es que muchas veces el apretón de manos se convierte en un cumplimiento en una sola dirección, lo cumple y cumple de la parte convenida quien lleva el interés y las ganancias a su favor y la parte contraria, se queda con eso…un fuerte apretón de manos.

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Junio de 1973, día 3. Barcelona.

Paco Camino parte plaza al lado de Luís Miguel Dominguín y Palomo Linares. En la cuadrilla de Camino va su hermano menor, banderillero y peón de confianza, a quien Paco ha ayudado siempre desde pequeño y se ha expresado de él: – – «Jamás vi mozo más plantado ante los toros». «Joaquín – – relata Loret De Mola – – quiso ser torero pero el peso de la figura de su hermano le dificulta realizar su sueño; entonces Paco le recibe en su cuadrilla, y ésta tarde en Barcelona marchan juntos, como tantas veces. El segundo de Atanasio Fernández pesa 544 kilos y demuestra asperazas muy extrañas en los astados de su procedencia».

Paco quiere sujetarlo con la capa pero el burel desarrolla genio y el matador se limita a bregar con limpieza. Se retira al burladero para ver transcurrir el segundo tercio. – – Venga Joaquín. Tranquilo, que el bicho es peligroso. A lo que el hermano responde: – No pasa ná Paco. Es lo de todos los días.

Joaquín va al toro despreocupadamente; el burel se arranca y clava los pitones en las carnes del banderillero, infiriéndole dos mortales cornadas; una penetra el tórax y le desgarra el pulmón; la otra penetra por el muslo izquierdo y le destroza el abdomen. Paco a cuerpo limpio le quita el toro a su hermano. Su rostro se horroriza, pero conserva la serenidad suficiente para conducir el herido a la enfermería. Transcurren unos minutos. Paco sale cabizbajo y toma la muleta; castiga al toro con pases enérgicos. Torea por bajo con furia mientras su faz muestra la palidez de una gran amargura. Media estocada precede a una entera que termina con la existencia del astado asesino. Joaquín agoniza y Paco corre a su lado mientras el resto de la cuadrilla recorre el redondel agradeciendo la ovación.

Alguien le pregunta un día – – ¿Qué te han quitado los toros, Paco?

– – ¡Allá en Barcelona, una vez, uno me quito un hermano…!

LOS CONTRATOS DE LOS TOREROS

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Buscando en las Tauromaquias de los clásicos nos encontramos que prácticamente, este tema no ha sido abordado y le consideramos de cierta relevancia principalmente en cuanto a las cantidades o sueldos que han llegado a cobrar algunas figuras de las llamadas «mandones», cantidades cuya importancia radica en lo desproporcionadamente altas en relación a los sueldos o salarios que percibían otros toreros, artistas y famosos contemporáneos. Y no solamente eso, sino algunas exigencias o canogias que los contratantes o empresas se veían obligadas a aceptar, así como la forma en que estos se especifican en los textos de los contratos, más adelante presentamos alguno que otro ejemplo, pero vamos por partes. Como antecedentes mencionamos que los primeros toreanderos, matadores de a pie que actuaron como profesionales: y aquí vale decir que profesional del toreo es aquel que conoce un oficio que le permite, junto con su valor, afrontar las enormes dificultades de enfrentar a un animal que ha sido creado – concebido – para morir, peleando en una plaza de toros.

Básicamente se señalan en el texto del documento contractual: lugar, fecha y hora de la actuación, en cuanto a lugar no solamente se menciona la población, sino la plaza. El espada queda comprometido a presentarse puntualmente al coso y a matar el número de toros acordado, según sea cartel de tres espadas; mano a mano o alguna otra variante. Se especifica claramente si el mismo espada cubre los gastos de su traslado, hospedaje, los emolumentos de su cuadrilla, mozo de estoques y ayuda. La variante ocurre cuando la empresa contratante se hace cargo de estos gastos, incluidos los de las cuadrilla, por así convenir a sus intereses o por su estructura empresarial, pero quedado claramente anotada la cantidad que corresponde al pago de honorarios del espada y sobre todo si estos emolumentos son libres de impuestos ¿Ó, no? Queda además definido el nombre de la ganadería de los toros a lidiar y el de los alternantes. Algunos contratos corresponden a actuaciones en ferias o temporadas formales y en ellos se señala el número de corridas que el contratado matará en la dicha feria o temporada, así como el origen de los toros y compañeros de cartel, quedando en algunos casos pendiente alguna fecha determinada, pero se entiende que dentro del ciclo anunciado. Y en otros casos dependiendo de la categoría de la «figura» se anota claramente si «abre» temporada o la fecha en que se presentará en dicho serial o feria. Así ocurre frecuentemente con los «mandones» de la fiesta, siendo ellos o sus representantes quienes señalan – exigen – determinadas ganaderías así como aceptar o rechazar el alternar con ciertos coletas.

