¿Por qué embisten los toros?

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¡Vaya pregunta ésta! La respuesta y para quién la responda, es pata recibir el Premio Nobel de Tauromaquia. Nadie sabe con exactitud a qué se debe que los toros poseen de manera natural la Bravura que les hace ser eso qué son; TOROS BRAVOS, y mucho menos sabemos: ¿A qué se debe que embisten? Dicho esto vamos a recordar algo de lo mucho que se ha argumentado al respecto, encomencemos por don Alvaro  Domecq y Diez quien considera la bravura como una explosión o llamarada que deriva de la cólera. Sí así es, debemos afirmar  que la embestida es un respuesta dada por la naturaleza a este bovino: en otras palabras es un don de Dios quien por cierto, es muy taurino, – para enojo y molestia de los anti -, otorgando este don a ese bendito animal, que es el toro de lidia. Al respecto, don Luis de Basterrochea afirma que el sistema hormonal del animal juega un papel importante en esta respuesta, producida por una descarga de adrenalina. Desde éste muy científico y válido punto de vista, podemos afirmar que la respuesta del toro al embestir es similar a la del torero al dar «el paso pa’ delante» y es también igual a la respuesta del piloto de Fórmula 1 al salir de una curva a 270 kilómetros por hora o pisar el acelerador al inicio de una recta a 310 km. Lo mismo ocurre con el matador, si es torero de bragueta, que después de la cogida o el revolcón se levanta a tomar la muleta y, a sobre el toro, sin siquiera mirarse la ropa o apreciar que lleva un puntazo en el pliegue glúteo.

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Y es exactamente lo mismo que ocurre con el toro bravo que después del segundo puyazo, desde el primero, ya sabe de qué se trata, voltea la cara a los capotes de brega del matador o la cuadrilla que le «quitan» del caballo y va codicioso sobre montura y montado, queriendo provocar el tumbó, en el clímax de la suerte de varas.

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Domingo Ortega, célebre matador y después ganadero, considera la bravura como una forma instintiva de acometer que está siempre asociada y se desarrolla de acuerdo con la edad. Aunque sabido es que el becerro de vaca brava va a embestir desde el día de su nacimiento y tan pronto es capaz de ponerse y sostenerse en pie. El tema da para más y seguiremos, sobre todo, en cómo desarrolla el toro su capacidad de embestir, ya estando en los ruedos.

 Va de anécdota.

Ocurrió durante una entrevista radiofónica al genial «Curro Romero» y en su adorada Sevilla, donde siempre fue bienquiso y también mucho le adoraban y más en sus días de gloria.

Micrófono en mano y ante una buena concurrencia, le preguntan:

– Maestro; ¿Cuál es su público favorito? ¿El que más le agrada?

La respuesta esperada y obvia era que el público de Sevilla, o si acaso, para dar paso a la polémica el de Madrid.

Levantando una ceja, gesto muy suyo y con ese duende único, responde «Curro»:

– «El del Tenis»

– ¿Porque, maestro?

– ¡Porque siempre están callados!

«Esos pobres e indefensos animalitos»

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En el colmo de la ridiculez y la exageración,  compulsivos padres han obligado a un menor, de 8 años de edad a hacer absurdas declaraciones: «Yo ya no vuelvo a comer carne porque no quiero que mueran más animalitos«. Y a esa tierna edad sus neuróticos y desequilibrados padres le han vuelto vegetariano.

¿Qué no sabe el nene que los vegetales, plantas, con los que se va a alimentar, son seres vivos? Nabos, lechugas, jitomates, coles, zanahorias, coliflores, son seres vivientes que de manera brusca y repentinamente son arrancados de las tierras de cultivo donde al momento de la cosecha son desprendidos con todo y la raíz que les une a la vida. Papas y demás tubérculos son con fuerza arrancados de manera inmisericorde y de ahí, aún con vida van al agua hirviendo de las cacerolas. Chicharos, ejotes; desprendidos de sus vainas que son parte de su vida, su piel protectora; los alegres y saltarines frijoles se sumergen en las hirvientes cazuelas, junto con la cebolla, jugosa, vivita que es cortada con filosos cuchillos, apoyando su tortura en la tabla de «picar»; por algo la transparente sabia de las venas de la cebolla hace llorar a sus despiadados verdugos, que con los ojos llenos de lágrimas, aun así les continúan cortando en mil pedazos.

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Después de arrancados con brusquedad de su habitat, vegetales y verduras, con su sangre, que es la savia, circulante por sus nervaduras son sazonadas con sal y otras especies para ser fritas en aceite hirviendo y para otros guisos. Sometidas, junto con los frijoles al exceso de hervor en la olla exprés.

Y así, por sentencia paterna el menor será convertido al vegetarianismo, por culpa de sus padres, al fin gente descontentadiza;  que sin poder ver, pues su ignorancia les ciega, su minusválida conciencia no les permite ver esto, que aplicado a los pobres animalitos, sería una horrenda salvajada. Y dejan al menor con su absurda dieta sin proteínas que son indispensables para el metabolismo, absorción y utilización de otros nutrientes.

¡Nooo! Cómo va a comer el niño carne de esos pobres animalitos.

Esos pobres e indefensos animalitos en fotos que lo dicen todo.

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Véase la musculatura. Tal parece que el Señor Toro ha pasado muchas horas en el gym. Aprecie usted como se le «marcan» los músculos por la rutina del ejercicio y el trotar por los pastizales; la brillantez y sedosidad del pelo, por supuesto fruto de la buena, selecta nutriente y vitaminada alimentación.

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Pobres e indefensos animalitos a quienes la naturaleza ha dotado de amenazante encornadura.

