Archiv para marzo, 2010

“Para Leer en Semana Santa. Los Toros y las Sagradas Escrituras.”

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Parafraseando al Poeta Heidi, podemos afirmar, que Dios hizo el mundo en seis días y el siguiente se puso a descansar. Para concluir su obra, ese séptimo día,  efectivamente; el Señor antes de iniciar su descanso; él mismo, se auto-iluminó el entendimiento y pensó; “Ahora voy a crear lo máximo de mi obra”; llamó entonces a Francisco – Curro – Arjona Herrera “Cúchares “; a José Delgado “Pepe – Hillo”; Rafael Molina Sánchez “Lagartijo” y Salvador Sánchez ” Frascuelo” y dijóles:
– Haced ahora Ustedes ¡La fiesta de los toros !



Obedientes los diestros, se dieron a la tarea de crear y así nació la lidia por abajo; los primeros lances; el toreo por muleta; las estocadas; recibiendo, al volapíe y al encuentro.
Vinieron después otros tiempos difíciles, de grandes lluvias torrenciales que amenazantes, casi acaban con la fiesta, el mundo y la humanidad. ¡ Era el llamado Diluvio Universal !
Días antes de que se instalasen las lluvias, llamó Dios a un aficionado de barrera de primera fila, amante de la fiesta, de los buenos vinos y  de nombre Noé y le ordenó que construyera con maderas una enorme barca, de forma circular, cual plaza de toros, con sus chiqueros y toriles, y que pusiera en ella ejemplares de cada sexo de Santa Coloma, Marqués de Saltillo, Murube, Miura, Atenco, Torrecillas, Piedras Negras, Soltepec, Coaxamalucan, Tepeyahualco y de San Diego de los Padres..

Ordenó también el Pantocreator que subieran a la enorme barca: Rafael Guerra Bejarano “Guerrita“, José Gómez “Joselito“, Manuel Jiménez “Chicuelo un tal Manuel Rodríguez llamado “Manolete”, Juan Belmonte, Antonio Ordoñez y Luis Miguel Dominguín y de tierras aztecas, Rodolfo Gaona, Carlos Arruza, los hermanos Carmelo y Silverio Pérez. Los dos Fermines; Espinoza y Rivera, Fernando de los Reyes “El Callao“, uno más con órdenes de apaciguarse y estarse quieto; Garza, Lorenzo, a quien llamaban “El Magnifico” y un otro vestido en traje de charro Jorge “El Ranchero” Aguilar y del sexo bello, Juanita Aparicio, Conchita Cintrón, Cristina Sánchez y Karla Sánchez para garantizar la continuidad de la especie y la perpetuidad de la estirpe torera.
En el Nuevo Testamento, leyendo el Evangelio según San Pedro y San Pablo, — Pedro, Domecq y Pablo, Hermoso de Mendoza, encontramos aquel dramático episodio en el que Jesús literalmente perdió los estribos al tener que, fuete en mano, arrojar del patio de cuadrillas y alrededores de la Monumental Plaza de Jerusalén a los anti-taurinos que se habían aposentado ahí, e incluso habían pintarrajeado las paredes, muros y ventanillas de la taquillas con letreros como ¡Taurinos…Putos! Y bajezas así de insultantes, Por lo que el señor, con furia les expulsó diciéndoles: ¡Fuera…! ¡Asquerosos gañanes, pendencieros, mercachifles…vosotros habeís convertido la casa de mi Padre y del toro en mercado de gandallas!  
Y dicen las escrituras que vinieron después otros tiempos más difíciles que muchos llamaron el fin de la fiesta. Algunos, desesperados tiraban de sus cabellos gritando que era el fin del mundo! Otro aficionado “chipen”, llamado Juan, cronista taurino fue señalado por el Señor y – durante una corrida en que toreaba alguno de los Armillas, descendientes de otro Maestro, “el de Saltillo”,- durmióse. Su sueño fue tan profundo que El Todopoderoso permitió que tuviera visiones llamadas por él mismo al escribir su crónica “Apocalípticas“.
De verdad, de verdad, que parecía el fin de la fiesta.
Jinetes fúricos y desalmados, blandiendo sus armas cabalgaban sobre briosos corceles,  amenazantes sobre la fiesta: Uno de ellos representaba la Reventa, el otro la Crítica mordaz y amargada, que otro escribano el “Filibustero” llamó; “La cofradía de la mano caída”, integrada por críticos de pacotilla y destinada a “ensombrecer y censurar sistemáticamente todo lo que representase la fiesta brava”. Otros terroríficos jinetes eran  el Despunte y los toros sin edad. Venían, tras de ellos,  cabalgando entre tolvaneras y la negrura del cielo las Comisiones Taurinas  con un gran  afán protagónico y pretensión de imposiciones altamente perjudiciales. Estas eran sus destructoras armas. Venía después la representación del Sobre con sus participaciones en moneda, dicotomías extorcionantes que agobiaban a alternantes y ganaderos.
Tal parecía que ciertamente, ¡Era el fin de la fiesta!