En cuanto a las percepciones económicas de los toreros, el celebérrimo Monstruo de Córdoba Manuel Rodríguez en los tiempos de sus apoteóticas presentaciones; vino a México contratado por la cantidad de cien mil pesos por corrida, cuando la paridad cambiaria, del peso era de 4 pesos y 85 centavos contra un dólar; y «El Ave de las tempestades» Lorenzo Garza, llegó a firmar alguna actuación por 125 mil pesos ¡de aquellos! Lo que equivale a cerca de 26 mil dolares y como usted bien comprende, 26 mil de los verdes de aquellos, alcanzaban para mucho más cosas que los de ahora. Dato curioso y concluyente si consideramos que las figuras actuales llegan a percibir cantidades menores, salvo algunos cuantos: 65 años después viene a México, el más Hermoso de los rejoneadores cobrando 35 mil dolares por actuación, esto incluye movimiento y traslado de la cuadra desde España y su logística para desplazarse por las diversas plazas del país.

Otro dato curioso y de gran valor histórico, documental es el que comentamos a continuación en relación a una aplastante figura del inicios del siglo XX, su nombre va incluido en el texto de los detalles del contrato en comento: «Será satisfecha a Antonio Montes la cantidad de dos mil doscientos pesos como honorarios por su trabajo y el de su cuadrilla compuesta por tres picadores y cuatro banderilleros y un sobresaliente siendo los gastos por cuenta del matador». La contrata tiene las rubricas del empresario R. Campusano y del matador contratado Antonio Montes y la corrida fue para matar cuatro toros y se celebró el 6 de enero de 1904 en la plaza de Morelia. Esta cantidad resulta verdaderamente exorbitante si consideramos que algunos años antes en el 62 del mil ochocientos, y con motivo de la recién ganada batalla de Puebla contra los franceses, el gobierno de Puebla a través del regidor Labat organizó un festejo con la lidia de cinco toros en la plaza del Paseo Nuevo a beneficio de los hospitales llamados de «sangre» del Benemérito Ejercito de Oriente, dejando el festejo con plaza llena una utilidad neta de 2 180 pesos con 71 centavos cantidad muy similar a lo que cobraría Montes él sólo con sus cuadrillas por matar una corrida. Los toros de Atenco que se mataron en la corrida benéfica costaron 250 pesos, los cinco, y el Dr. Elizalurriti cobró por sus servicios de medico de plaza cinco pesos. Aplicando las correspondientes reglas de tres la cantidad cobrada por el torero equivaldría a alrededor de seiscientos cincuenta miles pesos de los actuales.

En el próximo Post, hablaremos de algo muy usual en este negocio de contratar toreros y que desde los primeros tiempos de la formalización de esto permanece como una tradición, de alguna manera regulada por lo que se llama «usos y costumbres» y que es el contrato oral o verbal y que entre la gente del toro se signa con «fuere apretón de manos», pero cosa que aunque persiste funcionando en nuestros días a dado lugar a trascendentes «incumplimientos» de la llamada palabra de honor o sagrada.

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¡Que par…de nalgas!

El relato aparece en las memorias de Pepe Dominguín se remonta a los años cincuenta del siglo recién concluido y hace alusión a la simpatía e ingenio de los «gritones» del tendido de sol. El mismo día domingo en el llamado embudo de Insurgentes los famosos gritones ya habían festejando un brindis de Jorge «EL Ranchero» Aguilar al genial compositor Agustín Lara que ocupaba su «barrera de sol, aquella que no cambiaba por un trono para ver torear a Silverio«. A lado suyo, su inseparable María Félix, y al volver a tomar asiento el músico y poeta, después de recibir el brindis y aprovechando el silencio que se hizo, después de la dedicatoria, se escuchó el grito del tendido alto: – ¡Maria, cuando nos regalas otro de tu ganadería! Momentos más tarde en el tercio de banderillas, toro que correspondía a Domingo Dominguin, traía éste en su cuadrilla a un simpático y bien querido sujeto de muy prominentes y abultados glúteos, mismos que con el ajustado traje de luces lucían en todo su esplendor. De apellido Cadenas era este peón de brega y banderillero, e iba saliendo de terminar de poner un muy buen par de banderillas en su turno; par, que el gritón del tendido festejó en tono admirativo: ¡Qué par….Qué Par! Y cuando Cadenas miró hacía el sitio de donde parecía salir la voz, y con un gesto del brazo levantado, queriendo agradecer el elogio, la misma voz clamó: ¡Qué par! ¡Qué par de nalgas…!

 

¡El Apartadero o entorilamiento!