 

«SALIR A HOMBROS»

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 Cortar las dos orejas de un toro o dos; una de cada toro del lote de un torero es requisito para «Salir a hombros» y que se abra la puerta principal de una Plaza, la de «El Príncipe» en la Real Maestranza de Caballería en Sevilla, la de Madrid, la foto  muestra la escultura de Antonio Bienvenida llevado en volandas frente a la mítica puerta por la que once veces salió a hombros, la de «Los Califas» en Córdoba, la recién nombrada de «El Encierro» en la Monumental México, en alusión a la escultura con ese nombre, obra del escultor y que luce sobre el  portón principal de acceso. Esta costumbre o requisito, no escrito en ningún documento, se ha convertido en algo ya bien establecido y aceptado: «Cortar dos orejas para salir a hombros«. Pero eso, cortar dos orejas y como premio «Salir a hombros» no es lo verdaderamente importante. Lo trascendente es salir pero en hombros de una tumultosa, apasionada y festiva afición, lo que se dice «en olor a multitud». Esto, que solía ocurrir con frecuencia en años pasados, afortunadamente, a vuelto a verse en tardes recientes. Las fotografías que ilustran esta entrega lo dicen todo: Julian López «El Juli», saliendo a hombros por la Puerta Grande de Sevilla y según portada de la Revista «Aplausos«. Años atrás, el Maestro Antonio Chenel «Antoñete», literalmente llevado a hombros de la multitud. Que tristeza, ver en cambio, cosa harto frecuente en nuestras plazas, que el torero «triunfador» sea sacado de la plaza a hombros de su propio hermano, muchas veces, también, su mozo de espadas y chofer o bien por sujetos, especialmente dedicados a esos menesteres y por ello son llamados «costaleros» y que reciben paga; boletos de entrada y pasajes para trasladarse a las plazas.

Más triste es aun, el caso de los monosabios y trabajadores de Plaza, que hasta a codazos se pelean por cargar a un torero a hombros. ¿Y, como carajos no se van a pelear? Si les pagan cien pesos por la chamba de todo el día de corrida y el apoderado les da un quinientón por llevar al torero desde el ruedo hasta la camioneta en el estacionamiento. La otra foto  ilustra la segunda tarde del triunfador de la pasada Feria de Aguascalientes, donde el carismático Arturo Macías, «El Cejas» fue aupado, sacado a hombros de la plaza y llevado, paseado por todo el circuito de la llamada «Feria de Ferias«. Histórico más que anecdótico es lo ocurrido en Puebla, antigua plaza llamada de «El Paseo Nuevo», en plenos años de la Revolución Mexicana, era tal el arrastre de multitudes del torero-charro, el del gran mostachón, Ponciano Díaz, de tal magnitud fue triunfo esa tarde, usándose entonces los carros a tiro de bestias, las carretelas o calandrias, que al salir, triunfal de la plaza Ponciano rumbo al hotel en el centro de la Angelopolis, donde se hospedaba, el gentío, entusiasmado, desengancho los caballos del tiro y a fuerza de  enloquecidos aficionados la carretela fue llevada hasta el hotel a «tiro de machos humanos«. Tal era la idolatría por el torero y tal acontecer narra en vernáculo corrido el también popular Oscar Chavéz.

 EXPESIONES TAURINAS.

«Se lo llevaron a hombros

La expresión «Se lo llevaron a hombros» va a la par con la del post que precede, «Salir en Hombros», pero hace referencia a otras situaciones, se utiliza cuando a algún amigo se le pasan las copas y tiene que ser aupado, «llevado a hombros». Recuerdo, hace unos años, con motivo de la revelación de una placa en la plaza «La Taurina» de Huamantla, el Maestro Jesús Córdoba fue invitado de lujo, pues su nombre aparece en la placa y él fue el encargado de develarla. Para ello se quedó a pasar unos días de feria en esa población, hoy; «Pueblo Mágico», para atenderlo, amenas tertulias se sucedían noche a noche hasta el amanecer. Y de una de ellas que tuvimos que dejarle en manos «y brazos» de los parroquianos, sus anfitriones y entre ellos «El Pana», le dejamos ya muy cerca de la madrugada. Otro día, después, momentos antes de iniciar la corrida de feria, le encontramos y saludándole, al preguntarle cómo había terminado la reunión, sonriendo, respondió: – ¡Como en los tiempos de figura! ¡Me llevaron en hombros hasta el hotel! Aunque en estos días, ocurren también excesos y actos fuera de control. Tal como se ve en la foto: A Alejandro Talavante literalmente «se lo llevaron a hombros». La expresión también se utiliza cuando algún sujeto tiene problemas con la justicia o deudas y ocurre entonces que se sabe y dice: ¡Qué se lo llevaron a hombros!…de la policía.

 

 

La Categoría… ¡Aquello que se perdió hace mucho tiempo!

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La Categoría, aquello que se perdió hace mucho y no han sabido recuperar nuestros toreros. Cuando ese elemento esencial regrese, volverán también los llenos a los tendidos de las plazas. Siempre viene a la mente el multicitado ejemplo de los años cincuenta en que las dos plazas capitalinas; La México y El Toreo de Cuatro Caminos se llenaban a reventar la misma tarde de domingo con carteles a veces conformados por los novilleros punteros, los llamados Tres Mosqueteros: Rafael Rodríguez, Jesús Córdoba, Antonio Velázquez y un cuarto, D’ Artagnan, Manuel Capetillo. Y la capital tenía entonces escasos 2 millones de habitantes.

Con motivo de la primera visita a México del Monstruo de Córdoba, Manuel Rodriguez «Manolete», los tumultos que se vieron en torno a su presencia asombraron a todo el mundo, se colocaban gradas y tribunas a las afueras de los hoteles donde se hospedaba el legendario torero. Paco Malgesto sentenció entonces, pues los tumultos eran solamente para verle salir o entrar al hotel, estaciones de radio o lugares que visitaba. Malgesto dijo: «Esto no volverá a verse en México hasta que un Papa nos visite«. Y tal cosa ocurrió al venir por vez primera un papa Juan Pablo II, treinta y dos años después. La expectación que Manolete causó en su llegada a México no tenía similar hasta la visita de un Pontífice romano.

El 5 de febrero de 1996 con motivo del XLIX aniversario de la Plaza México a la 4 en punto de la tarde partió plaza en solitario, previo al paseíllo formal Luis Procuna, único sobreviene, entonces del cartel inaugural de la monumental. ¡Qué espectáculo verle partir plaza! Todo de blanco vestido iba; incluso sombrero calañez, corbata y botines albos! ¡Qué señorío! Qué derroche de personalidad, pese a la edad que en el momento tenía. El destino no quiso que el «Berrendito de San Juan» llegará al Cincuenta Aniversario de la plaza, pero, eso, eso era Categoría lo que él y los toreros de antaño tenían. Toreros de cuerpo entero y de tiempo completo. Verlos cruzar una calle – el tráfico se detenía – era como verlos partir plaza.

