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El gobernador Marco Antonio Mena Rodríguez no pudo dar el último Grito de Independencia correspondiente a su administración que vence en agosto del 2021. La pandemia del Covid-19 le impidió presidir la noche del 15 de Septiembre esa sentida y arraigada ceremonia que emociona a los mexicanos.

Sin embargo, aprovechó el momento para enviar un mensaje institucional que no incluyó ninguna connotación política electoral como quizás esperaban algunos miembros de su gabinete y partido que se mueren por recibir la señal que esperan para dejar sus cargos y buscar un puesto de elección popular.

 

Marco Mena fue electo por un periodo de cuatro años y ocho meses. Presidió el Grito de Independencia en el 2017, 2018 y 2019, pero el último de su administración, el del 2020, sencillamente no lo concretó por la emergencia sanitaria en que se encuentra el país, de ahí que optó por dar un discurso alejado de la calentura electoral que ya se vive en el ambiente.

 

Para el 2021 corresponderá al nuevo mandatario de Tlaxcala que saldrá electo en junio de ese año dar el Grito de Independencia, de ahí que Mena Rodríguez ya no tuvo la oportunidad de iniciar la despedida de los tlaxcaltecas.

 

Quizá por esa razón se limitó a destacar las acciones y medidas que aplicó su gobierno para evitar un mayor número de contagios y fallecimientos por coronavirus, la pérdida de miles de empleos formales y frenar, en la medida de lo posible, el deterioro de la economía familiar de los tlaxcaltecas.

También, hizo un reconocimiento a “la labor heroica del personal médico del estado, que está en la primera línea de defensa contra la pandemia”.

 

El gobernador utilizó ese importante momento para mostrarse como un mandatario institucional, respetuoso de la ley y para reiterar, con sus acciones y posturas, que se mantendrá al margen de los próximos comicios. Nunca ha negado su militancia priista y tampoco se ha desatendido de los asuntos de su partido, pero con su mensaje dejó en claro que no caerá en la tentación de involucrarse en la sucesión ni en las elecciones del 2021 en que los tlaxcaltecas acudirán a las urnas a elegir gobernador, diputados federales y locales, alcaldes y presidentes de comunidad.

 

Ante la eventual lucha electoral que se vivirá en Tlaxcala, Mena Rodríguez dejó las cuestiones partidistas y políticas a un lado y se concretó a hablar de lo que ha hecho su gobierno.

Y por lo que se ve los priistas no recibirán la señal esperada para moverse y sentirse arropados por su jefe el gobernador.

 

Valdría la pena que volvieran a releer los mensajes del mandatario y sobre todo el que hace unos días envió en una sesión del Consejo Político del PRI, donde precisó que “estará con el partido de acuerdo a como la Ley se lo permita”.

 

En esa ocasión, Marco Mena recalcó que los futuros candidatos “serán los mejores perfiles, los mejores posicionados y quienes tengan mejores condiciones”. No habrá dedazos, aseguró y remató con la frase de que la imposición ya no cabía en el PRI.

 

Dicen que al buen entendedor pocas palabras. Es obvio que el gobernador ya trazó su ruta que no es más que la institucional, de ahí que no esperen a un mandatario violando la ley, destinando recursos y metiéndose en los comicios como esperan los priistas.

 

Los celos políticos a flor de piel

 

Una priista que nada la calienta desde hace algunos meses es Rosalinda Muñoz Sánchez que no encuentra la fórmula para tratar de obstaculizar y frenar la carrera política de la actual presidenta municipal de Tlaxco, Gardenia Hernández Rodríguez, quien se encamina sin problemas para ser candidata a una diputación local por el PRI.

 

La primera no acepta que su recomendada haya crecido y que hoy cuente con mejores cartas credenciales que ella.

 

Habría que recordar que al cierre de la administración de Rosalinda Muñoz y después de que participara y perdiera la elección para una diputada local, el Cabildo de Tlaxco sencillamente no la dejaba regresar a sus funciones de alcaldesa por su mala administración y por el trato que daba a sus colaboradores.

Hoy, su celo por el crecimiento de Gardenia Hernández como una alcaldesa que se ha mostrado firmeza, agilidad y que tiene el apoyo de todo su Cabildo, la hace reventar la bilis y recurre a cualquier burda estrategia para intentar desacreditar el trabajo de su ex aliada.

 

A un poco menos de año de culminar su administración, la actual presidenta municipal de Tlaxco dejará infraestructura nunca antes vista en esa demarcación, pues se podrán contabilizar más de 30 techumbres, un rastro municipal nuevo, un mercado gastronómico, un teatro, un auditorio de básquetbol, un centro expositor de primer nivel y el cambio total de la comunidad del Rosario, acciones que son ampliamente reconocidas por los habitantes.

 

En contraste, Rosalinda Muñoz no pudo regresar con seguridad al término de su administración y menos superar el estigma de perdedora que hoy tiene.

 

Si bien Gardenia Hernández llegó a tener la oportunidad de ser candidata por el cumplimiento de equidad de género y porque su nominación recibió el visto bueno de Rosalinda Muñoz, ésta demostró desde el primer momento que no sería títere de ningún grupo político de antaño o de alguien en especial.

Hoy, la alcaldesa de Tlaxco se perfila como una candidata fuerte y competitiva a la diputación local, situación que ha contribuido a la amargura que no puede ocultar la frustrada Rosalinda Muñoz que no deja de lamentar la pérdida de poder que tuvo su protector y amigo Mariano González.