Archiv para mayo, 2012

EL INGENIOSO HIDALGO DON QUIJOTE Y LOS TOROS

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EL INGENIOSO HIDALGO DON QUIJOTE DE LA MANCHA  Y LOS TOROS.

“Obra única por tantas y tan diferentes razones, la inmortal creación cervantina se erige como una altísima cima del pensamiento y la literatura de todos los tiempos”. Ignacio Gaos. 30 siglos de Literatura. Y resulta asombroso que a cuatrocientos siete años de haber salido a la luz pública de la imprenta de Juan de la Cuesta en el año de 1605, Las aventuras del ingenioso Hidalgo don Quijote de la Mancha sigan siendo valoradas en los términos anotados. Por ello, porque la genialidad siempre ha derrotado molinos y apuestamente se ha enfrentado a ovejas visionadas como fieras, a monstruos y a bravos toros; vertemos aquí lo que en las aventuras de su deseado hidalgo, el caballero andante, cuando al escribir Cervantes nos aproxima a lo que hoy es la fiesta de los toros, lo que a la sazón se conocía como “correr toros”, y así en el capítulo XLIX de la segunda parte cuando el fiel Sancho anda rodando la ínsula, meditando sobre el poder, de la que se ha de desempeñar como gobernador, desentuertando el enredo de la “Doncella curiosa” cuando se menciona que se oía decir que corrían toros y jugaban cañas. De esta cita, la edición del Instituto Cervantes dice en la nota al pie de página: “Las corridas de toros eran a caballo y corrían con rejones los caballeros; el juego de cañas era una justa por cuadrillas a caballo, con lanzas preparadas para que se rompiesen sin herir”. Normalmente los dos festejos iban emparejados. De la enorme influencia que estas fiestas tenían y el atractivo que en la gente ocasionaban habla don Quijote cuando Sancho le hace sugerencia para que bien pueda ver los festejos. Premonitoriamente, Sancho, en un párrafo que por su belleza aquí reproducimos dice: “Suplico a vuesa merced, señor mío, que antes que vuelva a encontrarse me ayude a subir sobre aquel alcornoque, de donde podre ver más a mi sabor, mejor que desde el suelo…”

A lo que el andante caballero responde: “Antes creo, Sancho, que quieres encaramarte y subir en andamio por ver sin peligro los toros”. En esta cita la mencionada edición del Instituto Cervantes dice de andamio: “Tablado con gradas para ver algún espectáculo”.

Pero, es sin duda, el pasaje más conocido, el del capítulo LVIII: “¡Apartate, hombre del diablo, del camino, que te harán pedazos esos toros!”. Se refiere el pasaje al encuentro destemplado y sin medir consecuencias que el espigado caballero va a tener con una corrida de toros que es trasladada por aquellos andurriales y caminos de dios, desde su ganadería a la plaza adonde han de ser lidiados. – “Ea, canalla – respondió don Quijote – para mí no hay toros que valgan, aunque sean de los más bravos que cría Jarama en sus riveras”. De los toros de Jarama dice la edición del Instituto cervantino: “La bravura de los toros del Jarama, rio afluente del Tajo fue muy celebrada en la literatura del Siglo de Oro, quizá porque estos eran los que se lidiaran en Madrid”. No tuvo lugar de responder el vaquero, ni don Quijote de desviarse, aunque quisiera, y así el tropel de los toros bravos y el de los mansos cabestros, con la multitud de los vaqueros y otra gente que a encerrar los llevaban al lugar donde otro día debían de correrse, pasaron sobre don Quijote y sobre Sancho, Rocinante y el Rucio, dando con ellos en tierra y echándolos a rodar por el suelo. La escena de gran valentía con toda su genialidad capitana y pintoresca ha sido plasmada por los pinceles más ilustres, entre ellos, la pluma y el aguafuerte de Gustave Dore y de Manuel Ángel,  cuyas ilustraciones hermosean este texto.

