¿Y, qué es trapío?

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El diccionario de la RAE al definir la palabra «Trapío» como primera acepción: «Velamen «, después nos dice: «Gallardía que suelen tener algunas mujeres», y nos da como tercera acepción: «Buena planta y bravura del toro de lidia». Y este es el concepto que nos interesa comentar del que no podemos dejar de hacer alusión al «Velamen» que es el conjunto de velas de una embarcación, «velamen» que se construye, elabora y fabrica con una gran cantidad de tela, «trapo». De ahí que hablando en los términos que usan los hombres de mar se califique como con gran trapío a aquellas naves, barcos, cuya estructura de velas llamen la atención por su majestuosidad; viene de ahí la similitud léxica en el modo de hablar haciendo referencia de aquellos toros cuya presencia al salir de la puerta de toriles nos asombran por su corpulencia, musculatura, conformación anatómica y sobre todo, el predominio en su estampa de un hermoso testuz con una verdadera armadura de cornamenta, a la que de manera correcta se le denomina «arboladura» creándose otra semejanza o similitud con la «arboladura» de los mástiles y postes que constituyen, forman la estructura del «velamen» de un barco.

Sin embargo, no siempre, mejor dicho en pocas ocasiones, la gran presencia de un toro de lidia va a la par con la calidad y el tipo de su desempeño en el ruedo.

Tal ha venido ocurriendo, como se vio en los pasados sanisidros madrileños, diremos que si bien hubo triunfos muy sonados con la apertura de Puertas Grandes e incluso tumultuosas salidas en volandas a hombros de multitudes entusiastas; estos se dieron en contadas faenas instrumentadas a muy pocos toros que caminaron, funcionaron o resultaron «potables» con embestidas francas y tuvieron suficiente aire. Lo cierto es que los qué lucieron abundante y exuberante trapío fueron siempre de más a menos, echando por la borda toda posibilidad de triunfo. Lo ocurrido comprueba que la demasía en presencia y el muy impresionante trapío no aseguran los buscados trofeos. En otras palabras y más coloquialmente hablando: la muy gustada, buscada y a veces hasta exigida elefantiasis taurina no da buenos resultados.

Al respecto, leamos y meditamos lo que dice el prestigiado creador de reses bravas, don Juan Pedro Domecq y Díez: «En el tema de la Bravura, tal como está planeado esto por nosotros – los ganaderos – lo ideal seria ve en las plazas de segunda categoria. Porque está demostrado que los toros gordos y con edad dan un porcentaje de Bravura mucho menor que, los toros jóvenes y que pueden andar ligeros; por eso es tan difícil que salgan toros bravos en Madrid…Y por eso salen tantas corridas potables en plazas de menos importancia”.

El comentario final, nos lleva a ubicarnos; primero ¿En qué plaza estamos, a qué festejó acudimos, quienes conforman el cartel, incluyendo toros y toreros? Para que de acuerdo a lo anunciado, sean nuestras expectativas. El tema, sin duda es para más, sobre todo lo que tanto se habla, de que si el trapío es un asunto objetivo o tiene más de subjetivo.

ANECDOTARIO DE MANOLETE.

Siendo la anécdota el relato breve de algún hecho particular, curioso, o notable, pero que principalmente muestra con pinceladas de trazó rápido la personalidad siempre cautivadora y atrayente de quienes, como Manuel Rodríguez «Manolete» llevan la etiqueta de figuras del toreo, pasamos a presentar hechos que le pintan de cuerpo entero.

En tertulia de hotel, entre toreros y taurinos; Domingo Ortega hace gala de conocimientos y afirma: «A los toros, hay que doblarlos al inicio de la faena«.

Manolete, que baja de su habitación se integra a la charla. Ortega, insistente, incrementando la voz repite la frase, buscando que el cordobés le escuche. Ortega, ahora hablando directo a él, le pregunta: – ¿Qué opinas tú Manolo?

Manuel Rodríguez se le queda mirando y le contesta, serio por fuera, zumo por dentro: – «¡Que mientras usted se dobla con el toro…Yo le he dado ya seis naturales!»

Nota: de la palabra «Zumo» nos dice el diccionario: «Utilidad que saca de una cosa el que la disfruta o maneja». Siendo pues indudable que «Manolete» hablaba, no pocas veces, con mucho «zumo».

EL INGENIOSO HIDALGO DON QUIJOTE Y LOS TOROS

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EL INGENIOSO HIDALGO DON QUIJOTE DE LA MANCHA  Y LOS TOROS.

«Obra única por tantas y tan diferentes razones, la inmortal creación cervantina se erige como una altísima cima del pensamiento y la literatura de todos los tiempos». Ignacio Gaos. 30 siglos de Literatura. Y resulta asombroso que a cuatrocientos siete años de haber salido a la luz pública de la imprenta de Juan de la Cuesta en el año de 1605, Las aventuras del ingenioso Hidalgo don Quijote de la Mancha sigan siendo valoradas en los términos anotados. Por ello, porque la genialidad siempre ha derrotado molinos y apuestamente se ha enfrentado a ovejas visionadas como fieras, a monstruos y a bravos toros; vertemos aquí lo que en las aventuras de su deseado hidalgo, el caballero andante, cuando al escribir Cervantes nos aproxima a lo que hoy es la fiesta de los toros, lo que a la sazón se conocía como «correr toros», y así en el capítulo XLIX de la segunda parte cuando el fiel Sancho anda rodando la ínsula, meditando sobre el poder, de la que se ha de desempeñar como gobernador, desentuertando el enredo de la «Doncella curiosa» cuando se menciona que se oía decir que corrían toros y jugaban cañas. De esta cita, la edición del Instituto Cervantes dice en la nota al pie de página: «Las corridas de toros eran a caballo y corrían con rejones los caballeros; el juego de cañas era una justa por cuadrillas a caballo, con lanzas preparadas para que se rompiesen sin herir». Normalmente los dos festejos iban emparejados. De la enorme influencia que estas fiestas tenían y el atractivo que en la gente ocasionaban habla don Quijote cuando Sancho le hace sugerencia para que bien pueda ver los festejos. Premonitoriamente, Sancho, en un párrafo que por su belleza aquí reproducimos dice: «Suplico a vuesa merced, señor mío, que antes que vuelva a encontrarse me ayude a subir sobre aquel alcornoque, de donde podre ver más a mi sabor, mejor que desde el suelo…»

A lo que el andante caballero responde: «Antes creo, Sancho, que quieres encaramarte y subir en andamio por ver sin peligro los toros». En esta cita la mencionada edición del Instituto Cervantes dice de andamio: «Tablado con gradas para ver algún espectáculo».

