LAS ALTERNATIVAS

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Dicen los Reglamentos Taurinos: «Al adquirir un matador de novillos la categoría de Matador de toros, el más antiguo de los que alternan en la corrida en la que se confiere la nueva categoría le cederá el turno en el primer toro, entregándole la muleta y el estoque como Alternativa». El diccionario de la serie «Los Toros!» define la Alternativa como: «Ceremonia por la cual un espada de cartel autoriza a un matador de novillos para que pueda matar toros alternando con los demás espadas. El acto se reduce a entregar el primero al segundo, durante la lidia, la muleta y el estoque para que ejecute la faena en vez de él».

Fue Manuel Bellón, conocido como «El Africano», que hace su aparición en Sevilla alrededor del año 1760, a quien se da el crédito de haber otorgado la primera alternativa formal a Joaquín Rodríguez «Costillares» el 22 de abril del año de 1760 en la plaza de Sevilla, aunque también debemos aceptar que no existe ningún documento o escrito que permita concretar cuando se estableció la solemnidad de la Alternativa. Sánchez de Neiva, en su Diccionario Tauromaco, afirma que los lidiadores que la tomaran, ya como formato de un ceremonial fueron los primeros del siglo XIX, siendo el primero de ellos Antonio de los Santos en 1801.

Lo cierto, y es muy importante mencionar, que: ¡Hay de Alternativas a alternativas! Y cabe preguntar, ¿Qué es lo que viene después de la toma de alternativa? Para aquellos que llegan a tomarla como se dice; «con mucho ruido» por venir presidida de grandes triunfos, ésta ceremonia marca el inicio de una gran carrera, que puede llegar hasta a ser histórica. ¿Y los demás? Debemos tomar en cuenta que la Asociación Nacional de Matadores de Toros, Novillos, y Similares, — aquí cabe preguntar: ¿Cuáles son los similares? — tiene un registro de cerca de tres centenares de coletudos, de los qué realmente se encuentran en activo, es decir toreado, no más de una veintena, y de ellos no llegan a cinco los que hacen base de carteles. Repetimos la pregunta: ¿Y, los demás? Al recibir la tal alternativa, ¿Queda ahí la cosa? Pues generalmente sí, Ahí queda la cosa, es decir; el recién alternativado, ahí queda, sin volver a alternar, vamos, sin volver a vestir de luces. Por cierto señalamos también que es tradición que el torero «toricantano», así se le llama, en semejanza a la ordenación sacerdotal donde el ordenado sacerdote «canta» su primera misa, el que ingresa al gremio de matadores vista de blanco y oro o blanco y plata, llamándose a esto vestir de Primera Comunión. Según se sabe la ya mencionada agrupación de matadores exige, (debiera exigir) al sustentante un mínimo de diez carteles en los que aparezca su nombre como actuante en plazas de las consideradas de Primera Clase, estas actuaciones deben de ser en el último año, no calendario, sino, entiéndase de fecha a fecha. Y además un mínimo de cuarenta carteles en plazas que sean de segunda o tercera. El segundo de estos requisitos, prácticamente cualquiera que ande en la guerra lo cumple, el primero es harto difícil. Pero, ¿Quién cuida actualmente que esto se cumpla? Pues al parecer, naiden. Lo cierto es que se dan muchas alternativas prácticamente intrancendentes, es decir: que después de la ceremonia no va a pasar nada, nada más que el alternativazo, cuelgue la fotografía de la ceremonia en la sala de su casa y sirva ésta para presumirla y traer siempre a colación, a recuerdo, aquella tarde en que Cuernacio Malatarde recibió la alternativa en la plaza aquella.

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¡El Desplante!

Breve nota explicativa:

El Desplante, cómo acto que se realiza frente al toro, no es un lance, ni una suerte o pase, más bien es la expresión, el resultado de una actitud, que se efectúa, generalmente al salir o término de una serie de muletazos. Dice el tauro diccionario que es: «Acto del torero lleno de arrogancia al toro o de descaro o desabrimineto al público», cosa que también puede serlo. Y en este breve espacio le utilizamos como expresión para un comentario sobre alguno de los aconteceres taurinos recientes.

Más que un desplante, se trata de un verdadero cumplimiento, se cumplió con una serie de añejas y antiguas tradiciones, comenzando con la presencia, muy grata, bien vista y bienvenida de S. M El Rey Juan Carlos en la plaza de Las ventas de Madrid el miércoles 25 de mayo, corrida, también, tradicionalmente dedicada, desde hace muchos años y todo un acontecimiento a la Prensa. En el cartel, la primer figura en este caso francesa y mundial Sebastian Castella, alternando con Miguel Ángel Perera y confirmando ante el primero y con el testimonio del segundo la alternativa del joven aguascalestence Joselito Adame, quien por presentarse a confirmar, lidió al primero de tan importante tarde correspondiendo a él por tanto el gran honor de brindar su toro, precisamente a su majestad El Rey, al hacerlo, sus palabras fueron más o menos:» Va por Usted con todo el cariño y amistad del pueblo de México» y de ahí la pregunta. ¿La real presencia se debió a una deferencia especial por un torero mexicano confirmando en la Ventas? Ó se trata de una singular coincidencia, cosa que ocurrió así, pues el detectante de la Monarquía española suele acudir y sancionar con su presencia tan importante evento, tocando en suerte, este año a un joven torero mexicano con gran cúmulo de triunfos en Europa, presentarse ahí y ante tal celebridad confirmar su alternativa de Matador de Toros.

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¡Dejó de píe al Rey!

La anécdota que recordamos hoy, va en relación con los dos temas anteriores; el de nuestra «Tauromaquia» y el del Post «El Desplante» y se refiere a la tradición, el protocolo no escrito, pero de estricto cumplimiento, de brindar el primero de sus toros, el primer espada a S.M. El Rey de España cuando éste hace acto de presencia en la plaza, generalmente la de Las Ventas en la capital española y hecho que ocurre en la corrida llamada de «La Prensa», misma a la que el rey en turno o mejor dicho, ocupante del trono suele acudir. Lo anecdotario es que en la corrida del año pasado 2010 siendo el primer espada José Tomás quien se presentaba en Madrid en medio de una grande expectación, al momento de preparase para iniciar la faena de su primero, tomó los trastos toricídas y después de solicitar la venia de la Presidencia se dirigió con gran parsimonia, caminando, al tercio, la grande e importante concurrencia pensó de inmediato que iría a cumplimentar el protocolo de brindar al Rey y después de pasar por debajo del palco de S.M., incluso éste se puso de píe para recibir el esperado brindis. El otro miembro de la realeza; El Príncipe de Galapagar se siguió rumbo al tercio, saludando la presencia y puesta de píe del Rey con una simple sonrisa, para brindar ese, su primer toro a toda la concurrencia, entre el aplauso y el beneplácito que incluyó una franca sonrisa del Rey. Y brindó a todos, – comentamos nosotros –, de seguro, porque no estaban presentes en el callejón sus cuates: Joaquín Sabina y Juan Manuel Serrat, porque de haber estado ahí hubiese sido el brindis para ellos, aunque el mismo José Tomás ha afirmando que no suele brindar y no gusta hacerlo, dice: Al verdadero instante, momento de cuadrar la espada para tirarme a matar prefiero levantar la vista y dirigirla a quien estoy pensando en mi brindis y con una simple sonrisa señalar un ¡»Va por ti, de corazón»!.

¡Y, DALE CON EL REGLAMENTO!

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Si aceptamos la metáfora de que algunas plazas de toros son las cantinas más grandes de cada ciudad, el callejón viene equivaliendo a la «Barra» o como hoy se le dice la «zona VIP» de cada una de estas gigantescas y hasta monumentales cantinas. Y aquí también las bebidas circulan a diestra y siniestra, hábil y eficazmente servidas por «bar-man´s» de callejón, puestos para la atención de ganaderos, empresa, amigos de la empresa y gente del toro, siendo eso, lo de menos, lo qué engrosa la cantidad de invitados son los agregados y colados, cuates de los antes mencionados. Y Preguntamos quién le va a decir a cualquiera de estos prepotentes personajes que no puede chupar en el callejón. Y dirán Ustedes; – «Para eso están las autoridades», pero entonces, en estos tiempos, resulta más fácil que la autoridad que se atreva a hacerlo, pierda el puesto saliendo hasta regañado con el argumento de:- «¿Pues que no sabes de quién se trata?».