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Terminado el sorteo que religiosamente se celebra cuatro horas antes de cada festejo, se pasa al entorilamiento, verdadera faena de gran atractivo para numerosos grupos de aficionados que suelen, puntual y religiosamente hacer fila; incluso en algunas plazas, se llega a cobrar la entrada; así quienes gustan de ello deben pagar un boleto por presenciar este movimiento de toros bravos en la que el comportamiento de los aficionados debe ser de máxima quietud, y entre toro y toro que van a su toril, se escuchan leves murmullos y comentarios, mientras van entrando a su toril todo mundo respeta silencioso el paso de los toros, observando su trote, si rascan o no la arena, si meten embisten hacia los bajos de las puertas, es decir; ¿Cómo mete la cabeza? ¿Remató?

Esta maniobra, es también conocida como el «Apartadero» y más antigua y tradicionalmente se ha llamando «enchiqueramiento», aunque este término debe caer en desuso, por inapropiado, ya que los toros serán encerrados a esperar que suene el clarín de inicio del festejo y el que anuncie la salida de cada uno de ellos de los toriles, no de los chiqueros. Apartadero, es un término con dos acepciones, pues ya lo habíamos mencionado al hablar de seleccionar en la faena de campo en dehesas ganaderas, al apartar o separar los toros que van a una corrida o se destinan a cambiar de potrero, es pues una maniobra de campo; pero en este caso y ya en la plaza los bureles serán separados de acuerdo a los resultados del sorteo, y entraran a toriles según el orden que indiquen apoderados y, o los peones de confianza, que decidirán en nombre de su matador: ¿Cuál de los dos que les toque en suerte lidiará primero? y ¿Cuál segundo? Ó bien ordenar los lotes de tres en caso de un mano-a-mano; Y de acuerdo también con el orden de actuación. Decidir así el acomodamiento se le llama en la jerga «abrir sus lotes», cosa que el Usía que preside les pide que hagan.

Concluido el apartadero, con cada toro esperando en su toril, con energía y un tanto de solemnidad, las autoridades piden que todo mundo se retire del área de toriles, se cierran las puertas de acceso a estas zona, incluso en la Plaza México una cortina metálica es bajada y se colocan candados, en otros y casi en todas las plazas se instala vigilancia a cargo de policía o seguridad privada, para no permitir el acceso a nadie. Esto es una medida considerada prudente para garantizar la tranquilidad de los toros y sobre todo su seguridad, y más que nada romper, terminar con aquellas absurdas creencias de que los toros son golpeados, costaleados; que les untan vaselina en los ojos para disminuir su visualidad, que les aplican aguarras y otras exageraciones como encajarles alfileres en el escroto y agujas en los testículos, esto suena tan desencajante; que sería un reto para cualquiera intentar estas maniobras ante un toro entorilado, donde su bravura está al máximo por el sólo hecho de privarle de su libertad. Lo cierto es que ya los toros están en sus toriles esperando la hora en que suene el clarín…

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Por aquello de que…¡Los Toros no tienen palabra de honor!

Terminado el sorteo se procede al entorilamiento, tal como se describe en el apartado del texto del apartadero en el Post que precede: para ello, para ver, apreciar el comportamiento en el breve espacio de su paso de corrales rumbo a toriles; apoderados, cuadrillas, peones de brega y de confianza se colocan el lugares estratégicos para observar lo que hacen los toros que les han tocado en el sorteo, ante tal evidencia, cierta ocasión en que toreaba Arturo Gilio en Puebla con él venía con sus poderes el muy bienquiso, siempre recordado y gozador de gran aprecio Marcelo Acosta, por todos conocido como «El Hermano Lobo» por ser barbicárdeno y lo bonachón de su carácter y trato, por lo que viendo este juez que el querido Marcelo no tenía un buen lugar, me hice a un lado, dejándole el sitio para que bien pudiera ver el paso de los toros y su entrada a toriles. A este gesto de cortesía, que acompañaba con el que se hace con la mano señalando un: ¡Pase Usted! el apoderado respondió: «¿Apoco de veras crees en eso?» Refiriéndose a qué lo hagan los toros a su paso será una muestra de lo que harán después en la plaza. Movió la cabeza de un lado a otro y halándome del brazo comenzó a contar la siguiente anécdota: «Toreaba un día Arturo en un pueblo de aquellos rumbos laguneros, por supuesto un mano-a-mano con Jorge Gutiérrez, por lo que sólo llevamos 4 toros. Yo, porque Arturo toreara le hacía de empresa. Pues el primero de Gilio, segundo de la tarde, salió manso perdido, huyendo espantado de los caballos y buscando la puerta por la que había salido para regresar a su casa. No veas la bronca que se armó, una de mentadas… no me quedó otra que hacerle la seña a mi juez para que regresara el manso a corrales. Cosa que hizo gustoso para terminar con la broca, pero sorprendido, pues era el primero que sabía que no había toro de reserva… Arturo También se sorprendió y con señas le decía: ¡Calma….calma! Se corrió el turno saliendo el cuarto, segundo de Arturo en sustitución del primero». La gran duda ¿Qué se le iba a echar como segundo y cierra plaza? Con esa calma franciscana que le caracteriza el Hermano Lobo se dirigió a toriles y ordenó a los torileros que con bolsas de plástico y cestos llenos de arena blanca, cubrieran los lomos y costados del manso que era negro zaino, convirtiéndolo así en cárdeno claro. Fue tanta la arena y de suerte tan blanquecina que le echaron, que lo dejaron casi «ensabanado». Ante tal polvareda se abrió la puerta de toriles para la salida del cuarto, — que era el mismo segundo – ahora de «cierra plaza» y desde luego con el nombre cambiado, saliendo éste como endemoniado, buscando pelea; a los caballos fue estupendo provocando un tumbo y ya en muleta se quería comer ésta. «Arturo le hizo faena de escándalo, matándolo de estoconazo y le cortó las dos orejas….» Marcelo remató el relato, retirándose con un quiebre de cintura, como media belmontina diciendo; «Y tú, todavía crees en eso….!Sí los toros no tienen palabra de honor!».

