Y, ¿Qué es una “Figura del Torero”?

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De entrada y por definición, una Figura del Torero, es eso: “un torero qué figura y con figura”, y por diccionario, son dos las acepciones que valen: “cosa que es signo o símbolo de otra” y “estatua, dibujo o pintura que representa a otra”, luego, entonces una figura del toreo será aquel que su propia persona sea la representación misma del toreo.

Recientemente con el surgimiento de caras nuevas y jovenes que ocupan cada vez mayor número de sitios en los carteles de ferias importantes y de la actual temporada grande 2013 -14, se empieza a hablar de manera insistente refiriéndose a ellos como “Figuras”, palabra que según expresara hace unas semanas el matador Iván Fandiño, quien como veremos adelante, sí puede presumir de “Figura”, decía Fandiño que es una palabra ya muy frivolizada. Éste matador terminó la pasada temporada española en el tercer lugar del llamado escalafón quedando dentro de la categoría del “Grupo Especial”, lo que conlleva ciertas privilegios y obligaciones. Por ejemplo; no podrá cobrar menos de 17 979 euros por actuación, más un mínimo de 2 446 euros de gastos, que se cobran por separado y

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1 656 de honorarios por cada miembro de su cuadrilla, (para que ud. se dé idea, son más o menos 20 mil pesos, en contra de los 2800 pesos mexicanos que aquí cobra cualquier subalterno)  estando obligados a contratar y mantener a toda la cuadrilla durante la nueva temporada completa; por cierto que Iván queda por debajo de David Fandila “El Fandi y Juan José Padilla quien ocupó el primer puesto del escalafón.

Mencionan los analistas del término en estudio y hablando a propósito de que si el torero de Aguascalientes Joselito Adame debe ser llamado o no: Figura, hablan, decía, de algunas cualidades que el torero debe tener para aspirar a ser llamado así: Nivel técnico, haber desarrollado y además asimilado una técnica depurada. Oficio y recursos para entender a todos los toros y darle a cada uno su lidia. Constancia. Pundonor, vergüenza torera, poder de convocatoria, provocar llenos, entradones en los tendidos, cosa que en las verdaderas figuras se traduce hasta en tumultos y golpes en las taquillas. Dice la sentencia:

“El soporte económico de la Fiesta está directamente relacionado con el público que arrastran los mejores toreros (las Figuras), manifestado en las venta de boletos”.

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Y es que en la tauromaquia, como en toda expresión artística, la existencia de las figuras es trascendental y supone la constatación misma de la fiesta como arte. Y falta agregar lo más importante: Genialidad y capacidad de improvisación en medio de un estilo singular, llegando así, las verdaderas figuras a un sello personal que puede prolongarse durante una gran longevidad, como es el caso de Curro Romero, caso este único en que la gente llegó a pagar su boleto únicamente para verle hacer el paseillo.

Pero, además para colgarle a un matador la etiqueta de figura, éste debe haber abierto las puertas grandes, salir a hombros, triunfante, al menos en las siguientes plazas; Madrid, Sevilla, Bogotá, Caracas, Lima y México, es decir; las catedrales taurinas de esos países. De lo contrario, podrá decírsele a alguien: “Figura”, pero de su pueblo.

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Y por último: el bagaje taurino; veamos el caso de Miguel Ángel Perera, torero, aún muy joven y por supuesto, ya figura; dos temporadas de festejos toreados “sin caballos”, novilladas: dos temporadas y media, casi 10 años de alternativa con más de 500 corridas estoqueadas, 15 cornadas, algunos años con 100 toros matados a puerta cerrada y más de un millar de vacas en tentaderos. Eso, hablando de Curriculum Vitae, sin hablar de Laudes ni el Parlades de Perera. Y luego quieren que con una veintena de festejos y un par de salidas a hombros en corridas pueblerinas que ya les empiecen a llamar: “figuras”. Esto no es el caso de Adame y los que apuntan para figurar, pero si suele darse en muchos casos.

 

Se preparaba Joselito Huerta para su primer viaje a España, con la ilusión hecha certeza de torerar en Madrid y Sevilla, triunfar ahí – como realmente sucedió – y convertirse en autentica  figura del toreo – como verdaderamente ocurrió-. Estaba José prácticamente haciendo maletas, cuando se encontró al “Príncipe del Toreo”, Alfredo Leal, quien con la experiencia de recién haber vuelto de la península y quien queriendo ilustrarlo, aconsejarle o a la vez intimidarle de lo arriesgado de la empresa que el “León de Tetela” pretendía iniciar, le dijo Alfredo:

–      Yo no sé a qué vas. Piénsalo. Manuel – refiriéndose a Manuel Capetillo – y yo, acabamos de regresar y ¡Hemos dejado un gran hueco!    

–      Pues a eso voy, – respondió José – a llenarlo, cabrón.

 

Las disputas entre los toreros.

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Al ver el comportamiento a veces excesivamente cordial y afectuoso que se manifiestan los toreros al encontrarse para los sorteos o al llegar a las plazas, momentos previos a las corridas, con harta frecuencia solía decir John Fulton: «Hoy los toreros se saludan de beso en las puertas de cuadrillas, se tocan con las puntas de los dedos los muslos, diciendo:«Que lindo esta tu traje de luces». ¿Es palo de rosa? Te luce muy bien! Y antes, uno, frente al otro se llevaba una mano a la entrepierna y decía:«Vas a ver cabrón». ¡Estos son cojones!

