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Así no, Adriana

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Lejos del linaje del guerrero que enviaba comida a su adversario para tener una lucha digna, hoy, nos aprestamos a un grotesco agandalle gracias al “aiga sido…”

A las alianzas contra natura del gobierno federal le hacía falta una relación incestuosa en su bandeja de perversiones.

Pacta con un consanguíneo engendrar al hijo idiota que a los dos les hará imposible el destino.

Eso es alevoso, monárquico, simulador, ni siquiera emula a los fetos inhumados en los muros conventuales.

Lo es, pues augura odios. Rompe con el equilibrio logrado a través de mil maniobras. Todo por seguir al pie de la letra de un manual obsoleto y asquerosamente echeverrista.

Hay que acostumbrarnos a llamar gobernadora a Adriana Dávila. Como mujer, como tlaxcalteca, como persona desbordante de ímpetus, todos nuestros respetos.

Como política y muy probable gobernadora gracias al convenio imperfecto del cual hablo aquí, mi más sincero desaliento.

Gobernar a una entidad en semejante circunstancia no implica el insustituible esfuerzo que se premia permeando en la voluntad de los ciudadanos.

Un triunfo artificial se arriesga a un futuro lleno de nubarrones.

La ilegitimidad es un castigo por sí.

¿Y qué dirán los adversarios?

Porque el combate no se dará en la misma circunstancia.

Nuestros guerreros enviaban comida al enemigo para que, repuestos pudiesen tener una lucha digna.

Y de esos combates proviene nuestra genética. Somos guerreros, no títeres.

Ayer, en Gobernación un personaje enfrentado a la turbiedad hasta que un accidente lo privó de la vida. Ayer, un líder panista, arrogante y pendenciero que renunció tras llevar a la lona al partido en el poder.

Hoy, imposiciones que devienen en rompimientos. Candidatos ilegítimos en medio de alianzas indefinidas. ¿Para eso ganó Calderón?

En el horizonte, una ejecutiva sin control de calidad, enfrentada a un legislativo voraz, a alcaldes arrogantes y pendencieros, colocados del otro lado del mostrador y dispuestos a destruir lo que se está levantando con cimientos de lodo.

Así no, Adriana.

El ejercicio del poder no debiera verse hermanado con la arrogancia que la dota de una ventaja indigna. Se gobierna porque corre por las venas la genética del servicio. Pero, ¿gobernar en estas condiciones?

En su tiempo reclamé a Adriana la referencia personal como médula de un discurso ante miles en la plaza de Huamantla. Y recibí muestras de una intolerancia que hoy puede desbordarse, no sólo en el que critica, sino en cada uno de los que vea la asunción adrianista como un tema en los terrenos de la abyección debido a la circunstancia en que ocurre.

De veras se me hace de mal gusto vernos en perspectiva como víctimas del “aiga sido como aiga sido”. En 2012 esto se acaba y qué será entonces de esta herencia ilegítima.

A semanas que ocurra lo que desde hoy veo como un inevitable atropello a la democracia sigo viendo en la mansedumbre de los protagonistas y en su pánico en el porvenir, la causa fundamental de este aciago episodio que ya comenzó a escribirse.

Carajo.

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