Tauromaquia

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EL DESTETE Y EL HERRADERO  

“El Herradero”, según lo describe don Álvaro Domecq y Díez, es una “jornada alegre y oficiosa a la par”. Alegre por que en muchas casas ganaderas esta labor es motivo de convite a familiares y amigos del ganadero y oficiosa por tratarse de una faena o labor de campo, que requiere experiencia, conocimiento y por tanto “oficio”.

Para realizar el herradero es necesario separar de sus madres tanto a los críos y las crías, como becerros y becerras – y esto no lo dijo Fox, así se hace desde siempre – labor, harto difícil, si tomamos en cuenta que se trata de algo que va contra una disposición de la naturaleza, que es el hecho de que la vaca, instintivamente quiera retener a su becerro y que este quiera permanecer al lado de su madre y si a lo instintivo le agregamos la bravura, imagínese usted, que queda cordialmente invitado a separar a un becerro de su brava madre en pleno campo. Por ello, la mayoría de casas ganaderas realiza estas acciones de manera simultánea, o casi, pues, el día o unos días anteriores al herradero se realiza la separación o destete.

Vaqueros y caporales por la tarde, van separando a los becerros de las vacas, para ello se recurre a la facilidad de algún corral anexo a la plaza de tientas adonde se hace pasar a toda la punta de vacas con su descendencia, cerrando la puerta a la salida de cada vaca, dejando dentro del corral a la cría.
Esta separación, que decíamos puede hacerse días antes, deriva en que el becerro dejará de amamantarse por lo que se le llama destete. Antes del día de el herradero – los becerros y esto se hace a la edad aproximada de nueve meses, edad que fluctúa entre los ocho meses y un año – comenzaran algún otro tipo de alimentación y el ganadero podrá observar si la aceptan o les ocasiona cierto trastorno intestinal, nueva alimentación que se inicia cundo el becerro comienza a comer hierva fresca.
La manera más tradicional de hacer esta maniobra llena de sabor campirano, es apoyándose como ya dijimos en el muro o barda de la plaza, alguna otra estructura, o bien en un grupo de árboles donde sea posible hacer la separación de tal manera que la vaca vaya por un lado y la cría por otro. Resulta curioso e importante señalar que la “experiencia” de las vacas contribuye a facilitar o complicar el trabajo; las vacas viejas, ya acostumbradas a lo que está ocurriendo, “saben” que perderán al hijo, pero “saben” también que pronto serán aparejadas de nuevo y tendrán nuevos hijos, por tanto “facilitan” la maniobra, en cambio las jóvenes, se muestran renuentes a la separación y la bravura unida al instinto, complican el trabajo, recordemos que la vaca tratará de huir, y por querencia regresar al campo, pero al verse separada de su becerro, regresará y bravísima dará la vuelta embistiendo furiosa contra quien o quienes le arrebatan su cría, momento de gran peligro para caballos y vaqueros. Las vacas sintiéndose agredidas embestirán y se arrancaran agresivas, por algo, Hemingway absorto ante estas faenas expresó que: “Si las calidades humanas tuviesen olor, el valor para mí tendría el del cuero ahumado”, que es más o menos el olor de quienes intervienen en las faenas de campo.

Para quienes viven en el campo, entienden del campo y aman el campo la primera noche del “Deshijadero” resulta dramática, las vacas en los potreros, bramando, restregándose a las tapias y “cantando” su dolor, mientras los becerros en el corral braman también y lloran por sus madres.

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Breve nota explicativa:
Se pronuncia “schhoma” y es un trozo de penca de maguey, verde, fresco, flexible que se acomoda como “jícara” para tomar el “neutle” o pulque, bien llamado “néctar de dioses” en el campo durante maniobras de embarque, en herraderos y demás labores; su ingesta además de vigorosa y reconfortante, resulta refrescante. Una vez servido, cada ración es de más o menos medio litro, debe tomarse de un solo trago y en forma de reto; un bebedor frente al otro.  — Ver foto: Rodolfo Rodríguez “El Pana” frente al ganadero Marco González, tomando de sus schhomas, durante un embarque en Piedras Negras. — y terminado el gran y largo trago, con una mano se sujeta y se sacude violenta y enérgicamente la schhoma, para que suelte la hebra o baba, como se dice comúnmente, en el campo, “pa´ que suelte el alacrán”. Esta delicadísima maniobra de gourtmets de campo se le llama “sacudiendo la schomma”. Y en este breve espacio le utilizamos como expresión para un comentario sobre alguno de los aconteceres taurinos recientes.

Va: Sacudiendo la choma…
Afortunadamente el accidente no pasó a mayores; el caballo de Pablo Hermoso de Mendoza, “Caviar” resbaló frente a la cara de “Cayetano” toro, mulato de pinta, de Rancho Seco, provocándose peligrosa caída, raro es ver al caballista estelles en este tipo de apuros. Los pitones del toro insistían en penetrar el abdomen del cuaco, cosa que no pasó y la caída del jinete resultó sin consecuencias. ¡Vaya susto!

 

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Va de anécdota… De todos es sabido que los brindis de las faenas   ocurren ante un personaje, una bella dama, artista, políticos, que con el señalamiento se exponen a la rechifla y abucheo, o amigo del torero, esto ocurre en las plazas importantes. Sin embargo en esos pueblos de dios, los subalternos banderilleros y hasta picadores, no pierden la oportunidad de hacerse notar –costumbre, está que esta desapareciendo, afortunadamente – con el brindis, de algún puyazo o de un par de garapullos, buscando siempre la recompensa o correspondencia al tal brindis, y así obtener algo de parné; dinero para el pasaje de regreso, para el almuerzo o para la compra de algún “soullevar”, para no regresar a casa con las manos vacías.  Por aquellos rumbos de León de Aldamas en Guanajuanto, todo mundo sabía de la presencia en la plaza del pueblo de un personaje en primera fila al que todos solían bridarle y como agradecimiento recibían siempre de regalo un par de botas camperas, pues el tal sujeto era propietario de una fábrica de zapatos y botas. El eterno aspirante a banderillero, llamado “El Humilde“  iba de cuadrilla y al ser informado por sus compañeros que si efectuaba al banderillear el brindis al tal sujeto, de seguro regresaba a casa con un buen par de botas. Por lo que, “El Humilde”, una vez sonado el clarín del cambio de tercio a banderillas; garboso se acercó al propietario de la casa de zapatos y botas hacer, muy solemne le brindó, acompañando la acción de saludarle con el par de palitroques en mano diestra y la otra en jarras con el dorso apoyado en la fajilla de la cintura. Para ir a la segura, amarró su brindis con estas palabras: ¡Va por Usted!….¡Caféces y del siete y medio!

 

 

 

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