Archiv para agosto, 2010

LOS CONTRATOS Y LAS EXIGENCIAS DE LOS TOREROS

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Ser figura del toreo significa ser mandón, y mandón, – – valga la perogrullada – – es saber mandar, vamos a comentar aquí algunas exigencias de toreros plasmadas por escrito en contratos, que pueden considerarse verdadera documentación histórica como el que firmaron Lorenzo Garza, llamado entonces “El Magnifico” y el empresario Antonio Algara por la EMPRRESA ESPECTACULOS DE LA PLAZA MEXICO S.A. la fecha que registra el contrato signado en la Ciudad de México, por triplicado – – reza el texto – – a los veinticinco años del mes de mil novecientos cuarenta y cinco. Siendo Garza, llamado también “El Ave de las Tempestades”, dichas tempestades, verdaderas tormentas de escándalo podrían acarrear serias consecuencias, que a veces concluían con el matador, detenido y encerrado tras las rejas. Como un acto precautorio de lo que pudiera pasar se establecía una cláusula que incluso se repite en el texto del contrato, la número SEXTA, dice: Las multas que por cualquier caso fueren impuestas al Diestro Lorenzo Garza, en sus actuaciones, serán pagadas por la Empresa. Y se repite lo conceptual en la número DECIMA, que señala: Será obligación exclusiva de la Empresa cubrir todas las multas que por cualquier causa fueran impuestas al Diestro Lorenzo Garza en sus actuaciones en la Plaza México.

En cuanto a otros privilegios y prebendas que el Diestro reclamaba para si y la empresa aceptada en el contrato estaba la posibilidad de alguna lesión, para ello la cláusula OCTAVA manda: En caso de que el Diestro Lorenzo Garza sufra algún percance que le impida actuar en alguna o alguna de las fechas que se mencionan en este contrato, le serán transferidos todos los derechos y de común acuerdo entre Diestro y Empresa, en el plazo que estipula éste contrato. Y es que el recio carácter del regio podía en cualquier momento dar lugar a algún altercado grave que obligara a la suspensión de derechos del matador por su gremio profesional o incluso por orden jurídica, por lo que la Cláusula NOVENA, contempla: En el caso de que el Diestro Lorenzo Garza sufra alguna suspensión oficial que le impida el cumplimiento parcial de éste contrato, la Empresa está de acuerdo en hacerlo efectivo en su totalidad.

Así se las gastaba el señorón de Monterrey. Su contrata abarcaba varias fechas, estas se especifican claramente en el documento de contrato, incluso se deja claro que la presentación del Diestro en la temporada sería en la cuarta corrida y se señalan las fechas posteriores; y hasta cuales serían sus alternantes, en este caso se menciona a los hispanos: Domingo Ortega, Manuel Rodríguez “Manolete” y de los mexicanos; Fermín Espinosa “Armillita”, Silverio Pérez, y la Alternativa de Félix Briones, dejando a la empresa en libertad de poner al tercer alternante. La paga pactada para el torero regio fue de $ 100 000 pesos de aquellos a tipo de cambio de $ 4.65 por un dólar por cada una de las cinco corridas contratadas y la cantidad de $ 125 000 pesos en caso de que la empresa decida montar un mano-a-mano, quedando en libertad de organizarlas como le conveniere. Aquí hacemos un alto en la lectura del documento, para señalar la importante diferencia del poder adquisitivo de la moneda en 1946. Y que actualmente en estos sufridos días de crisis económica, los toreros y sus apoderados a veces tienen que organizar verdaderas pesquisas para localizar a la empresa o empresario, — corretearlos — es la palabra, para cobrar su sueldo que muchas veces es pagado con cheques que suelen como pelota de hule “rebotar” y acaban siendo cobrados en dos tres o mas cómodos pagos. Al enorme Lorenzo especifica el contrato que el pago sería en efectivo y a su “entera satisfacción” ¡24 horas antes de la actuación! Y queda escrito claro, muy claro que ninguna de las corridas podría ser con fines benéficos. Por último, en caso de problemas que pudieran surgir el documento contrato puede ser elevado a nivel de escritura pública.

Para terminar con el tema, debemos hablar del otro tipo de contratos que existe muy en uso en el medio y que está desde el inicio mismo de la actividad contractual: se trata del contrato hablado, el no escrito, el que es sellado “firmado” con un fuerte apretón de manos, de caballeros, de hombres de palabra; “un apretón de manos – – dice Pepe Dominguín en “Mi Gente” — sella la negociación que invariablemente se cumple. Los hombres tienen palabra y honor, que vale más que las letras menudas de las múltiples cláusulas que habrán de ser cumplidas”. Eso de que invariablemente se cumple, es un decir, lo cierto es que muchas veces el apretón de manos se convierte en un cumplimiento en una sola dirección, lo cumple y cumple de la parte convenida quien lleva el interés y las ganancias a su favor y la parte contraria, se queda con eso…un fuerte apretón de manos.

