Archiv para 22 abril, 2010

«La tienta de hembras»

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PARTE 2

Después de observar la respuesta de la vaca ante los puyazos, que invariablemente mínimo serán  tres, se colocan también de dos a tres pares de banderillas, cuyo objetivo no es tanto hacer sangrar a la res para descongestionarle, si no para apreciar: ¿Como se arranca? ¿Va de lejos? ¿A buen trote? Y lo más importante y bello: ¿Cómo mete la cabeza al momento del encuentro? Y ¿Cómo sale del par, huyendo, doliéndose, bramando, o sale persiguiendo a su banderillante y llega ponerlo en apuros? Esa, esta última es la vaca que debe recibir toro en sus traseros.

Con la muleta se deberán observar sus movimientos, complexión orgánica y sobre todo el comportamiento. Dice Domecq; “Hemos de observar con cien ojos el recorrido que tiene, si embiste derecho y no se cansa de seguir el engaño, y, finalmente, la falta de brusquedades, la cantidad de suavidad que atesora, sin perder fiereza ni casta”. La observación, por parte del ganadero es compulsiva, escudriñadora y casi científica, al analizar el comportamiento de la vaca sustentante.
La tienta debe hacerse en silencio. Las vacas son mucho más distraídas que el toro – Y ya sabemos que el más leve gesto inoportuno, vamos, desde un pañuelo que se desdobla, un sombrero que se quita, un diálogo en voz fuerte –
cambian el rumbo posible de una vaca que está siendo probada para ser madre de un toro. Definitivamente el toreo de tienta es distinto al toreo de plaza grande. Es toreo de campo, que tiene mucho de amor, como bien han dicho en España, Pépe Luis Vázquez y Alfonso Novalon: “Porque debe hacerse suavemente y despacito, así como acariciando y sobre todo con mucho silencio, llamando a la vaca con tersura de voz y con verdadero amor, hablandole a la vaca a voz baja: – ¡Vamos becerra linda!…¡Venga, vamos a hacer cosas bonitas!” 

Lo cierto es que muchas veces la tienta se ha convertido en fiesta, digamos; actividad pachanguera, y de alguna manera así se dan, con tal de preservar y cumplir con ciertos compromisos para que la fiesta siga adelante, pero tenga usted la certeza de que si le convidan a una ”tienta” donde la asistencia es numerosa, será un “tienta social”, más no un autentica, como en las que el ganadero se comporta como estricto sinodal para aprobar las vaquillas que pronto  irán a ser apareadas con sus sementales. Precisamente, par dar una idea del sistema de calificación que aprueba o no, a una vaca, presentamos usted el siguiente que es utilizado por los Domecq: S.= SUPERIOR, B.= BUENA T.= BUENA o TORO, R.= REGULAR, D.= DESECHO. En el que las letras “S y B”, destinan la vaca al apareamiento; labor harto complicada e importantísima. Se trata de que un grupo de vacas “Hato” sea destinado a un mismo semental, con él convivirán durante la primavera, por ello las tientas son en el otoño tardío o el invierno, para que con los primeros soles de marzo, su “calor” y todo lo de romántico que la primavera trae se lleven  a cabo los apareamientos. Así, si todo se da bien, ya que la gestación tiene una duración de nueve meses y dos semanas, los alumbramientos serán también con la nueva primavera.
Y continuando con el sistema de calificación; la “T”, aunque no es de superior o buena, si permite la posibilidad de que a la vaca se le eche toro, un toro con ciertas características, que brinde la posibilidad de que aquello que el ganadero consideró que a la vaca le faltó, para ser buena, digamos; estilo, fiereza, ausencia de querencias, recorrido, movilidad, codicia, acometividad y tantas y tantas cosas, que el toro para salir bueno, debe tener. 

