LIANDOSE EL CAPOTE

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«En el patio de cuadrillas se está formando el grupo de toreros para hacer el paseo». Ya han rezado en la capilla y cada uno, reconcentrado en sí mismo, rumiando su miedo y su responsabilidad». El inspector de Autoridad o juez de callejón con tres, luego, dos, y un dedo en alto ha venido señalando los minutos que restan para que suenen los clarines anunciando que inicia el paseíllo y por tanto la corrida. Es el momento de «liarse» el capote de paseo, verdadero ritual, todo un ceremonial, breve, pero no por ello poco suntuoso; de mucho recogimiento y ensimismamiento. Se trata de que el llamado capotillo, verdadera hermosura en su fabricación de bordado a mano sobre brillante tela de seda, sea colocado en su sitio; predominan en su diseño dos estilos; el uno a base de figuras geométricas o bien jarrones y ramos de flores y/o palmas; y aquellos que llevan en su parte central una imagen religiosa, prefiriendo muchos a la Virgen – por supuesto – la Dolorosa, y en nuestro caso, México, una Guadalupana o un Divino Rostro, un Cristo en su advocación del EcceHomo. Esta imagen se ubica de tal forma de que en ese momento, dijimos, de mucha intimidad y recogimiento del espada y quien las ayudas cuidaran de que debe quedar, minuciosamente ubicada al centro de la espalda del torero.

La variante que existe y que algunos toreros suelen usar, consiste en que la figura principal del diseño triangular del capote, en vez de quedar sobre la espalda, en el momento del diseño se carga y coloca hacia un lado, de tal forma que monta, queda ubicada sobre el brazo y parte del hombro del lado izquierdo, es decir, la imagen; un rostro de Cristo o el bello rostro de una Virgen descansan directamente sobre el brazo derecho del torero, cubriendo, simbólicamente y de una manera muy religiosa el costado del corazón de los toreros que así gustan de liarse el capote de paseo.

Ya quedó dicho, que para realizar esta maniobra que ocurre en los precisos instantes en que mente y  espíritu del torero están sometidos a la mayor tensión. Es cosa de breves minutos para que de inicio el festejo y otros cuantos para que por la puerta de toriles se dé suelta a los enemigos a enfrentar. El nerviosismo está al máximo. Los subalternos, cuadrillas de a pie suelen acomodarse ellos mismos el capotillo o para hacerlo se asisten entre ellos; pero al matador, figura principal de la cuadrilla se acostumbra, es tradición que sea el Apoderado, quien lleva su representación y poderes él que le asista o ayude, en caso de que éste, el apoderado, se encuentre ocupado en otros menesteres será el peón de confianza quien le ayude; su encargo principal consistirá en que la esclavina o pliegue externo, como reborde del capote descanse sobre los hombros del torero y, como quedó dicho que la figura o imagen quede colocada bien al centro de la espalda y luego, cuidará, apoyándose con ambas manos de planchar todo el capote sobre espalda y torso, evitando que se formen arrugas o pliegues. Después de ello, cruzará los dos bordes de forma triangular por delante del cuerpo, ayudando al matador para ir recogiendo con ambas manos estos extremos y formar con ellos un nudo o anudado, mismo que sostendrá firmemente con la mano izquierda, descargando en este esfuerzo por sostenerlo, toda la tensión del momento. El brazo y mano derecha quedaran libres, para poder santiguarse, al momento que suenan parches y metales, tocando el «toque de cuadrillas» que señala que llegó el momento tan esperado y muchas veces temido: el inicio de la corrida.

¡VIVAN LOS VILLAMELONES!


La palabra Villamelón ha venido siendo utilizada para describir a aquellos entusiastas espectadores, asiduos asistentes a las corridas de toros que llegan a auto-considerarse aficionados y tienen la intención de serlo, pero les gana su carga genética ambiental y nunca, por su comportamiento en la plaza dejaran de ser villamelones; aunque algunos por su audacia lleguen a escribir y comentar temas taurinos en diarios y webs, que nadie abre o, quizá hasta tengan el atrevimiento de hablar de toros frente algún micrófono.

Esta vez el comentario es corto, muy corto, pero de un gran contenido, que muestra el villamelonismo en su máxima expresión por parte de aquellos que se acercan a una plaza, ocurrió, apenas en la máxima catedral del villamelonaje, el Relicario, en la presentación del rejoneador Diego Ventura quien llega a su gira precedido de un buen aparato de publicidad, por lo que se puede afirmar que los neo-aficionados acudieron al conjuro de éste, pero cuál no sería el desconocimiento de una pareja que acudió por primera vez, que le preguntaron a un aficionado que como me lo contó lo cuento: Le resultó tan lucidor un quite a Israel Tellez, vestido de azul cielo y oro, que la pareja preguntó; – ¿Verdad señor que el de azul es el rejoneador? Y el otro de ellos aseveró; Cómo crees, ¡El rejoneador es él de a caballo! A lo qué su compa respondió: ¡No seas wey, los de a caballo son los picadores!

Continuamos con las anécdotas en torno a esa pasada época romántica del toreo, corría el año de 1857 y un muchachito, muy atildado, quizá el primer «torero señorito» de que nos habla la historia, se llamó Antonio Gil y Barbero y fue conocido ya siendo matador como «Don Gil», solicitó y consiguió una audiencia con el entonces rey Alfonso XII. Suscitándose el siguiente dialogo:

– Señor: vuestro augusto bisabuelo don Carlos IV fue el más grande protector que tuvo el arte taurino; díganlo si no los favores que dispensó a Pedro Romero, a «Costillares» y a «Pepe-illo»…

– Bien- respondió el monarca – Pero recuerde usted que Carlos IV fue Rey absoluto y yo soy Rey constitucional.

– Pues que la Constitución me permita matar toros recibiendo.

– No. Aquí no se trata de la Constitución del reino, que no tiene nada que ver con eso.

– Pues ¿Por qué? – preguntó el joven torero.

– Que quien tiene que permitírselo es la constitución de usted; sus facultades físicas…

TERMINA EL PASEILLO.

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«Cielo Andaluz» el paso-doble compuesto por Rafael Rascón en el año de 1919 es interpretado en las plazas de toros con la sonoridad de parches, metales, vientos y demás percusiones, esto es la generalidad, pero en algunos casos, como en la plaza «Nuevo Progreso» de Guadalajara, Jalisco se toca la «Marcha de los toreadores» de la ópera Carmen de Bizet. Y en España en algunas plazas suelen tocar otras partituras.

