LOS CONTRATOS Y LAS EXIGENCIAS DE LOS TOREROS

.

 

Ser figura del toreo significa ser mandón, y mandón, – – valga la perogrullada – – es saber mandar, vamos a comentar aquí algunas exigencias de toreros plasmadas por escrito en contratos, que pueden considerarse verdadera documentación histórica como el que firmaron Lorenzo Garza, llamado entonces “El Magnifico” y el empresario Antonio Algara por la EMPRRESA ESPECTACULOS DE LA PLAZA MEXICO S.A. la fecha que registra el contrato signado en la Ciudad de México, por triplicado – – reza el texto – – a los veinticinco años del mes de mil novecientos cuarenta y cinco. Siendo Garza, llamado también “El Ave de las Tempestades”, dichas tempestades, verdaderas tormentas de escándalo podrían acarrear serias consecuencias, que a veces concluían con el matador, detenido y encerrado tras las rejas. Como un acto precautorio de lo que pudiera pasar se establecía una cláusula que incluso se repite en el texto del contrato, la número SEXTA, dice: Las multas que por cualquier caso fueren impuestas al Diestro Lorenzo Garza, en sus actuaciones, serán pagadas por la Empresa. Y se repite lo conceptual en la número DECIMA, que señala: Será obligación exclusiva de la Empresa cubrir todas las multas que por cualquier causa fueran impuestas al Diestro Lorenzo Garza en sus actuaciones en la Plaza México.

En cuanto a otros privilegios y prebendas que el Diestro reclamaba para si y la empresa aceptada en el contrato estaba la posibilidad de alguna lesión, para ello la cláusula OCTAVA manda: En caso de que el Diestro Lorenzo Garza sufra algún percance que le impida actuar en alguna o alguna de las fechas que se mencionan en este contrato, le serán transferidos todos los derechos y de común acuerdo entre Diestro y Empresa, en el plazo que estipula éste contrato. Y es que el recio carácter del regio podía en cualquier momento dar lugar a algún altercado grave que obligara a la suspensión de derechos del matador por su gremio profesional o incluso por orden jurídica, por lo que la Cláusula NOVENA, contempla: En el caso de que el Diestro Lorenzo Garza sufra alguna suspensión oficial que le impida el cumplimiento parcial de éste contrato, la Empresa está de acuerdo en hacerlo efectivo en su totalidad.

Así se las gastaba el señorón de Monterrey. Su contrata abarcaba varias fechas, estas se especifican claramente en el documento de contrato, incluso se deja claro que la presentación del Diestro en la temporada sería en la cuarta corrida y se señalan las fechas posteriores; y hasta cuales serían sus alternantes, en este caso se menciona a los hispanos: Domingo Ortega, Manuel Rodríguez “Manolete” y de los mexicanos; Fermín Espinosa “Armillita”, Silverio Pérez, y la Alternativa de Félix Briones, dejando a la empresa en libertad de poner al tercer alternante. La paga pactada para el torero regio fue de $ 100 000 pesos de aquellos a tipo de cambio de $ 4.65 por un dólar por cada una de las cinco corridas contratadas y la cantidad de $ 125 000 pesos en caso de que la empresa decida montar un mano-a-mano, quedando en libertad de organizarlas como le conveniere. Aquí hacemos un alto en la lectura del documento, para señalar la importante diferencia del poder adquisitivo de la moneda en 1946. Y que actualmente en estos sufridos días de crisis económica, los toreros y sus apoderados a veces tienen que organizar verdaderas pesquisas para localizar a la empresa o empresario, — corretearlos — es la palabra, para cobrar su sueldo que muchas veces es pagado con cheques que suelen como pelota de hule “rebotar” y acaban siendo cobrados en dos tres o mas cómodos pagos. Al enorme Lorenzo especifica el contrato que el pago sería en efectivo y a su “entera satisfacción” ¡24 horas antes de la actuación! Y queda escrito claro, muy claro que ninguna de las corridas podría ser con fines benéficos. Por último, en caso de problemas que pudieran surgir el documento contrato puede ser elevado a nivel de escritura pública.

Para terminar con el tema, debemos hablar del otro tipo de contratos que existe muy en uso en el medio y que está desde el inicio mismo de la actividad contractual: se trata del contrato hablado, el no escrito, el que es sellado “firmado” con un fuerte apretón de manos, de caballeros, de hombres de palabra; “un apretón de manos – – dice Pepe Dominguín en “Mi Gente” — sella la negociación que invariablemente se cumple. Los hombres tienen palabra y honor, que vale más que las letras menudas de las múltiples cláusulas que habrán de ser cumplidas”. Eso de que invariablemente se cumple, es un decir, lo cierto es que muchas veces el apretón de manos se convierte en un cumplimiento en una sola dirección, lo cumple y cumple de la parte convenida quien lleva el interés y las ganancias a su favor y la parte contraria, se queda con eso…un fuerte apretón de manos.

 ***

  

Junio de 1973, día 3. Barcelona.

Paco Camino parte plaza al lado de Luís Miguel Dominguín y Palomo Linares. En la cuadrilla de Camino va su hermano menor, banderillero y peón de confianza, a quien Paco ha ayudado siempre desde pequeño y se ha expresado de él: – – “Jamás vi mozo más plantado ante los toros”. “Joaquín – – relata Loret De Mola – – quiso ser torero pero el peso de la figura de su hermano le dificulta realizar su sueño; entonces Paco le recibe en su cuadrilla, y ésta tarde en Barcelona marchan juntos, como tantas veces. El segundo de Atanasio Fernández pesa 544 kilos y demuestra asperazas muy extrañas en los astados de su procedencia”.

Paco quiere sujetarlo con la capa pero el burel desarrolla genio y el matador se limita a bregar con limpieza. Se retira al burladero para ver transcurrir el segundo tercio. – – Venga Joaquín. Tranquilo, que el bicho es peligroso. A lo que el hermano responde: – No pasa ná Paco. Es lo de todos los días.

Joaquín va al toro despreocupadamente; el burel se arranca y clava los pitones en las carnes del banderillero, infiriéndole dos mortales cornadas; una penetra el tórax y le desgarra el pulmón; la otra penetra por el muslo izquierdo y le destroza el abdomen. Paco a cuerpo limpio le quita el toro a su hermano. Su rostro se horroriza, pero conserva la serenidad suficiente para conducir el herido a la enfermería. Transcurren unos minutos. Paco sale cabizbajo y toma la muleta; castiga al toro con pases enérgicos. Torea por bajo con furia mientras su faz muestra la palidez de una gran amargura. Media estocada precede a una entera que termina con la existencia del astado asesino. Joaquín agoniza y Paco corre a su lado mientras el resto de la cuadrilla recorre el redondel agradeciendo la ovación.

Alguien le pregunta un día – – ¿Qué te han quitado los toros, Paco?

– – ¡Allá en Barcelona, una vez, uno me quito un hermano…!

Etiquetas:, , , , , , , , , , , , , , , , , ,

"Trackback" Enlace desde tu web.

Deja un comentario