Cuando el Creador envió de los cielos, de su Estado Mayor al Santo Arcángel, que bajó entre tronos de nubes con su espada del “Buen Juicio” en la diestra. En otro trono celestial venía con el también El Señor del Gran Poder y del Buen Criterio. Les acompañaba  rodeada de ángeles y querubines vestidos de luces, La Santísima Virgen, Nuestra Señora de la Concertación, luciendo alta peineta y negra mantilla.   Juntos, todos, hicieron que predominasen sus virtudes; el Buen Criterio, El Buen Juicio y la Concertación…..y así la fiesta siguió existiendo y seguirá vigente por los siglos de los siglos y hasta el final de los siglos…. en todo el universo taurino y por supuesto, a pesar de los pesares en la Señorial, Puebla de los Ángeles.

N.R. Si este texto despierta en el lector cierta curiosidad, sobre de “cual fumó” el autor al escribirlo, puede preguntarle directamente en: Comentarios.

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Breve nota explicativa:
Se pronuncia “schhoma” y es un trozo de penca de maguey, verde, fresco, flexible que se acomoda como “jícara” para tomar el “neutle” o pulque, bien llamado “néctar de dioses” en el campo durante maniobras de embarque, en herraderos y demás labores; su ingesta además de vigorosa y reconfortante, resulta refrescante. Una vez servido, cada ración es de más o menos medio litro, debe tomarse de un solo trago y en forma de reto; un bebedor frente al otro.  — Ver foto: Rodolfo Rodríguez “El Pana” frente al ganadero Marco González, tomando de sus schhomas, durante un embarque en Piedras Negras. — y terminado el gran y largo trago, con una mano se sujeta y se sacude violenta y enérgicamente la schhoma, para que suelte la hebra o baba, como se dice comúnmente, en el campo, “pa´ que suelte el alacrán”. Esta delicadísima maniobra de gourtmets de campo se le llama “sacudiendo la schomma”. Y en este breve espacio le utilizamos como expresión para un comentario sobre alguno de los aconteceres taurinos recientes.

Va: Sacudiendo la choma…

Muchos se quejaron y llegaron hasta a cuestionar el porque del cambio de la ganadería anunciada: José Maria Arturo Huerta; por los siete que llegaron y al final se lidiaron en la pasada corrida del Relicario procedentes de Monte Cristo. Lo  cierto es que desdendenantes que el madrileño abordara el jet de Iberia que lo trajo; ya todos los portales decían y pregonaban que El Juli mataría de sus cuatro corridas en México, dos de MonteCristo. Luego el cambió no debió de sorprender a nadie. Además, la empresa de Puebla, así lo hizo saber por los medios de comunicación. Sin embargo y pese a todo, alguien me cuestiono vía sms, el porqué del cambio. Sereno, tranquilo, – como siempre estuve, le respondí: – Es que esa pregunta hay que hacerla a los C. Julián López y Roberto Domínguez. Y le aclaré con una nota explicatoria: – La “C” en ese caso no significa “ciudadanos”, significa: ¡Cabrones!