No es en balde, mencionar que el total de citas del sustantivo “toros” en la obra completa de Cervantes es de once y que muchas, muchísimas palabras y expresiones que el genio de nuestra lengua utiliza, hoy son parte sustantiva del léxico común de quienes escribimos, hablamos y chanelamos de toros, a saber: echar el pie pa’delante, en hora buena y en hora mala, temple, de vena, o de talante, siendo quizá una de las más célebres utilizaciones del idioma cervantinoquijotesco aquella que dice: “Llaneza, Sancho…llaneza” y que el maestro, el inolvidable José Alameda inmortalizó al decir en su majestuoso bien hablar taurino: “Torear con llaneza, con naturalidad. Sólo eso es la verdadera línea del arte”.

ANECDOTARIO DE MANOLETE.

Siendo la anécdota el relato breve de alguno hecho particular, curioso, o notable, pero que principalmente muestra con pinceladas, trazos rápidos la personalidad de una figura pública y en el caso que nos ocupa, un figurón del toreó, pasamos a trazar algunas pinceladas sobre Manuel Rodríguez “Manolete”. El llamado “Monstruo”, lleva también el gran mérito de haber actuado siempre, dando a su desempeño la misma entrega, calidad de interpretación, arriesgue y potencialidad de riesgo por la permanente exposición al peligro que implicaba su toreó lleno de verdad. Es decir, ante la insistencia del apoderado, del mozo de estoques y de las asistencias, quienes recomendaban al cordobés que no se expusiera con demasía cuando el toro evidenciaba peligro, y tal fue el caso de “Islero”. Manolete respondía siempre con el mismo talante: – “Es que estos señores han pagado por verme lo mismo que los de Madrid”. Conocidas son sus respuestas a toda insinuación de sus allegados para alargar las distancias de su toreó y así disminuir el riesgo. Tal ocurrió en México durante su presentación en el Toreó cuando la cornada por “Gitano”, cuando el viaje del toro evidenció que lo prendería. El golpe seco, la expresión de sobresalto unísono del público y después, tanto en la enfermería como en el hospital, a Camará, su apoderado, como a Paco Malgasto y demás cuestionantes que insistían en que todo pudo haberse resuelto o prevenido con un simple “echar la pierna pa’tras”. A lo que siempre respondió con energia:

-“Es que si hecho la pierna pa’tras…¡No sería yo Manolete!

LOS TOROS Y LAS SAGRADAS ESCRITURAS.

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Parafraseando al poeta Heidi, podemos afirmar que Dios hizo el mundo en seis días y al siguiente se puso a descansar. Para concluir su obra de la creación, ese séptimo día destinado al descanso, llamó Dios a Francisco Arjona Herrera “Cúchares”, a José Delgado “Pepe Hillo”, Rafael Molina Sanchez “Lagartijo” y Salvador Sánchez “Frascuelo” y dijóles: – “Para que la creación sea completa, haced ahora Ustedes ¡La fiesta de los toros!”.

Obedientes los diestros se dieron a la tarea de crear, y así nacieron; la lidia por abajo, los primeros lances, el toreo con muleta, las estocadas; recibiendo, al volapíe y al encuentro. Vinieron después tiempos difíciles, de grandes y torrenciales lluvias, que amenazantes, casi acaban con la fiesta; el mundo y la humanidad. Era el llamado Diluvio Universal. Días antes de que se instalasen las lluvias, llamó Dios a un aficionado de primera fila, amante de la fiesta y de los buenos vinos, de nombre Noé y le ordenó que construyera con maderas una enorme barca de forma circular, cual plaza de toros, con sus corrales y toriles y ordenó que pusiera en ella ejemplares de cada sexo de Saltillo, Santa Coloma, Murube, Miura, Vitorianos, de La Punta, San Mateo y Piedras Negras. Ordenó también el Pantocreator que subieran a la enorme barca Rafael Guerra Bejarano “Guerrita”, José Gómez “Joselito”, Manuel Jiménez “Chicuelo”, un tal Manuel Rodriguez, llamado “Manolete”, Juan Belmonte, Antonio Ordóñez y Luis Miguel Dominguín y de tierras aztecas; Rodolfo Gaona, Carlos Arruza, los hermanos Carmelo y Silverio Pérez, los dos Fermines; Espinoza y Rivera, uno más con estrictas ordenes de apaciguarse: Lorenzo Garza y un otro vistiendo traje de charro: Jorge “El Ranchero” Aguilar y del sexo bello: Juanita Aparicio, Conchita Cintrón, Cristina y Karla Sánchez, para garantizar la continuidad de la clase y la estirpe torera.

