¡ESAS COSAS NO SE HACEN!

.

Por: José Alberto Vázquez Benítez.

El tema ya ha sido tratado con precisión por la prensa taurina. Pero la cosa no deja de tener su importancia, sobre todo, si yendo al detalle, este tipo de faltas, evidente reto a las autoridades nombradas ha sido cometido por toreros visitantes, los dos hispanos. Muy visible y de dar tristeza fue el caso del llamado «Mejor rejoneador del mundo«, quien con evidente transgresión del Reglamento que a la letra dice: «Todos los lidiadores acataran inmediatamente los avisos y las ordenes del Juez de Plaza y del Inspector Autoridad y les está prohibido hacer manifestaciones de desagrado en el ruedo sobre las llamadas de atencion, cambios de tercio y otorgamiento de apendices«. Increible: Pablo Hermoso, de pie, desafiando de frente y abajo del palco del Juez, haciendo de comparsa a su cuadrilla quienes ostentosamente pedían una oreja más, trofeo «Plus» para una actuación que con una oreja concedida ya estaba aceptablemente otorgada. En la misma tarde y plaza, Alejandro Talavante, de una manera, eso sí, elegante y educada entregó al alguacil el rabo que de forma dadivosa el Juez Jesús Morales, ex-subalterno de toreros mandones concedió sin haber mediado una cierta petición o una faena meritoria de tal premio. Todo esto ocurrió en: La Catedral del Toreo en México y ha sido ampliamente comentado, pero queremos subrayar que las dos fueron faltas graves al Reglamento al no aceptar las decisiones del Juez y manifestarse en contra. Eso sí, uno de ellos, el Matador Talavante conduciéndose cortésmente  y hasta con cierta elegancia. Pero el Rejoneador lo hizo en forma retadora y con una apostura nada digna de su categoría. Lo que hay que saber es que ésta era apenas la quinta actuación del ex-banderillero como Juez, por lo que, al menos la gente del rejoneador ha de haber dicho: ¡A este nos lo comemos!

Lo peor de lo acontecido estos días vino después, en el Domo de San Luis Potosí, donde el Matador José Antonio Morante de la Puebla, quien ante la negativa del neo-juez del Domo, quien él mismo se confesó «muy nuevito», de otorgarle la segunda oreja que la concurrencia de manera visiblemente mayoritaria pedía, tuvo Morante el desplante de devolver de manera brusca – arrojar – la oreja al palco de autoridad, la oreja segunda que le otorgaron. Argumentó después el C. Juez defendiendo su postura, diciendo que se trató de una estocada «defectuosa» (desprendida) y de ahí la negativa, siendo la petición muy mayoritaria. Y fue en otra, de esas plazas de Dios donde el Juez, también nuevo, pero este dijo que: «Anda picando piedra«, reconoció que «como lo hacen los maletillas para hacerse novilleros«. Anda, recorriendo pueblos para hacerse Juez y al ser cuestionado sobre su enérgica actitud con determinado matador, respondió qué: lo hizo, – el actuar enérgicamente – reprimiendo al torero a quien  al dar una vuelta al ruedo, le arrojaron un «brassiere» mismo que se colgó a la cabeza. Y recién en la Monumental de Apizaco, el novel Angelino D´Arriaga, tuvo la desfachatez de reclamar de manera muy falta de educación, una oreja que no merecía. Ha recibido el regaño y reclamo de la prensa escrita por su falta de profesionalismo.

Definitivamente, se trata en estos casos, de actitudes que no van con el respeto a la Fiesta Brava, pero sobre todo, son una grave falta de respeto a la profesión, al traje de luces y por supuesto a sí mismos. Esperamos que esto, aquí narrado no vuelva a presenciarse en nuestros ruedos.

EXPRESIONES TAURINAS.

«Hacer el quite» o «Hazme el quite»

La expresión taurina «Hacer el quite» es de una antigüedad tal que se remonta al tiempo en que la suerte de varas o de picar se realizaba con los caballos sin protección alguna, sin petos. Se trataba de evitar lesiones graves en los cuacos, resultado de las tremendas embestidas de los toros, y entonces, primero los peones y más tarde y de manera formal los matadores «quitaban» a los toros del caballo, literalmente: «hacían el quite». Esto se protagonizó en la lidia, quedando los «quites» establecidos después de completado cada puyazo, así, procede un quite después del primer puyazo a cargo del matador en turno; y en caso de darse un segundo puyazo, cosa ya histórica y hecho que pertenece a la crónica de tiempos pasados, pues en nuestros días con dificultad sobreviven los toros a la primera pica, se realizaba un segundo quite a cargo del siguiente matador en turno, hablándose entonces de que: «alternan en quites». El caso es que se realiza el «quite» en remembranza de cuando en realidad había que quitar al toro del caballo: «hacer el quite» y de ahí derivó al lenguaje cotidiano haciéndose uso de la expresión cuando al consumarse la cita o compromiso de un determinado sujeto con una sujeta, esta sale con que; «Va mi prima con nosotros» o; «También va a ir mi amiga…» con lo que el interesado y afectado se ve obligado a buscar de urgencia a un amigo o compinche para pedirle de favor: «Hazme el quite» expresión con la que se pide ayuda para que se haga cargo de la imprevista compañía y que en términos más claros puede equivaler a: «Quítame a ese estorbo».

¡LA CONFECCIÓN DE CARTELES!

.

La confección o conformación de carteles da como resultado, eso: «carteles» los qué una vez hechos pueden resultar muy bien conformados o como se dice en el argot: «sin desperdicios». Estos carteles pueden recibir la aprobación general, cosa que se refleja primero en las taquillas y luego en los tendidos, pero por muy buena aceptación que tengan siempre habrá disconformes, descontentos, «protestantes», de los que nada les parece y protestan por todo. Desde luego estos carteles que muchas veces suelen ser «de tronio» pueden no gustarles a los «istas» de ciertos toreanderos que viven en su mentira, creyéndose sus historias y engañándose a si mismos, rumiando mentalmente sus falsedades,  tal ocurre con apoderados, matantes y gente que les sigue, que muchas veces viven a su sombra. Y ¡Oh desilusión! Cuando ven que se publican o se dan conocer los carteles de feria, de festejos de mucho arraigo, o los tradicionales de aniversario y el nombre de su torero ¡No aparece! Luego entonces los carteles están mal echos, son engañosos o son, suele decirse: «Más de lo mismo«. La cuestión es que si su torero no aparece acartelado, inventan mil y un pretextos, desde la procedencia de los toros: ¡Es que mi torero no mata eso! Hasta cuestionar ¿Quién es la empresa o quiénes la conforman? Y las críticas y protestas van hasta por lo que pagan: ¡Es que mi torero no va por unos cuantos pesos! ¡Lo que le quieren pagar no es lo que vale!