«EL SORTEO» Parte dos.

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Meten la mano al sombrero del juez los apoderados, o representantes de cada torero en el mismo orden en que alternaran en el ruedo, para sacar cada uno su papelito, mismo que para desdoblarlo, en una maniobra que Avilés describe como hecha con la paciencia de un fabricante de «cerámica japonesa», primero se santiguan, antes de meter la mano; luego ya con el papelito en la diestra se persignan, otros sacan de la cartera alguna imagen y frotando el rostro de la estampita contra el papel hecho bola invocan a la buena suerte, algún otro restriega la pelotita contra un medallón del rostro del Cristo del Gran Poder o la Guadalupana que junto con un manojo de medallas pende del cuello en gruesa cadena. Imagine usted – nos invita el autor que venimos siguiendo en el tema, Aviles – lo que ocurriría si alguno de los apoderados fuese musulmán; en cuclillas, arrodillado, con la bolita entre las manos clamando y orando, con las puntas de los dedos hacia La Meca. Viene ahora la minuciosidad de miniaturista para desdoblar los múltiples pliegues del papelito y cantar los números del lote que les toque en suerte.

Cantados los números, autoridades, cronistas y aficionados de pura cepa harán las anotaciones correspondientes, restando ahora que sean los mismos apoderados o peones de confianza quines señalen cuál es el orden de lidia de los toros que les ha tocado en suerte, es decir, en que orden lidiaran a sus toros.

El reglamento contempla también y señala que en caso de que los apoderados no lleguen a ponerse de acuerdo, será el juez quien indique como se conforman los lotes y también será el juez quien sortee por algún torero cuyo representante no se encuentre puntualmente en el sorteo. El mismo reglamento acepta que en caso deque exista común acuerdo entre los actuantes sobre la distribución de las reses, el sorteo no procederá, aceptándose lo que dicte el común acuerdo, situación está, muy frecuente en las alternativas en que se permite al toricantano escoger el toro de ceremonia y una vez seleccionado éste, se le completa su lote con la sugerencia y participación de los demás y los dos alternantes; padrino y testigo sortean el resto de toros.

Por último, afirmamos que el sorteo, los sorteos deben llevarse a acabo a «puerta abierta», permitiendo el acceso de público, aficionados, prensa e interesados, tal como ocurre con muy buenas entradas en nuestras plazas, Aguascalientes, Morelia, allí en ocasiones el sorteo se ha realizado en el centro del ruedo por el «entradón», Puebla, Tlaxcala. Caso contrario suele ocurrir en La México, que estando anunciado el sorteo a la doce horas, al abrirse las puertas y permitir la entrada de verdadera multitud que acude, al bajar por las rampas hasta el sitio, cerca al patio de cuadrilla ¡Oh sorpresa! Resulta que el sorteo ya se realizó ¡A puerta cerrada!

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¡A propósito de los sorteos!

Para rematar la descripción de los sorteos, un par de interesantes anécdotas que ilustran lo que puede ocurrir en ellos, en relación a que desde siempre se ha aceptado que si los espadas están totalmente de acuerdo el sorteo procederá en tal forma que se acepta el acomodamiento de los lotes de acuerdo a lo que digan los actuantes: Curiosa e ilustrativa nota, al respecto publicó en el año de 1904, el 23 de octubre el periódico El Imparcial en esta gacetilla, la víspera de la corrida que lidiaron en la antigua Plaza México: Francisco Bonal «Bonarillo», Joaquín Hernández «Parrao», quienes alternaron con Arcadio Ramírez «Reverte Mexicano», con toros de Santín: «Bonarillo» y «Parrao», en consideración de que torean por primera vez con «Reverte Mexicano», nos manifiestan que tienen el gusto de que Arcadio elija los dos toros que más le gusten para él (si en ello no tiene inconveniente) antes de que se haga el apartado en los chiqueros, para designar el orden en que han de lidiarse y siempre y cuando la autoridad y el ganadero lo permiten, supuesto que son los que tienen potestad para ello. «Reverte» quien actuaba repitiendo al triunfo de su presentación el domingo anterior, «asegundo» con un nuevo y gran triunfo.

