Archiv para mayo, 2010

El embarcadero

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PARTE 1

Dante Allghiere, nacido en Florencia, en el siglo XIV, en su obra La Divina Comedia, escrita en treinta y tres cantos, dedicó algunos de ellos a describirnos el cielo o mejor dicho, como le llama en sus sonetos “el Paraíso”. Dante, como todos los humanos no era perfecto, algún error había de cometer y omitió en sus cánticos, una parte medular de la descripción del cielo. Siglos después, apenas en el pasado XX, Ernest Hemingway, se acercó más a la realidad, al decir que el cielo, es redondo y se asemeja a la plaza de toros de Sevilla. La realidad es otra; bien distinta a pensar en angelitos entre nubes tocando instrumentos de cuerda y viento. El Cielo y sobre todo para los amantes de la fiesta, es un embarcadero, o embarque de una corrida en Piedras Negras, Soltepec o Tenexac.

Eso, los toros, hermosos toros “Piedranegrinos”; en la libertad del campo bravo tlaxcalteca, son separados o apartados, por los vaqueros que al mando de su caporal dirige la campirana faena, para hacerlos entrar a la manga de embarque o “apartadero” de uno en uno. Eso visto desde los muros de embarcadero eso, es el cielo.

Estamos hablando de un embarque “como los de antes”. Me explico: actualmente, como consecuencia de las regulaciones agrarias, las invasiones y otros fenómenos relacionados con la tenencia de la tierra, los enormes potreros que comprendían grandes extensiones de terreno tienden a desaparecer, sustituidos por enormes corrales, incluso cercados, con portones de metal, algunos e ellos se desplazan; abren y cierran sobre carretillas y pronto podrán ser electrónicos. Por lo que ya va siendo historia aquello de arrear el ganado a caballo para hacerle entrar por la manga de terreno, que en forma de embudo, se va estrechando cada vez más, hasta convertirse en un carril donde el espacio es suficiente para que el toro avance rumbo al camión de transporte, que estacionado espera del otro lado. Las puertas y trancas se van cerrado, jaladas mediante reatas y mecates maniobradas por los peones, vaqueros y caporales que, ocultos tras los árboles ayudan al desempeño de tan singular, interesante y a la vez peligrosa faena.

Resulta que las cercas y bardas son construidas con troncos, maderas de muchos años de permanencia a la inclemencia del tiempo, alambradas, que ante la fuerza e imposición del animal que se siente acorralado, en cualquier momento es capaz de destruir las mentadas cercas, como si fuesen serpentinas de papel. ¿Qué, porque decimos que esto es el cielo? Pues simplemente por lo campirano, arriesgado y hermoso de la faena, bajo un azul, entoldado en nubes de unos tonos de gris similar a los cárdenos y entrepelados, de los toros que ahí se embarcan.

Los toros que conforman un “encierro” están en este potrero, llamado de “saque”, por que ahí se encuentra la corrida que ya está de salida, o lista para ir a plaza, de ahí son apartados o separados de uno en uno. Y mientras los toros van entrando, o “cayendo”, como se dice; el calor del día que va en aumento, el polvo, el viento que también se deja sentir, contribuyen a que el cuerpo, pida, acepte el natural néctar de la planta tradicional de Tlaxcala; el neutle. Este, se sirve y toma en las “chomas”, que como en otras líneas hemos dicho; se escribe choma y se pronuncia shoma, y que no es sino un buen trozo de penca de maguey cortado y al que se le da forma para convertirlo en jícara o recipiente donde se vierte el licor que tomaban los monarcas aztecas. Este pulque, viene, como los toros que se están embarcando “en puntas”, es decir, sin tocarle la mano del hombre.