Y por supuesto, vienen las críticas y cacareos desprestigiando el festejo. Lo ocurrido en estos días al conocerse los carteles de los festejos del 67 aniversario de la Plaza México ha sido ejemplo fehaciente de la controversia que ello despierta. Ya no es motivo de este texto analizar la actuación detallada y minusiosa, los resultados de lo acontecido a cada torero, ni lo relativo a sus toros y la lidia de ellos. Lo que pretendemos resaltar aqui es el hecho de aparecer en los carteles de serial tan importante, de ver sus nombres entre los – en esta ocación fueron – seis, escogidos, selecionados para conformar los carteles festivos. La gran responsabilidad que esto significa aunado al hecho de quitar a otro torero la posibilidad de estar ahí, en la puerta de cuadrillas en festejos de aniversario. El despertar de las inconformidades, rechazos y quejas que esto provoca. Todo ello, ha quedado bien definido: El total de nombres que se barajearon sumaron más de 12, los convocados sólo 6, y pasados los dos festejos, justo es decirlo; ninguno de los seis, ni la combinación de sus nombres tuvieron el arrastre suficiente para provocar un lleno aceptable, es decir; que las entradas no fueron de «Corrida de Aniversario».

Los nombres propuestos no tuvieron el requerido poder de convocatoria, sin embargo se salvan: (por estricto orden de aparicion) Juan José Padilla, aunque llegó a caer en un toreó tremendista y desplantes que no gustaron al respetable; Fermín Rivera con un toreó joven, fresco en una línea de clasicismo que justificó su presencia; Eulalio López «Zotoluco» quien demostró que con el poder, dominio y sometimiento de los toros que posee, puede llegar a lograr las faenas que firmó, lamentablemente mal logradas con la espada; José Antonio Morante de la Puebla, con su sonrisa espontánea y franca después de lograr sus pinturerias ha llenado el albero de arte del bueno, dejando con su sonrreir la ilusión de lo que pudiera haber pasado si sus toros fueran del arrojó y clase de su toreó. Octavio Garcia, sin duda el nombre más cuestionado de los aparecidos en los carteles, se ha re-te-que justificado, gritando fuerte que «El Payo» puede, y tiene con qué para estar en esos carteles. Superado el reto, seguro de sí mismo, pronto dará de que hablar. De los seis, fue el que escuchó un más fuerte, sonoro y justo gritar de: ¡Torero…Torero!

Por último y como cerrojonazo de temporada se dio un cartel de cuatro matantes, tres de a pie y uno de «a upa»; dos hispanos alternando con dos mexicanos. El resultado: un entradón provocado por la presencia del rejoneador navarro, Pablo Hermoso y el torero cumbre de Badajoz, Alejandro Talavante que dio marco a la confirmación de todas las posibilidades que guarda Fermín Spinola y propuesta que le quedó grande, por eso tocamos el tema aquí; de Victor Mora, que se derrumbó ante el tamaño del cartel.

EXPRESIONES TAURINAS.

«Aguanta vara».

La expresión «aguanta vara» con sus variantes; «aguantando muy bien la vara» y «aguantó muy bien la vara» se refieren al momento de la suerte de picar o «de varas», primer tercio de la lidia; cuando de la manera clásica, el picador avienta o recibe con la vara en mano al toro, que al empujar fuerte y no rehuir pelea, dando muestra de bravura pelea fuerte contra la cabalgadura y su cabalgante además para eso es para lo que fue criado, se dice entonces, que: «da la pelea», que «empuja fuerte» y siempre rematando la frase con la expresión «aguantando vara», dando afirmación y certeza de que el toro es bravo, enfrentando el reto y esto resulta más evidente y se hace obvio al momento de poner al toro enfrente al caballo de pica por segunda vez y aún más relevante por una tercera, donde el empujar fuerte y «aguantando vara» será un espectáculo digno del aplauso de un público entusiasta muchas veces puesto de pie, al reconocer la Bravura. De ahí que este término se utilice de manera coloquial y cotidiana para festejar el hecho de que alguien aguanta, resiste estoica y valientemente algún tipo de castigo. La frase, es premio; testimonio de reconocimiento a eso…un gran aguante, ante las circunstancias.

¡Una tienta de muy gratos recuerdos!

.

¡Una tienta de muy gratos recuerdos!
Por: José Alberto Vázquez Benítez.

La hacienda ganadera de bravo de San Diego Coyotepec alberga las instalaciones de los corrales de «saca» es decir donde se coloca el ganado cuando ya está próximo a ser embarcado para salir a las plazas de toros, está ahí también el embarcadero, que en esta casa es altamente funcional, lográndose embarcar una corrida completa en unos veinte minutos; está ahí, igualmente la plaza de tientas, también con excelentes instalaciones, además de palco de invitados y el de ganaderos, cuenta con cocina de la que van saliendo a la par que salen las vacas de los toriles, las «pellizcadas» de salsa verde, alternando con la roja y los crujientes trozos de fresco chicharrón. Este casco de hacienda sustituye al anterior llamado «San Diego Cuetzconzin» y que se encontraba entre metapacles, o puras filas de maguelles, síendo Cuetzcotzin el nombre de un lugar en forma de monte, con un pequeño volcán en sus entrañas, de donde según cuentan tradición y leyenda hechas una: salió una enorme serpiente que emigró a la Malintzin y desde entonces el pequeño volcán dejó de lanzar humaredas.

Mero enfrente de esta hacienda, cruzando la carretera, se encuentra la otra hacienda propiedad de la misma familia ganadera que encabeza el tenaz empresario, ganadero, agricultor y comerciante don José Ángel López Lima. Es esta señorial casona hacendaria, San Juan Quintero, hoy Mazarraza,  que fuera propiedad desde el año de 1880 de la familia con ese apellido, al que dio fama don Felipe Mazarraza quien fuera gobernador del estado de Tlaxcala, permaneciendo la casona en manos de esa familia por 100 años, hasta que la adquirió don José Ángel. El ganado de la divisa rojo, verde y amarillo, con una J y una A que conforman el fierro de la casa pasen cuando son jóvenes; becerros y vacas en una otra propiedad de la casa, los potreros de Santa Lucía, que se ubican en la serranía en la que colindan los estados de Puebla y Tlaxcala, allá por Terranate.

