¡REGLAMENTANDO EL REGLAMENTO!

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Desde el año de 1996 y atendiendo en aquel entonces a invitación escrita del H. Ayuntamiento de Puebla, y después de otros municipios y estados hemos asistido, participado en diversos foros de consulta, reuniones y mesas de trabajo efectuadas en nuestro entorno y en todas ellas; además de enterarnos de lo ocurrido en foros realizados en el D.F. para las modificaciones, yo diría actualizaciones de los Reglamentos vigentes. En todo ello ha predominado siempre una actitud “redentorista”, por parte de quienes detonan los mecanismos para las propuestas de modificación o adecuación de los reglamentos. Siendo que los tales reglamentos, prácticamente son similares, iguales en cualquier ciudad de cualquier país del planeta de los toros cambiando únicamente algunos aspectos en cuanto a multas y sanciones; por supuesto lo relacionado a los aforos de las plazas y los tiempos o plazos que se señalan para autorizar corridas o festejos en cuanto al cumplimiento de los requisitos que indica el mismo Reglamento. En otras palabras, no hay nada nuevo que agregar o modificar, y los cacareantes renovadores de la fiesta, vigilantes del cumplimiento estricto de las reglas no tienen nada nuevo que aportar o tratar de modificar. En materia de festejos taurinos nadie va a descubrir el “hilo negro” o alguna formula secreta. Lo que si es recomendable y procedente es hacer hinca-píe, insistir, vigilar y exigir el cumplimiento de algunos artículos que son pisoteados, más que ignorados, pues los actuantes conocen estas prescripciones y no sólo ignoran su cumplimiento sino que insisten en no cumplirlas. Dice el mandato: “Al salir la res por la puerta de toriles no deberá haber subalterno alguno en el ruedo, ni se llamará su atención dejándola tomar libremente su viaje. Los peones le correrán por derecho y le colocaran en suerte”. Cheque usted con meticulosa curiosidad la salida de los 6 toros 6 que usted presencie en una corrida, en los seis estará un peón de brega asomando el capote o incluso, saliendo él mismo del burladero de aviso, pretendiendo con ello, no sólo “tocar” al toro, sino hacerlo llegar y de alguna manera al provocar la embestida, disminuir su fuerza. Ahora bien si se trata de la actuación de algún rejoneador inexperto o principiante, se hará más notoria la indicación de que sean los subalternos, quienes salgan a recibir al toro. Siendo que es precisamente al caballero en plaza a quien le corresponde “recibir y parar” al toro, como consumación de la primera suerte en la lidia a caballo, además que los caballos que se usan para esta suerte se les llama “de recibo” . Otro trastorno que provoca esta actitud, verdadera necedad, es que nos impide ver la autenticidad de la bravura del toro, que teniendo como algunas características para calificarle, se trata precisamente de esa; que remate de salida en al menos en dos de los tres burladeros de aviso. Y, ¿Como diablos vamos a ver si el toro remata favorablemente metiendo la cabeza a las bases de los burladeros? Si los peones en su necedad de salir antes de tiempo no permiten apreciar esto. Pero más mal resulta el asunto si es el propio matador quien insiste en que esperen al toro fuera de los burladeros. Y peor, si llega a ocurrir que se dicte la orden de estrellarlo, arbitraria, salvajemente contra los burladeros que en muchas plazas tienen una estructura de madera cubriendo verdaderos rieles de acero, pues la cosa va estar grave, recordemos que no es lo mismo: dejarlos rematar, que mal intencionadamente – se dice con mala madre – estrellarlos, logrando a veces que lleguen a despitorrarse. Dejo a ustedes, pensando, reflexionando: ¿Si tal acto,criminal y anti-taurino pudiera ocurrir en nuestras plazas? Mientras preparamos el próximo post para continuar, reglamentando el Reglamento.

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¡El Desplante!

Breve nota explicativa:

El Desplante, cómo acto que se realiza frente al toro, no es un lance, ni una suerte o pase, más bien es la expresión, el resultado de una actitud, que se efectúa, generalmente al salir o término de una serie de muletazos. Dice el tauro diccionario que es: “Acto del torero lleno de arrogancia al toro o de descaro o desabrimineto al público”, cosa que también puede serlo. Y en este breve espacio le utilizamos como expresión para un comentario sobre alguno de los aconteceres taurinos recientes.

En esta entrega comentamos, algo de lo que viene ocurriendo, en el paisaje nacional del toreo, donde por ahora son los que se suben al caballo, los rejoneadores, quienes dominan el panorama. Y es de

justicia decir que mientras el recién llegado; Diego Ventura, alterna los triunfos con ciertas actitudes no muy profesionales, como lo hecho en Nuevo León dónde dejó a público y empresa literalmente plantados, presentando una justificación médica, siendo que el día anterior había actuado y a tan sólo dos días de su ausencia – como si de ausentismo escolar se tratara – ya estaba totalmente repuesto para nueva actuación. El otro berrinche lo hizo apenas el sábado 12 por la noche en la Plaza de Oriente de San Miguel de Allende donde se salió groseramente de la plaza sin el debido permiso de la autoridad y mostrando falta de respeto para con sus compañeros actuantes. Y más antes, ha iniciado sus actuaciones precedidas de conferencias y ruedas de prensa saturadas de lamentos y quejidos contra aquellos que según él, lo bloquean. Y así va, alternando triunfos con agrios desplantes. Mientras; el otro el caballero el estelles, el navarro, va también, alternando triunfo con triunfo, uno seguido de otro. No en balde tiene ya bien recorrido y conquistado el territorio nacional desde hace once años.

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¡Va otra de Domingo!

Ahora que Domingo López, el popular picador “Zotoluco” el primero de todos los zotolucos en llevar ese nombre se ha retirado de los ruedos, traemos a cuento otra de las muchas situaciones, verdaderas anécdotas en que a lo largo de su carrera de picador de toros se vio envuelto: Viajaban con la cuadrilla de su Matador Jorge Aguilar “El Ranchero” en vuelo, rumbo a Tijuana, siendo aquella la primera vez que Domingo se trepaba a una aéreonave o mejor dicho y como él dijera a un “airoplano”, de esto hace ya algunos años, partamos del hecho de que Domingo rebasa ya los 75 años de edad, cumplió y festejó sus 50 de picador e inició muy temprano, joven aún su carrera de piquero; los vuelos entonces tenían mayor duración y en un México – Tijuana debieron servir al menos un par de alimentos; las charolas servidas por las aereo-mozas circulaban con el agradable y apetitoso olor de los alimentos calentados a bordo. Precedido el servicio por la presentación de la carta, con las opciones de diversos y variados menús que la aerolínea servia, como cortesía, claro, a bordo y la azafata ofrecía con agradable sonrisa, cosa que ya se ha perdido. Todos, degustaban y saboreaban los alimentos y Domingo, serio y compungido sólo veía pasar frente a él las charolas del servicio sin probar bocado. Fue hasta el terminar el vuelo y ya en tierra, que alguien le preguntó: – ¿Y tu Domingo, porqué no comiste nada? ¿Que no tenías hambre? A lo que éste el picador respondió: – ¡Hambre si tenía. Lo que no tenia es parne ! (dinero, monedas, en el hablar de los taurinos) ¡No traigo ni un quinto en los bolsillos!

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