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 Parte dos

Continuando con el tema iniciado en este blog taurino, que por ser taurino da mucha cabida al gustazo de fumarse un puro continuamos y hablando de  cuentas, decíamos  que se calcula que la demanda de puros en los Estados Unidos rebasa los veinte millones al año y la producción de los auténticos Cohibas no llega a los cuatrocientos mil puros por año. De ahí que la distinción de fumarse uno de estos habanos haya sido blanco de imitaciones mil.  Así como en el toro, valoramos a 50 %, la bravura contra la presencia o trapío, así en el puro: frescura y evidencia de manufactura van a partes iguales. Y como el tema da para más, le seguimos: Al seleccionar el puro a fumar, nunca, nunca, escoja los que vienen con sabor a vainilla, chocolate, plátano o licuado de fresa, esto es demasiado snob y además son causantes de insoportable cefalea no solo para el fumador, sino también para quienes le rodean. El colmo de esta cursilería son aquellos puros que vienen con boquilla de plástico integrada.

El encender un puro es parte importante del ritual, debe hacerse sin llevar el puro a los labios, resistiendo la tentación de humedecerlo chupándole, aunque en algunos casos cierta resequedad del puro lo justifica; debe ponerse el puro a una inclinación de 45 º, tomándolo entre el pulgar y el índice cerca de la flama, pero sin que ésta le toque, a medio centímetro aproximadamente, usando un encendedor de gas butano, nunca de gasolina y de preferencia cerillas de madera esperando que la combustión de la llama consuma el fósforo, y así girar despaciosamente el puro permitiendo que se queme primero y se encienda su parte llamada “píe”; un buen puro encenderá de inmediato y es fácil comprobarlo, la combustión permitirá que el humo cruce la cubierta de la boquilla aún si ésta no ha sido perforada. La perforación es parte de la rutina y puede ser con un palillo mondadientes, un accesorio de navaja suiza o bien con el corta-puros, pero apenas insignificante y hay quien prefiere un corte en “V”, cualquiera que sea esta, se trata de permitir un buen tiro; un corte en exceso ocasionará que el puro se desintegre de su boquilla y una perforación demasiado profunda producirá un tiro excesivo con sabor picante y hasta leves quemaduras en la boca del fumador. En ocasiones se requiere nueva aspiración, cerca de la llama sin que ésta toque el tabaco. Una vez encendido, aspire para mantener el encendido, sin precipitarse. Esto; como el amor y el buen torear es cosa de despaciosidad, de mucha calma. El acto de encender un puro, pasar de la llama a la primera calada, constituye una de las ceremonias más intimas del fumar; y para poder disfrutarla plenamente, se precisa habilidad, concentración y delicadeza. Un buen puro, de buena manufactura, arderá en “automático” bastando leves aspiraciones para mantenerle encendido. Quizá, esto es lo más importante, aspirar suavemente, las prisas sólo ocasionan una sensación de ardor intenso con sus desagradables consecuencias. Recuerde, que el puro se aspira, se saborea su humo, rico en diversas tonalidades e intensidades; el tiempo y la experiencia le enseñaran a reconocer y etiquetar su propio gusto, finalmente escogerá una buena compañía.  Al cigarro habano que así se le conoce a un buen puro – sin que sea requisito que venga de la isla – no se le da el “golpe”, a menos que vaya acompañado del paladeo de un buen coñac o un tequila de agave, vale la redundancia, pues hoy no todos lo son. En caso de que el puro llegue a apagarse, y esto, sólo ocurre entre la amenidad de una buena charla y en el caso de las grandes faenas en la plaza, se consumirá más rápido; se vale volverlo a encender. Para ello, retire las cenizas y la parte de hojas quemadas, de lo contrario, percibirá un desagradable sabor a “quemado”, puede hacerlo, apoyándose en el cenicero o auxiliado por el corta-puros, un leve raspado dejará su puro en condiciones de ser encendido nuevamente; en la misma forma, podrá observar ahora que sin tirar o aspirar por la boca, enciende más rápido. Grandes fumadores en el mudo del toro han sido; Papa Hemingway, Orson Wells y de los matantes, Silveti nuestro Juan sin miedo, Rodolfo Gaona, Procuna y en estos días Rodolfo Rodríguez. El tema de ¿Dónde conseguir buenos puros, sin pagar en excesivo? Será el remate de estas líneas en la próxima entrega.

