En el toreo, la rectitud debe predominar

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A propósito de lo que se ve venir con el tan mentado y ya chocante término pese a que tiene poco tiempo de nacido, de  Nueva Normalidad, muchas, muchas cosas deberán de cambiar, pero otras muchas más en el toreo; en lo que todo es perdurable y eterno, incluso lo efímero; vamos lo que permanece, lo que se conserva en mente, en los recuerdos. Mucha de su esencia debe continuar y de entre ello destaca: La Rectitud, la verticalidad, esa majestuosidad que se plasma en la estatuaria figura de las figuras, – valga la redundancia –. Apreciamos en la foto está Bendita virtud en el toreo del joven Ángel Sánchez con un Santa Coloma en la Plaza de Las Ventas. (FOTO 1)

 

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De impacto la rectitud, con píes y zapatillas juntas con naturalidad que conserva Manuel Escribano. En definitivo, resulta mucho más hermoso una relajada rectitud, sinónimo de poder y mando, que un exagerado estiramiento, que muchas veces puede significar una actitud subconsciente de temor, lucha inconsciente contra el miedo. O de otra forma dicho, defenderse de las embestidas con intensos movimientos del cuerpo, así es como han surgidos los exagerados estiramientos del cuerpo y brazo, disque imitando el toreo de antes.

 

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¿Qué, más rectitud, relajamiento absoluto al torear se puede pedir? Vemos a José Antonio Morante el de la Puebla, pegado a tablas, actitud de un reconfortante relax a nivel de “Barra de Bar”. En la foto sólo hace falta, en la barra un Martini bien seco, helado con aceituna al borde de la copa. Al contrario un horripilante resultado; una antiestética figura se obtiene cuando con la mano que no torea – perdón, error al escribir, pues todo el cuerpo torea – , la que no lleva la muleta, se eleva esa mano hasta en forma exagerada para hacer el “avioncito”, planear en el aire con esa mano, los dedos crispados, exageradamente tensos, más parecen engarrotados,  manifestación de susto – perdón, de nuevo por el error, es tenebroso miedo – temor a lo que pueda ocurrir, y curiosamente ese miedo existe, está bien presente en algunos matantes ya con cierta experiencia, muchas horas de vuelo = muchas tardes de ruedos, pero que han sufrido cornadas, algunas serias o graves y el temor, miedo a sufrir otro percance que permanece en el subconsciente y aflora ante las embestidas aunque se trate de una vaca brava con edad y soberbia encornadura, salta al consciente espontánea e incontrolablemente y se manifiesta con el planear de la mano en el aire, haciendo el “avioncito”. 

 

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De ahí nuestro señalamiento de que los verdaderos Maestros del toreo, que pocos, pero sí los hay, al comenzar a torear los chavales,  al dar sus primeros muletazos en el campo, empiezan con el intento, muchas veces puede ser instintivo; de defensa y quieren acompañar el pase con la mano tensa al aire. Por ello el consejo de usar el ayudado en la mano opuesta que quiere volar y dejarlo caer suavemente tras la cadera. De ahí también, y mucho lo escuchamos, a las primeras veces de tomar muleta aconsejan meter suavemente la mano opuesta en el bolsillo trasero del pantalón, si lo tiene claro, o apoyar la mano en la cadera. Y con el toreo de capa esto no se requiere para hacer el lance con esto que hoy comentamos ¡La Rectitud! Las manos bajos con relajamiento tal como se ve Roca Rey en la foto. 

 

GRANDES DECIRES  DE LA FIESTA: “El que tuvo, retuvo”

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Así es; “El que tuvo, retuvo” dice la sentencia y en el toreo, se manifiesta con más fuerza, se corrobora que lo bien aprendido, el que buena técnica tiene por siempre la retiene. En una plática en labores de tienta se escuchó:  << Lo hablamos el otro día en casa – “ La Palmosilla” – y sí le sale un dia un toro que permita a Pepe Luis, acariciar, hablando de Pepe Luis Vázquez claro, ¿Qué pasaría? >>. Respuesta: – “Lo inevitable, descubrir el Mediterráneo”. Era una tienta de preparación del Maestro, tal como vemos en la foto. 

 

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Llegó la hora de que el experto andaluz volviera a vestir de luces en medio de gran expectación en la Plaza, y veamos lo que sucedió: apareció la quietud, la maestría de la Rectitud, bellamente exornada por la recia personalidad del torero que viste de Verde Esperanza y recamado bordado en Oro viejo, un simbolismo: la esperanza de convertir en eterno lo terrenal. 

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