Archiv para noviembre, 2010

LA CÁTEDRA TAURINA DE MARIO VARGAS LLOSA

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Continuando con la Cátedra Vargas Llosa ya que los taurinos estamos de muy plácemes por el otorgamiento del Nóbel de las letras a don Mario, mismo premio que en unos días le será entregado por la Real Academia de Estocolmo Suecia al escritor en la solemne ceremonia de premiación. De el autor de Conversación en la Catedral, Los Cachorros y Los Jefes de las publicaciones de sus escritos, de sus notas autobiográficas, relatos, recuerdos y las imborrables impresiones de su temprana y muy cultivada afición, cuando, al igual que la mayoriíta de los aficionados asistiendo de la mano de sus mayores asistía a las corridas de toros, recogemos La Capa de Belmonte estos bellos conceptos: “El Tío Juan” nos contaba a mi y a mis primas Nancy y Gladys que esa hermosa capa oro y gualda, recamada de pedrerías y testigo de milagrosas faenas en los cosos de España y América se la ha había regalado el gran Juan Belmonte a su padre (…) No era un capote de torear, sino una capa de adorno, para el paseíllo, pero mi tío Juan la utilizaba igual para citar al invisible astado y con movimientos lentos, rítmicos, de graciosa elegancia, confundir y marear al animal obligándolo a embestir una y otra vez, raspándole el cuerpo, en una danza mortal que a mi y a mis primas nos mantenía hipnotizados. Aquellas noches yo salía a las plazas a torear y escuchaba clarines, pasodobles, y veía los tendidos alborotados por los gritos entusiastas y pañuelos de los aficionados”.

Bellos, hermosos recuerdos de don Mario, que todos aquellos que más o menos andamos por la misma edad, tenemos presentes: “Un acontecimiento excepcional de aquellos años fue la llegada al Cine Rex, cercano a la Plaza de armas de Cochabamba, de la película Sangre y Arena, con Tyrone Power, Linda Barnell y Rita Haywort. Gocé, sufrí – escribe Vargas Llosa – y soñé tanto con ella, me la sabía de memoria y además la reprodujimos varias veces en el vestíbulo y los patios de la profunda casa cochambambina donde vivía la tribu familiar, que nunca he querido volverla a ver, temeroso de que aquella inolvidable historia sentimental, de amores heroicos y corridas épicas, vista hoy día desencantara y aniquilara unos de mis mejores recuerdos de la infancia (…) aquella soleada tarde en que el abuelo Pedro – yo debía andar por los ocho o nueve años de edad – me tomó de la mano y me hizo subir la larga cuesta que conducía a El Alto, aquella cumbre desde la que se divisaba todo el valle de Cochabamba y donde estaba la placita de toros de la ciudad, para presenciar la primera novillada de mi vida, yo era ya poco menos que un experto en tauromaquia. Sabia que una corrida constaba de tres tercios, los nombres de los pases, que los Miuras eran los bichos más bravos y más nobles, y que las banderillas y la pica no se infligían al toro por pura crueldad, sino para despertar su gallardía, embravecerlo y, a la vez, paradójicamente, bajarle la cabeza a la altura de la muleta. Pero una cosa era saber todo eso, y otra ver y tocar la fiesta y vivirla en un estado de trance, emocionado hasta los tuétanos. Todo era hechicero y exaltante en el inolvidable espectáculo: la música

Los jaleos de la afición, el colorido de los trajes, los desplantes de los espadas, y los mugidos con que el toro expresaba su dolor y su furia. Elegancia, crueldad, valentía, gracia y violencia se mezclaba en esas imágenes que me acompañaron tanto tiempo. Estoy seguro de que al regresar a la casa de Ladislao Cabrera, todavía en estado de fiebre, aquella tarde había tomado ya la resolución inquebrantable de no ser aviador ni marino, sino torero (…)

(…) No puedo separar del recuerdo de esa capa de la figura epónima de Mito Mendoza, un primo del tío Juan, que sabía de toros todavía más que éste, y que, hablando de la fiesta, contando corridas célebres y faenas paradigmáticas y chismografías de ganaderos, empresarios y toreros, se excitaba de tal modo que se ponía colorado y accionaba y alzaba la voz como si algo lo hubiera enfurecido. Pero estaba feliz y en esas apoteosis solía exigir que le pusieran en las manos la Capa de Belmonte para pasar a la acción.

