Archiv para diciembre, 2011

“NUEVO CATECISMO PARA VILLAMELONES”.

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“El Villamelón No tiene credo taurino, pero cree en la fiesta brava y eso basta” José Jiménez Latapí.” Don Dificultades”. Dado el muy importante incremento de asistencia a las plazas de toros de la llamada “neo-afición” verdaderos contingentes de villamelones, qué afirmo y debe quedar bien claro: “No debemos menospreciarlos” pues son ellos quienes de manera importante están contribuyendo a medio llenar las plazas, esto, es evidente, nos guste o no nos guste. Por ello, para orientarles; mejorar su comportamiento en la plaza y difundir entre los neo-asistentes al toro, lo que es un auténtico Villamelón, iniciamos estos comentarios, esperando lleguen a ser de alguna utilidad. Y, encomenzamos por el principio: El buen Villamelón debe fijarse en el cartel: sí aparecen en él los coletudos que pueden ser de su agrado.¿Banderillean? Cuándo lo hacen; ¿Piden música? Y si la banda inicia un paso-doble torero y, con salero, el coletudo, detiene a la banda y pide que toquen: “España Cañí”, esa, que empieza: “Tan-taran-taran-tan-tan” que tiene buen ritmo para palmotear y hasta para patear – perdón – golpear con los pies el graderío, y máxime si éste es metálico, llevando el ritmo con manos y pies. Y un auténtico ídolo de cartel para villamelones debe hacerse del rogar, así como que no quiere hacerlo, incluso; permitir que los peones, en este caso, banderilleros tomen los garapullos y llegar a permitir que inicien el cuarteo frente al toro, y de pronto, así; súbitamente, atendiendo al reclamo de la multitud – ¿Se dice enardecida? – levanta enérgicamente la mano, haciendo señas de que se retiren los subalternos y expresando de manera muy visible: ¡Tápense! ¡Dejadme sólo! Para, entonces, pedir los palitroques y provocar el éxtasis de los villamelones, casi, casi, un orgasmo taurino colectivo, al acercarse a las tablas para espectacularmente “quebrar los palos”, atendiendo al griterío al que se ha unido la tropa de villamelones que se han puesto de pie y gritan: ¡Cortas, cortas!

Como vamos por partes, iniciemos por la indumentaria. El buen villamelón debe ir  adecuadamente vestido y equipado, la vestimenta incluye sombrero – imitación tejano – negro, o preferentemente color “pinta de vaca”, que también puede ir adornado con plumas o más “finolis” con espejito al frente de la copa del sombrero. Bajo el brazo o mejor dicho; colgando al hombro, una bota de las de plástico o en piel de “vinylope”, – las hay también en imitación piel de vaca que hacen juego con el sombrero, por supuesto llenas de tequila o mezcal. ¿Vino, pa’ que?…se calienta y sabe horrible…! La vestimenta lleva pantalón de mezclilla y camisa a cuadros, con chaleco de piel con solapa invertida de borrego; botas; también tejanas con punta y tacón metálicos, “mata-culebras”. Las botas van en piel que pueden ser de cahüama, con o sin permiso de la SEMARNAP, de avestruz o más a modo de piel de víbora. Se complementa el equipo con una bolsa de papel estraza que contiene: cemitas en número suficiente, de a dos por cabeza por cada Villamelón, las dichas “cemas” llevan harta cantidad de pápalo, cebolla y pipicha que despidan olores trascendosos que conviden a los vecinos de localidad en los tendidos hasta cuatro filas a la redonda. Se lleva también cantidad basta y suficiente de botana: cacahuates enchilados, habas y pepitas, puede incluirse un topper-ware conteniendo rebanadas de jícama con harto chile. Se incluye una bolsa con chelas, refrescos enlatados, por supuesto, para que en caso dado, las latas puedan ser utilizadas como proyectiles si llega a ocurrir algún desacuerdo con lo que acontece en el ruedo. Lo demás, viene después.

