Archiv para 5 agosto, 2010

LOS CONTRATOS DE LOS TOREROS

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Buscando en las Tauromaquias de los clásicos nos encontramos que prácticamente, este tema no ha sido abordado y le consideramos de cierta relevancia principalmente en cuanto a las cantidades o sueldos que han llegado a cobrar algunas figuras de las llamadas “mandones”, cantidades cuya importancia radica en lo desproporcionadamente altas en relación a los sueldos o salarios que percibían otros toreros, artistas y famosos contemporáneos. Y no solamente eso, sino algunas exigencias o canogias que los contratantes o empresas se veían obligadas a aceptar, así como la forma en que estos se especifican en los textos de los contratos, más adelante presentamos alguno que otro ejemplo, pero vamos por partes. Como antecedentes mencionamos que los primeros toreanderos, matadores de a pie que actuaron como profesionales: y aquí vale decir que profesional del toreo es aquel que conoce un oficio que le permite, junto con su valor, afrontar las enormes dificultades de enfrentar a un animal que ha sido creado – concebido – para morir, peleando en una plaza de toros.

Básicamente se señalan en el texto del documento contractual: lugar, fecha y hora de la actuación, en cuanto a lugar no solamente se menciona la población, sino la plaza. El espada queda comprometido a presentarse puntualmente al coso y a matar el número de toros acordado, según sea cartel de tres espadas; mano a mano o alguna otra variante. Se especifica claramente si el mismo espada cubre los gastos de su traslado, hospedaje, los emolumentos de su cuadrilla, mozo de estoques y ayuda. La variante ocurre cuando la empresa contratante se hace cargo de estos gastos, incluidos los de las cuadrilla, por así convenir a sus intereses o por su estructura empresarial, pero quedado claramente anotada la cantidad que corresponde al pago de honorarios del espada y sobre todo si estos emolumentos son libres de impuestos ¿Ó, no? Queda además definido el nombre de la ganadería de los toros a lidiar y el de los alternantes. Algunos contratos corresponden a actuaciones en ferias o temporadas formales y en ellos se señala el número de corridas que el contratado matará en la dicha feria o temporada, así como el origen de los toros y compañeros de cartel, quedando en algunos casos pendiente alguna fecha determinada, pero se entiende que dentro del ciclo anunciado. Y en otros casos dependiendo de la categoría de la “figura” se anota claramente si “abre” temporada o la fecha en que se presentará en dicho serial o feria. Así ocurre frecuentemente con los “mandones” de la fiesta, siendo ellos o sus representantes quienes señalan – exigen – determinadas ganaderías así como aceptar o rechazar el alternar con ciertos coletas.

En cuanto a las percepciones económicas de los toreros, el celebérrimo Monstruo de Córdoba Manuel Rodríguez en los tiempos de sus apoteóticas presentaciones; vino a México contratado por la cantidad de cien mil pesos por corrida, cuando la paridad cambiaria, del peso era de 4 pesos y 85 centavos contra un dólar; y “El Ave de las tempestades” Lorenzo Garza, llegó a firmar alguna actuación por 125 mil pesos ¡de aquellos! Lo que equivale a cerca de 26 mil dolares y como usted bien comprende, 26 mil de los verdes de aquellos, alcanzaban para mucho más cosas que los de ahora. Dato curioso y concluyente si consideramos que las figuras actuales llegan a percibir cantidades menores, salvo algunos cuantos: 65 años después viene a México, el más Hermoso de los rejoneadores cobrando 35 mil dolares por actuación, esto incluye movimiento y traslado de la cuadra desde España y su logística para desplazarse por las diversas plazas del país.

Otro dato curioso y de gran valor histórico, documental es el que comentamos a continuación en relación a una aplastante figura del inicios del siglo XX, su nombre va incluido en el texto de los detalles del contrato en comento: “Será satisfecha a Antonio Montes la cantidad de dos mil doscientos pesos como honorarios por su trabajo y el de su cuadrilla compuesta por tres picadores y cuatro banderilleros y un sobresaliente siendo los gastos por cuenta del matador”. La contrata tiene las rubricas del empresario R. Campusano y del matador contratado Antonio Montes y la corrida fue para matar cuatro toros y se celebró el 6 de enero de 1904 en la plaza de Morelia. Esta cantidad resulta verdaderamente exorbitante si consideramos que algunos años antes en el 62 del mil ochocientos, y con motivo de la recién ganada batalla de Puebla contra los franceses, el gobierno de Puebla a través del regidor Labat organizó un festejo con la lidia de cinco toros en la plaza del Paseo Nuevo a beneficio de los hospitales llamados de “sangre” del Benemérito Ejercito de Oriente, dejando el festejo con plaza llena una utilidad neta de 2 180 pesos con 71 centavos cantidad muy similar a lo que cobraría Montes él sólo con sus cuadrillas por matar una corrida. Los toros de Atenco que se mataron en la corrida benéfica costaron 250 pesos, los cinco, y el Dr. Elizalurriti cobró por sus servicios de medico de plaza cinco pesos. Aplicando las correspondientes reglas de tres la cantidad cobrada por el torero equivaldría a alrededor de seiscientos cincuenta miles pesos de los actuales.

En el próximo Post, hablaremos de algo muy usual en este negocio de contratar toreros y que desde los primeros tiempos de la formalización de esto permanece como una tradición, de alguna manera regulada por lo que se llama “usos y costumbres” y que es el contrato oral o verbal y que entre la gente del toro se signa con “fuere apretón de manos”, pero cosa que aunque persiste funcionando en nuestros días a dado lugar a trascendentes “incumplimientos” de la llamada palabra de honor o sagrada.

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¡Que par…de nalgas!

El relato aparece en las memorias de Pepe Dominguín se remonta a los años cincuenta del siglo recién concluido y hace alusión a la simpatía e ingenio de los “gritones” del tendido de sol. El mismo día domingo en el llamado embudo de Insurgentes los famosos gritones ya habían festejando un brindis de Jorge “EL Ranchero” Aguilar al genial compositor Agustín Lara que ocupaba su “barrera de sol, aquella que no cambiaba por un trono para ver torear a Silverio“. A lado suyo, su inseparable María Félix, y al volver a tomar asiento el músico y poeta, después de recibir el brindis y aprovechando el silencio que se hizo, después de la dedicatoria, se escuchó el grito del tendido alto: – ¡Maria, cuando nos regalas otro de tu ganadería! Momentos más tarde en el tercio de banderillas, toro que correspondía a Domingo Dominguin, traía éste en su cuadrilla a un simpático y bien querido sujeto de muy prominentes y abultados glúteos, mismos que con el ajustado traje de luces lucían en todo su esplendor. De apellido Cadenas era este peón de brega y banderillero, e iba saliendo de terminar de poner un muy buen par de banderillas en su turno; par, que el gritón del tendido festejó en tono admirativo: ¡Qué par….Qué Par! Y cuando Cadenas miró hacía el sitio de donde parecía salir la voz, y con un gesto del brazo levantado, queriendo agradecer el elogio, la misma voz clamó: ¡Qué par! ¡Qué par de nalgas…!