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Junio de 1973, día 3. Barcelona.

Paco Camino parte plaza al lado de Luís Miguel Dominguín y Palomo Linares. En la cuadrilla de Camino va su hermano menor, banderillero y peón de confianza, a quien Paco ha ayudado siempre desde pequeño y se ha expresado de él: – – “Jamás vi mozo más plantado ante los toros”. “Joaquín – – relata Loret De Mola – – quiso ser torero pero el peso de la figura de su hermano le dificulta realizar su sueño; entonces Paco le recibe en su cuadrilla, y ésta tarde en Barcelona marchan juntos, como tantas veces. El segundo de Atanasio Fernández pesa 544 kilos y demuestra asperazas muy extrañas en los astados de su procedencia”.

Paco quiere sujetarlo con la capa pero el burel desarrolla genio y el matador se limita a bregar con limpieza. Se retira al burladero para ver transcurrir el segundo tercio. – – Venga Joaquín. Tranquilo, que el bicho es peligroso. A lo que el hermano responde: – No pasa ná Paco. Es lo de todos los días.

Joaquín va al toro despreocupadamente; el burel se arranca y clava los pitones en las carnes del banderillero, infiriéndole dos mortales cornadas; una penetra el tórax y le desgarra el pulmón; la otra penetra por el muslo izquierdo y le destroza el abdomen. Paco a cuerpo limpio le quita el toro a su hermano. Su rostro se horroriza, pero conserva la serenidad suficiente para conducir el herido a la enfermería. Transcurren unos minutos. Paco sale cabizbajo y toma la muleta; castiga al toro con pases enérgicos. Torea por bajo con furia mientras su faz muestra la palidez de una gran amargura. Media estocada precede a una entera que termina con la existencia del astado asesino. Joaquín agoniza y Paco corre a su lado mientras el resto de la cuadrilla recorre el redondel agradeciendo la ovación.

Alguien le pregunta un día – – ¿Qué te han quitado los toros, Paco?

– – ¡Allá en Barcelona, una vez, uno me quito un hermano…!

LOS CONTRATOS DE LOS TOREROS

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Buscando en las Tauromaquias de los clásicos nos encontramos que prácticamente, este tema no ha sido abordado y le consideramos de cierta relevancia principalmente en cuanto a las cantidades o sueldos que han llegado a cobrar algunas figuras de las llamadas “mandones”, cantidades cuya importancia radica en lo desproporcionadamente altas en relación a los sueldos o salarios que percibían otros toreros, artistas y famosos contemporáneos. Y no solamente eso, sino algunas exigencias o canogias que los contratantes o empresas se veían obligadas a aceptar, así como la forma en que estos se especifican en los textos de los contratos, más adelante presentamos alguno que otro ejemplo, pero vamos por partes. Como antecedentes mencionamos que los primeros toreanderos, matadores de a pie que actuaron como profesionales: y aquí vale decir que profesional del toreo es aquel que conoce un oficio que le permite, junto con su valor, afrontar las enormes dificultades de enfrentar a un animal que ha sido creado – concebido – para morir, peleando en una plaza de toros.

Básicamente se señalan en el texto del documento contractual: lugar, fecha y hora de la actuación, en cuanto a lugar no solamente se menciona la población, sino la plaza. El espada queda comprometido a presentarse puntualmente al coso y a matar el número de toros acordado, según sea cartel de tres espadas; mano a mano o alguna otra variante. Se especifica claramente si el mismo espada cubre los gastos de su traslado, hospedaje, los emolumentos de su cuadrilla, mozo de estoques y ayuda. La variante ocurre cuando la empresa contratante se hace cargo de estos gastos, incluidos los de las cuadrilla, por así convenir a sus intereses o por su estructura empresarial, pero quedado claramente anotada la cantidad que corresponde al pago de honorarios del espada y sobre todo si estos emolumentos son libres de impuestos ¿Ó, no? Queda además definido el nombre de la ganadería de los toros a lidiar y el de los alternantes. Algunos contratos corresponden a actuaciones en ferias o temporadas formales y en ellos se señala el número de corridas que el contratado matará en la dicha feria o temporada, así como el origen de los toros y compañeros de cartel, quedando en algunos casos pendiente alguna fecha determinada, pero se entiende que dentro del ciclo anunciado. Y en otros casos dependiendo de la categoría de la “figura” se anota claramente si “abre” temporada o la fecha en que se presentará en dicho serial o feria. Así ocurre frecuentemente con los “mandones” de la fiesta, siendo ellos o sus representantes quienes señalan – exigen – determinadas ganaderías así como aceptar o rechazar el alternar con ciertos coletas.