Todo eso, la Categoría se ha perdido. Empresarios, apoderados, toreros y subalternos se quejan de las paupérrimas entradas en los tendidos, pero en los patios de cuadrillas, en las afueras de las plazas, en el campo durante las labores de tientas, no son capaces, nadie es capaz de mirarse y darse cuenta de la enorme escasez de personalidad, la falta absoluta de eso que se perdió hace mucho tiempo: La Categoría. Ya se ha dicho muchas veces y lo hemos escrito otras tantas, que en el campo bravo, en tentaderos hemos mirado, sin poder creerlo a matantes «vistiendo» maltratados, desajustados, muy holgados y horrendos pants; siendo tan hermosa y bella la ropa campirana. Solo cuando se pierde la categoría y por tanto la dignidad, se pueden sustituir los botos camperos por unos horripilantes tennis; y en un acto insultante, verdadera mentada de madre a uno de los símbolos más representativos de la profesión de Matador de toros, sustituir la noble y soberbia y casi histórica gorra de twid, gorra de maletilla…por una cachucha beisbolera y para más grosería con la visera «pa’ tras».

Como muestra, y da pena ponerla; una fotografía, tomada en la última Asamblea de la Asoc. de Matantes. Al centro, su dirigente, Antonio Urrutia y Paco Doddoli medio se salvan, aunque el matador Urrutia sin encontrársele la combinación de colores. Predominan los pantalones de mezclilla, pero con playera tipo polo o inadecuadas camisas que empeoran las deterioradas y descuidas figuras de los matantes. Jerónimo luce, pasados 9 meses sin torear, trece años de alternativa y veinticinco kilos después y Enrique Fraga le hace competencia en el concurso de vientres. Al centro, «El Pana» con unos horrendos pants y tennis, con desubicado paliacate alrededor del cuello. Evidencia gráfica de que la Categoría se ha perdido.

En la otra foto, personalidad a raudales emana de la figura de José Antonio Morante de la Puebla y el chaval, perfecta, correctamente vestido de monosabio con faja, corbata y kepi. Agrada ver las figuras y expresiones de los dos y me retuerzo de vergüenza de la vestimenta de los monosabios de la plaza de la otra Puebla, la que parece de pueblo y que visten pantalones de mezclilla en diversos tonos del descolorido al percudido, pasando por el super-jodido; y camisetas- playeras con publicidad de algún centro botanero. Líbrenos mi Dios de estos desaires a la fiesta que perdiendo la categoría, pierde todo.  

EXPRESIONES TAURINAS.

¡Échale la muleta en la cara!

«Échale la muleta en la cara» esta es una de las muchas frases, que se escuchan en los callejones de las plazas y que aunque bien se escuchan, pues muchas veces son verdaderos gritos y la verdad, no se entiende nada. Ejemplo de ello lo escribe Joaquín Vidal en sus «Crónicas Taurinas«, cuando uno de los peones desde el callejón le grita al matador Palomar: “¡Oonelaaalearnanoyeaoargo”! Se acerca Palomar al burladero y pudo entender al peón que gritaba: “Pónsela, bájale la mano, llévalo largo”. Lo hiso, y se cayó el toro. Se volvió furioso: ¡Te das cuenta de por qué no le bajaba la mano! Es, un algo que nadie entiende y menos qué y por qué quieren decir.

Ahora bien, de entre los gritones que suelen deambular por los callejones existen: El que grita y sabe lo que grita. El que grita y no sabe lo que grita. El que no sabe gritar ni sabe lo que grita. Pero, para todos por lo general, la frase más socorrida es esa de; «Échale la muleta a la cara», seguida de las variantes: “Bájale la mano” «Y te lo traís bien templado» o «Tócalo» o «Le das tres y rematas». Siendo que el torero con la mente en la vorágine del toreo, no alcanza a distinguir los sonidos y menos lo que se le dice. Por eso en el lenguaje coloquial cuando alguien pretende o quiere embabucar, traer la tal persona a su antojo, se le dice, como desde el callejón: ¡Échale la muleta a la cara!

 

 

LA TOROVISION

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Este tema da para toda un estudio monográfico, pero vamos a tratar de ser concretos. Desde, casi la invención de la TV, hablamos en blanco y negro, las transmisiones de las corridas de toros fueron motivo de polémica y grandes discusiones, fundamentalmente: ¿Qué si las transmisiones quitan asistencia a las plazas? Y, ¿Qué si pasarlas por TV, es una ayuda a la difusión de la fiesta?

La primera pregunta no encuentra respuesta en nuestros días, pues si bien las transmisiones se iniciaron allá por los años cincuenta del siglo pasado, lo cierto es que simultáneamente a que se transmitían los festejos, el mismo domingo, los dos cosos, el de Insurgentes: La Plaza México y en Cuatro Caminos: «El Toreo» lucían llenos absolutos, de los llamados entradones «hasta el reloj» y lo más importante es agregar que muchos de estos llenos eran con carteles de los novilleros entonces «punteros». En la capital las plazas se llenaban y en provincia y aledaños del D.F., después de comer los domingos las familias enteras se reunían en torno al televisor, cautivados por la corrida, los actuantes y; ¡Oiga usted! escuchar al genial Francisco Rubiales, Paco Malgesto. Definitivamente: los tendidos de las plazas llenos a reventar, las salas  de casas, de clubes, cafés, restaurantes y bares, con multitudes frente a la T.V. Conclusión: La teletransmisión no alejaba a la gente de las plazas, y por supuesto que ayudaba y en mucho a la difusión de la más bella de todas las fiestas.

