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La adelantada disputa que existe en Tlaxcala entre los simpatizantes de Morena por la candidatura al gobierno de Tlaxcala que se renovará en el 2021 provocó una serie de decisiones que afectaron al grupo integrado por el longevo líder de ese partido, Joel Molina Ramírez y el ex gobernador y actual senador, José Antonio Álvarez Lima, quienes recibieron el pasado fin de semana un primer estate quieto por parte del futuro presidente de México, Andrés Manuel López Obrador.

La semana pasada López Obrador no sólo visitó la entidad para pulsar su popularidad y la de su partido, sino la del gobernador priista Marco Antonio Mena Rodríguez y la de sus futuros colaboradores como Lorena Cuéllar Cisneros.

A los pocos días de su estancia, el tabasqueño no tuvo problemas para ordenar cambios que incluyeron a su próxima administración y al partido que fundó hace unos años, de ahí que afectó los intereses de Molina Ramírez y Álvarez Lima, ubicados como los principales golpeadores de la futura coordinadora general del gobierno federal en Tlaxcala.

Joel Molina ya tenía asegurado un puesto en el gobierno federal como coordinador regional, sin embargo sus constantes grillas contra Cuéllar Cisneros le costaron la chamba y ahora permanecerá por un año más en la dirigencia estatal de Morena, por lo que su responsabilidad se limitará exclusivamente en el crecimiento del partido que en los pasados comicios logró triunfos importantes.

Álvarez Lima como buen ex priista seguramente entendió el mensaje y seguramente se limitará a desempeñar sus funciones de senador sin tener un papel protagónico.

Su búsqueda para encontrar a otro aspirante al gobierno de Tlaxcala quizá la suspenda, aunque no se descarta que el labioso político siga impulsado a algunos priistas que mantienen el sueño de convertirse en gobernadores como Noé Rodríguez Roldán, secretario de Comunicaciones y Transportes en el Estado y Anabell Ávalos Zempoalteca, la actual presidenta municipal de Tlaxcala, quien por cierto también cuenta con el apoyo del ex gobernador Alfonso Sánchez Anaya.

No resulta extraño que los ex gobernadores José Antonio Álvarez y Alfonso Sánchez coincidan para frenar las aspiraciones de Lorena Cuéllar, quien es sobrina del priista Joaquín Cisneros Fernández, enemigo político de ambos ex mandatarios.

Lorena Cuéllar no tiene asegurada la candidatura de Morena al gobierno de Tlaxcala y mucho menos es la única que puede aspirar a esa posición. En breve asumirá un cargo importante y tendrá que dar resultados, pero sobre todo deberá conducirse como una funcionaria que se apega a la ley y que no se deja dominar por su enorme deseo de ocupar la silla del actual mandatario Marco Antonio Mena.

Un dato que no debe pasarse por alto, fue el encuentro privado que Lorena Cuéllar y Andrés Manuel López sostuvieron la semana pasada en Tlaxcala. Cuando el futuro presidente de México concluyó su reunión con el gobernador Marco Mena, se trasladó a la casa de la diputada federal para compartir el pan y la sal.

En la actualidad Lorena Cuéllar debe ser ubicada como una de las tlaxcaltecas más cercanas al próximo mandatario del país, posición que resulta clave para lo que viene a futuro.

Los que están siendo vigilados y supervisados son los diputados locales de Morena y sus aliados del PT y PES. Hay sospecha de que algunos ya fueron tentados por el gobierno estatal y que recibieron ciertos estímulos para mostrarse dóciles. Son los mismos que aceptaron la interlocución del mediocre priista Arnulfo Arévalo Lara.

Sus nombres pronto se harán públicos, así como los apoyos que recibieron.