En cuanto a las percepciones económicas de los toreros, el celebérrimo Monstruo de Córdoba Manuel Rodríguez en los tiempos de sus apoteóticas presentaciones; vino a México contratado por la cantidad de cien mil pesos por corrida, cuando la paridad cambiaria, del peso era de 4 pesos y 85 centavos contra un dólar; y “El Ave de las tempestades” Lorenzo Garza, llegó a firmar alguna actuación por 125 mil pesos ¡de aquellos! Lo que equivale a cerca de 26 mil dolares y como usted bien comprende, 26 mil de los verdes de aquellos, alcanzaban para mucho más cosas que los de ahora. Dato curioso y concluyente si consideramos que las figuras actuales llegan a percibir cantidades menores, salvo algunos cuantos: 65 años después viene a México, el más Hermoso de los rejoneadores cobrando 35 mil dolares por actuación, esto incluye movimiento y traslado de la cuadra desde España y su logística para desplazarse por las diversas plazas del país.

Otro dato curioso y de gran valor histórico, documental es el que comentamos a continuación en relación a una aplastante figura del inicios del siglo XX, su nombre va incluido en el texto de los detalles del contrato en comento: “Será satisfecha a Antonio Montes la cantidad de dos mil doscientos pesos como honorarios por su trabajo y el de su cuadrilla compuesta por tres picadores y cuatro banderilleros y un sobresaliente siendo los gastos por cuenta del matador”. La contrata tiene las rubricas del empresario R. Campusano y del matador contratado Antonio Montes y la corrida fue para matar cuatro toros y se celebró el 6 de enero de 1904 en la plaza de Morelia. Esta cantidad resulta verdaderamente exorbitante si consideramos que algunos años antes en el 62 del mil ochocientos, y con motivo de la recién ganada batalla de Puebla contra los franceses, el gobierno de Puebla a través del regidor Labat organizó un festejo con la lidia de cinco toros en la plaza del Paseo Nuevo a beneficio de los hospitales llamados de “sangre” del Benemérito Ejercito de Oriente, dejando el festejo con plaza llena una utilidad neta de 2 180 pesos con 71 centavos cantidad muy similar a lo que cobraría Montes él sólo con sus cuadrillas por matar una corrida. Los toros de Atenco que se mataron en la corrida benéfica costaron 250 pesos, los cinco, y el Dr. Elizalurriti cobró por sus servicios de medico de plaza cinco pesos. Aplicando las correspondientes reglas de tres la cantidad cobrada por el torero equivaldría a alrededor de seiscientos cincuenta miles pesos de los actuales.

En el próximo Post, hablaremos de algo muy usual en este negocio de contratar toreros y que desde los primeros tiempos de la formalización de esto permanece como una tradición, de alguna manera regulada por lo que se llama “usos y costumbres” y que es el contrato oral o verbal y que entre la gente del toro se signa con “fuere apretón de manos”, pero cosa que aunque persiste funcionando en nuestros días a dado lugar a trascendentes “incumplimientos” de la llamada palabra de honor o sagrada.

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¡Que par…de nalgas!

El relato aparece en las memorias de Pepe Dominguín se remonta a los años cincuenta del siglo recién concluido y hace alusión a la simpatía e ingenio de los “gritones” del tendido de sol. El mismo día domingo en el llamado embudo de Insurgentes los famosos gritones ya habían festejando un brindis de Jorge “EL Ranchero” Aguilar al genial compositor Agustín Lara que ocupaba su “barrera de sol, aquella que no cambiaba por un trono para ver torear a Silverio“. A lado suyo, su inseparable María Félix, y al volver a tomar asiento el músico y poeta, después de recibir el brindis y aprovechando el silencio que se hizo, después de la dedicatoria, se escuchó el grito del tendido alto: – ¡Maria, cuando nos regalas otro de tu ganadería! Momentos más tarde en el tercio de banderillas, toro que correspondía a Domingo Dominguin, traía éste en su cuadrilla a un simpático y bien querido sujeto de muy prominentes y abultados glúteos, mismos que con el ajustado traje de luces lucían en todo su esplendor. De apellido Cadenas era este peón de brega y banderillero, e iba saliendo de terminar de poner un muy buen par de banderillas en su turno; par, que el gritón del tendido festejó en tono admirativo: ¡Qué par….Qué Par! Y cuando Cadenas miró hacía el sitio de donde parecía salir la voz, y con un gesto del brazo levantado, queriendo agradecer el elogio, la misma voz clamó: ¡Qué par! ¡Qué par de nalgas…!