 Pero, pasemos a comentar el ambientazo que se arma en el callejón, en ocasiones, llega ha ser de ***** y sólo falta que entre toro y toro se cuente con entretiment con tubo y todo faltando desde luego la «hostess» vestidas de flamenco que le reciban en la puerta del callejón y le conduzcan a su burladero. Por todo lo anterior aquí escrito y expuesto, podemos concluir, que esto del cumplimiento del Reglamento de manera estricta, se ha convertido en el juego «del gato y el ratón». Mejor en vez de reformas y modificaciones, vamos adecuándolo con criterio y acostumbrándonos a su respeto y cumplimiento, cosa que sólo se logrará cuando cada empresa comprenda que resulta mejor agasajar y atender a sus invitados en el tendido y dejar el callejón para actuantes y sus asistencias, es decir, para la gente que ya llega «de luces» a la plaza y no aquellos que llegan a «alumbrarse».

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¡El Desplante!

Breve nota explicativa:

El Desplante, cómo acto que se realiza frente al toro, no es un lance, ni una suerte o pase, más bien es la expresión, el resultado de una actitud, que se efectúa, generalmente al salir o término de una serie de muletazos. Dice el tauro diccionario que es: «Acto del torero lleno de arrogancia al toro o de descaro o desabrimineto al público», cosa que también puede serlo. Y en este breve espacio le utilizamos como expresión para un comentario sobre alguno de los aconteceres taurinos recientes.

No, no era un desplante, era una actitud llena, manifiesta de orgullo; la cabeza en alto, la mirada firme segura, con el capote de paseo a la espalda y la montera en la derecha, así con verdadero orgullo, Arturo Saldivar partió plaza de salida al término de la corrida del mero día de feria en Madrid, Plaza de las Ventas, el día del Santo Patrono de la ciudad, mientras sus alternantes; padrino de confirmación de alternativa, José Antonio Morante de la Puebla y Alejandro Talavante, testigo de la ceremonia se retiraban siendo abucheados; si bien los de Nuñez del Cuvillo dejaron mucho que desear; los diestros, Morante no anduvo de vena y Talavante derrochando valor y clase ante un lote que no le funcionó. Antes, al momento de partir plaza y desde horas antes, en las ventanillas de las taquillas lució el letrero de: «No Hay Billetes».

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¡La última y nos vamos!

Yo creo que la anécdota que va a continuación será la ultima de Rodolfo Rodríguez quien ha sido conocido como «El Pana» y que toda su vida sido un anecdotario. En la penúltima de su actuaciones – a la fecha – se trasladó para participar por primera vez en su existir, nunca antes se había siquiera visto anunciado en la Feria de todas la Ferias, la de Aguascalientes y ante ello, careciendo de cualquier otro recurso desatendiendo las indicaciones médicas en el sentido de que no debía de actuar por estar convaleciente de una intervención quirúrgica mayor, desoyendo la recomendación de su apoderado, se auto-colocó una faja de cuero, de las que se atan con agujetas y que usan los estibadores y levantadores de pesas. Se subió a un auto bus foráneo, léase «camión de pasajeros» y llegó a Aguas para estar ahí dos días antes de su presentación en la feria.

Esto recuerda el episodio aquel, en que teniendo el Pana que trasladarse hasta Tijuana, donde toreaba el domingo se presentó desde el jueves anterior ya por la noche a la Agencia automotriz Ford, de Apizaco, cuando está por la hora ya había cerrado sus puertas, y convenció con mucha labia y metiéndolo bien en la muleta al encargado-velador de la agencia, de que había hablado con su patrón quien autorizó que sacara un carro, camioneta de cabina para darle una probada; «Una vueltecita» dijo el matador y si le convencía la unidad, se quedaría con ella; dejando en prenda su bicicleta, sacó la camioneta y se la llevó a dar una vueltecita…. Hasta Tijuana, regresando dos días después de la corrida y argumentando que no le convenía la compra, la entregó recogiendo su bici. Esto es verdad tal cual lo contamos.

¡Reglamento, alcohol, toros y fiesta!

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Escribir sobre la posible reglamentación de la venta y consumo de alcohol en una Plaza de Toros, puede sonar a absurdo. Y uno peca de inocente al tratar la temática de intentar de regular esto, cuando la realidad es otra y a dos pruebas me remito: En cierta ocasión hablando del tema y tratando de calcular la cantidad de cervezas que se venden en el interior de la plaza le decía a un amigo; ¿Cuantas cervezas crees que se tome cada persona? Y yo mismo contesté mi interrogante: – «Yo creo que cada uno, en el tendido se toma de dos a tres cervezas». A lo que mi interlocutor contestó muy enfático: – «Estas mal. Sí yo me tomo a cerveza por toro, o sea seis, y mi vieja se toma 7 u 8 por corrida». La otra realidad es que en la plaza, en los tendidos, ya hay no solamente cubeteros, sino además auténticos meseros de camisa blanca, chaleco negro y mandil que igual le sirven una Cuba, un Wiskie, un Desarmador, Blody Mary o un coktail Margarita. Así que tratar de arreglar esto es imposible. Resulta que los más involucrados en poner respeto son los representantes del orden público, los policías uniformados, pero estos elementos al llegar a la plaza se reportan de inmediato con…¡La empresa! Y son utilizados para resguardar la taquilla, en primer lugar, y luego en cuidar que por las puertas de acceso no se introduzca ningún pomo o recipientes con bebidas embriagantes. Y al momento que estallan las broncas en los tendidos; se han visto verdaderas batallas campales con arrojamiento y madrizas con botellas y pomos; pues los «polis», son los primeros en huir y ponerse a salvo, trepan a sus patrullas y a correr se ha dicho, aunque ellos dicen que van ¡Por instrucciones! Y si del combate la reventa se trata, el negocio es mejor, pues lo que hacen es d levantar a los revendedores, muy fácilmente identificables, aplicarles el «sube y baja» que consiste en subirlos a bajarles la lana, para dejarles libres con la condición de que continúen sus actividades, pero, en otra esquina.

 

Curiosamente la reglamentación taurina dice a la letra: «En los tendidos de la plaza queda prohibida la introducción y venta de debidas alcohólicas. Etc.», situación por demás absurda, pues sabido es que El Relicario es la cantina más grande de Puebla y sus alrededores. No, de ninguna manera nos espantamos de ello, ni es mojigatería nuestro señalamiento. Es simplemente, que el Reglamento actual, prohíbe la venta y consumo de bebidas alcohólicas, permitiendo sólo la cerveza, por ello pedimos abertura con criterio, ya que la experiencia dicta que las prohibiciones aumentan la venta y consumo de alcohol, bebida que en cantidades industriales es introducida a los tendidos del Relicario por diversas maneras, a cual más ingeniosas por el público, gran parte «neo-aficionados», acertadamente descritos como «prófugos de antros» y que se burlan y chacotean de los «security corps» contratados por la empresa además de los «polis» uniformados; estos guaruras, bípedos implumes uniformados de manera «casual» es decir; «informal», o sea que no tiene forma, a espaldas de sus patrones permiten la entrada, el ingreso de colada de aficionados que prefieren cómodamente pasar o untar la mano del guardián con un billete de a veinte, que pagar su boleto, además de que con el pago de esta cuota adquirir el derecho a poder introducir un pomo, que puede ser desde «Torres», «Solera» o hasta «Parras». Dependiendo de cada presupuesto. Amén de que el personal cubetero despacha y ofrece a discreción: «Cubas…campechanadas»…»Güisqui, mi jefe, o lo que guste mandar».

