Archiv para mayo, 2013

“SALIR A HOMBROS”

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 Cortar las dos orejas de un toro o dos; una de cada toro del lote de un torero es requisito para “Salir a hombros” y que se abra la puerta principal de una Plaza, la de “El Príncipe” en la Real Maestranza de Caballería en Sevilla, la de Madrid, la foto  muestra la escultura de Antonio Bienvenida llevado en volandas frente a la mítica puerta por la que once veces salió a hombros, la de “Los Califas” en Córdoba, la recién nombrada de “El Encierro” en la Monumental México, en alusión a la escultura con ese nombre, obra del escultor y que luce sobre el  portón principal de acceso. Esta costumbre o requisito, no escrito en ningún documento, se ha convertido en algo ya bien establecido y aceptado: “Cortar dos orejas para salir a hombros“. Pero eso, cortar dos orejas y como premio “Salir a hombros” no es lo verdaderamente importante. Lo trascendente es salir pero en hombros de una tumultosa, apasionada y festiva afición, lo que se dice “en olor a multitud”. Esto, que solía ocurrir con frecuencia en años pasados, afortunadamente, a vuelto a verse en tardes recientes. Las fotografías que ilustran esta entrega lo dicen todo: Julian López “El Juli”, saliendo a hombros por la Puerta Grande de Sevilla y según portada de la Revista “Aplausos“. Años atrás, el Maestro Antonio Chenel “Antoñete”, literalmente llevado a hombros de la multitud. Que tristeza, ver en cambio, cosa harto frecuente en nuestras plazas, que el torero “triunfador” sea sacado de la plaza a hombros de su propio hermano, muchas veces, también, su mozo de espadas y chofer o bien por sujetos, especialmente dedicados a esos menesteres y por ello son llamados “costaleros” y que reciben paga; boletos de entrada y pasajes para trasladarse a las plazas.

Más triste es aun, el caso de los monosabios y trabajadores de Plaza, que hasta a codazos se pelean por cargar a un torero a hombros. ¿Y, como carajos no se van a pelear? Si les pagan cien pesos por la chamba de todo el día de corrida y el apoderado les da un quinientón por llevar al torero desde el ruedo hasta la camioneta en el estacionamiento. La otra foto  ilustra la segunda tarde del triunfador de la pasada Feria de Aguascalientes, donde el carismático Arturo Macías, “El Cejas” fue aupado, sacado a hombros de la plaza y llevado, paseado por todo el circuito de la llamada “Feria de Ferias“. Histórico más que anecdótico es lo ocurrido en Puebla, antigua plaza llamada de “El Paseo Nuevo”, en plenos años de la Revolución Mexicana, era tal el arrastre de multitudes del torero-charro, el del gran mostachón, Ponciano Díaz, de tal magnitud fue triunfo esa tarde, usándose entonces los carros a tiro de bestias, las carretelas o calandrias, que al salir, triunfal de la plaza Ponciano rumbo al hotel en el centro de la Angelopolis, donde se hospedaba, el gentío, entusiasmado, desengancho los caballos del tiro y a fuerza de  enloquecidos aficionados la carretela fue llevada hasta el hotel a “tiro de machos humanos“. Tal era la idolatría por el torero y tal acontecer narra en vernáculo corrido el también popular Oscar Chavéz.

 EXPESIONES TAURINAS.

“Se lo llevaron a hombros

La expresión “Se lo llevaron a hombros” va a la par con la del post que precede, Salir en Hombros”, pero hace referencia a otras situaciones, se utiliza cuando a algún amigo se le pasan las copas y tiene que ser aupado, “llevado a hombros”. Recuerdo, hace unos años, con motivo de la revelación de una placa en la plaza “La Taurina” de Huamantla, el Maestro Jesús Córdoba fue invitado de lujo, pues su nombre aparece en la placa y él fue el encargado de develarla. Para ello se quedó a pasar unos días de feria en esa población, hoy; “Pueblo Mágico”, para atenderlo, amenas tertulias se sucedían noche a noche hasta el amanecer. Y de una de ellas que tuvimos que dejarle en manos “y brazos” de los parroquianos, sus anfitriones y entre ellos “El Pana”, le dejamos ya muy cerca de la madrugada. Otro día, después, momentos antes de iniciar la corrida de feria, le encontramos y saludándole, al preguntarle cómo había terminado la reunión, sonriendo, respondió: – ¡Como en los tiempos de figura! ¡Me llevaron en hombros hasta el hotel! Aunque en estos días, ocurren también excesos y actos fuera de control. Tal como se ve en la foto: A Alejandro Talavante literalmente “se lo llevaron a hombros”. La expresión también se utiliza cuando algún sujeto tiene problemas con la justicia o deudas y ocurre entonces que se sabe y dice: ¡Qué se lo llevaron a hombros!…de la policía.

 

 

La Categoría… ¡Aquello que se perdió hace mucho tiempo!

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La Categoría, aquello que se perdió hace mucho y no han sabido recuperar nuestros toreros. Cuando ese elemento esencial regrese, volverán también los llenos a los tendidos de las plazas. Siempre viene a la mente el multicitado ejemplo de los años cincuenta en que las dos plazas capitalinas; La México y El Toreo de Cuatro Caminos se llenaban a reventar la misma tarde de domingo con carteles a veces conformados por los novilleros punteros, los llamados Tres Mosqueteros: Rafael Rodríguez, Jesús Córdoba, Antonio Velázquez y un cuarto, D’ Artagnan, Manuel Capetillo. Y la capital tenía entonces escasos 2 millones de habitantes.