Y el otro respondía, haciendo el mismo gesto: -¡Y estos cojones son para cogerme a tu hermana!

Recientemente, y a propósito de este tema: la extrema afectuosidad con la que hoy se saludan los toreros, Paco Camino ha dicho: «Lo que es, yo saludo a mi compadre Diego Puerta con un beso en la mejilla y me arrea un tortazo».

Antes las disputas eran verdaderamente a morir, las enemistades entre los toreros eran de época y las escenas que se veían en los vestíbulos de los hoteles, cafés y restaurantes y por supuesto en los patios de cuadrillas y ocasionalmente en los ruedos eran vara verlas en ring side. Como bien lo muestran las siguientes fotografías, se trata de un verdadero testimonio gráfico del acervo de la familia Liceaga.

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Conocida por todos es la rivalidad que existía entre los dos toreros regios. Eloy Cavazos y el ya fallecido Manolo Martínez Ancira, verdadera enemistad, nunca se hablaban y mucho menos se dirigían siquiera el saludo. Cuenta la historia, que es verdadera; que suena el teléfono en casa del Matador Cavazos, contesta, muy probablemente el inseparable “Tablao” y le dice a Eloy: – “Es el matador Manolo Martínez, que quiere hablar con usted”. – “¿Manolo Martínez? Sí ese güey y yo, no siquiera nos hablamos, menos me va a llamar por teléfono”. – “Eso dijo: el Matador Manolo Martínez”.

Lo que no se aclaró al tomar la llamada, es que por esos días, el hijo de Manolo; Manuel Martínez Ibargüengoitia iniciaba su carrera de novillero, queriendo seguir los pasos de su padre y en sus intentos, peleando con el torero que se oponía a ello, tuvo que abandonar la casa paterna.

Cavazos toma el teléfono, y al preguntar – “¿Quién habla?”.

–      “Habla, el hijo del Matador Manuel Martínez, que como usted sabe quiero ser torero”.  – “¿Y, eso, qué? ¿A mí, por qué me hablas? Respondió Eloy.

–      “Es que como usted bien sabe, estoy peleado con mi padre, que no quiere que yo sea torero y al correrme de la casa me dijo: ¡Y no vayas a molestar a ninguno de mis amigos! Y, como usted Matador es su enemigo; ¡Por eso le hablé!

 Toreaban en el “Toreo de PueblaAntonio Lomelín y el entonces, recién alternativado y todavía muy esbelto “Curro” Leal. Como siempre, extraordinario y excelente anfitrión, el entonces muy digno Juez de Plaza, el Licenciado y Notario Público Benjamín Del Callejo, quien tenía su residencia a la vuelta de la plaza, frente  a los corrales, invitaba, después de la misa que se celebraba en la Capilla de la Plaza, terminado el sorteo y entorilamiento, a toreros, cuadrillas y ciertas amistades a tomar un “tente en pie” en su casa. Ahí, también  se vestían de luces toreros y cuadrillas. En el interin, previo a la corrida, se jugaba en el jardín de la casa una cascarita, los matadores en ropa informal y a la vez que se jugaba, se departía con amistad y gran confianza. Por ello; “Curro” Leal, muy chaval aún, en confianza le preguntó y confesó al Matador Lomelín: – Matador, aquí entre nos, me da pena, pero, yo todavía no entiendo bien cómo es eso del turno en oso quites”.  – “Pues fácil” – Le respondió el fino torero de Acapulco – “Cuando tu veas que yo me atravieso con el capote en la espalda. ¡Es qué era tu turno!”

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Suertes clásicas. “El Tricherazo”.

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El pase de Trinchera, trincherazo, suele darse al inicio de faena, con la muleta bien cuadrada, muy bien “planchaa”, su objetivo es dominar al toro desde las primeras embestidas, y mostrarle quien manda durante la faena. Ese es el mandato que se proponen señalar de manera enérgica muchas figuras al dar este muletazo que debe mostrar poder, dominio, pero a la vez gran clase y relajamiento propio únicamente de quien sabe lo que hace o lo que manda. Esto significa que jamás podremos ver un trincherazo verdadero en algún principiante, o torero falto de experiencia o de mando. Por algo el genial Agustín Lara escribió en la letra de su paso- doble dedicado al Gran Silverio: “Monarca del trincherazo / Torero, torerazo / Azteca y español.

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Y, ya que estamos con lo que se ha cantado y escrito en torno al pase de trinchera, vamos con el poeta Gerardo Diego:

“La Trinchera, es ¿Cante chico?

Depende de quien lo cante

Y abra y cierre el abanico.

Pásatelo por delante,

Cuidando en la tela el pliegue

Y largo, que llegue, llegue

Hasta más allá del vuelo”.

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Don Gregorio Corrochano a propósito de este pase dominante y la manera de interpretarlo de Domingo Ortega escribió:

“Lo mejor que tiene Ortega, es el toreo por bajo. Ese aguante, ese temple, esa suavidad con que carga la suerte, echando todo el cuerpo sobre la pierna de salida, con la rodilla un poco doblada, es lo que tiene de verdadera calidad”.