Y a propósito de esta venta desordenada e indiscriminada, ¿Quién va a poner orden entre cubeteros y alcohol despachadores? Que se pasan el reglamento por ahí, por donde les conté, realizando la vendimia a la hora que se les ocurre, sin respetar los tiempos de la lidia y sin tampoco respetar rodillas, muslos y otras partes anatómicas de aficionados y aficionadas que ya de suyo se encentran incomodamente instalados en el graderío semi- improvisado del Relicario. Esta es una problemática seria y avocarse a su solución no es cosa fácil, su re-organización o re-ingeniería como se dice ahora es tema para másd una cuartilla, por el momento, vale subrayar, que debe exigirse y garantizar el más elemental respeto al individuo que, vestido de luces -.- sea figura o no lo sea – esta jugándose la vida frente a un astado.

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¡El Desplante!

Breve nota explicativa:

El Desplante, cómo acto que se realiza frente al toro, no es un lance, ni una suerte o pase, más bien es la expresión, el resultado de una actitud, que se efectúa, generalmente al salir o término de una serie de muletazos. Dice el tauro diccionario que es: «Acto del torero lleno de arrogancia al toro o de descaro o desabrimineto al público», cosa que también puede serlo. Y en este breve espacio le utilizamos como expresión para un comentario sobre alguno de los aconteceres taurinos recientes.

De verdaderamente criminal y anti-taurina debe calificarse la actitud de quienes desde el callejón, tratando absurdamente de proteger a su torero, en este caso Torera, mandar matar, asesinar, prácticamente destazar o descuartizar al toro en manos de criminales asesinos a sueldo, que en eso convierten a los picadores. Y todo para «pararle» los toros, volverlos inofensivos y proteger su físico. No cabe duda que si ya «desdenanates» la malagueña se caracterizaba por mandar los toros, lejos, muy lejos al salir del muletazo, para quitarse de ellos y ahora a ese muletazo que los manda lejos agrega la estrategia de partirles la madre desde el caballo, para quedar protegida en extremo. Pero lo más grave, lo más comprometedor lo que más afecta a la fiesta, es la imagen, el mensaje que se transmite a los «ecolocos» los ecologistas enemigos acérrimos de la fiesta a quienes se les dan armas — con estas actitudes – para seguir con su loco hostigamiento en contra de la fiesta. ¡NO fastidies Mary Paz!

¡Sí se salvó el huevo del Cejas!

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El prendimiento fue dramático, las fotografías, al otro día aparecieron en toda la prensa especializada, sobre todo la serie muy oportuna obtenida por Tadeo Alcina. Por el Face y Twitter las féminas aficionadas empezaron a mostrar su preocupación, y más las que estaban en la plaza, sus comentarios no bajaron de ser preocupantes, quienes estaban más cerca y pudieron apreciar el testículo de Arturo Macias en franco y claro «fuera de lugar» de inmediato iniciaron los cuestionamientos sobre si se salvaría el huevo de Arturo, por lo que tan pronto hubo posibilidad, después de la operación les conteste:¡Sí, se salvó el huevo de Arturo! Dentro del dramatismo al llegar al Hospital Betania, el matador no dejaba de relatar a todo mundo que después de que tratando de salvarse de nueva cornada se rodó sobre sí mismo, y fue entonces que se dio cuenta que su testículo estaba sobre la arena y por supuesto, fuera de su lugar, al levantarle; ayudas, monosabios y para-médicos, la escena se volvió más preocupante, pues ellos, las asistencias al trasladarle a la enfermería hacían esfuerzos por hacerlo bien, le tomaban de los brazos y le jalaban queriéndolo llevar en buena posición y El Cejas, gritaba; ¡Mi Huevo, mi huevo!, llevándolo en la mano; cuando alguien le jalaba el brazo para corregir la posición de traslado, mientras él, apretando y defendiendo, más por instinto, clamaba: ¡Mi huevo! Ya en la sala de urgencias, una vez estabilizado el paciente y mientras se revelaban las placas radiográficas; el matador discutía y relataba al Matador Héctor de Granada, su apoderado, que durante el rápido traslado por el callejón, una vez que le reconoció, así, con más confianza le decía: «Mi huevo, detén mi huevo» y éste, primero por instinto de ayuda dirigió la mano asía ahí, y luego también por instinto retiró de inmediato la mano, al tiempo que Arturo le gritaba; «Agarra mi huevo».

Ya después de la operación se exacerbó la discusión, sobre si entre las obligaciones del apoderado está la de sostener el o los huevos del poderdante, en caso de que sea requerido; Arturo insistía que sí y el matador De Granada que no. Hablando en serio, el asunto era serio, apoderado, ayudas y cuadrilla preguntaban en la sala de espera anexa al Quirófano, por el pronostico, ¿Que sería del testículo? Ya que estuvo muy expuesto, incluso Arturo rodó sobre de él más de tres veces, lo revolcó en la arena, se llenó de tierra, los jaloneos, el trauma de la cornada y el aseo quirúrgico intenso al que tuvo que ser sometido. Por cierto, es justo mencionar que los únicos, gente del toro quien se hizo presente esa noche en el Hospital fueron el líder de los matantes Antonio Urrutia, acompañado del también coletudo, Fernando Flores, el cronista, torero, piloto-aviador y deportista Luis Niño de Rivera y Octavío García «El Payo», quien después de ducharse y cambiar el terno de seda y oro por mezclilla y algodón llegó al Betania y ahí permaneció hasta las 3 a.m., hora en que se declaró todo controlado y el huevo salvado. Como corolario, tres días después, el domingo, al ser dado de Alta, al dejar el hospital, El Cejas insistente, pedía, exigía, que lo llevara «comer una barbacoa». Ante la negativa de un servidor, argumentando razones del cuidado de su salud. El insistía: «Si no me llevas, yo voy a comer barbacoa a orilla de carretera», – «Esas son de perro y te va a hacer daño» – le dije y él respondió, concluyente: – ¡ Mejor!, ¡Así voy a llegar ladrando como un perro a Aguascalientes! – Refiriéndose a la feria, claro. Conclusión; terminamos en la 23 y 23 con Toño comiendo una deliciosa barbacoa tipo gourmet precedida en el primer tercio por ¡Un consomé también, para gourmets!

¡REGLAMENTANDO EL REGLAMENTO Parte II !

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Continuando con el propósito de tratar de reglamentar el reglamento que bueno sería, que de verdad se implantase el muchas veces deseado y buscado pero nuca logrado «monopuyazo», se trata de que al momento del encuentro del burel con el picador, si éste, al «marrar» o fallar, trata de «re-fastidiar», perdón, de rectificar o bien si el puyasito resulta pellejero por falta de enjundia y no otra cosa del montado NO podrá corregirse o convertirse el encuentro en multi-pica cómo actualmente ocurre. Así, de cada encuentro, resultará un puyazo o «mono- puyazo». El juez centrará su atención en que esto ocurra y hará sonar parches y metales anunciando el cambio, a solicitud del espada en turno una vez «sentido» el toro.

A continuación procederá el o los quites. Si se llega a realizar algún quite…siendo el «quite» una suerte harto añeja que aparece descrita en algunos tratados antiguos de tauromaquia, y que algunos aficionados, los más ancianos ahora fallecidos recordaban haber visto ejecutar allá por la primera mitad de este siglo en el viejo Toreo de Puebla, y que se daba cuando lo toros de verdad empujaban recibiendo dos, tres y más puyazos. Consistía esa suerte en que, una vez picado el toro; el espada, con arrojo y valentía – facultades que también tienden a desaparecer – , se acercaba «a quitar» al toro de su pelea con el caballo. Hoy las figuras, y aspirantes a ello, se limitan parsimoniosamente con actitud permisible y complaciente a observar cómo el otro «matador»; el de «a caballo», merma y acaba con las facultades peleativas del toro, que ya antes fue estrellado contra la muralla del peto, ya que loa picadores salen ahora con sus caballos convertidos en verdaderos acorazados. Y, en el caso de los novilleros, estos permanecen impávidos, expectantes, mientras sus llevanderos, llevadores, o «traidores» – del verbo «traer», es decir, él que los traé; no de traición -, asesores o padrinos desde el callejón gritan tauricidas instrucciones, tales, como: «Pegale duro», «Tapale la salida», «Pártele la madre», «Pegale pá que sangre». Instrucciones éstas captadas y ejecutadas por respuesta de alguna de las dos neuronas que los picadores, los de a upa, llegan a tener. Y volviendo a los quites, alguien ha propuesto que se establezca una multa contra aquellos toreros, que en su turno de quite, intentan iniciarlo o lo hacen con las sobadas y sobaqueras chicuelinas. Esto con la finalidad de despertar en ellos y estimular la creatividad y dejen lo tan visto y choteado. Las chicuelinas tuvieron su momento vibrante con Manolo Martínez, Teodoro Gómez y últimamente con José Antonio Morante de la Puebla. Los demás intentos de verdad que debieran sancionarse. Y volviendo a la pica, ¿Que son los petos de los caballos? ¿De que material están hechas esas rompe-testas y parte-cuellos amuralladas? Quien las revisa an su llegada a la plaza. Sus dimensiones, peso y materiales de fabricación están debidamente reglamentados, pero, ¿Quien revisa y cuida que se cumpla esto?