Toreaban Ignacio Sánchez Mejías con Juan Silveti, el primero de la dinastía que hoy, ya va en su cuarta generación; Juan «El Meco», Juan «El Tigre», David «El Rey» y Diego, después de larga discusión sin llegar a un acuerdo al lotear, los apoderados hubieron que llamar a los matadores, y al presentarse estos a la plaza la discusión se acaloró hasta que Juan masticando nerviosamente el puro y tirándose el famoso mechón preguntó a Ignacio: «En resumen, ¿Qué toros quieres tú?» Y después de escuchar sus argumentos sobre la mejor manera de hacer lo lotes y el que mejor le agradaría, que era el de menor tamaño, Juan Dijo: «¡Échenle a éste esos toros para que vaya a gusto y a mí dejan los otros!» ante el asombro de sus allegados. Resultando, como suele ocurrir en estos casos, que el lote del gran Juan resultó mucho mejor que el del Sevilla.

“EL SORTEO”

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PARTE 1

Conmemorando el L aniversario de la Plaza México, en 1996 el periódico «La Jornada» publicó un interesante artículo firmado por Jaime Avilés titulado «Donde rondan los duendes de la muerte», y que inicia con el sub-titulo «El Sombrero del juez» que dice, refiriéndose a las doce del día, la hora del sorteo: «hay un olor a adrenalina caliente que se mezcla con el aroma de los puros y las lociones que impregnan los pañuelos de seda en el gaznate de los participantes. Es el olor de los duendes de la muerte, contra los cuales luchan en esos instantes, en hoteles no muy lejos de ahí, las estampas y las medallas milagrosas que presiden otros silencios al calor de las veladoras, en las habitaciones donde reposan ayunando los toreros».

Se sabe con certeza que fueron primero los ganaderos, aquellos de abolengo y propietarios de celebérrimos apellidos y de las ganaderías madres de todas las dehesas en el campo bravo, eran ellos, quienes «sabiendo» lo que llevaban dentro sus toros asignaban por números los que habían de lidiar tal y tal figura y los que dejaban para los otros alternantes. Otra variante que hasta la fecha se respeta con algunas consideraciones se da cuando se lidian diversas ganaderías, debiendo ir por delante, primera de lidia la ganadería más antigua y cerrando también esta.

Fueron Cúchares y el guipuzcoano Luis Mazzantini, los primeros en oponerse a esta práctica, hasta que en el año de 1923 aparece en los reglamentos la modalidad del «SORTEO», para que en igualdad de circunstancias y dejándolo a la suerte fueran sorteadas las reses a lidiar. Para ello, la tradición señala que para sortear, cuatro horas antes de cada festejo, se formen «Lotes» dos toros en cada lote, y serán tres lotes para corrida de 6 toros 6; o bien dos lotes de tres para los mano-a-mano.

Por los pasillos, troneras y burladeros de los corrales de la plaza han desfilado hablado, opinado, discutido y por último negociado; apoderados, banderilleros y peones de confianza de los espadas anunciados en el cartel, para después de una discusión basada en sus profundos conocimientos sobre el embestir, caminar, actitud y comportamiento de los toros en el ruedo, opinión por demás estéril, pues antes que nada debemos recordar que «los toros no tienen palabra de honor» y más que eso; ni fueron a escuela alguna, y menos son dueños de los genes que rigen su comportamiento frente a capotes, caballos y muletas. Forman así los lotes: el listón 67 alto de agujas va con el 32, cómodo de encornadura; y el 117 de enorme morillo va con el castaño 16, de bajas hechuras; y el alegre y avispado, cárdeno claro, caribello, 111 va con el 54 negro zaino que parece reservón.

