Archiv para agosto, 2011

LOS TOREROS Y LA TEORIA DE LA CUERDA

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De las teorías que más frecuentemente argumentamos para tratar de explicar la inexplicable e incontestable pregunta: Bueno, y ¿Porqué un torero que parecía tenerlo todo para llegar a ser figura, de repente, se apagó o se se apagan? Tal ha sido el caso, por citar algunos ejemplos, de: Arturo Gilio; recordemos, corte de un rabo en su alternativa en la Plaza México, Federico Pizarro, también un rabo en la misma gran plaza en circunstancias apoteósicas y muchos otros triunfos, Fernando Ochoa, torero, “con todo”; dinero, arte, ganadero, porte, percha, presencia de príncipe. ¿Qué más se puede pedir? Teodoro Gómez dueño de un arte inconmensurable con el percal; y el caso más reciente de Jerónimo, quien también teniendo grandes cualidades y virtudes para llegar a ser figura, sus naturales en la México fueron calificados de sobre-naturales y tubo un quite, después de aparatoso tumbo que además de oportuno, fue de verdadera escandalera; torero este que se ha quedado en un hálito de esperanza, esperanza en que “un día le salga un toro”.

¿Qué es lo que les pasa? La respuesta la da Guillermo Sureda en su clásico “Tauromagia”, sentencia Sureda: “simple y sencillamente, se les acabó la cuerda”. Y pasa un servidor a explicar esto poniendo especial énfasis en estos tiempos en que muchos jóvenes lectores pueden acertadamente argumentar que no entienden esta teoría, porque simple y sencillamente ya no les tocó vivir con los relojes “de cuerda”. En estos tiempos de DVD’s, CP’s, USV’s, MP3 y demás electronicidades, pues desde la moda de los Cel’s, los Smart phones y Blackberryes, el reloj de muñeca cayó en desuso. Aunque también, justo es decirlo, la moda en las altas elites nuevamente impone los relojes de muñeca, costosos y de lujo. Bien, son relojes que basan su funcionamiento en una espiral de resorte que calibrada con mecánica de alta precisión, va soltando gradualmente “la cuerda”, misma que en los modelos más antiguos duraba únicamente un día, 24 horas, o en algunos más, y por ultimo los Seamasters y Constelation de la Omega, y los celebres Rolex con cuerda “automatica”; un volante que al girar con los movimientos de la muñeca, sin necesidad de nada más, “solito” se da cuerda al reloj, eliminando la necesidad de estar dando o tener que darle cuerda. Pues esta es la teoría de “la cuerda” para los toreros. Para que se entienda mejor, los casos de Cesar Rincón y Eloy Cavazos, el primero un torero que pese a las adversidades, incluso una enfermedad hepática desgastante y severas cornadas y Eloy con una trayectoria largísima y mucho tiempo de permanecer en activo, fueron los dos, toreros que solitos se dieron cuerda, con una predisposición y un estado de animo, lo que se dice “mentalizarse” y que equivale a lo que aquí estamos analizando: “darse cuerda” a sí mismo. A los otros ejemplos arriba mencionados: Gilio, Ochoa, Teodoro…simplemente se les acabo la cuerda y no tuvieron a mano quien les diera más. Caso aparte son los de Federico Pizarro quien parece haber encontrado alicientes y estímulos para auto-darse cuerda y Jerónimo quien aun necesita, pide a gritos…¡Que le den cuerda!

VIVAN LOS VILLAMELONES.

La palabra villamelón ha venido siendo utilizada para describir aquellos entusiastas espectadores, asiduos asistentes a corridas de toros que llegan a auto-considerarse aficionados y con la intención de serlo, pero les gana su carga genética o ambiental y nunca, nunca por su comportamiento en la plaza dejaran de ser villamelones, aunque algunos lleguen a lograr escribir temas taurinos en diarios o hasta tengan el atrevimiento, la audacia de llegar a hacerlo frente a un micrófono.

Vamos pues, con los comentarios villamelones…

Ocurrió apenas en la pasada feria de Xico, Veracruz. Lo escuche muy bien porque ante la tumultuosa entrada un grupo de viajantes oriundos del D.F. que acudieron a las festividades invitados por amigos de Xalapa se colocaron en el mismo palco de un servidor. Al calor de los toritos y la morita los neo-aficionados preguntaban curiosos y su guia-anfitrión les explicaba asombrándolos con sus conocimientos. Al comentar los pares puestos por el matador banderilleante les dijó: – “No, para banderillas las que pone __________ ponga Usted aquí el nombre del torero que guste, que guste poner pares espectaculares. “Ese si es chingón, se para, mero junto a la barda roja (el redondel) y se sube a la banqueta esa blanca (el estribo) y ahí le pone las banderillas al toro ¡Por la espalda! ¿Por la espalda de quien? me pregunté Pero de cualquier modo si es por la espalda del toro será por detrás del morrillo y eso, eso es “a cabeza pasada” o sea un burdo truco, un engaño, pero los villamelones, así disfrutan la fiesta.

Esta y la siguiente son anécdotas verdaderamente históricas, de la época que acertadamente debe llamarse la de “oro” del toreo, corrían los años veintes del pasado siglo y de ese personaje que forma parte importante de la iconografia nacional, verdadero símbolo del paisanaje mexicano: “Pito” Pérez de quien en su “La vida inútil de Pito Pérez”, su autor por José Rubén Romero, nos cuenta que habiéndose, el pintoresco personaje habituado en categoría de fanático a las peleas de gallos, incluso en su familia llegaron a ser dueños de un colorado muy peleador que les dio a ganar muchos pesos y del que estaba a cargo Hermelinda la hermana de don Pito.

Lo taurino del relato viene en que por aquellos años los toreros de moda eran precisamente Rafael “El Gallo” por parte de los hispanos y por el nuestro, el llamado “Indio Grande” don Rodolfo Gaona, la rivalidad entre los dos se convirtió en histórica y cada persona tomaba partido por uno u otro y defendía a su torero a ultranza. De “Machaquito” su fama perduraba a través del pasodoble que lleva su nombre “Machaquito” y que don Pito Pérez alegre silbava cuando ya muy entrada la noche y casi amaneciendo llegaba a su casa con un buen número de copas encima. Hermelinda, la hermana salió azorada y espantada a recibirle, pues había pasado la tarde y noche buscando al colorado; que alguien había dejado abierta la puerta del corral provocando la salida o el robo del preciado gallo. Con gran aflicción y apurada Hermelinda preguntó a su hermano – Jesús, – que así se llamaba don Pito – ¿No has visto al gallo? A lo que Pito Pérez muy jarifo y orgulloso respondió: – No. ¡Yo solamente he visto a Gaona!