Las dos haciendas: San Diego Coyotepec y Mazarraza se ubican en el municipio de Cuapiaxtla, colindante con el de San José Chiapa, por lo que ahí cerca, muy cerca, a sólo diez minutos de donde los López Lima crían toros de lidia, la empresa Audi creará pronto autos de lujo.

Ahí, estábamos el viernes, en el tendido donde calentaba el sol, tendido para invitados pero ocupado por los chamacos, hijos de los peones y caporales de la hacienda, quienes muy bien conocen a su ganado y sus crías, pues son casi testigos presenciales de las cruzas y el parir de las vacas. Chavales estos que bien saben expresarse en el lenguaje campirano y lo hacen mejor que los cronistas de Tv y radio que «narran» las corridas. Uno de estos chavales le decía a otro en correcto lenguaje de campo: -«¿Ya vites? Ese toro es el semental, el berreando en castaño que esta junto a sus vacas».

Las labores de tienta estuvieron a cargo del torero salmantino Eduardo Gallo en su intensa preparación para su presentación en la temporada 2012 – 13 de la Plaza México, le acompañó en el campo, como siempre lo ha hecho, su apoderado, el matador en retiro Lázaro Carmona, quien aún pisa fuerte en los ruedos, y en esta ocasión nos brindó un par de «puyazos» subiendo al caballo de pica y ejecutando la suerte de varas con todo el rigor y siguiendo las ordenanzas, y mandando con conocimiento y dominio desde el caballo. Los recuerdos de tienta, que dan título a este post estuvieron a cargo del propio matador Lázaro Carmona y don José Ángel, pues el coleta hispano en sus andares tempranos por estas tierras, durante algún tiempo se albergó en esa casa ganadera y en muchas otras de ese rumbo, pues cuando las primeras veces por ahí llegó, lo hizo acompañado, ni más ni menos de su gran amigo Jorge “El Ranchero“ Aguilar, ni más ni menos.

EXPRESIONES TAURINAS.

«Tiene los machos muy bien amarrados».

Expresión que equivale a la otra más coloquial de: «Los tiene muy bien puestos» y que se refiere al momento, ya comentado en el post «Vestirse de luces» en que al matador se le ajustan, atan o anudan los cabos de los cordoncillos que ajustan los extremos de la tales o calzona del traje de luces, por debajo de la rodilla y que al quedar debidamente ajustados dan seguridad y firmeza a la parte baja del vestido de torear, con lo que el torero al sentirse cómodo, seguro, dice de sí mismo y se dice de él que tiene «los machos muy bien puestos». Frase que por extensión se utiliza para decir que alguien «los tiene muy bien puestos» o muy bien ajustados, haciendo alusión a los atributos sexuales, dicho que se ha convertido de uso cotidiano y que incluso llegar a utilizarse para mujeres, señoras y señoronas, cuando estas también, los tienen «muy bien puestos»; los ovarios, claro.

HISTORIAS EN NEGRO Y ROJO. «Un corbatin con abolengo»

.

La hacienda de San Mateo Huizcolotepec, alias Piedras Negras, ubicada en el municipio de Tetla, Tlaxcala, que antiguamente fue propiedad de los padres Betlemitas, conocida como ganadería de reses bravas con el nombre de Piedras Negras, nace como tal en el año de 1874, gracias al empeño que en ello puso José MarÍa González Muñoz quien incluso a escondidas de su padre Mariano Antonio González Fernández  acentó sus primeros píes de cría en el potrero «Malpais«. Esta idea descabellada y de resultas genial de tener ganado bravo en casa, cristaliza el 5 de marzo de 1882, fecha que debe ir en letras de oro en la historia de las casas ganaderas de bravo en México, ese día en el Estado de México, lidia por primera vez Piedras Negras en la plaza «El Huizachal«, para el célebre Bernardo Gabiño y su cuadrilla. Cinco años después, el 30 de octubre de 1887, Piedras Negras se presenta en la Ciudad de México con 3 Toros 3 en la plaza «San Rafael» para el torero gaditano Diego Prieto, el llamado «Cuatrodedos» y Carlos Borrego «Zocato». Esta aventura que dio inicio con ganado criollo de Tepeyahualco, continúa en 1908, año en que llega ganado de Saltillo, quedando en Piedras Negras dos sementales de la ilustre casa del Marques y dos sementales; «Tabaquero» y «Tinajito«, llegando también uno de Murube y otro de Miura.

Según don Manuel De Haro, Piedras, la de la célebre divisa NEGRO y ROJO. debuta en México en 1896 y Tepeyahualco lo hace en 1895. En el año de 1983 el Departamento del Distrito Federal otorga a esta ganadería carta de reconocimiento de antigüedad de presentación en la capital con fecha al año de 1895.

Este célebre Mariano Antonio González, procreó un hijo no menos célebre, de nombre Manuel Dámaso Francisco Guadalupe Alejó González quien de su matrimonio con doña Trinidad González González tuvo dos hijos; Romárico y Lubín González González, al primero se le conoció siempre como «Maco» y al segundo, Lubín como “El Gachupín» por su tez blanca, barba muy cerrada y apuesta gallardía, ambos fueron enviados a estudiar a la ciudad de Puebla, y concluidos sus estudios en la Universidad  regresan a Piedras Negras para aplicar sus conocimientos en el desarrollo de la industriosa hacienda. Romárico era el más empeñoso, laborando al lado de su padre. Corría el año de 1903 y sería por el entusiasmo e interés demostrados por «Maco» que su padre decidió entregarle para su administración y desarrollo la hacienda de «La Laguna», donde Romárico funda la ganadería con ese nombre. Don Lubín queda en definitiva con Piedras Negras y es entonces, que para distinguir el ganado de una y otra casa, de unos a otros potreros, Don Lubín decide e inicia el corte en forma de corbatín en la badana, gargantilla o lo que en los humanos llamamos «papada» de sus toros para mejor distinguir los dos hatos ganaderos.

La cronista de la familia Beatriz González Carvajal en su opus literario «A las campanas de Piedras Negras»  con gran sentimentalismo literario hace la analogía de la forma que toma este singular corte con las siluetas de las campanillas de la capilla de la hacienda.

