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La cruel historia de una traición entre compadres

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A final de cuentas resultó que el compadre Héctor atrincheró a tiempo a su apreciado Julián, a quien habría tenido que dar la espalda de alentarlo a seguir en la lucha. Es lo que se llama un aguante estóico.

Para Prudencia Juárez Capilla, fue frustrante dejar el cómodo apartamento con una espléndida vista a la Alameda Central, donde pensaba vivir hasta el fin de la legislatura. Parecía evocar una de las inmortales frases de Alfonso Arau (Calzonzin): “uno se deja llevar por el cuerpo”.

En efecto, amplitud, mobiliario, decorado y, el paisaje, ese paisaje pletórico de jardines y monumentos y ríos de gente, dejaron de ser parte de su cotidianeidad. Porque el que paga la renta ya regresó. Y aunque ni siquiera se lo pidió, “tiene que ahuecar el ala”, pues en este ajedrez a ella le tocó un efímero papel de peón.

Los planes del diputado Julián Velázquez Llorente, iban en grande. Día tras día, dibujando un nuevo rostro a la entidad tlaxcalteca, con todo y un nuevo aeropuerto –aprovechando las ventajas de la amplia red carretera – y más servicios médicos y, facilidades para los hombres de negocios; la cosa iba viento en popa.

Tú díselo

No recuerdo si ese día había sol, pero los nubarrones se agolparon en la oficina de Cesar Nava, al encargarse de desmantelar el proyecto orticista que, en esas fechas manejaba con discreción el nombre de Adriana Dávila en tanto la apuesta del régimen calderonista.

Aunque insistentes voces hablaban del indestructible vínculo amistoso entre los compadres Ortiz y Velázquez, las acciones del primero dejaron de ser congruentes con su plan original. Dicen que al gobernador de Tlaxcala no le da por preocuparse a priori de los asuntos, ni privarse del sueño en las cuestiones del poder. Sabe que su lugar en el sistema dominado por la derecha lo ubica en un lugar un poco alto, pero no tan alto como para defender a su compadre.

Fue en esos momentos cuando Ortiz decidió sacar del juego a don Julián. La jugada, para aquellos con una visión parcial de los acontecimientos, fue cruel y dejó ver escenarios de ruptura. Mas (los) Velázquez soportó estoicamente haber quedado fuera de la fiesta electoral. Ciertamente no le había ido tan mal. Arrasó en la elección de julio de 2009 y ocupó el cargo de presidente de la Comisión de Salud. Cualquiera en su condición, se habría dado por bien servido. Pero, y qué tal si podía dar un extra para su estado siendo gobernador.

En la película comenzaron los papeles de villano. Un médico que (des) gobierna Apizaco se sentó a la mesa y logró hacer bulto. La otra diputada Juanita, digamos a la que la estética le hace juegos pesados, hinchó sus venas de soberbia azuzada por José Guadalupe, para ver si sacaban raja en esos momentos de crisis orticista. La primera se quemó gacho. El segundo también. La primera enseñó el cobre y su más aldeana procedencia. El segundo también. Bueno, los dos ya mostraron de qué material están hechos y habrán de pagar las consecuencias.

Panistas y orticistas sentados de un lado de la mesa observaron cómo se les hizo bolas el barniz. Las cartas estaban marcadas y aunque se habían aliado para doblegar los ánimos improvisadores de la supuesta recomendación de calderón, volvió a pasar frente a sus ojos la equivocada película de las loas a Santiago Creel y su posterior truene en la carrera por la grande.

Todo aquello transcurría con vertiginoso ritmo. La lógica pasó a mejor vida y la real apuesta de Ortiz se volvió ceniza.

Actuar con oportunidad

Así que cuando el gobernador de Tlaxcala decidió dejar fuera de la jugada a su querido compadre, no incurrió en un asunto de alta traición. A final de cuentas quedó al descubierto que a tiempo lo atrincheró, advirtiendo que la voluntad de Calderón iba en una dirección contraria al proyecto que había avanzado un importante trecho rumbo a la elección de julio.

Los ánimos se habrían desbordado si (los) Velázquez no hubiesen asumido esa actitud a la que muchos llaman institucional, pero que en ellos la podemos considerar de un admirable aguante, más grande que el coraje de haber quedado fuera.

Lo curioso ahora, será ver a esos mismos panistas-orticistas cuyo juego apuntaba en otra dirección haciendo campaña por Adriana. Lo lamentable será ver la declinación (¿apuesta?) o una extraña derrota de la maestra Perla López Loyo, a quien en verdad le tocó el papel más indigno, vamos, hasta quiere debatir, pero, ¿qué va a debatir?