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Y, es que el pase de trinchera, según el tratado-biblia de los toros el Cossío lo clasifica dentro de los “cambiados por bajo” ya que se da la salida al toro por el lado contrario de aquel en cuya mano se tiene la muleta. Ya entrados en definiciones, se suele denominar “De trinchera”, al que se ejecuta sin flexionar la rodilla y se da de derecha a izquierda. Si se carga menos la suerte y es más ligero, se llama “De trincherilla” o más comúnmente “Trincherazo”, siendo el equivalente en terrenos de los pases de castigo, del “Ayudado por abajo”, recibiendo el nombre de ayudado, ya que el diestro se apoya en la espada para desplegar la muleta con mayor extensión.

Puede también, llamársele “Doblón”, si el animal es obligado por el pase a revolverse y se le quita así poder.

Van ahora algunos ejemplos muy ilustrativos:

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Tauromaquia. «Porque embisten los toros». Conclusión.

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A manera de conclusión y en cuanto a la función de los órganos visuales del Toro de Lidia, recordamos que este animal, aunque tiene una bien definida visión esteroscópica, es decir que distingue perfectamente las distancias entre objetos y estos a la distancia de sus ojos. Como dato curioso y como buen gourmet que es, el toro de lidia se lleva al hocico, su boca, los alimentos, la pastura, apoyándose en las puntas o diamantes de sus pitones como si fueran cubiertos hábilmente manejados pues conoce y mide muy bien las distancias. Pero su visión es daltónica. Lo que significa que no distingue los colores; únicamente ven en una gama de tonos de gris. Es el movimiento lo que llama la atención del toro, y así, va a embestir a todo aquello que se mueve frente a su vista y que él no conoce.

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El toro bravo, al llegar a una plaza ante un ambiente que desconoce, habiendo sido sacado de su hábitat y como una respuesta ante el temor de lo desconocido, va a ver brotar sus instintos; primero de conservación y luego el muy propio de su raza, de su casta; de acometividad, de agresión y empezará a embestir con bravura sobre los capotes, sobre las cabalgaduras. Y si de verdad es de pura casta embestirá contra los burladeros, donde temerosos se ocultan sus lidiadores; pondrá en apuros a los banderilleros que huyen espantados después de colocar los vistosos garapullos sobre su morrillo, y ante la roja muleta, embestirá una y otra vez, con un ritmo, cadencia – y si es mexicano, con buen “son” – que, permiten en muchos casos, crear una obra de arte.

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Una prueba fehaciente de todo lo dicho; demostrando que la bravura, y por tanto, el impulso a embestir son innatos en estos animales, acaba de ser puesta de manifiesto de manera irrebatible en España, Plaza de Alba de Torre, Salamanca, donde el toro “Lilleto” ha sido indultado ante su evidente bravura, nobleza y bien embestir, por su lidiador, Juan del Álamo. Lo importante es que siendo el toro de la ganadería de “Domingo Hernández”, éste ganadero, una vez que el toro ha sido curado y ya de vuelta a casa, ha declarado que el toro: recién nacido siendo becerro, perdió a su madre, la vaca que lo parió y fue criado por la esposa del mayoral de la finca, alimentándolo amorosamente al biberón. Lo que deja bien claro que pese a haber sido alimentado en brazos humanos con leche de granja y haber vivido su infancia domesticado, al volver a las dehesas y de ahí a la plaza de toros; al final, su comportamiento fue el de un animal criado y genéticamente programado para ser y comportarse como lo que es: Un Toro Bravo de lidia.

Juan Belmonte: Fechas y numerália.

Se cumplieron este octubre los 100 años de la alternativa del llamado «Pasmo de Triana», Juan Belmonte, acontecimiento ocurrido en la plaza de Madrid  el 16 de octubre del año de 1913. Siendo padrino de doctorado, Machaquito y testigo Rafael «El Gallo». Alternativa a la que llega después de una corta carrera novilleril que dio inicio en 1912 en abril, el 18 y con sólo 20 años de edad. Se doctora en tauromaquia a los veintiún años. Ya que nació en Sevilla, abril 13 de 1892. Habiendo iniciado sus andares con la cuadrilla llamada «Los niños sevillanos», habiendo matado su primer toro el 24 de julio de 1910.

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Tiene en su haber el grandioso hecho, tomando en cuenta las comunicaciones y los medios de transporte de la época, de haber toreado en la temporada del año 1919 la asombrosa cantidad de 109 corridas de toros. Y digo, asombrosa cantidad, porque es el mismo número  a la que llegan las figuras de nuestros días; pero, hoy se mueven en veloces jets ejecutivos o rápidas furgonetas en muy buenas carreteras y no en los estrechos caminos de antes y por vías de ferrocarril.

Record que permaneció inquebrantable hasta 1965 en que Manuel Benítez «El Cordobés» lo quebró toreando 119 corridas. Unas temporadas antes el «Ciclón» Carlos Arruza, tuvo el gran mérito de torear 108 corridas, los tiempos eran otros y el torero mexicano declaró que por respeto y en honor al maestro, no quiso romper su record, habiendo podido hacerlo.

