Algo sucede al interior de la administración estatal porque hay un descontrol sobre el desempeño de los servidores públicos que tienen bajo su responsabilidad la aplicación de las políticas y acciones de gobierno, lo cual no sucede con el manejo del dinero donde se ha procurado tener a alguien de confianza para saber cuánto se gasta y en qué, siempre y cuando un influyente personaje lo autorice.

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Un caso por demás evidente y que da muestra de nuestra afirmación inicial, es el del director del Instituto Tlaxcalteca de la Cultura, Juan Antonio González Necoechea, que ha visto truncados sus sueños guajiros de ser secretario de Gobierno por pensar que es una posición que él merecía, solo por ser sobrino del ex gobernador Mariano González Zarur.

La “botarga”, como es conocido en los corrillos del Centro de las Artes, se dice, utilizó toda forma de “fuego amigo” en columnas digitales firmadas por seudónimos para desprestigiar a compañeros de gabinete con el fin de que el Jefe pusiera los ojos en él para ubicarlo como encargado de la política interior del estado o al menos como candidato «pluri» a un puesto de elección popular.

Como usted y yo sabemos, nada de lo anterior sucedió, al menos en el más reciente ajuste de miembros del gabinete o en la definición de abanderados del partido oficial.

González Necoechea ha dado muestras de ineficiencia y poca sensibilidad para conducir la política cultural local. Con información recabada entre los mismos trabajadores del ITC, se sabe que tiene un horario de trabajo muy “light”, pues llega a laborar después de las 11 de la mañana y antes de las 17 horas ya no se sabe de él, por lo que ahora es todo un misterio determinar si él imitó al cubas Jorge Luis Vázquez Rodríguez, quien se ostenta como titular de la Sedeco, en su itinerario tan chévere o si el fiel seguidor de baco copió a su paisano apizaquense.

Seguramente González Necoechea tiene la creencia que la posición que ocupa no corresponde a su peso político ni físico. Su soberbia digna de los hacendados lo transforma y opta por no recibir a nadie y todo lo delega a sus subordinados.

Hasta ahora, el titular del ITC no ha definido con claridad los objetivos de la política cultural que tiene bajo su responsabilidad, tampoco ha presentado un plan de trabajo desde que llegó al cargo. Y lo emprendido hasta ahora han sido solo ocurrencias y frivolidades.

Ejemplo de su ineficiencia, entre otros, es la operación del Centro de las Artes, es un verdadero muladar, los trabajadores se quejan del abandono en que se encuentra, insalubre, sin mantenimiento del edificio y el temor que en la próxima temporada de lluvias, los daños sean ya catastróficos.

Lo que es peor, es que siguen los rumores que el inmueble se mantiene en incertidumbre jurídica en la posesión como lo denunciamos aquí, porque no existen escrituras a nombre del Gobierno del Estado.

En la reunión nacional de cultura que se efectuó en territorio estatal, nadie sabe que se dijo, que se propuso, que beneficios tendrá Tlaxcala. Los titulares de otras entidades tuvieron solo cinco minutos para expresar sus inquietudes, de ahí que sería muy interesante saber qué dijo nuestro representante cultural.

Lo que es un hecho es que las decisiones como en la época de Tovar y de Teresa, se toman en el centro, las entidades si quieren recursos federales, será para los programas que decida la Secretaría de Cultura federal y, el “mayordomo” oficial de la reunión, lo dijimos, fue el director del ITC, que dio rienda suelta a sus dotes de organizador de fiestas con edecanes seleccionadas, brindis con licores finos y caros bocadillos que no acostumbra el ciudadano común y corriente. La cultura de élite pues.

Este espacio es muy limitado para la cantidad de irregularidades que se están dando en la institución cultural de Tlaxcala, la forma en qué está gastando el presupuesto, del que por cierto se queja su director todos los días, porque dice que no alcanza para nada, mucho menos para lo que él está acostumbrado.

Para lo que sí le alcanzó fue para irse en diciembre pasado a “representar” a la cultura tlaxcalteca. Según la agencia Notimex: “Los olores, sabores y colores del estado de Tlaxcala fueron degustados en la posada mexicana, que se celebró en la Hacienda El Cedro, al norte de Bogotá, Colombia, en una velada inolvidable en la que fueron presentados los lugares más emblemáticos de esta entidad del centro-oriente de México.

La tradicional posada mexicana fue organizada por la embajada de México en Colombia y el gobierno de Tlaxcala, que envió al secretario de Turismo, Roberto Núñez Baleón, al director del Instituto de Cultura, Juan Antonio González Necoechea, al director de la Casa de Artesanía, José Luis Sánchez Mastranzo, a la cocinera tradicional Dalia Rodríguez y al pintor taurino, Antonio Delmar”.

Lo que no se dice en la información es que Juan Antonio González llevó como compañera de viaje a una mujer que no figuraba en la lista oficial de la comitiva, se trata Nadia Zecua, aeromoza de profesión según sus perfiles en redes sociales. Nadie conoce en calidad de qué fue esta persona a un viaje oficial, lo que sí es que notoriamente tomaba decisiones en la organización de la muestra cultural de nuestro estado en dicho evento en el extranjero.

Ahora se sabe que la señorita Zecua ya cobra en el ITC, los trabajadores han comentado que ella no pierde oportunidad para mencionar que es una enviada del Gobernador para “poner en orden a la institución, que es un completo caos que requiere de mano firme para que funcione”.

Su alto salario fue posible gracias a que Juan Antonio González, prescindiera de varios empleados que se pensaba sí trabajaban pero que había que desplazarlos para darle el espacio a su querida amiga cercana.