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Notas de tienta…

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Las notas de tienta son apreciaciones escritas y anotaciones que el ganadero hace en su libreta con el fin de calificar sus reses en la plaza de tientas. En este caso, estas notas son la traducción y el ordenamiento de los garabatos y jeroglíficos hechos en la tienta un domingo ya pasados algunos calendarios. Escribiendo primero en una servilleta, luego en el revés de un boleto o ticket del pago de la caseta de autopista y terminando en media hoja de libreta, ya semi-usada: Tienta en Tenexac, en la plaza en la que el ganadero, explicaba a su invitado el de “Piedras Negras”, que la plaza la diseñó y construyó su abuelo – de el de Piedras – don Wiliulfo Gonzáles. Y el mismo personaje junto con el padre de Marco Antonio, el inolvidable don Raúl González vino a cuento e hizo acto de presencia in memoriam, cuando los toreanderos comenzaron a decirse cosas y  molestarse, pues ambos señalaron qué así precisamente les puyaba don Raúl en las tientas. Y es que  usted podrá imaginarse lo que se dijeron con sólo enterarse del cartel de tentadores: Miguel Villanueva, Rodolfo Rodríguez “El Pana”, José Luis Angelino, Alfonso Zamora como matadores; y de novilleros, Asael Piedras “El Huesos”, Martín López “El Capulín”, ambos así bautizados por “El Pana”, Joaquín Angelino “El Porris” y Muriel Ortega.

Las agresiones verbales, los dimes y diretes comenzaron cuando “El Pana” en su primera vaca, al inicio de faena de muleta, se fue a poner de rodillas, citando muy pegado, no a tablas sino al muro de mampostería de la placita. De inmediato Villanueva le gritó: “Pero si no te vas a poder levantar y te vas a ver en peligro…” vinieron los tres lances de rigor y ya después en la siguiente vaca, cuando bregaba Villanueva al retirarse hacia atrás muy comprometido, y casi sin aire, don Rodolfo Rodríguez le gritó: “Si ya no puedes, si ya te cansaste, quítate y deja al joven”, señalando a “El Huesos” Ásael,  que venia puesto detrás de Villanueva. La cosa no quedó ahí, todavía “El Pana” remató: “pareces subalterno de los de hoy; buenos pa´naa”.
Hago la aclaración de que en las tientas la prudencia taurina manda: “no hablar”, pero ante estas genialidades no quedó otra que sonreír y tomar nota. Además de que el ganadero había sentenciado a propósito de los alternantes, “Como dijo Napoleón: “¡Más de cien años de historia nos contemplan!”. Al tomar la banderillas Rodolfo Rodríguez, o mejor dicho al quitárselas a los chavales que ya se disponían a banderillear, citando y cuadrándose muy pinturero Rodolfo expresó: “Como dijo uno de mi tierra; Yo todavía banderillo”.
Las 4 vacas 4 resultaron extraordinarias yendo desde lejos, por tres veces al caballo, resaltando la tercera, una ensabanada, contrastante con las cárdenas claras, esta de cuerna más apretada y de estirpe pura “lagunera”. La tienta continuó y así las expresiones como aquella de Rodolfo a Miguel: “Pareces madre de cantadora; ¡Coyona y en buen lugar!”. Otro invitado el ganadero Gerardo Rodríguez se presentó, convidando riquísima botana de quesos y carnes frías sabrosamente encebollas y enrajadas; cosa que se le cuestionó con gratitud, ¿Que para que traía más botana si ya estaba ahí “El Pana”?
Para efectos de refrescar la garganta de tentadores e invitados, el ganadero de Piedras se presentó con dos garrafones de aguamiel congelados para preparar y ofrecer a todos la bebida que acaba de patentar y de la que ya tiene registrados los derechos, el “Trade Mark”, y la patente: “Piedras Negras Special” es el nombre de esta nueva aportación de los llanos de Tlaxcala al mundo y se prepara con agua- miel y tequila a partes iguales, se sirve bien fría en vasos “old fashion”. No se recomienda tomar más de tres y en todo caso que Dios le encuentre a usted confesado. El  mismo ganadero al observar la actitud y escuchar las dicencias de los matantes convidados a la tienta, concluyó: “Para ser torero de estos, en Tlaxcala tienen que ir primero al siquiatra”. O lo que es lo mismo; “Para ser torero de estos hace falta estar loco”.
Al Porris, entre ambos maestros lo trajeron asoleado, gritándole: “Más erguido”… “No agaches la cabeza”…” Los pies quietos”… “Quítate la mano de la cintura”… “No dobles las rodillas”, el remate vino cuando El Pana sentenció: “Andas como andan nuestros toreros de hoy; Rafael Ortega de rodillas y El Zotoluco en cuclillas
De Alfonso Zamora; el maestro Pana, reconoció sus buenas maneras pero dijo: “lastima que tiene dinero y no tiene hambre de ser torero” y agregó; “Pero no se le puede quitar la charola, pues como es panadero nos deja sin jama”.