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¡El Desplante!

Breve nota explicativa:

El Desplante, cómo acto que se realiza frente al toro, no es un lance, ni una suerte o pase, más bien es la expresión, el resultado de una actitud, que se efectúa, generalmente al salir o término de una serie de muletazos. Dice el tauro diccionario que es: «Acto del torero lleno de arrogancia al toro o de descaro o desabrimineto al público», cosa que también puede serlo. Y en este breve espacio le utilizamos como expresión para un comentario sobre alguno de los aconteceres taurinos recientes.

Eso es un desplante, un gesto una expresividad que se realiza saliendo de un lance o una serie de ellos. Pero lo que hizo Rodolfo Rodríguez, el llamado Pana, torero ya definitivamente acabado, en la plaza México al indicar a su peón de brega que estrellase al toro, su primero de la tarde, de indudable buena presencia, que desde el sorteo y en corrales debió no haberle gustado al de Apizaco, que no quiso saber nada de él, logrado al estrellarle que perdiera el pitón izquierdo desde el nacimiento o la cepa. Logrando una imagen por demás repugnable, anti-taurina y anti-todo, y más si consideramos el dolor que esta verdadera fractura produce en el toro y más en estos tiempos de exceso de proteccionismo a los animales, lamentable estampa con el toro chorreando rutilante sangre por la cepa del pitón fracturado y el torero; coletudo, más bien dicho, displicente y burlón permanecía dentro del burladero, rumiando la desgracia de su decadencia. Eso, de ninguna manera puede llamarse, ni con mala leche; un desplante, eso, eso, tiene nombres, sustantivos para llamarle: majadería, cobardía, ignominiosa fealdad. Una más de este calamitoso y decrepito coletudo ha dado muestra de su incapacidad torera que trata de suplantar con un histrionismo que ya quedo muy fuera de cacho.

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¡El pago del brindis lleva incluida la cuenta de anoche!

Esto, nos lo contó el simpatiquísimo Gerardo Franco, aficionado, gallero de pura cepa, amigo de todos, pero sobre todo amigo del gran Manolo Martínez, quien toreaba en Aguascalientes durante la feria compartiendo fechas y en diferentes carteles con otro inolvidable; Curro Rivera, toreros y acompañantes se hospedaban en aquella vieja Catedral del toreo en Aguas, el Hotel Andrea, donde su propietario, don Juan Andrea que ahora también comparte suite en el cielo de los taurinos con Curro y Manolo, anfitroneaba a los toreros, pero, claro, con las correspondientes cuentas con cargo a los cuartos de cada uno. Y en una noche de triunfo del gran Manolo, el festejo se prolongó hasta ya entrada la madrugada. Teniendo que torear al día siguiente Curro se despidió prudentemente a descansar; pero continuaron circulando los vinos y alcoholes para la alegría y el bullicio de los acompañantes y festejantes del torero de Monterrey, quien por ser de ahí, mucho se quejaba y rehuía el pago de las cuentas de hoteles y bares, sobre todo cuando estas crecían y se abultaban en la forma en que ese día ocurría. Habiéndose retirado Curro, sólo quedaba cargar la cuenta al cuarto del regío y así se hizo, firmando muy a disgusto Manolo la nota de la cuenta. Al día siguiente en la plaza, el torero de Monterrey que no actuaba fue al burladero de ganaderos y Curro Rivera si vistió de luces y la muerte de su primero la brindó a don Juan Andrea que ocupaba, como siempre lo hizo su butaca de palco de contra-barrera. Terminó Curro el ceremonial del brindis, arrojó la montera que recibió el hotelero y en ese momento Manolo,

sacando medio cuerpo del burladero que ocupaba, estirando el cuello y haciendo bocina con las manos, le gritó a don Juan: ¡Don Juan: en el pago del brindis va incluida una cuenta de anoche!

¡REGLAMENTANDO EL REGLAMENTO!

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Desde el año de 1996 y atendiendo en aquel entonces a invitación escrita del H. Ayuntamiento de Puebla, y después de otros municipios y estados hemos asistido, participado en diversos foros de consulta, reuniones y mesas de trabajo efectuadas en nuestro entorno y en todas ellas; además de enterarnos de lo ocurrido en foros realizados en el D.F. para las modificaciones, yo diría actualizaciones de los Reglamentos vigentes. En todo ello ha predominado siempre una actitud «redentorista», por parte de quienes detonan los mecanismos para las propuestas de modificación o adecuación de los reglamentos. Siendo que los tales reglamentos, prácticamente son similares, iguales en cualquier ciudad de cualquier país del planeta de los toros cambiando únicamente algunos aspectos en cuanto a multas y sanciones; por supuesto lo relacionado a los aforos de las plazas y los tiempos o plazos que se señalan para autorizar corridas o festejos en cuanto al cumplimiento de los requisitos que indica el mismo Reglamento. En otras palabras, no hay nada nuevo que agregar o modificar, y los cacareantes renovadores de la fiesta, vigilantes del cumplimiento estricto de las reglas no tienen nada nuevo que aportar o tratar de modificar. En materia de festejos taurinos nadie va a descubrir el «hilo negro» o alguna formula secreta. Lo que si es recomendable y procedente es hacer hinca-píe, insistir, vigilar y exigir el cumplimiento de algunos artículos que son pisoteados, más que ignorados, pues los actuantes conocen estas prescripciones y no sólo ignoran su cumplimiento sino que insisten en no cumplirlas. Dice el mandato: «Al salir la res por la puerta de toriles no deberá haber subalterno alguno en el ruedo, ni se llamará su atención dejándola tomar libremente su viaje. Los peones le correrán por derecho y le colocaran en suerte». Cheque usted con meticulosa curiosidad la salida de los 6 toros 6 que usted presencie en una corrida, en los seis estará un peón de brega asomando el capote o incluso, saliendo él mismo del burladero de aviso, pretendiendo con ello, no sólo «tocar» al toro, sino hacerlo llegar y de alguna manera al provocar la embestida, disminuir su fuerza. Ahora bien si se trata de la actuación de algún rejoneador inexperto o principiante, se hará más notoria la indicación de que sean los subalternos, quienes salgan a recibir al toro. Siendo que es precisamente al caballero en plaza a quien le corresponde «recibir y parar» al toro, como consumación de la primera suerte en la lidia a caballo, además que los caballos que se usan para esta suerte se les llama «de recibo» . Otro trastorno que provoca esta actitud, verdadera necedad, es que nos impide ver la autenticidad de la bravura del toro, que teniendo como algunas características para calificarle, se trata precisamente de esa; que remate de salida en al menos en dos de los tres burladeros de aviso. Y, ¿Como diablos vamos a ver si el toro remata favorablemente metiendo la cabeza a las bases de los burladeros? Si los peones en su necedad de salir antes de tiempo no permiten apreciar esto. Pero más mal resulta el asunto si es el propio matador quien insiste en que esperen al toro fuera de los burladeros. Y peor, si llega a ocurrir que se dicte la orden de estrellarlo, arbitraria, salvajemente contra los burladeros que en muchas plazas tienen una estructura de madera cubriendo verdaderos rieles de acero, pues la cosa va estar grave, recordemos que no es lo mismo: dejarlos rematar, que mal intencionadamente – se dice con mala madre – estrellarlos, logrando a veces que lleguen a despitorrarse. Dejo a ustedes, pensando, reflexionando: ¿Si tal acto,criminal y anti-taurino pudiera ocurrir en nuestras plazas? Mientras preparamos el próximo post para continuar, reglamentando el Reglamento.

