Archiv para junio, 2010

“EL SORTEO”

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PARTE 1

Conmemorando el L aniversario de la Plaza México, en 1996 el periódico “La Jornada” publicó un interesante artículo firmado por Jaime Avilés titulado “Donde rondan los duendes de la muerte”, y que inicia con el sub-titulo “El Sombrero del juez” que dice, refiriéndose a las doce del día, la hora del sorteo: “hay un olor a adrenalina caliente que se mezcla con el aroma de los puros y las lociones que impregnan los pañuelos de seda en el gaznate de los participantes. Es el olor de los duendes de la muerte, contra los cuales luchan en esos instantes, en hoteles no muy lejos de ahí, las estampas y las medallas milagrosas que presiden otros silencios al calor de las veladoras, en las habitaciones donde reposan ayunando los toreros”.

Se sabe con certeza que fueron primero los ganaderos, aquellos de abolengo y propietarios de celebérrimos apellidos y de las ganaderías madres de todas las dehesas en el campo bravo, eran ellos, quienes “sabiendo” lo que llevaban dentro sus toros asignaban por números los que habían de lidiar tal y tal figura y los que dejaban para los otros alternantes. Otra variante que hasta la fecha se respeta con algunas consideraciones se da cuando se lidian diversas ganaderías, debiendo ir por delante, primera de lidia la ganadería más antigua y cerrando también esta.

Fueron Cúchares y el guipuzcoano Luis Mazzantini, los primeros en oponerse a esta práctica, hasta que en el año de 1923 aparece en los reglamentos la modalidad del “SORTEO”, para que en igualdad de circunstancias y dejándolo a la suerte fueran sorteadas las reses a lidiar. Para ello, la tradición señala que para sortear, cuatro horas antes de cada festejo, se formen “Lotes” dos toros en cada lote, y serán tres lotes para corrida de 6 toros 6; o bien dos lotes de tres para los mano-a-mano.

Por los pasillos, troneras y burladeros de los corrales de la plaza han desfilado hablado, opinado, discutido y por último negociado; apoderados, banderilleros y peones de confianza de los espadas anunciados en el cartel, para después de una discusión basada en sus profundos conocimientos sobre el embestir, caminar, actitud y comportamiento de los toros en el ruedo, opinión por demás estéril, pues antes que nada debemos recordar que “los toros no tienen palabra de honor” y más que eso; ni fueron a escuela alguna, y menos son dueños de los genes que rigen su comportamiento frente a capotes, caballos y muletas. Forman así los lotes: el listón 67 alto de agujas va con el 32, cómodo de encornadura; y el 117 de enorme morillo va con el castaño 16, de bajas hechuras; y el alegre y avispado, cárdeno claro, caribello, 111 va con el 54 negro zaino que parece reservón.

Los lotes, de tal manera conformados combinarán el bajo tamaño de un toro, con el otro, alto y de buen corte; el pali-abierto con el corniapretado tratando de compensar las desigualdades que aún en el encierro más parejo existen. Hechos los lotes, será el apoderado del más veterano o primer espada de los alternantes quien escriba en una hojas de papel arroz para tabaco los números de los toros de cada lote; pasándolos al representante o apoderado del tercer espada, el más nuevo, o de más reciente alternativa, que no siempre es el más joven, quien doblará lo papelitos hasta convertirlos en verdaderas pelotitas de papel. El apoderado del segundo espada tiene el derecho de “matar filos” expresión que significa verificar que las bolitas sean similares en su conformación, ninguna más grande que la otra, ni más comprimida o apretada, o con algún pliegue o doblez identificable que permita con maña y truco reconocerle. Ahora, es el momento en que cualquiera de los participantes incluido el ganadero o empresa, podrán tocar las bolitas para transmitirles la buena briba. Curioso, e interesante resulta observar un sorteo en el que esté presente uno de los ganaderos de San Martín don José Chafick pues este, teniendo en su mano izquierda una verdadera baraja de estampas multicolores, algunas plastificadas de santos, vírgenes y sangrantes cristos; con esta baraja abierta en abanico cubrirá las tres bolitas que le son presentadas y poniendo su otra mano debajo de ellas les cobijara, invocando la protección de los santos y madonas de las estampas.

