¡LAS ESPANTADAS!

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Espantada, según el diccionario taurómaco es; Cuando un matador se retira bruscamente de la cara del toro, generalmente, arrojando al suelo el engaño. Y por extensión podemos agregar que; cualquier actuante, vestido de luces puede estar en esta situación de espanto, muchas veces pánico y puede arrojar al suelo, muleta, capote, banderillas o cualquier avío. Entiéndase; la huida repentina de la cara del toro y por tanto, disentimiento súbito del lidiador de cumplir su encomienda, la de lidiarlo, ocasionado por el miedo. En esta acepción se ha empleado con asiduidad el apocope: espantaa.

El maestro Pepe Alameda, le llamó también “La Graciosa Huida” haciendo alusión que a veces para disimular la espantada, el torero prefiere “tomar las de Villa Diego” y salir huyendo, eso si, graciosamente, sin que por eso deje de ser una espantada. Célebres, de toda celebridad han sido las espantaas, así llamadas de Rafael Gómez “El Gallo”, en las españas por los años veintes de siglo pasado y después de los cincuenta en México las de “El Berrendito de San Juan” Luis Procuna, quien literalmente se tiraba de cabeza al callejón, y algunos otros que han hecho del miedo y sus espantadas, una bandera son: Joaquín Rodríguez “Cagancho”, Rafael de Paula y entre los nuestros Rodolfo Rodríguez “El Pana”.

La huida puede deberse a diversas causas; el tamaño, trapío y condiciones del enemigo a lidiar, o bien la actuación definitivamente superior de otro de los alternantes; el recuerdo, la llegada súbita y repentina de alguna experiencia anterior, similar o más dramática que terminó en alguna cornada o incidente grave. De facto, debe de existir en la memoria, como “hecho reciente” el antecedente de algún incidente de serías consecuencias; cornadas, de aquellas de las que el torero no sabe, desconoce la causa, y ante la posibilidad evidente de que el accidente se repita, el sub-consiente del torero le traiciona y le hace pegarse la “espantaa” y esto por razones obvias resulta más evidente cuando la cornada anterior ha sido en el recto o zonas de la parte trasera del cuerpo, que además resultan dolorosísimas, y que casi por “instinto” el torero o subalterno que ha sufrido percances con lesión dolorosa, cae victima, presa del pánico y difícilmente puede evitar la huida. El Maestro “Armillita” sentenciaba: son respuestas incontrolables que dicta el instinto de conservación”. Lesiones son estas, además de corporales, sicológicas de muy difícil superación.

 

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¡Hablan los toristas!

Los Palha, provienen desde el siglo XIX, son famosos por su bello pelaje, hechura y agresividad, su propietario, hombre de campo habla: “Soy mucho más torista que torerista, porque entiendo que cuando se es bueno puede con todos los toros. El torero tiene la obligación de saber torear a todo tipo de toros, a los más facilones y también a los difíciles. Yo disfruto con el toro bravo, muy bravo. A veces ese toro puede dar la impresión de ser una fiera a la que nadie puede le hacer nada. Pero lo bueno es que la gente tenga en su asiento la sensación de peligro, el público no puede dormirse en el tendido: lo que es necesario es que el público hable, diga lo que diga al salir de los toros. Tiene que haber algo que transmita que es realmente difícil hacer aquello que hace el torero”.

Pregunta la reportera Ana Fernández Garciani de Campo Bravo al ganadero Fernando Palha: ¿En la fiesta de los toros es necesaria la tragedia? Responde el ganadero: – “Si, si, claro, Si no hay tragedia, no hay miedo. Y si no hay miedo no hay posibilidades de probar que el hombre, con su inteligencia, con su capacidad, con su supremacía, es capaz de dominar a la fiera que quiere hacer mal”.

Viene nuevamente a la memoria la frase sentenciosa de Corrochano en su Tauromaquia; ¿Qué es torear? Se pregunta, y se responde: – Joselito, creo que lo sabía y a Joselito lo mató un toro.

A propósito de esto Luis Miguel Dominguín, respondió así a Dinastias el 26 de septiembre de 1987, con motivo de su segundo matrimonio¨: “Toda mi vida la he pasado tratando de encontrar a la mujer y al toro. A éste último no lo encontré, a la mujer creo que si”.

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¡EL BICENTENARIO Y LOS TOROS!

Gran revuelo ha ocasionado en el ambiente que rodea a los festejos, del Bicentenario del inicio de la independencia de lo que es hoy nuestro país, sobre todo en lo concerniente a la personalidad del llamado Padre de la Patria Don Miguel Hidalgo, sabido ha sido por la historia y más que nada por la tradición oral, el relato que ha pasado de una generación a otra; lo muy inquieto que era el padre Hidalgo, aficionado a mil cosas, los gallos los juegos de cartas y sobre todo gran aficionado a la más bella de todas las fiestas. Investigadores interesados le ubican como propietario de los ranchos: “El Jaripeo”, “Santa Rosa” y “San Nicolás”, en tierras del centro del país, se sabe con certeza de alguna corrida salida de sus potreros que se lidió en Acambaro, Michoacan. Los festejos de la efemérides del Grito de Dolores han dado lugar a la edición cinematográfica de la vida quien se llamó; Miguel Gregorio Antonio Ignacio Hidalgo y Costilla y Gallaga Villaseñor, película con el atractivo nombre de “La Historia jamás contada” en la que se desmitifica al cura y en una escena de dicho film aparece en las barreras del tendido en una plaza de toros, asistiendo, muy bien acompañado a un festejo. La foto que acompaña este Post, ilustra tal escena.

LOS CALLEJONES, y… ¡Esa necedad de estar en ellos!

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El callejón en una plaza de toros se define como: el lugar de espacio libre entre la valla o barrera que circunda el redondel y el muro en que comienza el tendido. Y subrayamos los conceptos de “espacio” y “libre”, precisamente para enfatizar algo que se ha convertido exactamente en lo contrario: Un espacio donde todos quieren estar, provocando que No haya eso; libertad de movimientos, para quienes de verdad deben estar en el. Pero continuando con lo conceptual, esa valla de madera que limita el redondel, o albero, como se le llama a la parte cubierta de arena, cuenta con espacios de acceso, llamados “troneras” que permiten a los toreros entrar o salir del ruedo, protegidos por sus correspondientes, “burladeros”, siendo estos verdaderas vallas o escudos de madera que se colocan, unos, delante de estos espacios de entrada del ruedo al callejón y otros más pegados al muro que separa el callejón de las tribunas o tendidos. El número de burladeros que protegen las troneras, generalmente es de tres a cuatro, siendo el mayor, o más amplio de ellos el llamado de “matadores”, que se sitúa ligeramente a la derecha — viendo desde el palco del juez — y los otros dos o tres dependiendo del tamaño del ruedo, que nunca será mayor a 50 metros salvo honrosas excepciones como Sevilla, Ronda y la del Puerto de Santa María, ni menor a 45 metros de diámetro. El de nuestra Plaza México tiene 46 metros. Y otra honrosa excepción — negativa — es el de la Plaza Arroyo al sur de la ciudad de México, que ridículamente no llega a 15 metros de radio. Lo cierto es que estos burladeros en número, nunca deberán pasar de cuatro, intentar colocar más, quita seriedad a la fiesta por el exceso de “refugios”. Los otros, los interiores, están destinados para el resguardo, protección y seguridad para quienes por razón de su desempeño profesional deben permanecer en el callejón. En teoría este listado debiera limitarse a los actuantes, matadores, subalternos, y sus asistencias, así como los trabajadores de plaza encargados de las puertas del redondel, de toriles, de acceso de caballos, areneros y monosabios.

Los Reglamentos Taurinos en vigor son muy específicos al incluir y dictar un listado de personas que deben recibir autorización, para tener acceso y permanecer en el callejón durante una corrida, se le llama “acreditación”. Retomando el título de este “Post”, recalcando la necedad, verdadera “terquedad” de indebidamente permanecer en el callejón y que éste debe estar “libre al transito y funciones de actuantes y sus asistencias”, lo cierto que es que los callejones se han convertido malamente en sitos llamados “VIPS” en donde personas que nada tienen que hacer ahí, insistentemente muevan recomendaciones, influencias gubernamentales, políticas, periodísticas y sociales, para estar en el callejón: “Dejarse ver” , es la expresión correcta. El Reglamento autoriza a estar en el callejón únicamente a actuantes, quienes además no requieren de ningún tipo de acreditación por presentarse vestidos de luces, subalternos, entendiéndose; picadores, banderilleros, puntilleros, y algún sobresaliente, los antes mencionados trabajadores plaza; monosabios, areneros, mulilleros, encargados de puertas. Por supuesto médicos de plaza cuya presencia no sólo se justifica, sino que además adquiere relieve e importancia, pues el medico cirujano de toreros al momento de intervenir quirúrgicamente ya sea para curar o simplemente explorar una herida debe tener idea clara de la o las trayectorias que siguió el pitón y para ello es indispensable estar atento y cerca a lo que ocurre en la lidia. Resulta tan minucioso y detallista el Reglamento que en su listado incluye un Capellán, sacerdote quien también debe permanecer ahí por lo que pudiera ocurrir, y no quiero ser detallista al respecto. A las asistencias les ordena movilizarse en el callejón únicamente para desempeñar sus labores durante la lidia del toro que permanece a su matador. Y lo mismo a los Apoderados, les indica permanecer tras el burladero que tienen asignado y les permite desplazarse, sólo durante la actuación de su poderdante, cuando se trata de un novillero.