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La literatura liga por siempre a Belmonte con Ernest Hemingway por citarlo éste en sus obras: “The sun also rices” y “Death in the afternoon”.

Existiendo además la semejanza de que ambos se provocaron la muerte disparándose en la boca un arma de fuego, escopeta de alto calibre. Belmonte se mató en su finca de Utrera en abril, el 8, año de 1962.

¿Por qué embisten los toros? Parte 2.

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Decíamos en la entrega anterior, que la bravura existe en los toros de lidia como un factor nato con el qué la misma naturaleza, y de manera sabia les ha bendecido; siendo, eso, una bendición, porque gracias a la embestida del toro se puede dar la magia del toreo, gracias a ello, un hombre íntegro armado de valor se puede enfrentar a la realidad de la muerte que va colgada en los pitones de un toro bravo. Indudablemente que la zootecnia empleada por el ganadero en su casa de toros criar tiene un papel importante en esto de que los toros embistan, según afirma don Gumersindo Aparicio.

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Aunque también, don Cesáreo Sanz Egaña, atribuye estas embestidas a una reacción frente a la timidez con la que el burdel se comporta en la dehesa. Y he aquí la parte fundamental en la teoría del toreo: Es una respuesta o una forma de rehacerse ante el peligro que representa el verse de súbito encerrado en un círculo en el que carece de escapatoria. El toro bravo, de lidia, ha vivido para recibir el carnet  de toro, cuatro años en las dehesas, comúnmente entre la gente de campo se dice que ha comido «cinco hierbas», porque si ha nacido al final del invierno con los pastos que come en su primer año de vida durante la primavera, al cumplir cuatro de vida habrá comido ya de cinco pastos o hierbas; de cinco años son los toros que ganaderos escrupuloso que también existen, envían a plazas, que así lo exigen. Para ser lidiado como novillo deberá tener tres años cumplidos, y en todo ese tiempo ha tenido una vida placentera; en los primeros años dedicado a comer, corretear y jugar con sus hermanos y ya después los juegos se convierten en un «medir fuerzas» de testuz a testuz, con las cornamentas trabadas, lo que le permite un hiper-desarrollo de los músculos del cuello. En este transcurrir de los días en su vida llega a conocer a unos «monitos» que tienen las cabezas libres de pitones, y se las cubren las más de las veces con sobreros y se sostienen en pie únicamente con los cuartos traseros. Estos bípedos vienen a diario a traer el alimento, grano, alfalfa, concentrado, melaza; a veces, hasta riquísima miel y están  pendientes de que siempre haya agua fresca y abundante en los abrevaderos.

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Pero un buen día, estos familiares del mono, vienen en grupos; varios de ellos montando a caballo, traen autos, algunos «todo terreno», y uno más grande con grandes cajones. Señalan a los toros con el índice y varios de ellos son separados de la camada y llevados a los cajones, a través de carriles enalambrados de los que no hay regreso. Y aquí, exponemos lo dicho por José Antonio del Moral al respecto: «En principio, la bravura se consideró como un instinto de defensa provocado por la cólera del toro en el instante de ser molestado. Hay quienes lo explican como un miedo o cobardía del toro ante lo desconocido y sucesivamente, con una huida hacia delante tratando de acabar con quien le molesta, aunque su empeño sea castigado. Otros dicen que la bravura es una misteriosa y natural valentía del toro que ataca impulsivo a cuanto se mueve y le excita. Desde luego, una de las características de la bravura es crecerse al castigo en vez de sucumbir o huir acobardado como cualquier otro animal«. He aquí una gran verdad que se palpa y se vive en los ruedos de las plazas de toros, en la que es el principal protagonista, este cuta genética ha sido, de alguna manera manipulada, para obtener los ejemplares con mayor potencial de respuesta de bravura. Y a propósito de lo que ocurre en los ruedos, hablaremos en el próximo post.

Va de anécdota.

Más que anécdota es una verdadera enseñanza escrita por Guillermo Sureda Molina en su Tauromaquia.

¿Quién no ha estado en el campo bravo en los tentaderos y escuchado una y mil veces esta frase?

– «Crúzate más con la becerra»…¡Vete más al pitón contrario!

Y una gran figura del toreo me ha dicho varias veces que precisamente en ese «pitón contrario» están los millones que ganan algunos toreros. ¡Gráfica y exacta frase!

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¿Por qué embisten los toros?

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¡Vaya pregunta ésta! La respuesta y para quién la responda, es pata recibir el Premio Nobel de Tauromaquia. Nadie sabe con exactitud a qué se debe que los toros poseen de manera natural la Bravura que les hace ser eso qué son; TOROS BRAVOS, y mucho menos sabemos: ¿A qué se debe que embisten? Dicho esto vamos a recordar algo de lo mucho que se ha argumentado al respecto, encomencemos por don Alvaro  Domecq y Diez quien considera la bravura como una explosión o llamarada que deriva de la cólera. Sí así es, debemos afirmar  que la embestida es un respuesta dada por la naturaleza a este bovino: en otras palabras es un don de Dios quien por cierto, es muy taurino, – para enojo y molestia de los anti -, otorgando este don a ese bendito animal, que es el toro de lidia. Al respecto, don Luis de Basterrochea afirma que el sistema hormonal del animal juega un papel importante en esta respuesta, producida por una descarga de adrenalina. Desde éste muy científico y válido punto de vista, podemos afirmar que la respuesta del toro al embestir es similar a la del torero al dar «el paso pa’ delante» y es también igual a la respuesta del piloto de Fórmula 1 al salir de una curva a 270 kilómetros por hora o pisar el acelerador al inicio de una recta a 310 km. Lo mismo ocurre con el matador, si es torero de bragueta, que después de la cogida o el revolcón se levanta a tomar la muleta y, a sobre el toro, sin siquiera mirarse la ropa o apreciar que lleva un puntazo en el pliegue glúteo.