Hoy, el problema es otro y muy distinto: De ¿De qué si la T.V. ayuda a la difusión de la fiesta? Eso es evidente; al otro día de que un coletudo sufrió tremenda voltereta, o un torero salió huyendo con los pitones del toro tras de él, o un toro saltó al callejón, ó voló hasta el tendido, de ello se entera y comenta todo mundo, independientemente de en qué plaza, incluso del extranjero allá ocurrido lo comentado por todos, pero, la gente no va las plazas, ante evidentes buenos carteles la afición no acude, muchos prefieren quedarse en casa, en ropa cómoda, pants y sandalias, y con las «chelas» bien frías y los refrigerios – léase: botanas, memelas y similares – a un lado y frente a la televisión. La falta de arrastre, de atractiva personalidad; de verdaderos ídolos son los argumentos de medias o muy flojas entradas.

Pero hoy con Internet y mucha oferta de paquetes para contratar por cable o las ondas del «cielo» Skay, aficionados, muchos de ellos jóvenes, pero todos de reciente cuño pasan las horas viendo las corridas de allá y esto nos lleva a un nuevo problema de «ubicación» de muy difícil, yo diría imposible solución.

El Planteamiento del Problema es que ven las corridas, los encierros todos en edad; recordemos que en los herraderos de las ganaderías en España se encuentra presente la Autoridad de la Comunidad correspondiente y la Guardia Civil que dan fe de las fechas de nacencias de las reses. Los toreros actuantes, en las principales ferias cobran en «€uros» cantidades que jamás podrán pagárseles por estos rumbos. Lo más grave, es que el aficionado espectador, desde su sala de TV pierde la noción de su ubicación geográfica, digamos que se le desconecta su «gipies» y ya no sabe dónde está, ya luego, cuando acude a nuestras modestas y humildes plazas de toros, muchas de ellas en condiciones de lastima – ver El Relicario -, quiere que por la puerta de toriles salgan los mismos toros o toros con los pesos, edad y trapío que vio en Tendido Cero o en el link que le pasaron para ver las corridas.

Y no aprecia ni valora que el precio que está pagando por la localidad que ocupa no es ni la décima parte de lo que se paga en las plazas de allá. Esa es la realidad del problema; ven lo que sale en Madrid,  Sevilla y Bilbao, y quieren ver lo mismo en la Monumental de Xalostoc, en «La Petatera» o en la de ruidosas y oxidadas gradas de metal de las plazas desmontables.

 

EXPRESIONES TAURINAS.

«Anda buscando tablas»

Decimos en el medio taurino que el toro en el albero, regularmente en la parte final de la lidia, durante la faena de muleta, cuando él mismo parece presentir el final, ya cerca, tal parece que huele la muerte y entonces se aproxima al cerco rojo del redondel: – «Anda buscando tablas», es la frase para describir esta acción, y ya después de recibida la estocada, tambaleante, a punto de perder el equilibrio y convencido de la realidad de su destino: morir en el ruedo de una plaza de toros, se acerca, decíamos; tambaléandose, a punto de echarse. Decimos entonces: Que, anda, ¡Buscando tablas! La misma frase, coloquialmente, la usamos cuando algún amigo, compañero de farra o parranda, después de un buen número de copas, anda ya tambaleante, haciendo «eses», decimos entonces, que: ¡Anda buscando tablas!

De manera similar, en sentido de mayor confianza, decimos de algún amigo o conocido cuando se nos informa de su salud, desgraciadamente, afectada de manera grave. De ese amigo, seriamente deteriorado, decimos que: ¡Ya, anda buscando tablas!

¡ESAS COSAS NO SE HACEN!

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Por: José Alberto Vázquez Benítez.

El tema ya ha sido tratado con precisión por la prensa taurina. Pero la cosa no deja de tener su importancia, sobre todo, si yendo al detalle, este tipo de faltas, evidente reto a las autoridades nombradas ha sido cometido por toreros visitantes, los dos hispanos. Muy visible y de dar tristeza fue el caso del llamado «Mejor rejoneador del mundo«, quien con evidente transgresión del Reglamento que a la letra dice: «Todos los lidiadores acataran inmediatamente los avisos y las ordenes del Juez de Plaza y del Inspector Autoridad y les está prohibido hacer manifestaciones de desagrado en el ruedo sobre las llamadas de atencion, cambios de tercio y otorgamiento de apendices«. Increible: Pablo Hermoso, de pie, desafiando de frente y abajo del palco del Juez, haciendo de comparsa a su cuadrilla quienes ostentosamente pedían una oreja más, trofeo «Plus» para una actuación que con una oreja concedida ya estaba aceptablemente otorgada. En la misma tarde y plaza, Alejandro Talavante, de una manera, eso sí, elegante y educada entregó al alguacil el rabo que de forma dadivosa el Juez Jesús Morales, ex-subalterno de toreros mandones concedió sin haber mediado una cierta petición o una faena meritoria de tal premio. Todo esto ocurrió en: La Catedral del Toreo en México y ha sido ampliamente comentado, pero queremos subrayar que las dos fueron faltas graves al Reglamento al no aceptar las decisiones del Juez y manifestarse en contra. Eso sí, uno de ellos, el Matador Talavante conduciéndose cortésmente  y hasta con cierta elegancia. Pero el Rejoneador lo hizo en forma retadora y con una apostura nada digna de su categoría. Lo que hay que saber es que ésta era apenas la quinta actuación del ex-banderillero como Juez, por lo que, al menos la gente del rejoneador ha de haber dicho: ¡A este nos lo comemos!

Lo peor de lo acontecido estos días vino después, en el Domo de San Luis Potosí, donde el Matador José Antonio Morante de la Puebla, quien ante la negativa del neo-juez del Domo, quien él mismo se confesó «muy nuevito», de otorgarle la segunda oreja que la concurrencia de manera visiblemente mayoritaria pedía, tuvo Morante el desplante de devolver de manera brusca – arrojar – la oreja al palco de autoridad, la oreja segunda que le otorgaron. Argumentó después el C. Juez defendiendo su postura, diciendo que se trató de una estocada «defectuosa» (desprendida) y de ahí la negativa, siendo la petición muy mayoritaria. Y fue en otra, de esas plazas de Dios donde el Juez, también nuevo, pero este dijo que: «Anda picando piedra«, reconoció que «como lo hacen los maletillas para hacerse novilleros«. Anda, recorriendo pueblos para hacerse Juez y al ser cuestionado sobre su enérgica actitud con determinado matador, respondió qué: lo hizo, – el actuar enérgicamente – reprimiendo al torero a quien  al dar una vuelta al ruedo, le arrojaron un «brassiere» mismo que se colgó a la cabeza. Y recién en la Monumental de Apizaco, el novel Angelino D´Arriaga, tuvo la desfachatez de reclamar de manera muy falta de educación, una oreja que no merecía. Ha recibido el regaño y reclamo de la prensa escrita por su falta de profesionalismo.