Eso lo que dicen y dictan los Reglamentos, lo cierto es que la realidad es un verdadero desastre, y hasta en plazas llamadas de Primera, el callejón, quizás desde la llegada ahí de las cámaras de TV y la proliferación actual de los llamados “medios” se han convertido en una vitrina o aparador donde todo mundo quiere estar. La prudencia, la precaución, señalan lo contrario. Como muestra de las tragedias que pueden llegar a ocurrir, presentamos 3 fotos 3 que bien ilustran lo que en determinado momento y de manera inesperada puede acontecer, poniendo en peligro la vida de cualquiera.

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Breve nota explicativa:
Se pronuncia “schhoma” y es un trozo de penca de maguey, verde, fresco, flexible que se acomoda como “jícara” para tomar el “neutle” o pulque, bien llamado “néctar de dioses” en el campo durante maniobras de embarque, en herraderos y demás labores; su ingesta además de vigorosa y reconfortante, resulta refrescante. Una vez servido, cada ración es de más o menos medio litro, debe tomarse de un solo trago y en forma de reto; un bebedor frente al otro. Y terminado el gran y largo trago, con una mano se sujeta y se sacude violenta y enérgicamente la schhoma, para que suelte la hebra o baba, como se dice comúnmente, en el campo, “pa´ que suelte el alacrán”. Esta delicadísima maniobra de gourtmets de campo se le llama “sacudiendo la schomma”. Y en este breve espacio le utilizamos como expresión para un comentario sobre alguno de los aconteceres taurinos recientes.

Va: Sacudiendo la choma… y ahora toca comentar la fotografía que es la tercera con la que ilustramos este último Post en el que se habla de “Los Callejones” de las plazas de toros y la necedad, verdadera terquedad de quienes quieren, insisten en estar indebidamente en un burladero de callejón, simplemente para “dejarse ver”, siendo que estos nunca pueden ser totalmente seguros, lo muestra la foto en que un toro ha quedado atrapado dentro de un burladero, donde usted puede imaginar como quedan sus ocupantes en caso de no encontrar escapatoria y eso ocurre por tanto impertinente. “colados” que ahí estorban. En la foto en la Plaza México el célebre “Flaco” Valencia, posa junto al toro atrapado.

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¡Ese nene viene con la escoba!

Luis Miguel, desde niño, tenía las piernas muy largas, desproporcionadas al cuerpo. Sus pasos cuando corría resultaban desangelados y ello rompía la estética del conjunto, haciendo fea y desarticulada la carrera. Entonces se nos ocurrió que haría el ejercicio de correr a paso gimnasta, atada una pierna a otra por el tobillo, a una distancia que consideramos propia y armónica. Así cuando instintivamente alargaba el tranco en la carrera, la cuerda se lo impedía y entonces irremediablemente caía al suelo. Se tubo que acostumbrar en el transcurso de muchos días y muchos kilómetros a acortar los pasos, a “menudear” más, a aumentar por tanto el número de movimientos de las piernas y así, obligar a una mayor activación de los reflejos; en fin, a aprender a correr con más belleza de los movimientos. Esto, era un sacrificio. Un día tras otro y una caída tras otra dieron un resultado esplendido – escribe Pepe Dominguín en “Mi Gente” – … Manolete era un torero serio, seco y sobre todo muy honesto. Se entregaba siempre a tope, y si había que tomar la voltereta para conseguir el éxito, allí estaba él dispuesto a ello. Su alargada figura en algo recordaba a las míticas figuras de El Greco, su andar despacioso daba a sus movimientos una majestuosa definición: personalidad… Toreó Luis Miguel en Albacete, en la noche de un día de feria. Manolo se quedo a verle y días más tarde me dijo en Madrid, concisamente, sin más análisis:

¡Ese nene viene con la escoba! En clara, muy clara alusión de que venía a barrer con todos.

A ese chaval a los quince de años, el diestro de Borox Domingo Ortega le otorgó en Colombia la alterativa, misma que luego tuvo, pasados los 16 de volver a tomar en España. Surgió de ahí una tremenda rivalidad entre el chamaco Dominguín y su padrino Ortega quien la tenía tomada con Luís Miguel y éste con el Maestro, al grado de que toreando en mano-a-mano una tarde en Colombia, se le había ido por delante Domingo con una oreja en cada toro, cuando Miguel en su tercero, sin aspavientos, con el gesto sereno, pero tenso, en voz baja, con palabras apenas perceptibles para quien iban dirigidas y algunos pocos más cercanos, le dijo mientras se echaba la muleta a la mano izquierda:

¡Ésta no sabes tú ni moverla! ¡Fíjate y aprende! – Y citando con parsimonia, ligó un pase tras otro en un una impecable y ajustada tanda de naturales, que repitió en sinfonía perfecta hasta que el público en paroxismo, puesto de píe dedicó al joven maestro y nuevo gladiador una descomunal ovación reconocedora y consagratoria. Mientras paseaba el rabo y las orejas a hombros. Ortega nos dijo:

¡Ese puñetero niño sabe lo que hace…y lo que dice!

LOS CONTRATOS Y LAS EXIGENCIAS DE LOS TOREROS

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Ser figura del toreo significa ser mandón, y mandón, – – valga la perogrullada – – es saber mandar, vamos a comentar aquí algunas exigencias de toreros plasmadas por escrito en contratos, que pueden considerarse verdadera documentación histórica como el que firmaron Lorenzo Garza, llamado entonces “El Magnifico” y el empresario Antonio Algara por la EMPRRESA ESPECTACULOS DE LA PLAZA MEXICO S.A. la fecha que registra el contrato signado en la Ciudad de México, por triplicado – – reza el texto – – a los veinticinco años del mes de mil novecientos cuarenta y cinco. Siendo Garza, llamado también “El Ave de las Tempestades”, dichas tempestades, verdaderas tormentas de escándalo podrían acarrear serias consecuencias, que a veces concluían con el matador, detenido y encerrado tras las rejas. Como un acto precautorio de lo que pudiera pasar se establecía una cláusula que incluso se repite en el texto del contrato, la número SEXTA, dice: Las multas que por cualquier caso fueren impuestas al Diestro Lorenzo Garza, en sus actuaciones, serán pagadas por la Empresa. Y se repite lo conceptual en la número DECIMA, que señala: Será obligación exclusiva de la Empresa cubrir todas las multas que por cualquier causa fueran impuestas al Diestro Lorenzo Garza en sus actuaciones en la Plaza México.

En cuanto a otros privilegios y prebendas que el Diestro reclamaba para si y la empresa aceptada en el contrato estaba la posibilidad de alguna lesión, para ello la cláusula OCTAVA manda: En caso de que el Diestro Lorenzo Garza sufra algún percance que le impida actuar en alguna o alguna de las fechas que se mencionan en este contrato, le serán transferidos todos los derechos y de común acuerdo entre Diestro y Empresa, en el plazo que estipula éste contrato. Y es que el recio carácter del regio podía en cualquier momento dar lugar a algún altercado grave que obligara a la suspensión de derechos del matador por su gremio profesional o incluso por orden jurídica, por lo que la Cláusula NOVENA, contempla: En el caso de que el Diestro Lorenzo Garza sufra alguna suspensión oficial que le impida el cumplimiento parcial de éste contrato, la Empresa está de acuerdo en hacerlo efectivo en su totalidad.

Así se las gastaba el señorón de Monterrey. Su contrata abarcaba varias fechas, estas se especifican claramente en el documento de contrato, incluso se deja claro que la presentación del Diestro en la temporada sería en la cuarta corrida y se señalan las fechas posteriores; y hasta cuales serían sus alternantes, en este caso se menciona a los hispanos: Domingo Ortega, Manuel Rodríguez “Manolete” y de los mexicanos; Fermín Espinosa “Armillita”, Silverio Pérez, y la Alternativa de Félix Briones, dejando a la empresa en libertad de poner al tercer alternante. La paga pactada para el torero regio fue de $ 100 000 pesos de aquellos a tipo de cambio de $ 4.65 por un dólar por cada una de las cinco corridas contratadas y la cantidad de $ 125 000 pesos en caso de que la empresa decida montar un mano-a-mano, quedando en libertad de organizarlas como le conveniere. Aquí hacemos un alto en la lectura del documento, para señalar la importante diferencia del poder adquisitivo de la moneda en 1946. Y que actualmente en estos sufridos días de crisis económica, los toreros y sus apoderados a veces tienen que organizar verdaderas pesquisas para localizar a la empresa o empresario, — corretearlos — es la palabra, para cobrar su sueldo que muchas veces es pagado con cheques que suelen como pelota de hule “rebotar” y acaban siendo cobrados en dos tres o mas cómodos pagos. Al enorme Lorenzo especifica el contrato que el pago sería en efectivo y a su “entera satisfacción” ¡24 horas antes de la actuación! Y queda escrito claro, muy claro que ninguna de las corridas podría ser con fines benéficos. Por último, en caso de problemas que pudieran surgir el documento contrato puede ser elevado a nivel de escritura pública.

Para terminar con el tema, debemos hablar del otro tipo de contratos que existe muy en uso en el medio y que está desde el inicio mismo de la actividad contractual: se trata del contrato hablado, el no escrito, el que es sellado “firmado” con un fuerte apretón de manos, de caballeros, de hombres de palabra; “un apretón de manos – – dice Pepe Dominguín en “Mi Gente” — sella la negociación que invariablemente se cumple. Los hombres tienen palabra y honor, que vale más que las letras menudas de las múltiples cláusulas que habrán de ser cumplidas”. Eso de que invariablemente se cumple, es un decir, lo cierto es que muchas veces el apretón de manos se convierte en un cumplimiento en una sola dirección, lo cumple y cumple de la parte convenida quien lleva el interés y las ganancias a su favor y la parte contraria, se queda con eso…un fuerte apretón de manos.