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Y es exactamente lo mismo que ocurre con el toro bravo que después del segundo puyazo, desde el primero, ya sabe de qué se trata, voltea la cara a los capotes de brega del matador o la cuadrilla que le «quitan» del caballo y va codicioso sobre montura y montado, queriendo provocar el tumbó, en el clímax de la suerte de varas.

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Domingo Ortega, célebre matador y después ganadero, considera la bravura como una forma instintiva de acometer que está siempre asociada y se desarrolla de acuerdo con la edad. Aunque sabido es que el becerro de vaca brava va a embestir desde el día de su nacimiento y tan pronto es capaz de ponerse y sostenerse en pie. El tema da para más y seguiremos, sobre todo, en cómo desarrolla el toro su capacidad de embestir, ya estando en los ruedos.

 Va de anécdota.

Ocurrió durante una entrevista radiofónica al genial «Curro Romero» y en su adorada Sevilla, donde siempre fue bienquiso y también mucho le adoraban y más en sus días de gloria.

Micrófono en mano y ante una buena concurrencia, le preguntan:

– Maestro; ¿Cuál es su público favorito? ¿El que más le agrada?

La respuesta esperada y obvia era que el público de Sevilla, o si acaso, para dar paso a la polémica el de Madrid.

Levantando una ceja, gesto muy suyo y con ese duende único, responde «Curro»:

– «El del Tenis»

– ¿Porque, maestro?

– ¡Porque siempre están callados!

«Esos pobres e indefensos animalitos»

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En el colmo de la ridiculez y la exageración,  compulsivos padres han obligado a un menor, de 8 años de edad a hacer absurdas declaraciones: «Yo ya no vuelvo a comer carne porque no quiero que mueran más animalitos«. Y a esa tierna edad sus neuróticos y desequilibrados padres le han vuelto vegetariano.

¿Qué no sabe el nene que los vegetales, plantas, con los que se va a alimentar, son seres vivos? Nabos, lechugas, jitomates, coles, zanahorias, coliflores, son seres vivientes que de manera brusca y repentinamente son arrancados de las tierras de cultivo donde al momento de la cosecha son desprendidos con todo y la raíz que les une a la vida. Papas y demás tubérculos son con fuerza arrancados de manera inmisericorde y de ahí, aún con vida van al agua hirviendo de las cacerolas. Chicharos, ejotes; desprendidos de sus vainas que son parte de su vida, su piel protectora; los alegres y saltarines frijoles se sumergen en las hirvientes cazuelas, junto con la cebolla, jugosa, vivita que es cortada con filosos cuchillos, apoyando su tortura en la tabla de «picar»; por algo la transparente sabia de las venas de la cebolla hace llorar a sus despiadados verdugos, que con los ojos llenos de lágrimas, aun así les continúan cortando en mil pedazos.

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Después de arrancados con brusquedad de su habitat, vegetales y verduras, con su sangre, que es la savia, circulante por sus nervaduras son sazonadas con sal y otras especies para ser fritas en aceite hirviendo y para otros guisos. Sometidas, junto con los frijoles al exceso de hervor en la olla exprés.

Y así, por sentencia paterna el menor será convertido al vegetarianismo, por culpa de sus padres, al fin gente descontentadiza;  que sin poder ver, pues su ignorancia les ciega, su minusválida conciencia no les permite ver esto, que aplicado a los pobres animalitos, sería una horrenda salvajada. Y dejan al menor con su absurda dieta sin proteínas que son indispensables para el metabolismo, absorción y utilización de otros nutrientes.

¡Nooo! Cómo va a comer el niño carne de esos pobres animalitos.

Esos pobres e indefensos animalitos en fotos que lo dicen todo.

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Véase la musculatura. Tal parece que el Señor Toro ha pasado muchas horas en el gym. Aprecie usted como se le «marcan» los músculos por la rutina del ejercicio y el trotar por los pastizales; la brillantez y sedosidad del pelo, por supuesto fruto de la buena, selecta nutriente y vitaminada alimentación.

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Pobres e indefensos animalitos a quienes la naturaleza ha dotado de amenazante encornadura.

