Archiv para febrero, 2012

NUEVO CATECISMO PARA VILLAMELONES. Lección 4

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Para continuar con las lecciones para el buen comportamiento de los villamelones va esta lección cuarta y comentamos que en el colmo de los gritones que a todo momento piden música, ocurre la más grande de la impertinencias cuando el matador, ya cuadrando muleta y espada para tirarse a matar, momento en el que la más simple lógica señala que debe reinar un silencio absoluto, del tendido surge un grito muy inoportuno que exije: ¡Musica! En cierta ocasión en que ocurrió esto; de la impertinencia de pedir música al entrar a matar, me comentó el compañero asesor en el biombo: “Sólo que le toquen…¡Espérame en el cielo corazón!

¿Y, la estocada? Por supuesto que tiene que ser de efectos y resultados dramáticos, no importando donde quede colocada la espada, ni la técnica empleada para tirarse a matar, el chiste del asunto está en que haga rápido efecto, y si el toro está salvajemente herido a mansalva de un criminal bajonazo y comienza a morir de asfixia, a ahogarse con su propia sangre, resultado de una lesión pulmonar; pues entonces el griterío será ensordecedor, elogiando a quien de manera tan cobarde mata a los toros de esa manera. Y una vez caído el toro, llega el momento de solicitar los trofeos con los pañuelos. ¿Y, los pañuelos? – Noo, pues los pañuelos se quedaron en casa. Ahí que pedir las orejas a puros chiflidos y mentadas. Y si el juez no atiende a la “petición”, indudablemente mayoritaria, pues la villamenolada siempre va a ser más numerosa que la afición ortodoxa y conocedora, pues entonces a patear sobre las gradas y mejor si son de lámina, que para algo las hicieron de ese retumbante metal…y entonces no habrá ningún juez que aguante, y si a este tremendo ruido le agregamos unas sonoras mentadas; y para forzar y obligar al juez, queda como último el recurso de unirse las miles de gargantas en infernal, – ¡Que no celestial!- coro, que estruendosamente y al únisono gritará: ¡…uleeero…uleero!

Manuel Rodriguez y la teoría del Toreo.

Siendo la anécdota el relato breve de algún hecho particular, curioso o notable, continuamos con este nuevo Post dedicado a buscar un acercamiento con la enorme figura, que al paso de los años se acrecienta más, de Manuel Rodríguez, “Manolete” de quien se sabe que muchas veces cuestionado sobre su exttema seriedad y su actitud siempre hierática contesto: – “El toreo es una cosa tan seria que por eso mismo yo soy muy serio en la plaza. No me río, no porque no quiera reírme, sino porque es tan impresionante la fiesta, tan llena de verdad, que me transforma desde que me visto de torero”.

Un 24 de julio, se toreaba la cuarta de feria y tercera de Manolete y al estarle vistiendo, el mozo de espadas de siempre, el “Chimo”, al apretar los machos con firmeza, en el silencio absoluto del ceremonial, Manolete deja escapar la emoción en palabrad y musita: – ¡Tengo miedo! El silencio ante la expresión de tan tensa verdad se acentúa y sólo un aficionado de no mucha familiaridad con la liturgia taurina se atreve extrañado a cuestionar: – ¿Cómo miedo Maestro? Usted…¿Con lo que se arrima?

A lo que Manolete contestó: – Pues por eso…¡Por lo que me arrimo!