Archiv para 2 octubre, 2012

«Cantinflas o la genialidad sobre el paseíllo de la palabra»

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Filósofo nato, representante ilustre de la sabiduría del pueblo expresada en la palabra, dicharachero con sabiduría enorme: Fortino Mario Alberto Moreno Reyes, quizá debido al lugar donde su madre, doña Soledad Guisar Reyes Moreno, le trajo al mundo, la muy populosa Santa María La Redonda, en el corazón capitalino traía ya «de nacimiento» esa genialidad populachera; creció, se educó y formó en el mero barrio de Tepito; ocupó el sexto lugar de doce hermanos, siendo su padre, don Pedro Moreno Esquivel, cartero de ocupación, inquietó y con vehemente deseo de ver a su hijo convertido en profesionista, empujó al también inquietó Mario a inscribirse en la carrera de Medicina en la entonces Universidad Nacional de México, el joven, ante la necesidad de llevar unos pesos a su casa y otros a su bolsillo, se inició como imitador y bailarín llegando, incluso  a someterse a las tranquizas y golpes del mundo del boxeo. Todo esto le llevó tempranamente a iniciar sus pininos tras las candilejas de carpas y teatros.

De forma vertiginosa ascendió del teatro al cinematógrafo, siendo la característica que le hizo ganar, fama y dinero su muy peculiar forma de hablar y expresarse, qué dice la anécdota, derivó de una situación harto jocosa, cómica y embarazosa que le ocurrió en el escenario de un teatro de Jalapa, Veracruz, ocasión que resolvió de manera brillante con su hablar tartamudo y enredoso. De ahí, a la fama.

Su pensamiento sobre la fiesta, nos da una visión de que fue un aficionado cabal. En una entrevista reproducida en los números 112 y 113 (abril-mayo de1980) de la revista «Comunidad CONACYT«, Mario Moreno dice lo siguiente:

«Para hablar de toros, cualquiera puede hablar…pero, para hablar de toros bravos, ya hay que cambiar de toro y de tercio…y así poder hablar de pitón a pitón, siempre dando el pecho…Porque ya se ha dicho, que no es igual ver los toros desde la barrera, que estar en la barrera y no saber de toros…Yo, desde luego, no pretendo saber más que aquellos que de veras saben, pero mi punto de vista es diferente, porque yo si he estado cerca del toro, o más bien, el toro ha querido estar cerca de mi…Que el toro es una cosa sería, sí se los puedo asegurar…Tan seria que yo no he visto reír a ningún toro.  Eso no quiere decir, que en la fiesta no haya alegría y cosas que provoquen risa. Por ejemplo, yo he visto, porque a mi me consta – sin poder asegurarlo – que muchas veces se dan casos en que nos sabe y sin embargo, ahí está el toro. ¿Qué quiere decir?…¡Que hay toros alegres!…¿O usted nunca ha leído de algún cronista, que el toro embistió con alegría?…En cambio, nunca habrá sabido de ningún toro que haya muerto embargado de tristeza…Pero, pasando a otro tercio y con permiso de la autoridad, yo he hecho muchas veces el paseillo y pueden creerme, que el miedo no anda en burro…¡Sino en toro!…Y es que el toro va a lo que va…y el matador viene a lo que viene. Y si el que va, se encuentra con el que viene y no hay un entendimiento, entonces ya sabe a lo que se atiene».

Vale la aclaración de que el llamado «gran mimo» vivió en una importante cercanía con la fiesta brava, pues su enorme afición le llevó a «vestirse de luces» muy a su peculiar manera de hacerlo; haciendo el pasíillo y enfrentándose a novillos de respeto y buen trapío. Es importante dejar bien asentado, que para torear de manera bufa, con la graciosidad y el garbo con que  llegó a hacerlo Mario Moreno, se requiere además de los conocimientos básicos y de técnica del toreó, de un gran valor, inteligencia para resolver enfrente de la cara del toro y una genialidad que ya mucho ha sido descrita como «duende». Maestría en el torear que le llevó a conquistar públicos ajenos a la fiesta brava, como ocurrió con el «Globo de Oro» que le fue otorgado en la categoría de Mejor Actor por su soberbia actuación en «La vuelta al mundo en ochenta días» producción británica realizada al lado del celebérrimo «David Niven«. En el cine se recordarán por siempre sus participaciones como actor y torero en el «El Padrecito» y anteriormente en «Ni sangre, ni arena«, su inquietud y enorme afición le llevaron a convertirse, con gran entusiasmo  en ganadero de pura cepa, criador de reses bravas con el hierro de «Moreno Reyes Hnos

Rematamos  este texto con lo dicho por quien actualmente se ciñe la corona del torero poseedor de romanticismo y duende en mayor dosis, José Antonio Morante de la Puebla quien en un sentir y mejor decir, hablando en similitud con el gran «Cantinflas«, haciendo analogía de su filosofiar comparando la situación frente a el toro y la vida ha dicho: «Estoy más cómodo delante del toro que de algunas personas que sabes sus intenciones».

ANECDOTARIO DE MANOLETE.

Al paso del tiempo la figura de Manuel Rodríguez «Manolete» crece enormemente, sobre todo por la recia personalidad del llamado «Monstruo de Córdoba«. Durante su primera visita y estancia en México, «Manolete» no pudo resistir a la enorme tentación de la comida mexicana, principalmente los antojitos; consciente estaba del serio peligro que para los hispanos representa ésta agresión al aparato digestivo, pero aun así, y desoyendo consejos, le entró con singular entusiasmo y contagiado de mexicana alegría a la gran variedad de tacos y fritangas. En la foto se le ve en un descanso, durante labores de tienta en el campo bravo mexicano. La anécdota es esta: convaleciente el Cordobés de la cornada que recibió del toro «Gitano» en su presentación en «El Toreo«; la gravedad de la cornada y sus complicaciones obligaron a sufrida recuperación y rehabilitación. La flebitis, inflamación incapacitación de los vasos en la extremidad inferior afectada provocó sufrimientos y dolores en el largo periodo de convalecencia. Al final del calvario Manolete expresó: – «Me han tratado los doctores como a un toro”. Y haciendo referencia a las inyecciones, continuó: – “¡Me pegan puyazos a dos tiempos, primero pinchaban y luego recargaban la suerte!”

Pero días antes de la corrida, insistente, el apoderado Camará, había querido suspender, debido a un malestar intestinal del matador, quien pese a su quijotesca figura «empacó» surtido menú de antojitos y fritanga servidos a orilla de carretera; faena de mucho «arrimarse» al peligro, sobre todo porque los comensales siendo extranjeros, se exponen a la llamada «venganza de Moctezuma«. El apoderado al ver la deteriorada situación de su torero, pretendía suspender, argumentando: – «Pero es que el compromiso es enorme y tu Matador, ¡No conoces al público de Méjico!».

A lo que su poderdante afirmó: – «Cierto, que no conozco al público de Méjico, pero tal parece que, ¡Usted, todavía no me conoce a mí!