Archiv para marzo, 2011

¡REGLAMENTANDO EL REGLAMENTO Parte II !

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Continuando con el propósito de tratar de reglamentar el reglamento que bueno sería, que de verdad se implantase el muchas veces deseado y buscado pero nuca logrado “monopuyazo”, se trata de que al momento del encuentro del burel con el picador, si éste, al “marrar” o fallar, trata de “re-fastidiar”, perdón, de rectificar o bien si el puyasito resulta pellejero por falta de enjundia y no otra cosa del montado NO podrá corregirse o convertirse el encuentro en multi-pica cómo actualmente ocurre. Así, de cada encuentro, resultará un puyazo o “mono- puyazo”. El juez centrará su atención en que esto ocurra y hará sonar parches y metales anunciando el cambio, a solicitud del espada en turno una vez “sentido” el toro.

A continuación procederá el o los quites. Si se llega a realizar algún quite…siendo el “quite” una suerte harto añeja que aparece descrita en algunos tratados antiguos de tauromaquia, y que algunos aficionados, los más ancianos ahora fallecidos recordaban haber visto ejecutar allá por la primera mitad de este siglo en el viejo Toreo de Puebla, y que se daba cuando lo toros de verdad empujaban recibiendo dos, tres y más puyazos. Consistía esa suerte en que, una vez picado el toro; el espada, con arrojo y valentía – facultades que también tienden a desaparecer – , se acercaba “a quitar” al toro de su pelea con el caballo. Hoy las figuras, y aspirantes a ello, se limitan parsimoniosamente con actitud permisible y complaciente a observar cómo el otro “matador”; el de “a caballo”, merma y acaba con las facultades peleativas del toro, que ya antes fue estrellado contra la muralla del peto, ya que loa picadores salen ahora con sus caballos convertidos en verdaderos acorazados. Y, en el caso de los novilleros, estos permanecen impávidos, expectantes, mientras sus llevanderos, llevadores, o “traidores” – del verbo “traer”, es decir, él que los traé; no de traición -, asesores o padrinos desde el callejón gritan tauricidas instrucciones, tales, como: “Pegale duro”, “Tapale la salida”, “Pártele la madre”, “Pegale pá que sangre”. Instrucciones éstas captadas y ejecutadas por respuesta de alguna de las dos neuronas que los picadores, los de a upa, llegan a tener. Y volviendo a los quites, alguien ha propuesto que se establezca una multa contra aquellos toreros, que en su turno de quite, intentan iniciarlo o lo hacen con las sobadas y sobaqueras chicuelinas. Esto con la finalidad de despertar en ellos y estimular la creatividad y dejen lo tan visto y choteado. Las chicuelinas tuvieron su momento vibrante con Manolo Martínez, Teodoro Gómez y últimamente con José Antonio Morante de la Puebla. Los demás intentos de verdad que debieran sancionarse. Y volviendo a la pica, ¿Que son los petos de los caballos? ¿De que material están hechas esas rompe-testas y parte-cuellos amuralladas? Quien las revisa an su llegada a la plaza. Sus dimensiones, peso y materiales de fabricación están debidamente reglamentados, pero, ¿Quien revisa y cuida que se cumpla esto?

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¡El Desplante!

Breve nota explicativa:

El Desplante, cómo acto que se realiza frente al toro, no es un lance, ni una suerte o pase, más bien es la expresión, el resultado de una actitud, que se efectúa, generalmente al salir o término de una serie de muletazos. Dice el tauro diccionario que es: “Acto del torero lleno de arrogancia al toro o de descaro o desabrimineto al público”, cosa que también puede serlo. Y en este breve espacio le utilizamos como expresión para un comentario sobre alguno de los aconteceres taurinos recientes.

Eso es un desplante, un gesto una expresividad que se realiza saliendo de un lance o una serie de ellos. Pero lo que hizo Rodolfo Rodríguez, el llamado Pana, torero ya definitivamente acabado, en la plaza México al indicar a su peón de brega que estrellase al toro, su primero de la tarde, de indudable buena presencia, que desde el sorteo y en corrales debió no haberle gustado al de Apizaco, que no quiso saber nada de él, logrado al estrellarle que perdiera el pitón izquierdo desde el nacimiento o la cepa. Logrando una imagen por demás repugnable, anti-taurina y anti-todo, y más si consideramos el dolor que esta verdadera fractura produce en el toro y más en estos tiempos de exceso de proteccionismo a los animales, lamentable estampa con el toro chorreando rutilante sangre por la cepa del pitón fracturado y el torero; coletudo, más bien dicho, displicente y burlón permanecía dentro del burladero, rumiando la desgracia de su decadencia. Eso, de ninguna manera puede llamarse, ni con mala leche; un desplante, eso, eso, tiene nombres, sustantivos para llamarle: majadería, cobardía, ignominiosa fealdad. Una más de este calamitoso y decrepito coletudo ha dado muestra de su incapacidad torera que trata de suplantar con un histrionismo que ya quedo muy fuera de cacho.

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¡El pago del brindis lleva incluida la cuenta de anoche!

Esto, nos lo contó el simpatiquísimo Gerardo Franco, aficionado, gallero de pura cepa, amigo de todos, pero sobre todo amigo del gran Manolo Martínez, quien toreaba en Aguascalientes durante la feria compartiendo fechas y en diferentes carteles con otro inolvidable; Curro Rivera, toreros y acompañantes se hospedaban en aquella vieja Catedral del toreo en Aguas, el Hotel Andrea, donde su propietario, don Juan Andrea que ahora también comparte suite en el cielo de los taurinos con Curro y Manolo, anfitroneaba a los toreros, pero, claro, con las correspondientes cuentas con cargo a los cuartos de cada uno. Y en una noche de triunfo del gran Manolo, el festejo se prolongó hasta ya entrada la madrugada. Teniendo que torear al día siguiente Curro se despidió prudentemente a descansar; pero continuaron circulando los vinos y alcoholes para la alegría y el bullicio de los acompañantes y festejantes del torero de Monterrey, quien por ser de ahí, mucho se quejaba y rehuía el pago de las cuentas de hoteles y bares, sobre todo cuando estas crecían y se abultaban en la forma en que ese día ocurría. Habiéndose retirado Curro, sólo quedaba cargar la cuenta al cuarto del regío y así se hizo, firmando muy a disgusto Manolo la nota de la cuenta. Al día siguiente en la plaza, el torero de Monterrey que no actuaba fue al burladero de ganaderos y Curro Rivera si vistió de luces y la muerte de su primero la brindó a don Juan Andrea que ocupaba, como siempre lo hizo su butaca de palco de contra-barrera. Terminó Curro el ceremonial del brindis, arrojó la montera que recibió el hotelero y en ese momento Manolo,

sacando medio cuerpo del burladero que ocupaba, estirando el cuello y haciendo bocina con las manos, le gritó a don Juan: ¡Don Juan: en el pago del brindis va incluida una cuenta de anoche!