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¿Qué vale más para nuestros particulares legisladores, humillar al género o contar con lana para la campaña? * La eficiente polarización para ganar diviritiéndose.

En cómoda butaca, el gobernador de Tlaxcala Héctor Ortiz, limita sus acciones al ejercicio de la observación. Ver cómo pasan frente a él las turbulentas aguas del río le resulta estimulante para asentir discretamente con la cabeza al tiempo de apretar su mentón y, de vez en cuando dibujar con los labios la forma muy de él para silbar, peculiar manera con la que dedica segundos a temas que le significan algún grado de sobresalto.

Polarización. ¿Logro?

Activistas defensores de los derechos de las mujeres están dispuestos a no permitir la suma de Tlaxcala a las entidades donde se condena el ejercicio de género para decidir sobre su cuerpo. Como hoy es la consumación de esta estrategia electoral, en el Congreso, también lo serán las protestas.

En un extremo, la jerarquía católica en tanto aliado funcional que saca raja a este momento. En el otro, una expresión de la conciencia popular llamando a los sectores a no cubrir sus ojos con la venda moralista cuya pretensión es enfundar al sexo débil en un sanbenito  para poder escupirlo a gusto.

Eso es parte de la observación, yo diría diversión  que con ánimo aislado contempla en su diván el más poderoso de la aldea.

En el PRI, dos extremos dos, Mariano y Lorena, han tenido que aceptar su verdad de aniquilarse, como un acto más, polarizado en esta parte de la sinfonía y preludio del éxtasis del cuatro de julio.

Es una riña donde el uno se mira desgajándose, con todo y su pretenciosa arrogancia, mientras la otra persiste en un discurso que habla de una tradición familiar como medio para llegar al poder.

De los dos no haces uno, pero son los que compraron boleto en el PRI. Sostengo que ha de ser menos aburrido verlos hundirse aunque sea con un poco de oxígeno, porque tras la cumbre con Chucho el rey de los negocios Ortega, fue posible seguir cosiendo partes al engendro transexenal.

En la bancada panista, el desencuentro entre Orlando y José Juan Temoltzin (conste que se lo estamos diciendo hoy 16 de febrero) puede ser de tan encono que hasta le resulta divertida al dueño del diván. Algo tiene que sacrificar ese par por cuyas manos (manotas) pasan y seguirán pasando las cifras mágicas que han hecho gente a tipos como Antonio Mendoza y a Víctor Briones, a Aristeo Calva y hasta al diputado de los cheques chuecos, romántico encantador de perros e impulsor de la defensa de las luciérnagas.

Los buenos contra los malos, hoy en la sesión, exhibirán el grado de polarización con el cual se aprobarán las reformas al 19 de la Constitución local. Así, cada mujer pecadora expiará sus culpas en la cárcel. Sí señor. Y de nada servirán fetos hallados en muros conventuales, extraídos con salvaje devoción para maquillar apetitos insanos de seres con sotana, vulneradores de cómplices suyos, de acuerdo o no, pero sometidas a cubrir sus vientres con paños negros y a aplastar sus pechos con vendas almidonadas para no provocar el celo de la bestia, reservada al púlpito.

Comprendo que el peor escenario polarizante tiene que ver con los niveles cognoscitivos de quienes aprueben hoy las reformas que buscan el derecho a la vida (así las llaman). Si la mitad de los decididos legisladores tiene una somera idea de lo que significa levantar su mano, estaríamos hablando de un congreso casi académico. Mas la otra parte puede que alce el brazo como arco reflejo previo a sentir su cartera. Si esta está bien llena (o sea que no reparta Orlando) el voto se da. Si le falta sustancia, el voto tarda (pero se da) y si de plano le sustrajeron demasiado, usted sabe, la campaña de Apizaco, entonces habrá protesta, pero el voto de todos modos se da.