Lo mejor de la tarde vino cuando el R. P. (su nombre lo omito, por respeto) el Presbítero de la iglesia de Santa Anita  Nopalucan, encomendado y encargado por el obispo de Tlaxcala, para organizar la corrida que se da el próximo domingo en la monumental de Apizaco a beneficio de Cáritas Tlaxcala, convirtiéndose por tanto el padre en “Comisionado Taurino del Obispado de Tlaxcala”, y Gerente de la empresa,  pues el padre se animó y se lanzó al ruedo para torear primero al alimón con Villanueva tomando cada uno el capote de la punta; después de dos lances, la vaca se fue directa sobre el Padre, dándole una marometa en la que al caer, doblándose sobre si mismo, nos hizo temer una grave luxación. Fue al caer cuando El Pana dijo que al contraerse su cuerpo, “salieron de él como 1000 demonios”. Ya antes cuando se acercaba a la vaquilla le dijo: “Vamos Padre, para que pague todas las penitencias que deja”. Después de la primera caída el R.P. se levantó y sacando la casta, citó garboso a la cárdena, que al envestir le propinó otra caída. El Padre, todo maltrecho y lleno de polvo, arrastrándose a gatas llegó al burladero, donde ganadero y Pana sincronizadamente, ambos en la misma frecuencia le dijeron, el uno; ¡Vamos padre levántese y acuérdese que de Jesucristo fueron tres caídas! Y el otro: ¡Vamos Padre, que le falta una caída… tienen que ser tres! Pero de todo lo dicho; antes, cuando el padre se decidió a torear, “El Pana” sentenció lo más verdadero y serio que ahí se dijo: “Venga, Padre que esto de torear es como oficiar misa”, cuanta verdad en esta frase. Después de la tienta pasamos a la comida, y al ver los suculentos platillos “El Pana”, plato en mano sentenció: “¡Atásquense, ahora que hay lodo!”. El menú de la comida no lo reseño, porque luego me reclaman los lectores por antojarles, lo cierto es que después del café nos retiramos todos y dejamos a los ganaderos solos, para que hablaran…lo que tenían que hablar.”

 

Epilogo:
Exactamente ocho días después de esta tienta, partieron plaza, Manolito Mejía y Leonardo Benítez, para lidiar 6 Cárdenos 6 de Tenexac parejos, muy parejos en presencia, trapío y pintas, dos extraordinarios de lidia; el primero que recibió ovación en el arrastre y el quinto que fue premiado con el honor del arrastre lento. Pero dieron las cuatro, las cuatro y quince, las cuatro y treinta, y faltando veinte minutos para las cinco sonó el clarín, dando inicio al festejo sin que hiciera acto de presencia el mentado Pana, quien en un acto que Heriberto Murrieta presente en la plaza, en su crónica titulada; “EL SANTO OLOR DE LA PULQUERIA”, calificó como “un episodio insólito de la picaresca taurina mexicana, el impredecible Pana nunca llegó a la plaza de su pueblo, seducido por vapores etílicos. El brujo de Apizaco, decidió agregar una nueva anécdota a su historial, por la vía discutible de la irresponsabilidad…”

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 Parte uno

Atendiendo a la recomendación, sugerencia, idea que nos hicieran un par de amigos y colegas de e-consulta y continuando con lo que alguna vez escribió Juan Pablo Proal, diré que encuentro tres similitudes, entre estos  dos placeres; el fumarse un puro y disfrutar una buena faena en la plaza. La primera; lo efímero, a pesar de que se hayan requerido años en su preparación. Así sucede con los puros: el placer de fumar un puro gratificante durante algunos minutos es el resultado de meses, incluso años, de trabajo intenso, meticuloso y especializado. Desde la siembra, cultivo, cosecha y preparación de las hojas de la planta, pasando por las expertas y habilidosas manos de los torcedores hasta que llega al fumador, no en balde se ha escrito que fumar un puro es una sensación que no puede expresarse en palabras, sólo en humo, la más efímera de todas las sustancias.   