En la gran México y otras, por extensión, ocurre que en el momento en que se da el primer paso para avanzar las cuadrillas simultáneamente con las primeras notas del paso doble, se escucha un grito, verdadero alarido; es un estruendoso ¡Ole! Se dice y está bien dicho que este grito en la México es de una sonoridad y uniformidad que lo hace único en el mundo, sin similar en algún otro espectáculo. Y a propósito de «dar el primer paso», nadie sabe con certeza de donde sale un grito: ¡vámonos! Que señala el inicio del paseíllo. Lo que también se cumple con rigor es que cada uno de los actuantes, al salir por la puerta de cuadrillas al ruedo, toca, o debe tocar con el puño cerrado o bien con la palma de la mano, algún punto de madera de la puerta o el redondel, para cumplir así con un ritual de la más pura superstición taurina. Ya en el albero, con la punta del píe, generalmente, el derecho dos o tres de los espadas que alternan, trazaran una cruz en la arena, antes de dar el primer paso. El orden, el lugar que toman los matadores, será: a la derecha, – vista la escena desde el palco del juez – el más antiguo o primer espada; a la izquierda desde la misma vista, el segundo, y al centro pero un poco más retrasado, el tercer espada, siendo también el lugar que ocupan quienes toman o confirman esa tarde la alternativa en caso que así ocurra. Los espadas irán con la cabeza descubierta, desmonterados en caso de que sea la primera vez que se presentan en esa plaza, su debut o presentación. De lo contrario, pondrán partir plaza con la montera puesta cuando ya han toreado con anterioridad en tal coso. Les siguen, en riguroso orden: en la primera línea los banderilleros o peones de brega del primer espada, yendo de derecha a izquierda en filas de dos o de tres, del más antiguo al más joven o él de más reciente debut. En la segunda línea, los del segundo espada y en la tercera los del tercer alternante. Tras de ellos vienen los de «a upa», en monturas forradas con sus petos los picadores, igual: primera fila los del primer espada y así sucesivamente, quedando esto sujeto a la disponibilidad de cuacos. Seguirán atrás, – mucho ojo, se requiere vigilancia para que esto se cumpla – los monosabios; de rojo y blanco, encargados de arreglar el ruedo, por detrás, de azul y blanco, los encargados de puertas. Aquí, también deben respetarse las jerarquías y la antiguedad en el trabajo, siempre en líneas de dos o tres y en fila y de derecha a izquierda y empezando por delante los de mayor jerarquía. Cerrará esta variopinta formación el tiro de mulas, con un «cabo» que lleva las riendas, colocado a la izquierda del tiro, derecha, viendo desde el palco y tras ellos, los areneros con carretillas. Todos  detendrán su marcha frente al palco y harán el correspondiente saludo. En caso de actuación de forcados, estos participan también en el paseíllo respetando rango y antigüedad: primero el cabo de «pega» con sus asistentes, luego el de «ayuda» con su grupo, cerrando el cabo de «cola» y colaboradores.

Todo esto es tradición, mucha tradición que debe cumplirse. Organizadores y participantes de cada festejo tienen la obligación de cuidar que así sea. El público asiste y está expectante, los verdaderos aficionados jamás se perderán una corrida completa, y ¡Completa es…desde el paseíllo!

Por último, el diccionario taurino nos dice de «paseíllo»: desfile de las cuadrillas por el ruedo antes de comenzar la corrida. Se usa más la expresión y es correcto decir; «hacer el paseíllo». Vale también «paseo». Es un acto de enorme belleza y colorido en el que las cuadrillas se colocan jerárquicamente tras los alguacilillos.

¡VIVAN LOS VILLAMELONES!

La palabra Villamelón ha venido siendo utilizada para describir a aquellos entusiastas espectadores asiduos asistentes a corridas de toros que llegan a auto-considerarse aficionados y con la intención de serlo, pero les gana su carga genética ambiental y nunca, por su comportamiento en la plaza dejaran de ser villamelones, aunque algunos lleguen a lograr escribir y comentar temas taurinos en diarios o hasta tengan la audacia de llegar a hacerlo frente a un micrófono.

Pero, vamos con los comentarios de nuestros villamelones y en este caso el comentario abarca los momentos en que el villamelonaje es tal en su atrevimiento, se atreven no solamente a escribir y comentar sobre toros, sino, que con mas audacia y atrevimiento, se atreven a ejercer de autoridades. Tal es el caso ocurrido con cierto médico veterinario que llegó a aceptar el nombramiento de Veterinario de Plaza y estando el encierro en los corrales, apoderados y gente del toro hacían los lotes para el sorteo, refiriéndose a los toros por alguna seña en particular y relevante. Así, hablaban del «castaño», el «berrendo» y habiendo un toro «listón» de pinta, es decir que sobre sus lomos corría una mancha de pelo uniforme de color castaño y entre-pelado en blanco, muy notorio, y tenía como una cinta-listón que corre a todo lo largo de su lomo. El tal, veterinario de plaza, curioso e ignorante, preguntó a alguno de los conocedores ahí presentes: ¡Oye, Y, ¿Cuál es el listón? A lo qué el otro, cachondeándose de su ignorancia, le respondió: – Pues, ¿No ves? Es el que está en medio. ¡El que tiene la cara de más listo!

En el renglón de las anécdotas, continuamos con este relato debido a la pluma de Emile Zapotec, mismo que resulta un curioso sueño metafórico, en relación al tema del paseíllo qué como describimos, se inicia con la entrega de la llave del toril: -«Y, le pedían la llave de los toriles». Éste – el alcalde – poco respetuoso de las reglas, contestaba con acrimonia: «Que si fuera por él, ¡Ya estarían abiertos desde hace mucho!”

EL PASEILLO. Parte II

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El Alguacil o alguaciles vestidos a la usanza del rey, el segundo de los Felipes, antes de encabezar el multicolor paseo, saldrá sólo o acompañado de dos o más alguaciles – en el caso de la célebre inauguración de la Plaza México fueron cuatro los que partieron plaza – o, en compañía de otro, vestido de charro. Por simple vistosidad, costumbre o tradición en algunas poblaciones el Alguacil es sustituido o hace pareja con una guapa «adelita» con vestido de amplios holanes en deslumbrante coloración.

El emperador Carlos V de Alemania, Primero de España al abdicar a favor de su hijo Felipe, el segundo, le dijo: «Respetad la religión; mantened la fe católica en toda su pureza, sean sagradas para vos las leyes de vuestro país; no atentéis ni a los derechos ni a los privilegios de vuestros subditos; y si algún día deseáis gozar como yo de la paz de una vida privada, Dios quiera que tengáis un hijo que por sus virtudes merezca que le cedáis el cetro con tanta satisfacción como yo lo hago ahora». Días después, en el año de 1558, al morir, la carga testamentaria que dejó a Felipe II, moral y de una monarquía en cuyos territorios no se ponía el sol, fue tal, que el rey Felipe nunca pudo dejar el luto. Vistió siempre de negro, botas en ante negro, pantalón-valona y jubón también negros, con capa corta o herreruelo sobre los hombros y sombrero negro con pluma alba en la toquilla y una gorguera alrededor del cuello de blancos y hermosos holanes. Así, sobrio, debe vestir el Alguacil con la gran responsabilidad de abrir plaza

La tradición reza que al hacer el despeje, el Alguacil se descubre ante el juez, quien preside el festejo en representación de la autoridad constituida, y al saludarle, le dice: – «Señor juez, los que van a tomar parte en el festejo piden su permiso – antes, venia – para iniciarle». A lo que el juez, puesto de pie y sombrero en mano responde con un: – ¡Buenas tardes y suerte! Esto recuerda de algún modo el saludo de los gladiadores en el Circo Romano al Cesar, cuyas conocidas palabras no repetimos aquí por irreverentes para la fiesta.