Este maravilloso escrito del hoy Nobel de Literatura bien merece continuar ser reproducido y comentado, cosa que haremos en la próxima entrega.

 ¡Sacudiendo la choma!

 Breve nota explicativa:  

Se pronuncia “schhoma” y es un trozo de penca de maguey, verde, fresco, flexible que se acomoda como “jícara” para tomar el “neutle” o pulque, bien llamado “néctar de dioses” en el campo durante maniobras de embarque, en herraderos y demás labores; su ingesta además de vigorosa y reconfortante, resulta refrescante. Una vez servido, cada ración es de más o menos medio litro, debe tomarse de un solo trago y en forma de reto; un bebedor frente al otro, y terminado el gran y largo trago, con una mano se sujeta y se sacude violenta y enérgicamente la schhoma, para que suelte la hebra o baba, como se dice comúnmente, en el campo, “pa´ que suelte el alacrán”. En la foto, el Juez de callejón Pepe Luna ejecutando la acción de beber rico neutle en la schhoma. Esta delicadísima maniobra de gourtmets de campo se le llama “sacudiendo la schomma”. Y en este breve espacio le utilizamos como expresión para un comentario sobre alguno de los aconteceres taurinos recientes.

Preocupante, muy preocupante, resulta que los toros se sigan cayendo y más si lo hacen frente a la misma cara del caballo y antes de recibir la puya, tal como ocurrió los domingos pasados con los toros de Xaxay, motivo por el que Fernando Ochoa y Castella no pudieron bajarles la mano para torearles de manera sabrosa, ya que si lo intentaban los cornupetas perdían las manitas y se iban al suelo. A Arturo Macias y a José Mauricio, les pasa exactamente lo mismo: ambos perdieron la brújula y piensan encontrarla con maestros “importados”, Arturo con Corbacho (primer llevandero de José Tomás) y José Mauricio con Neila (primer maestro de Tauromaquia). Lo cierto es que andaban mejor cuando tenían llevanderos de los nuestros. Y volviendo a los toros que se caen y al hacerlo hacen que se derrumbe la fiesta, en el caso de los de Sordo Bringas de esta última corrida, dos que tres de Juliam Handam también “doblaron la manitas de cara” frente al caballo, y no puede argumentarse que sea debido a la falta de alimento, pues en ambas casas de ganado criar, lo que sobra es grano y dinero para comprarlo. ¿Entonces?

 

 

LA CÁTEDRA TAURINA DE MARIO VARGAS LLOSA

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Ahora que el nombre de Vargas Llosa está sonando fuerte y que los taurinos estamos de plácemes por el muy merecido otorgamiento del Nóbel de las letras a don Mario, mucho se habla y que bueno que se haga y se multiplican las publicaciones de sus escritos. Pero el escribidor de la Tia Julia, quien también ha escrito un ensayo sobre La Pesca Recreativa y las Corridas de Toros y tiempo atrás, notas autobiográficas relatos, recuerdos e imborrables impresiones de su temprana y muy cultivada afición, cuando, al igual que la mayoriíta de los aficionados asistiendo de la mano de sus mayores a las corridas en el texto que titulo La Capa de Belmonte. También ha sido señalado con el nombramiento como Pregón de la feria de Sevilla, pregón en el que ha dictado Cátedra Taurina. Incluso, en facebook los adictos fueron alertados sobre el comentario que en días pasados nos ha obsequiado con su comentario titulado: “Torear y otras maldades” donde Vargas Llosa relata cuando a la mesa con elegantes personajes; una petulante señora que presidía la mesa temblando de indignación, se queja de la crueldad de las corridas de toros, mientras se saborea una langosta que ha sido cocida, sumergida viva en agua hirviendo, porque dicta la receta de gourmet, que así es cómo con el sufrimiento hace al crustaceo liberar sustancias que aportan sabor y riqueza extraordinarias al guiso. Lo cierto es que son varios e importantes los tauro-escritos del nuevo Nobel.

