Archiv para abril, 2014

La Verónica. Una mujer piadosa, un lance clásico.

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Dice la tradición cristiana. Y esto no está registrado en las sagradas escrituras: Nuevo Testamento, que cuando Jesucristo iba camino del Gólgota a ser crucificado, en una de las detenciones se acercó una mujer que llevando en sus manos un blanco lienzo lo aplicó a su rostro, para limpiar el sudor, lagrimas y gotas de sangre que escurrían de la heridas que provenían de la aplicación de la corona de espinas, bofetadas y demás golpes recibidos la noche anterior.Y que para sorpresa de todos, apreciaron que en el lienzo quedó impreso para la posteridad el trazo de rostro de Jesús en imagen a la que los años han dado el nombre de Divino Rostro. Los evangelistas Mateo y Lucas, son los únicos que mencionan la presencia de las buenas mujeres, tanto en el trayecto de la pasión, como en el de la muerte en la cruz, cuando junto a Él, a su píes estuvieron; su madre Maria, Maria de Magdala, Maria la de Cleophas, Maria madre de Santiago y otras muchas mujeres, seguidoras de Jesús y que junto con José de Arimatea, esperaban la muerte del crucificado para darle sepultura, siendo Nicodemo quien embalsamó el cuerpo con una mezcla de mirra y áloe. Los píes de notas en diversas ediciones de los evangelios mencionan como cierto el hecho de que el Talmud habla de mujeres que llevaban a los condenados brebajes calmantes.

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Y, es Nicodemo en su evangelio considerado como de los apócrifos quien sí menciona a una mujer de nombre Bernice, de traducción Verónica quien recibió de Jesús la curación milagrosa de sus males, uniéndose ella al grupo de mujeres que siempre le siguieron para atenderle y servirle.

Desde que la tauromaquia se trasformó en un arte con reglas y aparecieron escritos que las describen, encontramos a La Verónica, como uno de los lances fundamentales y sobre todo de un gran valor no sólo estético, sino, que conlleva valor en si mismo al ejecutarle, por tratarse de uno de los primeros lances que se dan al toro, recién salido de corrales, antes de haber sido picado — aunque la Verónica puede ser ejecutada como parte de un quite, al salir del caballo –. Se le considera de lo más clásica, siendo que clásico es un elemento que ha perdurado en una cultura durante un largo periodo, hasta convertirse en algo representativo de ella.

140404-toros-02Así la Verónica se convierte en algo muy representativo del toreo, su descripción más antigua,  es la que aparece en la Tauromaquia de José Delgado “Hillo”, publicada en 1976, bajo el título de ”La tauromaquia o arte de torear, obra utilísima para los toreros de profesión, para los aficionados y toda clase de sujetos que gustan de toros”, dice: Suerte de frente, o a la Verónica. Esta es la que hace de cara al toro, situándose el diestro en la rectitud de su terreno. Es la más lúcida y segura que se ejecuta, y sus reglas son en proporción de los toros. El “franco”, “boyante”,”sencillo” o “claro”, que todo es uno, se debe dejar venir por su terreno, y, cuando llegue a jurisdicción, cargarle la suerte y sacarla; y, hasta este acto, parará el diestro los píes, para lograr echarle cuantas suertes quiera, procurando siempre que quede la res derecha y no atravesada, esta descripción se continúa de manera muy detalla y completa, analizando en detalle los diversos modos de ejecutar la suerte de acuerdo a cada tipo de toro: los que “se ciñen”, los que “ganan terreno”, los “de sentido”, los “revoltosos”, los toros “abantos” ó “temerosos” y por último los “toros bravucones”. Resulta importante señalar que esta muy erudita descripción va precedida de una sentencia que reza: “Toda suerte en el toreo tiene sus reglas fijas que jamás faltan”.

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Después de Pepe-hillo, la siguiente tauromaquia que aparece, es la de “Paquiro” también se ocupa de ella, describiéndola en los mismos términos, es el tercer autor “Guerrita” en orden cronológico quien cambia, rectificando a sus antecesores, diciendo que el torero debe situarse en rectitud con el toro aunque de costado.

Descripción clásica: Desde que se inicia el lance hasta que se consuma, el cuerpo del torero irá girando levemente, conservándose la situación de los pies en el cite hasta el final. La pierna por donde se  torea – la derecha si el lance es diestro y la izquierda si el toro ha de pasar por el lado contrario – siempre adelantada, saliendo al encuentro del toro. Si el lance se da por el derecho, cuando el toro mete la cara en el capote, la mano izquierda bajará y se replegará hacia la cadera contrario, mientras la mano que conduce el capote – la dercha  en este caso – se mueve al compás de la velocidad del toro para templar la suerte y alargarla hasta su final. Instante en que se adelantará la pierna izquierda para poder ligar otra verónica por el lado contrario según la misma técnica. La descripción es de José Antonio del Moral en “Como ver una corrida de toros”.