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Manuel Domínguez “Desperdicios”.

Existen casos de asombrosos de coraje taurino, rayando en el suicidio, casos estos, dignos de ser estudiados por la Psicopatología: Manuel Domínguez Desperdicios”. Toreros de romance de un valor inconcebible. De este torero, se cuenta, que habiendo recibido en el rostro tremendísima cornada, que prácticamente le vació el ojo, quedando éste colgando, sostenido por sus correspondientes músculos y obviamente el nervio óptico, el torero, en un arranque de valor – que no deja de ser patológico, y perdón por la redundancia que sigue – se arrancó los restos del ojo, arrojándolos al piso, diciendo que: -¡El no quería desperdicios!
De ahí, de éste acto su sobrenombre.
Otra versión de la misma historia nos dice que Manuel Domínguez quien por cierto, falleció en la enfermería de la plaza, — de otra cornada —  en Ronda el 26 de mayo de 1820. Y que, al arrancarse los restos de su ojo desprendido exclamó:
¡Bah. Estos son desperdicios!. Y con el apodo se quedó.

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Tauromaquia

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EL DESTETE Y EL HERRADERO  

“El Herradero”, según lo describe don Álvaro Domecq y Díez, es una “jornada alegre y oficiosa a la par”. Alegre por que en muchas casas ganaderas esta labor es motivo de convite a familiares y amigos del ganadero y oficiosa por tratarse de una faena o labor de campo, que requiere experiencia, conocimiento y por tanto “oficio”.

Para realizar el herradero es necesario separar de sus madres tanto a los críos y las crías, como becerros y becerras – y esto no lo dijo Fox, así se hace desde siempre – labor, harto difícil, si tomamos en cuenta que se trata de algo que va contra una disposición de la naturaleza, que es el hecho de que la vaca, instintivamente quiera retener a su becerro y que este quiera permanecer al lado de su madre y si a lo instintivo le agregamos la bravura, imagínese usted, que queda cordialmente invitado a separar a un becerro de su brava madre en pleno campo. Por ello, la mayoría de casas ganaderas realiza estas acciones de manera simultánea, o casi, pues, el día o unos días anteriores al herradero se realiza la separación o destete.

Vaqueros y caporales por la tarde, van separando a los becerros de las vacas, para ello se recurre a la facilidad de algún corral anexo a la plaza de tientas adonde se hace pasar a toda la punta de vacas con su descendencia, cerrando la puerta a la salida de cada vaca, dejando dentro del corral a la cría.
Esta separación, que decíamos puede hacerse días antes, deriva en que el becerro dejará de amamantarse por lo que se le llama destete. Antes del día de el herradero – los becerros y esto se hace a la edad aproximada de nueve meses, edad que fluctúa entre los ocho meses y un año – comenzaran algún otro tipo de alimentación y el ganadero podrá observar si la aceptan o les ocasiona cierto trastorno intestinal, nueva alimentación que se inicia cundo el becerro comienza a comer hierva fresca.
La manera más tradicional de hacer esta maniobra llena de sabor campirano, es apoyándose como ya dijimos en el muro o barda de la plaza, alguna otra estructura, o bien en un grupo de árboles donde sea posible hacer la separación de tal manera que la vaca vaya por un lado y la cría por otro. Resulta curioso e importante señalar que la “experiencia” de las vacas contribuye a facilitar o complicar el trabajo; las vacas viejas, ya acostumbradas a lo que está ocurriendo, “saben” que perderán al hijo, pero “saben” también que pronto serán aparejadas de nuevo y tendrán nuevos hijos, por tanto “facilitan” la maniobra, en cambio las jóvenes, se muestran renuentes a la separación y la bravura unida al instinto, complican el trabajo, recordemos que la vaca tratará de huir, y por querencia regresar al campo, pero al verse separada de su becerro, regresará y bravísima dará la vuelta embistiendo furiosa contra quien o quienes le arrebatan su cría, momento de gran peligro para caballos y vaqueros. Las vacas sintiéndose agredidas embestirán y se arrancaran agresivas, por algo, Hemingway absorto ante estas faenas expresó que: “Si las calidades humanas tuviesen olor, el valor para mí tendría el del cuero ahumado”, que es más o menos el olor de quienes intervienen en las faenas de campo.