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¡El Desplante!

Breve nota explicativa:

El Desplante, cómo acto que se realiza frente al toro, no es un lance, ni una suerte o pase, más bien es la expresión, el resultado de una actitud, que se efectúa, generalmente al salir o término de una serie de muletazos. Dice el tauro diccionario que es: «Acto del torero lleno de arrogancia al toro o de descaro o desabrimineto al público», cosa que también puede serlo. Y en este breve espacio le utilizamos como expresión para un comentario sobre alguno de los aconteceres taurinos recientes.

En esta entrega comentamos, algo de lo que viene ocurriendo, en el paisaje nacional del toreo, donde por ahora son los que se suben al caballo, los rejoneadores, quienes dominan el panorama. Y es de

justicia decir que mientras el recién llegado; Diego Ventura, alterna los triunfos con ciertas actitudes no muy profesionales, como lo hecho en Nuevo León dónde dejó a público y empresa literalmente plantados, presentando una justificación médica, siendo que el día anterior había actuado y a tan sólo dos días de su ausencia – como si de ausentismo escolar se tratara – ya estaba totalmente repuesto para nueva actuación. El otro berrinche lo hizo apenas el sábado 12 por la noche en la Plaza de Oriente de San Miguel de Allende donde se salió groseramente de la plaza sin el debido permiso de la autoridad y mostrando falta de respeto para con sus compañeros actuantes. Y más antes, ha iniciado sus actuaciones precedidas de conferencias y ruedas de prensa saturadas de lamentos y quejidos contra aquellos que según él, lo bloquean. Y así va, alternando triunfos con agrios desplantes. Mientras; el otro el caballero el estelles, el navarro, va también, alternando triunfo con triunfo, uno seguido de otro. No en balde tiene ya bien recorrido y conquistado el territorio nacional desde hace once años.

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¡Va otra de Domingo!

Ahora que Domingo López, el popular picador «Zotoluco» el primero de todos los zotolucos en llevar ese nombre se ha retirado de los ruedos, traemos a cuento otra de las muchas situaciones, verdaderas anécdotas en que a lo largo de su carrera de picador de toros se vio envuelto: Viajaban con la cuadrilla de su Matador Jorge Aguilar «El Ranchero» en vuelo, rumbo a Tijuana, siendo aquella la primera vez que Domingo se trepaba a una aéreonave o mejor dicho y como él dijera a un «airoplano», de esto hace ya algunos años, partamos del hecho de que Domingo rebasa ya los 75 años de edad, cumplió y festejó sus 50 de picador e inició muy temprano, joven aún su carrera de piquero; los vuelos entonces tenían mayor duración y en un México – Tijuana debieron servir al menos un par de alimentos; las charolas servidas por las aereo-mozas circulaban con el agradable y apetitoso olor de los alimentos calentados a bordo. Precedido el servicio por la presentación de la carta, con las opciones de diversos y variados menús que la aerolínea servia, como cortesía, claro, a bordo y la azafata ofrecía con agradable sonrisa, cosa que ya se ha perdido. Todos, degustaban y saboreaban los alimentos y Domingo, serio y compungido sólo veía pasar frente a él las charolas del servicio sin probar bocado. Fue hasta el terminar el vuelo y ya en tierra, que alguien le preguntó: – ¿Y tu Domingo, porqué no comiste nada? ¿Que no tenías hambre? A lo que éste el picador respondió: – ¡Hambre si tenía. Lo que no tenia es parne ! (dinero, monedas, en el hablar de los taurinos) ¡No traigo ni un quinto en los bolsillos!

LOS REGLAMENTOS TAURINOS, parte II

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Continuando con el tema de la reglamentación de la fiesta, estos son los últimos artículos de la providencias expedidas en el año de 1822, para la Ciudad de México, va el texto tal cual se publicó y seguido, el comentario.

6.- Estos (los Toreros) no dedicaran suerte alguna a persona determinada ni exijiran gratificación para evitar así la emulación y malas resultas que suelen originarse de este principio.

Actualmente el hecho de «dedicar» se conoce como «brindar» un toro y es bien visto cuando la persona, generalmente personaje de la vida publica es – y valga la redundancia – bien visto, es decir tiene buena imagen o bien a familiares de toreros en lo qué el brindis implica cierto cariño, afecto, agradecimiento por apoyo o atenciones también brindadas, pero por lo común el brindis va con dedicatoria, va buscando algo y más comúnmente se convierte en un acto de compromiso, por ello resulta fácil comprender qué, acto seguido al brindis, viene el grito del tendido: ¡¿Quién es ese buey?!

7.- El Señor Gefe del Estado Mayor auxiliará al gobierno con la fuerza armada en los casos que sea necesario, y concurrirá por su parte a que los militares observen el buen orden en los términos que se previene para el paisanaje, haciendo también que algunas patrullas ronden por la circunferencia exterior de la Plaza, a fin de evitar los robos y obcenidades que ya se han advertido. Se impedirá igualmente que los vendedores de dulces, frutas, etc., transiten por las balaustradas de las lumbreras, sino por los tránsitos de las de las entradas.

El cumplimiento de esta orden se ha convertido en una autentica falsedad, pues los «uniformados» atendiendo a lo que dictan los actuales reglamentos, deben presentarse a las ordenes de las máxima Autoridad de plaza que es el juez nombrado, pues, ocurre lo contrario; los «polis» se presentan ante la empresa, y son utilizados para cuidar y resguardar la taquilla, reforzar las entradas y someter a los parroquianos asistentes a «cateos» y manoseos absurdos, impidiendo a los aficionados introducir la entrada de la tradicional bota de vino, o cuando ésta logra pasar es mediante una módica cuota, que ablande al estricto guardián del orden. Y más dramáticamente se ha observado la falta de autoridad y apoyo uniformado en las últimas corridas de la Plaza México en las que apenas muerto el último toro, verdaderas turbas brincan del tendido al callejón y de ahí al ruedo, buscando la muy perseguida «foto con el celular» al lado del torero que aún no se recupera del esfuerzo de la faena o no ha iniciado el disfrute del triunfo. Eso, ese desorden, antes no se veía en las plazas, y anote usted entre los impertinentes y estorbantes, a los entrevistadores que grabadora en mano, pretenden ganar la «entrevista en exclusiva» que al día siguiente aparecerá en todos los medios, dejando de ser «exclusiva». Comentario aparte y no por ello el menos importante es el relativo a la prohibición de las vendimias, el impedir que las docenas de vendedores en los tendidos le pasen a uno en frente, rozando sus posaderas con la cara de los espectadores, pero la respuesta y responsabilidad de esta persistente molestia está en las mismas empresas, por la utilidad que estas ventas representan y por lo que quizá ellos, los empresarios piensan que al favorecer, estimular las ventas, sus plazas adquieren el sustantivo de eso: Plazas de «Las Ventas».

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¡El Desplante!

Breve nota explicativa:

El Desplante, cómo acto que se realiza frente al toro, no es un lance, ni una suerte o pase, más bien es la expresión, el resultado de una actitud, que se efectúa, generalmente al salir o término de una serie de muletazos. Dice el tauro diccionario que es: «Acto del torero lleno de arrogancia al toro o de descaro o desabrimineto al público», cosa que también puede serlo. Y en este breve espacio le utilizamos como expresión para un comentario sobre alguno de los aconteceres taurinos recientes.

