Semana Santa, un clamor; una Saeta que canta con fervor

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Por primera vez en muchísimos años todas las Procesiones de Semana Santa en Sevilla han sido canceladas, se habla de llevarlas a cabo en el mes de septiembre, puede, podrá ser así,  pero de seguro no será igual. Cada año en estas procesiones con muchísimo fervor son lanzadas al canto las sentidas saetas que en estos días desde los balcones serán son cantadas con gran sentimiento, clamando que lo vivido, las amargas experiencias y más para las familias, con pérdidas de los queridos quienes no volverán a asomar a los balcones para ver los Pasos que a rítmicos y marciales, ceremoniosos pasos so llevados en andas.  Que eso jamás vuela a ocurrir. Tal es el clamor. El Cristo del paso “El Señor de las 3 caídas”, quedará en su Capilla. 

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Las suspensiones de festejos taurinos NO se daban en España desde el año de 1918 con motivo de la grave epidemia de gripe. Incluso durante la Guerra Civil Española se dieron corridas con inesperados y tumultuosos llenos en los tendidos. Únicamente se dio una suspensión en la capital por un mes en 1919. Este año el canto del poeta es amargo y extrañando el tradicional desfile de los Misterios que en andas son llevados. Bien vale recordar los versos de “Campos de Castilla” 1907-17: “Mi infancia son recuerdos de un campo de Sevilla / y un huerto claro donde madura el limonero/ mí juventud, veinte años en castilla: mi historia algunos casos que recordar no quiero…” Esto que ahí están viviendo, recordarlo, nadie quiere. Mucho se antoja el decir”No se, dejar quisiera mi verso, como deja el capitán su espada”. No se verán en las calles los Nazarenos, encapuchados, con sus largos y picudos conos de gorros, no saldrán en las procesiones sevillanas ni en ningún lugar de España o México. (FOTO 2) 

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En estos dias amargos y de encierros en casa el canto del poeta es amargo y así suena lo escrito por José María Jurado en su  “A solas con mi túnica”:  “Madre de los jacintos, alza tu réquiem blanco / inunda la ciudad con tu silencio / expande los silencios con la música que no se puede oír y es la más dulce / …/ Tengo miedo Señora, en este trance de horror y soledad con mi vacío al hombro”. Para muchos sevillanos y visitantes sería terrible salir a los balcones en estos días santos y ver con tristeza y asombro que ya no están junto, los abuelos, padres o algún otro familiar como año, con  año acontecía en esa hermosa tradición familiar. (FOTO 3) 

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Esta muy expresiva foto lograda por certero disparo de Manu Fer Gómez Fot, lo dice todo, la clemencia ante la Virgen de la Esperanza que sostiene al niño Jesús en brazos, el  Santo Niño con un mundo en su mano ante las miradas antenas y con mucho extrañamiento de los menores que también en brazos de sus padres son llevados – este año no lo serán – a contemplar la marcha, la muy sincronizada y rítmica marcha de quienes a hombros llevan las veneradas imagines de los Misterios. 

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Don Rodolfo Gaona en plenitud de su juventud, pegando el lance de su creación “La Gaonera”. FOTO “La Lidia” 1942.

El general Porfirio Díaz era entonces presidente de la República,  corría el año de 1907, recibió en su residencia de la calle Cadena No. 8., al arrollador Rodolfo Gaona para felicitarlo por el sonado triunfo la tarde anterior, le recibió con su carácter, secamente, pero con atenciones correctas: -¿Y, que tal las corridas, ya producen dinero? /  – Algo, Señor, lo suficiente para empezar. / ¿Y qué ha hecho Usted con ese dinero? /  – Pues comprarle una casita a mi madre en León de los Aldana. / … -¡Pues a trabajar amigo y a economizar; más tarde, Usted se casa y tiene hijos, puede matarlo un toro y así ya les deja algo para vivir. 

 

Anecdotario taurino. Hechos de la vida real de Don Rodolfo

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Recibo de pago de la suscripción de Don Rodolfo por un año a la revista “La Lidia” por un año 1943. 

Lo importante que vale señalar de lo que vemos en el recibo es: Don Rodolfo vivía en Paseo de la Reforma, lujo y distinción que ninguna de las “Figuras” actuales puede darse: Luis Procuna sí se lo dio en sus tiempos de gloria. “La Lidia” se publicaba semanalmente a un costo de 25 centavos cada ejemplar, o sea $1.00, un peso al mes, la suscripción que él Indio Grande pagó por el año de 1943 fue por la cantidad de once pesos…¡Un peso de descuento por la suscripción anual! Véase la estampilla, el timbre de impuesto al margen por 2 centavos. 

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