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Junio de 1973, día 3. Barcelona.

Paco Camino parte plaza al lado de Luís Miguel Dominguín y Palomo Linares. En la cuadrilla de Camino va su hermano menor, banderillero y peón de confianza, a quien Paco ha ayudado siempre desde pequeño y se ha expresado de él: – – “Jamás vi mozo más plantado ante los toros”. “Joaquín – – relata Loret De Mola – – quiso ser torero pero el peso de la figura de su hermano le dificulta realizar su sueño; entonces Paco le recibe en su cuadrilla, y ésta tarde en Barcelona marchan juntos, como tantas veces. El segundo de Atanasio Fernández pesa 544 kilos y demuestra asperazas muy extrañas en los astados de su procedencia”.

Paco quiere sujetarlo con la capa pero el burel desarrolla genio y el matador se limita a bregar con limpieza. Se retira al burladero para ver transcurrir el segundo tercio. – – Venga Joaquín. Tranquilo, que el bicho es peligroso. A lo que el hermano responde: – No pasa ná Paco. Es lo de todos los días.

Joaquín va al toro despreocupadamente; el burel se arranca y clava los pitones en las carnes del banderillero, infiriéndole dos mortales cornadas; una penetra el tórax y le desgarra el pulmón; la otra penetra por el muslo izquierdo y le destroza el abdomen. Paco a cuerpo limpio le quita el toro a su hermano. Su rostro se horroriza, pero conserva la serenidad suficiente para conducir el herido a la enfermería. Transcurren unos minutos. Paco sale cabizbajo y toma la muleta; castiga al toro con pases enérgicos. Torea por bajo con furia mientras su faz muestra la palidez de una gran amargura. Media estocada precede a una entera que termina con la existencia del astado asesino. Joaquín agoniza y Paco corre a su lado mientras el resto de la cuadrilla recorre el redondel agradeciendo la ovación.

Alguien le pregunta un día – – ¿Qué te han quitado los toros, Paco?

– – ¡Allá en Barcelona, una vez, uno me quito un hermano…!

LOS CONTRATOS DE LOS TOREROS

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Buscando en las Tauromaquias de los clásicos nos encontramos que prácticamente, este tema no ha sido abordado y le consideramos de cierta relevancia principalmente en cuanto a las cantidades o sueldos que han llegado a cobrar algunas figuras de las llamadas “mandones”, cantidades cuya importancia radica en lo desproporcionadamente altas en relación a los sueldos o salarios que percibían otros toreros, artistas y famosos contemporáneos. Y no solamente eso, sino algunas exigencias o canogias que los contratantes o empresas se veían obligadas a aceptar, así como la forma en que estos se especifican en los textos de los contratos, más adelante presentamos alguno que otro ejemplo, pero vamos por partes. Como antecedentes mencionamos que los primeros toreanderos, matadores de a pie que actuaron como profesionales: y aquí vale decir que profesional del toreo es aquel que conoce un oficio que le permite, junto con su valor, afrontar las enormes dificultades de enfrentar a un animal que ha sido creado – concebido – para morir, peleando en una plaza de toros.

Básicamente se señalan en el texto del documento contractual: lugar, fecha y hora de la actuación, en cuanto a lugar no solamente se menciona la población, sino la plaza. El espada queda comprometido a presentarse puntualmente al coso y a matar el número de toros acordado, según sea cartel de tres espadas; mano a mano o alguna otra variante. Se especifica claramente si el mismo espada cubre los gastos de su traslado, hospedaje, los emolumentos de su cuadrilla, mozo de estoques y ayuda. La variante ocurre cuando la empresa contratante se hace cargo de estos gastos, incluidos los de las cuadrilla, por así convenir a sus intereses o por su estructura empresarial, pero quedado claramente anotada la cantidad que corresponde al pago de honorarios del espada y sobre todo si estos emolumentos son libres de impuestos ¿Ó, no? Queda además definido el nombre de la ganadería de los toros a lidiar y el de los alternantes. Algunos contratos corresponden a actuaciones en ferias o temporadas formales y en ellos se señala el número de corridas que el contratado matará en la dicha feria o temporada, así como el origen de los toros y compañeros de cartel, quedando en algunos casos pendiente alguna fecha determinada, pero se entiende que dentro del ciclo anunciado. Y en otros casos dependiendo de la categoría de la “figura” se anota claramente si “abre” temporada o la fecha en que se presentará en dicho serial o feria. Así ocurre frecuentemente con los “mandones” de la fiesta, siendo ellos o sus representantes quienes señalan – exigen – determinadas ganaderías así como aceptar o rechazar el alternar con ciertos coletas.

En cuanto a las percepciones económicas de los toreros, el celebérrimo Monstruo de Córdoba Manuel Rodríguez en los tiempos de sus apoteóticas presentaciones; vino a México contratado por la cantidad de cien mil pesos por corrida, cuando la paridad cambiaria, del peso era de 4 pesos y 85 centavos contra un dólar; y “El Ave de las tempestades” Lorenzo Garza, llegó a firmar alguna actuación por 125 mil pesos ¡de aquellos! Lo que equivale a cerca de 26 mil dolares y como usted bien comprende, 26 mil de los verdes de aquellos, alcanzaban para mucho más cosas que los de ahora. Dato curioso y concluyente si consideramos que las figuras actuales llegan a percibir cantidades menores, salvo algunos cuantos: 65 años después viene a México, el más Hermoso de los rejoneadores cobrando 35 mil dolares por actuación, esto incluye movimiento y traslado de la cuadra desde España y su logística para desplazarse por las diversas plazas del país.

Otro dato curioso y de gran valor histórico, documental es el que comentamos a continuación en relación a una aplastante figura del inicios del siglo XX, su nombre va incluido en el texto de los detalles del contrato en comento: “Será satisfecha a Antonio Montes la cantidad de dos mil doscientos pesos como honorarios por su trabajo y el de su cuadrilla compuesta por tres picadores y cuatro banderilleros y un sobresaliente siendo los gastos por cuenta del matador”. La contrata tiene las rubricas del empresario R. Campusano y del matador contratado Antonio Montes y la corrida fue para matar cuatro toros y se celebró el 6 de enero de 1904 en la plaza de Morelia. Esta cantidad resulta verdaderamente exorbitante si consideramos que algunos años antes en el 62 del mil ochocientos, y con motivo de la recién ganada batalla de Puebla contra los franceses, el gobierno de Puebla a través del regidor Labat organizó un festejo con la lidia de cinco toros en la plaza del Paseo Nuevo a beneficio de los hospitales llamados de “sangre” del Benemérito Ejercito de Oriente, dejando el festejo con plaza llena una utilidad neta de 2 180 pesos con 71 centavos cantidad muy similar a lo que cobraría Montes él sólo con sus cuadrillas por matar una corrida. Los toros de Atenco que se mataron en la corrida benéfica costaron 250 pesos, los cinco, y el Dr. Elizalurriti cobró por sus servicios de medico de plaza cinco pesos. Aplicando las correspondientes reglas de tres la cantidad cobrada por el torero equivaldría a alrededor de seiscientos cincuenta miles pesos de los actuales.

En el próximo Post, hablaremos de algo muy usual en este negocio de contratar toreros y que desde los primeros tiempos de la formalización de esto permanece como una tradición, de alguna manera regulada por lo que se llama “usos y costumbres” y que es el contrato oral o verbal y que entre la gente del toro se signa con “fuere apretón de manos”, pero cosa que aunque persiste funcionando en nuestros días a dado lugar a trascendentes “incumplimientos” de la llamada palabra de honor o sagrada.

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¡Que par…de nalgas!

El relato aparece en las memorias de Pepe Dominguín se remonta a los años cincuenta del siglo recién concluido y hace alusión a la simpatía e ingenio de los “gritones” del tendido de sol. El mismo día domingo en el llamado embudo de Insurgentes los famosos gritones ya habían festejando un brindis de Jorge “EL Ranchero” Aguilar al genial compositor Agustín Lara que ocupaba su “barrera de sol, aquella que no cambiaba por un trono para ver torear a Silverio“. A lado suyo, su inseparable María Félix, y al volver a tomar asiento el músico y poeta, después de recibir el brindis y aprovechando el silencio que se hizo, después de la dedicatoria, se escuchó el grito del tendido alto: – ¡Maria, cuando nos regalas otro de tu ganadería! Momentos más tarde en el tercio de banderillas, toro que correspondía a Domingo Dominguin, traía éste en su cuadrilla a un simpático y bien querido sujeto de muy prominentes y abultados glúteos, mismos que con el ajustado traje de luces lucían en todo su esplendor. De apellido Cadenas era este peón de brega y banderillero, e iba saliendo de terminar de poner un muy buen par de banderillas en su turno; par, que el gritón del tendido festejó en tono admirativo: ¡Qué par….Qué Par! Y cuando Cadenas miró hacía el sitio de donde parecía salir la voz, y con un gesto del brazo levantado, queriendo agradecer el elogio, la misma voz clamó: ¡Qué par! ¡Qué par de nalgas…!

 

¡El Apartadero o entorilamiento!

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Terminado el sorteo que religiosamente se celebra cuatro horas antes de cada festejo, se pasa al entorilamiento, verdadera faena de gran atractivo para numerosos grupos de aficionados que suelen, puntual y religiosamente hacer fila; incluso en algunas plazas, se llega a cobrar la entrada; así quienes gustan de ello deben pagar un boleto por presenciar este movimiento de toros bravos en la que el comportamiento de los aficionados debe ser de máxima quietud, y entre toro y toro que van a su toril, se escuchan leves murmullos y comentarios, mientras van entrando a su toril todo mundo respeta silencioso el paso de los toros, observando su trote, si rascan o no la arena, si meten embisten hacia los bajos de las puertas, es decir; ¿Cómo mete la cabeza? ¿Remató?