A continuación incluimos de sus comentarios el qué quizá es el más valioso de todos; herramienta, instrumento de gran utilidad, argumento irrefutable como defensa de la fiesta ante los ataques de los enemigos de tauro. Claro está que intentar discutir con ellos, dada su ignorancia y terquedad resulta estéril, pero lo profundo del argumento es de admirable verdad y viene a propósito del articulo de Luís María Anzón, “La Pesca Recreativa y las Corridas de Toros” que publicó la Fundación Wellington en abril del 2004, leamos lo que cuestiona el peruano, amante irredento de la fiesta: “Los enemigos de la tauromaquia se equivocan creyendo que la fiesta de los toros es un puro ejercicio de maldad en el que unas masas irracionales vuelcan un odio atávico contra la bestia. En verdad, detrás de la fiesta hay todo un culto amoroso y delicado en el qué el toro es el rey. El ganado de lidia existe porque existen las corridas y no al revés. Si éstas desaparecen, inevitablemente desaparecerán con ellas todas las ganaderías de toros bravos y éstos, en vez de llevar en adelante la bonacible vida vegetativa deglutiendo yerbas en las dehesas y apartando moscas con el rabo; con lo que les desean los abolicionistas, pasaran a la simple existencia. Y me atrevo a suponer que si les dejara la elección entre ser un toro de lidia y no ser, es muy posible que los esplendidos cuadrúpedos, emblemas de la energía vital desde la civilización cretense, elegirían ser lo que son ahora en vez de nada.

Describe, el también autor en su análisis de La Pesca Recreativa y las Corridas de Toros, los pormenores de la pesca del Lucio, en un río que caracolea entre las montañas suizas. Aunque es silente y no corre la sangre, la operación es de un refinamiento en el ejercicio de la crueldad que pone los pelos de punta –la descripción de Anzón — sobre todo al final de la larga agonía, cuando el pez, con el paladar ya destrozado por el anzuelo de triple punta, va muriendo asfixiado, con los ojos saltados y atónitos, entre coletazos que se apagan a cámara lenta”.

“Cruel agonía que los anti-taurinos nunca han visto. O su sensibilidad no aprecia. ¿Mal de muchos, consuelo de tontos?” – se pregunta don Mario? – “No estoy tratando de demostrar nada con estos ejemplos, que se podrían alargar hasta el infinito” – se responde y nos dicta – “Sino diciendo que si se trata de poner un punto final a la violencia que los seres humanos inflingen al mundo animal para alimentarse, vestirse, divertirse y gozar, ideal perfectamente legitimo y sin duda sano, aunque de tremebundas consecuencias, habrá que hacerlo de manera definitiva e integral, sin excepciones y a la vez sacrificando al mismo tiempo los toros y los zoológicos. Y, por supuesto, los placeres gastronómicos, especialmente los carnívoros y las pieles y todas las prendas de vestir y utensilios u objetos de cuero, piel y pelambreras, y hasta la campaña de erradicación de ciertas especies de insectos y alimañas (¿Qué culpa pueden tener el Anófeles hembra de transmitir el paludismo, la rata la peste Bubónica y el murciélago la Rabia.? ¿Se extermina a caso a los humanos potadores del SIDA, de la Sífilis y del contagioso catarro?) De modo que el mundo alcance esa utópica perfección en que los hombres y los animales gozaran los mismos derechos y privilegios. Aunque, claro está, no de los mismos deberes, por lo que nadie hará entender a un tigre hambriento o a una serpiente malhumorada que está prohibido, por lo oral y por las leyes, manducarse a un bípedo o fulminarlo de un picotazo”.

Concluye la clase de hoy: “Mientras no se materialice esa utopía seguiré defendiendo las corridas de toros, por lo bellas y emocionantes que pueden ser (…) lo que nos conmueve y embelesa en una buena corrida es, justamente, lo que la fascinante combinación de gracia, sabiduría y arrojo e inspiración de un torero, y la bravura y elegancia de un toro bravo, consiguen, en una buena faena”.

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¡Sacudiendo la choma!