Y dicen las escrituras que vinieron después otros tiempos más difíciles que algunos llamaron el fin de la fiesta; muchos desesperados tiraban de sus cabellos, diciendo que era el fin del mundo. Un otro aficionado “chipen” de nombre Juan y que era escribidor de oficio, fue señalado por el Señor y en una noche, durmióse y durante el sueño tuvo unas visiones que en su crónica llamó “Apocalípticas”. De verdad, de verdad que parecía el fin de la fiesta:

Jinetes fúricos y desalmados, blandiendo sus espadas desenvainadas, cabalgando sobre briosos corceles, venían amenazantes, buscando la prohibición de los festejos taurinos: Uno de ellos representaba a los anti-taurinos, el otro eran los “ecolocos” con desbocada actitud a más de absurda e impertinente, el tercer jinete eran los animalistas, quienes, también absurdamente venían en pie de lucha para proteger a los animales y fustigaban y soltaban fuertes fuetazos sobre sus caballos; por último y con un afán más protagónico venia el cuarto jinete; el de los diputados, asambleístas y políticos de pacotilla, queriendo dejarse ver que argumentaban estúpidamente cosas que ni siquiera entendían.

¡Tal parecía que ciertamente era el fin de la fiesta! Cuando el Creador envió de los cielos: de su Estado Mayor al Santo Arcángel, que bajó entre tronos de nubes con su espada del “Buen Juicio” en la diestra. En otro trono celestial venía el Señor del Gran Poder y del Buen Criterio, les acompañaba rodeada de ángeles y querubines vestidos de luces, La Santísima Virgen, Nuestra Señora de la Concertación luciendo alta peineta y negra mantilla. Juntos, todos hicieron que predominasen sus virtudes: el Buen Criterio, el Buen Juicio y la Concertación y evitaron la prohibición de la fiesta, diciendo todos en un sonoro y hermoso coro celestial: ¡SI, a los toros!…Y así la fiesta siguió existiendo y será vigente por los siglos de los siglos y hasta el final de los siglos.

ANECDOTARIO DE MANOLETE.

Siendo la anécdota el relato breve de alguno hecho particular, curioso, o notable, pero que principalmente muestra con pinceladas, trazos rápidos la personalidad de una figura pública y en el caso que nos ocupa, un figurón del toreó, pasamos a trazar algunas pinceladas sobre Manuel Rodríguez “Manolete”.

A Manuel Rodríguez se debe también el haber establecido, de alguna manera un parámetro para fijar los precios de las entradas a los tendidos. La anécdota va ligada a la remodelación de la plaza de Madrid, cuando, debido a los gastos e inversión de la nueva presencia que se dio a la monumental plaza y tomando en cuenta el incremento en los salarios que se generaron para matadores, actuantes y trabajadores, una vez que le explicaron a quien ya recibía el trato de “Monstruo”, que con los precios de entrada en vigor, no solamente no se recuperaba lo invertido y los festejos no redituarían ganancia alguna, él, que visitaba las obras terminadas de la plaza, se quedó mirando fijamente a los tendidos y sentenció: “Para verme a mí, los de sol que paguen un duro y los de sombra…dos”.