Definitivamente, se trata en estos casos, de actitudes que no van con el respeto a la Fiesta Brava, pero sobre todo, son una grave falta de respeto a la profesión, al traje de luces y por supuesto a sí mismos. Esperamos que esto, aquí narrado no vuelva a presenciarse en nuestros ruedos.

EXPRESIONES TAURINAS.

«Hacer el quite» o «Hazme el quite»

La expresión taurina «Hacer el quite» es de una antigüedad tal que se remonta al tiempo en que la suerte de varas o de picar se realizaba con los caballos sin protección alguna, sin petos. Se trataba de evitar lesiones graves en los cuacos, resultado de las tremendas embestidas de los toros, y entonces, primero los peones y más tarde y de manera formal los matadores «quitaban» a los toros del caballo, literalmente: «hacían el quite». Esto se protagonizó en la lidia, quedando los «quites» establecidos después de completado cada puyazo, así, procede un quite después del primer puyazo a cargo del matador en turno; y en caso de darse un segundo puyazo, cosa ya histórica y hecho que pertenece a la crónica de tiempos pasados, pues en nuestros días con dificultad sobreviven los toros a la primera pica, se realizaba un segundo quite a cargo del siguiente matador en turno, hablándose entonces de que: «alternan en quites». El caso es que se realiza el «quite» en remembranza de cuando en realidad había que quitar al toro del caballo: «hacer el quite» y de ahí derivó al lenguaje cotidiano haciéndose uso de la expresión cuando al consumarse la cita o compromiso de un determinado sujeto con una sujeta, esta sale con que; «Va mi prima con nosotros» o; «También va a ir mi amiga…» con lo que el interesado y afectado se ve obligado a buscar de urgencia a un amigo o compinche para pedirle de favor: «Hazme el quite» expresión con la que se pide ayuda para que se haga cargo de la imprevista compañía y que en términos más claros puede equivaler a: «Quítame a ese estorbo».

¡LA CONFECCIÓN DE CARTELES!

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La confección o conformación de carteles da como resultado, eso: «carteles» los qué una vez hechos pueden resultar muy bien conformados o como se dice en el argot: «sin desperdicios». Estos carteles pueden recibir la aprobación general, cosa que se refleja primero en las taquillas y luego en los tendidos, pero por muy buena aceptación que tengan siempre habrá disconformes, descontentos, «protestantes», de los que nada les parece y protestan por todo. Desde luego estos carteles que muchas veces suelen ser «de tronio» pueden no gustarles a los «istas» de ciertos toreanderos que viven en su mentira, creyéndose sus historias y engañándose a si mismos, rumiando mentalmente sus falsedades,  tal ocurre con apoderados, matantes y gente que les sigue, que muchas veces viven a su sombra. Y ¡Oh desilusión! Cuando ven que se publican o se dan conocer los carteles de feria, de festejos de mucho arraigo, o los tradicionales de aniversario y el nombre de su torero ¡No aparece! Luego entonces los carteles están mal echos, son engañosos o son, suele decirse: «Más de lo mismo«. La cuestión es que si su torero no aparece acartelado, inventan mil y un pretextos, desde la procedencia de los toros: ¡Es que mi torero no mata eso! Hasta cuestionar ¿Quién es la empresa o quiénes la conforman? Y las críticas y protestas van hasta por lo que pagan: ¡Es que mi torero no va por unos cuantos pesos! ¡Lo que le quieren pagar no es lo que vale!

Y por supuesto, vienen las críticas y cacareos desprestigiando el festejo. Lo ocurrido en estos días al conocerse los carteles de los festejos del 67 aniversario de la Plaza México ha sido ejemplo fehaciente de la controversia que ello despierta. Ya no es motivo de este texto analizar la actuación detallada y minusiosa, los resultados de lo acontecido a cada torero, ni lo relativo a sus toros y la lidia de ellos. Lo que pretendemos resaltar aqui es el hecho de aparecer en los carteles de serial tan importante, de ver sus nombres entre los – en esta ocación fueron – seis, escogidos, selecionados para conformar los carteles festivos. La gran responsabilidad que esto significa aunado al hecho de quitar a otro torero la posibilidad de estar ahí, en la puerta de cuadrillas en festejos de aniversario. El despertar de las inconformidades, rechazos y quejas que esto provoca. Todo ello, ha quedado bien definido: El total de nombres que se barajearon sumaron más de 12, los convocados sólo 6, y pasados los dos festejos, justo es decirlo; ninguno de los seis, ni la combinación de sus nombres tuvieron el arrastre suficiente para provocar un lleno aceptable, es decir; que las entradas no fueron de «Corrida de Aniversario».

Los nombres propuestos no tuvieron el requerido poder de convocatoria, sin embargo se salvan: (por estricto orden de aparicion) Juan José Padilla, aunque llegó a caer en un toreó tremendista y desplantes que no gustaron al respetable; Fermín Rivera con un toreó joven, fresco en una línea de clasicismo que justificó su presencia; Eulalio López «Zotoluco» quien demostró que con el poder, dominio y sometimiento de los toros que posee, puede llegar a lograr las faenas que firmó, lamentablemente mal logradas con la espada; José Antonio Morante de la Puebla, con su sonrisa espontánea y franca después de lograr sus pinturerias ha llenado el albero de arte del bueno, dejando con su sonrreir la ilusión de lo que pudiera haber pasado si sus toros fueran del arrojó y clase de su toreó. Octavio Garcia, sin duda el nombre más cuestionado de los aparecidos en los carteles, se ha re-te-que justificado, gritando fuerte que «El Payo» puede, y tiene con qué para estar en esos carteles. Superado el reto, seguro de sí mismo, pronto dará de que hablar. De los seis, fue el que escuchó un más fuerte, sonoro y justo gritar de: ¡Torero…Torero!