Pero, es sin duda, el pasaje más conocido, el del capítulo LVIII: «¡Apartate, hombre del diablo, del camino, que te harán pedazos esos toros!». Se refiere el pasaje al encuentro destemplado y sin medir consecuencias que el espigado caballero va a tener con una corrida de toros que es trasladada por aquellos andurriales y caminos de dios, desde su ganadería a la plaza adonde han de ser lidiados. – «Ea, canalla – respondió don Quijote – para mí no hay toros que valgan, aunque sean de los más bravos que cría Jarama en sus riveras». De los toros de Jarama dice la edición del Instituto cervantino: «La bravura de los toros del Jarama, rio afluente del Tajo fue muy celebrada en la literatura del Siglo de Oro, quizá porque estos eran los que se lidiaran en Madrid». No tuvo lugar de responder el vaquero, ni don Quijote de desviarse, aunque quisiera, y así el tropel de los toros bravos y el de los mansos cabestros, con la multitud de los vaqueros y otra gente que a encerrar los llevaban al lugar donde otro día debían de correrse, pasaron sobre don Quijote y sobre Sancho, Rocinante y el Rucio, dando con ellos en tierra y echándolos a rodar por el suelo. La escena de gran valentía con toda su genialidad capitana y pintoresca ha sido plasmada por los pinceles más ilustres, entre ellos, la pluma y el aguafuerte de Gustave Dore y de Manuel Ángel,  cuyas ilustraciones hermosean este texto.

No es en balde, mencionar que el total de citas del sustantivo «toros» en la obra completa de Cervantes es de once y que muchas, muchísimas palabras y expresiones que el genio de nuestra lengua utiliza, hoy son parte sustantiva del léxico común de quienes escribimos, hablamos y chanelamos de toros, a saber: echar el pie pa’delante, en hora buena y en hora mala, temple, de vena, o de talante, siendo quizá una de las más célebres utilizaciones del idioma cervantinoquijotesco aquella que dice: «Llaneza, Sancho…llaneza» y que el maestro, el inolvidable José Alameda inmortalizó al decir en su majestuoso bien hablar taurino: «Torear con llaneza, con naturalidad. Sólo eso es la verdadera línea del arte».

ANECDOTARIO DE MANOLETE.

Siendo la anécdota el relato breve de alguno hecho particular, curioso, o notable, pero que principalmente muestra con pinceladas, trazos rápidos la personalidad de una figura pública y en el caso que nos ocupa, un figurón del toreó, pasamos a trazar algunas pinceladas sobre Manuel Rodríguez «Manolete». El llamado «Monstruo», lleva también el gran mérito de haber actuado siempre, dando a su desempeño la misma entrega, calidad de interpretación, arriesgue y potencialidad de riesgo por la permanente exposición al peligro que implicaba su toreó lleno de verdad. Es decir, ante la insistencia del apoderado, del mozo de estoques y de las asistencias, quienes recomendaban al cordobés que no se expusiera con demasía cuando el toro evidenciaba peligro, y tal fue el caso de «Islero». Manolete respondía siempre con el mismo talante: – «Es que estos señores han pagado por verme lo mismo que los de Madrid». Conocidas son sus respuestas a toda insinuación de sus allegados para alargar las distancias de su toreó y así disminuir el riesgo. Tal ocurrió en México durante su presentación en el Toreó cuando la cornada por «Gitano», cuando el viaje del toro evidenció que lo prendería. El golpe seco, la expresión de sobresalto unísono del público y después, tanto en la enfermería como en el hospital, a Camará, su apoderado, como a Paco Malgasto y demás cuestionantes que insistían en que todo pudo haberse resuelto o prevenido con un simple «echar la pierna pa’tras». A lo que siempre respondió con energia:

-«Es que si hecho la pierna pa’tras…¡No sería yo Manolete!

LOS TOROS Y LAS SAGRADAS ESCRITURAS.

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Parafraseando al poeta Heidi, podemos afirmar que Dios hizo el mundo en seis días y al siguiente se puso a descansar. Para concluir su obra de la creación, ese séptimo día destinado al descanso, llamó Dios a Francisco Arjona Herrera «Cúchares», a José Delgado «Pepe Hillo», Rafael Molina Sanchez «Lagartijo» y Salvador Sánchez «Frascuelo» y dijóles: – «Para que la creación sea completa, haced ahora Ustedes ¡La fiesta de los toros!”.

Obedientes los diestros se dieron a la tarea de crear, y así nacieron; la lidia por abajo, los primeros lances, el toreo con muleta, las estocadas; recibiendo, al volapíe y al encuentro. Vinieron después tiempos difíciles, de grandes y torrenciales lluvias, que amenazantes, casi acaban con la fiesta; el mundo y la humanidad. Era el llamado Diluvio Universal. Días antes de que se instalasen las lluvias, llamó Dios a un aficionado de primera fila, amante de la fiesta y de los buenos vinos, de nombre Noé y le ordenó que construyera con maderas una enorme barca de forma circular, cual plaza de toros, con sus corrales y toriles y ordenó que pusiera en ella ejemplares de cada sexo de Saltillo, Santa Coloma, Murube, Miura, Vitorianos, de La Punta, San Mateo y Piedras Negras. Ordenó también el Pantocreator que subieran a la enorme barca Rafael Guerra Bejarano «Guerrita», José Gómez «Joselito», Manuel Jiménez «Chicuelo», un tal Manuel Rodriguez, llamado «Manolete», Juan Belmonte, Antonio Ordóñez y Luis Miguel Dominguín y de tierras aztecas; Rodolfo Gaona, Carlos Arruza, los hermanos Carmelo y Silverio Pérez, los dos Fermines; Espinoza y Rivera, uno más con estrictas ordenes de apaciguarse: Lorenzo Garza y un otro vistiendo traje de charro: Jorge «El Ranchero» Aguilar y del sexo bello: Juanita Aparicio, Conchita Cintrón, Cristina y Karla Sánchez, para garantizar la continuidad de la clase y la estirpe torera.