El Alguacil montado, recibe del Inspector de Autoridad, llamado también juez de callejón y que es responsable de mantener el orden en el callejón y así mismo, hacer que los intrusos permanezcan fuera de él, la llave de, toril que va adornada con una moña de listones con los vivos colores de la divisa de la ganadería anunciada en el cartel. A paso lento, da vuelta al redondel para llegar hasta la puerta del toril donde el torilero, descubierto, recibirá la llave junto con las palabras del Alguacil: – «Señor torilero, ésta es la llave del toril. Tenga usted mucho cuidado con las reses y buena suerte». Continúa el Alguacil su recorrido hasta ubicarse frente a las cuadrillas, y en este momento sonaran al aire las notas del paso doble…

¡VIVAN LOS VILLAMELONES!

La palabra Villamelón ha venido siendo utilizada para describir a aquellos entusiastas espectadores asiduos asistentes a corridas de toros que llegan a auto-considerarse aficionados y con la intención de serlo, pero les gana su carga gen ética la ambiental y nunca, por su comportamiento en la plaza dejaran de ser villamelones, aunque algunos lleguen a lograr escribir y comentar temas taurinos en diarios o hasta tengan la audacia de llegar a hacerlo frente a un micrófono.

Pero, vamos con los comentarios de nuestros amigos villamelones y estaban dos de ellos, una pareja llegando a sus barreras justo al momento de partir plaza; ella vestida con conjunto de muy poca tela al estilo de las «vaqueritas de Dallas» con sombrero en acabado «piel de vaca»: blanco con pintas negras o negro con pintas blancas y él con “blue-jeans” y camisa también de mezclilla y al cuello una especie de pañoleta, bufanda y paliacate, botas de piel de víbora, puntiagudas con punta de metal. Casi, jalándolo, tirando de él, ella lo sienta, al tiempo que le dice: ¡Apúrate! Que ya va a empezar el desfile. – ¡Es lo más bonito! – Suenan en ese momento los clarines y se inicia el paseíllo. ¡Mira, es lo que a mí más me gusta de la corrida, cuando desfilan los toreros junto con todos sus ayudantes!

En el renglón de las anécdotas, continuamos con aquellas que pertenecen al terreno de lo clásico y vamos con el inmortal Belmonte: Mi cuadrilla embarcó en Cádiz con rumbo a México y yo me fui a París para embarcar en el puerto de El Havre en un gran transatlántico alemán el «Imperator», que hacía en muy pocos días el viaje a NuevaYork y La Habana. Recuerdo que en La Habana un español admirador mío – no me había visto torear, pero me admiraba a través de los relatos de prensa – Se obstinó en llevarme a su casa a comer el cocido más autentico del mundo. Se ofendió cuando le dije que yo había salido de España y estaba por América jugándome la vida, precisamente para no comer cocido. No volvió a saludarme.

«El Paseillo»

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Así como la fiesta evolucionó del toreo a caballo al toreo a pie, y de ser una práctica de las altas estameñas de la aristocracia, bajó a la clase popular surgiendo el torero profesional, personaje que pronto sería centro de las miradas, ejemplo de rápido enriquecimiento, ídolo de las multitudes…¡tormento de las mujeres! Y, de la plaza pública, la fiesta emigró al coso taurino.

Si bien, ya hemos mencionado una profunda religiosidad en el acto de vestirse de luces, el toreo, en general conlleva un amplio ceremonial, parte de ello es el inicio del festejo. «Hay otros elementos muy semejantes entre una misa y una corrida de toros. Está por ejemplo el paseíllo que es como la procesión», escribe Eduardo Garza en su entrevista al sacerdote, pintor, y arquitecto Julián Pablo, titulada «De Dios y de los toros».

Durante el siglo XVIII, la corrida se formalizó convirtiéndose en el espectáculo que tenemos en la actualidad: tres cuadrillas y seis toros, el paseíllo con sus alguacilillos; el pedido de la llave de toriles y el pedir permiso para dar inicio al festejo. Nos dice Jean Robert en «Cuatro tesis sobre tauromaquia»...es pues un ritual, parafernalia que en la mayoría de las plazas se respeta y cumple al pie de la letra. Y que tiene un antecedente y un porqué. Si bien anotamos arriba que la fiesta emigró de las plazas publicas ubicadas en el centro de las poblaciones a los cosos construidos ex profeso; en ese entonces las corridas se daban en círculos cerrados con trancas, envigados, andamios y carretones, armando de manera improvisada las tribunas para que la gente disfrutase con seguridad del espectáculo, cerrándose las boca-calles que desembocaban en las grandes plazas. Imaginemos entonces a un verdadero gentío rondando por aquellos espacios cívicos, deambulando en medio de puestos de fritangas, aguas frescas y otras bebidas refrescantes y alcoholizantes, de ahí que se dispusiera de un grupo de representantes de la autoridad, «alguaciles» vestidos de riguroso negro y a caballo montados realizaran el despeje de la plaza cívica. De esta manera nació el llamado despegue, acto que hoy se realiza de manera totalmente simbólica, – pero no por ello menos formal – y con gran lucidez, pues en nuestras plazas, actualmente ya todo el mundo ocupa sus localidades a la hora anunciada, tal como rezan los carteles, sin interferir con el la arena del ruedo, el albero totalmente limpio, despejado y listo para el festejo.

VIVAN LOS VILLAMELONES.

La palabra villamelón ha venido siendo utilizada para describir aquellos entusiastas espectadores, asiduos asistentes a corridas de toros que llegan a auto-considerarse aficionados y con la intención de serlo, pero les gana su carga genética o ambiental y nunca, nunca por su comportamiento en la plaza dejaran de ser villamelones, aunque algunos lleguen a lograr escribir temas taurinos en diarios o hasta tengan el atrevimiento, la audacia de llegar a hacerlo frente a un micrófono.

Vamos pues, con los comentarios villamelones…

Y ya quedó anotado arriba que alguno que otro villamelon llegan a tener la audacia, recordemos la sabia sentencia: «la audacia es atrevida», de ponerse tras de un microfono y autonombrarse cronistas, pues bien, muy comentado fue el paso de aquel «cronista» que anunciaba la salida del toro, diciendo: «salta a la arena un toro…» Los toros salen del toril, más correctamente: «se les da suelta», pero no son jugadores de balón-pie, que «saltan a la cancha» o luchadores, que, «saltan al ring». Y la fracesita echó raices, pues en algunas TV transmisiones suele oírse la tal aberración, pero lo que no tubo igual fue cuando aquel cronista villamelon a la salida de toriles de un toro cárdeno, anunció: ¡Y, salta a la arena, un toro color gris oxford!