Llamándose badana al pliegue cutáneo que sobresale en el cuello del toro y se extiende hasta el pecho, a los toros bastos de piel y con papada muy desarrollada se les llama «badanudos«, no así a los toros piedranegrinos a quienes en el momento del Herradero, cuando reciben las marcas herradas a fuego con el hierro de la casa y los números en el costillar, según les corresponda de acuerdo a los libros y el árbol genealógico que cuidadosamente se lleva con los registros de nacencias. Esta marca; el corbatín es única y exclusiva de esta casa de toros criar. Técnicamente se le llama señal y se hace a manos del propio ganadero, quien a su vez, y en su debido tiempo enseña y lo hace conjuntamente con el hijo primogénito quien será heredero recipiendario no sólo de la tradición y orgullo de la familia, sino también de la responsabilidad que esto conlleva. Las señales que pueden ser muchas se practican en las orejas, una o dos y pueden ser estas señales una combinación de diversos cortes que van desde un simple rasgado, muesca, de forma hundida, de horquilla, o bellamente ahigaradas o en media luna, estas se practican con tijera especial y al acto se le llama «aseñalar». Pero en el caso del «corbatín» es único, y por lo general, estos momentos que literalmente: «marcan» la vida de un becerro o becerra, ocurren simultáneamente con el «destete«. En Piedras Negras y como debe ser, es el propio ganadero y nadie más quien «aseñala«, e utiliza un afilado cuchillo de monte, mismo que con toda la carga emocional que esto conlleva, guarda cuidadosamente hasta que llegue el día en que, en emotiva e íntima ceremonia, como si se tratara de una solemne alternativa en la plaza de toros, ahí, en el potrero de herrar, serán pasados, entregados al heredero los trastos de herrar y cortar el corbatín; icono, verdadero escudo de armas de esta muy asolerada casa ganadera.

EXPRESIONES TAURINAS

¡A TORO PASADO!

A toro pasado« es una expresión muy de taurinos, qué quizá de tanto uso ha llegado a perder algo de su valor inicial. Se entiende que cuando la parte principal de un lance o de un pase se realiza al momento en que la cabeza del toro, la cornamenta, la parte más agresiva, ya ha pasado, al contrario de lo que ocurre cuando un torero se pasa los pitones lo más cerca de la faja o en los pases de pecho, rosándole los alamares y golpes de adorno de la casaca torera. Hoy, estando tan de moda los espectaculares pares de banderillas, donde el torero banderilleante tiene que dar o hacer una serie de evoluciones, para finalmente colocar el par dando un brinco o dejando los palos aventados, sin tener los pies plantados en la arena y saliendo del par a como se pueda; pero, utilizando las extremidades inferiores para lo que Dios se las dio….a los conejos…¡Para correr! Es entonces cuando aplica la expresión que hoy comentamos: «Fue un par de banderillas ¡A cabeza de toro pasado!».

Sabina un oportuno trapisondista en la plaza

.

¡Sabina, ¿En qué antro dejaste a Serrat?! Este fue uno de los muy ingeniosos gritos que escuchó Joaquín Sabina cuando su presencia fue identificada en el callejón de la Plaza México, en el momento en que Alejandro Talavante le invitó a salir del burladero donde se encontraba hospedado por el Dr. Rafael Herrerías para recibir el brindis de la muerte de su primer toro, que le ofreciera el de Badajoz.

Dos veces más tendría que salir él célebre y popular canta-autor a recibir los brindis que le ofrecieron el cejijunto Arturo Macías, y el llamado «Payo» Octavio García en los toros corridos en cuarto y sexto lugares. Brindis estos de gran importancia y relevancia, mancomunados por la importancia del personaje de quien se trataba y por el gran compromiso que para los tres alternantes representaba el estar acartelados esa tarde de segunda corrida de temporada.

Hablando primero de lo ocurrido frente al toro: los tres alternantes han dejado muestra fehaciente de su gran deseo de justificar su inclusión en este cartel y buscar aparecer en los de febrero del 2013. Por delante, Ale Talavante ha dado pruebas de su gran torerismo. Arturo Macias nuevamente ha salido, como lo hizo frente a José Tomás en aquella tarde de domingo del 2010, llegando como «llegan los valientes, con sus gallos bajo el brazo« y entonces tuvo el atrevimiento de atravesarse en un quite al de Galapagar. Este domingo con la muleta en su primero ha instrumentado una «arrucina» con dedicatoria a Talavante, mismo que nuevamente a venido a México a echarse a los aficionados a la bolsa, y Octavio García quien en una sola tarde, la del domingo ha vivido la inigualable experiencia que solamente puede vivir quien pisa el albero de Insurgentes, la plaza que da y quita: Si bien después del paseíllo ha sufrido el rechazo absoluto del público, siendo silbado y abucheado al grado de no haber podido salir a saludar a la concurrencia desde el tercio, y después de la lidia del sexto, ha escuchado los gritos de «Torero, Torero« en medio de tremenda ovación, y tras haber perdido los trofeos, dos orejas, una le fue abonada en cuenta por el juez atendiendo a la clamorosa petición de las mayorías.

Y aquí va el comentario medular, pues buscando la salida por los túneles de la gran plaza, se alcanzó a escuchar el comentario de los rigoristas, los más papistas que el Papa, los exigentes que criticaban la entrega de una oreja después de media estocada y dos descabellos. Cierto, que hablando de conceptos muy protocolarios, una oreja, después de esta falla con el acero resulta fuera de lo establecido, pero lo hecho por «El Payo» así lo ameritó y el respetable con ovación y aclamación así lo avalaron. Todo va por el mismo sendero; el protocolo No-escrito de los brindis dice que: «En tarde de presentación de un torero en una temporada o en una plaza, el brindis de su primer toro va para el público». Ale Talavante ha roto el protocolo y cruzando todo el albero al ofrendar su brindis al ilustre visitante, quien por cierto, y bien vale comentarlo, mostrando un gran respeto hacia la plaza y al rito de la corrida, se ha presentado espléndida y campiranamente vestido con saco de pana y sombrero a lo Jones, él qué ha hecho del desgarbo en el vestir un símbolo, también ha roto su propio protocolo, vistiendo muy ad-hoc para tarde de toros, por supuesto dejando a un lado jeans desgarrados y deshilachados o los espantosos pants, que muchos suelen usar como sinónimo de informalidad y contra ello, Sabina ha llegado a la plaza muy formalmente vestido. Por todo lo anterior, no resta más que escribir que los protocolos se han hecho para eso, precisamente, para romperlos. Y tratándose de Joaquín  Sabina e interpretando el hecho de su presencia en la plaza obedece también ha patentizar su apoyo a la fiesta, rematamos aquí con lo que él ha dicho cuando fue cuestionado en torno a la prohibición de los toros en Cataluña responde el gran Joaquín: «Me parece un tremendo error. Con la prohibición se prescinde de muchos siglos de patrimonio cultural. Es una catetez hecha por políticos ignorantes».

¡Yo si voy a los toros!