Y dicen las escrituras que vinieron después otros tiempos más difíciles que algunos llamaron el fin de la fiesta; muchos desesperados tiraban de sus cabellos, diciendo que era el fin del mundo. Un otro aficionado «chipen» de nombre Juan y que era escribidor de oficio, fue señalado por el Señor y en una noche, durmióse y durante el sueño tuvo unas visiones que en su crónica llamó «Apocalípticas». De verdad, de verdad que parecía el fin de la fiesta:

Jinetes fúricos y desalmados, blandiendo sus espadas desenvainadas, cabalgando sobre briosos corceles, venían amenazantes, buscando la prohibición de los festejos taurinos: Uno de ellos representaba a los anti-taurinos, el otro eran los «ecolocos» con desbocada actitud a más de absurda e impertinente, el tercer jinete eran los animalistas, quienes, también absurdamente venían en pie de lucha para proteger a los animales y fustigaban y soltaban fuertes fuetazos sobre sus caballos; por último y con un afán más protagónico venia el cuarto jinete; el de los diputados, asambleístas y políticos de pacotilla, queriendo dejarse ver que argumentaban estúpidamente cosas que ni siquiera entendían.

¡Tal parecía que ciertamente era el fin de la fiesta! Cuando el Creador envió de los cielos: de su Estado Mayor al Santo Arcángel, que bajó entre tronos de nubes con su espada del «Buen Juicio» en la diestra. En otro trono celestial venía el Señor del Gran Poder y del Buen Criterio, les acompañaba rodeada de ángeles y querubines vestidos de luces, La Santísima Virgen, Nuestra Señora de la Concertación luciendo alta peineta y negra mantilla. Juntos, todos hicieron que predominasen sus virtudes: el Buen Criterio, el Buen Juicio y la Concertación y evitaron la prohibición de la fiesta, diciendo todos en un sonoro y hermoso coro celestial: ¡SI, a los toros!…Y así la fiesta siguió existiendo y será vigente por los siglos de los siglos y hasta el final de los siglos.

ANECDOTARIO DE MANOLETE.

Siendo la anécdota el relato breve de alguno hecho particular, curioso, o notable, pero que principalmente muestra con pinceladas, trazos rápidos la personalidad de una figura pública y en el caso que nos ocupa, un figurón del toreó, pasamos a trazar algunas pinceladas sobre Manuel Rodríguez «Manolete».

A Manuel Rodríguez se debe también el haber establecido, de alguna manera un parámetro para fijar los precios de las entradas a los tendidos. La anécdota va ligada a la remodelación de la plaza de Madrid, cuando, debido a los gastos e inversión de la nueva presencia que se dio a la monumental plaza y tomando en cuenta el incremento en los salarios que se generaron para matadores, actuantes y trabajadores, una vez que le explicaron a quien ya recibía el trato de «Monstruo», que con los precios de entrada en vigor, no solamente no se recuperaba lo invertido y los festejos no redituarían ganancia alguna, él, que visitaba las obras terminadas de la plaza, se quedó mirando fijamente a los tendidos y sentenció: «Para verme a mí, los de sol que paguen un duro y los de sombra…dos».

MANIFIESTO por el ¡SI A LOS TOROS! II

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Proclama del grupo: «BIBLIOFILOS TAURINOS DE MEXICO A.C.»

Segunda parte y Conclusiones.

ARGUMENTOS CULTURALES.

La fiesta de los toros es una manifestación artística en sí misma, pero además es un arte que genera arte, toda vez que las demás disciplinas artísticas encuentran una fuente de inspiración en este espectáculo. Siendo inegable que ha ejercido una notable influencia en la pintura, la escultura, la literatura, la musica, la fotografía, la arquitectura y el cine, así como en múltiples expresiones artesanales populares.

Por todo lo anterior, afirmar que la fiesta de los toros no es cultura, resulta una falacia insostenible.

ARGUMENTOS ECONOMICOS.

La fiesta de los toros constituye una importante fuente de trabajo, pues genera una gran cantidad de empleos, tanto directos como indirectos, todos ellos dignos y respetables. En diversos y múltiples lugares de nuestro país, esta fiesta genera una importante derrama económica, además de que los festejos taurinos son acontecimientos imprescindibles en un gran número de festividades populares..

Por tanto, los intentos de prohibir este espectáculo amenazan con afectar gravemente el ingreso y el nivel de vida de muchos habitantes de nuestro país al atentar directamente contra sus fuentes de trabajo.

CONCLUSIONES.

La fiesta de los toros constituye un elemento indisoluble de nuestro patrimonio y acervo cultural. Su prohibición significaría una grave violación a diversos preceptos constitucionales, los que están por arriba de cualquier otra legislación o reglamentación interna.

Los integrantes de la Comunidad Taurina Mexicana; Empresarios, Ganaderos, Toreros, Apoderados, Subalternos, Periodistas especializados, aficionados y demás personas que se desempeñan dentro de la fiesta debemos, luchar, proteger, respetar, fomentar y engrandecer la fiesta taurina con la seriedad y dignidad debidas, a fin de garantizar el futuro venturoso de la misma en nuestro país.

ANECDOTARIO DE MANOLETE.

Siendo la anécdota el relato breve de alguno hecho particular, curioso, o notable, pero que principalmente muestra con pinceladas, trazos rápidos la personalidad de una figura pública y en el caso que nos ocupa: un figurón del toreó, pasamos a trazar algunas pinceladas sobre Manuel Rodriguez «Manolete».

Encontrándose el «Monstruo» en España, después de haber visitado México por un par de ocasiones, al preguntársele si dudaba de volver a México, con mucha seguridad expresó: – «¿Quién ha dicho eso? Yo iré a Méjico este invierno como torero, como particular o como lo que sea. A Méjico lo llevo metido muy adentro. ¡Aquí y aquí!” – y señala la frente y el corazón -. “Méjico ha sido para mí generoso, bueno y bonito….cuando oigo hablar de Méjico, cuando pienso en Méjico, siento la misma emoción que cuando estaba en Méjico y me hablaban de España o de mi madre. Aquél país es el más hermoso del mundo y todo él grande y apasionado como un corazón».

Fue en aquella ocasión en que el reportero le miró con actitud sorprendida y dubitativa, y Manolete poniendo cara de inquisidor, con expresión firme, segura y recia como su toreó, reprendió al entrevistador: «No me mire usted así, que yo no digo nunca más de lo que siento. Comprendo que no se pueda usted formar idea de lo que ha sido Méjico para mí y de lo que es Méjico para todos, los españoles. ¡Méjico es una cosa única!”.

MANIFIESTO por el ¡SI A LOS TOROS!

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Proclama del grupo: «BIBLIOFILOS TAURINOS DE MEXICO A.C.»

Por la importancia que reviste el documento que el grupo de Bibliófilos de nuestro país y ante la situación que se vive en estos días, reproducimos integro el documento.

ARGUMENTOS HISTORICOS. El arraigo de la fiesta de los toros en nuestro país se remonta a los primeros años de la Conquista.

Con la integración cultural de los dos pueblos que dieron origen a México, es decir, el indígena y el español, la fiesta de los toros fue adoptada en nuestro país como una fiesta propia.