A proposito de los recientes Post’s «Vestirse de luces» y «El Paseillo», esta anecdota viene al caso, tomado de la «Tauromagia» de Guillermo Sureda, relata lo genialmente dicho por Domingo Ortega, que; «Torear es llevar al toro por donde no quiere ir». Para ello, hace falta inteligencia, ya que ella nos posibilita el cuándo, el porqué y el dónde se da cada pase, en una palabra, lo que podemos llamar el conocimiento de los toros, de las querencias y de las suertes. José Bergamín al respecto escribio: «El torero no se desfraza de torero: la inteligencia no se puede caracterizar. El traje de luces del torero es emblema de pura inteligencia: porque es cosa de viva inteligencia el torear». Y he aquí la anécdota; Un día le dijo Frascuelo a Lagartijo: «Rafael, tu eres el mejor torero que yo he conocido. Por ti me quito yo la montera y no me quito la cabeza porque la necesito para torear».

¡Se apoderan de los carteles!

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Cuanto gusto da leerlo, se llena el corazón de orgullo al enterarse que jóvenes toreros mexicanos, en realidad hechos en España se apoderan día a día de los mas importantesvcartelde la propia Ibéria y de las plazas de sud-américa como ocurre con el ya muy bien cotizado Arturo Saldivar quien cierra su agenda de este año y abre la del 2012, toreando en la capital mundial de las mujeres bellas en Cali, Colombia, en su muy presagiaba feria torea Arturo éste 31 de diciembre y el día de año nuevo, aparece acartelado con el muy cotizado José Ma. Manzanares, con el galo Sebastian Castella y con Frank Rivera Ordoñez. Pero más antes, en octubre Saldivar va a Valencia, feria de Cañalveralejo con toros de don Antonio Sanroman, partiendo plaza con Miguel Abellan y Diego Urdiales. Otro nacional, de los nuestros que en el sólo mes de septiembre aparece en10 carteles en la península, es Sergio Flores entre los que resaltan; Sevilla el 18, Algemesi en Valencia y Arnedo en La Rioja. Pero sin duda, su mas importante compromiso será en Arnedo, el 30 de septiembre en la disputa del «Zapato de Oro» evento que se ha convertido en parlades de gran cache y distinción, pues en el historial de su resiente pasado, ahí han competido y el preciado trofeo se ha llevado a las vitrinas de casa, anote Usted; en 1988 Enrique Ponce, en 1990 Finito de Córdoba y en 1996 Morante de la Puebla, ahi, junto a esa enormidad de nombres estará el apizaquence Sergio Flores. Y de otro nacional que nos da gran gusto hablar de ello, y de las circunstacias en que se le dan las cosas es Fermín Spinóla, confirmación de alternativa en la Plaza de Las Ventas – ¡Que plaza! – el 12 de octubre – ¡Que fecha! – de manos de Carlos Escobar «Frascuelo» – ¡Que padrino! – toda una leyenda y tradición viviente del toreo apadrina su confirmación. La conjunción de todo esto trae al recuerdo, la vara, el pie de cría de que está hecho éste Fermín, todo nos hace pensar que prevalece el recuerdo de su maestro: Joselito Huerta.

LA TEORIA DE LA CUERDA II

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Lo verdaderamente importante en el mundo de los toros – y posiblemente en todo el mundo del arte – no es subir, ascender, salir de la nada a la fama y al éxito, por muy rápidamente que se salga del anonimato; lo importante, resulta durar, persistir, permanecer en la cumbre un año y otro; en los toros, mantenerse en lo alto del escalafón. Esto nos dice el maestro Sureda y qué difícil es lograrlo, agregamos, y continua el autor de «Tauromaquia»: «Lo esencial es tener capacidad para sostener dia a dia, plaza a plaza, la lucha frente a los toros, los públicos y los compañeros».

Entonces, si estamos de acuerdo en que para continuar en la linea de batalla algunos toreros, tal vez la mayoría necesitan de vez en cuando, a veces después de cada actuación, que les den cuerda. Viene ahora el gran cuestionamiento: ¿Quién les va a dar la cuerda? En algunos, en los mejores, es él mismo torero el que se da cuerda; casos de Enrique Ponce y Juián López, quienes además de auto-darse cuerda, logran superar circunstancias adversas. En otros casos son personas cercanas al torero las responsables de darles cuerda: el apoderado, principalmente, la familia y por último los amigos. Vaya como ejemplo el caso de Eloy Cavazos en quien el excepcional apoderado, además, de por toda la vida del torero regio: Rafael Báez quien jugó un papel importantísimo, desempeñando incluso, en los primeros años de la carrera de Eloy, el de padre. Continuando con éste caso como ejemplo; la familia, primero de don Rafa y luego de la novia, más tarde esposa y madre, conjuntamente con los hijos fueron factor importante para la permanencia del matador Cavazos como primera figura durante más de cuarenta años. Claro que en este caso los retiros temporales, por los tiempos que representan para meditar deben haber jugado un jugado un papel importante: auto-darse cuerda.

Aceptando que son los toreros de cuerda larga los que realmente tienen el sello que de verdad caracteriza a las figuras del toreo, la practica ha demostrado que los retiros temporales además de periodos de meditación, lo son de autoexamen, de los que al volver el torero lo hace más mentalizado. En otras palabras; torero que se retira temporalmente, regresa con mejor y más cuerda, ejemplos, en el pasado reciente: Joselito, Morante de la Puebla, de quien se dice, cuando vuelve a los ruedos, que lo hace toreando «como sueñan los toreros», como bien decía Rafael de Paula, un toreo impregnado de esa magia especial y cómo sentencian las crónicas: «toreando con ayudados, improvisaciones, duende, misterio, embrujo y creatividad».

Espero que Usted, amigo lector esté de acuerdo con estas teorías, y espero tenga también la esperanza de que toreros como Garibay, Spínola, Villaseñor, Víctor Mora, encuentren quien les de y de forma adecuada la cuerda que requieren para sacar la fiesta del atolladero en que se encuentra.

VIVAN LOS VILLAMELONES.

La palabra villamelón ha venido siendo utilizada para describir aquellos entusiastas espectadores, asiduos asistentes a corridas de toros que llegan a auto-considerarse aficionados y con la intención de serlo, pero les gana su carga genética o ambiental y nunca, nunca por su comportamiento en la plaza dejaran de ser villamelones, aunque algunos lleguen a lograr escribir temas taurinos en diarios o hasta tengan el atrevimiento, la audacia de llegar a hacerlo frente a un micrófono.

Vamos pues, con los comentarios villamelones…

Ocurrió recién en «El Relicario». Después de colocar de forma espectacular los palitroques, el Matador y ya con los trastos de matar en mano, se acercó a la barrera, donde se encontraba un sujeto con la clásica vestimenta campirana, ganadero de reses bravas de ocupación y llevando una tejana, entiendase por tejana un sombrero marca «Stetson» con unas veinte «Xs» en la parte interna del forro, y no la bella mujer que junto tenía, enfundada en ajustados blue jeans.