Los lotes, de tal manera conformados combinarán el bajo tamaño de un toro, con el otro, alto y de buen corte; el pali-abierto con el corniapretado tratando de compensar las desigualdades que aún en el encierro más parejo existen. Hechos los lotes, será el apoderado del más veterano o primer espada de los alternantes quien escriba en una hojas de papel arroz para tabaco los números de los toros de cada lote; pasándolos al representante o apoderado del tercer espada, el más nuevo, o de más reciente alternativa, que no siempre es el más joven, quien doblará lo papelitos hasta convertirlos en verdaderas pelotitas de papel. El apoderado del segundo espada tiene el derecho de «matar filos» expresión que significa verificar que las bolitas sean similares en su conformación, ninguna más grande que la otra, ni más comprimida o apretada, o con algún pliegue o doblez identificable que permita con maña y truco reconocerle. Ahora, es el momento en que cualquiera de los participantes incluido el ganadero o empresa, podrán tocar las bolitas para transmitirles la buena briba. Curioso, e interesante resulta observar un sorteo en el que esté presente uno de los ganaderos de San Martín don José Chafick pues este, teniendo en su mano izquierda una verdadera baraja de estampas multicolores, algunas plastificadas de santos, vírgenes y sangrantes cristos; con esta baraja abierta en abanico cubrirá las tres bolitas que le son presentadas y poniendo su otra mano debajo de ellas les cobijara, invocando la protección de los santos y madonas de las estampas.

Continua la descripción de Avilés «…don Jesús Dávila el juez se despoja de su sombrero tipo» Stetson», pero de marca» Berg», forrado por la casa» Ruiz» del centro de la ciudad de México, y lo coloca sobre el «Stetson» autentico de diez años y forrados por «Tardan» del juez Shiaffino Por aquellos días, juez de callejón o mejor dicho Inspector de Autoridad, y que según el Reglamento, juntos los dos jueces, deben presidir el sorteo — para impedir que se que se metan los duendes (o que una paloma baje y se robe una bolita) En una estampa que simboliza las bodas del Cielo con la Tierra, ambos jueces mueven los copulantes sombreros al compás para que en esa improvisada tómbola de fieltro la fortuna se bata en duelo con las leyes del cálculo de probabilidades».

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6 AVISOS 6 ó ¡Cuando los Toreros ¡no Funcionan!

Mucho, mucho se comentó lo ocurrido la tarde del domingo, segunda de temporada chica cuando Christian Hernández, victima del pánico súbito, después del primer muletazo de tanteo a su segundo, quinto de la tarde salió en clásica «espantaa» como si al mismo Mefistófeles hubiera visto o lo que es peor como se si enfrentara a un agente de la AFI armado hasta los dientes, corriendo salió y de cabeza se aventó al callejón. Muy al estilo de Luís Procura, quien así de cabeza se clavaba en el callejón.

Los tres tiempos de la actuación del ya retirado Chistían, es cierto que por vez primera se dan en la gran México al mismo tiempo, para el mismo hoy, ex coleta: la «espantaa», el auto-desprenderse la coleta, y los 6 avisos 6. Esto es cierto y establece no un record, que no es palabra taurina, más bien, un acontecer marcado como algo nunca antes visto. Pero estos hechos por separado, si tienen precedentes. Lo de los saltos de cabeza al callejón son de la autoría del «Berrendito de San Juan». Lo de desprenderse la coleta, ocurrió ante la presencia de quien esto escribe en la Plaza de Toros La Concordia de Orizaba Ver., toreaba el colombiano Edgar García llamado «El Dandy» y ante la desesperación, en este caso más que miedo o pánico, pues alternó con Eloy Cavazos en aquellos sus años de gloria en que con fulminantes espadazos cortaba a sus enemigos orejas y rabos. «El Dandy» con más impotencia que otra cosa al sentirse incapaz de emular tamañas hazañas, también al iniciar la faena de muleta de su segundo, se acercó a tablas, y pidió a su mozo de espadas una tijeras con las que, él mismo se cortó el añadido ante la mirada atónita de sus numerosos acompañantes, cuadrilleros, ayudas, y ayudas de las ayudas, quienes evidentemente de acompañarle vivían y en sus encajados rostros se veía la interrogante ante la actitud del desesperado coleta: Y ahora, ¿Qué vamos a hacer? Traducción = Y, ahora, ¿Quién nos va a mantener? Pues una vez desprendido de la borla de matador El Dandy se acercó para únicamente dar los muletazos de aliño y tirarse a matar, supuestamente por última vez en su vida, mientras desde las alturas, junto al palco del Juez la banda comenzó a tocar «Las Golondrinas» a indicación de Usia (Yo). El colombiano, pasado el amargo trago y consultando después con la almohada y el humo del tabaco, decidió volver a vestirse de luces. En cuanto a los dos toros devueltos al corral siendo de un mismo actuante, tocó a este desgastado Juez en Huamantla, corrida de Huamantlada, plaza llena, hasta el toldo, con toros de los que si son toros de Tenexac, corrida anunciada como «despedida», ¡Una de tantas! de Rodolfo Rodríguez «El Pana» quien escuchó los tres avisos de su primero que se fue vivo, devuelto a corrales y en su segundo, sonaron los dos avisos y en un exceso de consideración por parte del juez, se dejaron pasar 7 minutos 7, entre el segundo avisó y el tercero que no llegó, es decir; 5 minutos de excesiva tolerancia ya que debe sonar el tercer a los dos minutos del segundo. Pero se trataba del brujo, vecino de ahí cerca de Apizaco, su supuesta «despedida»; el toro además de amorcillarse «jue alevantado» – diría el mismo Pana – por el puntillero. Por lo que el tercer aviso nunca llegó, pues al fin el cárdeno decidió entregar su vida, que caro vendió. A la salida de la plaza, Usted bien sabe que de «La Taurina» de Huamantla; público, actuantes, músicos, vendedores, todos salen por la misma vía, y por aquello de las concidencias al salir de la plaza, me encontré frente; cara a cara con el matador Rodolfo Rodríguez, quien con esa genialidad del El Pana, ante la evidencia de que se le perdonó el sexto de los avisos, se quedó mirando fijamente a este servidor y moviendo la cabeza de lado a lado me dijo: «Médico, los toreros somos como los toros. A veces funcionan y a veces ¡No funcionamos!»