Por tanto, México es, desde su origen un país eminentemente taurino, motivo por el que la fiesta de los toros forma parte del patrimonio cultural de los mexicanos.

La fiesta de los toros en México además de su remoto origen ha desarrollado diversas facetas y suertes originales a lo largo de su evolución que la hacen única e irrepetible.

Para ser fieles a sí mismos y preservar su identidad nacional las naciones deben respetar, cuidar y fomentar sus tradiciones. México no debe ser una excepción a este principio fundamental.

ARGUMENTOS JURIDICOS.

La Constitución Mexicana contempla diversas garantías y derechos humanos en beneficio de los gobernados, mismos que deben ser respetados por las autoridades sean federales, estatales, del Distrito Federal o municipales.

La Constitución Mexicana cuenta con los argumentos jurídicos necesarios para proteger y permitir la celebración de corridas de toros en nuestro país. Así como el ejercicio de los participantes en las mismas, como se desprende de los mandatos constitucionales que a continuación se mencionan:

Artículo 4to. Constitucional. Dispone que: «Toda persona tiene derecho al acceso a la cultura y al disfrute de los bienes y servicios que presta el estado en la materia, así como el ejercicio de sus derechos culturales».

Artículo 5to. Constitucional. Contempla la libertad en el trabajo, al expresar que: «a ninguna persona podrá impedirse que se dedique a la profesión, industria, comercio o trabajo que le acomode, siendo estos lícitos».

El Artículo 6to. Constitucional establece la libertad de expresión al declarar que: «la manifestación de las ideas no será objeto de ninguna inquisición judicial o administrativa».

Por lo tanto, el marco constitucional enunciado debe servir de base para defender jurídicamente a la fiesta de los toros de cualquier atentado por parte de particulares o de las autoridades, ya sean federales, estatales, del Distrito Federal o municipales.

La violación de las garantías y derechos sancionados por nuestra Constitución podría dar lugar a la interposición del Juicio de Amparo, que es el instrumento que los gobernados tenemos a nuestro alcance para defensa de los actos ilegales de las autoridades. En el caso del Distrito Federal, se ha distinguido por legislar para proteger los derechos de diversas minorías. Si los aficionados constituimos una minoría, también tenemos derecho a exigir que se nos respeten nuestras libertades y derechos.

ANECDOTARIO DE MANOLETE.

Siendo la anécdota el relato breve de algunos hechos en particular, curiosos o notables, pero que principalmente muestran con pinceladas, trazos rápidos la personalidad de una figura pública y en el caso que nos ocupa, un figurón del toreó. Pasamos a trazar algunas pinceladas sobre Manuel Rodríguez «Manolete».

«Tilapo», «Cazador», «Cilindrero», «Platino», «Troyano», y «Abanico», fueron los 6 Coaxamalucan» 6, lidiados por Manolete – azul celeste y oro -, Pepe Luis Vázquez – azul plomo y oro -, y Luis Procuna – blanco y plata -, en el Toreó de «Cuatro Caminos» el 19 de febrero de 1946 en la corrida de lo más grandiosa y memorable. De la que se dijo entonces que no existían adjetivos para la crónica de ese acontecimiento. Por su faena al primero «Tilapo» dio Manuel Rodríguez vuelta triunfal al ruedo. Al cuarto de la tarde, «Manolete» le cortó oreja y rabo – máximos trofeos de entonces – dio una vuelta al ruedo, después de los despojos de «Platino» y luego, acompañado del ganadero recorrió el anillo para posteriormente, sacar a Pepe Luis y Procuna para otra tercera vuelta y al final, dar una cuarta, recibiendo la más estruendosa ovación que se le haya tributado.

Cuando Procuna término la faena de «Troyano» después de la vuelta, el público pidió insistente a «Manolete» y Pepe Luis que salieron, dando nueva vuelta triunfal los tres.

Fue esta la histórica corrida en que el público, la plaza entera terminaron de pie, gritando insistente, continuamente: ¡Viva México! ¡Viva España! En los comentarios posteriores, «Manolete», todavía emocionado dijo: «Un día de estos van a queré que tamié arrastre ar toro…»

«NUEVO CATECISMO PARA VILLAMELONES». Síntesis.

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«NUEVO CATECISMO PARA VILLAMELONES». Síntesis Ejecutiva.

Para concluir con el tan interesante tema del comportamiento de los villamelones en la plaza, presentamos esta «Síntesis Ejecutiva» que es un resumen del tema.

1- Lo primero: ¡Es el cartel, si aparecen toreros que banderillean! Y si lo hacen al quiebro, dejando pasar los pitones, entonces, sí, que va estar bueno…¡Hayquir!

2- La indumentaria incluye; pantalón de mezclilla y chaleco de lo mismo, con cuello de piel de borrego volteadores, sobrero con espejo y pluma, botas texanas en piel de víbora, ó cahuama y con punta de metal. Como equipamiento es indispensable una bolsa de papel de estrasa, conteniendo cemitas, cacahuates y otros insumos masticables. Y como bebestibles; chelas y una bota llena de tequila o mezcal. No olvidar que la introducción de estos comestibles y bebestibles a la plaza «Paga cuota» con el personal de vigilancia. Esta indumentaria puede ser sustituida por unos horrendos pants o más taurinamente, por «traje corto»; «shorts y camiseta sin mangas», aunque al entrar, alguien pregunte: «¿se te perdió la playa?».

3- Cuando ya está la faena de muleta del primer toro, es la hora en que arriban los villamelones ocasionando un sinnúmero de molestias para llegar a su lugar, precisamente en la zona más complicada o de difícil acceso. Se trata de dejarse ver. Que se noté, ¡Que ya llegue! Y molestar a los impertinentes puntuales que llegan a tiempo y temprano.

4- Si el recibimiento del toro va a ser a porta gallola …esto se va a poner bueno. El coletudo se ha puesto de rodillas frente a la puerta de toriles, con la clara intención de hacerse a un lado y pegar el «farol-trapazo». Este fraudulento pase puede ser sustituido por uno o dos «farol-trapazos» de rodillas y pegados a tablas.

5- Ya luego vendrán las banderillas…si el coletudos atiende a la petición en forma de griterío de ¡Cortas….cortas! Entonces, sí, esto ya se puso bueno!

6- Tan pronto aparecen por la puerta de caballos los picadores…a mentales la madre. Que bien ganado se lo tienen. Pa’ que aprendan los de «a upa» a picar a su progenitora, mejor dicho…¡A su suegra!