¡Qué buen regalo, los de regalo! Han tenido los actuantes que recurrir al toro de regalo para poder alcanzar el triunfo, y es que los toros buenos, para cortarles las orejas; en el momento de hacer los lotes, previo al sorteo, los apoderados, escuchando a su «veedores»

los han dejado como reservas, y ante el fracaso, muchas veces el abucheo y el rechazo del público, hasta han tenido que ser devueltos a corrales, y el matador en turno sufrir el amargo «desplante» del público. Esto se debe a que en un exceso de actitud protectora los responsables dejan a los toros con mayor presencia, los más hechos como reservas, con el único fin de que sus poderdantes lidien lo más cómodo. Saben bien que podrán ser protestados, pero aún así se arriesgan y mire usted los resultados, han tenido que ser toros de regalo, los que den el triunfo a Castella, «El Juli», Ponce, nuevamente Castella y por último Miguel Ángel Perera quienes salen con las orejas en la mano, teniendo que recurrir al regalo. No se trata de empujar para evitar los toros de regalo, ya en alguna ocasión se ha intentado logrando que el regalo de toros, que ocurre ante la falta de triunfos en los toros sorteados quede bien normado. De lo que se trata es de señalar el error para que trate de evitarse, pero por ésta temporada los toros de regalo son los que han salvado las tardes.  

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¡Esos huevotes no son de niño!

Conocido, muy conocido resulta el chascarrillo aquel del señor Patiño que andaba disfrazado de angelito queriendo entrar al cielo y la revisión para franquearle la entrada, alguien al darse cuenta de su farsa, exclamó: ¡Señor Patiño, señor Patiño… esos Huevotes no son de niño! Lo mismo le pasó a Julián López «El Juli» en cierta ocasión en que ya siendo matador sus manejadores de imagen insistían en hacerle pasar por infante, y en algún aeropuerto francés, pues fueron ellos, sus vecinos galos los encargados de poner al descubierto su verdadera edad, cuando pretendìa hacerse pasar por niño torero y ahí también en el momento de la inspección de aduana, alguien, pudo haber sido en los sanitarios al verle sus partes intimas, también exclamó: ¡Julián, Julián, esos huevotes no son de niño! Pues ahora ha quedado plenamente demostrado que el tal «Juli» los tiene de buen tamaño, por la manera decidida con que se tiró a matar el domingo que desorejó a Guapetón. Poniendo verdadero ejemplo de lo que es tirarse a matar con verdad y sobre todo con mucho valor, haciendo caso omiso al griterío que de manera absurda pedía el indulto.

LOS REGLAMENTOS TAURINOS

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Resulta verdaderamente preocupante el ver, escuchar, que a todos los niveles de la estamenta taurina, incluidos actuantes, comentaristas y autoridades existe un desconocimiento descomunal de los Reglamentos Taurinos y lo que estos dicen en relación a ciertos aconteceres durante los festejos. En los tres niveles la falta de conocimiento de estas simples y de muy sentido común reglas son alarmantes: en los qué de luces se visten, que no saben lo que en determinado momento deben hacer, las Autoridades que ignoran como se rige la fiesta y los comentaristas que con su ignorancia equivocan y desconciertan a los aficionados y espectadores. Pero vamos por partes y a algunos antecedentes haremos referencia.

ANTECEDENTES:

Reproducimos y comentamos estas prevenciones que son sin lugar a duda el primer Reglamento para las Corridas de Toros en México.

Dado en la Ciudad de México a 6 de abril de 1822. Destacamos, sub rayándolo, el texto que reglamenta y agregamos el comentario procedente.

«Habiéndose notado la inobservancia de algunas prevenciones hechas por el gobierno para conservar el buen orden en las corridas de toros, he resuelto como Capitán general y Gefe superior político interino de esta Provincia, se reiteren, añadiendo otras que ha aconsejado la experiencia son necesarias para conseguir aquel útil objeto». Sin duda, procede insistir, no sólo en el cumplimiento de estas prevenciones, sino en difundirlas, para lograr que se cumplan.

1.- «Luego que la tropa acabe de despejar la Plaza, no quedará en ella por ningún motivo alguno sino los Toreros». Prevalencia de esto es el despeje, que actualmente se continúa haciendo a cargo del Alguacilillo que simboliza y de hecho representa a la Autoridad en el ruedo.

2.- «Los capataces de las cuadrillas de Toreros antes de salir a la plaza se presentarán con su gente al Alcalde para que éste vea si hay algún ebrio, en cuyo caso no les permitirá torear y les impondrá una pena proporcionada». Bien puede decirse, que es esta la primera disposición «Antidoping», al menos es fehaciente en un documento escrito, antes que en ningún otra regla de espectáculo o deporte.

3.- «En las vallas y entre barreras no quedará persona alguna que no esté expresamente destinada». Reglamentación prácticamente imposible de cumplir, ante la necedad y la impertinencia. Son cientos los pretenciosos de permanecer absurdamente en los callejones. Mucho ganaremos, si al menos se les instruye informa u obliga a permanecer quietos, dentro de los burladeros, sin moverse o desplazarse en el callejón.

4.- «No se arrojarán absolutamente a la Plaza desde las lumbreras y tendidos, cascaras de frutas ni otras cosas que a más de ensuciarla puedan perjudicar a los toreros». De estas manifestaciones «anti-todo», permanece como remanente la estúpida costumbre de arrojar cojines con cualquier pretexto, pues va desde la protesta, al gusto o alegría.

5.- «Con el fin de que el público se instruya del caso en que pueda darse el Toro al que lo mate con destreza, se advierte que sólo ha de ser cuando presida la Plaza la Autoridad superior del imperio, como una distinción de su alto carácter, entendiéndose, si tuviese por conveniente concederlo. Lo mismo sucederá con las galas que se distribuyan a los toreros». Prevención ésta que amerita varios comentarios: Primero para que se instruya el público, es decir para educarle, enseñarle; luego entonces entregar trofeos, premios cuando no existe merecimiento de ello es equivocar es «des instruir» o «des educar» al público. Lo de «que pueda darse el toro», tiene mucho fondo, pues al principio de la formalización de los festejos el valor real del toro, la venta de su carne se destinaba a fines benéficos; hospitales, hospicios y asilos. Se premiaba con el otorgamiento del valor de la carne del toro a un espada o actuante que hubiese destacado, de ahí que se le otorgaba la «oreja» que funcionaba como un «comprobante» para presentarse al rastro a reclamar para el torero el valor de venta, cosa muy excepcional y que como reza la reglamentación, ocurría únicamente si lo otorgaba la Autoridad superior del Imperio (El Reglamento data de 1822, tiempo del Primer Imperio Mexicano). Imagínese usted, con lo espléndido que son – somos — actualmente los jueces u obligados ante presiones escandalosas; mentadas y uuuuuleros gritos; los toreros bien pudieran acudir al destazadero con un camión transporte de carnes. Lo de las galas eran otras premiaciones, en material, o especie; prendas de valor, alhajas, actualmente en desuso.

Aún falta, continuamos en el próximo post.

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¡El Desplante!

Breve nota explicativa:

El Desplante, cómo acto que se realiza frente al toro, no es un lance, ni una suerte o pase, más bien es la expresión, el resultado de una actitud, que se efectúa, generalmente al salir o término de una serie de muletazos. Dice el tauro diccionario que es: «Acto del torero lleno de arrogancia al toro o de descaro o desabrimineto al público», cosa que también puede serlo. Y en este breve espacio le utilizamos como expresión para un comentario sobre alguno de los aconteceres taurinos recientes.

Vaya que resultó más que kbron, este chaval, llamado «El Capea», proveniente de Salamanca, quien tiene ya algunos años entre nosotros y que ha dicho preferir hacerse figura del toreo aquí en México antes que en España y se ve que para «echarse» el público a la bolsa sabe utilizar los viejos recursos, como aquel que dice: «Al país que fueres, haz lo que vieres», y habiéndose informado – de seguro – Pedro Gutiérrez Lorenzo de que por muchas de los pueblos y aún ciudades de por estos rumbos gustan mucho del toreo a rodillazos, desafiantes desplantes y remates aspavientosos, en la plaza de Puebla, llena hasta el reloj y no precisamente de aficionados conocedores, «El Capea» ha tenido la ocurrencia de, saliendo de una tanda de muleta, se ha puesto genuflexo, rodilla en tierra y ha puesto a sus espaldas, cuidadosamente, sin aventarles al aire, dejando en la arena del ruedo muleta y ayudado, y a dos manos tomando los pitones de su enemigo le ha dado un par de cabezazos, a la «tope borrego», tal como nuestras «figuras» suelen hacerlo, y el efecto no se ha hecho esperar. De los tendidos ha bajado la más estruendosa ovación de esa corrida. No cabe duda. Este «Perico», es un verdadero kbrón y su inteligencia se ha basado en esa simple y vieja regla: «Al país que fueres haz lo que vieres», y a los toreros de «por acá» les ha dado «una sopa de su propio chocolate».