Continua la descripción de Avilés “…don Jesús Dávila el juez se despoja de su sombrero tipo” Stetson”, pero de marca” Berg”, forrado por la casa” Ruiz” del centro de la ciudad de México, y lo coloca sobre el “Stetson” autentico de diez años y forrados por “Tardan” del juez Shiaffino Por aquellos días, juez de callejón o mejor dicho Inspector de Autoridad, y que según el Reglamento, juntos los dos jueces, deben presidir el sorteo — para impedir que se que se metan los duendes (o que una paloma baje y se robe una bolita) En una estampa que simboliza las bodas del Cielo con la Tierra, ambos jueces mueven los copulantes sombreros al compás para que en esa improvisada tómbola de fieltro la fortuna se bata en duelo con las leyes del cálculo de probabilidades”.

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6 AVISOS 6 ó ¡Cuando los Toreros ¡no Funcionan!

Mucho, mucho se comentó lo ocurrido la tarde del domingo, segunda de temporada chica cuando Christian Hernández, victima del pánico súbito, después del primer muletazo de tanteo a su segundo, quinto de la tarde salió en clásica “espantaa” como si al mismo Mefistófeles hubiera visto o lo que es peor como se si enfrentara a un agente de la AFI armado hasta los dientes, corriendo salió y de cabeza se aventó al callejón. Muy al estilo de Luís Procura, quien así de cabeza se clavaba en el callejón.

Los tres tiempos de la actuación del ya retirado Chistían, es cierto que por vez primera se dan en la gran México al mismo tiempo, para el mismo hoy, ex coleta: la “espantaa”, el auto-desprenderse la coleta, y los 6 avisos 6. Esto es cierto y establece no un record, que no es palabra taurina, más bien, un acontecer marcado como algo nunca antes visto. Pero estos hechos por separado, si tienen precedentes. Lo de los saltos de cabeza al callejón son de la autoría del “Berrendito de San Juan”. Lo de desprenderse la coleta, ocurrió ante la presencia de quien esto escribe en la Plaza de Toros La Concordia de Orizaba Ver., toreaba el colombiano Edgar García llamado “El Dandy” y ante la desesperación, en este caso más que miedo o pánico, pues alternó con Eloy Cavazos en aquellos sus años de gloria en que con fulminantes espadazos cortaba a sus enemigos orejas y rabos. “El Dandy” con más impotencia que otra cosa al sentirse incapaz de emular tamañas hazañas, también al iniciar la faena de muleta de su segundo, se acercó a tablas, y pidió a su mozo de espadas una tijeras con las que, él mismo se cortó el añadido ante la mirada atónita de sus numerosos acompañantes, cuadrilleros, ayudas, y ayudas de las ayudas, quienes evidentemente de acompañarle vivían y en sus encajados rostros se veía la interrogante ante la actitud del desesperado coleta: Y ahora, ¿Qué vamos a hacer? Traducción = Y, ahora, ¿Quién nos va a mantener? Pues una vez desprendido de la borla de matador El Dandy se acercó para únicamente dar los muletazos de aliño y tirarse a matar, supuestamente por última vez en su vida, mientras desde las alturas, junto al palco del Juez la banda comenzó a tocar “Las Golondrinas” a indicación de Usia (Yo). El colombiano, pasado el amargo trago y consultando después con la almohada y el humo del tabaco, decidió volver a vestirse de luces. En cuanto a los dos toros devueltos al corral siendo de un mismo actuante, tocó a este desgastado Juez en Huamantla, corrida de Huamantlada, plaza llena, hasta el toldo, con toros de los que si son toros de Tenexac, corrida anunciada como “despedida”, ¡Una de tantas! de Rodolfo Rodríguez “El Pana” quien escuchó los tres avisos de su primero que se fue vivo, devuelto a corrales y en su segundo, sonaron los dos avisos y en un exceso de consideración por parte del juez, se dejaron pasar 7 minutos 7, entre el segundo avisó y el tercero que no llegó, es decir; 5 minutos de excesiva tolerancia ya que debe sonar el tercer a los dos minutos del segundo. Pero se trataba del brujo, vecino de ahí cerca de Apizaco, su supuesta “despedida”; el toro además de amorcillarse “jue alevantado” – diría el mismo Pana – por el puntillero. Por lo que el tercer aviso nunca llegó, pues al fin el cárdeno decidió entregar su vida, que caro vendió. A la salida de la plaza, Usted bien sabe que de “La Taurina” de Huamantla; público, actuantes, músicos, vendedores, todos salen por la misma vía, y por aquello de las concidencias al salir de la plaza, me encontré frente; cara a cara con el matador Rodolfo Rodríguez, quien con esa genialidad del El Pana, ante la evidencia de que se le perdonó el sexto de los avisos, se quedó mirando fijamente a este servidor y moviendo la cabeza de lado a lado me dijo: “Médico, los toreros somos como los toros. A veces funcionan y a veces ¡No funcionamos!”