Esta maniobra, es también conocida como el “Apartadero” y más antigua y tradicionalmente se ha llamando “enchiqueramiento”, aunque este término debe caer en desuso, por inapropiado, ya que los toros serán encerrados a esperar que suene el clarín de inicio del festejo y el que anuncie la salida de cada uno de ellos de los toriles, no de los chiqueros. Apartadero, es un término con dos acepciones, pues ya lo habíamos mencionado al hablar de seleccionar en la faena de campo en dehesas ganaderas, al apartar o separar los toros que van a una corrida o se destinan a cambiar de potrero, es pues una maniobra de campo; pero en este caso y ya en la plaza los bureles serán separados de acuerdo a los resultados del sorteo, y entraran a toriles según el orden que indiquen apoderados y, o los peones de confianza, que decidirán en nombre de su matador: ¿Cuál de los dos que les toque en suerte lidiará primero? y ¿Cuál segundo? Ó bien ordenar los lotes de tres en caso de un mano-a-mano; Y de acuerdo también con el orden de actuación. Decidir así el acomodamiento se le llama en la jerga “abrir sus lotes”, cosa que el Usía que preside les pide que hagan.

Concluido el apartadero, con cada toro esperando en su toril, con energía y un tanto de solemnidad, las autoridades piden que todo mundo se retire del área de toriles, se cierran las puertas de acceso a estas zona, incluso en la Plaza México una cortina metálica es bajada y se colocan candados, en otros y casi en todas las plazas se instala vigilancia a cargo de policía o seguridad privada, para no permitir el acceso a nadie. Esto es una medida considerada prudente para garantizar la tranquilidad de los toros y sobre todo su seguridad, y más que nada romper, terminar con aquellas absurdas creencias de que los toros son golpeados, costaleados; que les untan vaselina en los ojos para disminuir su visualidad, que les aplican aguarras y otras exageraciones como encajarles alfileres en el escroto y agujas en los testículos, esto suena tan desencajante; que sería un reto para cualquiera intentar estas maniobras ante un toro entorilado, donde su bravura está al máximo por el sólo hecho de privarle de su libertad. Lo cierto es que ya los toros están en sus toriles esperando la hora en que suene el clarín…

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Por aquello de que…¡Los Toros no tienen palabra de honor!

Terminado el sorteo se procede al entorilamiento, tal como se describe en el apartado del texto del apartadero en el Post que precede: para ello, para ver, apreciar el comportamiento en el breve espacio de su paso de corrales rumbo a toriles; apoderados, cuadrillas, peones de brega y de confianza se colocan el lugares estratégicos para observar lo que hacen los toros que les han tocado en el sorteo, ante tal evidencia, cierta ocasión en que toreaba Arturo Gilio en Puebla con él venía con sus poderes el muy bienquiso, siempre recordado y gozador de gran aprecio Marcelo Acosta, por todos conocido como “El Hermano Lobo” por ser barbicárdeno y lo bonachón de su carácter y trato, por lo que viendo este juez que el querido Marcelo no tenía un buen lugar, me hice a un lado, dejándole el sitio para que bien pudiera ver el paso de los toros y su entrada a toriles. A este gesto de cortesía, que acompañaba con el que se hace con la mano señalando un: ¡Pase Usted! el apoderado respondió: “¿Apoco de veras crees en eso?” Refiriéndose a qué lo hagan los toros a su paso será una muestra de lo que harán después en la plaza. Movió la cabeza de un lado a otro y halándome del brazo comenzó a contar la siguiente anécdota: “Toreaba un día Arturo en un pueblo de aquellos rumbos laguneros, por supuesto un mano-a-mano con Jorge Gutiérrez, por lo que sólo llevamos 4 toros. Yo, porque Arturo toreara le hacía de empresa. Pues el primero de Gilio, segundo de la tarde, salió manso perdido, huyendo espantado de los caballos y buscando la puerta por la que había salido para regresar a su casa. No veas la bronca que se armó, una de mentadas… no me quedó otra que hacerle la seña a mi juez para que regresara el manso a corrales. Cosa que hizo gustoso para terminar con la broca, pero sorprendido, pues era el primero que sabía que no había toro de reserva… Arturo También se sorprendió y con señas le decía: ¡Calma….calma! Se corrió el turno saliendo el cuarto, segundo de Arturo en sustitución del primero”. La gran duda ¿Qué se le iba a echar como segundo y cierra plaza? Con esa calma franciscana que le caracteriza el Hermano Lobo se dirigió a toriles y ordenó a los torileros que con bolsas de plástico y cestos llenos de arena blanca, cubrieran los lomos y costados del manso que era negro zaino, convirtiéndolo así en cárdeno claro. Fue tanta la arena y de suerte tan blanquecina que le echaron, que lo dejaron casi “ensabanado”. Ante tal polvareda se abrió la puerta de toriles para la salida del cuarto, — que era el mismo segundo – ahora de “cierra plaza” y desde luego con el nombre cambiado, saliendo éste como endemoniado, buscando pelea; a los caballos fue estupendo provocando un tumbo y ya en muleta se quería comer ésta. “Arturo le hizo faena de escándalo, matándolo de estoconazo y le cortó las dos orejas….” Marcelo remató el relato, retirándose con un quiebre de cintura, como media belmontina diciendo; “Y tú, todavía crees en eso….!Sí los toros no tienen palabra de honor!”.

“EL SORTEO” Parte dos.

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Meten la mano al sombrero del juez los apoderados, o representantes de cada torero en el mismo orden en que alternaran en el ruedo, para sacar cada uno su papelito, mismo que para desdoblarlo, en una maniobra que Avilés describe como hecha con la paciencia de un fabricante de “cerámica japonesa”, primero se santiguan, antes de meter la mano; luego ya con el papelito en la diestra se persignan, otros sacan de la cartera alguna imagen y frotando el rostro de la estampita contra el papel hecho bola invocan a la buena suerte, algún otro restriega la pelotita contra un medallón del rostro del Cristo del Gran Poder o la Guadalupana que junto con un manojo de medallas pende del cuello en gruesa cadena. Imagine usted – nos invita el autor que venimos siguiendo en el tema, Aviles – lo que ocurriría si alguno de los apoderados fuese musulmán; en cuclillas, arrodillado, con la bolita entre las manos clamando y orando, con las puntas de los dedos hacia La Meca. Viene ahora la minuciosidad de miniaturista para desdoblar los múltiples pliegues del papelito y cantar los números del lote que les toque en suerte.

Cantados los números, autoridades, cronistas y aficionados de pura cepa harán las anotaciones correspondientes, restando ahora que sean los mismos apoderados o peones de confianza quines señalen cuál es el orden de lidia de los toros que les ha tocado en suerte, es decir, en que orden lidiaran a sus toros.

El reglamento contempla también y señala que en caso de que los apoderados no lleguen a ponerse de acuerdo, será el juez quien indique como se conforman los lotes y también será el juez quien sortee por algún torero cuyo representante no se encuentre puntualmente en el sorteo. El mismo reglamento acepta que en caso deque exista común acuerdo entre los actuantes sobre la distribución de las reses, el sorteo no procederá, aceptándose lo que dicte el común acuerdo, situación está, muy frecuente en las alternativas en que se permite al toricantano escoger el toro de ceremonia y una vez seleccionado éste, se le completa su lote con la sugerencia y participación de los demás y los dos alternantes; padrino y testigo sortean el resto de toros.

Por último, afirmamos que el sorteo, los sorteos deben llevarse a acabo a “puerta abierta”, permitiendo el acceso de público, aficionados, prensa e interesados, tal como ocurre con muy buenas entradas en nuestras plazas, Aguascalientes, Morelia, allí en ocasiones el sorteo se ha realizado en el centro del ruedo por el “entradón”, Puebla, Tlaxcala. Caso contrario suele ocurrir en La México, que estando anunciado el sorteo a la doce horas, al abrirse las puertas y permitir la entrada de verdadera multitud que acude, al bajar por las rampas hasta el sitio, cerca al patio de cuadrilla ¡Oh sorpresa! Resulta que el sorteo ya se realizó ¡A puerta cerrada!

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¡A propósito de los sorteos!

Para rematar la descripción de los sorteos, un par de interesantes anécdotas que ilustran lo que puede ocurrir en ellos, en relación a que desde siempre se ha aceptado que si los espadas están totalmente de acuerdo el sorteo procederá en tal forma que se acepta el acomodamiento de los lotes de acuerdo a lo que digan los actuantes: Curiosa e ilustrativa nota, al respecto publicó en el año de 1904, el 23 de octubre el periódico El Imparcial en esta gacetilla, la víspera de la corrida que lidiaron en la antigua Plaza México: Francisco Bonal “Bonarillo”, Joaquín Hernández “Parrao”, quienes alternaron con Arcadio Ramírez “Reverte Mexicano”, con toros de Santín: “Bonarillo” y “Parrao”, en consideración de que torean por primera vez con “Reverte Mexicano”, nos manifiestan que tienen el gusto de que Arcadio elija los dos toros que más le gusten para él (si en ello no tiene inconveniente) antes de que se haga el apartado en los chiqueros, para designar el orden en que han de lidiarse y siempre y cuando la autoridad y el ganadero lo permiten, supuesto que son los que tienen potestad para ello. “Reverte” quien actuaba repitiendo al triunfo de su presentación el domingo anterior, “asegundo” con un nuevo y gran triunfo.