Nuevamente, la campaña permanente por el ¡SI A LOS TOROS! Se ha anotado gol en favor, con lo declaratoria dada en Colombia, donde queda sentenciado que ninguna autoridad, el decreto emitido por el gobierno se refiere a las autoridades departamentales (equivalentes a nuestros estados) ni municipales tiene capacidad para emitir algún tipo de prohibición en contra de la fiesta de los toros, siempre y cuando estos festejos se den en plazas de toros establecidas de manera permanente. Esto es un equivalente a la sentencia que tanto hemos venido preconisando: «Se prohibe prohibir«. Pese a esto, e incluso en nuestra tierra, la Puebla de los Angeles, que desde tiempos de su fundación ha tenido una tradición taurina estrechamente ligada a la celebración taurina, ahora, aparecen bosquejos de intentos de prohibición, – por supuesto a cargo de los del «verde«. Por lo que nuevamente citamos a Antonio Machado: «Es propio de hombres de cabezas medianas embestir contra todo aquello que no les cabe en la cabeza«.

POR EL SÍ A LOS TOROS

.

Ahora ha tocado a Santa Fe de Bogotá, la capital colombiana, ahí en la carrera séptima, en el parque, frente a la “Santa María”, señora plaza donde tan bien y de manera tan formal se da la fiesta, ahí, han estado toreros de la talla de Julián López, Miguel Ángel Perera, el galo Sebastián Castella y el torero de la tierra, de Cali; Luis Bolívar, quienes se han manifestado en favor de la fiesta ejerciendo toreo de salón y de exhibición ante miles de asistentes, mientras en Madrid, a la misma hora frente la Puerta de Alcalá, también miles  manifestantes, portando capotes y muletas, muchos aficionados prácticos y maletillas han hecho lo mismo.

Todo esto, al tiempo que en la población de Toro, en Granada, España el Nobel, Vargas Llosa ha recibido reconocimiento, homenaje por su valiente defensa de la fiesta, en horas de vibrante regocijo entre Pasos-Dobles tocados por la banda de la comunidad, aplausos y honores, El escritor peruano de nacionalización hispana nuevamente se ha manifestado: Quienes amamos a la fiesta de los toros debemos sentirnos orgullosos y defenderla sin complejos de inferioridad. La fiesta hunde sus raíces en el pasado más profundo de Europa. España le dio un sentido y una vitalidad de manera artística y cultural, y por eso debemos considerar a esta fiesta algo que mantiene viva nuestra cultura y nuestra lengua, y que además ha irrigado todas las manifestaciones y creaciones artísticas de la humanidad en torno a ella”.

Otros que defienden a capa y espada la fiesta son los dos pájaros en gira por América; Serrat se ha manifestado de manera enfática, a propósito de su estrecha amistad con José Tomás quien ha venido a la tierra de la gente buena, Aguascalientes a anfitrionarles en su casa. Por ello dice Serrat:Mi afición taurina viene por mi amistad con toreros. En los toros, como en todo, hay que mojarse el culo para sacar peces”. El otro pajarraco, Sabina ha dicho: Que no hablen de ecología, ni de amor a los animales porque no conozco a alguien que los ame más que los toreros y los ganaderos”. Por último y en homenaje a y memoria, traemos aquí palabras del inmortal Jaques Costeau: Sólo cuando el hombre haya superado a la muerte y a la imprevisible  no exista, morirá la fiesta de los toros y se perderá el reino de la utopía; y el Dios mitológico encarnado en el toro de lidia, derramará vanamente su sangre en la alcantarilla de un lúgubre matadero de reses”.

Siendo la anécdota el retrato más fiel de una gran personalidad al trazo de pinceladas verbales que dibujan el perfil, escorzo o frente del personaje en estudio. Tal es el caso de Manuel Rodríguez «Manolete«, de quien hemos presentado una ya larga serie de anécdotas y rematamos con esta que le muestra ya ante la evidencia de la cercanía de la muerte:

Sabido es que «Manolete» fue muy atacado, principalmente bajo el falso argumento de lidiar toros de bajo peso y corta edad. Fue pues tildado de becerrista. 314 kilos pesó «en canal», el último toro que lidió en Madrid, Corrida de la Beneficencia del 16 de julio de 1947. La crónica del ABC reza: «el toro, casi sin querer, le hiere secamente la pierna izquierda, brota sangre, el miembro herido se encoje, pero en un emocionante esfuerzo «Manolete» sigue en pie. La sangre va corriendo por la pierna, ya cubre la negra zapatilla, sobre la que va cuajando. Y aún herido prosigue la faena grande que sabe adornar con la filigrana de sus manoletinas…». En la monumental de Las Ventas, en la enfermería, recuperándose de la intervención quirúrgica, le hace la visita el cronista “Chavito«, de la revista El Alcázar. Manuel Rodríguez con melancolía, manifiesta, fija la vista en la Virgen iluminada en los multicolores azulejos de talavera sobre el muro, lanzando un prolongado suspiro exclama: – ¡A sangre y fuego hasta que me vaya! Suspira nuevamente con profundidad y sentencia: – ¡Menos mal que me iré pronto!

«Cantinflas o la genialidad sobre el paseíllo de la palabra»

.

Filósofo nato, representante ilustre de la sabiduría del pueblo expresada en la palabra, dicharachero con sabiduría enorme: Fortino Mario Alberto Moreno Reyes, quizá debido al lugar donde su madre, doña Soledad Guisar Reyes Moreno, le trajo al mundo, la muy populosa Santa María La Redonda, en el corazón capitalino traía ya «de nacimiento» esa genialidad populachera; creció, se educó y formó en el mero barrio de Tepito; ocupó el sexto lugar de doce hermanos, siendo su padre, don Pedro Moreno Esquivel, cartero de ocupación, inquietó y con vehemente deseo de ver a su hijo convertido en profesionista, empujó al también inquietó Mario a inscribirse en la carrera de Medicina en la entonces Universidad Nacional de México, el joven, ante la necesidad de llevar unos pesos a su casa y otros a su bolsillo, se inició como imitador y bailarín llegando, incluso  a someterse a las tranquizas y golpes del mundo del boxeo. Todo esto le llevó tempranamente a iniciar sus pininos tras las candilejas de carpas y teatros.

De forma vertiginosa ascendió del teatro al cinematógrafo, siendo la característica que le hizo ganar, fama y dinero su muy peculiar forma de hablar y expresarse, qué dice la anécdota, derivó de una situación harto jocosa, cómica y embarazosa que le ocurrió en el escenario de un teatro de Jalapa, Veracruz, ocasión que resolvió de manera brillante con su hablar tartamudo y enredoso. De ahí, a la fama.

