Archiv para agosto, 2017

¡Manolete en Puebla. A setenta años de su muerte!

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Páginas de oro en la historia del Toreo en Puebla.

3 veces 3, fueron las que Manuel Rodríguez “Manolete” toreó en Puebla, por supuesto, las tres en el añorado e inolvidable “TOREO DE PUEBLA”, fue la primera a sólo tres días previos a la inauguración de la Plaza México, 5 de febrero de 1946. El día 2 de mismo mes y año. “Manolete” partió plaza en Puebla, al lado de Silverio Pérez y el Maestro Fermín Espinosa “Armilita Chico”, los toros fueron de las dehesas de “La Punta”. El resultado del festejo no estuvo acorde con las expectativas:”…resultó un fiasco” sentenció la crónica.

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Toreo de Puebla. Para la historia, parten plaza; don Álvaro Domecq, a caballo y por delante. Lorenzo Garza y Manuel Rodríguez en mano – a – mano.

El día de Año Nuevo, 1ero. de enero de 47, año de su trágica muerte lo inicia el “Monstruo de Córdoba” toreando en Puebla alternando con el de Saltillo, Fermín Espinosa y el llamado “Talismán Poblano” apreciado torero de la tierra, Felipe González; también con ganado de “La Punta”. Nuevamente no se dio el resultado esperado y esta vez el mal tiempo también contribuyó a que las cosas se dieran mal, de los toros de “Manolete” se escribió: “Toros con lidia no apta para el estilo del torero”

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Manuel Rodríguez “Manolete” también sabia divertirse en noches inolvidables de juerga con enormes compañías.

La tercera y última actuación del Califa cordobés en el coso angelopolitano fue ese mismo año 1947, en un Mano-a-mano con el llamado “Ave de las tempestades” Lorenzo Garza, actuación anunciada como “UNICA” de estos toreros, alternando juntos,, llevando por delante al Caballero en Plaza don Álvaro Domecq. Esta tercera vez en Puebla sí fue la del triunfo apoteósico: “Fuerte ovación tras la lidia del Primero. Una oreja del segundo y en su tercero lució toda su liturgia y repertorio para gran estocada y recibir de premio, como entonces se estilaba una oreja y el rabo.

Esta por demás decir que en estas tres históricas tardes los llenos fueron literalmente “hasta el reloj”, el “Toreo de Puebla” reloj tenía en su torre por las alturas de la puerta de cuadrillas y hasta ahí trepaban los entusiastas aficionados para ver las corridas; abrazados, trepador,  encaramados en dicha torre en espléndido escenario de lleno total en los tendidos.

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El “Monstruo de Córdoba” toda una liturgia del toreo

También es de señalar que el cartel de la primera tarde: Manolete, Silverio y “Armillita” solamente pudo verse como tal en Puebla y se presentó con los mismos espadas en la capital como “Corrida de Beneficencia” debido a las muy altas aspiraciones de los 3 cotizados matadores, cuya categoría así lo demandaba. El otro señalamiento es que Lorenzo Garza y “Manolete” enfrentados en Mano-a-mano únicamente se vio en Puebla, acompañados, de otro monstruo de la época a caballo, don Álvaro Domecq.

ANECDOTARIO TAURINO.

MANOLETE de Puebla a Orizaba, bajando las cumbres.

Muchos buenos momentos pasó Manolete, durante sus viajes a México; muchos satisfactores personales, también obtuvo, entre ellos; viajó y cruzó la frontera norte para adquirir, del otro lado, un automóvil marca Buick modelo de 46, carro, prácticamente imposible de verse en las calles de la Europa de esos años. Por barco lo envió a casa. En ese auto, manejando él, llegó a Linares el 27 de agosto de 1947.

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“Manolete” se apoya en el guarda fangos del hermoso, imponente Buick que adquirió en estas Américas para llevarlo a España.

Aquí en México por nuestras carreteras viajó mucho. Iban trasladándose de Puebla a Orizaba, Veracruz, por la sinuosa y muy peligrosa carretera de las “Cumbres”, de Acultzingo, así conocida. En algunos tramos, los autos tenían que cambiar de sentido para facilitar tomar las curvas, tanto en el ascenso, como en el descenso.

Descendían: al volante el fiel mozo de estoques, el popular y querido “Chimo”, Manuel Rodríguez ocupaba el asiento delantero del co- piloto. Viajaba con ellos el apoderado Camará. En eso, una falla en los frenos, hizo al auto salir prácticamente proyectado por fuera de la carretera, rumbo al abismo, la muerte segura.

Manolete, logró halar el volante con la mano derecha, por puro instinto al visualizar un claro entre las rocas, lo que se llama el “volantazo” El grandioso Buick quedó montado en una roca, las ruedas delanteras, locas girando en el vacío.

Con esa torera parsimonia que le caracterizó,  Manolete dio una palmada en el hombro al “Chimo”: ¡Este derechazo ha sido el mejo que he dado en mi vida! –  Dijo.