Con motivo de la primera visita a México del Monstruo de Córdoba, Manuel Rodriguez “Manolete”, los tumultos que se vieron en torno a su presencia asombraron a todo el mundo, se colocaban gradas y tribunas a las afueras de los hoteles donde se hospedaba el legendario torero. Paco Malgesto sentenció entonces, pues los tumultos eran solamente para verle salir o entrar al hotel, estaciones de radio o lugares que visitaba. Malgesto dijo: “Esto no volverá a verse en México hasta que un Papa nos visite“. Y tal cosa ocurrió al venir por vez primera un papa Juan Pablo II, treinta y dos años después. La expectación que Manolete causó en su llegada a México no tenía similar hasta la visita de un Pontífice romano.

El 5 de febrero de 1996 con motivo del XLIX aniversario de la Plaza México a la 4 en punto de la tarde partió plaza en solitario, previo al paseíllo formal Luis Procuna, único sobreviene, entonces del cartel inaugural de la monumental. ¡Qué espectáculo verle partir plaza! Todo de blanco vestido iba; incluso sombrero calañez, corbata y botines albos! ¡Qué señorío! Qué derroche de personalidad, pese a la edad que en el momento tenía. El destino no quiso que el “Berrendito de San Juan” llegará al Cincuenta Aniversario de la plaza, pero, eso, eso era Categoría lo que él y los toreros de antaño tenían. Toreros de cuerpo entero y de tiempo completo. Verlos cruzar una calle – el tráfico se detenía – era como verlos partir plaza.

Todo eso, la Categoría se ha perdido. Empresarios, apoderados, toreros y subalternos se quejan de las paupérrimas entradas en los tendidos, pero en los patios de cuadrillas, en las afueras de las plazas, en el campo durante las labores de tientas, no son capaces, nadie es capaz de mirarse y darse cuenta de la enorme escasez de personalidad, la falta absoluta de eso que se perdió hace mucho tiempo: La Categoría. Ya se ha dicho muchas veces y lo hemos escrito otras tantas, que en el campo bravo, en tentaderos hemos mirado, sin poder creerlo a matantes “vistiendo” maltratados, desajustados, muy holgados y horrendos pants; siendo tan hermosa y bella la ropa campirana. Solo cuando se pierde la categoría y por tanto la dignidad, se pueden sustituir los botos camperos por unos horripilantes tennis; y en un acto insultante, verdadera mentada de madre a uno de los símbolos más representativos de la profesión de Matador de toros, sustituir la noble y soberbia y casi histórica gorra de twid, gorra de maletilla…por una cachucha beisbolera y para más grosería con la visera “pa’ tras”.

Como muestra, y da pena ponerla; una fotografía, tomada en la última Asamblea de la Asoc. de Matantes. Al centro, su dirigente, Antonio Urrutia y Paco Doddoli medio se salvan, aunque el matador Urrutia sin encontrársele la combinación de colores. Predominan los pantalones de mezclilla, pero con playera tipo polo o inadecuadas camisas que empeoran las deterioradas y descuidas figuras de los matantes. Jerónimo luce, pasados 9 meses sin torear, trece años de alternativa y veinticinco kilos después y Enrique Fraga le hace competencia en el concurso de vientres. Al centro, “El Pana” con unos horrendos pants y tennis, con desubicado paliacate alrededor del cuello. Evidencia gráfica de que la Categoría se ha perdido.

En la otra foto, personalidad a raudales emana de la figura de José Antonio Morante de la Puebla y el chaval, perfecta, correctamente vestido de monosabio con faja, corbata y kepi. Agrada ver las figuras y expresiones de los dos y me retuerzo de vergüenza de la vestimenta de los monosabios de la plaza de la otra Puebla, la que parece de pueblo y que visten pantalones de mezclilla en diversos tonos del descolorido al percudido, pasando por el super-jodido; y camisetas- playeras con publicidad de algún centro botanero. Líbrenos mi Dios de estos desaires a la fiesta que perdiendo la categoría, pierde todo.  

EXPRESIONES TAURINAS.

¡Échale la muleta en la cara!

Échale la muleta en la cara” esta es una de las muchas frases, que se escuchan en los callejones de las plazas y que aunque bien se escuchan, pues muchas veces son verdaderos gritos y la verdad, no se entiende nada. Ejemplo de ello lo escribe Joaquín Vidal en sus “Crónicas Taurinas“, cuando uno de los peones desde el callejón le grita al matador Palomar: “¡Oonelaaalearnanoyeaoargo”! Se acerca Palomar al burladero y pudo entender al peón que gritaba: “Pónsela, bájale la mano, llévalo largo”. Lo hiso, y se cayó el toro. Se volvió furioso: ¡Te das cuenta de por qué no le bajaba la mano! Es, un algo que nadie entiende y menos qué y por qué quieren decir.

Ahora bien, de entre los gritones que suelen deambular por los callejones existen: El que grita y sabe lo que grita. El que grita y no sabe lo que grita. El que no sabe gritar ni sabe lo que grita. Pero, para todos por lo general, la frase más socorrida es esa de; “Échale la muleta a la cara”, seguida de las variantes: “Bájale la mano” “Y te lo traís bien templado” o “Tócalo” o “Le das tres y rematas”. Siendo que el torero con la mente en la vorágine del toreo, no alcanza a distinguir los sonidos y menos lo que se le dice. Por eso en el lenguaje coloquial cuando alguien pretende o quiere embabucar, traer la tal persona a su antojo, se le dice, como desde el callejón: ¡Échale la muleta a la cara!