Por último y como cerrojonazo de temporada se dio un cartel de cuatro matantes, tres de a pie y uno de «a upa»; dos hispanos alternando con dos mexicanos. El resultado: un entradón provocado por la presencia del rejoneador navarro, Pablo Hermoso y el torero cumbre de Badajoz, Alejandro Talavante que dio marco a la confirmación de todas las posibilidades que guarda Fermín Spinola y propuesta que le quedó grande, por eso tocamos el tema aquí; de Victor Mora, que se derrumbó ante el tamaño del cartel.

EXPRESIONES TAURINAS.

«Aguanta vara».

La expresión «aguanta vara» con sus variantes; «aguantando muy bien la vara» y «aguantó muy bien la vara» se refieren al momento de la suerte de picar o «de varas», primer tercio de la lidia; cuando de la manera clásica, el picador avienta o recibe con la vara en mano al toro, que al empujar fuerte y no rehuir pelea, dando muestra de bravura pelea fuerte contra la cabalgadura y su cabalgante además para eso es para lo que fue criado, se dice entonces, que: «da la pelea», que «empuja fuerte» y siempre rematando la frase con la expresión «aguantando vara», dando afirmación y certeza de que el toro es bravo, enfrentando el reto y esto resulta más evidente y se hace obvio al momento de poner al toro enfrente al caballo de pica por segunda vez y aún más relevante por una tercera, donde el empujar fuerte y «aguantando vara» será un espectáculo digno del aplauso de un público entusiasta muchas veces puesto de pie, al reconocer la Bravura. De ahí que este término se utilice de manera coloquial y cotidiana para festejar el hecho de que alguien aguanta, resiste estoica y valientemente algún tipo de castigo. La frase, es premio; testimonio de reconocimiento a eso…un gran aguante, ante las circunstancias.

¡Una tienta de muy gratos recuerdos!

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¡Una tienta de muy gratos recuerdos!
Por: José Alberto Vázquez Benítez.

La hacienda ganadera de bravo de San Diego Coyotepec alberga las instalaciones de los corrales de «saca» es decir donde se coloca el ganado cuando ya está próximo a ser embarcado para salir a las plazas de toros, está ahí también el embarcadero, que en esta casa es altamente funcional, lográndose embarcar una corrida completa en unos veinte minutos; está ahí, igualmente la plaza de tientas, también con excelentes instalaciones, además de palco de invitados y el de ganaderos, cuenta con cocina de la que van saliendo a la par que salen las vacas de los toriles, las «pellizcadas» de salsa verde, alternando con la roja y los crujientes trozos de fresco chicharrón. Este casco de hacienda sustituye al anterior llamado «San Diego Cuetzconzin» y que se encontraba entre metapacles, o puras filas de maguelles, síendo Cuetzcotzin el nombre de un lugar en forma de monte, con un pequeño volcán en sus entrañas, de donde según cuentan tradición y leyenda hechas una: salió una enorme serpiente que emigró a la Malintzin y desde entonces el pequeño volcán dejó de lanzar humaredas.

Mero enfrente de esta hacienda, cruzando la carretera, se encuentra la otra hacienda propiedad de la misma familia ganadera que encabeza el tenaz empresario, ganadero, agricultor y comerciante don José Ángel López Lima. Es esta señorial casona hacendaria, San Juan Quintero, hoy Mazarraza,  que fuera propiedad desde el año de 1880 de la familia con ese apellido, al que dio fama don Felipe Mazarraza quien fuera gobernador del estado de Tlaxcala, permaneciendo la casona en manos de esa familia por 100 años, hasta que la adquirió don José Ángel. El ganado de la divisa rojo, verde y amarillo, con una J y una A que conforman el fierro de la casa pasen cuando son jóvenes; becerros y vacas en una otra propiedad de la casa, los potreros de Santa Lucía, que se ubican en la serranía en la que colindan los estados de Puebla y Tlaxcala, allá por Terranate.

Las dos haciendas: San Diego Coyotepec y Mazarraza se ubican en el municipio de Cuapiaxtla, colindante con el de San José Chiapa, por lo que ahí cerca, muy cerca, a sólo diez minutos de donde los López Lima crían toros de lidia, la empresa Audi creará pronto autos de lujo.

Ahí, estábamos el viernes, en el tendido donde calentaba el sol, tendido para invitados pero ocupado por los chamacos, hijos de los peones y caporales de la hacienda, quienes muy bien conocen a su ganado y sus crías, pues son casi testigos presenciales de las cruzas y el parir de las vacas. Chavales estos que bien saben expresarse en el lenguaje campirano y lo hacen mejor que los cronistas de Tv y radio que «narran» las corridas. Uno de estos chavales le decía a otro en correcto lenguaje de campo: -«¿Ya vites? Ese toro es el semental, el berreando en castaño que esta junto a sus vacas».

Las labores de tienta estuvieron a cargo del torero salmantino Eduardo Gallo en su intensa preparación para su presentación en la temporada 2012 – 13 de la Plaza México, le acompañó en el campo, como siempre lo ha hecho, su apoderado, el matador en retiro Lázaro Carmona, quien aún pisa fuerte en los ruedos, y en esta ocasión nos brindó un par de «puyazos» subiendo al caballo de pica y ejecutando la suerte de varas con todo el rigor y siguiendo las ordenanzas, y mandando con conocimiento y dominio desde el caballo. Los recuerdos de tienta, que dan título a este post estuvieron a cargo del propio matador Lázaro Carmona y don José Ángel, pues el coleta hispano en sus andares tempranos por estas tierras, durante algún tiempo se albergó en esa casa ganadera y en muchas otras de ese rumbo, pues cuando las primeras veces por ahí llegó, lo hizo acompañado, ni más ni menos de su gran amigo Jorge “El Ranchero“ Aguilar, ni más ni menos.

EXPRESIONES TAURINAS.

