Archiv para junio, 2012

¿Y, qué es trapío?

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El diccionario de la RAE al definir la palabra “Trapío” como primera acepción: “Velamen “, después nos dice: “Gallardía que suelen tener algunas mujeres”, y nos da como tercera acepción: “Buena planta y bravura del toro de lidia”. Y este es el concepto que nos interesa comentar del que no podemos dejar de hacer alusión al “Velamen” que es el conjunto de velas de una embarcación, “velamen” que se construye, elabora y fabrica con una gran cantidad de tela, “trapo”. De ahí que hablando en los términos que usan los hombres de mar se califique como con gran trapío a aquellas naves, barcos, cuya estructura de velas llamen la atención por su majestuosidad; viene de ahí la similitud léxica en el modo de hablar haciendo referencia de aquellos toros cuya presencia al salir de la puerta de toriles nos asombran por su corpulencia, musculatura, conformación anatómica y sobre todo, el predominio en su estampa de un hermoso testuz con una verdadera armadura de cornamenta, a la que de manera correcta se le denomina “arboladura” creándose otra semejanza o similitud con la “arboladura” de los mástiles y postes que constituyen, forman la estructura del “velamen” de un barco.

Sin embargo, no siempre, mejor dicho en pocas ocasiones, la gran presencia de un toro de lidia va a la par con la calidad y el tipo de su desempeño en el ruedo.

Tal ha venido ocurriendo, como se vio en los pasados sanisidros madrileños, diremos que si bien hubo triunfos muy sonados con la apertura de Puertas Grandes e incluso tumultuosas salidas en volandas a hombros de multitudes entusiastas; estos se dieron en contadas faenas instrumentadas a muy pocos toros que caminaron, funcionaron o resultaron “potables” con embestidas francas y tuvieron suficiente aire. Lo cierto es que los qué lucieron abundante y exuberante trapío fueron siempre de más a menos, echando por la borda toda posibilidad de triunfo. Lo ocurrido comprueba que la demasía en presencia y el muy impresionante trapío no aseguran los buscados trofeos. En otras palabras y más coloquialmente hablando: la muy gustada, buscada y a veces hasta exigida elefantiasis taurina no da buenos resultados.

Al respecto, leamos y meditamos lo que dice el prestigiado creador de reses bravas, don Juan Pedro Domecq y Díez: “En el tema de la Bravura, tal como está planeado esto por nosotros – los ganaderos – lo ideal seria ve en las plazas de segunda categoria. Porque está demostrado que los toros gordos y con edad dan un porcentaje de Bravura mucho menor que, los toros jóvenes y que pueden andar ligeros; por eso es tan difícil que salgan toros bravos en Madrid…Y por eso salen tantas corridas potables en plazas de menos importancia”.

El comentario final, nos lleva a ubicarnos; primero ¿En qué plaza estamos, a qué festejó acudimos, quienes conforman el cartel, incluyendo toros y toreros? Para que de acuerdo a lo anunciado, sean nuestras expectativas. El tema, sin duda es para más, sobre todo lo que tanto se habla, de que si el trapío es un asunto objetivo o tiene más de subjetivo.

ANECDOTARIO DE MANOLETE.

Siendo la anécdota el relato breve de algún hecho particular, curioso, o notable, pero que principalmente muestra con pinceladas de trazó rápido la personalidad siempre cautivadora y atrayente de quienes, como Manuel Rodríguez “Manolete” llevan la etiqueta de figuras del toreo, pasamos a presentar hechos que le pintan de cuerpo entero.

En tertulia de hotel, entre toreros y taurinos; Domingo Ortega hace gala de conocimientos y afirma: “A los toros, hay que doblarlos al inicio de la faena“.

Manolete, que baja de su habitación se integra a la charla. Ortega, insistente, incrementando la voz repite la frase, buscando que el cordobés le escuche. Ortega, ahora hablando directo a él, le pregunta: – ¿Qué opinas tú Manolo?

Manuel Rodríguez se le queda mirando y le contesta, serio por fuera, zumo por dentro: – “¡Que mientras usted se dobla con el toro…Yo le he dado ya seis naturales!”

Nota: de la palabra “Zumo” nos dice el diccionario: “Utilidad que saca de una cosa el que la disfruta o maneja”. Siendo pues indudable que “Manolete” hablaba, no pocas veces, con mucho “zumo”.