Muy ceremonioso el torero le brindó el toro. A lo que vino el comentario de nuestros personajes villamelones que terminaban de compartir la bota que llevaban llena de agresivo pero muy sabroso «mezcal». ¿Que está haciendo? Le preguntó ella a él. – ¡Le está «dedicando» el toro! – Respondió él, lleno de sapiencia. Y vino la siguiente pregunta: – ¿Y, quién es él señor? – A lo que el muy enterado villamelón, sabiendo que se trataba de un ganadero, explícito le respondió: ¡Es el que entrena los toros!

Esta anécdota resulta verdaderamente histórica, de la época que acertadamente debe llamarse la de «oro» del toreo, corrían los años de la segunda mitad del siglo de los ochocientos, el relato se encuentra en la serie «El Redondel Ibérico» y se debe a la pluma de don Ramón Del Valle Inclán, aquel que cariñosa y familiarmente llamaba a Belmonte; «Juanito». Domingo 9 de agosto de 1868. Los «Anales taurinos», consagran un recuerdo a la gran corrida de Cádiz. Seis de «Torre-Mellada», lidiados por las cuadrillas de Antonio Carmona y Salvador Sanchéz – «El Gordito» y «Frascuelo», apuntamos -. El personaje, político de la época, Paúl y Angulo se encontraba en la barrera, mordiendo bocas y sorbiendo chatos, capitaneaba una cuadrilla de valentones recién reclutada en Madrid.

Citó a banderillas «El Gordito»: Se levantó en un asombro la plaza; el diestro iba a hacer el quiebro¡Qué no el cambio! – nuevamente, apuntamos – en el cuadro de un pañuelo extendido en la arena. Prendió un par de pintura y saludó al tendido. Paúl le brindó con la bota de vino al espada: – ¡Antonio, echa un trago! ¡Has estado de lo bueno!

– ¡Son muy leales estos bichos de Torre Mellada!

– Pues no salen a su dueño. – De arriba, con un bastón le tocaron en el hombro:

– ¡El marqués de Torre-Mellada es mi padre!

– ¿Está usted seguro? Bronca. Garrotes enarbolados. Varios sujetan a Gonzalón Torre-Mellada que forcejea ahogándose: – ¡A éste le arranco yo la lengua! – Se lo llevan muy rápido. Iba muy pálido, apretando sobre la boca un pañuelo con sangre.

Pasaron las tardes y con ellas el tiempo, una de ellas se presentaron al despacho de Paúl y Angulo dos sujetos todo de negro vestidos. Sobre la mesa-escritorio del político colocaron una esquela, blanca tarjeta que era el citatorio, reto a un duelo a pistoletazos, ellos serían los padrinos que enviaba Gonzalón Torre-Mellada. Pero, ante la sorpresa de don Paúl los padrinos solicitaron: – Rogamos a usted que se excuse, es mejor que presente sus disculpas, don Gonzalón desde la tarde aquella ha estado con vómitos de sangre, del puro coraje. – No hay disculpas, Díganle a ese, que yo no acepto retos a duelo, ¡Si, no vienen acompañados de certificado médico de salud!

LOS TOREROS Y LA TEORIA DE LA CUERDA

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De las teorías que más frecuentemente argumentamos para tratar de explicar la inexplicable e incontestable pregunta: Bueno, y ¿Porqué un torero que parecía tenerlo todo para llegar a ser figura, de repente, se apagó o se se apagan? Tal ha sido el caso, por citar algunos ejemplos, de: Arturo Gilio; recordemos, corte de un rabo en su alternativa en la Plaza México, Federico Pizarro, también un rabo en la misma gran plaza en circunstancias apoteósicas y muchos otros triunfos, Fernando Ochoa, torero, «con todo»; dinero, arte, ganadero, porte, percha, presencia de príncipe. ¿Qué más se puede pedir? Teodoro Gómez dueño de un arte inconmensurable con el percal; y el caso más reciente de Jerónimo, quien también teniendo grandes cualidades y virtudes para llegar a ser figura, sus naturales en la México fueron calificados de sobre-naturales y tubo un quite, después de aparatoso tumbo que además de oportuno, fue de verdadera escandalera; torero este que se ha quedado en un hálito de esperanza, esperanza en que «un día le salga un toro».

¿Qué es lo que les pasa? La respuesta la da Guillermo Sureda en su clásico «Tauromagia», sentencia Sureda: «simple y sencillamente, se les acabó la cuerda». Y pasa un servidor a explicar esto poniendo especial énfasis en estos tiempos en que muchos jóvenes lectores pueden acertadamente argumentar que no entienden esta teoría, porque simple y sencillamente ya no les tocó vivir con los relojes «de cuerda». En estos tiempos de DVD’s, CP’s, USV’s, MP3 y demás electronicidades, pues desde la moda de los Cel’s, los Smart phones y Blackberryes, el reloj de muñeca cayó en desuso. Aunque también, justo es decirlo, la moda en las altas elites nuevamente impone los relojes de muñeca, costosos y de lujo. Bien, son relojes que basan su funcionamiento en una espiral de resorte que calibrada con mecánica de alta precisión, va soltando gradualmente «la cuerda», misma que en los modelos más antiguos duraba únicamente un día, 24 horas, o en algunos más, y por ultimo los Seamasters y Constelation de la Omega, y los celebres Rolex con cuerda «automatica»; un volante que al girar con los movimientos de la muñeca, sin necesidad de nada más, «solito» se da cuerda al reloj, eliminando la necesidad de estar dando o tener que darle cuerda. Pues esta es la teoría de «la cuerda» para los toreros. Para que se entienda mejor, los casos de Cesar Rincón y Eloy Cavazos, el primero un torero que pese a las adversidades, incluso una enfermedad hepática desgastante y severas cornadas y Eloy con una trayectoria largísima y mucho tiempo de permanecer en activo, fueron los dos, toreros que solitos se dieron cuerda, con una predisposición y un estado de animo, lo que se dice «mentalizarse» y que equivale a lo que aquí estamos analizando: «darse cuerda» a sí mismo. A los otros ejemplos arriba mencionados: Gilio, Ochoa, Teodoro…simplemente se les acabo la cuerda y no tuvieron a mano quien les diera más. Caso aparte son los de Federico Pizarro quien parece haber encontrado alicientes y estímulos para auto-darse cuerda y Jerónimo quien aun necesita, pide a gritos…¡Que le den cuerda!

VIVAN LOS VILLAMELONES.

La palabra villamelón ha venido siendo utilizada para describir aquellos entusiastas espectadores, asiduos asistentes a corridas de toros que llegan a auto-considerarse aficionados y con la intención de serlo, pero les gana su carga genética o ambiental y nunca, nunca por su comportamiento en la plaza dejaran de ser villamelones, aunque algunos lleguen a lograr escribir temas taurinos en diarios o hasta tengan el atrevimiento, la audacia de llegar a hacerlo frente a un micrófono.