7- En todo momento, con o sin toro en el ruedo, a pedir música. No importa que la faena sea de calidad o no. No importa que se amerite el acompañamiento musical. La cosa es que haya fiesta y ambiente: ¡Musica! Incluso a la hora de entrar a matar.

8- El clímax de la tarde llega cuando el coletudo se pone de rodillas para recibir al toro, incluso para citar a banderillas y para iniciar la faena de muleta. Y si algún aficionado conocedor grita: ¡Párate!…Duro contra él: Sí el buen toreó es de rodillas…¡Ignorantes!

9- Y, ¿Quién dijo que el buen toreó implica silencio? Eso es otro error. Aquí de lo que se trata es de armar la escandalera, a gritar, palmotear y hasta patear, la cosa es hacer ruido. ¿El silencio?…. dejarlo para las iglesias y los velorios.

10- Tal parece que en esta modernidad taurina, con la globalizacion de la villamelones, el fin primordial, es…la estocada. No importa dónde y cómo quede colocada la espada. Lo importante es que sea de efectos rápidos. No importa que sea pezcuecera, goyotazo, desprendida o aunque “haiga quedado caída”. Que el toro ruede pronto y espectacularmente y todo está consumado. Aún ahogándose el toro con su sangre por la lesión pulmonar…¡A exigir, que no pedir las orejas!

11- La hora de la verdad para los taurinos es la hora de entrar a matar, la hora de la entrega absoluta. Pero en esos momentos, la quietud en los tendidos es lo de menos, todo mundo a moverse, los vecinos no importa que estén callados y atentos a la suerte…¡Vengan las chelas! Ningún respeto para quien entra a matar exponiendo en la suerte suprema su propia vida; momento en el que nunca faltan, los inoportunos gritos y hasta algunos impertinentes llegan a gritar: ¡Música!

12- Y a pedir orejas, ¿Cómo? Pues a chiflidos y mentadas. ¿Y, los pañuelos? Los pañuelos se quedaron en casa, ahora las orejas se piden a mentada…a solicitar que mediante la intervención de la señora madre del juez, éste se acuerde de otorgar los preciados trofeos.

ANECDOTARIO DE MANOLETE.

Manuel Rodriguez

Sin duda, la anécdota nos pinta en vivencias autenticas la personalidad recia, sobria, majestuosa de un torero, tal ocurre con Manuel Rodríguez «Manolete», el llamado «Monstruo de Córdoba», Segunda corrida de feria. Sevilla, al terminar, después de que tanto Arruza, como Manolete habían sido severamente golpeados por sus toros; en el hotel, hablando con don Antonio Gonzalez Verá y en presencia de Cayetano Ordóñez «El niño de la Palma» quien había llevado a su hijo Antonio para que conociese al «Monstruo». González Vera reprochaba a Manolete por lo que calificaba de «desmedido triunfo». Enérgico le decía al torero:- «Así no se puede torear Manolo». Manolete abrió un armario donde se veían dos vestidos de torear, impecables y contestó: – «Aquí hay dos taleguillas más que todavia me pueden romper los toros. Pero yo tengo que seguir toreando asi, don Antonio».

NUEVO CATECISMO PARA VILLAMELONES. Lección 4

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Para continuar con las lecciones para el buen comportamiento de los villamelones va esta lección cuarta y comentamos que en el colmo de los gritones que a todo momento piden música, ocurre la más grande de la impertinencias cuando el matador, ya cuadrando muleta y espada para tirarse a matar, momento en el que la más simple lógica señala que debe reinar un silencio absoluto, del tendido surge un grito muy inoportuno que exije: ¡Musica! En cierta ocasión en que ocurrió esto; de la impertinencia de pedir música al entrar a matar, me comentó el compañero asesor en el biombo: «Sólo que le toquen…¡Espérame en el cielo corazón!

¿Y, la estocada? Por supuesto que tiene que ser de efectos y resultados dramáticos, no importando donde quede colocada la espada, ni la técnica empleada para tirarse a matar, el chiste del asunto está en que haga rápido efecto, y si el toro está salvajemente herido a mansalva de un criminal bajonazo y comienza a morir de asfixia, a ahogarse con su propia sangre, resultado de una lesión pulmonar; pues entonces el griterío será ensordecedor, elogiando a quien de manera tan cobarde mata a los toros de esa manera. Y una vez caído el toro, llega el momento de solicitar los trofeos con los pañuelos. ¿Y, los pañuelos? – Noo, pues los pañuelos se quedaron en casa. Ahí que pedir las orejas a puros chiflidos y mentadas. Y si el juez no atiende a la «petición», indudablemente mayoritaria, pues la villamenolada siempre va a ser más numerosa que la afición ortodoxa y conocedora, pues entonces a patear sobre las gradas y mejor si son de lámina, que para algo las hicieron de ese retumbante metal…y entonces no habrá ningún juez que aguante, y si a este tremendo ruido le agregamos unas sonoras mentadas; y para forzar y obligar al juez, queda como último el recurso de unirse las miles de gargantas en infernal, – ¡Que no celestial!- coro, que estruendosamente y al únisono gritará: ¡…uleeero…uleero!

Manuel Rodriguez y la teoría del Toreo.

Siendo la anécdota el relato breve de algún hecho particular, curioso o notable, continuamos con este nuevo Post dedicado a buscar un acercamiento con la enorme figura, que al paso de los años se acrecienta más, de Manuel Rodríguez, «Manolete» de quien se sabe que muchas veces cuestionado sobre su exttema seriedad y su actitud siempre hierática contesto: – «El toreo es una cosa tan seria que por eso mismo yo soy muy serio en la plaza. No me río, no porque no quiera reírme, sino porque es tan impresionante la fiesta, tan llena de verdad, que me transforma desde que me visto de torero”.

Un 24 de julio, se toreaba la cuarta de feria y tercera de Manolete y al estarle vistiendo, el mozo de espadas de siempre, el «Chimo», al apretar los machos con firmeza, en el silencio absoluto del ceremonial, Manolete deja escapar la emoción en palabrad y musita: – ¡Tengo miedo! El silencio ante la expresión de tan tensa verdad se acentúa y sólo un aficionado de no mucha familiaridad con la liturgia taurina se atreve extrañado a cuestionar: – ¿Cómo miedo Maestro? Usted…¿Con lo que se arrima?

A lo que Manolete contestó: – Pues por eso…¡Por lo que me arrimo!