Toreaban Ignacio Sánchez Mejías con Juan Silveti, el primero de la dinastía que hoy, ya va en su cuarta generación; Juan “El Meco”, Juan “El Tigre”, David “El Rey” y Diego, después de larga discusión sin llegar a un acuerdo al lotear, los apoderados hubieron que llamar a los matadores, y al presentarse estos a la plaza la discusión se acaloró hasta que Juan masticando nerviosamente el puro y tirándose el famoso mechón preguntó a Ignacio: “En resumen, ¿Qué toros quieres tú?” Y después de escuchar sus argumentos sobre la mejor manera de hacer lo lotes y el que mejor le agradaría, que era el de menor tamaño, Juan Dijo: “¡Échenle a éste esos toros para que vaya a gusto y a mí dejan los otros!” ante el asombro de sus allegados. Resultando, como suele ocurrir en estos casos, que el lote del gran Juan resultó mucho mejor que el del Sevilla.

“EL SORTEO”

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PARTE 1

Conmemorando el L aniversario de la Plaza México, en 1996 el periódico “La Jornada” publicó un interesante artículo firmado por Jaime Avilés titulado “Donde rondan los duendes de la muerte”, y que inicia con el sub-titulo “El Sombrero del juez” que dice, refiriéndose a las doce del día, la hora del sorteo: “hay un olor a adrenalina caliente que se mezcla con el aroma de los puros y las lociones que impregnan los pañuelos de seda en el gaznate de los participantes. Es el olor de los duendes de la muerte, contra los cuales luchan en esos instantes, en hoteles no muy lejos de ahí, las estampas y las medallas milagrosas que presiden otros silencios al calor de las veladoras, en las habitaciones donde reposan ayunando los toreros”.

Se sabe con certeza que fueron primero los ganaderos, aquellos de abolengo y propietarios de celebérrimos apellidos y de las ganaderías madres de todas las dehesas en el campo bravo, eran ellos, quienes “sabiendo” lo que llevaban dentro sus toros asignaban por números los que habían de lidiar tal y tal figura y los que dejaban para los otros alternantes. Otra variante que hasta la fecha se respeta con algunas consideraciones se da cuando se lidian diversas ganaderías, debiendo ir por delante, primera de lidia la ganadería más antigua y cerrando también esta.

Fueron Cúchares y el guipuzcoano Luis Mazzantini, los primeros en oponerse a esta práctica, hasta que en el año de 1923 aparece en los reglamentos la modalidad del “SORTEO”, para que en igualdad de circunstancias y dejándolo a la suerte fueran sorteadas las reses a lidiar. Para ello, la tradición señala que para sortear, cuatro horas antes de cada festejo, se formen “Lotes” dos toros en cada lote, y serán tres lotes para corrida de 6 toros 6; o bien dos lotes de tres para los mano-a-mano.

Por los pasillos, troneras y burladeros de los corrales de la plaza han desfilado hablado, opinado, discutido y por último negociado; apoderados, banderilleros y peones de confianza de los espadas anunciados en el cartel, para después de una discusión basada en sus profundos conocimientos sobre el embestir, caminar, actitud y comportamiento de los toros en el ruedo, opinión por demás estéril, pues antes que nada debemos recordar que “los toros no tienen palabra de honor” y más que eso; ni fueron a escuela alguna, y menos son dueños de los genes que rigen su comportamiento frente a capotes, caballos y muletas. Forman así los lotes: el listón 67 alto de agujas va con el 32, cómodo de encornadura; y el 117 de enorme morillo va con el castaño 16, de bajas hechuras; y el alegre y avispado, cárdeno claro, caribello, 111 va con el 54 negro zaino que parece reservón.

Los lotes, de tal manera conformados combinarán el bajo tamaño de un toro, con el otro, alto y de buen corte; el pali-abierto con el corniapretado tratando de compensar las desigualdades que aún en el encierro más parejo existen. Hechos los lotes, será el apoderado del más veterano o primer espada de los alternantes quien escriba en una hojas de papel arroz para tabaco los números de los toros de cada lote; pasándolos al representante o apoderado del tercer espada, el más nuevo, o de más reciente alternativa, que no siempre es el más joven, quien doblará lo papelitos hasta convertirlos en verdaderas pelotitas de papel. El apoderado del segundo espada tiene el derecho de “matar filos” expresión que significa verificar que las bolitas sean similares en su conformación, ninguna más grande que la otra, ni más comprimida o apretada, o con algún pliegue o doblez identificable que permita con maña y truco reconocerle. Ahora, es el momento en que cualquiera de los participantes incluido el ganadero o empresa, podrán tocar las bolitas para transmitirles la buena briba. Curioso, e interesante resulta observar un sorteo en el que esté presente uno de los ganaderos de San Martín don José Chafick pues este, teniendo en su mano izquierda una verdadera baraja de estampas multicolores, algunas plastificadas de santos, vírgenes y sangrantes cristos; con esta baraja abierta en abanico cubrirá las tres bolitas que le son presentadas y poniendo su otra mano debajo de ellas les cobijara, invocando la protección de los santos y madonas de las estampas.

Continua la descripción de Avilés “…don Jesús Dávila el juez se despoja de su sombrero tipo” Stetson”, pero de marca” Berg”, forrado por la casa” Ruiz” del centro de la ciudad de México, y lo coloca sobre el “Stetson” autentico de diez años y forrados por “Tardan” del juez Shiaffino Por aquellos días, juez de callejón o mejor dicho Inspector de Autoridad, y que según el Reglamento, juntos los dos jueces, deben presidir el sorteo — para impedir que se que se metan los duendes (o que una paloma baje y se robe una bolita) En una estampa que simboliza las bodas del Cielo con la Tierra, ambos jueces mueven los copulantes sombreros al compás para que en esa improvisada tómbola de fieltro la fortuna se bata en duelo con las leyes del cálculo de probabilidades”.

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6 AVISOS 6 ó ¡Cuando los Toreros ¡no Funcionan!

Mucho, mucho se comentó lo ocurrido la tarde del domingo, segunda de temporada chica cuando Christian Hernández, victima del pánico súbito, después del primer muletazo de tanteo a su segundo, quinto de la tarde salió en clásica “espantaa” como si al mismo Mefistófeles hubiera visto o lo que es peor como se si enfrentara a un agente de la AFI armado hasta los dientes, corriendo salió y de cabeza se aventó al callejón. Muy al estilo de Luís Procura, quien así de cabeza se clavaba en el callejón.

Los tres tiempos de la actuación del ya retirado Chistían, es cierto que por vez primera se dan en la gran México al mismo tiempo, para el mismo hoy, ex coleta: la “espantaa”, el auto-desprenderse la coleta, y los 6 avisos 6. Esto es cierto y establece no un record, que no es palabra taurina, más bien, un acontecer marcado como algo nunca antes visto. Pero estos hechos por separado, si tienen precedentes. Lo de los saltos de cabeza al callejón son de la autoría del “Berrendito de San Juan”. Lo de desprenderse la coleta, ocurrió ante la presencia de quien esto escribe en la Plaza de Toros La Concordia de Orizaba Ver., toreaba el colombiano Edgar García llamado “El Dandy” y ante la desesperación, en este caso más que miedo o pánico, pues alternó con Eloy Cavazos en aquellos sus años de gloria en que con fulminantes espadazos cortaba a sus enemigos orejas y rabos. “El Dandy” con más impotencia que otra cosa al sentirse incapaz de emular tamañas hazañas, también al iniciar la faena de muleta de su segundo, se acercó a tablas, y pidió a su mozo de espadas una tijeras con las que, él mismo se cortó el añadido ante la mirada atónita de sus numerosos acompañantes, cuadrilleros, ayudas, y ayudas de las ayudas, quienes evidentemente de acompañarle vivían y en sus encajados rostros se veía la interrogante ante la actitud del desesperado coleta: Y ahora, ¿Qué vamos a hacer? Traducción = Y, ahora, ¿Quién nos va a mantener? Pues una vez desprendido de la borla de matador El Dandy se acercó para únicamente dar los muletazos de aliño y tirarse a matar, supuestamente por última vez en su vida, mientras desde las alturas, junto al palco del Juez la banda comenzó a tocar “Las Golondrinas” a indicación de Usia (Yo). El colombiano, pasado el amargo trago y consultando después con la almohada y el humo del tabaco, decidió volver a vestirse de luces. En cuanto a los dos toros devueltos al corral siendo de un mismo actuante, tocó a este desgastado Juez en Huamantla, corrida de Huamantlada, plaza llena, hasta el toldo, con toros de los que si son toros de Tenexac, corrida anunciada como “despedida”, ¡Una de tantas! de Rodolfo Rodríguez “El Pana” quien escuchó los tres avisos de su primero que se fue vivo, devuelto a corrales y en su segundo, sonaron los dos avisos y en un exceso de consideración por parte del juez, se dejaron pasar 7 minutos 7, entre el segundo avisó y el tercero que no llegó, es decir; 5 minutos de excesiva tolerancia ya que debe sonar el tercer a los dos minutos del segundo. Pero se trataba del brujo, vecino de ahí cerca de Apizaco, su supuesta “despedida”; el toro además de amorcillarse “jue alevantado” – diría el mismo Pana – por el puntillero. Por lo que el tercer aviso nunca llegó, pues al fin el cárdeno decidió entregar su vida, que caro vendió. A la salida de la plaza, Usted bien sabe que de “La Taurina” de Huamantla; público, actuantes, músicos, vendedores, todos salen por la misma vía, y por aquello de las concidencias al salir de la plaza, me encontré frente; cara a cara con el matador Rodolfo Rodríguez, quien con esa genialidad del El Pana, ante la evidencia de que se le perdonó el sexto de los avisos, se quedó mirando fijamente a este servidor y moviendo la cabeza de lado a lado me dijo: “Médico, los toreros somos como los toros. A veces funcionan y a veces ¡No funcionamos!”