 

El embarcadero. Parte 2

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PARTE 2

Con toda facilidad podemos calcular que en una plaza de toros del tamaño de la Gran México, en corrida de festín pueden llegar a entrar unas cincuenta mil personas, de esas, no llegan a un centenar las que asisten a la ceremonia protocolaria del sorteo que se efectúa al medio día, poquísimas, una veintena, si acaso, son los privilegiados que asisten a una tienta formal, distinguirle – de las tientas festivas, las de «compromiso» y las pachangueras -. Y al embarque o embarcadero de una corrida, contadas son las personas que asisten, de hecho la asistencia se limita al ganadero, su caporal y administrador; el empresario que compra la corrida o su veedor de toros, y si acaso alguno de los apoderados de los matantes propuestos o ya contratados para lidiar la corrida de embarque y algún amigo cercano del ganadero, el resto del personal lo componen vaqueros y peones encargados de la faena. Resulta que en el embarque el ganadero va a mostrar a sus «clientes»; empresarios y apoderados, lo que verdaderamente tiene en sus dehesas. Me explico; al embarcar una corrida que se encuentra en el campo, potreros o corrales, ahí se va a ver si el ganadero tiene o cuenta con más reses y estas con diferentes características, trapío, edad y por supuesto notas de tienta, por lo que la «clientela» podrá sugerir cambios en el embarque a lo que el ganadero responderá: -¡Ah. No, esos toros son de otra corrida y tienen otro precio! La corrida que pactamos es esta, y ¡Esta, es la que se embarca!

También en ese momento, los toros en su habitat se van a mostrar tal cual son, y en este momento crucial del embarque se ve si los toros embisten codiciosos a los caballos de los vaqueros o huyen tímidamente de ellos, si pasan por las corraletas con la cabeza baja embistiendo con presteza puertas y trancas o si al contrario, en el colmo de la mansedumbre y la sosera, tienen que ser lazados para poder embarcarles y entonces habrán de ir como auténticos bueyes al matadero.

En algunas haciendas ganaderas, – tal es el caso de «Reyes Huerta» y por tanto «Soltepec» y «Jose Ma. Arturo Huerta» – en el embarque, el ganadero suele, al paso de los toros por la estructura del embarcadero aprovechar para pesarles. Junto con el registro del peso se checa el plan de alimentación y sus progresos y con la presencia del veterinario al hacer pasar al toro por el llamado cajón de cura, similar al de la bascula, se vacuna, desparasita y se administran vitaminas. Existen también las haciendas ganaderas de bravo, con instalaciones, pudiéramos decir de lujo o «embarcaderos plus» como son el caso de «Coyotepec» y «Rancho Seco», cuyas instalaciones modernas, funcionales y cómodas facilitan en mucho los embarques, n por ello, descartando de las añejas preferencias, los embarques de antaño y muy a la campirana, donde el peligro y el riesgo inherente al tipo de instalaciones son parte importante del sabor y la emoción.

Por último diremos, que, junto con el término de «Embarcar» reses de lidia se utiliza el de «Apartar», que según nos dice don Álvaro Domecq y Diez en su libro, «El Toro bravo» significa: «Separar dentro del conjunto de toros, vacas o cualquiera de los animales que por edad forman el conjunto de la ganaderías» y no debe confundirse o usar el de «Separar», que es una palabra demasiado incongruente. «Es un trabajo de mucha paciencia,- asevera don Álvaro – al decir que si el que aparta es impaciente, lo que hace es desapartar en ves de apartar. Esta labor campera se hace, como ya dijimos para llevar una corrida a la plaza, para curarlos, o ponerlos juntos por razón de edad, esta faena, – culmina el ilustre ganadero – encierra una técnica, y aún diría un arte digno de considerar.