NUEVO CATECISMO PARA VILLAMELONES III

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Continuando con las lecciones para el buen comportamiento de los villamelones, en esta tercera entrega hablaremos del tercer tercio; de muleta o de muerte, quedando ya asentado que el buen villamelón prefiere siempre que la faena se inicie de rodillas, uno o dos trapazos muy pegados a tablas y dados a la «tragala», rodilla en tierra son suficientes para entusiasmar a la villamelonada y nacos que les acompañan, quienes, de inmediato empezaran a pedir primero y exigir después: ¡Música! Y si la música no empieza; pues a desgañitar en contra del director de la banda, el juez y el mismo matador, presionando al coletudo…¡Pide música! Y si la va a pedir, será con el dedo índice señalando al piso, señal que quiere decir: ¡La de aquí! Y entonces, ante el éxtasis colectivo sonaran las notas de «La de aca»; «Que chula es Puebla» en el caso de la Angelopolis; «Caminos de Michoacan» en las plazas de ese estado; «El corrido de Monterrey», ahí con los regios, y así, se escucharán las letras de; «Bonito León Guanajuato», «Pelea de gallos» en Aguascalientes, adonde además se sigue rigurosamente la tradición y el ordenamiento de que únicamente se toque este himno aguascalastence a toreros de esa tierra, los demás, aunque lo pidan insistentemente, escucharan para su faena, un vulgar y común «Paso-doble».

Continuando con la faena, o mejor dicho, casi al final de ella, el villamelón que de verdad disfruta con apasionamiento su ignorante actitud, llega al maximo de su orgasmo taurino; cuando, al salir de una tanda, al término de la faena, estando el cornúpeta ya más cerca de la otra vida, «pidiendo esquina» – en términos boxisticos –  por la desgraciadez que le ocasionaron los picadores, más que por otra cosa, dejándolo en carácter de agonizante; es entonces cuando el toreandero, sabedor de que su enemigo está prácticamente muerto y no puede hacerle daño alguno, el ídolo de los villamelones, avienta hacia un lado la muleta, hacia el otro; el ayudado o estoque y se arrodilla frente a los belfos del toro que en estos momentos tiene «ojos de borrego a medio morir» y en un gesto que enloquece a la multitud, se abre la chaquetilla, diciendo: ¡Aquí está mi pecho, en ofrenda! Actitud de un muy alto valor histriónico, que realiza conciente de que el toro a esas alturas de su agonía es más fácil que le escupa, lo pise, ó lo orine, a que le pueda dar una cornada. Pero, esta estampa, nada torera no tiene nada de profesional. Y eso si, puedo afirmar rotundamente, jamás se verá en una plaza de toros como la México, Guadalajara y otras de importancia, donde esas actitudes no se toleran, es decir, es imagen, estampa de plazas de pueblo.

ANECDOTARIO DE MANOLETE.

Manuel Rodriguez y la teoria del Toreo.

Siendo la anécdota el relato breve de algún hecho particular, curioso o notable. Pasamos desde este nuevo Post a iniciar la relación de anécdotas que nos permitan tener la vivencia de una agradable sensación de cercania con Manuel Rodriguez «Manolete» . Sin duda su máxima aportación al toreo moderno fue su «quietud». Al respecto se dice y mucho en el terreno de lo legendario pero con un gran sustento anecdótico, se cuenta que en cierta ocasión muy al inicio de sus andáres taurinos, visitando alguna ganadería por el rumbo de su natal Cordoba, en una tarde muy airosa, yendo el torero caminando por las dehesas se «corto» un toro, separándose quiere decir este término, del resto de la corrida, por lo que peligrosamente fue tras el torero. Él joven Rodríguez con la inteligencia que siempre tuvo buscó protección a la sombra de un frondoso árbol, al que presuroso, dirigió sus pasos, pensando que de seguro tendría que subir a alguna rama buscando refugio, en caso extremo. Con gran sorpresa observó que el toro, ya a pocos metros de distancia de él y a punto de embestirle, se distrajo con el movimiento de hojas, ramas y follaje del árbol que el viento zarandeaba.

«Si la muleta hace la movediza función de las hojas» – se dice que pensó el cordobes – «Y, con el cuerpo del torero manteniéndose, inmovil, tan erguido como el tronco, el toro se irá siempre tras el engaño y el torero podrá tener la majestad serena y viviente de un árbol entre el vendaval». Siendo así como fue concebido el toreo de «quietud del cuerpo» de Manolete.

Tiempo después, al preguntárse a Manolete: ¿Cuál era el secreto de su aguante? Respondió:

– «El secreto de mi aguante es que me voy a volve cardiaco». «Aguanto a base de voluntad y de dominio de los nervios. Pero no porque no me cueste trabajo».»¡Me cuesta un trabajo enorme!».

NUEVO CATECISMO PARA VILLAMELONES II

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«NUEVO CATECISMO PARA VILLAMELONES». Lección Segunda.

En cuanto a la posibilidad de ingresar a los tendidos de la plaza con todo el matalotaje, insumos comestibles y bebestibles que mencionamos en el Post anterior, dirán ustedes los enterados, que la plaza cuenta con personal de alguna empresa de «Seguridad Privada» elementos que son fácilmente identificables por su corpulencia, indumentaria y más que otra cosa, su inconfundible aspecto físico y apariencia; visten pantalón, camisa y zapatos de color negro, tan negros como son su alma y su conciencia. La principal obligación de estos elementos es impedir el ingreso a la plaza de todo lo antes mencionado, pero este personal con altísimo grado de corrupción ubicado en las puertas de acceso; con una «untadita», billete de por medio, permite a usted y a cualquier asistente introducir a la plaza todo lo antes mencionado y lo que además se les ocurra. Ya dentro de la plaza y una vez tocado el tema de las banderillas, pasamos a hablar del toreo con el capote, el que se ejecuta de rodillas que para el auténtico Villamelón ¡Es lo máximo! Son verdaderos trapasos en los que muchas veces el toro pasa por donde el torero menos se lo espera, y al quitarse al toro a como se puede, la suerte, – vale la redundancia – se convierte en autentica «suerte» o resultado al asar,  al pasar el toro por donde Dios dicte, y si ésto se ejecuta en los medios, lo más seguro es que el toro arrolle al torero; que lo salte, brincando, pasando atléticamente por arriba de él, o qué el torero tenga que – literalmente – acostarse, o echar el cuerpo a un lado para permitir el veloz paso del burel, cosa que no tiene nada de taurino. Si, mucho de circo, pero a los villamelones, esto mucho les emociona.

A la salida del toro, el Villamelón puede ser víctima de un colapso emocional cuando el lidiador se arrodille en los medios o bien de manera más temeraria o espeluznante se ponga de rodillas a «porta-gallola» en un reto o desplante, que el toro al salir convierte en un autentico: «Quitáte o te quito», teniendo que inclinarse el coleta para dejar pasar al toro por un lado.