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¡A la hora del Sorteo!

Habiéndose cumplido treinta años del fallecimiento del torero icono de Tlaxcala Jorge Aguilar, el querido e inolvidable «Ranche», hace apenas unos días el 27 de enero, bien vale recordarle, aunque sea de pasada en esta anécdota cuyo protagonista es otro torero de estampa campirana de Tlaxcala, el popular picador Domingo López, el primero de los torianderos de esa familia en llevar el mote de «Zotoluco» quien se retiró definitivamente de los ruedos y por tanto de la profesión que abrazó por más de 50 años, hace apenas unos domingos. Toreaba Domingo su primera corrida como picador en la plaza México hace ya más de cinco décadas, siendo llevado en la cuadrilla, precisamente de «El Ranchero» Aguilar, cuando sus compañeros, incluidos el apoderado y el matador, llegando a la ciudad capital provenientes de su tierra, quisieron jugarle la broma, novatearle o chamaquearle — como hoy se dice – y le dijeron que la importancia de la Plaza México era tal, que ahí se acostumbraba presentarse a la hora del sorteo, a las 12 del día ya vestidos solemne y profesionalmente con traje de luces como si a partir plaza fueran ya a esa acalorada hora. Y ahí tiene usted que al sonar las doce y en medio de público, aficionados y actuantes que a esa hora se reúnen para participar, ver y sancionar con su presencia el sorteo; que de la puerta de vestidores de cuadrillas va saliendo, garrocha de picar en mano, vestido de calzona de gamuza, sombrero castoreño echado hacia atrás, quien hacía sonar la botas y la metálica «mona» de la pierna de picar, el todavía chaval Domingo, ante las risas, carcajadas de todos y el festejo hilarante de sus paisanos, quienes así le dieron su bautismo torero.

 

LA CÁTEDRA TAURINA DE MARIO VARGAS LLOSA

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Parte III y última

Continuando con La Capa de Belmonte, recuerda Vargas Llosa que fue en la vieja Plaza de Acho, que tilda de «colonial, acogedora, de sabor inconfundible, donde habían toreado Belmonte y Manolete«, y dice: «allí vi yo algunas corridas memorables, como las que protagonizaba el gran Procuna, torero esquizofrénico que una tarde huía de los toros empavorecido, arrojando la capa y zambulléndose de cabeza por las defensas si hacía falta, y a la siguiente escandalizaba y enloquecía a los tendidos con un despliegue de temeridad y sabiduría con el capote y la muleta que cortaban el habla y la respiración. Y allí vi y oí resonar el silencio eléctrico de aquella tarde, la bofetada que el torero argentino Rovira descargó en las mejillas de Luis Miguel Dominguín, con la que prácticamente se suicido (taurinamente hablando)».

«Pero el ídolo de mi juventud, al maestro de los maestros, al quieto, elegante y profundo Ordoñez, restaurador y exponente máximo del toreo rondeño, lo vi por primera vez – en una corrida a la que para entrar empeñe mi maquina de escribir – en la alegre y sabrosa Plaza de Acho». Y estos dos figurones de la iconografía taurina mundial, los liga y nos los trae a recuerdo junto con el de Ernest Hemingway, de quien el peruano vivió impresionado, al menos así lo reconoce al escribir: «Así me lo pareció a mí, en el verano de 1959, en la Plaza de Toros de Madrid, la única vez que lo vi, a lo lejos, del brazo de otro mito viviente de la época: Ava Gardner«. Ya para concluir esta serie, rematamos con estos recuerdos de don Mario, que son un verdadero deleite en su lectura.

«¿Que se hizo de la querida capa de Belmonte que tan bellos recuerdos me trae de mi niñez? Cuando, ya adulto, comencé a preguntarme… ¿Se la robaron? ¿Se extravió en alguna de las muchas mudanzas de que estuvo repleta la historia familiar?» (…) «Nunca lo he sabido. En verdad, no tiene la menor importancia. Esa capa de Belmonte sigue existiendo donde nadie puede dañarla ya, ni perderla, ni apropiársela: en la memoria de un veterano que la preserva, la cuida y la venera como uno de los recuerdos más tiernos y emocionantes de su niñez, esa edad que con toda justicia llaman de oro». De esta manera concluye Vargas Llosa sus recuerdos taurinos de la infancia y nosotros concluiremos el análisis de su aportación literaria a la Fiesta, comentando algunos conceptos vertidos por el Nóbel en su columna titulada «Piedra de Toque» en relación a las provisiones taurinas que se ha dado y se están gestando: «¿Porqué, en el reciente debate suscitado por este asunto, quienes defendemos las corridas hemos estado tan reticentes y tan parcos y prácticamente dejado el campo libre a los valedores de la abolición? Por una razón muy simple: porque nadie que sea un obtuso o un fanático puede negar que la fiesta de los toros, es un espectáculo que alcanza a veces momentos de una indescriptible belleza e intensidad y que tiene tras él una robusta tradición que se refleja en todas las manifestaciones de la cultura hispánica, esta impregnado de violencia y crueldad. Eso crea en nosotros, los aficionados, un malestar y una conciencia desgarrada entre el placer y la ética, en su versión contemporánea…Los enemigos de la tauromaquia se equivocan creyendo que la fiesta de los toros es un puro ejercicio de maldad en el que unas masas irracionales vuelcan un odio atávico contra la bestia. En verdad, detrás de la fiesta hay todo un culto amoroso y delicado en el que el toro es el rey….(lo que) constituye toda una cultura que ha creado y cultiva con inmensa dedicación y acendrado amor, una variedad de animales sin cuya existencia una muy significativa parte de la obra de Garcia Lorca, Heminway, Goya y Picasso – para citar sólo a cuatro de la larguísima estirpe de artistas de todos los géneros para los que la fiesta ha sido fuente de inspiración de creaciones maestras – quedaría bastante empobrecida…Lo que nos conmueve y embelesa en una buena corrida es, justamente , que la fascinante combinación de gracia, sabiduría, arrojo e inspiración de un torero, y la bravura, nobleza y elegancia de un toro bravo, consiguen, en una buena faena, en esa misteriosa complicidad que los encadena, eclipsar todo el dolor y el riesgo invertidos en ella, creando unas imágenes que participan al mismo tiempo de la intensidad de la música y el movimiento de la danza, la plasticidad pictórica del arte y la profundidad efímera de un espectáculo teatral, algo que tiene de rito e improvisación, y que se carga, en un momento dado, de religiosidad, de mito y de un simbolismo que representa la condición humana, ese misterio de que está hecha esa vida nuestra que existe sólo gracias a su contrapartida que es la muerte…!» Mucho, muchísimo, más habría que señalar de las aportaciones literarias del hoy Premio Nóbel a la tauromaquia, pero el espacio y el compromiso de retomar nuestra temática del Blog, nos obliga a cortarle aquí.

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¡Sacudiendo la choma!

Breve nota explicativa:

Se pronuncia «schhoma» y es un trozo de penca de maguey, verde, fresco, flexible que se acomoda como «jícara» para tomar el «neutle» o pulque, bien llamado «néctar de dioses» en el campo durante maniobras de embarque, en herraderos y demás labores; su ingesta además de vigorosa y reconfortante, resulta refrescante. Una vez servido, cada ración es de más o menos medio litro, debe tomarse de un solo trago y en forma de reto; un bebedor frente al otro, y terminado el gran y largo trago, con una mano se sujeta y se sacude violenta y enérgicamente la schhoma, para que suelte la hebra o baba, como se dice comúnmente, en el campo, «pa´ que suelte el alacrán». En la foto, el Juez de callejón Pepe Luna ejecutando la acción de beber rico neutle en la schhoma. Esta delicadísima maniobra de gourtmets de campo se le llama «sacudiendo la schomma». Y en este breve espacio le utilizamos como expresión para un comentario sobre alguno de los aconteceres taurinos recientes.