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Parte tres

Fueron muchos los comentarios a estas líneas, pero justo es decirlo, los reclamos o desacuerdos, manifestados merecen su aclaración: Con respecto a los puros con cierto aroma, que los existen y muy buenos, tal es el caso de los originarios de Coscomatepec – eso, queda en la carretera que une a Jalapa y Córdoba, allá por rumbo de Huatusco, en el estado de Veracruz- ese aroma a vainilla o a chocolate, es natural, intrínseco a la variedad cultivada del tabaco, no es un «sabor» agregado a base de esencias muchas veces artificiales que resultan irritantes y demasiado snob. Fumarse un puro de estos, totalmente hechos a mano y de una textura envidiable con un ligerísimo aroma a esencias naturales en estos casos si resulta un muy agradable placer. Ya que de regiones hablamos y tratando de informar donde comprar buenos puros, sobre todo con las características de manufacturados, buenos, frescos y no muy caros, debemos mencionar todos los de San Andrés Tuxtla, también en Veracruz; marcas de renombre los son todos los «Coronas», los «Te amo», sobresaliendo los «Santa Clara» con la fecha 1830 en el anillo, fecha de la fundación de la casa purera y «El Hoyo de Casa». Del mismo estado mencionaremos la región de Martínez de la Torre; en Orizaba los de marca «Alférez», y en Teziutlán, Puebla, los de marca «Peredo». Ahí mismo en Teziutlán, si le es posible trate de localizar a herederos del señor Aburto, pureros de pura cepa. Pero que por problemas con Hacienda siempre han andado a salto de mata, exportan puros de maquila a espuertas llenas y quizá de manera no muy apegada a lineamientos legales y hacendarios, pero de que sus puros son excelentes, no queda duda, si los encuentra, cómpreles una buena cantidad de puros frescos y bien liados a mano con calidad de exportación.

Preguntando se llega a cualquier purería de estas y la grata experiencia de apreciar desde como se almacena y preservan las hojas de la planta de tabaco, hasta el muy habilidoso arte del torcido de los puros y por supuesto, adquirir algunos cuantos no es difícil, pues estos no son lugares alejados y si fáciles de localizar; pero aquí en Puebla, en la avenida 5 oriente en el 207 a través de poblanísimas rejas de balcón de hierro, podrá usted ver las instalaciones de Casa Legendaria empresa familiar de puros a mano hacer, donde la frescura de los puros a adquirir y el aprecio de todo lo mencionado, se cumplen con garantía. Por último nos resta aclarar las dudas y contestar los reclamos sobre dejar la cintilla, etiqueta o anillo en el puro al fumarle, lo que se llama «Vitola» y por vitola se conoce también a la marca del puro representada por su etiqueta, Con justa razón se nos hace el reclamo de la frase ofensiva que dice, «Anillo al puro, pendejo seguro» y sobre todo que en la entrega anterior, usamos una muy bella foto del inolvidable «Che» Guevara, quien luce guaperrimo fumándose un Cohiba con la vitola en el puro. Bueno hay excepciones notorias, en primer lugar, creo, quedo claro: la enorme demanda de esta marca contra la bajísima producción les hace sumamente escasos y de elevado precio, vamos uno de estos puros de anillo, como divisa; amarillo, blanco y negro, autentico, por supuesto anda costando no menos de $200.00 MXP y recordemos que en las mesas del portal del puerto jarocho, y en todo el mercado inundado de Cohibas falsos, empiezan pidiendo $1300.00 por la caja de madera con cubierta de cristal con veinte puros y si usted se pone «abusado,» -las comillas valen por doble- se los sueltan por cerca de novecientos pesos. Entonces de tratarse de uno legítimo con certeza de denominación de origen, con la leyenda que debe decir: Habana, Cuba, en letra pequeña de tipo manuscrita, en estos casos y tratándose de Fidel y Ernesto que cuando, la foto fue tomada, recién triunfante la revolución, orgullosos presumían de sus habanos auténticos y eran parte integrante ambos, de la imagen del movimiento revolucionario, entonces dejar anillo al puro, es válido. Esto, además debe unirse al concepto que alguien me manifestó, en el sentido de que cuando un puro es de muy buena marca y esto, además está escrito en algún libro del tema, cundo el puro es de obsequio, se vale dejarle la vitola, en homenaje o reconocimiento a quien nos hizo el muy apreciable regalo. Hasta aquí el concepto es válido, pero pregunto: si el puro es finísimo y su vitola una verdadera obra de arte -como las que ilustran este texto- entonces: ¿Vale fumar el puro con anillo y destruir su vitola quemándole? o vale más, cuidadosamente, retirarla y conservarla, cómo lo que es; una pequeña obra de arte. Y al caso de las ilustraciones que acompañan este texto, me remito. De todos modos, por los comentarios, Gracias.