Y ahora, al último tercio, el toreo de muleta, del que nuevamente lo máximo serán los muletazos dados de rodillas. La plaza será una locura colectiva de villamelones al iniciarse la faena con muletazos dados con ambas rodillas en tierra. Anoto aquí otra cita de don Fernando Latapi, el celebérrimo “Don Dificultades”, la cita es del año de 1937, pero aplica perfectamente para nuestros días, hablando de éste toreo con muleta y de rodillas, dice: «La primera clase de ese toreo es aquella en que los novilleros o los matadores segundones que, sin saber cómo, ni porque se arrodillan y agitando la flámula (alusión a la tela que se refiere a la muleta) cierran los ojos y dejan pasar al toro; ejecutando un verdadero trapazo, o bien si éste no pasa se los lleva de corbata”. Son muletazos en que ni se para, ni se manda, ni se corre la mano, aunque si se exponga. Es a la «tragala». En lo personal tengo un dicho relacionado con esto: ¡De rodillas, solo ante Dios, Maria Santisíma…y los toreros segundones! Claro está que también existe un momento sublime, cuando un TORERO, así con mayusculas, pone una rodilla en tierra y se pasa al toro, – con la muleta – dejando pasar los pitones, cerca, muy cerca del corazón. Pero, eso, eso es otro cantar!

¡VIVAN LOS VILLAMELONES!

La palabra Villamelón ha venido siendo utilizada para describir a aquellos entusiastas espectadores, asiduos asistentes a las corridas de toros que llegan a auto-considerarse aficionados y tienen la intención de serlo, pero les gana su carga genética ambiental y nunca, por su comportamiento en la plaza dejaran de ser villamelones, aunque algunos por su audacia lleguen a escribir y comentar temas taurinos en diarios webs, que nadie abre o hasta tengan el atrevimiento de hablar de toros frente algún micrófono. Toca hoy hablar, así lisa y llanamente del terno de luces o vestido de torear al que los villamelones llaman «El Uniforme» de los toreros o «Uniforme de Torear» y algunos de ellos se expresan así: – «A mí el que más me gusta es el azul fuerte ese que brilla mucho con sus adornos y botones de oro». Siendo que se refieren a un «azul marino con bordados, remates y cabos en oro» ó cuando dicen: – «Me gusta el café y dorado». Haciendo referencia a un terno «Tabaco y oro». Esto me recuerda aquellas platicas con Jorge Riveroll, quien después de novillero fuera diligente administrador de «Rancho Seco» y que en sus recuerdos de andanzas, toreando en esos pueblos de Dios, platicaba, que al llegar a esas poblaciones la gente los señalaba, diciendo: – ¡Ya llegaron los torianderos con sus trajes de vidriantes!

Entró Belmonte, acompañado de celebre comitiva a uno de los restaurantes de Algeciras volviendo de un tentadero en la finca «Las Albutreras». Iban todos vestidos de campo – como se debe ir a esas faenas – pero les había llovido tentando y parecían unos adefesios con el barro y los trajes empapados y arrugados. El camerero que debía atenderlos los juzgó por su aspecto y atendía diligente y presto a otras mesas con clientes mejor vestidos. Los acompañantes de Belmonte se desesperaron y entre ellos; José Pérez Ascencio, orgulloso y altivo, llamó al dueño del establecimiento, se quejó diciendo: – ¡Oiga usted!…¿Que forma es ésta de servir a unos señores que vienen a comer?…¿Es que no sabe usted quienes somos?  El dueño quiso presentar disculpas, pero no acertó a hacerlo con satisfacción por lo que Pérez Asencio encendido de ira, reaccionó, diciendo y actuando: – ¡Ahora va usted a ver como viene el camarero y se va a tener que quedar aquí un buen rato! Y tomó el mantel por uno de sus picos, tiró de él con gran fuerza y volcó en el suelo toda la vajilla que se hizo pedazos. Y luego dijo al dueño: – Tome usted. Cóbrese lo que valga y quédese con el cambio. ¡Ah, y aprenda a distinguir a las personas que entran en su casa!

El dueño del restaurante se dehizo en explicaciones y queriendo enmendar la cosa, ordenó que fuera otro camarero quien atendiera esa mesa. Y vino a hacerlo un muchacho alto, delgado y de muy buena presencia que se esmeraba en el servicio y la atención tanto como el otro la había esquivado. Transcurría la comida, olvidado ya el incidente, Belmonte notaba que aquel muchacho lo miraba con demasiada fineza. Tanto lo miro el esbelto chaval camarero que Belmonte le llamó y le dijo: -¿Qué miras hombre?…¡Ya ha pasado todo!…¡No temas nada!…

El camarero con gesto que era a la vez humilde y orgulloso le contestó: – No señor …Yo no lo miro a usted por eso …lo miro porque yo se que usted es Juan Belmonte, y yo soy afisionao y quiero que me de usté la alternativa el año que viene.

Todos miraron con extrañeza y estupor a aquel muchacho, y faltó poco para que se rieran de él. Belmonte no. Juan Belmonte bien sabia lo que significa aspirar a ser torero. Él había vivido muchos años de pobreza y de angustia. Le respondió al muchacho: – Bueno, hombre ¡Si te empeñas, te la dare!…¿Cómo te llamas?

– Me llamo Cayetano Ordoñez. Me dicen «El Niño de la Palma».

Un año después, en la plaza la maestranza, de Sevilla, un once de junio, año de 1935, Juan Belmonte le daba la alternativa a Cayetano Ordoñez, de quien había dicho Corrochano al verlo torear: «Es de Ronda y se llama Cayetano».

«NUEVO CATECISMO PARA VILLAMELONES».