 

«SALIR A HOMBROS»

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 Cortar las dos orejas de un toro o dos; una de cada toro del lote de un torero es requisito para «Salir a hombros» y que se abra la puerta principal de una Plaza, la de «El Príncipe» en la Real Maestranza de Caballería en Sevilla, la de Madrid, la foto  muestra la escultura de Antonio Bienvenida llevado en volandas frente a la mítica puerta por la que once veces salió a hombros, la de «Los Califas» en Córdoba, la recién nombrada de «El Encierro» en la Monumental México, en alusión a la escultura con ese nombre, obra del escultor y que luce sobre el  portón principal de acceso. Esta costumbre o requisito, no escrito en ningún documento, se ha convertido en algo ya bien establecido y aceptado: «Cortar dos orejas para salir a hombros«. Pero eso, cortar dos orejas y como premio «Salir a hombros» no es lo verdaderamente importante. Lo trascendente es salir pero en hombros de una tumultosa, apasionada y festiva afición, lo que se dice «en olor a multitud». Esto, que solía ocurrir con frecuencia en años pasados, afortunadamente, a vuelto a verse en tardes recientes. Las fotografías que ilustran esta entrega lo dicen todo: Julian López «El Juli», saliendo a hombros por la Puerta Grande de Sevilla y según portada de la Revista «Aplausos«. Años atrás, el Maestro Antonio Chenel «Antoñete», literalmente llevado a hombros de la multitud. Que tristeza, ver en cambio, cosa harto frecuente en nuestras plazas, que el torero «triunfador» sea sacado de la plaza a hombros de su propio hermano, muchas veces, también, su mozo de espadas y chofer o bien por sujetos, especialmente dedicados a esos menesteres y por ello son llamados «costaleros» y que reciben paga; boletos de entrada y pasajes para trasladarse a las plazas.

Más triste es aun, el caso de los monosabios y trabajadores de Plaza, que hasta a codazos se pelean por cargar a un torero a hombros. ¿Y, como carajos no se van a pelear? Si les pagan cien pesos por la chamba de todo el día de corrida y el apoderado les da un quinientón por llevar al torero desde el ruedo hasta la camioneta en el estacionamiento. La otra foto  ilustra la segunda tarde del triunfador de la pasada Feria de Aguascalientes, donde el carismático Arturo Macías, «El Cejas» fue aupado, sacado a hombros de la plaza y llevado, paseado por todo el circuito de la llamada «Feria de Ferias«. Histórico más que anecdótico es lo ocurrido en Puebla, antigua plaza llamada de «El Paseo Nuevo», en plenos años de la Revolución Mexicana, era tal el arrastre de multitudes del torero-charro, el del gran mostachón, Ponciano Díaz, de tal magnitud fue triunfo esa tarde, usándose entonces los carros a tiro de bestias, las carretelas o calandrias, que al salir, triunfal de la plaza Ponciano rumbo al hotel en el centro de la Angelopolis, donde se hospedaba, el gentío, entusiasmado, desengancho los caballos del tiro y a fuerza de  enloquecidos aficionados la carretela fue llevada hasta el hotel a «tiro de machos humanos«. Tal era la idolatría por el torero y tal acontecer narra en vernáculo corrido el también popular Oscar Chavéz.

 EXPESIONES TAURINAS.

«Se lo llevaron a hombros

La expresión «Se lo llevaron a hombros» va a la par con la del post que precede, «Salir en Hombros», pero hace referencia a otras situaciones, se utiliza cuando a algún amigo se le pasan las copas y tiene que ser aupado, «llevado a hombros». Recuerdo, hace unos años, con motivo de la revelación de una placa en la plaza «La Taurina» de Huamantla, el Maestro Jesús Córdoba fue invitado de lujo, pues su nombre aparece en la placa y él fue el encargado de develarla. Para ello se quedó a pasar unos días de feria en esa población, hoy; «Pueblo Mágico», para atenderlo, amenas tertulias se sucedían noche a noche hasta el amanecer. Y de una de ellas que tuvimos que dejarle en manos «y brazos» de los parroquianos, sus anfitriones y entre ellos «El Pana», le dejamos ya muy cerca de la madrugada. Otro día, después, momentos antes de iniciar la corrida de feria, le encontramos y saludándole, al preguntarle cómo había terminado la reunión, sonriendo, respondió: – ¡Como en los tiempos de figura! ¡Me llevaron en hombros hasta el hotel! Aunque en estos días, ocurren también excesos y actos fuera de control. Tal como se ve en la foto: A Alejandro Talavante literalmente «se lo llevaron a hombros». La expresión también se utiliza cuando algún sujeto tiene problemas con la justicia o deudas y ocurre entonces que se sabe y dice: ¡Qué se lo llevaron a hombros!…de la policía.

 

 

La Categoría… ¡Aquello que se perdió hace mucho tiempo!

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La Categoría, aquello que se perdió hace mucho y no han sabido recuperar nuestros toreros. Cuando ese elemento esencial regrese, volverán también los llenos a los tendidos de las plazas. Siempre viene a la mente el multicitado ejemplo de los años cincuenta en que las dos plazas capitalinas; La México y El Toreo de Cuatro Caminos se llenaban a reventar la misma tarde de domingo con carteles a veces conformados por los novilleros punteros, los llamados Tres Mosqueteros: Rafael Rodríguez, Jesús Córdoba, Antonio Velázquez y un cuarto, D’ Artagnan, Manuel Capetillo. Y la capital tenía entonces escasos 2 millones de habitantes.

