Archiv para abril, 2013

LA TOROVISION

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Este tema da para toda un estudio monográfico, pero vamos a tratar de ser concretos. Desde, casi la invención de la TV, hablamos en blanco y negro, las transmisiones de las corridas de toros fueron motivo de polémica y grandes discusiones, fundamentalmente: ¿Qué si las transmisiones quitan asistencia a las plazas? Y, ¿Qué si pasarlas por TV, es una ayuda a la difusión de la fiesta?

La primera pregunta no encuentra respuesta en nuestros días, pues si bien las transmisiones se iniciaron allá por los años cincuenta del siglo pasado, lo cierto es que simultáneamente a que se transmitían los festejos, el mismo domingo, los dos cosos, el de Insurgentes: La Plaza México y en Cuatro Caminos: “El Toreo” lucían llenos absolutos, de los llamados entradones “hasta el reloj” y lo más importante es agregar que muchos de estos llenos eran con carteles de los novilleros entonces “punteros”. En la capital las plazas se llenaban y en provincia y aledaños del D.F., después de comer los domingos las familias enteras se reunían en torno al televisor, cautivados por la corrida, los actuantes y; ¡Oiga usted! escuchar al genial Francisco Rubiales, Paco Malgesto. Definitivamente: los tendidos de las plazas llenos a reventar, las salas  de casas, de clubes, cafés, restaurantes y bares, con multitudes frente a la T.V. Conclusión: La teletransmisión no alejaba a la gente de las plazas, y por supuesto que ayudaba y en mucho a la difusión de la más bella de todas las fiestas.

Hoy, el problema es otro y muy distinto: De ¿De qué si la T.V. ayuda a la difusión de la fiesta? Eso es evidente; al otro día de que un coletudo sufrió tremenda voltereta, o un torero salió huyendo con los pitones del toro tras de él, o un toro saltó al callejón, ó voló hasta el tendido, de ello se entera y comenta todo mundo, independientemente de en qué plaza, incluso del extranjero allá ocurrido lo comentado por todos, pero, la gente no va las plazas, ante evidentes buenos carteles la afición no acude, muchos prefieren quedarse en casa, en ropa cómoda, pants y sandalias, y con las “chelas” bien frías y los refrigerios – léase: botanas, memelas y similares – a un lado y frente a la televisión. La falta de arrastre, de atractiva personalidad; de verdaderos ídolos son los argumentos de medias o muy flojas entradas.

Pero hoy con Internet y mucha oferta de paquetes para contratar por cable o las ondas del “cielo” Skay, aficionados, muchos de ellos jóvenes, pero todos de reciente cuño pasan las horas viendo las corridas de allá y esto nos lleva a un nuevo problema de “ubicación” de muy difícil, yo diría imposible solución.

El Planteamiento del Problema es que ven las corridas, los encierros todos en edad; recordemos que en los herraderos de las ganaderías en España se encuentra presente la Autoridad de la Comunidad correspondiente y la Guardia Civil que dan fe de las fechas de nacencias de las reses. Los toreros actuantes, en las principales ferias cobran en “€uros” cantidades que jamás podrán pagárseles por estos rumbos. Lo más grave, es que el aficionado espectador, desde su sala de TV pierde la noción de su ubicación geográfica, digamos que se le desconecta su “gipies” y ya no sabe dónde está, ya luego, cuando acude a nuestras modestas y humildes plazas de toros, muchas de ellas en condiciones de lastima – ver El Relicario -, quiere que por la puerta de toriles salgan los mismos toros o toros con los pesos, edad y trapío que vio en Tendido Cero o en el link que le pasaron para ver las corridas.

Y no aprecia ni valora que el precio que está pagando por la localidad que ocupa no es ni la décima parte de lo que se paga en las plazas de allá. Esa es la realidad del problema; ven lo que sale en Madrid,  Sevilla y Bilbao, y quieren ver lo mismo en la Monumental de Xalostoc, en “La Petatera” o en la de ruidosas y oxidadas gradas de metal de las plazas desmontables.

 

EXPRESIONES TAURINAS.

“Anda buscando tablas”

Decimos en el medio taurino que el toro en el albero, regularmente en la parte final de la lidia, durante la faena de muleta, cuando él mismo parece presentir el final, ya cerca, tal parece que huele la muerte y entonces se aproxima al cerco rojo del redondel: – “Anda buscando tablas”, es la frase para describir esta acción, y ya después de recibida la estocada, tambaleante, a punto de perder el equilibrio y convencido de la realidad de su destino: morir en el ruedo de una plaza de toros, se acerca, decíamos; tambaléandose, a punto de echarse. Decimos entonces: Que, anda, ¡Buscando tablas! La misma frase, coloquialmente, la usamos cuando algún amigo, compañero de farra o parranda, después de un buen número de copas, anda ya tambaleante, haciendo “eses”, decimos entonces, que: ¡Anda buscando tablas!

De manera similar, en sentido de mayor confianza, decimos de algún amigo o conocido cuando se nos informa de su salud, desgraciadamente, afectada de manera grave. De ese amigo, seriamente deteriorado, decimos que: ¡Ya, anda buscando tablas!