Archiv para julio, 2010

¡El Apartadero o entorilamiento!

.

Terminado el sorteo que religiosamente se celebra cuatro horas antes de cada festejo, se pasa al entorilamiento, verdadera faena de gran atractivo para numerosos grupos de aficionados que suelen, puntual y religiosamente hacer fila; incluso en algunas plazas, se llega a cobrar la entrada; así quienes gustan de ello deben pagar un boleto por presenciar este movimiento de toros bravos en la que el comportamiento de los aficionados debe ser de máxima quietud, y entre toro y toro que van a su toril, se escuchan leves murmullos y comentarios, mientras van entrando a su toril todo mundo respeta silencioso el paso de los toros, observando su trote, si rascan o no la arena, si meten embisten hacia los bajos de las puertas, es decir; ¿Cómo mete la cabeza? ¿Remató?

Esta maniobra, es también conocida como el “Apartadero” y más antigua y tradicionalmente se ha llamando “enchiqueramiento”, aunque este término debe caer en desuso, por inapropiado, ya que los toros serán encerrados a esperar que suene el clarín de inicio del festejo y el que anuncie la salida de cada uno de ellos de los toriles, no de los chiqueros. Apartadero, es un término con dos acepciones, pues ya lo habíamos mencionado al hablar de seleccionar en la faena de campo en dehesas ganaderas, al apartar o separar los toros que van a una corrida o se destinan a cambiar de potrero, es pues una maniobra de campo; pero en este caso y ya en la plaza los bureles serán separados de acuerdo a los resultados del sorteo, y entraran a toriles según el orden que indiquen apoderados y, o los peones de confianza, que decidirán en nombre de su matador: ¿Cuál de los dos que les toque en suerte lidiará primero? y ¿Cuál segundo? Ó bien ordenar los lotes de tres en caso de un mano-a-mano; Y de acuerdo también con el orden de actuación. Decidir así el acomodamiento se le llama en la jerga “abrir sus lotes”, cosa que el Usía que preside les pide que hagan.

Concluido el apartadero, con cada toro esperando en su toril, con energía y un tanto de solemnidad, las autoridades piden que todo mundo se retire del área de toriles, se cierran las puertas de acceso a estas zona, incluso en la Plaza México una cortina metálica es bajada y se colocan candados, en otros y casi en todas las plazas se instala vigilancia a cargo de policía o seguridad privada, para no permitir el acceso a nadie. Esto es una medida considerada prudente para garantizar la tranquilidad de los toros y sobre todo su seguridad, y más que nada romper, terminar con aquellas absurdas creencias de que los toros son golpeados, costaleados; que les untan vaselina en los ojos para disminuir su visualidad, que les aplican aguarras y otras exageraciones como encajarles alfileres en el escroto y agujas en los testículos, esto suena tan desencajante; que sería un reto para cualquiera intentar estas maniobras ante un toro entorilado, donde su bravura está al máximo por el sólo hecho de privarle de su libertad. Lo cierto es que ya los toros están en sus toriles esperando la hora en que suene el clarín…

 ***

 

Por aquello de que…¡Los Toros no tienen palabra de honor!

Terminado el sorteo se procede al entorilamiento, tal como se describe en el apartado del texto del apartadero en el Post que precede: para ello, para ver, apreciar el comportamiento en el breve espacio de su paso de corrales rumbo a toriles; apoderados, cuadrillas, peones de brega y de confianza se colocan el lugares estratégicos para observar lo que hacen los toros que les han tocado en el sorteo, ante tal evidencia, cierta ocasión en que toreaba Arturo Gilio en Puebla con él venía con sus poderes el muy bienquiso, siempre recordado y gozador de gran aprecio Marcelo Acosta, por todos conocido como “El Hermano Lobo” por ser barbicárdeno y lo bonachón de su carácter y trato, por lo que viendo este juez que el querido Marcelo no tenía un buen lugar, me hice a un lado, dejándole el sitio para que bien pudiera ver el paso de los toros y su entrada a toriles. A este gesto de cortesía, que acompañaba con el que se hace con la mano señalando un: ¡Pase Usted! el apoderado respondió: “¿Apoco de veras crees en eso?” Refiriéndose a qué lo hagan los toros a su paso será una muestra de lo que harán después en la plaza. Movió la cabeza de un lado a otro y halándome del brazo comenzó a contar la siguiente anécdota: “Toreaba un día Arturo en un pueblo de aquellos rumbos laguneros, por supuesto un mano-a-mano con Jorge Gutiérrez, por lo que sólo llevamos 4 toros. Yo, porque Arturo toreara le hacía de empresa. Pues el primero de Gilio, segundo de la tarde, salió manso perdido, huyendo espantado de los caballos y buscando la puerta por la que había salido para regresar a su casa. No veas la bronca que se armó, una de mentadas… no me quedó otra que hacerle la seña a mi juez para que regresara el manso a corrales. Cosa que hizo gustoso para terminar con la broca, pero sorprendido, pues era el primero que sabía que no había toro de reserva… Arturo También se sorprendió y con señas le decía: ¡Calma….calma! Se corrió el turno saliendo el cuarto, segundo de Arturo en sustitución del primero”. La gran duda ¿Qué se le iba a echar como segundo y cierra plaza? Con esa calma franciscana que le caracteriza el Hermano Lobo se dirigió a toriles y ordenó a los torileros que con bolsas de plástico y cestos llenos de arena blanca, cubrieran los lomos y costados del manso que era negro zaino, convirtiéndolo así en cárdeno claro. Fue tanta la arena y de suerte tan blanquecina que le echaron, que lo dejaron casi “ensabanado”. Ante tal polvareda se abrió la puerta de toriles para la salida del cuarto, — que era el mismo segundo – ahora de “cierra plaza” y desde luego con el nombre cambiado, saliendo éste como endemoniado, buscando pelea; a los caballos fue estupendo provocando un tumbo y ya en muleta se quería comer ésta. “Arturo le hizo faena de escándalo, matándolo de estoconazo y le cortó las dos orejas….” Marcelo remató el relato, retirándose con un quiebre de cintura, como media belmontina diciendo; “Y tú, todavía crees en eso….!Sí los toros no tienen palabra de honor!”.