«Tiene los machos muy bien amarrados».

Expresión que equivale a la otra más coloquial de: «Los tiene muy bien puestos» y que se refiere al momento, ya comentado en el post «Vestirse de luces» en que al matador se le ajustan, atan o anudan los cabos de los cordoncillos que ajustan los extremos de la tales o calzona del traje de luces, por debajo de la rodilla y que al quedar debidamente ajustados dan seguridad y firmeza a la parte baja del vestido de torear, con lo que el torero al sentirse cómodo, seguro, dice de sí mismo y se dice de él que tiene «los machos muy bien puestos». Frase que por extensión se utiliza para decir que alguien «los tiene muy bien puestos» o muy bien ajustados, haciendo alusión a los atributos sexuales, dicho que se ha convertido de uso cotidiano y que incluso llegar a utilizarse para mujeres, señoras y señoronas, cuando estas también, los tienen «muy bien puestos»; los ovarios, claro.

HISTORIAS EN NEGRO Y ROJO. «Un corbatin con abolengo»

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La hacienda de San Mateo Huizcolotepec, alias Piedras Negras, ubicada en el municipio de Tetla, Tlaxcala, que antiguamente fue propiedad de los padres Betlemitas, conocida como ganadería de reses bravas con el nombre de Piedras Negras, nace como tal en el año de 1874, gracias al empeño que en ello puso José MarÍa González Muñoz quien incluso a escondidas de su padre Mariano Antonio González Fernández  acentó sus primeros píes de cría en el potrero «Malpais«. Esta idea descabellada y de resultas genial de tener ganado bravo en casa, cristaliza el 5 de marzo de 1882, fecha que debe ir en letras de oro en la historia de las casas ganaderas de bravo en México, ese día en el Estado de México, lidia por primera vez Piedras Negras en la plaza «El Huizachal«, para el célebre Bernardo Gabiño y su cuadrilla. Cinco años después, el 30 de octubre de 1887, Piedras Negras se presenta en la Ciudad de México con 3 Toros 3 en la plaza «San Rafael» para el torero gaditano Diego Prieto, el llamado «Cuatrodedos» y Carlos Borrego «Zocato». Esta aventura que dio inicio con ganado criollo de Tepeyahualco, continúa en 1908, año en que llega ganado de Saltillo, quedando en Piedras Negras dos sementales de la ilustre casa del Marques y dos sementales; «Tabaquero» y «Tinajito«, llegando también uno de Murube y otro de Miura.

Según don Manuel De Haro, Piedras, la de la célebre divisa NEGRO y ROJO. debuta en México en 1896 y Tepeyahualco lo hace en 1895. En el año de 1983 el Departamento del Distrito Federal otorga a esta ganadería carta de reconocimiento de antigüedad de presentación en la capital con fecha al año de 1895.

Este célebre Mariano Antonio González, procreó un hijo no menos célebre, de nombre Manuel Dámaso Francisco Guadalupe Alejó González quien de su matrimonio con doña Trinidad González González tuvo dos hijos; Romárico y Lubín González González, al primero se le conoció siempre como «Maco» y al segundo, Lubín como “El Gachupín» por su tez blanca, barba muy cerrada y apuesta gallardía, ambos fueron enviados a estudiar a la ciudad de Puebla, y concluidos sus estudios en la Universidad  regresan a Piedras Negras para aplicar sus conocimientos en el desarrollo de la industriosa hacienda. Romárico era el más empeñoso, laborando al lado de su padre. Corría el año de 1903 y sería por el entusiasmo e interés demostrados por «Maco» que su padre decidió entregarle para su administración y desarrollo la hacienda de «La Laguna», donde Romárico funda la ganadería con ese nombre. Don Lubín queda en definitiva con Piedras Negras y es entonces, que para distinguir el ganado de una y otra casa, de unos a otros potreros, Don Lubín decide e inicia el corte en forma de corbatín en la badana, gargantilla o lo que en los humanos llamamos «papada» de sus toros para mejor distinguir los dos hatos ganaderos.

La cronista de la familia Beatriz González Carvajal en su opus literario «A las campanas de Piedras Negras»  con gran sentimentalismo literario hace la analogía de la forma que toma este singular corte con las siluetas de las campanillas de la capilla de la hacienda.

Llamándose badana al pliegue cutáneo que sobresale en el cuello del toro y se extiende hasta el pecho, a los toros bastos de piel y con papada muy desarrollada se les llama «badanudos«, no así a los toros piedranegrinos a quienes en el momento del Herradero, cuando reciben las marcas herradas a fuego con el hierro de la casa y los números en el costillar, según les corresponda de acuerdo a los libros y el árbol genealógico que cuidadosamente se lleva con los registros de nacencias. Esta marca; el corbatín es única y exclusiva de esta casa de toros criar. Técnicamente se le llama señal y se hace a manos del propio ganadero, quien a su vez, y en su debido tiempo enseña y lo hace conjuntamente con el hijo primogénito quien será heredero recipiendario no sólo de la tradición y orgullo de la familia, sino también de la responsabilidad que esto conlleva. Las señales que pueden ser muchas se practican en las orejas, una o dos y pueden ser estas señales una combinación de diversos cortes que van desde un simple rasgado, muesca, de forma hundida, de horquilla, o bellamente ahigaradas o en media luna, estas se practican con tijera especial y al acto se le llama «aseñalar». Pero en el caso del «corbatín» es único, y por lo general, estos momentos que literalmente: «marcan» la vida de un becerro o becerra, ocurren simultáneamente con el «destete«. En Piedras Negras y como debe ser, es el propio ganadero y nadie más quien «aseñala«, e utiliza un afilado cuchillo de monte, mismo que con toda la carga emocional que esto conlleva, guarda cuidadosamente hasta que llegue el día en que, en emotiva e íntima ceremonia, como si se tratara de una solemne alternativa en la plaza de toros, ahí, en el potrero de herrar, serán pasados, entregados al heredero los trastos de herrar y cortar el corbatín; icono, verdadero escudo de armas de esta muy asolerada casa ganadera.

EXPRESIONES TAURINAS

¡A TORO PASADO!