Con motivo de la primera visita a México del Monstruo de Córdoba, Manuel Rodriguez «Manolete», los tumultos que se vieron en torno a su presencia asombraron a todo el mundo, se colocaban gradas y tribunas a las afueras de los hoteles donde se hospedaba el legendario torero. Paco Malgesto sentenció entonces, pues los tumultos eran solamente para verle salir o entrar al hotel, estaciones de radio o lugares que visitaba. Malgesto dijo: «Esto no volverá a verse en México hasta que un Papa nos visite«. Y tal cosa ocurrió al venir por vez primera un papa Juan Pablo II, treinta y dos años después. La expectación que Manolete causó en su llegada a México no tenía similar hasta la visita de un Pontífice romano.

El 5 de febrero de 1996 con motivo del XLIX aniversario de la Plaza México a la 4 en punto de la tarde partió plaza en solitario, previo al paseíllo formal Luis Procuna, único sobreviene, entonces del cartel inaugural de la monumental. ¡Qué espectáculo verle partir plaza! Todo de blanco vestido iba; incluso sombrero calañez, corbata y botines albos! ¡Qué señorío! Qué derroche de personalidad, pese a la edad que en el momento tenía. El destino no quiso que el «Berrendito de San Juan» llegará al Cincuenta Aniversario de la plaza, pero, eso, eso era Categoría lo que él y los toreros de antaño tenían. Toreros de cuerpo entero y de tiempo completo. Verlos cruzar una calle – el tráfico se detenía – era como verlos partir plaza.

Todo eso, la Categoría se ha perdido. Empresarios, apoderados, toreros y subalternos se quejan de las paupérrimas entradas en los tendidos, pero en los patios de cuadrillas, en las afueras de las plazas, en el campo durante las labores de tientas, no son capaces, nadie es capaz de mirarse y darse cuenta de la enorme escasez de personalidad, la falta absoluta de eso que se perdió hace mucho tiempo: La Categoría. Ya se ha dicho muchas veces y lo hemos escrito otras tantas, que en el campo bravo, en tentaderos hemos mirado, sin poder creerlo a matantes «vistiendo» maltratados, desajustados, muy holgados y horrendos pants; siendo tan hermosa y bella la ropa campirana. Solo cuando se pierde la categoría y por tanto la dignidad, se pueden sustituir los botos camperos por unos horripilantes tennis; y en un acto insultante, verdadera mentada de madre a uno de los símbolos más representativos de la profesión de Matador de toros, sustituir la noble y soberbia y casi histórica gorra de twid, gorra de maletilla…por una cachucha beisbolera y para más grosería con la visera «pa’ tras».

Como muestra, y da pena ponerla; una fotografía, tomada en la última Asamblea de la Asoc. de Matantes. Al centro, su dirigente, Antonio Urrutia y Paco Doddoli medio se salvan, aunque el matador Urrutia sin encontrársele la combinación de colores. Predominan los pantalones de mezclilla, pero con playera tipo polo o inadecuadas camisas que empeoran las deterioradas y descuidas figuras de los matantes. Jerónimo luce, pasados 9 meses sin torear, trece años de alternativa y veinticinco kilos después y Enrique Fraga le hace competencia en el concurso de vientres. Al centro, «El Pana» con unos horrendos pants y tennis, con desubicado paliacate alrededor del cuello. Evidencia gráfica de que la Categoría se ha perdido.

En la otra foto, personalidad a raudales emana de la figura de José Antonio Morante de la Puebla y el chaval, perfecta, correctamente vestido de monosabio con faja, corbata y kepi. Agrada ver las figuras y expresiones de los dos y me retuerzo de vergüenza de la vestimenta de los monosabios de la plaza de la otra Puebla, la que parece de pueblo y que visten pantalones de mezclilla en diversos tonos del descolorido al percudido, pasando por el super-jodido; y camisetas- playeras con publicidad de algún centro botanero. Líbrenos mi Dios de estos desaires a la fiesta que perdiendo la categoría, pierde todo.  

EXPRESIONES TAURINAS.

¡Échale la muleta en la cara!

«Échale la muleta en la cara» esta es una de las muchas frases, que se escuchan en los callejones de las plazas y que aunque bien se escuchan, pues muchas veces son verdaderos gritos y la verdad, no se entiende nada. Ejemplo de ello lo escribe Joaquín Vidal en sus «Crónicas Taurinas«, cuando uno de los peones desde el callejón le grita al matador Palomar: “¡Oonelaaalearnanoyeaoargo”! Se acerca Palomar al burladero y pudo entender al peón que gritaba: “Pónsela, bájale la mano, llévalo largo”. Lo hiso, y se cayó el toro. Se volvió furioso: ¡Te das cuenta de por qué no le bajaba la mano! Es, un algo que nadie entiende y menos qué y por qué quieren decir.

Ahora bien, de entre los gritones que suelen deambular por los callejones existen: El que grita y sabe lo que grita. El que grita y no sabe lo que grita. El que no sabe gritar ni sabe lo que grita. Pero, para todos por lo general, la frase más socorrida es esa de; «Échale la muleta a la cara», seguida de las variantes: “Bájale la mano” «Y te lo traís bien templado» o «Tócalo» o «Le das tres y rematas». Siendo que el torero con la mente en la vorágine del toreo, no alcanza a distinguir los sonidos y menos lo que se le dice. Por eso en el lenguaje coloquial cuando alguien pretende o quiere embabucar, traer la tal persona a su antojo, se le dice, como desde el callejón: ¡Échale la muleta a la cara!