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«El Villamelón No tiene credo taurino, pero cree en la fiesta brava y eso basta» José Jiménez Latapí.” Don Dificultades”. Dado el muy importante incremento de asistencia a las plazas de toros de la llamada «neo-afición» verdaderos contingentes de villamelones, qué afirmo y debe quedar bien claro: «No debemos menospreciarlos» pues son ellos quienes de manera importante están contribuyendo a medio llenar las plazas, esto, es evidente, nos guste o no nos guste. Por ello, para orientarles; mejorar su comportamiento en la plaza y difundir entre los neo-asistentes al toro, lo que es un auténtico Villamelón, iniciamos estos comentarios, esperando lleguen a ser de alguna utilidad. Y, encomenzamos por el principio: El buen Villamelón debe fijarse en el cartel: sí aparecen en él los coletudos que pueden ser de su agrado.¿Banderillean? Cuándo lo hacen; ¿Piden música? Y si la banda inicia un paso-doble torero y, con salero, el coletudo, detiene a la banda y pide que toquen: «España Cañí», esa, que empieza: «Tan-taran-taran-tan-tan» que tiene buen ritmo para palmotear y hasta para patear – perdón – golpear con los pies el graderío, y máxime si éste es metálico, llevando el ritmo con manos y pies. Y un auténtico ídolo de cartel para villamelones debe hacerse del rogar, así como que no quiere hacerlo, incluso; permitir que los peones, en este caso, banderilleros tomen los garapullos y llegar a permitir que inicien el cuarteo frente al toro, y de pronto, así; súbitamente, atendiendo al reclamo de la multitud – ¿Se dice enardecida? – levanta enérgicamente la mano, haciendo señas de que se retiren los subalternos y expresando de manera muy visible: ¡Tápense! ¡Dejadme sólo! Para, entonces, pedir los palitroques y provocar el éxtasis de los villamelones, casi, casi, un orgasmo taurino colectivo, al acercarse a las tablas para espectacularmente «quebrar los palos», atendiendo al griterío al que se ha unido la tropa de villamelones que se han puesto de pie y gritan: ¡Cortas, cortas!

Como vamos por partes, iniciemos por la indumentaria. El buen villamelón debe ir  adecuadamente vestido y equipado, la vestimenta incluye sombrero – imitación tejano – negro, o preferentemente color «pinta de vaca», que también puede ir adornado con plumas o más «finolis» con espejito al frente de la copa del sombrero. Bajo el brazo o mejor dicho; colgando al hombro, una bota de las de plástico o en piel de “vinylope”, – las hay también en imitación piel de vaca que hacen juego con el sombrero, por supuesto llenas de tequila o mezcal. ¿Vino, pa’ que?…se calienta y sabe horrible…! La vestimenta lleva pantalón de mezclilla y camisa a cuadros, con chaleco de piel con solapa invertida de borrego; botas; también tejanas con punta y tacón metálicos, «mata-culebras». Las botas van en piel que pueden ser de cahüama, con o sin permiso de la SEMARNAP, de avestruz o más a modo de piel de víbora. Se complementa el equipo con una bolsa de papel estraza que contiene: cemitas en número suficiente, de a dos por cabeza por cada Villamelón, las dichas «cemas» llevan harta cantidad de pápalo, cebolla y pipicha que despidan olores trascendosos que conviden a los vecinos de localidad en los tendidos hasta cuatro filas a la redonda. Se lleva también cantidad basta y suficiente de botana: cacahuates enchilados, habas y pepitas, puede incluirse un topper-ware conteniendo rebanadas de jícama con harto chile. Se incluye una bolsa con chelas, refrescos enlatados, por supuesto, para que en caso dado, las latas puedan ser utilizadas como proyectiles si llega a ocurrir algún desacuerdo con lo que acontece en el ruedo. Lo demás, viene después.

¡VIVAN LOS VILLAMELONES!

La palabra Villamelón ha venido siendo utilizada para describir a aquellos entusiastas espectadores, asiduos asistentes a las corridas de toros que llegan a auto-considerarse aficionados y tienen la intención de serlo, pero les gana su carga genética ambiental y nunca, por su comportamiento en la plaza dejaran de ser villamelones, aunque algunos por su audacia lleguen a escribir y comentar temas taurinos en diarios webs, que nadie abre o hasta tengan el atrevimiento de hablar de toros frente algún micrófono. Y ahora con los fenómenos «Face» y «Twiter» resulta que al estar uno tranquilamente viendo la transmisión de la corrida se sueltan una de comentarios – ver nota completa en: www.intoleranciadiario.com/opinion/puyazos con la punta de la pluma – espontáneos de la tecla que se desatan en comentarios de lo más diversos, la mayoría con una gran carga emocional y bien condimentados de villamelonaje. Pero lo que no tuvo similar, el colmo del atrevimiento fue aquel que se atrevió a afirmar, una vez terminada la corrida a manera de conclusión dijo que lo más «lucido» de la tarde fue el salto al callejón del segundo toro de rejones, que por cierto saltó por dos veces, no sin antes haber dejado visible muestra de su mansedumbre saliendo rebrincando como chivo al sentir el castigo del primer rejón. ¿Cómo va a ser vistoso ver a un toro de lidia saltar al callejón, huyendo a la pelea?   Un animal del qué de manera tan orgullosa e insistentemente mucho  hablamos que ha sido criado para la pelea, para defender peleando los colores de su divisa. Por lo que verlo huir, saltar de manera cobarde y espantadiza al callejón, evadiendo la pelea, eso resulta repugnante. Y no me vengan con el pretexto de que ese toro era familiar de «Pajarito», el toro que saltó por el hecho de que se le «acabo» el redondel. No, mí estimado Fernando. No es así. Toro que salta al callejón y que no lo hace porque viniendo encarrerado se le acaba el terreno; lo hace; salta por cobardía, evidente mansedumbre. Se aprecia y aplaude el entusiasmo de aventarse al ruedo de comentarista, pero primero pensemos bien las cosas antes de darle a la tecla.

Juan Belmonte, el llamado «Pasmo de Triana» aquel que sentenció: «Se torea como se es» destacó, además de por su torero de temple, por su reacia personalidad. Le tocó, además en suerte, convivir con otros gigantes, verdaderos monstruos  del toreo, de la enorme talla de Joselito y su hermano Rafael «El Gallo». Era tal la rivalidad que los retos y el sarcasmo eran pan de cada día en su trato. Muestra de ello es lo ocurrido en cierto tentadero al que acudieron juntos, siendo entonces Juan el más joven e inexperto de los tres. El llamado «Gallo» había toreado de manera colosal y le dieron oportunidad a Juan de dar unos muletazos. Se fue Juan a la vaca y la citó. Joselito que era la inteligencia misma en el toreo, le dijo: – «Por ahí no muchacho…Por ahí te va a coger…»

Belmonte se hizo el sordo, insistió en desafiar a la vaca, y ésta lo levantó en el aire, corneándolo a placer. Se puso de pie maltrecho Juan y se fue a la vaca en el mismo terreno que antes. Joselito le insistió: – ¡No hombre, ahí no!…

Belmonte desafió tercamente a la vaca, y Joselito se retiró de su lado con un mohín de orgullo o lástima. Se arrancó la vaca, la aguantó Juan, la dejó meter la cabeza en la muleta, la llevó templada y le sacó limpiamente el muletazo por tres veces. Luego se volvió a Joselito y le dijo con tono seco: – «Que me podía coger lo sabía yo ¡Pero el mérito estaba en darle el muletazo en ese sitio!»