¿Y, qué es trapío? Parte II.

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Continuando con lo dicho en el anterior post, en el que se planteó el cuestionamiento de si el trapío es un ente objetivo o totalmente subjetivo; los que dicen saber mucho de esto, destacando los veterinarios de plazas de toros defienden a capa y espada el concepto desde un punto de vista subjetivo, siendo que el asunto es totalmente objetivo y tan simple como esto; a cualquier ser pensaste, incluso los niños, usted

puede mostrarles un pollo y decirles: “Mira, es un gallo”. La respuesta será inmediata: NO es cierto, es un pollo”, y habrá quien diga: “Es un pollito”. Y ante la presencia de un animal ya más desarrollado que muestra su pequeña cresta y plumaje más erecto, seguirá siendo pollo o alguien dirá: “Es un gallito”. Muy al contrario, al mostrar un verdadero gallo con toda la cresta y decirles: “Ese es un pollo”, responderán: “NO, ese es un gallo”, así de simple, y lo mismo ocurre con los toros, novillos y toritos. Eso, es lo coloquial, lo científico y ortodoxo define el trapío como: “forma ideal del conjunto de caracteres raciales propios y esenciales de la raza de lidia cuando se dan en plenitud, expresión idónea del patrón racial”. O, trapío = “resultado del concierto entré la morfología y el buen aire en el manejo del cuerpo”. Por otro lado y entrando en el terreno de las exigencias reglamentarias: “No hay duda de que el trapío, en cuanto a característica del toro de lidia, puede ser apreciado por un técnico veterinario (sic) en función de la experiencia y los conocimientos técnicos”. Jurisprudencia española (1994). Pero lo cierto, es la necesidad de que los toros que se lidien en las plazas deben contar con el suficiente trapío.

“Si el peligro no se siente y no se huele en el tendido, el toreo como arte se degrada…Que el toro que salta a la arena sea y parezca un TORO”. Frase dicha por el entonces presidente de la Asociación Nacional de Criadores de Toros de Lidia, Licenciado Adolfo Lugo Verduzco. Si no es así, el descontento de público y aficionados será evidente. La fiesta, su importancia, radican en que los toros que salen a los ruedos, tengan el debido trapío y presencia , para que surgan las exclamaciones de asombro.

“El verdadero toro de lidia no tiene miedo a nada ni a nadie, y, en mi opinión es el animal más hermoso que pueda verse ya sea en reposo o en movimiento”. Ernesto Hemingway. Estando todos de acuerdo, y siendo una verdad aceptada universalmente, que una imagen vale más que mil palabras; esto en cuanto al trapío de los toros se convierte en sentencia, ley, algo mandatario: si al salir por la puerta de toriles el toro anunciado como tal, será recibido como tal, de lo contrario la bronca no se hará esperar.

ANECDOTARIO DE MANOLETE.

Siendo la anécdota el relato breve de algún hecho particular, curioso, o notable, pero que principalmente muestra con pinceladas de trazó rápido la personalidad siempre cautivadora y atrayente de quienes, como Manuel Rodríguez “Manolete” llevan la etiqueta de figuras del toreo, pasamos a presentar hechos que le pintan de cuerpo entero.

Feria de Sevilla, segunda corrida. Al terminar, después de que tanto Carlos Arruza como Manuel Rodríguez habían sido severamente golpeados al ser volteados por sus toros; en el hotel, hablando con don Antonio González Verá y en presencia del Niño de la Palma” Cayetano Ordoñez; quien había llevado a su hijo Antonio a que conociese al Monstruo”. González Verá reprochaba a “Manolete” por lo que calificaba de “desmedido afán de triunfo”. De manera enérgica decía al torero: – “Así no se puede torear Manolo…” Manolete abrió un armario donde se veían dos vestidos más de torear impecables, y contestó: – “Aquí hay dos taleguillas que todavía me pueden romper los toros en esta feria. Pero yo tengo que seguir toreando así don Antonio”.

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