Vamos pues, con los comentarios villamelones…

Ocurrió apenas en la pasada feria de Xico, Veracruz. Lo escuche muy bien porque ante la tumultuosa entrada un grupo de viajantes oriundos del D.F. que acudieron a las festividades invitados por amigos de Xalapa se colocaron en el mismo palco de un servidor. Al calor de los toritos y la morita los neo-aficionados preguntaban curiosos y su guia-anfitrión les explicaba asombrándolos con sus conocimientos. Al comentar los pares puestos por el matador banderilleante les dijó: – «No, para banderillas las que pone __________ ponga Usted aquí el nombre del torero que guste, que guste poner pares espectaculares. «Ese si es chingón, se para, mero junto a la barda roja (el redondel) y se sube a la banqueta esa blanca (el estribo) y ahí le pone las banderillas al toro ¡Por la espalda! ¿Por la espalda de quien? me pregunté Pero de cualquier modo si es por la espalda del toro será por detrás del morrillo y eso, eso es «a cabeza pasada» o sea un burdo truco, un engaño, pero los villamelones, así disfrutan la fiesta.

Esta y la siguiente son anécdotas verdaderamente históricas, de la época que acertadamente debe llamarse la de «oro» del toreo, corrían los años veintes del pasado siglo y de ese personaje que forma parte importante de la iconografia nacional, verdadero símbolo del paisanaje mexicano: «Pito» Pérez de quien en su «La vida inútil de Pito Pérez», su autor por José Rubén Romero, nos cuenta que habiéndose, el pintoresco personaje habituado en categoría de fanático a las peleas de gallos, incluso en su familia llegaron a ser dueños de un colorado muy peleador que les dio a ganar muchos pesos y del que estaba a cargo Hermelinda la hermana de don Pito.

Lo taurino del relato viene en que por aquellos años los toreros de moda eran precisamente Rafael «El Gallo» por parte de los hispanos y por el nuestro, el llamado «Indio Grande» don Rodolfo Gaona, la rivalidad entre los dos se convirtió en histórica y cada persona tomaba partido por uno u otro y defendía a su torero a ultranza. De «Machaquito» su fama perduraba a través del pasodoble que lleva su nombre «Machaquito» y que don Pito Pérez alegre silbava cuando ya muy entrada la noche y casi amaneciendo llegaba a su casa con un buen número de copas encima. Hermelinda, la hermana salió azorada y espantada a recibirle, pues había pasado la tarde y noche buscando al colorado; que alguien había dejado abierta la puerta del corral provocando la salida o el robo del preciado gallo. Con gran aflicción y apurada Hermelinda preguntó a su hermano – Jesús, – que así se llamaba don Pito – ¿No has visto al gallo? A lo que Pito Pérez muy jarifo y orgulloso respondió: – No. ¡Yo solamente he visto a Gaona!

«VESTIRSE DE LUCES» Parte III.

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La faja o fajín de la que también diremos que ya no es la antigua y larguísima tira de tela en la que el torero enrredaba su cintura. Anudar o rematar la faja requiere de la ayuda del mozo de espadas quien coloca su dedo índice sobre el sitio donde el matador va a hacer el nudo, dejando los cabos de la cinta largos para anudar cada uno de ellos, a derecha e izquierda en la base de los tirantes. Se colocará después el chaleco y por último en otro acto que es el culminante del ceremonial; es, debe ser el propio apoderado del torero o en su ausencia algún amigo cercano quien ofrezca, abierta la pesada chaquetilla para que el matador introduzca en sus mangas los brazos, cosa que resulta muy difícil hacer sin ayuda, para «calzarle», si se acepta la expresión la ajustada cazaquilla. Todo este protocolo se remata con un ligero o tal vez fuerte golpe o jalón por arriba de las adornadas hombreras, buscando el adecuado ajuste de la casaquilla al tiempo que el apoderado exclama un obligado desear: ¡Buena suerte! O un, ¡Qué Dios te bendiga matador!

Antes de salir del cuarto, frente al espejo ante el qué la mayor de las veces se instaló el altarcillo, el diestro se ciñe la montera corroborando con un vistazo de perfil que el borde inferior de la negra montera no se monte sobre la coleta, para tomar entonces el ricamente bordado capote de paseo, para con él plegado sobre el antebrazo izquierdo y montera en mano, ante una encendida veladora, comenzar a persignarse y cabizbajo musitar una oración que dirige al…Padre Nuestro….

VIVAN LOS VILLAMELONES.

La palabra villamelón ha venido siendo utilizada para describir a aquellos entusiastas espectadores, asiduos asistentes a corridas de toros que llegan a auto-considerarse aficionados y con la intención de serlo, pero les gana su carga genética o ambiental y nunca, nunca por su comportamiento en la plaza dejaran de ser villamelones, aunque algunos lleguen a lograr escribir temas taurinos en diarios o hasta tengan el atrevimiento, la audacia de llegar a hacerlo frente a un micrófono.

Vamos pues, con los comentarios villamelones…

Ocurrió en Puebla, durante la presentación — otra villamelonada — de un anunciado: «aspirante a novillero», cosa nunca antes vista, pues en ningún concierto, previo al artista o grupo anunciado, aunque existan grupos o artistas «abridores», pero no se anuncia la presentación de un «aspirante a cantante» y si de flamenco se tratara seria «aspirante a cantaor». Y nunca en un estadio de fut-bol verá usted este tipo de presentaciones previo al partido; podrán jugar equipos de fuerzas inferiores, pero no anunciarán que jueguen: «aspirantes a jugadores». Pues bien, después de la actuación de este aspirante, quien escuchó 2 avisos 2, algunos de sus seguidores le defendieron diciendo, que lo de los avisos, no fue culpa de él sino de sus «ayudantes» ya que él lo había matado bien, pero el novillo no caía y alguno de sus «ayudantes» le mal aconsejo apuntillarlo con una espada que era muy larga (el descabello) y por lo largo de la espada el chico «no se acomodaba» hasta que otro de los «ayudantes» más inteligentemente vino con un cuchillo más pequeño (la puntilla) y ese si lo remató bien. Por lo que fue un error del juez haber enviado los avisos sin tomar en cuenta estos errores de los «ayudantes».

Corrían los Sanfermines allá por el año de 1959 celebre por aquel Verano Sangriento que juntos vivieron Hemingway, Ordoñez y Dominguín, formando parte de la «troupe» y del grupo de seguidores de los toreros y del gran «Papa» Hemingway, A.E. Hotchner conocido por «El Pecas», ocurrió el 17 de agosto toreaban mano-a-mano Luis Miguel y Antonio en Ciudad Real. Por acuerdo mayoritario se aceptó que «El Pecas» partiría plaza con los celebres actuantes, vistiendo de luces, apareciendo en el paseíllo supuestamente como «sobresaliente». Todos estaban perfectamente enterados y consientes de la gravedad del asunto y de lo que podría ocurrir si la Autoridad llegaba a enterarse y la Guardia Civil se encontraba presente, vigilante y alerta en la plaza. Recientemente, un amigo de «El Litri» había participado en la misma broma, habiendo sido descubierto, desenmascarado y pasó buen tiempo en el calabozo. La ceremonia de vestirse fue tan real y auténtica que se dice que «El Pecas» al ver la religiosidad con la que Ordoñez rezó ante las imágenes del altar. Pecas, ante el temor de lo que pudiera suscitarse, quería «endemoniadamente» tener algo a que rezarle.