Breve nota explicativa:

Se pronuncia “schhoma” y es un trozo de penca de maguey, verde, fresco, flexible que se acomoda como “jícara” para tomar el “neutle” o pulque, bien llamado “néctar de dioses” en el campo durante maniobras de embarque, en herraderos y demás labores; su ingesta además de vigorosa y reconfortante, resulta refrescante. Una vez servido, cada ración es de más o menos medio litro, debe tomarse de un solo trago y en forma de reto; un bebedor frente al otro, y terminado el gran y largo trago, con una mano se sujeta y se sacude violenta y enérgicamente la schhoma, para que suelte la hebra o baba, como se dice comúnmente, en el campo, “pa´ que suelte el alacrán”. Esta delicadísima maniobra de gourtmets de campo se le llama “sacudiendo la schomma”. Y en este breve espacio le utilizamos como expresión para un comentario sobre alguno de los aconteceres taurinos recientes.

Falsas sonrisas, expresiones de jubilo que nadie cree, huecos e hipócritas enhoragüenas abundaron al término de la corrida del pasado 2 de noviembre en la feria de “Todos los Santos” que se dio en la Plaza Jorge “El Ranchero” Aguilar en Tlaxcala, corrida ya histórica por la conmemoración de CXL aniversario de la legendaria ganadería de Piedras Negras, una de las cuatro que son “Madre” de todas las casas de ganado bravo que hay en México. Falso y sería dar coba inútilmente al decirle al ganadero que tubo un “gran poder de convocatoria” por la gran entrada que se dio ese día y sobre todo por la presencia en los tendidos de gran cantidad de rostros conocidos. Lo cierto, es que si bien tradición, prestigio y fama enmarcan el nombre de esta divisa, Negro y Rojo, también en los tendidos eran numerosas las indumentarias, y diversas prendas que con los colores de la casa muchos amigos lucieron ese día, pero muchos otros fueron con el morbo de un posible fracaso de la actual administración y cabeza pensante que lleva la ganadería. Pero salieron boquiabiertos por la calle principal de la bella Tlaxcala, viendo que a hombros, una entusiasta multitud llevó a los tres espadas actuantes; Uriel Moreno, el llamado “Zapata”, Fermín Spinola e Israel Téllez, junto con el ganadero Marco Antonio González, en festejante son de triunfo, por cierto, muy merecido.

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¡Pues, por ahí mismo se me van a ir!

Muy merecida fama la que rodea la recia personalidad de don Raúl González ganadero de Piedras Negras, en cuanto a la dureza de su talante, de entrega absoluta y fino trato en la amistad inconmensurable y esplendidez en la anfitronía; pero a la vez una capacidad innata para poner a “cada quien en su lugar” cómo se dice coloquialmente hablando. Pues si bien gustaba mucho de atender a sus invitados a tientas, herraderos y demás eventos festivos en el caso de la hacienda y su casa, lo cierto es que no gustaba de la presencia de los llamados “gorrones” que en esto del toro suelen darse a carretadas Por ello, llegar a Piedras, sin la correspondiente invitación bajo el brazo, era un verdadero y peligroso arriesgue. Además de que la principal intención de l´amo era transmitir su deseo de dar y tener categoría a los toreros, que invitados por él llegaban a Piedras, lo primero que don Raúl quería era que los toreros captaran y entendieran bien la importancia del lugar que ocupan y deben ocupar en las estratos sociales. Darles, pues categoría y que ellos aprendieran a dársela. De ahí que no le gustasen o cayeran bien aquellos que no habiendo sido invitados, llegaban a las tientas con el hatillo en mano, la gorra de lado, los ténnis agujereados, y el rojo paliacate al cuello. Llegaban por cualquiera de los diversos caminos; el de la vía del tren, el que salía de Tetla, o a bien casi a campo traviesa entre los veredas al lado de los magueyales, por eso, cuando no eran invitados y el Señor Ganadero lo detectaba, llamándoles aparte y les preguntaba: – ¿Y ustedes, por donde vinieron? A lo que los chavales, no sin cierto temor respondían: – ¡Por ahí señor! — señalando – por los tinacales, las trojes o el polvoriento camino. A lo que el ganadero enérgicamente respondía: ¡Pues por ahí, se me van a ir, ahorita mismo!

Convidándoles a re-andar el camino andado de regreso a casa.