¡VIVAN LOS VILLAMELONES!

La palabra Villamelón ha venido siendo utilizada para describir a aquellos entusiastas espectadores, asiduos asistentes a las corridas de toros que llegan a auto-considerarse aficionados y tienen la intención de serlo, pero les gana su carga genética ambiental y nunca, por su comportamiento en la plaza dejaran de ser villamelones, aunque algunos por su audacia lleguen a escribir y comentar temas taurinos en diarios webs, que nadie abre o hasta tengan el atrevimiento de hablar de toros frente algún micrófono. Y ahora con los fenómenos “Face” y “Twiter” resulta que al estar uno tranquilamente viendo la transmisión de la corrida se sueltan una de comentarios – ver nota completa en: www.intoleranciadiario.com/opinion/puyazos con la punta de la pluma – espontáneos de la tecla que se desatan en comentarios de lo más diversos, la mayoría con una gran carga emocional y bien condimentados de villamelonaje. Pero lo que no tuvo similar, el colmo del atrevimiento fue aquel que se atrevió a afirmar, una vez terminada la corrida a manera de conclusión dijo que lo más “lucido” de la tarde fue el salto al callejón del segundo toro de rejones, que por cierto saltó por dos veces, no sin antes haber dejado visible muestra de su mansedumbre saliendo rebrincando como chivo al sentir el castigo del primer rejón. ¿Cómo va a ser vistoso ver a un toro de lidia saltar al callejón, huyendo a la pelea?   Un animal del qué de manera tan orgullosa e insistentemente mucho  hablamos que ha sido criado para la pelea, para defender peleando los colores de su divisa. Por lo que verlo huir, saltar de manera cobarde y espantadiza al callejón, evadiendo la pelea, eso resulta repugnante. Y no me vengan con el pretexto de que ese toro era familiar de “Pajarito”, el toro que saltó por el hecho de que se le “acabo” el redondel. No, mí estimado Fernando. No es así. Toro que salta al callejón y que no lo hace porque viniendo encarrerado se le acaba el terreno; lo hace; salta por cobardía, evidente mansedumbre. Se aprecia y aplaude el entusiasmo de aventarse al ruedo de comentarista, pero primero pensemos bien las cosas antes de darle a la tecla.

Juan Belmonte, el llamado “Pasmo de Triana” aquel que sentenció: “Se torea como se es” destacó, además de por su torero de temple, por su reacia personalidad. Le tocó, además en suerte, convivir con otros gigantes, verdaderos monstruos  del toreo, de la enorme talla de Joselito y su hermano Rafael “El Gallo”. Era tal la rivalidad que los retos y el sarcasmo eran pan de cada día en su trato. Muestra de ello es lo ocurrido en cierto tentadero al que acudieron juntos, siendo entonces Juan el más joven e inexperto de los tres. El llamado “Gallo” había toreado de manera colosal y le dieron oportunidad a Juan de dar unos muletazos. Se fue Juan a la vaca y la citó. Joselito que era la inteligencia misma en el toreo, le dijo: – “Por ahí no muchacho…Por ahí te va a coger…”

Belmonte se hizo el sordo, insistió en desafiar a la vaca, y ésta lo levantó en el aire, corneándolo a placer. Se puso de pie maltrecho Juan y se fue a la vaca en el mismo terreno que antes. Joselito le insistió: – ¡No hombre, ahí no!…

Belmonte desafió tercamente a la vaca, y Joselito se retiró de su lado con un mohín de orgullo o lástima. Se arrancó la vaca, la aguantó Juan, la dejó meter la cabeza en la muleta, la llevó templada y le sacó limpiamente el muletazo por tres veces. Luego se volvió a Joselito y le dijo con tono seco: – “Que me podía coger lo sabía yo ¡Pero el mérito estaba en darle el muletazo en ese sitio!”