 

La otra similitud es el disfrute completo de los cinco sentidos en grado máximo de placer; la vista, los ocres y oscuros tintes de la capa externa de un  puro, así llamada “capa”, la sensación al tacto de las hojas frescas que componen su parte media; la “capilla” y su interior o “tripa”, el acercarlo al oído en busca del muy leve crujir de sus hojas, que a mayor frescura menos crujirán, pero aún así se disfruta del suave tacto. El sabor y el aroma de un puro; a nuez, a madera, picante, suave o intenso, un toque acre indescriptible y el olor tan peculiar, a más fino el puro, más discreto y agradable su aroma.   

Y el tercer y último símil estriba en quien fuma un puro o ve una corrida de toros, pudiendo tratarse de un autentico conocedor o un simple villamelón. La sentencia muy popular que reza; “anillo en el puro, pendejo seguro”, o su variante a mi entender, más agresiva; “anillo en el puro, indio seguro”  lo dice todo y esto va más en las plazas de toros, tendidos y callejón incluidos donde el fumante suele hacerlo, más por darse a notar que por ser autentico fumador de conocencia y prosapia, si bien es cierto que para muchos de nosotros, la fiesta carece de sustancia sin los olores y aromas de majada, puro, adrenalina, y claro cerveza envasada o bien ya filtrada por riñón, también, no en balde se ha sentenciado sobre uno de los rituales más significativos del calendario de la fiesta, Pamplona: “A puro, cerveza y orines huelen los Sanfermines”.  

La selección del puro a fumar; hondureños, nicaragüenses o dominicanos los prefiero recién bajados de la cabina del avión, más que los de Cuba, donde la falsificación de los famosos Cohibas está a la orden del día. Aún presentados en caja de madera con cubierta de cristal. Si usted tiene un amigo apreciable que va a viajar a Cuba, por muy inteligente que éste sea jamás encargue que le traigan puros Cohiba, de seguro le van a ver la cara y si su amigo es pendejo, ya de suyo, con más razón se la verán. Aunque visite en tour la fábrica, lo más probable es que le vendan falsificaciones, estas se distinguen viendo el puro desde su base o píe, la parte donde se enciende, y podrá apreciarse el tabaco en picadura. Como si de un cigarrillo se tratara. El puro autentico enrollado de hojas de la planta lleva en su centro la tripa de hojas suaves que va envuelta primero en la capilla, que es de una consistencia más sólida, para conservar la forma y estructura y por fuera, la capa que en caso de los falsos, es sumamente delgada, no bien humedecida, ni lubricada con aceites naturales y generalmente es elaborada a maquina, en grandes cantidades industriales, por lo que prácticamente se desintegrará al fumarlo; de ahí que el buen puro permanecerá con sus cenizas compactas conservando siempre la misma forma de su trenzado. Además para satisfacción nuestra en casi todos lo catálogos, revistas y guías del fumador, el tabaco mexicano esta preconizado como de los mejores del mundo. Nada más haga usted cuentas, se calcula que la demanda de puros en los Estados Unidos rebasa los veinte millones al año y la producción de los auténticos Cohibas no llega a los cuarenta mil puros por año. De ahí que la distinción de fumarse uno de estos habanos este siendo blanco de imitaciones mil.     

Así como en el toro, valoramos a 50 %, su bravura y su presencia o trapío, para dar un todo del cien por ciento, así en el puro: frescura y evidencia de manufactura van a partes iguales. Y como el tema da para más seguiremos en este blog en la próxima entrega.