 

El embarcadero. Parte 2

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PARTE 2

Con toda facilidad podemos calcular que en una plaza de toros del tamaño de la Gran México, en corrida de festín pueden llegar a entrar unas cincuenta mil personas, de esas, no llegan a un centenar las que asisten a la ceremonia protocolaria del sorteo que se efectúa al medio día, poquísimas, una veintena, si acaso, son los privilegiados que asisten a una tienta formal, distinguirle – de las tientas festivas, las de “compromiso” y las pachangueras -. Y al embarque o embarcadero de una corrida, contadas son las personas que asisten, de hecho la asistencia se limita al ganadero, su caporal y administrador; el empresario que compra la corrida o su veedor de toros, y si acaso alguno de los apoderados de los matantes propuestos o ya contratados para lidiar la corrida de embarque y algún amigo cercano del ganadero, el resto del personal lo componen vaqueros y peones encargados de la faena. Resulta que en el embarque el ganadero va a mostrar a sus “clientes”; empresarios y apoderados, lo que verdaderamente tiene en sus dehesas. Me explico; al embarcar una corrida que se encuentra en el campo, potreros o corrales, ahí se va a ver si el ganadero tiene o cuenta con más reses y estas con diferentes características, trapío, edad y por supuesto notas de tienta, por lo que la “clientela” podrá sugerir cambios en el embarque a lo que el ganadero responderá: -¡Ah. No, esos toros son de otra corrida y tienen otro precio! La corrida que pactamos es esta, y ¡Esta, es la que se embarca!

También en ese momento, los toros en su habitat se van a mostrar tal cual son, y en este momento crucial del embarque se ve si los toros embisten codiciosos a los caballos de los vaqueros o huyen tímidamente de ellos, si pasan por las corraletas con la cabeza baja embistiendo con presteza puertas y trancas o si al contrario, en el colmo de la mansedumbre y la sosera, tienen que ser lazados para poder embarcarles y entonces habrán de ir como auténticos bueyes al matadero.

En algunas haciendas ganaderas, – tal es el caso de “Reyes Huerta” y por tanto Soltepec” y “Jose Ma. Arturo Huerta” – en el embarque, el ganadero suele, al paso de los toros por la estructura del embarcadero aprovechar para pesarles. Junto con el registro del peso se checa el plan de alimentación y sus progresos y con la presencia del veterinario al hacer pasar al toro por el llamado cajón de cura, similar al de la bascula, se vacuna, desparasita y se administran vitaminas. Existen también las haciendas ganaderas de bravo, con instalaciones, pudiéramos decir de lujo o “embarcaderos plus” como son el caso de “Coyotepec” y “Rancho Seco”, cuyas instalaciones modernas, funcionales y cómodas facilitan en mucho los embarques, n por ello, descartando de las añejas preferencias, los embarques de antaño y muy a la campirana, donde el peligro y el riesgo inherente al tipo de instalaciones son parte importante del sabor y la emoción.

Por último diremos, que, junto con el término de “Embarcar” reses de lidia se utiliza el de “Apartar”, que según nos dice don Álvaro Domecq y Diez en su libro, “El Toro bravo” significa: “Separar dentro del conjunto de toros, vacas o cualquiera de los animales que por edad forman el conjunto de la ganaderías” y no debe confundirse o usar el de “Separar”, que es una palabra demasiado incongruente. “Es un trabajo de mucha paciencia,- asevera don Álvaro – al decir que si el que aparta es impaciente, lo que hace es desapartar en ves de apartar. Esta labor campera se hace, como ya dijimos para llevar una corrida a la plaza, para curarlos, o ponerlos juntos por razón de edad, esta faena, – culmina el ilustre ganadero – encierra una técnica, y aún diría un arte digno de considerar.

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Parte tres

Fueron muchos los comentarios a estas líneas, pero justo es decirlo, los reclamos o desacuerdos, manifestados merecen su aclaración: Con respecto a los puros con cierto aroma, que los existen y muy buenos, tal es el caso de los originarios de Coscomatepec – eso, queda en la carretera que une a Jalapa y Córdoba, allá por rumbo de Huatusco, en el estado de Veracruz- ese aroma a vainilla o a chocolate, es natural, intrínseco a la variedad cultivada del tabaco, no es un “sabor” agregado a base de esencias muchas veces artificiales que resultan irritantes y demasiado snob. Fumarse un puro de estos, totalmente hechos a mano y de una textura envidiable con un ligerísimo aroma a esencias naturales en estos casos si resulta un muy agradable placer. Ya que de regiones hablamos y tratando de informar donde comprar buenos puros, sobre todo con las características de manufacturados, buenos, frescos y no muy caros, debemos mencionar todos los de San Andrés Tuxtla, también en Veracruz; marcas de renombre los son todos los “Coronas”, los “Te amo”, sobresaliendo los “Santa Clara” con la fecha 1830 en el anillo, fecha de la fundación de la casa purera y “El Hoyo de Casa”. Del mismo estado mencionaremos la región de Martínez de la Torre; en Orizaba los de marca “Alférez”, y en Teziutlán, Puebla, los de marca “Peredo”. Ahí mismo en Teziutlán, si le es posible trate de localizar a herederos del señor Aburto, pureros de pura cepa. Pero que por problemas con Hacienda siempre han andado a salto de mata, exportan puros de maquila a espuertas llenas y quizá de manera no muy apegada a lineamientos legales y hacendarios, pero de que sus puros son excelentes, no queda duda, si los encuentra, cómpreles una buena cantidad de puros frescos y bien liados a mano con calidad de exportación.

Preguntando se llega a cualquier purería de estas y la grata experiencia de apreciar desde como se almacena y preservan las hojas de la planta de tabaco, hasta el muy habilidoso arte del torcido de los puros y por supuesto, adquirir algunos cuantos no es difícil, pues estos no son lugares alejados y si fáciles de localizar; pero aquí en Puebla, en la avenida 5 oriente en el 207 a través de poblanísimas rejas de balcón de hierro, podrá usted ver las instalaciones de Casa Legendaria empresa familiar de puros a mano hacer, donde la frescura de los puros a adquirir y el aprecio de todo lo mencionado, se cumplen con garantía. Por último nos resta aclarar las dudas y contestar los reclamos sobre dejar la cintilla, etiqueta o anillo en el puro al fumarle, lo que se llama “Vitola” y por vitola se conoce también a la marca del puro representada por su etiqueta, Con justa razón se nos hace el reclamo de la frase ofensiva que dice, “Anillo al puro, pendejo seguro” y sobre todo que en la entrega anterior, usamos una muy bella foto del inolvidable “Che” Guevara, quien luce guaperrimo fumándose un Cohiba con la vitola en el puro. Bueno hay excepciones notorias, en primer lugar, creo, quedo claro: la enorme demanda de esta marca contra la bajísima producción les hace sumamente escasos y de elevado precio, vamos uno de estos puros de anillo, como divisa; amarillo, blanco y negro, autentico, por supuesto anda costando no menos de $200.00 MXP y recordemos que en las mesas del portal del puerto jarocho, y en todo el mercado inundado de Cohibas falsos, empiezan pidiendo $1300.00 por la caja de madera con cubierta de cristal con veinte puros y si usted se pone “abusado,” -las comillas valen por doble- se los sueltan por cerca de novecientos pesos. Entonces de tratarse de uno legítimo con certeza de denominación de origen, con la leyenda que debe decir: Habana, Cuba, en letra pequeña de tipo manuscrita, en estos casos y tratándose de Fidel y Ernesto que cuando, la foto fue tomada, recién triunfante la revolución, orgullosos presumían de sus habanos auténticos y eran parte integrante ambos, de la imagen del movimiento revolucionario, entonces dejar anillo al puro, es válido. Esto, además debe unirse al concepto que alguien me manifestó, en el sentido de que cuando un puro es de muy buena marca y esto, además está escrito en algún libro del tema, cundo el puro es de obsequio, se vale dejarle la vitola, en homenaje o reconocimiento a quien nos hizo el muy apreciable regalo. Hasta aquí el concepto es válido, pero pregunto: si el puro es finísimo y su vitola una verdadera obra de arte -como las que ilustran este texto- entonces: ¿Vale fumar el puro con anillo y destruir su vitola quemándole? o vale más, cuidadosamente, retirarla y conservarla, cómo lo que es; una pequeña obra de arte. Y al caso de las ilustraciones que acompañan este texto, me remito. De todos modos, por los comentarios, Gracias.

 

El embarcadero

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PARTE 1

Dante Allghiere, nacido en Florencia, en el siglo XIV, en su obra La Divina Comedia, escrita en treinta y tres cantos, dedicó algunos de ellos a describirnos el cielo o mejor dicho, como le llama en sus sonetos “el Paraíso”. Dante, como todos los humanos no era perfecto, algún error había de cometer y omitió en sus cánticos, una parte medular de la descripción del cielo. Siglos después, apenas en el pasado XX, Ernest Hemingway, se acercó más a la realidad, al decir que el cielo, es redondo y se asemeja a la plaza de toros de Sevilla. La realidad es otra; bien distinta a pensar en angelitos entre nubes tocando instrumentos de cuerda y viento. El Cielo y sobre todo para los amantes de la fiesta, es un embarcadero, o embarque de una corrida en Piedras Negras, Soltepec o Tenexac.

