Archiv para 8 abril, 2010

El Destete y el Herradero. Parte Dos

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Para la muy campirana faena del Herradero suele convocarse a familiares y amigos de los ganaderos, quienes visten “traje de carácter” ropa muy de campo. Curiosamente, participa en el herradero con mayor entusiasmo la gente joven; chavales, adolescentes y menores son los que se hacen cargo de sostener a los becerros para herrarles fuego, quizá sea eso una extraña similitud con la edad del toro. Se requiere de conocimiento y práctica para realizar esto, lo mejor es que los becerros sean lazados y apoyarse en un palo ubicado en el centro del corral designado para este uso, llamado Palo o Caña de Enlazar, en el se cruzará el laso que sostiene a los becerros. Por los lados se acercan dos que tres de los invitados para tomarle por los costados y derribarle, para ello la soga se ha ido recortando en su longitud enredándola en el palo, para limitar los movimientos del animal.
Insistimos que lo más importante es tener experiencia, conocimiento o al menos idea de lo que se va a hacer, pue4s tres cosas son fundamentales: La primera, que el becerro “no aprenda”, es decir, no hacerle “quiebros”, recortes, o estimular su embestida, ordenamiento que puede resultar paradójico, pues de suyo, por instinto, va a embestir. Segunda, que no se lastime en lo más mínimo, aquí, el cuidado y la protección de los pitones apenas nacientes es importantísimo, sobe todo de los machos, pero en ambos casos, las hembras también recibirán un trato especial en el cuidado de su  insipiente cornamenta, se aconseja tomar siempre pitón y oreja juntos, apoyar la mano firmemente que rodea la oreja y el pitón para que no sea éste el que reciba la tracción, pero, lo mejor resulta, como se h dicho, lazarles. La tercera recomendación va en el sentido de de hacer toda la maniobra, tan rápida, correcta y con buenos resultados  de al manera que todo pase tan efímero que no de lugar a que los becerros puedan recordar o retener algo en su “memoria”, diríamos en términos actuales: que nada quede grabado en su disco duro.


Se ha demostrado de manera fehaciente que la vaca recordará años después en la plaza de tientas la ubicación exacta de la puerta  por la que se dio suelta el día del herradero, si es que éste se realizó en la misma plaza.      


Para herrar se colocará primero el “hierro” de la casa, monograma en “fierro” con las iniciales de la familia, algún emblema u otro diseño, hierro previamente calentado en hoguera de leña que se enciende desde unas horas antes y que siguiendo cierta tradición, a más de leña, se alimenta con boñigas o majada seca de vaca, para hacerle más “ad hoc” con la faena, luego, seguirán los hierros con los números, combinación de dos o tres dígitos. Algunas haciendas cuentan con doble juego de números excepto el 6 y el 9 que se usan invirtiéndolos: es importante que el hierro este ardiendo a máxima temperatura, sin llegar al rojo vivo, pues este corta la piel; el número y el hierro de la casa  deberán quedar de forma pareja y lo más visible, pues años después, al salir a la plaza, será este el distintivo que más enorgullezca a la casa ganadera.  


Es el propio ganadero quien se encarga de herrar, así debe ser y lo más hermoso es cuando el ganadero enseña, ayuda a sus hijos menores y nietos a herrar: las manitas de los chiquillos fuertemente apretadas a las del padre o abuelo colocando lo hierros, mismos que son tan viejos y ancestrales como la casa, es signo de posesión definitiva y es el sello del ganadero que garantiza la casta. Terminada la faena, los becerros ya herrados a fuego permanecerán unas semanas en el corral destinado a ello, para vigilar la cicatrización de la marca indeleble y ver la aceptación de la nueva alimentación, este corral bien tapiado les separa definitivamente de las madres, que por unos días más continuaran bramando con berridos quejumbrosos, llamándoles. Luego irán a uno de los potreros de crecimiento con buenos pastizales, separando ya hembras de machos, pues ellas a los diez y seis meses están listas para engendrar, y ellos los novillitos a los 16 meses pueden montar y cargar una vaca, por lo que antes a los catorce se efectúa la separación definitiva, de lo contario y de proporcionárseles preservativos puede llegar a ocurrir, lo que ya imaginan.