Para quienes viven en el campo, entienden del campo y aman el campo la primera noche del “Deshijadero” resulta dramática, las vacas en los potreros, bramando, restregándose a las tapias y “cantando” su dolor, mientras los becerros en el corral braman también y lloran por sus madres.

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Breve nota explicativa:
Se pronuncia “schhoma” y es un trozo de penca de maguey, verde, fresco, flexible que se acomoda como “jícara” para tomar el “neutle” o pulque, bien llamado “néctar de dioses” en el campo durante maniobras de embarque, en herraderos y demás labores; su ingesta además de vigorosa y reconfortante, resulta refrescante. Una vez servido, cada ración es de más o menos medio litro, debe tomarse de un solo trago y en forma de reto; un bebedor frente al otro.  — Ver foto: Rodolfo Rodríguez “El Pana” frente al ganadero Marco González, tomando de sus schhomas, durante un embarque en Piedras Negras. — y terminado el gran y largo trago, con una mano se sujeta y se sacude violenta y enérgicamente la schhoma, para que suelte la hebra o baba, como se dice comúnmente, en el campo, “pa´ que suelte el alacrán”. Esta delicadísima maniobra de gourtmets de campo se le llama “sacudiendo la schomma”. Y en este breve espacio le utilizamos como expresión para un comentario sobre alguno de los aconteceres taurinos recientes.

Va: Sacudiendo la choma…
Afortunadamente el accidente no pasó a mayores; el caballo de Pablo Hermoso de Mendoza, “Caviar” resbaló frente a la cara de “Cayetano” toro, mulato de pinta, de Rancho Seco, provocándose peligrosa caída, raro es ver al caballista estelles en este tipo de apuros. Los pitones del toro insistían en penetrar el abdomen del cuaco, cosa que no pasó y la caída del jinete resultó sin consecuencias. ¡Vaya susto!

 

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Va de anécdota… De todos es sabido que los brindis de las faenas   ocurren ante un personaje, una bella dama, artista, políticos, que con el señalamiento se exponen a la rechifla y abucheo, o amigo del torero, esto ocurre en las plazas importantes. Sin embargo en esos pueblos de dios, los subalternos banderilleros y hasta picadores, no pierden la oportunidad de hacerse notar –costumbre, está que esta desapareciendo, afortunadamente – con el brindis, de algún puyazo o de un par de garapullos, buscando siempre la recompensa o correspondencia al tal brindis, y así obtener algo de parné; dinero para el pasaje de regreso, para el almuerzo o para la compra de algún “soullevar”, para no regresar a casa con las manos vacías.  Por aquellos rumbos de León de Aldamas en Guanajuanto, todo mundo sabía de la presencia en la plaza del pueblo de un personaje en primera fila al que todos solían bridarle y como agradecimiento recibían siempre de regalo un par de botas camperas, pues el tal sujeto era propietario de una fábrica de zapatos y botas. El eterno aspirante a banderillero, llamado “El Humilde“  iba de cuadrilla y al ser informado por sus compañeros que si efectuaba al banderillear el brindis al tal sujeto, de seguro regresaba a casa con un buen par de botas. Por lo que, “El Humilde”, una vez sonado el clarín del cambio de tercio a banderillas; garboso se acercó al propietario de la casa de zapatos y botas hacer, muy solemne le brindó, acompañando la acción de saludarle con el par de palitroques en mano diestra y la otra en jarras con el dorso apoyado en la fajilla de la cintura. Para ir a la segura, amarró su brindis con estas palabras: ¡Va por Usted!….¡Caféces y del siete y medio!