 

 

LA TOROVISION

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Este tema da para toda un estudio monográfico, pero vamos a tratar de ser concretos. Desde, casi la invención de la TV, hablamos en blanco y negro, las transmisiones de las corridas de toros fueron motivo de polémica y grandes discusiones, fundamentalmente: ¿Qué si las transmisiones quitan asistencia a las plazas? Y, ¿Qué si pasarlas por TV, es una ayuda a la difusión de la fiesta?

La primera pregunta no encuentra respuesta en nuestros días, pues si bien las transmisiones se iniciaron allá por los años cincuenta del siglo pasado, lo cierto es que simultáneamente a que se transmitían los festejos, el mismo domingo, los dos cosos, el de Insurgentes: La Plaza México y en Cuatro Caminos: «El Toreo» lucían llenos absolutos, de los llamados entradones «hasta el reloj» y lo más importante es agregar que muchos de estos llenos eran con carteles de los novilleros entonces «punteros». En la capital las plazas se llenaban y en provincia y aledaños del D.F., después de comer los domingos las familias enteras se reunían en torno al televisor, cautivados por la corrida, los actuantes y; ¡Oiga usted! escuchar al genial Francisco Rubiales, Paco Malgesto. Definitivamente: los tendidos de las plazas llenos a reventar, las salas  de casas, de clubes, cafés, restaurantes y bares, con multitudes frente a la T.V. Conclusión: La teletransmisión no alejaba a la gente de las plazas, y por supuesto que ayudaba y en mucho a la difusión de la más bella de todas las fiestas.

Hoy, el problema es otro y muy distinto: De ¿De qué si la T.V. ayuda a la difusión de la fiesta? Eso es evidente; al otro día de que un coletudo sufrió tremenda voltereta, o un torero salió huyendo con los pitones del toro tras de él, o un toro saltó al callejón, ó voló hasta el tendido, de ello se entera y comenta todo mundo, independientemente de en qué plaza, incluso del extranjero allá ocurrido lo comentado por todos, pero, la gente no va las plazas, ante evidentes buenos carteles la afición no acude, muchos prefieren quedarse en casa, en ropa cómoda, pants y sandalias, y con las «chelas» bien frías y los refrigerios – léase: botanas, memelas y similares – a un lado y frente a la televisión. La falta de arrastre, de atractiva personalidad; de verdaderos ídolos son los argumentos de medias o muy flojas entradas.

Pero hoy con Internet y mucha oferta de paquetes para contratar por cable o las ondas del «cielo» Skay, aficionados, muchos de ellos jóvenes, pero todos de reciente cuño pasan las horas viendo las corridas de allá y esto nos lleva a un nuevo problema de «ubicación» de muy difícil, yo diría imposible solución.

El Planteamiento del Problema es que ven las corridas, los encierros todos en edad; recordemos que en los herraderos de las ganaderías en España se encuentra presente la Autoridad de la Comunidad correspondiente y la Guardia Civil que dan fe de las fechas de nacencias de las reses. Los toreros actuantes, en las principales ferias cobran en «€uros» cantidades que jamás podrán pagárseles por estos rumbos. Lo más grave, es que el aficionado espectador, desde su sala de TV pierde la noción de su ubicación geográfica, digamos que se le desconecta su «gipies» y ya no sabe dónde está, ya luego, cuando acude a nuestras modestas y humildes plazas de toros, muchas de ellas en condiciones de lastima – ver El Relicario -, quiere que por la puerta de toriles salgan los mismos toros o toros con los pesos, edad y trapío que vio en Tendido Cero o en el link que le pasaron para ver las corridas.

Y no aprecia ni valora que el precio que está pagando por la localidad que ocupa no es ni la décima parte de lo que se paga en las plazas de allá. Esa es la realidad del problema; ven lo que sale en Madrid,  Sevilla y Bilbao, y quieren ver lo mismo en la Monumental de Xalostoc, en «La Petatera» o en la de ruidosas y oxidadas gradas de metal de las plazas desmontables.

 

EXPRESIONES TAURINAS.

«Anda buscando tablas»

Decimos en el medio taurino que el toro en el albero, regularmente en la parte final de la lidia, durante la faena de muleta, cuando él mismo parece presentir el final, ya cerca, tal parece que huele la muerte y entonces se aproxima al cerco rojo del redondel: – «Anda buscando tablas», es la frase para describir esta acción, y ya después de recibida la estocada, tambaleante, a punto de perder el equilibrio y convencido de la realidad de su destino: morir en el ruedo de una plaza de toros, se acerca, decíamos; tambaléandose, a punto de echarse. Decimos entonces: Que, anda, ¡Buscando tablas! La misma frase, coloquialmente, la usamos cuando algún amigo, compañero de farra o parranda, después de un buen número de copas, anda ya tambaleante, haciendo «eses», decimos entonces, que: ¡Anda buscando tablas!

De manera similar, en sentido de mayor confianza, decimos de algún amigo o conocido cuando se nos informa de su salud, desgraciadamente, afectada de manera grave. De ese amigo, seriamente deteriorado, decimos que: ¡Ya, anda buscando tablas!