LA CÁTEDRA TAURINA DE MARIO VARGAS LLOSA

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Continuando con la Cátedra Vargas Llosa ya que los taurinos estamos de muy plácemes por el otorgamiento del Nóbel de las letras a don Mario, mismo premio que en unos días le será entregado por la Real Academia de Estocolmo Suecia al escritor en la solemne ceremonia de premiación. De el autor de Conversación en la Catedral, Los Cachorros y Los Jefes de las publicaciones de sus escritos, de sus notas autobiográficas, relatos, recuerdos y las imborrables impresiones de su temprana y muy cultivada afición, cuando, al igual que la mayoriíta de los aficionados asistiendo de la mano de sus mayores asistía a las corridas de toros, recogemos La Capa de Belmonte estos bellos conceptos: “El Tío Juan” nos contaba a mi y a mis primas Nancy y Gladys que esa hermosa capa oro y gualda, recamada de pedrerías y testigo de milagrosas faenas en los cosos de España y América se la ha había regalado el gran Juan Belmonte a su padre (…) No era un capote de torear, sino una capa de adorno, para el paseíllo, pero mi tío Juan la utilizaba igual para citar al invisible astado y con movimientos lentos, rítmicos, de graciosa elegancia, confundir y marear al animal obligándolo a embestir una y otra vez, raspándole el cuerpo, en una danza mortal que a mi y a mis primas nos mantenía hipnotizados. Aquellas noches yo salía a las plazas a torear y escuchaba clarines, pasodobles, y veía los tendidos alborotados por los gritos entusiastas y pañuelos de los aficionados”.

Bellos, hermosos recuerdos de don Mario, que todos aquellos que más o menos andamos por la misma edad, tenemos presentes: “Un acontecimiento excepcional de aquellos años fue la llegada al Cine Rex, cercano a la Plaza de armas de Cochabamba, de la película Sangre y Arena, con Tyrone Power, Linda Barnell y Rita Haywort. Gocé, sufrí – escribe Vargas Llosa – y soñé tanto con ella, me la sabía de memoria y además la reprodujimos varias veces en el vestíbulo y los patios de la profunda casa cochambambina donde vivía la tribu familiar, que nunca he querido volverla a ver, temeroso de que aquella inolvidable historia sentimental, de amores heroicos y corridas épicas, vista hoy día desencantara y aniquilara unos de mis mejores recuerdos de la infancia (…) aquella soleada tarde en que el abuelo Pedro – yo debía andar por los ocho o nueve años de edad – me tomó de la mano y me hizo subir la larga cuesta que conducía a El Alto, aquella cumbre desde la que se divisaba todo el valle de Cochabamba y donde estaba la placita de toros de la ciudad, para presenciar la primera novillada de mi vida, yo era ya poco menos que un experto en tauromaquia. Sabia que una corrida constaba de tres tercios, los nombres de los pases, que los Miuras eran los bichos más bravos y más nobles, y que las banderillas y la pica no se infligían al toro por pura crueldad, sino para despertar su gallardía, embravecerlo y, a la vez, paradójicamente, bajarle la cabeza a la altura de la muleta. Pero una cosa era saber todo eso, y otra ver y tocar la fiesta y vivirla en un estado de trance, emocionado hasta los tuétanos. Todo era hechicero y exaltante en el inolvidable espectáculo: la música

Los jaleos de la afición, el colorido de los trajes, los desplantes de los espadas, y los mugidos con que el toro expresaba su dolor y su furia. Elegancia, crueldad, valentía, gracia y violencia se mezclaba en esas imágenes que me acompañaron tanto tiempo. Estoy seguro de que al regresar a la casa de Ladislao Cabrera, todavía en estado de fiebre, aquella tarde había tomado ya la resolución inquebrantable de no ser aviador ni marino, sino torero (…)

(…) No puedo separar del recuerdo de esa capa de la figura epónima de Mito Mendoza, un primo del tío Juan, que sabía de toros todavía más que éste, y que, hablando de la fiesta, contando corridas célebres y faenas paradigmáticas y chismografías de ganaderos, empresarios y toreros, se excitaba de tal modo que se ponía colorado y accionaba y alzaba la voz como si algo lo hubiera enfurecido. Pero estaba feliz y en esas apoteosis solía exigir que le pusieran en las manos la Capa de Belmonte para pasar a la acción.

Este maravilloso escrito del hoy Nobel de Literatura bien merece continuar ser reproducido y comentado, cosa que haremos en la próxima entrega.

 ¡Sacudiendo la choma!

 Breve nota explicativa:  

Se pronuncia “schhoma” y es un trozo de penca de maguey, verde, fresco, flexible que se acomoda como “jícara” para tomar el “neutle” o pulque, bien llamado “néctar de dioses” en el campo durante maniobras de embarque, en herraderos y demás labores; su ingesta además de vigorosa y reconfortante, resulta refrescante. Una vez servido, cada ración es de más o menos medio litro, debe tomarse de un solo trago y en forma de reto; un bebedor frente al otro, y terminado el gran y largo trago, con una mano se sujeta y se sacude violenta y enérgicamente la schhoma, para que suelte la hebra o baba, como se dice comúnmente, en el campo, “pa´ que suelte el alacrán”. En la foto, el Juez de callejón Pepe Luna ejecutando la acción de beber rico neutle en la schhoma. Esta delicadísima maniobra de gourtmets de campo se le llama “sacudiendo la schomma”. Y en este breve espacio le utilizamos como expresión para un comentario sobre alguno de los aconteceres taurinos recientes.

Preocupante, muy preocupante, resulta que los toros se sigan cayendo y más si lo hacen frente a la misma cara del caballo y antes de recibir la puya, tal como ocurrió los domingos pasados con los toros de Xaxay, motivo por el que Fernando Ochoa y Castella no pudieron bajarles la mano para torearles de manera sabrosa, ya que si lo intentaban los cornupetas perdían las manitas y se iban al suelo. A Arturo Macias y a José Mauricio, les pasa exactamente lo mismo: ambos perdieron la brújula y piensan encontrarla con maestros “importados”, Arturo con Corbacho (primer llevandero de José Tomás) y José Mauricio con Neila (primer maestro de Tauromaquia). Lo cierto es que andaban mejor cuando tenían llevanderos de los nuestros. Y volviendo a los toros que se caen y al hacerlo hacen que se derrumbe la fiesta, en el caso de los de Sordo Bringas de esta última corrida, dos que tres de Juliam Handam también “doblaron la manitas de cara” frente al caballo, y no puede argumentarse que sea debido a la falta de alimento, pues en ambas casas de ganado criar, lo que sobra es grano y dinero para comprarlo. ¿Entonces?

 

 

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