 

El embarcadero. Parte 2

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PARTE 2

Con toda facilidad podemos calcular que en una plaza de toros del tamaño de la Gran México, en corrida de festín pueden llegar a entrar unas cincuenta mil personas, de esas, no llegan a un centenar las que asisten a la ceremonia protocolaria del sorteo que se efectúa al medio día, poquísimas, una veintena, si acaso, son los privilegiados que asisten a una tienta formal, distinguirle – de las tientas festivas, las de “compromiso” y las pachangueras -. Y al embarque o embarcadero de una corrida, contadas son las personas que asisten, de hecho la asistencia se limita al ganadero, su caporal y administrador; el empresario que compra la corrida o su veedor de toros, y si acaso alguno de los apoderados de los matantes propuestos o ya contratados para lidiar la corrida de embarque y algún amigo cercano del ganadero, el resto del personal lo componen vaqueros y peones encargados de la faena. Resulta que en el embarque el ganadero va a mostrar a sus “clientes”; empresarios y apoderados, lo que verdaderamente tiene en sus dehesas. Me explico; al embarcar una corrida que se encuentra en el campo, potreros o corrales, ahí se va a ver si el ganadero tiene o cuenta con más reses y estas con diferentes características, trapío, edad y por supuesto notas de tienta, por lo que la “clientela” podrá sugerir cambios en el embarque a lo que el ganadero responderá: -¡Ah. No, esos toros son de otra corrida y tienen otro precio! La corrida que pactamos es esta, y ¡Esta, es la que se embarca!

También en ese momento, los toros en su habitat se van a mostrar tal cual son, y en este momento crucial del embarque se ve si los toros embisten codiciosos a los caballos de los vaqueros o huyen tímidamente de ellos, si pasan por las corraletas con la cabeza baja embistiendo con presteza puertas y trancas o si al contrario, en el colmo de la mansedumbre y la sosera, tienen que ser lazados para poder embarcarles y entonces habrán de ir como auténticos bueyes al matadero.

En algunas haciendas ganaderas, – tal es el caso de “Reyes Huerta” y por tanto Soltepec” y “Jose Ma. Arturo Huerta” – en el embarque, el ganadero suele, al paso de los toros por la estructura del embarcadero aprovechar para pesarles. Junto con el registro del peso se checa el plan de alimentación y sus progresos y con la presencia del veterinario al hacer pasar al toro por el llamado cajón de cura, similar al de la bascula, se vacuna, desparasita y se administran vitaminas. Existen también las haciendas ganaderas de bravo, con instalaciones, pudiéramos decir de lujo o “embarcaderos plus” como son el caso de “Coyotepec” y “Rancho Seco”, cuyas instalaciones modernas, funcionales y cómodas facilitan en mucho los embarques, n por ello, descartando de las añejas preferencias, los embarques de antaño y muy a la campirana, donde el peligro y el riesgo inherente al tipo de instalaciones son parte importante del sabor y la emoción.

Por último diremos, que, junto con el término de “Embarcar” reses de lidia se utiliza el de “Apartar”, que según nos dice don Álvaro Domecq y Diez en su libro, “El Toro bravo” significa: “Separar dentro del conjunto de toros, vacas o cualquiera de los animales que por edad forman el conjunto de la ganaderías” y no debe confundirse o usar el de “Separar”, que es una palabra demasiado incongruente. “Es un trabajo de mucha paciencia,- asevera don Álvaro – al decir que si el que aparta es impaciente, lo que hace es desapartar en ves de apartar. Esta labor campera se hace, como ya dijimos para llevar una corrida a la plaza, para curarlos, o ponerlos juntos por razón de edad, esta faena, – culmina el ilustre ganadero – encierra una técnica, y aún diría un arte digno de considerar.