Eso, los toros, hermosos toros “Piedranegrinos”; en la libertad del campo bravo tlaxcalteca, son separados o apartados, por los vaqueros que al mando de su caporal dirige la campirana faena, para hacerlos entrar a la manga de embarque o “apartadero” de uno en uno. Eso visto desde los muros de embarcadero eso, es el cielo.

Estamos hablando de un embarque “como los de antes”. Me explico: actualmente, como consecuencia de las regulaciones agrarias, las invasiones y otros fenómenos relacionados con la tenencia de la tierra, los enormes potreros que comprendían grandes extensiones de terreno tienden a desaparecer, sustituidos por enormes corrales, incluso cercados, con portones de metal, algunos e ellos se desplazan; abren y cierran sobre carretillas y pronto podrán ser electrónicos. Por lo que ya va siendo historia aquello de arrear el ganado a caballo para hacerle entrar por la manga de terreno, que en forma de embudo, se va estrechando cada vez más, hasta convertirse en un carril donde el espacio es suficiente para que el toro avance rumbo al camión de transporte, que estacionado espera del otro lado. Las puertas y trancas se van cerrado, jaladas mediante reatas y mecates maniobradas por los peones, vaqueros y caporales que, ocultos tras los árboles ayudan al desempeño de tan singular, interesante y a la vez peligrosa faena.

Resulta que las cercas y bardas son construidas con troncos, maderas de muchos años de permanencia a la inclemencia del tiempo, alambradas, que ante la fuerza e imposición del animal que se siente acorralado, en cualquier momento es capaz de destruir las mentadas cercas, como si fuesen serpentinas de papel. ¿Qué, porque decimos que esto es el cielo? Pues simplemente por lo campirano, arriesgado y hermoso de la faena, bajo un azul, entoldado en nubes de unos tonos de gris similar a los cárdenos y entrepelados, de los toros que ahí se embarcan.

Los toros que conforman un “encierro” están en este potrero, llamado de “saque”, por que ahí se encuentra la corrida que ya está de salida, o lista para ir a plaza, de ahí son apartados o separados de uno en uno. Y mientras los toros van entrando, o “cayendo”, como se dice; el calor del día que va en aumento, el polvo, el viento que también se deja sentir, contribuyen a que el cuerpo, pida, acepte el natural néctar de la planta tradicional de Tlaxcala; el neutle. Este, se sirve y toma en las “chomas”, que como en otras líneas hemos dicho; se escribe choma y se pronuncia shoma, y que no es sino un buen trozo de penca de maguey cortado y al que se le da forma para convertirlo en jícara o recipiente donde se vierte el licor que tomaban los monarcas aztecas. Este pulque, viene, como los toros que se están embarcando “en puntas”, es decir, sin tocarle la mano del hombre.

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 Parte dos

Continuando con el tema iniciado en este blog taurino, que por ser taurino da mucha cabida al gustazo de fumarse un puro continuamos y hablando de  cuentas, decíamos  que se calcula que la demanda de puros en los Estados Unidos rebasa los veinte millones al año y la producción de los auténticos Cohibas no llega a los cuatrocientos mil puros por año. De ahí que la distinción de fumarse uno de estos habanos haya sido blanco de imitaciones mil.  Así como en el toro, valoramos a 50 %, la bravura contra la presencia o trapío, así en el puro: frescura y evidencia de manufactura van a partes iguales. Y como el tema da para más, le seguimos: Al seleccionar el puro a fumar, nunca, nunca, escoja los que vienen con sabor a vainilla, chocolate, plátano o licuado de fresa, esto es demasiado snob y además son causantes de insoportable cefalea no solo para el fumador, sino también para quienes le rodean. El colmo de esta cursilería son aquellos puros que vienen con boquilla de plástico integrada.

El encender un puro es parte importante del ritual, debe hacerse sin llevar el puro a los labios, resistiendo la tentación de humedecerlo chupándole, aunque en algunos casos cierta resequedad del puro lo justifica; debe ponerse el puro a una inclinación de 45 º, tomándolo entre el pulgar y el índice cerca de la flama, pero sin que ésta le toque, a medio centímetro aproximadamente, usando un encendedor de gas butano, nunca de gasolina y de preferencia cerillas de madera esperando que la combustión de la llama consuma el fósforo, y así girar despaciosamente el puro permitiendo que se queme primero y se encienda su parte llamada “píe”; un buen puro encenderá de inmediato y es fácil comprobarlo, la combustión permitirá que el humo cruce la cubierta de la boquilla aún si ésta no ha sido perforada. La perforación es parte de la rutina y puede ser con un palillo mondadientes, un accesorio de navaja suiza o bien con el corta-puros, pero apenas insignificante y hay quien prefiere un corte en “V”, cualquiera que sea esta, se trata de permitir un buen tiro; un corte en exceso ocasionará que el puro se desintegre de su boquilla y una perforación demasiado profunda producirá un tiro excesivo con sabor picante y hasta leves quemaduras en la boca del fumador. En ocasiones se requiere nueva aspiración, cerca de la llama sin que ésta toque el tabaco. Una vez encendido, aspire para mantener el encendido, sin precipitarse. Esto; como el amor y el buen torear es cosa de despaciosidad, de mucha calma. El acto de encender un puro, pasar de la llama a la primera calada, constituye una de las ceremonias más intimas del fumar; y para poder disfrutarla plenamente, se precisa habilidad, concentración y delicadeza. Un buen puro, de buena manufactura, arderá en “automático” bastando leves aspiraciones para mantenerle encendido. Quizá, esto es lo más importante, aspirar suavemente, las prisas sólo ocasionan una sensación de ardor intenso con sus desagradables consecuencias. Recuerde, que el puro se aspira, se saborea su humo, rico en diversas tonalidades e intensidades; el tiempo y la experiencia le enseñaran a reconocer y etiquetar su propio gusto, finalmente escogerá una buena compañía.  Al cigarro habano que así se le conoce a un buen puro – sin que sea requisito que venga de la isla – no se le da el “golpe”, a menos que vaya acompañado del paladeo de un buen coñac o un tequila de agave, vale la redundancia, pues hoy no todos lo son. En caso de que el puro llegue a apagarse, y esto, sólo ocurre entre la amenidad de una buena charla y en el caso de las grandes faenas en la plaza, se consumirá más rápido; se vale volverlo a encender. Para ello, retire las cenizas y la parte de hojas quemadas, de lo contrario, percibirá un desagradable sabor a “quemado”, puede hacerlo, apoyándose en el cenicero o auxiliado por el corta-puros, un leve raspado dejará su puro en condiciones de ser encendido nuevamente; en la misma forma, podrá observar ahora que sin tirar o aspirar por la boca, enciende más rápido. Grandes fumadores en el mudo del toro han sido; Papa Hemingway, Orson Wells y de los matantes, Silveti nuestro Juan sin miedo, Rodolfo Gaona, Procuna y en estos días Rodolfo Rodríguez. El tema de ¿Dónde conseguir buenos puros, sin pagar en excesivo? Será el remate de estas líneas en la próxima entrega.

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Notas de tienta…

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Las notas de tienta son apreciaciones escritas y anotaciones que el ganadero hace en su libreta con el fin de calificar sus reses en la plaza de tientas. En este caso, estas notas son la traducción y el ordenamiento de los garabatos y jeroglíficos hechos en la tienta un domingo ya pasados algunos calendarios. Escribiendo primero en una servilleta, luego en el revés de un boleto o ticket del pago de la caseta de autopista y terminando en media hoja de libreta, ya semi-usada: Tienta en Tenexac, en la plaza en la que el ganadero, explicaba a su invitado el de “Piedras Negras”, que la plaza la diseñó y construyó su abuelo – de el de Piedras – don Wiliulfo Gonzáles. Y el mismo personaje junto con el padre de Marco Antonio, el inolvidable don Raúl González vino a cuento e hizo acto de presencia in memoriam, cuando los toreanderos comenzaron a decirse cosas y  molestarse, pues ambos señalaron qué así precisamente les puyaba don Raúl en las tientas. Y es que  usted podrá imaginarse lo que se dijeron con sólo enterarse del cartel de tentadores: Miguel Villanueva, Rodolfo Rodríguez “El Pana”, José Luis Angelino, Alfonso Zamora como matadores; y de novilleros, Asael Piedras “El Huesos”, Martín López “El Capulín”, ambos así bautizados por “El Pana”, Joaquín Angelino “El Porris” y Muriel Ortega.