Su pensamiento sobre la fiesta, nos da una visión de que fue un aficionado cabal. En una entrevista reproducida en los números 112 y 113 (abril-mayo de1980) de la revista «Comunidad CONACYT«, Mario Moreno dice lo siguiente:

«Para hablar de toros, cualquiera puede hablar…pero, para hablar de toros bravos, ya hay que cambiar de toro y de tercio…y así poder hablar de pitón a pitón, siempre dando el pecho…Porque ya se ha dicho, que no es igual ver los toros desde la barrera, que estar en la barrera y no saber de toros…Yo, desde luego, no pretendo saber más que aquellos que de veras saben, pero mi punto de vista es diferente, porque yo si he estado cerca del toro, o más bien, el toro ha querido estar cerca de mi…Que el toro es una cosa sería, sí se los puedo asegurar…Tan seria que yo no he visto reír a ningún toro.  Eso no quiere decir, que en la fiesta no haya alegría y cosas que provoquen risa. Por ejemplo, yo he visto, porque a mi me consta – sin poder asegurarlo – que muchas veces se dan casos en que nos sabe y sin embargo, ahí está el toro. ¿Qué quiere decir?…¡Que hay toros alegres!…¿O usted nunca ha leído de algún cronista, que el toro embistió con alegría?…En cambio, nunca habrá sabido de ningún toro que haya muerto embargado de tristeza…Pero, pasando a otro tercio y con permiso de la autoridad, yo he hecho muchas veces el paseillo y pueden creerme, que el miedo no anda en burro…¡Sino en toro!…Y es que el toro va a lo que va…y el matador viene a lo que viene. Y si el que va, se encuentra con el que viene y no hay un entendimiento, entonces ya sabe a lo que se atiene».

Vale la aclaración de que el llamado «gran mimo» vivió en una importante cercanía con la fiesta brava, pues su enorme afición le llevó a «vestirse de luces» muy a su peculiar manera de hacerlo; haciendo el pasíillo y enfrentándose a novillos de respeto y buen trapío. Es importante dejar bien asentado, que para torear de manera bufa, con la graciosidad y el garbo con que  llegó a hacerlo Mario Moreno, se requiere además de los conocimientos básicos y de técnica del toreó, de un gran valor, inteligencia para resolver enfrente de la cara del toro y una genialidad que ya mucho ha sido descrita como «duende». Maestría en el torear que le llevó a conquistar públicos ajenos a la fiesta brava, como ocurrió con el «Globo de Oro» que le fue otorgado en la categoría de Mejor Actor por su soberbia actuación en «La vuelta al mundo en ochenta días» producción británica realizada al lado del celebérrimo «David Niven«. En el cine se recordarán por siempre sus participaciones como actor y torero en el «El Padrecito» y anteriormente en «Ni sangre, ni arena«, su inquietud y enorme afición le llevaron a convertirse, con gran entusiasmo  en ganadero de pura cepa, criador de reses bravas con el hierro de «Moreno Reyes Hnos

Rematamos  este texto con lo dicho por quien actualmente se ciñe la corona del torero poseedor de romanticismo y duende en mayor dosis, José Antonio Morante de la Puebla quien en un sentir y mejor decir, hablando en similitud con el gran «Cantinflas«, haciendo analogía de su filosofiar comparando la situación frente a el toro y la vida ha dicho: «Estoy más cómodo delante del toro que de algunas personas que sabes sus intenciones».

ANECDOTARIO DE MANOLETE.

Al paso del tiempo la figura de Manuel Rodríguez «Manolete» crece enormemente, sobre todo por la recia personalidad del llamado «Monstruo de Córdoba«. Durante su primera visita y estancia en México, «Manolete» no pudo resistir a la enorme tentación de la comida mexicana, principalmente los antojitos; consciente estaba del serio peligro que para los hispanos representa ésta agresión al aparato digestivo, pero aun así, y desoyendo consejos, le entró con singular entusiasmo y contagiado de mexicana alegría a la gran variedad de tacos y fritangas. En la foto se le ve en un descanso, durante labores de tienta en el campo bravo mexicano. La anécdota es esta: convaleciente el Cordobés de la cornada que recibió del toro «Gitano» en su presentación en «El Toreo«; la gravedad de la cornada y sus complicaciones obligaron a sufrida recuperación y rehabilitación. La flebitis, inflamación incapacitación de los vasos en la extremidad inferior afectada provocó sufrimientos y dolores en el largo periodo de convalecencia. Al final del calvario Manolete expresó: – «Me han tratado los doctores como a un toro”. Y haciendo referencia a las inyecciones, continuó: – “¡Me pegan puyazos a dos tiempos, primero pinchaban y luego recargaban la suerte!”

Pero días antes de la corrida, insistente, el apoderado Camará, había querido suspender, debido a un malestar intestinal del matador, quien pese a su quijotesca figura «empacó» surtido menú de antojitos y fritanga servidos a orilla de carretera; faena de mucho «arrimarse» al peligro, sobre todo porque los comensales siendo extranjeros, se exponen a la llamada «venganza de Moctezuma«. El apoderado al ver la deteriorada situación de su torero, pretendía suspender, argumentando: – «Pero es que el compromiso es enorme y tu Matador, ¡No conoces al público de Méjico!».

A lo que su poderdante afirmó: – «Cierto, que no conozco al público de Méjico, pero tal parece que, ¡Usted, todavía no me conoce a mí!

Nuevamente, Mario Vargas Llosa se hace escuchar.

.

«El Toro es Cultura»

En días pasados la prensa taurina y las columnas literarias y de cultura, nuevamente se han ocupado con mucha curiosidad e interés de lo escrito por el Nobel de Literatura Mario Vargas Llosa. Pero, más que su nueva defensa de la fiesta en estos momentos de intenso fuego enemigo, lo verdaderamente valioso de su escrito es la Cátedra que nuevamente nos dá de buen escribidor, nos llena de asombro, no su revelación, presentación o debut en la crónica taurina, que no, no lo es. Resulta ser un obsequio literario, un verdadero deleite y disfrute el leer su crónica al respecto de lo ocurrido en la plaza de toros de Marbella, de la que dice que: «no tiene el sabor que da la antigüedad a las plazas como la de Ronda, o la de Acho de Lima« y habla de que: «en sus tendidos se ven a veces más turistas que nativos, los exquisitos de la tauromaquia se permiten mirarla sobre el hombro», en relación al cartel y fecha; se trató del 5 de agosto con El Cordobés, Paquirri y El Fandi con toros de Salvador Domecq. Del público asistente, los toros, el ambiente en la plaza y la tarde se expresa magistralmente: «Todo coincidió para producir esa maravilla, la magnífica tarde de sol alto y cielo azul, los seis astados bravos, alegres, nobles y de buen peso, el entusiasmo del público…y el pundonor de los toreros, su virtuosismo y su voluntad de gozar y hacer gozar, lo consiguieron».

