¡LAS ESPANTADAS!

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Espantada, según el diccionario taurómaco es; Cuando un matador se retira bruscamente de la cara del toro, generalmente, arrojando al suelo el engaño. Y por extensión podemos agregar que; cualquier actuante, vestido de luces puede estar en esta situación de espanto, muchas veces pánico y puede arrojar al suelo, muleta, capote, banderillas o cualquier avío. Entiéndase; la huida repentina de la cara del toro y por tanto, disentimiento súbito del lidiador de cumplir su encomienda, la de lidiarlo, ocasionado por el miedo. En esta acepción se ha empleado con asiduidad el apocope: espantaa.

El maestro Pepe Alameda, le llamó también «La Graciosa Huida» haciendo alusión que a veces para disimular la espantada, el torero prefiere «tomar las de Villa Diego» y salir huyendo, eso si, graciosamente, sin que por eso deje de ser una espantada. Célebres, de toda celebridad han sido las espantaas, así llamadas de Rafael Gómez «El Gallo», en las españas por los años veintes de siglo pasado y después de los cincuenta en México las de «El Berrendito de San Juan» Luis Procuna, quien literalmente se tiraba de cabeza al callejón, y algunos otros que han hecho del miedo y sus espantadas, una bandera son: Joaquín Rodríguez «Cagancho», Rafael de Paula y entre los nuestros Rodolfo Rodríguez «El Pana».

La huida puede deberse a diversas causas; el tamaño, trapío y condiciones del enemigo a lidiar, o bien la actuación definitivamente superior de otro de los alternantes; el recuerdo, la llegada súbita y repentina de alguna experiencia anterior, similar o más dramática que terminó en alguna cornada o incidente grave. De facto, debe de existir en la memoria, como «hecho reciente» el antecedente de algún incidente de serías consecuencias; cornadas, de aquellas de las que el torero no sabe, desconoce la causa, y ante la posibilidad evidente de que el accidente se repita, el sub-consiente del torero le traiciona y le hace pegarse la «espantaa» y esto por razones obvias resulta más evidente cuando la cornada anterior ha sido en el recto o zonas de la parte trasera del cuerpo, que además resultan dolorosísimas, y que casi por «instinto» el torero o subalterno que ha sufrido percances con lesión dolorosa, cae victima, presa del pánico y difícilmente puede evitar la huida. El Maestro «Armillita» sentenciaba: son respuestas incontrolables que dicta el instinto de conservación». Lesiones son estas, además de corporales, sicológicas de muy difícil superación.

 

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¡Hablan los toristas!

Los Palha, provienen desde el siglo XIX, son famosos por su bello pelaje, hechura y agresividad, su propietario, hombre de campo habla: «Soy mucho más torista que torerista, porque entiendo que cuando se es bueno puede con todos los toros. El torero tiene la obligación de saber torear a todo tipo de toros, a los más facilones y también a los difíciles. Yo disfruto con el toro bravo, muy bravo. A veces ese toro puede dar la impresión de ser una fiera a la que nadie puede le hacer nada. Pero lo bueno es que la gente tenga en su asiento la sensación de peligro, el público no puede dormirse en el tendido: lo que es necesario es que el público hable, diga lo que diga al salir de los toros. Tiene que haber algo que transmita que es realmente difícil hacer aquello que hace el torero».

Pregunta la reportera Ana Fernández Garciani de Campo Bravo al ganadero Fernando Palha: ¿En la fiesta de los toros es necesaria la tragedia? Responde el ganadero: – «Si, si, claro, Si no hay tragedia, no hay miedo. Y si no hay miedo no hay posibilidades de probar que el hombre, con su inteligencia, con su capacidad, con su supremacía, es capaz de dominar a la fiera que quiere hacer mal».

Viene nuevamente a la memoria la frase sentenciosa de Corrochano en su Tauromaquia; ¿Qué es torear? Se pregunta, y se responde: – Joselito, creo que lo sabía y a Joselito lo mató un toro.

A propósito de esto Luis Miguel Dominguín, respondió así a Dinastias el 26 de septiembre de 1987, con motivo de su segundo matrimonio¨: «Toda mi vida la he pasado tratando de encontrar a la mujer y al toro. A éste último no lo encontré, a la mujer creo que si».

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¡EL BICENTENARIO Y LOS TOROS!

Gran revuelo ha ocasionado en el ambiente que rodea a los festejos, del Bicentenario del inicio de la independencia de lo que es hoy nuestro país, sobre todo en lo concerniente a la personalidad del llamado Padre de la Patria Don Miguel Hidalgo, sabido ha sido por la historia y más que nada por la tradición oral, el relato que ha pasado de una generación a otra; lo muy inquieto que era el padre Hidalgo, aficionado a mil cosas, los gallos los juegos de cartas y sobre todo gran aficionado a la más bella de todas las fiestas. Investigadores interesados le ubican como propietario de los ranchos: «El Jaripeo», «Santa Rosa» y «San Nicolás», en tierras del centro del país, se sabe con certeza de alguna corrida salida de sus potreros que se lidió en Acambaro, Michoacan. Los festejos de la efemérides del Grito de Dolores han dado lugar a la edición cinematográfica de la vida quien se llamó; Miguel Gregorio Antonio Ignacio Hidalgo y Costilla y Gallaga Villaseñor, película con el atractivo nombre de «La Historia jamás contada» en la que se desmitifica al cura y en una escena de dicho film aparece en las barreras del tendido en una plaza de toros, asistiendo, muy bien acompañado a un festejo. La foto que acompaña este Post, ilustra tal escena.

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