A toro pasado« es una expresión muy de taurinos, qué quizá de tanto uso ha llegado a perder algo de su valor inicial. Se entiende que cuando la parte principal de un lance o de un pase se realiza al momento en que la cabeza del toro, la cornamenta, la parte más agresiva, ya ha pasado, al contrario de lo que ocurre cuando un torero se pasa los pitones lo más cerca de la faja o en los pases de pecho, rosándole los alamares y golpes de adorno de la casaca torera. Hoy, estando tan de moda los espectaculares pares de banderillas, donde el torero banderilleante tiene que dar o hacer una serie de evoluciones, para finalmente colocar el par dando un brinco o dejando los palos aventados, sin tener los pies plantados en la arena y saliendo del par a como se pueda; pero, utilizando las extremidades inferiores para lo que Dios se las dio….a los conejos…¡Para correr! Es entonces cuando aplica la expresión que hoy comentamos: «Fue un par de banderillas ¡A cabeza de toro pasado!».

Sabina un oportuno trapisondista en la plaza

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¡Sabina, ¿En qué antro dejaste a Serrat?! Este fue uno de los muy ingeniosos gritos que escuchó Joaquín Sabina cuando su presencia fue identificada en el callejón de la Plaza México, en el momento en que Alejandro Talavante le invitó a salir del burladero donde se encontraba hospedado por el Dr. Rafael Herrerías para recibir el brindis de la muerte de su primer toro, que le ofreciera el de Badajoz.

Dos veces más tendría que salir él célebre y popular canta-autor a recibir los brindis que le ofrecieron el cejijunto Arturo Macías, y el llamado «Payo» Octavio García en los toros corridos en cuarto y sexto lugares. Brindis estos de gran importancia y relevancia, mancomunados por la importancia del personaje de quien se trataba y por el gran compromiso que para los tres alternantes representaba el estar acartelados esa tarde de segunda corrida de temporada.

Hablando primero de lo ocurrido frente al toro: los tres alternantes han dejado muestra fehaciente de su gran deseo de justificar su inclusión en este cartel y buscar aparecer en los de febrero del 2013. Por delante, Ale Talavante ha dado pruebas de su gran torerismo. Arturo Macias nuevamente ha salido, como lo hizo frente a José Tomás en aquella tarde de domingo del 2010, llegando como «llegan los valientes, con sus gallos bajo el brazo« y entonces tuvo el atrevimiento de atravesarse en un quite al de Galapagar. Este domingo con la muleta en su primero ha instrumentado una «arrucina» con dedicatoria a Talavante, mismo que nuevamente a venido a México a echarse a los aficionados a la bolsa, y Octavio García quien en una sola tarde, la del domingo ha vivido la inigualable experiencia que solamente puede vivir quien pisa el albero de Insurgentes, la plaza que da y quita: Si bien después del paseíllo ha sufrido el rechazo absoluto del público, siendo silbado y abucheado al grado de no haber podido salir a saludar a la concurrencia desde el tercio, y después de la lidia del sexto, ha escuchado los gritos de «Torero, Torero« en medio de tremenda ovación, y tras haber perdido los trofeos, dos orejas, una le fue abonada en cuenta por el juez atendiendo a la clamorosa petición de las mayorías.

Y aquí va el comentario medular, pues buscando la salida por los túneles de la gran plaza, se alcanzó a escuchar el comentario de los rigoristas, los más papistas que el Papa, los exigentes que criticaban la entrega de una oreja después de media estocada y dos descabellos. Cierto, que hablando de conceptos muy protocolarios, una oreja, después de esta falla con el acero resulta fuera de lo establecido, pero lo hecho por «El Payo» así lo ameritó y el respetable con ovación y aclamación así lo avalaron. Todo va por el mismo sendero; el protocolo No-escrito de los brindis dice que: «En tarde de presentación de un torero en una temporada o en una plaza, el brindis de su primer toro va para el público». Ale Talavante ha roto el protocolo y cruzando todo el albero al ofrendar su brindis al ilustre visitante, quien por cierto, y bien vale comentarlo, mostrando un gran respeto hacia la plaza y al rito de la corrida, se ha presentado espléndida y campiranamente vestido con saco de pana y sombrero a lo Jones, él qué ha hecho del desgarbo en el vestir un símbolo, también ha roto su propio protocolo, vistiendo muy ad-hoc para tarde de toros, por supuesto dejando a un lado jeans desgarrados y deshilachados o los espantosos pants, que muchos suelen usar como sinónimo de informalidad y contra ello, Sabina ha llegado a la plaza muy formalmente vestido. Por todo lo anterior, no resta más que escribir que los protocolos se han hecho para eso, precisamente, para romperlos. Y tratándose de Joaquín  Sabina e interpretando el hecho de su presencia en la plaza obedece también ha patentizar su apoyo a la fiesta, rematamos aquí con lo que él ha dicho cuando fue cuestionado en torno a la prohibición de los toros en Cataluña responde el gran Joaquín: «Me parece un tremendo error. Con la prohibición se prescinde de muchos siglos de patrimonio cultural. Es una catetez hecha por políticos ignorantes».

¡Yo si voy a los toros!

Nuevamente, la campaña permanente por el ¡SI A LOS TOROS! Se ha anotado gol en favor, con lo declaratoria dada en Colombia, donde queda sentenciado que ninguna autoridad, el decreto emitido por el gobierno se refiere a las autoridades departamentales (equivalentes a nuestros estados) ni municipales tiene capacidad para emitir algún tipo de prohibición en contra de la fiesta de los toros, siempre y cuando estos festejos se den en plazas de toros establecidas de manera permanente. Esto es un equivalente a la sentencia que tanto hemos venido preconisando: «Se prohibe prohibir«. Pese a esto, e incluso en nuestra tierra, la Puebla de los Angeles, que desde tiempos de su fundación ha tenido una tradición taurina estrechamente ligada a la celebración taurina, ahora, aparecen bosquejos de intentos de prohibición, – por supuesto a cargo de los del «verde«. Por lo que nuevamente citamos a Antonio Machado: «Es propio de hombres de cabezas medianas embestir contra todo aquello que no les cabe en la cabeza«.