De ahí, insistimos, la importancia de programar los apareamientos, en otras palabras, no se trata de echarles toros a las vacas, o de echar las vacas a los toros, sin ton ni son. Esto es una verdadera ingeniería, y es ahí donde los ganaderos se equivocan, y de seguir haciéndolo, continuaran viendo las corridas desde el palco de ganaderos con el sombrero metido hasta las cejas. Y quienes no se equivocan saldrán a dar vueltas y más vueltas al ruedo, sonrientes y saludando, sombrero en mano.
Resulta obvio que las calificaciones “R” y “D”, mandan las vacas al carnicero, no se vale dejar aquellas regulares, para festejos de tercera, el ganadero debe ser siempre y plantear las posibilidades de que su ganado resulte de Primera.  Imagínese usted, si mucho se ha dicho que el ganado bravo “no tiene palabra de honor”, lo que podrá salir, si ya desdenantes le están diciendo que el ganado es de tercera, o como le llaman de “desecho”, eso no existe ¡O es o no es! Y lo que es, va a la plaza de toros, lo que no, al carnicero.
Por eso en las tientas no hay comentarios. Solo el ganadero sabe lo que tiene, cómo lo puede empadrar, y cuantas, de las vacas tentadas se van directo al carnicero. Nosotros, los invitados, debemos limitarnos a ser agradecidos:
“Muchas gracias, don Fulano”. Y Nada más. En el campo las palabras son pocas y, en muchas ocasiones salen sobrando.

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Breve nota explicativa:
Se pronuncia “schhoma” y es un trozo de penca de maguey, verde, fresco, flexible que se acomoda como “jícara” para tomar el “neutle” o pulque, bien llamado “néctar de dioses” en el campo durante maniobras de embarque, en herraderos y demás labores; su ingesta además de vigorosa y reconfortante, resulta refrescante. Una vez servido, cada ración es de más o menos medio litro, debe tomarse de un solo trago y en forma de reto; un bebedor frente al otro.  — El popular Pepe Luna Juez de callejón tomando de su schhoma, durante un embarque en Piedras Negras. — y terminado el gran y largo trago, con una mano se sujeta y se sacude violenta y enérgicamente la schhoma, para que suelte la hebra o baba, como se dice comúnmente, en el campo, “pa´ que suelte el alacrán”. Esta delicadísima maniobra de gourtmets de campo se le llama “sacudiendo la schomma”. Y en este breve espacio le utilizamos como expresión para un comentario sobre alguno de los aconteceres taurinos recientes.

Va: Sacudiendo la choma…

Multitud de llamadas recibe Arturo Macías en el hospital y luego  en su residencia en España en La Alcomocosa en el Castillo de las Guardias, suman cientos los mensajes colocados en su web y en Facebook, a lo que él contesta con un “Gracias a todos”. Surge también la polémica: que si el apoderado lo envió al matadero, que si entre cada corrida va a ser con escala en el sanatorio de toreros y lo más grave, que si la entrega y el valor de Arturo no van a la par de su técnica y conocimiento. Yo no creo eso. El que no arriesga no gana, esa es una gran verdad, pero todo tiene un limite: Arturo tiene que saber sacar la casta, y saber cuando debe decir: ¡Hasta aquí llego yo! de lo que – las empresas—le ofrecen y le dan. Y entonces empezar a exigir, mientras tanto no queda otra más que tragar. Pero, ¡Aguas con el de aguas! el cuerpo tiene un límite y Corbacho, también lo tiene, recordemos que él es un apoderado motivador que tanto logró con José Tomás y Talavante, pero que al final logró que lo dejaran. Dicen que las cornadas son medallas, lo difícil es superarlas y saber lucirlas.

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 ¡Se hará lo que se pueda don!

Anécdota verdaderamente clásica es la siguiente, si tomamos en cuenta que se considera como “clásico” todo aquella que trasciende  a su época, ésta vieja, añeja y sabrosa historia es tan clásica como su protagonista, el llamado “Pasmo de Triana”, Juan Belmonte, quien estando encumbrado en la gloria de sus tiempos, gozaba de la muy grata compañía de los más brillantes intelectuales de su época, conviviendo de manera frecuente con ellos, quienes además de cobijarle y apapacharle, le acompañaban en los corrillos que se formaban al termino de las corridas. Y al festejar el triunfo de una de aquellas en que Belmonte había estado sublime. Vino el elogio de todos los tertuliantes, destacando el de don Ramón del Valle Inclán, quien al frente de sus colegas, entre los que de seguro se encontraban: el sabio don Gregorio Marañón, otro Ramón, Pérez de Ayala, Sebastián Miranda, y Eugenio D´Ors, entre muchos otros, y en el paroxismo del éxito en esa tertulia de festejo y comentarios del Valle Inclán le dijo:
Juanito; para que seas perfecto, sólo falta que un día de estos ¡Te mate un toro en la plaza”.
 A lo que Juan, muy parsimonioso, con esa genial sabiduría, propia únicamente de quienes portan el duende, respondió:
Don Ramón: ¡Se hará lo que se pueda!