Ya en el patio de cuadrillas en medio de la solemnidad previa a partir plaza, el propio Hemingway le cuestionó al rubio pecas: – ¿Ya te miraste en la entre-pierna? ¿Y ya viste las de los toreros? — haciendo alusión al gran bulto que se les notaba, marcando los atributos sexuales. — Vas a dejar muy mal parados a los Estados Unidos….!

Al terminar el paseíllo, El «Pecas» al llegar al burladero de matadores, sabiendo bien que el ruedo tiene unos 38 metros de diámetro, el escritor gringo reconoció que: El ruedo media, probablemente, más de seis kilómetros!

¡VESTIRSE DE LUCES parte II ¡

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A continuación, el matador se pondrá de pie y asistido por su mozo de espadas y un asistente más, literalmente, se montará o introducirá en la taleguilla. Para ello, se apoya en los hombros de sus asistentes, quienes soportan en peso a la pantoloneta con su torero dentro, que hará diversos movimientos de ajuste, para que esta, “monte bien”. Se coloca después las lustrosas zapatillas cuyos lazos son atados por el mozo. Llegando ahora, a uno de los momentos más significativos del vestir a un torero, los cordones del tubo inferior de la taleguilla deberán atarse a nivel de la pantorrilla, para ello llevan unos muy elaborados “golpes” que toman el nombre de “machos” y deben ser anudados, de manera complicadísima, los cordeles deben ser humedecidos pasándolos entre los dedos en el agua de un vaso, para que puedan deslizar fácilmente. El entre-cruzar y pasar los cordeles por sus presillas que para ello existen en las bocas del traje, es cosa que resulta, decíamos complicada y harto dificultosa, siendo el hacerlo todo un arte, mismo que ha dado lugar a que se acuñen las frases: “apretarse bien los machos”, “tiene los machos bien apretados”, con el significado muy lúdico y popular de que hacerlo; “apretarse los machos” es sinónimo de ser muy valiente o, valga la redundancia, “ser muy macho”.

Ahora el matante se colocará la camisola de holanes en puños y vistosas escarolas al frente, en la “pechera”, metiendo los faldones plegados de la camisa en el pantalón de tal manera que se eviten arrugas y pliegues en el interior y soportarles con los ajustados, cortos y anchos tirantes. Existen camisas de confección especial para torero que llevan unas cintillas que salen del frente y son pasadas por atrás, para anudarse y que permiten acomodar y contener las faldas de la camisa sin pliegues. El paso que sigue es colocarse y anudarse el corbatín, cuyo color hará juego con la faja, y siendo más rigorista, los toreros de verdad, suelen serlo: faja y corbatín también deberán hacer juego con el color predominante de las piedras preciosas que adornan rosetas y alamares de hombreras y chaquetín del vestido de luces. El hacer el nudo de la corbata encierra otro, todo un riguroso ritual que se cumple por la mayoría de toreros. El nudo se lo hace el mismo, frente a un espejo, y al terminar de hacerlo y ajustarlo en su lugar, el torero toma con sus dedos índice y pulgar una aguja enhilada que ya le está ofreciendo el mozo de espadas con el hilo en color que contrasta, es decir que se ve resaltar claramente contra el color de la corbata, para hacer, trazar con aguja e hilo, de manera muy minuciosa una cruz, en un trazo que tiene mucho de significado religioso, y que tiene la utilidad de ajustar y fijar el corbatín a la camisa y que no escape de su lugar con los movimientos que va a requerir hacer el torero. El trazar esta cruz además de encomienda y buenos deseos, conlleva un momento muy especial de meditación y ensimismamiento. Actualmente esta manera de mantener el corbatín en su sitio se suple con el prendimiento de alguna medalla o crucifijo de metal con alfiler de seguridad, aunque muchos toreros suelen hacer las dos cosas, trazar la cruz con hilo y colocar la o las medallas.

¡El Desplante!

Breve nota explicativa:

El Desplante, cómo acto que se realiza frente al toro, no es un lance, ni una suerte o pase, más bien es la expresión, el resultado de una actitud, que se efectúa, generalmente al salir o término de una serie de muletazos. Dice el tauro diccionario que es: “Acto del torero lleno de arrogancia al toro o de descaro o desabrimineto al público”, cosa que también puede serlo. Y en este breve espacio le utilizamos como expresión para un comentario sobre alguno de los aconteceres taurinos recientes.

Un verdadero desplante muy taurino tubieron en días pasados las Autoridades Taurinas de la vecina Huamantla Tlaxcala, tierra muy torera conjuntamente con los directivos del Instituto Tlaxcalteca de Desarrollo Taurino al no solamente permitir que se lidiar una corrida de 6 Cárdenos 6, con sus astas integras, el gran mérito estuvo en que, así se anuncio, así se promovió y así llegaron los toros a la plaza, dentro de lo que el Reglamento de ese estado señala; con respecto a las reses a lidiar que: “deberán no haber sido objeto de de manipulaciones o alteraciones que modifiquen sus astas o disminuyan su poder y vigor”. Como resultado de ello, cinco de los seis cárdenos fueron aplaudidos a su salida y dos de ellos segundo y quinto ovacionados en el arrastre. Claro que esta medida ha ocasionado tremendo ruido — léase; descontento – entre los coletudos y apoderados que suelen gustar de manipular las cornamentas y por supuesto, también lucen molestísimos los empresarios que por darles gusto, se prestan a ello.

¡ELÉCTRICO EN MI CASA TENGO…EL REFIGERADOR!

Toreaba el “Zapata” en la reciente inauguración de la temporada en la plaza de Tijuana y dada la gran popularidad que, no de ahora, sino de siempre ha tenido Uriel en las plazas fronterizas del norte; entre la numerosa concurrencia que acudió a verle se encontraba Jimmie (N) que es la presidenta de la Unión de Peñas Taurinas Norte-americanas y en la euforia de la saludación y muestras de admiración por el “Zapata” le presentaron al pintoresco Marino Ortega “El Tlaxcalita”, ayuda, asistente y “utility” del matador, al que la entusiasta gringa le preguntó: – “Oye Tlaxcualita, y tu…¿Tienes correo electrónico? A lo que el “Tlaxcalita” de manera ingenua, pero también entusiasta, respondió:

-“En casa…electrónico…lo que tengo es ¡El refrigerador!”

– ¡Oleeeeee! Tlaxcalita festejó Uriel Moreno, entre las risotadas de todos.

