Archiv para enero, 2014

Las disputas entre los toreros.

.

Al ver el comportamiento a veces excesivamente cordial y afectuoso que se manifiestan los toreros al encontrarse para los sorteos o al llegar a las plazas, momentos previos a las corridas, con harta frecuencia solía decir John Fulton: “Hoy los toreros se saludan de beso en las puertas de cuadrillas, se tocan con las puntas de los dedos los muslos, diciendo:“Que lindo esta tu traje de luces”. ¿Es palo de rosa? Te luce muy bien! Y antes, uno, frente al otro se llevaba una mano a la entrepierna y decía:“Vas a ver cabrón”. ¡Estos son cojones!

Y el otro respondía, haciendo el mismo gesto: -¡Y estos cojones son para cogerme a tu hermana!

Recientemente, y a propósito de este tema: la extrema afectuosidad con la que hoy se saludan los toreros, Paco Camino ha dicho: “Lo que es, yo saludo a mi compadre Diego Puerta con un beso en la mejilla y me arrea un tortazo”.

Antes las disputas eran verdaderamente a morir, las enemistades entre los toreros eran de época y las escenas que se veían en los vestíbulos de los hoteles, cafés y restaurantes y por supuesto en los patios de cuadrillas y ocasionalmente en los ruedos eran vara verlas en ring side. Como bien lo muestran las siguientes fotografías, se trata de un verdadero testimonio gráfico del acervo de la familia Liceaga.

140108-toros-01

140108-toros-02

Conocida por todos es la rivalidad que existía entre los dos toreros regios. Eloy Cavazos y el ya fallecido Manolo Martínez Ancira, verdadera enemistad, nunca se hablaban y mucho menos se dirigían siquiera el saludo. Cuenta la historia, que es verdadera; que suena el teléfono en casa del Matador Cavazos, contesta, muy probablemente el inseparable “Tablao” y le dice a Eloy: – “Es el matador Manolo Martínez, que quiere hablar con usted”. – “¿Manolo Martínez? Sí ese güey y yo, no siquiera nos hablamos, menos me va a llamar por teléfono”. – “Eso dijo: el Matador Manolo Martínez”.

Lo que no se aclaró al tomar la llamada, es que por esos días, el hijo de Manolo; Manuel Martínez Ibargüengoitia iniciaba su carrera de novillero, queriendo seguir los pasos de su padre y en sus intentos, peleando con el torero que se oponía a ello, tuvo que abandonar la casa paterna.

Cavazos toma el teléfono, y al preguntar – “¿Quién habla?”.

–      “Habla, el hijo del Matador Manuel Martínez, que como usted sabe quiero ser torero”.  – “¿Y, eso, qué? ¿A mí, por qué me hablas? Respondió Eloy.

–      “Es que como usted bien sabe, estoy peleado con mi padre, que no quiere que yo sea torero y al correrme de la casa me dijo: ¡Y no vayas a molestar a ninguno de mis amigos! Y, como usted Matador es su enemigo; ¡Por eso le hablé!

 Toreaban en el “Toreo de PueblaAntonio Lomelín y el entonces, recién alternativado y todavía muy esbelto “Curro” Leal. Como siempre, extraordinario y excelente anfitrión, el entonces muy digno Juez de Plaza, el Licenciado y Notario Público Benjamín Del Callejo, quien tenía su residencia a la vuelta de la plaza, frente  a los corrales, invitaba, después de la misa que se celebraba en la Capilla de la Plaza, terminado el sorteo y entorilamiento, a toreros, cuadrillas y ciertas amistades a tomar un “tente en pie” en su casa. Ahí, también  se vestían de luces toreros y cuadrillas. En el interin, previo a la corrida, se jugaba en el jardín de la casa una cascarita, los matadores en ropa informal y a la vez que se jugaba, se departía con amistad y gran confianza. Por ello; “Curro” Leal, muy chaval aún, en confianza le preguntó y confesó al Matador Lomelín: – Matador, aquí entre nos, me da pena, pero, yo todavía no entiendo bien cómo es eso del turno en oso quites”.  – “Pues fácil” – Le respondió el fino torero de Acapulco – “Cuando tu veas que yo me atravieso con el capote en la espalda. ¡Es qué era tu turno!”

140108-toros-03