En nuestros tiempos Guillermo Sureda en su “Tauromagia”, nos dice, que – volviendo a lo clásico – Clásico consiste en “ver volver”, es decir que es clásico lo que sufre una suerte de eterno retorno, lo que, en definitiva, está, en uno o en otro sentido, por encima de las modas y los modos: lo que desaparece para volver a surgir con tanto ímpetu como antes, lo que, en resumen, tiene “ejemplaridad”. Parafraseando a Sureda, diremos que lo clásico es lo que al volver a verle, nos sorprende, nos llena de júbilo el reencuentro con ello, con lo clásico, en otras palabras y hablando más en tauro; es el impulso que nos hace levantarnos del asiento ante la ejecución de una Verónica estupenda. Es el ¡Olé! que brota espontáneo ante los vuelos del capote de una buena Verónica. Y, si va acompañada de arte o de sentimiento, que esto segundo crea lo primero, brota la escandalera; de lo contrario, los ¡bues! sonaran con la protestante rechifla si se echa la “patita pa´tras”, ó lo que es más grave, si se comete algún error puede surgir el accidente.

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De esta verdad irrefutable, surgen dos dictados que al paso del tiempo cobran valor, el uno de Carlos Septién García cronista conocido como “El Quinto”: “Un torero que había adelantado el píe para dar el paso hacía el sitio donde canta la ofrenda de un lance o donde se llora la muerte de un hombre”. Ó, el otro dictado, de otro Carlos, Fernández Valdemoro, conocido como “Pepe Alameda”: ¡Un paso atrás y muere el arte, un paso adelante y puede morir el torero!  Ambos, hacen clara alusión al sitio exacto en el terreno del albero que debe pisar el diestro. El “remate”, queda a cargo del mismo “Quinto”: “pero una Verónica no puede darse si el torero, cara al toro, no da un paso adelante hasta invadir la ruta de la muerte y obligarlo a que deje un espacio para que se alce la vida de un lance”.

Vamos ahora, a lo que, los que de toros escriben han plasmado en sus crónicas al paso del tiempo. De Luís Castro “El Soldado”: “La más clásica de todas, desde luego. Desde el cite, que no totalmente de perfil, apunta una idea del antiguo cite de frente. Luminosamente extendido el capote en una roja comba tersa y dura, casi metálica; marcando el terreno del toro en una lenta curva imperial; guardando la masculina naturalidad del cuerpo mientras los brazos se mueven señorialmente”. Es esta la verónica que “El Tío Carlos” llama

De Bronce, dando el título De Plata a la de Pepe Luís Vázquez: “Fina, estilizada como un moderno apunte, Los píes juntos: el diminuto cuerpo airosamente erguido, la cabeza acompañando levemente el trazo. Y el capote abierto en un suave asombro de abanico escarlata a cuyo invisible varillaje de gracia va prendido el toro, andando paso a paso, como una digna dama”.

De la magistral interpretación que de la verónica hacía Manuel Rodríguez “Manolete” el “Tío Carlos” dice: “Pero salió Manolete. Y  haciendo un toreo hondo, largo, señorial y exquisito, trazó las tres verónicas más templadas, más eternas – entiéndase el absurdo – y más sentidas que se hayan visto en mucho tiempo. El remate de aquellas tres páginas de oro antiguo, fue una media verónica indescriptible. Justa, indolente, imperiosa. Un quite inmortal. Cada lance fue un rugir de 50 000 gentes”. Contrastántemente, el mismo tauro-escritor, al mencionar el enorme y profundo silencio que solía acompañar la presencia del Monstruo de Córdoba en los ruedos escribió: “Silencio del que brotaba el vuelo firme y quedo de los naturales o el callado aleteo del águila imperial de su Verónica”.

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De Silverio, el de Texcoco el libro de Septién García titula una crónica: “México es una Verónica” y así lo dice todo…”Y entonces, con dolor desgarrado nace el lance o el pase de Silverio Pérez y nace así; trenzadas en él la vida y la muerte”. 

Es la Verónica en toda su hermosura,”esa cosa eternamente nueva que es lo viejo: esa cosas frescamente moderna que es lo antiguo”.

Sin duda quien dejó en la historia de la memoria gráfica de los que lo vieron imagen perdurable de su Verónica fue Antonio Ordoñez, del Maestro de Ronda nos dice Sureda, y esto es muy importante, trascedental, diría yo: “Que ese su toreo de capa a la verónica no es esporádico, insólito, discontinuo, sino, durante muchos años, todo lo contrario, es decir, casi cotidiano, frecuentemente repetido en las plazas, frente a toros de muy diversa condición. En este sentido es uno de los casos más admirables de la historia del toreo.

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En efecto, el toro va ya embebido en el capote, ancho y grande – como un velamen henchido – de Antonio Ordoñez. El compás se ha abierto, adelantando la pierna de la salida para dar así más profundidad al lance, que se ha ido creando a un ritmo cansino, tiene una belleza fascinante, una armonía escultórica, una ampulosa serenidad estética. Tres palabras aparecen a la hora de una valoración: autenticidad, belleza, lentitud y una sola como resumen: clasicismo”.

Por último; es la Verónica la reina de las suertes de capa y desde luego la más común entre los lances de recibo, pero es también –mucho ojo para saber apreciarle — la más difícil de ejecutar pues torean los dos brazos. El secreto está en saber jugar ambos muchas veces con distintas velocidades.