“Para Leer en Semana Santa. Los Toros y las Sagradas Escrituras.”

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Parafraseando al Poeta Heidi, podemos afirmar, que Dios hizo el mundo en seis días y el siguiente se puso a descansar. Para concluir su obra, ese séptimo día,  efectivamente; el Señor antes de iniciar su descanso; él mismo, se auto-iluminó el entendimiento y pensó; “Ahora voy a crear lo máximo de mi obra”; llamó entonces a Francisco – Curro – Arjona Herrera “Cúchares “; a José Delgado “Pepe – Hillo”; Rafael Molina Sánchez “Lagartijo” y Salvador Sánchez ” Frascuelo” y dijóles:
– Haced ahora Ustedes ¡La fiesta de los toros !



Obedientes los diestros, se dieron a la tarea de crear y así nació la lidia por abajo; los primeros lances; el toreo por muleta; las estocadas; recibiendo, al volapíe y al encuentro.
Vinieron después otros tiempos difíciles, de grandes lluvias torrenciales que amenazantes, casi acaban con la fiesta, el mundo y la humanidad. ¡ Era el llamado Diluvio Universal !
Días antes de que se instalasen las lluvias, llamó Dios a un aficionado de barrera de primera fila, amante de la fiesta, de los buenos vinos y  de nombre Noé y le ordenó que construyera con maderas una enorme barca, de forma circular, cual plaza de toros, con sus chiqueros y toriles, y que pusiera en ella ejemplares de cada sexo de Santa Coloma, Marqués de Saltillo, Murube, Miura, Atenco, Torrecillas, Piedras Negras, Soltepec, Coaxamalucan, Tepeyahualco y de San Diego de los Padres..

Ordenó también el Pantocreator que subieran a la enorme barca: Rafael Guerra Bejarano “Guerrita“, José Gómez “Joselito“, Manuel Jiménez “Chicuelo un tal Manuel Rodríguez llamado “Manolete”, Juan Belmonte, Antonio Ordoñez y Luis Miguel Dominguín y de tierras aztecas, Rodolfo Gaona, Carlos Arruza, los hermanos Carmelo y Silverio Pérez. Los dos Fermines; Espinoza y Rivera, Fernando de los Reyes “El Callao“, uno más con órdenes de apaciguarse y estarse quieto; Garza, Lorenzo, a quien llamaban “El Magnifico” y un otro vestido en traje de charro Jorge “El Ranchero” Aguilar y del sexo bello, Juanita Aparicio, Conchita Cintrón, Cristina Sánchez y Karla Sánchez para garantizar la continuidad de la especie y la perpetuidad de la estirpe torera.
En el Nuevo Testamento, leyendo el Evangelio según San Pedro y San Pablo, — Pedro, Domecq y Pablo, Hermoso de Mendoza, encontramos aquel dramático episodio en el que Jesús literalmente perdió los estribos al tener que, fuete en mano, arrojar del patio de cuadrillas y alrededores de la Monumental Plaza de Jerusalén a los anti-taurinos que se habían aposentado ahí, e incluso habían pintarrajeado las paredes, muros y ventanillas de la taquillas con letreros como ¡Taurinos…Putos! Y bajezas así de insultantes, Por lo que el señor, con furia les expulsó diciéndoles: ¡Fuera…! ¡Asquerosos gañanes, pendencieros, mercachifles…vosotros habeís convertido la casa de mi Padre y del toro en mercado de gandallas!  
Y dicen las escrituras que vinieron después otros tiempos más difíciles que muchos llamaron el fin de la fiesta. Algunos, desesperados tiraban de sus cabellos gritando que era el fin del mundo! Otro aficionado “chipen”, llamado Juan, cronista taurino fue señalado por el Señor y – durante una corrida en que toreaba alguno de los Armillas, descendientes de otro Maestro, “el de Saltillo”,- durmióse. Su sueño fue tan profundo que El Todopoderoso permitió que tuviera visiones llamadas por él mismo al escribir su crónica “Apocalípticas“.
De verdad, de verdad, que parecía el fin de la fiesta.
Jinetes fúricos y desalmados, blandiendo sus armas cabalgaban sobre briosos corceles,  amenazantes sobre la fiesta: Uno de ellos representaba la Reventa, el otro la Crítica mordaz y amargada, que otro escribano el “Filibustero” llamó; “La cofradía de la mano caída”, integrada por críticos de pacotilla y destinada a “ensombrecer y censurar sistemáticamente todo lo que representase la fiesta brava”. Otros terroríficos jinetes eran  el Despunte y los toros sin edad. Venían, tras de ellos,  cabalgando entre tolvaneras y la negrura del cielo las Comisiones Taurinas  con un gran  afán protagónico y pretensión de imposiciones altamente perjudiciales. Estas eran sus destructoras armas. Venía después la representación del Sobre con sus participaciones en moneda, dicotomías extorcionantes que agobiaban a alternantes y ganaderos.
Tal parecía que ciertamente, ¡Era el fin de la fiesta!