Continuando con la gran enseñanza que nos brinda su pluma, hablando de El Cordobés, nos dice: «Demostró que además de ser vistoso y trejo, puede ser serio, entablar con el toro esa complicidad tensa de la que resulta una faena redonda. No estoy contra de los desplantes y una cierta dosis de histrionismo en la arena, pues también eso, como las bandas verbenas y los pasodobles forman parte de la fiesta…Pero prefiero el toreo profundo, el que nos hace presentir aquello que Victor Hugo llamaba << la boca de la sombra>>, el pozo negro que nos espera a todos y a cuyas orillas algunos creadores de excepción – poetas, músicos, cantantes, danzarines, Toreros, pintores, escultores, novelistas – se acercan a veces para producir una belleza impregnada de misterio, que nos revela una verdad recóndita sobre lo que somos, sobre lo hermosa y precaria que es la existencia, sobre lo que hay de exaltante y trágico en la condición humana».

De Francisco Rivera Ordóñez Paquirri, al igual que su hermano Cayetano, dice: «ha heredado de su abuelo, el gran Antonio Ordóñez, la elegancia y una valentía tranquila y natural de enfrentarse al peligro, de encerrarse con el toro en un diálogo secreto del que resultan figuras en las que se mezclan la gracia, la destreza, la inteligencia y por supuesto el coraje, exponiéndose en la justa medida, para que nada desentone».

«David Fándila, El Fandi. Fue siempre un banderillero soberbio y esa tarde lo probó, encendiendo las tribunas con su arrojo. Hacía tiempo que no lo veía torear y, en Marbella, me pareció que había madurado mucho, que ahora maneja la muleta con más temple, color y matices, aunque siempre con el mismo tesón».

De lo por él visto en Marbella, remata: «Ese es el estilo taurino que más me conmueve y por eso admire tanto a Antonio Ordóñez y admiro a Enrique Ponce o a un José Tomás».

No duda queda de que el celebérrimo escribidor, nos ha vuelto a dar cátedra del buen decir en los toros; para todo aquel que se precie de lector empedernido y afecto a las crónicas taurinas, esta, de Vargas Llosa debe quedar en los archivos del disco duro, para leerle y re-leerle, encontrando en cada nueva lectura de sus libros, el guiño o la señal oculta entre líneas para, a la vez de identificarnos con su lectura, admirarle cada vez más.

ANECDOTARIO DE MANOLETE.

Al paso del tiempo la figura de Manuel Rodriguez «Manolete» crece enormemente, sobre todo por la recia personalidad del llamado «Monstruo de Córdoba«. En estos días del pasado agosto en que se cumplió un aniversario más de su trágico encuentro con «Islero» en el ruedo de la plaza de Linares, sustituimos la anécdota por la poesía, que en este caso, identifica plenamente la personalidad de «Manolete» con lo dicho por el maestro Pepe Alameda:

«Estas tan fijo ya, tan alejado, que la mano del Greco no podría dar más profundidad, más lejanía a tu sombra de mártir expoliado. Te veo ante tu Dios, el toro a un lado, un ruedo sin límites, sin día, a ti que eras una epifanía y hoy eres un estoque abandonado. Bajo el hueso amarillo de la fuente, tus ojos ya sin ojos, sin deseo, radiográfico, mítico, ascendente. Fiel a ti mismo, de perfil te veo, como ya te verás eternamente, esqueleto inmutable del toreó».

«El Toro es Cultura»

.

Ante la evidente y cada vez más creciente oleada de ataques contra la fiesta, agresiones que no sólo se incrementan de manera preocupante, sino que involucran a ciertas autoridades cuya fortaleza no es precisamente la característica que les adorna, sino que son más bien débiles voluntades, que por eso, por debiles se dejan fácilmente manejar y llevar. Ante ello, la mejor actitud que éste escribidor ha decido adoptar es hacer una intensa, exhaustiva labor de difusión de la cultura taurina o mejor dicho, y esa será nuestra propuesta conductual, tratar de manera insistente de convencer a todos, aficionados y no, y sobre todo a los atacantes de la fiesta, de que…»El Toro es Cultura».

Lo primero, es aseverar, reconocer que ésta es una labor harto difícil: «la ignorancia no sólo es atrevida» sino que en cualquier campo resultan de alta peligrosidad las acciones que personas ignorantes puedan emprender. Por ello comenzamos con esta cita que es altamente ilustrativa: «Los entes de cabeza pequeña, atacan y tiran cornadas contra todo aquello que es grande o lleno de grandeza y que sus mentes no pueden comprender». Más claro ni el agua: Aquéllos que atacan la fiesta (los argumentos son tema aparte) lo hacen porque su estrechez mental les impide ver, la grandeza cultural que el ancestral rito taurino lleva consigo. Lamentable, muy lamentable resulta que por si no fuera poco, dentro de la misma fiesta existen muchos cabestros, mansos peligrosos de media casta cuya cornuda cabeza ante la evidente falta de inteligencia tiran cornadas contra todo lo que dentro de la fiesta se mueve. La frase exacta es de Antonio Machado y dice: «Es propio de hombres de cabezas medianas embestir contra todo aquello que no les cabe en la cabeza»

Recién, ante la crisis de ataques sufridos por la fiesta en Sud-América, en la capital colombiana, Santa Fe de Bogotá, su plaza, la «Santa María» ha sufrido agresiones que se pueden catalogar de atrevidas precisamente por emanar de mentes ignorantes; recordemos e insistimos: «La ignorancia es atrevida». Ante esto, el premio Nobel de Literatura, el peruano Mario Vargas Llosa, su país  también aparece en el «Google map» de la tauromaquia, ha salido en defensa de sus vecinos colombianos, diciendo: «NO debemos avergonzarnos de nuestra afición a los toros».

Y el muy afamado y reconocido filósofo español Fernando Savater, también se ha expresado en contra de estos descerebrados intentos de prohibición. Savater ha sentenciado: «NO se puede prohibir ese momento en el que un ser humano se enfrenta a su destino y los demás le apoyamos sin traicionarle». Se refiere sin duda al momento cumbre de la faena o lidia de un toro bravo, cuando el esteta torero, debe tirarse a matar en la llamada suerte suprema, a costa de su propia vida, que arriesga y expone en el instante que ofrenda su existencia ante las astas del toro, lleva, si una afilada espada, y se apoya en una roja muleta, pero, por delante lleva bien puestos aparte de un par de cojones, un corazón muy grande. Y aquello de «Los demás le apoyamos sin traicionarle, se refiere sin duda a la asistencia del público en los tendidos y al apoyo que el torero recibe con las aclamaciones y aplausos entusiastas del cotarro en torno a él reunido.