“EL SORTEO” Parte dos.

.

Meten la mano al sombrero del juez los apoderados, o representantes de cada torero en el mismo orden en que alternaran en el ruedo, para sacar cada uno su papelito, mismo que para desdoblarlo, en una maniobra que Avilés describe como hecha con la paciencia de un fabricante de “cerámica japonesa”, primero se santiguan, antes de meter la mano; luego ya con el papelito en la diestra se persignan, otros sacan de la cartera alguna imagen y frotando el rostro de la estampita contra el papel hecho bola invocan a la buena suerte, algún otro restriega la pelotita contra un medallón del rostro del Cristo del Gran Poder o la Guadalupana que junto con un manojo de medallas pende del cuello en gruesa cadena. Imagine usted – nos invita el autor que venimos siguiendo en el tema, Aviles – lo que ocurriría si alguno de los apoderados fuese musulmán; en cuclillas, arrodillado, con la bolita entre las manos clamando y orando, con las puntas de los dedos hacia La Meca. Viene ahora la minuciosidad de miniaturista para desdoblar los múltiples pliegues del papelito y cantar los números del lote que les toque en suerte.

Cantados los números, autoridades, cronistas y aficionados de pura cepa harán las anotaciones correspondientes, restando ahora que sean los mismos apoderados o peones de confianza quines señalen cuál es el orden de lidia de los toros que les ha tocado en suerte, es decir, en que orden lidiaran a sus toros.

El reglamento contempla también y señala que en caso de que los apoderados no lleguen a ponerse de acuerdo, será el juez quien indique como se conforman los lotes y también será el juez quien sortee por algún torero cuyo representante no se encuentre puntualmente en el sorteo. El mismo reglamento acepta que en caso deque exista común acuerdo entre los actuantes sobre la distribución de las reses, el sorteo no procederá, aceptándose lo que dicte el común acuerdo, situación está, muy frecuente en las alternativas en que se permite al toricantano escoger el toro de ceremonia y una vez seleccionado éste, se le completa su lote con la sugerencia y participación de los demás y los dos alternantes; padrino y testigo sortean el resto de toros.

Por último, afirmamos que el sorteo, los sorteos deben llevarse a acabo a “puerta abierta”, permitiendo el acceso de público, aficionados, prensa e interesados, tal como ocurre con muy buenas entradas en nuestras plazas, Aguascalientes, Morelia, allí en ocasiones el sorteo se ha realizado en el centro del ruedo por el “entradón”, Puebla, Tlaxcala. Caso contrario suele ocurrir en La México, que estando anunciado el sorteo a la doce horas, al abrirse las puertas y permitir la entrada de verdadera multitud que acude, al bajar por las rampas hasta el sitio, cerca al patio de cuadrilla ¡Oh sorpresa! Resulta que el sorteo ya se realizó ¡A puerta cerrada!

***

¡A propósito de los sorteos!

Para rematar la descripción de los sorteos, un par de interesantes anécdotas que ilustran lo que puede ocurrir en ellos, en relación a que desde siempre se ha aceptado que si los espadas están totalmente de acuerdo el sorteo procederá en tal forma que se acepta el acomodamiento de los lotes de acuerdo a lo que digan los actuantes: Curiosa e ilustrativa nota, al respecto publicó en el año de 1904, el 23 de octubre el periódico El Imparcial en esta gacetilla, la víspera de la corrida que lidiaron en la antigua Plaza México: Francisco Bonal “Bonarillo”, Joaquín Hernández “Parrao”, quienes alternaron con Arcadio Ramírez “Reverte Mexicano”, con toros de Santín: “Bonarillo” y “Parrao”, en consideración de que torean por primera vez con “Reverte Mexicano”, nos manifiestan que tienen el gusto de que Arcadio elija los dos toros que más le gusten para él (si en ello no tiene inconveniente) antes de que se haga el apartado en los chiqueros, para designar el orden en que han de lidiarse y siempre y cuando la autoridad y el ganadero lo permiten, supuesto que son los que tienen potestad para ello. “Reverte” quien actuaba repitiendo al triunfo de su presentación el domingo anterior, “asegundo” con un nuevo y gran triunfo.

Toreaban Ignacio Sánchez Mejías con Juan Silveti, el primero de la dinastía que hoy, ya va en su cuarta generación; Juan “El Meco”, Juan “El Tigre”, David “El Rey” y Diego, después de larga discusión sin llegar a un acuerdo al lotear, los apoderados hubieron que llamar a los matadores, y al presentarse estos a la plaza la discusión se acaloró hasta que Juan masticando nerviosamente el puro y tirándose el famoso mechón preguntó a Ignacio: “En resumen, ¿Qué toros quieres tú?” Y después de escuchar sus argumentos sobre la mejor manera de hacer lo lotes y el que mejor le agradaría, que era el de menor tamaño, Juan Dijo: “¡Échenle a éste esos toros para que vaya a gusto y a mí dejan los otros!” ante el asombro de sus allegados. Resultando, como suele ocurrir en estos casos, que el lote del gran Juan resultó mucho mejor que el del Sevilla.