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Parte tres

Fueron muchos los comentarios a estas líneas, pero justo es decirlo, los reclamos o desacuerdos, manifestados merecen su aclaración: Con respecto a los puros con cierto aroma, que los existen y muy buenos, tal es el caso de los originarios de Coscomatepec – eso, queda en la carretera que une a Jalapa y Córdoba, allá por rumbo de Huatusco, en el estado de Veracruz- ese aroma a vainilla o a chocolate, es natural, intrínseco a la variedad cultivada del tabaco, no es un “sabor” agregado a base de esencias muchas veces artificiales que resultan irritantes y demasiado snob. Fumarse un puro de estos, totalmente hechos a mano y de una textura envidiable con un ligerísimo aroma a esencias naturales en estos casos si resulta un muy agradable placer. Ya que de regiones hablamos y tratando de informar donde comprar buenos puros, sobre todo con las características de manufacturados, buenos, frescos y no muy caros, debemos mencionar todos los de San Andrés Tuxtla, también en Veracruz; marcas de renombre los son todos los “Coronas”, los “Te amo”, sobresaliendo los “Santa Clara” con la fecha 1830 en el anillo, fecha de la fundación de la casa purera y “El Hoyo de Casa”. Del mismo estado mencionaremos la región de Martínez de la Torre; en Orizaba los de marca “Alférez”, y en Teziutlán, Puebla, los de marca “Peredo”. Ahí mismo en Teziutlán, si le es posible trate de localizar a herederos del señor Aburto, pureros de pura cepa. Pero que por problemas con Hacienda siempre han andado a salto de mata, exportan puros de maquila a espuertas llenas y quizá de manera no muy apegada a lineamientos legales y hacendarios, pero de que sus puros son excelentes, no queda duda, si los encuentra, cómpreles una buena cantidad de puros frescos y bien liados a mano con calidad de exportación.

Preguntando se llega a cualquier purería de estas y la grata experiencia de apreciar desde como se almacena y preservan las hojas de la planta de tabaco, hasta el muy habilidoso arte del torcido de los puros y por supuesto, adquirir algunos cuantos no es difícil, pues estos no son lugares alejados y si fáciles de localizar; pero aquí en Puebla, en la avenida 5 oriente en el 207 a través de poblanísimas rejas de balcón de hierro, podrá usted ver las instalaciones de Casa Legendaria empresa familiar de puros a mano hacer, donde la frescura de los puros a adquirir y el aprecio de todo lo mencionado, se cumplen con garantía. Por último nos resta aclarar las dudas y contestar los reclamos sobre dejar la cintilla, etiqueta o anillo en el puro al fumarle, lo que se llama “Vitola” y por vitola se conoce también a la marca del puro representada por su etiqueta, Con justa razón se nos hace el reclamo de la frase ofensiva que dice, “Anillo al puro, pendejo seguro” y sobre todo que en la entrega anterior, usamos una muy bella foto del inolvidable “Che” Guevara, quien luce guaperrimo fumándose un Cohiba con la vitola en el puro. Bueno hay excepciones notorias, en primer lugar, creo, quedo claro: la enorme demanda de esta marca contra la bajísima producción les hace sumamente escasos y de elevado precio, vamos uno de estos puros de anillo, como divisa; amarillo, blanco y negro, autentico, por supuesto anda costando no menos de $200.00 MXP y recordemos que en las mesas del portal del puerto jarocho, y en todo el mercado inundado de Cohibas falsos, empiezan pidiendo $1300.00 por la caja de madera con cubierta de cristal con veinte puros y si usted se pone “abusado,” -las comillas valen por doble- se los sueltan por cerca de novecientos pesos. Entonces de tratarse de uno legítimo con certeza de denominación de origen, con la leyenda que debe decir: Habana, Cuba, en letra pequeña de tipo manuscrita, en estos casos y tratándose de Fidel y Ernesto que cuando, la foto fue tomada, recién triunfante la revolución, orgullosos presumían de sus habanos auténticos y eran parte integrante ambos, de la imagen del movimiento revolucionario, entonces dejar anillo al puro, es válido. Esto, además debe unirse al concepto que alguien me manifestó, en el sentido de que cuando un puro es de muy buena marca y esto, además está escrito en algún libro del tema, cundo el puro es de obsequio, se vale dejarle la vitola, en homenaje o reconocimiento a quien nos hizo el muy apreciable regalo. Hasta aquí el concepto es válido, pero pregunto: si el puro es finísimo y su vitola una verdadera obra de arte -como las que ilustran este texto- entonces: ¿Vale fumar el puro con anillo y destruir su vitola quemándole? o vale más, cuidadosamente, retirarla y conservarla, cómo lo que es; una pequeña obra de arte. Y al caso de las ilustraciones que acompañan este texto, me remito. De todos modos, por los comentarios, Gracias.