Otra expresión que resulta concluyente ante tanta agresión que emana de gente que se niega a aceptar la fiesta de toros, es del clásico de finales del pasado siglo XIX y gran parte del XX Bergamín, quien escribió: «Todo el que no puede ver el toreo, no lo podrá entender jamás, por falta, no por sobra de sensibilidad verdadera».

Y esta falta de sensibilidad lleva a los atacantes de la fiesta a extremos ridículos como los que a veces llegan a argumentar, los supuestos ecologistas y animalistas, quienes dan a entender que por ser proteccionistas de los animales se declaran «vegetarianos». Para ridiculizarles, y exponerlos como lo que son, extremistas de dar risa; por ello, en actitud rayando en la genialidad Bertín Osborne les responde: «Dentro de unos años llegará el iluminado que quiera prohibir la paella». Y de éste riquísimo platillo de la cocina española y más ridiculeces de los animalistas, escribiremos en el próximo post.

ANECDOTARIO DE MANOLETE.

Al paso del tiempo la figura de Manuel Rodríguez «Manolete» crece enormemente, sobre todo por la recia personalidad del llamado «Monstruo de Córdoba». Su paso por nuestro Mexico fue vasto también de episodios no sólo grandiosos y de gran trascendencia, sino algunos condimentados con la chispa que solamente los benditos y agraciados por la mano de Dios con esa gran personalidad pueden tener. He aquí una prueba de ello.

Durante su primer visita a México, el sábado 19 de febrero de 1946, partió Manolete por carretera hacia Orizaba a fin de estoquear seis toros de La Punta con Alfonso Ramírez El Calesero y Fermín Rivera; viajaba en compañía de su apoderado Camará y de su mozo de estoques «Chimo», bajaban por la empinada y peligrosa cuesta de Acultzingo, cuando fallaron los frenos del auto y éste comenzó a bajar a una velocidad tremenda…A la izquierda el abismo, la muerte segura. Manuel al lado del chofer, al encontrar con la vista un claro que se abriá entre enormes rocas, dió con la diestra un volantazo, saliendo el auto dando tumbos entre la gravilla, arena y pastizales de la cuneta. Ya a salvo, una  vez frenado el auto y recuperando la respiración dijo:

– «¡Ese derechazo ha sido el mejó que he dado en mi vida!».

¿Y, qué es trapío? Parte II.

.

Continuando con lo dicho en el anterior post, en el que se planteó el cuestionamiento de si el trapío es un ente objetivo o totalmente subjetivo; los que dicen saber mucho de esto, destacando los veterinarios de plazas de toros defienden a capa y espada el concepto desde un punto de vista subjetivo, siendo que el asunto es totalmente objetivo y tan simple como esto; a cualquier ser pensaste, incluso los niños, usted

puede mostrarles un pollo y decirles: «Mira, es un gallo». La respuesta será inmediata: «NO es cierto, es un pollo», y habrá quien diga: «Es un pollito». Y ante la presencia de un animal ya más desarrollado que muestra su pequeña cresta y plumaje más erecto, seguirá siendo pollo o alguien dirá: «Es un gallito». Muy al contrario, al mostrar un verdadero gallo con toda la cresta y decirles: «Ese es un pollo», responderán: «NO, ese es un gallo», así de simple, y lo mismo ocurre con los toros, novillos y toritos. Eso, es lo coloquial, lo científico y ortodoxo define el trapío como: «forma ideal del conjunto de caracteres raciales propios y esenciales de la raza de lidia cuando se dan en plenitud, expresión idónea del patrón racial». O, trapío = “resultado del concierto entré la morfología y el buen aire en el manejo del cuerpo». Por otro lado y entrando en el terreno de las exigencias reglamentarias: «No hay duda de que el trapío, en cuanto a característica del toro de lidia, puede ser apreciado por un técnico veterinario (sic) en función de la experiencia y los conocimientos técnicos». Jurisprudencia española (1994). Pero lo cierto, es la necesidad de que los toros que se lidien en las plazas deben contar con el suficiente trapío.

«Si el peligro no se siente y no se huele en el tendido, el toreo como arte se degrada…Que el toro que salta a la arena sea y parezca un TORO». Frase dicha por el entonces presidente de la Asociación Nacional de Criadores de Toros de Lidia, Licenciado Adolfo Lugo Verduzco. Si no es así, el descontento de público y aficionados será evidente. La fiesta, su importancia, radican en que los toros que salen a los ruedos, tengan el debido trapío y presencia , para que surgan las exclamaciones de asombro.

«El verdadero toro de lidia no tiene miedo a nada ni a nadie, y, en mi opinión es el animal más hermoso que pueda verse ya sea en reposo o en movimiento». Ernesto Hemingway. Estando todos de acuerdo, y siendo una verdad aceptada universalmente, que una imagen vale más que mil palabras; esto en cuanto al trapío de los toros se convierte en sentencia, ley, algo mandatario: si al salir por la puerta de toriles el toro anunciado como tal, será recibido como tal, de lo contrario la bronca no se hará esperar.

ANECDOTARIO DE MANOLETE.

Siendo la anécdota el relato breve de algún hecho particular, curioso, o notable, pero que principalmente muestra con pinceladas de trazó rápido la personalidad siempre cautivadora y atrayente de quienes, como Manuel Rodríguez «Manolete» llevan la etiqueta de figuras del toreo, pasamos a presentar hechos que le pintan de cuerpo entero.

Feria de Sevilla, segunda corrida. Al terminar, después de que tanto Carlos Arruza como Manuel Rodríguez habían sido severamente golpeados al ser volteados por sus toros; en el hotel, hablando con don Antonio González Verá y en presencia del «Niño de la Palma» Cayetano Ordoñez; quien había llevado a su hijo Antonio a que conociese al «Monstruo». González Verá reprochaba a «Manolete» por lo que calificaba de «desmedido afán de triunfo». De manera enérgica decía al torero: – «Así no se puede torear Manolo…» Manolete abrió un armario donde se veían dos vestidos más de torear impecables, y contestó: – «Aquí hay dos taleguillas que todavía me pueden romper los toros en esta feria. Pero yo tengo que seguir toreando así don Antonio».