Cuando el Creador envió de los cielos, de su Estado Mayor al Santo Arcángel, que bajó entre tronos de nubes con su espada del “Buen Juicio” en la diestra. En otro trono celestial venía con el también El Señor del Gran Poder y del Buen Criterio. Les acompañaba  rodeada de ángeles y querubines vestidos de luces, La Santísima Virgen, Nuestra Señora de la Concertación, luciendo alta peineta y negra mantilla.   Juntos, todos, hicieron que predominasen sus virtudes; el Buen Criterio, El Buen Juicio y la Concertación…..y así la fiesta siguió existiendo y seguirá vigente por los siglos de los siglos y hasta el final de los siglos…. en todo el universo taurino y por supuesto, a pesar de los pesares en la Señorial, Puebla de los Ángeles.

N.R. Si este texto despierta en el lector cierta curiosidad, sobre de “cual fumó” el autor al escribirlo, puede preguntarle directamente en: Comentarios.

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Breve nota explicativa:
Se pronuncia “schhoma” y es un trozo de penca de maguey, verde, fresco, flexible que se acomoda como “jícara” para tomar el “neutle” o pulque, bien llamado “néctar de dioses” en el campo durante maniobras de embarque, en herraderos y demás labores; su ingesta además de vigorosa y reconfortante, resulta refrescante. Una vez servido, cada ración es de más o menos medio litro, debe tomarse de un solo trago y en forma de reto; un bebedor frente al otro.  — Ver foto: Rodolfo Rodríguez “El Pana” frente al ganadero Marco González, tomando de sus schhomas, durante un embarque en Piedras Negras. — y terminado el gran y largo trago, con una mano se sujeta y se sacude violenta y enérgicamente la schhoma, para que suelte la hebra o baba, como se dice comúnmente, en el campo, “pa´ que suelte el alacrán”. Esta delicadísima maniobra de gourtmets de campo se le llama “sacudiendo la schomma”. Y en este breve espacio le utilizamos como expresión para un comentario sobre alguno de los aconteceres taurinos recientes.

Va: Sacudiendo la choma…

Muchos se quejaron y llegaron hasta a cuestionar el porque del cambio de la ganadería anunciada: José Maria Arturo Huerta; por los siete que llegaron y al final se lidiaron en la pasada corrida del Relicario procedentes de Monte Cristo. Lo  cierto es que desdendenantes que el madrileño abordara el jet de Iberia que lo trajo; ya todos los portales decían y pregonaban que El Juli mataría de sus cuatro corridas en México, dos de MonteCristo. Luego el cambió no debió de sorprender a nadie. Además, la empresa de Puebla, así lo hizo saber por los medios de comunicación. Sin embargo y pese a todo, alguien me cuestiono vía sms, el porqué del cambio. Sereno, tranquilo, – como siempre estuve, le respondí: – Es que esa pregunta hay que hacerla a los C. Julián López y Roberto Domínguez. Y le aclaré con una nota explicatoria: – La “C” en ese caso no significa “ciudadanos”, significa: ¡Cabrones!

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Manuel Domínguez “Desperdicios”.

Existen casos de asombrosos de coraje taurino, rayando en el suicidio, casos estos, dignos de ser estudiados por la Psicopatología: Manuel Domínguez Desperdicios”. Toreros de romance de un valor inconcebible. De este torero, se cuenta, que habiendo recibido en el rostro tremendísima cornada, que prácticamente le vació el ojo, quedando éste colgando, sostenido por sus correspondientes músculos y obviamente el nervio óptico, el torero, en un arranque de valor – que no deja de ser patológico, y perdón por la redundancia que sigue – se arrancó los restos del ojo, arrojándolos al piso, diciendo que: -¡El no quería desperdicios!
De ahí, de éste acto su sobrenombre.
Otra versión de la misma historia nos dice que Manuel Domínguez quien por cierto, falleció en la enfermería de la plaza, — de otra cornada —  en Ronda el 26 de mayo de 1820. Y que, al arrancarse los restos de su ojo desprendido exclamó:
¡Bah. Estos son desperdicios!. Y con el apodo se quedó.

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