¡VESTIRSE DE LUCES!

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Vestirse de luces es un privilegio del que pueden ufanarse unos cuantos. Significa, representa para quienes lo hacen muchas cosas, además que se trata de un verdadero ritual. Algo, como dice lo que canta Julio Iglesias que es “una experiencia, casi religiosa”. Aunque lo cierto es que por la actitud que hacerlo demanda y todo lo circunstancial que le rodea; Vestirse de luces es todo un ceremonial religioso. El ritual y su parafernalia se inician desde la selección del lugar, generalmente un cuarto de hotel, y éste, el hotel con cierta tradición taurina; como también suele serlo la habitación de casa de algún aficionado taurino de pura cepa, que por amistad, autenticidad taurina o cierta cercanía con la plaza, en esa su casa recibe a quien va enfundarse en un traje de luces.

Un altarcillo, muchas veces un pequeño retablo plegable en madera o piel, es colocado conteniendo una verdadera multitud de multicolores estampas e imágenes, corte celestial, en la que no pueden faltar; la Virgen de Guadalupe, La Macarena, el Cristo del Gran Poder, que es el Cristo de los toreros y toda una pléyade de santos y advocaciones, tanto de María madre de Dios, junto con su hijo crucificado y tienen su lugar en el relicario móvil; un par de rosarios de madera, cristal o metal, algunas medallas y colgageros benditos, así como una veladora, misma que habrá de encenderse, precisamente al final del ritual.

La escena se complementa con el vestido de luces, los accesorios que, el capote de paseo, colocado al final cubre todo, como la Virgen con su manto, que muchas veces va bordada en finos y multicolores hilos. Todo, ha sido, minuciosamente ordenado de manera metódica y compulsiva colocado sobre una silla, de tal forma que así en riguroso orden, van siendo tomados por el mozo de estoques que cumple con la misión de asistir a su matador a vestirse, en presencia únicamente del apoderado, y algún que otro amigo intimo; de ser posible, una guitarra cuyas cuerdas tañen un lamento gitano, son el fondo musical de la escena, la guitarra se suple actualmente por un aparato electrónico y por conversación, únicamente se escucha un breve murmullo en voz baja de los acompañantes, que nunca, de los nuncas, nuca; deberán sentarse en las sillas, la acción se contempla de píe, y cometerán grave pecado de les antitaturinidad si colocan algún sombrero o se recuestan sobre la cama. Prohibido está, encender la TV y menos para ver un partido de Futbol.

El ritual comienza al salir el diestro de la ducha, regadera o baño, desnudo en la intimidad que los asistentes, con su silencio respetan; para colocarse, primero, ayudado por su mozo de espadas la coleta o añadido del cabello, muchas veces con este aún húmedo que permite así sujetar un mechón a la coleta, modernamente, esto se hace utilizando un aparatejo, en el que el mechón queda atrapado a manera de prisionero, sostenido por una pinza que se cierra con un tornillo. Sigue luego la prenda que actualmente sustituye a una antigua calzona de alba manta con cintillas en la cintura y a la altura de las rodillas. Se usa ahora directamente sobre la piel un “mallón” de licra (prenda muy femenina, es una “panti”) y su verdadera utilidad radica en que al adherirse a la piel, a más de comodidad impide que las vellosidades sean molestamente atrapadas por el tejido de “punto” de la taleguilla o “pantalón” — no se le llama así – del terno de luces, que tiene una gran elasticidad. Se colocan después, sentado el torero y en cuclillas el asistente, las medias color rosa, poniendo especial cuidado en que la costura quede bien alineada en la parte posterior,de los muslos de la pierna con los negros adornos en forma de flechas a los lados, sobre los tobillos.

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¡El Desplante!

Breve nota explicativa:

El Desplante, cómo acto que se realiza frente al toro, no es un lance, ni una suerte o pase, más bien es la expresión, el resultado de una actitud, que se efectúa, generalmente al salir o término de una serie de muletazos. Dice el tauro diccionario que es: “Acto del torero lleno de arrogancia al toro o de descaro o desabrimineto al público”, cosa que también puede serlo. Y en este breve espacio le utilizamos como expresión para un comentario sobre alguno de los aconteceres taurinos recientes.

En España, según vayan colocándose los toreros en el escalafón y no sólo eso, sino dependiendo de lo que valen es decir de lo que representan económicamente hablando, se les clasifica, quedando los más cotizados dentro del Primer Grupo, más bien llamado “Especial”, pertenecen a él: Enrique Ponce, Julián López “El Juli”, José Tomás, José Antonio Morante de la Puebla, Manzanares, Pablo Hermoso de Mendoza, Francisco Rivera Ordoñez, su hermano Cayetano y Alejandro Talavante, Son estos los nombres que aparecen, los que los empresarios de las plazas de Sud-América buscan para sus muy prestigiadas ferias, las colombianas de Cali, Bogotá y de Medellín, la de Lima Perú y otras, corroborándose así esto del grupo “Especial”, pues bien, nuestro desplante va en el sentido de que ahora a esos nombres de toreros españoles, empieza a agregarse de manera sorprendente, pero digno de todo elogio, el del mexicano Arturo Saldivar cuyo nombre aparece ya en los carteles de algunas de estas importantes ferias, sobre todo por lo que por ahí cobran en dolares los toreros. Queda aquí este desplante.

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¡Vaya Pregunta!

Toreaban en el viejo Toreo de Puebla al inicio de los setentas, Antonio Lomelin y el entonces esbelto Curro Leal. Ya se había vuelto verdadera costumbre, después de la misa de doce en la capilla de la plaza y del sorteo, pasar todos, matadores, apoderados y cuadrillas a la casa a un costado de la plaza sobre la 19 sur. Tenía ahí el licenciado Benjamín Del Callejo, destacado y conocido Notario Público su residencia. Don Benjamín se desempeñaba como Juez de Plaza e invitaba a todos; toreros y acompañantes, a los coletudos a que se vistiesen de luces en esa, su casa, contaba ahí con un Oratorio o Capilla especial para los matadores, y a los demás acompañantes y aficionados a la tertulia, sobre todo después de la corrida. Pues terminado el sorteo y en el ínterin para ir a la ducha, los toreros y cuadrillas descamisados acostumbraban relajarse, calentar el cuerpo, jugando en el jardín de la parte posterior, bien cuidado y de verde y fresco pasto; “echar cascarita”, jugar un poco a patear el balón. En esas se estaba, cuando en la intimidad de la confianza y el relajamiento se acerca “Curro” Leal, entonces, esbelto — decía — y recién alternativado, y le pregunta a Toño Lomelín : – Oye Matador. Yo todavía como que no agarro bien la onda con eso de los turnos de los quites. ¿Cuándo me toca a mí?

Y le responde Lomelín: – Mira Matador; cuando veas que yo me atravieso a quitar el toro del caballo, me echó el capote a la espalda y estoy armando la escandalera. ¡Es que te tocaba a ti!