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Breve nota explicativa:
Se pronuncia “schhoma” y es un trozo de penca de maguey, verde, fresco, flexible que se acomoda como “jícara” para tomar el “neutle” o pulque, bien llamado “néctar de dioses” en el campo durante maniobras de embarque, en herraderos y demás labores; su ingesta además de vigorosa y reconfortante, resulta refrescante. Una vez servido, cada ración es de más o menos medio litro, debe tomarse de un solo trago y en forma de reto; un bebedor frente al otro.  — Ver foto: Rodolfo Rodríguez “El Pana” frente al ganadero Marco González, tomando de sus schhomas, durante un embarque en Piedras Negras. — y terminado el gran y largo trago, con una mano se sujeta y se sacude violenta y enérgicamente la schhoma, para que suelte la hebra o baba, como se dice comúnmente, en el campo, “pa´ que suelte el alacrán”. Esta delicadísima maniobra de gourtmets de campo se le llama “sacudiendo la schomma”. Y en este breve espacio le utilizamos como expresión para un comentario sobre alguno de los aconteceres taurinos recientes.

Va: Sacudiendo la choma…

Envidiable agenda tiene en el bolsillo Arturo Macías también de la tierra de “la gente buena” después de su presentación-corte de oreja-cornada en Valencia, va este 17 de abril a la Real Maestranza de Caballería de Sevilla y luego tiene, como ustedes bien saben dos fechas en Las Ventas de los madriles. El Martes 11 de mayo en la Feria de La Comunidad confirma su alternativa en la catedral de toreo en España con toros de La Martelilla, llevando de padrino a Miguel Abellán y como testigo a Cesar Jiménez. Y en junio el día 5 en la llamada Feria de Aniversario, alternando también con su padrino Miguel Abellán y de tercer alternante el galo Juan Bautista con toros de “El Cortijo”. Pero, antes en Nimes, en la plaza que es capital del toreo en Francia, el 21 de abril confirmará también alternativa ante Juan Bautista con el testimonio de Matias Tejela, lidiando toros de José Vázquez.

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 ¡Ni madre Matador!…¡luego te encabronas!

El guipuzcano, Martín Barcáiztegui  ” Martincho”, de distinguidísima y tremenda personalidad cuyas hazañas, de no haber sido trazadas por el soberano pincel de Goya, parecerían creaciones de fábula. El contenido de esta anécdota checa con el historial taurino del popular Martincho pues bien se sabe que antes de espada fue peón de brega y prefiero narrar en versión muy a la mexicana:
Sale el primero de la tarde del matador en turno, obviamente de la cuadrilla en la que militaba Martín, y se trata de un morito, cómodo, de embestida suave.de aquellos que van al capote siguiéndolo como si de el pendieran  en sus bordes unos ramos de pastura o alfalfa, embiste como corderito, que eso es precisamente el toro. Martincho sale, se desprende del burladero y comienza a torearle, primero por delante y después, acomodándose, baja las manos en monumentales verónicas. A lo que su matador desde el burladero le grita y reclama: – Tápate, Martincho. ¡Tápate, te digo!
Martincho, ya acomodado, más que bregar está toreando, buscando ligar la media y rematar. Por lo que los gritos desde el burladero de matadores no se hacen esperar: – ¡Que te tapes! – Grita el matador, ya severamente enojado y con voz más enérgica — ¡Que te tapes. Carajo!
Continua el festejo, y al salir el segundo del turno de nuestro matador, se trata ahora de un ejemplar…de aquellos. De los que cita la maldición gitana, trae una arboladura por cornamenta, un sombrero de charro bien puesto, va con la cabeza muy en alto, como diciendo: ¡A ver quien es el valiente que sale!
Martincho
, ahora al contrario que en el toro anterior, se cubre, ó más que cubrirse, se esconde en el burladero: tapándose, primero los ojos, la vista y todo él con su capote, mordisqueando nerviosamente la esclavina. Y vienen ahora los gritos, las ordenes desde el burladero de matadores, pero, ahora en sentido inverso:
¡Sal, Martincho, tócalo!
Martincho, no sólo se esconde, prácticamente, desaparece tras el burladero, mientras continúan los gritos: – ¡Sal! ¡Tócalo! Gritos a los que finalmente Martincho asomando los ojillos por arriba del burladero, responde a su matador:
¡Ni madre Matador!…¡luego te encabronas!