Las agresiones verbales, los dimes y diretes comenzaron cuando “El Pana” en su primera vaca, al inicio de faena de muleta, se fue a poner de rodillas, citando muy pegado, no a tablas sino al muro de mampostería de la placita. De inmediato Villanueva le gritó: “Pero si no te vas a poder levantar y te vas a ver en peligro…” vinieron los tres lances de rigor y ya después en la siguiente vaca, cuando bregaba Villanueva al retirarse hacia atrás muy comprometido, y casi sin aire, don Rodolfo Rodríguez le gritó: “Si ya no puedes, si ya te cansaste, quítate y deja al joven”, señalando a “El Huesos” Ásael,  que venia puesto detrás de Villanueva. La cosa no quedó ahí, todavía “El Pana” remató: “pareces subalterno de los de hoy; buenos pa´naa”.
Hago la aclaración de que en las tientas la prudencia taurina manda: “no hablar”, pero ante estas genialidades no quedó otra que sonreír y tomar nota. Además de que el ganadero había sentenciado a propósito de los alternantes, “Como dijo Napoleón: “¡Más de cien años de historia nos contemplan!”. Al tomar la banderillas Rodolfo Rodríguez, o mejor dicho al quitárselas a los chavales que ya se disponían a banderillear, citando y cuadrándose muy pinturero Rodolfo expresó: “Como dijo uno de mi tierra; Yo todavía banderillo”.
Las 4 vacas 4 resultaron extraordinarias yendo desde lejos, por tres veces al caballo, resaltando la tercera, una ensabanada, contrastante con las cárdenas claras, esta de cuerna más apretada y de estirpe pura “lagunera”. La tienta continuó y así las expresiones como aquella de Rodolfo a Miguel: “Pareces madre de cantadora; ¡Coyona y en buen lugar!”. Otro invitado el ganadero Gerardo Rodríguez se presentó, convidando riquísima botana de quesos y carnes frías sabrosamente encebollas y enrajadas; cosa que se le cuestionó con gratitud, ¿Que para que traía más botana si ya estaba ahí “El Pana”?
Para efectos de refrescar la garganta de tentadores e invitados, el ganadero de Piedras se presentó con dos garrafones de aguamiel congelados para preparar y ofrecer a todos la bebida que acaba de patentar y de la que ya tiene registrados los derechos, el “Trade Mark”, y la patente: “Piedras Negras Special” es el nombre de esta nueva aportación de los llanos de Tlaxcala al mundo y se prepara con agua- miel y tequila a partes iguales, se sirve bien fría en vasos “old fashion”. No se recomienda tomar más de tres y en todo caso que Dios le encuentre a usted confesado. El  mismo ganadero al observar la actitud y escuchar las dicencias de los matantes convidados a la tienta, concluyó: “Para ser torero de estos, en Tlaxcala tienen que ir primero al siquiatra”. O lo que es lo mismo; “Para ser torero de estos hace falta estar loco”.
Al Porris, entre ambos maestros lo trajeron asoleado, gritándole: “Más erguido”… “No agaches la cabeza”…” Los pies quietos”… “Quítate la mano de la cintura”… “No dobles las rodillas”, el remate vino cuando El Pana sentenció: “Andas como andan nuestros toreros de hoy; Rafael Ortega de rodillas y El Zotoluco en cuclillas
De Alfonso Zamora; el maestro Pana, reconoció sus buenas maneras pero dijo: “lastima que tiene dinero y no tiene hambre de ser torero” y agregó; “Pero no se le puede quitar la charola, pues como es panadero nos deja sin jama”.

Lo mejor de la tarde vino cuando el R. P. (su nombre lo omito, por respeto) el Presbítero de la iglesia de Santa Anita  Nopalucan, encomendado y encargado por el obispo de Tlaxcala, para organizar la corrida que se da el próximo domingo en la monumental de Apizaco a beneficio de Cáritas Tlaxcala, convirtiéndose por tanto el padre en “Comisionado Taurino del Obispado de Tlaxcala”, y Gerente de la empresa,  pues el padre se animó y se lanzó al ruedo para torear primero al alimón con Villanueva tomando cada uno el capote de la punta; después de dos lances, la vaca se fue directa sobre el Padre, dándole una marometa en la que al caer, doblándose sobre si mismo, nos hizo temer una grave luxación. Fue al caer cuando El Pana dijo que al contraerse su cuerpo, “salieron de él como 1000 demonios”. Ya antes cuando se acercaba a la vaquilla le dijo: “Vamos Padre, para que pague todas las penitencias que deja”. Después de la primera caída el R.P. se levantó y sacando la casta, citó garboso a la cárdena, que al envestir le propinó otra caída. El Padre, todo maltrecho y lleno de polvo, arrastrándose a gatas llegó al burladero, donde ganadero y Pana sincronizadamente, ambos en la misma frecuencia le dijeron, el uno; ¡Vamos padre levántese y acuérdese que de Jesucristo fueron tres caídas! Y el otro: ¡Vamos Padre, que le falta una caída… tienen que ser tres! Pero de todo lo dicho; antes, cuando el padre se decidió a torear, “El Pana” sentenció lo más verdadero y serio que ahí se dijo: “Venga, Padre que esto de torear es como oficiar misa”, cuanta verdad en esta frase. Después de la tienta pasamos a la comida, y al ver los suculentos platillos “El Pana”, plato en mano sentenció: “¡Atásquense, ahora que hay lodo!”. El menú de la comida no lo reseño, porque luego me reclaman los lectores por antojarles, lo cierto es que después del café nos retiramos todos y dejamos a los ganaderos solos, para que hablaran…lo que tenían que hablar.”

 

Epilogo:
Exactamente ocho días después de esta tienta, partieron plaza, Manolito Mejía y Leonardo Benítez, para lidiar 6 Cárdenos 6 de Tenexac parejos, muy parejos en presencia, trapío y pintas, dos extraordinarios de lidia; el primero que recibió ovación en el arrastre y el quinto que fue premiado con el honor del arrastre lento. Pero dieron las cuatro, las cuatro y quince, las cuatro y treinta, y faltando veinte minutos para las cinco sonó el clarín, dando inicio al festejo sin que hiciera acto de presencia el mentado Pana, quien en un acto que Heriberto Murrieta presente en la plaza, en su crónica titulada; “EL SANTO OLOR DE LA PULQUERIA”, calificó como “un episodio insólito de la picaresca taurina mexicana, el impredecible Pana nunca llegó a la plaza de su pueblo, seducido por vapores etílicos. El brujo de Apizaco, decidió agregar una nueva anécdota a su historial, por la vía discutible de la irresponsabilidad…”

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 Parte uno

Atendiendo a la recomendación, sugerencia, idea que nos hicieran un par de amigos y colegas de e-consulta y continuando con lo que alguna vez escribió Juan Pablo Proal, diré que encuentro tres similitudes, entre estos  dos placeres; el fumarse un puro y disfrutar una buena faena en la plaza. La primera; lo efímero, a pesar de que se hayan requerido años en su preparación. Así sucede con los puros: el placer de fumar un puro gratificante durante algunos minutos es el resultado de meses, incluso años, de trabajo intenso, meticuloso y especializado. Desde la siembra, cultivo, cosecha y preparación de las hojas de la planta, pasando por las expertas y habilidosas manos de los torcedores hasta que llega al fumador, no en balde se ha escrito que fumar un puro es una sensación que no puede expresarse en palabras, sólo en humo, la más efímera de todas las sustancias.   

 

La otra similitud es el disfrute completo de los cinco sentidos en grado máximo de placer; la vista, los ocres y oscuros tintes de la capa externa de un  puro, así llamada “capa”, la sensación al tacto de las hojas frescas que componen su parte media; la “capilla” y su interior o “tripa”, el acercarlo al oído en busca del muy leve crujir de sus hojas, que a mayor frescura menos crujirán, pero aún así se disfruta del suave tacto. El sabor y el aroma de un puro; a nuez, a madera, picante, suave o intenso, un toque acre indescriptible y el olor tan peculiar, a más fino el puro, más discreto y agradable su aroma.   

Y el tercer y último símil estriba en quien fuma un puro o ve una corrida de toros, pudiendo tratarse de un autentico conocedor o un simple villamelón. La sentencia muy popular que reza; “anillo en el puro, pendejo seguro”, o su variante a mi entender, más agresiva; “anillo en el puro, indio seguro”  lo dice todo y esto va más en las plazas de toros, tendidos y callejón incluidos donde el fumante suele hacerlo, más por darse a notar que por ser autentico fumador de conocencia y prosapia, si bien es cierto que para muchos de nosotros, la fiesta carece de sustancia sin los olores y aromas de majada, puro, adrenalina, y claro cerveza envasada o bien ya filtrada por riñón, también, no en balde se ha sentenciado sobre uno de los rituales más significativos del calendario de la fiesta, Pamplona: “A puro, cerveza y orines huelen los Sanfermines”.  

La selección del puro a fumar; hondureños, nicaragüenses o dominicanos los prefiero recién bajados de la cabina del avión, más que los de Cuba, donde la falsificación de los famosos Cohibas está a la orden del día. Aún presentados en caja de madera con cubierta de cristal. Si usted tiene un amigo apreciable que va a viajar a Cuba, por muy inteligente que éste sea jamás encargue que le traigan puros Cohiba, de seguro le van a ver la cara y si su amigo es pendejo, ya de suyo, con más razón se la verán. Aunque visite en tour la fábrica, lo más probable es que le vendan falsificaciones, estas se distinguen viendo el puro desde su base o píe, la parte donde se enciende, y podrá apreciarse el tabaco en picadura. Como si de un cigarrillo se tratara. El puro autentico enrollado de hojas de la planta lleva en su centro la tripa de hojas suaves que va envuelta primero en la capilla, que es de una consistencia más sólida, para conservar la forma y estructura y por fuera, la capa que en caso de los falsos, es sumamente delgada, no bien humedecida, ni lubricada con aceites naturales y generalmente es elaborada a maquina, en grandes cantidades industriales, por lo que prácticamente se desintegrará al fumarlo; de ahí que el buen puro permanecerá con sus cenizas compactas conservando siempre la misma forma de su trenzado. Además para satisfacción nuestra en casi todos lo catálogos, revistas y guías del fumador, el tabaco mexicano esta preconizado como de los mejores del mundo. Nada más haga usted cuentas, se calcula que la demanda de puros en los Estados Unidos rebasa los veinte millones al año y la producción de los auténticos Cohibas no llega a los cuarenta mil puros por año. De ahí que la distinción de fumarse uno de estos habanos este siendo blanco de imitaciones mil.     

Así como en el toro, valoramos a 50 %, su bravura y su presencia o trapío, para dar un todo del cien por ciento, así en el puro: frescura y evidencia de manufactura van a partes iguales. Y como el tema da para más seguiremos en este blog en la próxima entrega.