Se está dando en México, en la gran Plaza la mejor temporada española de los últimos años, los triunfos de los coletudos iberos, han sido contundentes, significando algunos de ellos además del triunfo, la consagración definitiva como el caso de Alejandro Talavante, Miguel Ángel Perera y Sebastián Castella (por orden de aparición) y éste último fue anunciado para confirmar la alternativa de Arturo Saldivar y salió a confirmar y han confirmado, los tres mencionados arriba, lo que son: figuras del toreo de corte mundial y aquí la definición de autentica Figura del Toreo que lo son solamente quienes triunfan y logran salir por las puertas grandes de las grandes plazas o la más emblemáticas del tauro-universo, a saber: Madrid, Las Ventas, Sevilla, La Maestranza; México, cruzando a hombros la Puerta de «El Encierro»; Bogotá, Colombia, La Santa María; en Lima, Perú y/o Caracas en Venezuela y no confundir el término con el multi – utilizado por cronistas y prensa de nuestro México, quienes llaman FIGURAS a quienes torean o más o menos frecuentemente y se mochan con el conocido $obre. 

LA CÁTEDRA TAURINA DE MARIO VARGAS LLOSA

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Continuando con la Cátedra Vargas Llosa ya que los taurinos estamos de muy plácemes por el otorgamiento del Nóbel de las letras a don Mario, mismo premio que en unos días le será entregado por la Real Academia de Estocolmo Suecia al escritor en la solemne ceremonia de premiación. De el autor de Conversación en la Catedral, Los Cachorros y Los Jefes de las publicaciones de sus escritos, de sus notas autobiográficas, relatos, recuerdos y las imborrables impresiones de su temprana y muy cultivada afición, cuando, al igual que la mayoriíta de los aficionados asistiendo de la mano de sus mayores asistía a las corridas de toros, recogemos La Capa de Belmonte estos bellos conceptos: «El Tío Juan» nos contaba a mi y a mis primas Nancy y Gladys que esa hermosa capa oro y gualda, recamada de pedrerías y testigo de milagrosas faenas en los cosos de España y América se la ha había regalado el gran Juan Belmonte a su padre (…) No era un capote de torear, sino una capa de adorno, para el paseíllo, pero mi tío Juan la utilizaba igual para citar al invisible astado y con movimientos lentos, rítmicos, de graciosa elegancia, confundir y marear al animal obligándolo a embestir una y otra vez, raspándole el cuerpo, en una danza mortal que a mi y a mis primas nos mantenía hipnotizados. Aquellas noches yo salía a las plazas a torear y escuchaba clarines, pasodobles, y veía los tendidos alborotados por los gritos entusiastas y pañuelos de los aficionados».

Bellos, hermosos recuerdos de don Mario, que todos aquellos que más o menos andamos por la misma edad, tenemos presentes: «Un acontecimiento excepcional de aquellos años fue la llegada al Cine Rex, cercano a la Plaza de armas de Cochabamba, de la película Sangre y Arena, con Tyrone Power, Linda Barnell y Rita Haywort. Gocé, sufrí – escribe Vargas Llosa – y soñé tanto con ella, me la sabía de memoria y además la reprodujimos varias veces en el vestíbulo y los patios de la profunda casa cochambambina donde vivía la tribu familiar, que nunca he querido volverla a ver, temeroso de que aquella inolvidable historia sentimental, de amores heroicos y corridas épicas, vista hoy día desencantara y aniquilara unos de mis mejores recuerdos de la infancia (…) aquella soleada tarde en que el abuelo Pedro – yo debía andar por los ocho o nueve años de edad – me tomó de la mano y me hizo subir la larga cuesta que conducía a El Alto, aquella cumbre desde la que se divisaba todo el valle de Cochabamba y donde estaba la placita de toros de la ciudad, para presenciar la primera novillada de mi vida, yo era ya poco menos que un experto en tauromaquia. Sabia que una corrida constaba de tres tercios, los nombres de los pases, que los Miuras eran los bichos más bravos y más nobles, y que las banderillas y la pica no se infligían al toro por pura crueldad, sino para despertar su gallardía, embravecerlo y, a la vez, paradójicamente, bajarle la cabeza a la altura de la muleta. Pero una cosa era saber todo eso, y otra ver y tocar la fiesta y vivirla en un estado de trance, emocionado hasta los tuétanos. Todo era hechicero y exaltante en el inolvidable espectáculo: la música

Los jaleos de la afición, el colorido de los trajes, los desplantes de los espadas, y los mugidos con que el toro expresaba su dolor y su furia. Elegancia, crueldad, valentía, gracia y violencia se mezclaba en esas imágenes que me acompañaron tanto tiempo. Estoy seguro de que al regresar a la casa de Ladislao Cabrera, todavía en estado de fiebre, aquella tarde había tomado ya la resolución inquebrantable de no ser aviador ni marino, sino torero (…)

(…) No puedo separar del recuerdo de esa capa de la figura epónima de Mito Mendoza, un primo del tío Juan, que sabía de toros todavía más que éste, y que, hablando de la fiesta, contando corridas célebres y faenas paradigmáticas y chismografías de ganaderos, empresarios y toreros, se excitaba de tal modo que se ponía colorado y accionaba y alzaba la voz como si algo lo hubiera enfurecido. Pero estaba feliz y en esas apoteosis solía exigir que le pusieran en las manos la Capa de Belmonte para pasar a la acción.

Este maravilloso escrito del hoy Nobel de Literatura bien merece continuar ser reproducido y comentado, cosa que haremos en la próxima entrega.

 ¡Sacudiendo la choma!

 Breve nota explicativa:  

Se pronuncia «schhoma» y es un trozo de penca de maguey, verde, fresco, flexible que se acomoda como «jícara» para tomar el «neutle» o pulque, bien llamado «néctar de dioses» en el campo durante maniobras de embarque, en herraderos y demás labores; su ingesta además de vigorosa y reconfortante, resulta refrescante. Una vez servido, cada ración es de más o menos medio litro, debe tomarse de un solo trago y en forma de reto; un bebedor frente al otro, y terminado el gran y largo trago, con una mano se sujeta y se sacude violenta y enérgicamente la schhoma, para que suelte la hebra o baba, como se dice comúnmente, en el campo, «pa´ que suelte el alacrán». En la foto, el Juez de callejón Pepe Luna ejecutando la acción de beber rico neutle en la schhoma. Esta delicadísima maniobra de gourtmets de campo se le llama «sacudiendo la schomma». Y en este breve espacio le utilizamos como expresión para un comentario sobre alguno de los aconteceres taurinos recientes.

Preocupante, muy preocupante, resulta que los toros se sigan cayendo y más si lo hacen frente a la misma cara del caballo y antes de recibir la puya, tal como ocurrió los domingos pasados con los toros de Xaxay, motivo por el que Fernando Ochoa y Castella no pudieron bajarles la mano para torearles de manera sabrosa, ya que si lo intentaban los cornupetas perdían las manitas y se iban al suelo. A Arturo Macias y a José Mauricio, les pasa exactamente lo mismo: ambos perdieron la brújula y piensan encontrarla con maestros «importados», Arturo con Corbacho (primer llevandero de José Tomás) y José Mauricio con Neila (primer maestro de Tauromaquia). Lo cierto es que andaban mejor cuando tenían llevanderos de los nuestros. Y volviendo a los toros que se caen y al hacerlo hacen que se derrumbe la fiesta, en el caso de los de Sordo Bringas de esta última corrida, dos que tres de Juliam Handam también «doblaron la manitas de cara» frente al caballo, y no puede argumentarse que sea debido a la falta de alimento, pues en ambas casas de ganado criar, lo que sobra es grano y dinero para comprarlo. ¿Entonces?